Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico



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Gráfico 10.14. El entrenamiento en relajación permite que los jugadores sean capaces de regular su activación en momentos en los que ésta se eleva por encima de los valores deseados.
II. El entrenamiento Autógeno de Schültz (1932)
El objetivo principal de este método de relajación es el de conseguir modificaciones psicofisiológicas en todos los niveles que hemos destacado a través de una serie de sugestiones y de autosugestiones que, al producir efectos tranquilizantes, han hecho de esta técnica una de las más conocidas y utilizadas.
Las principales características de este método se presentan a continuación:


  • Se divide esencialmente en dos ciclos: uno denominado superior y otro inferior. Lo normal es que el aprendizaje del primero de estos ciclos, el inferior, baste para que el jugador se pueda relajar y aprenda a dominar su ansiedad, aunque en algunas ocasiones puntuales puede resultar recomendable que se trabajen los dos para dotarle de más estrategias para afrontar las situaciones estresantes que, con frecuencia, se producen en el fútbol.




  • El objetivo final de Schültz es el de conseguir un estado próximo a la hipnosis.




  • El primer aspecto sobre el que se incide es la respiración. El jugador debe centrar su atención en ella, en cómo el aire entra y sale del cuerpo y a su paso permite que el pecho y el abdomen se hinchen y se deshinchen.




  • Las autosugestiones se centran en las sensaciones de calor y pesadez. Por un lado, se intenta asociar la relajación muscular y la disminución de su tono a la sensación de pesadez que suele producirse, de manera que cuando se experimente la persona sienta que está comenzando a vivenciar las sensaciones características del estado de relajación. Por lo que respecta al calor, éste se produce por la vasodilatación de las extremidades, consecuencia natural del estado de relajación y que puede favorecerse por medio del empleo de imágenes mentales como una playa, estar en un día soleado en la montaña, etc. Una de las fases más características de este método es la que pretende inducir sensaciones de calor a la zona del plexo solar, en donde se trata de incidir en el centro nervioso situado bajo el diafragma y que permite continuar en fases cada vez más profundas de la relajación.




  • Se considera importante centrar la atención en la tasa cardiaca, en los latidos del corazón, en detener la atención en ellos y en tratar de percibir los latidos y de sentir su baja frecuencia de manera que se asocie al estado de relajación.




  • El último momento se centraría en generar sugestiones de frescor en la frente mediante el empleo de imágenes como el situar una toalla humedecida con agua fresca en la frente, o el sentir la brisa fría en el rostro en un día frío en el que el resto del cuerpo se encuentra confortable y abrigado, etc.



Gráfico 10.15. El aprendizaje de algunas técnicas de control de la activación suele resultar muy positivo para los jugadores.
III. Biofeedback.
Como los principales métodos de entrenamiento con biofeedback ya han sido descritos, vamos a remarcar simplemente la importancia de su utilización en el fútbol moderno. Este tipo de entrenamiento se va imponiendo cada vez en mayor medida y el coste de los instrumentos cada vez es más moderado, ofreciendo funciones más potentes y obteniéndose unos resultados muy positivos por el simple hecho de analizar la información fisiológica que emite nuestro cuerpo.
El empleo de pulsómetros en muchos niveles de entrenamiento, edad y competición, es cada vez más frecuente por la importancia que cobra la individualización del entrenamiento físico con jugadores de todas las edades, de manera que el psicólogo deportivo puede utilizar esta información para entrenar a los jugadores en el dominio del nivel de activación. Respecto al resto de aparatos, su alto coste puede suponer uno de sus principales inconvenientes y, a medida que trabajemos en clubes de mayor potencial económico, también podremos obtener numerosos beneficios derivados de su utilización.
Por último, tan solo destacar que en el fútbol actual los dos aparatos que más suelen utilizarse en el entrenamiento con los fines que estamos persiguiendo son los medidores de la tasa cardiaca y los de la actividad eléctrica que pasa por el músculo.

b) Principales estrategias desde una dimensión cognitiva
En este apartado vamos a incluir uno de los trabajos que siempre se encuentran asociados a la labor realizada por el psicólogo del deporte en el fútbol, que ha sido y es considerada como una de las habilidades psicológicas básicas que deben aprenderse para obtener un buen nivel de rendimiento y que, además, constituye un complemento para cualquier tipo de trabajo que deseemos realizar no solo para el control del nivel de activación, sino también para la mejora de la autoconfianza y para la consecución de un estilo de afrontamiento adecuado a las situaciones que se pueden presentar: el control del pensamiento.
El objetivo principal de este tipo de técnicas es el de modificar los pensamientos que se formulan los jugadores ante determinadas situaciones deportivas y extradeportivas que no solo les distraen en los partidos, sino que pueden llegar a suponer un serio obstáculo para evolucionar en su propia carrera deportiva. El componente principal sobre el que se deberá hacer énfasis será, por lo tanto, el de la evaluación y los juicios de atribución que realiza el jugador ante la situación concreta a la que se enfrente.
Las atribuciones pueden suponer, como ya hemos visto, un obstáculo para el afrontamiento de ciertas situaciones, de modo que si se consigue facilitar que el propio jugador perciba la relación que existe entre el pensamiento y la conducta posterior y que la modifique en un sentido favorable, el rendimiento del jugador también se verá modificado y las respuestas nocivas anteriormente presentes se habrán conseguido eliminar.
Las principales técnicas de control del pensamiento que vamos a describir en este apartado por su aplicación al fútbol y porque otras posteriores como la de reestructuración racional sistemática (Golfried, 1977) y el entrenamiento en autoinstrucciones (Meichenbaum, 1977) están basadas e implícitas en ellas, serán la terapia racional–emotiva de Ellis (1962) y la terapia cognitiva de Beck (1970, 1976).

I. La Terapia Racional-Emotiva (Ellis, 1962, 1975)
Según este autor, la fuente del pensamiento irracional que manifiestan con frecuencia algunas personas serían las creencias irracionales sobre diversas manifestaciones que pueden suceder. En este sentido, conducta, cognición y emoción se encuentran íntimamente relacionadas de manera que un estilo cognitivo inadecuado puede influir de manera decisiva en la conducta. El objetivo último de esta técnica será, por tanto, la consecución del cambio en el sistema de creencias de la persona de manera que se incluyan nuevos valores como la tolerancia, la aceptación de la inseguridad o la búsqueda de unos intereses adecuados.
Tal y como señala Ellis, uno de los principales aspectos que deben cuidarse al realizar este tipo de trabajos es el que alude al propio terapeuta, en nuestro caso el psicólogo deportivo, que deberá cumplir una serie de condiciones:


  1. Ser abierto y tener la capacidad empática de ponerse en la cabeza del jugador.




  1. Mostrarse activo y crear un ambiente distendido en donde el jugador pueda manifestar abiertamente todas sus dudas y todas las cuestiones que desee.




  1. Explicar con total claridad la lógica del trabajo que se está realizando.




  1. Debe ser un modelo racional, es decir que él mismo debe adoptar un estilo de razonamiento y de vida como el que propone.




  1. Para combatir las exageraciones que se derivan de las creencias irracionales, es importante utilizar como estrategia el sentido del humor.

Las principales irracionales que destacamos por su aplicación al fútbol serían las siguientes:




  1. Debe usted ser amado y aprobado en todo por todo el mundo”. En el caso del fútbol este tipo de creencia se manifiesta con frecuencia por el deseo que tienen algunos jugadores de agradar a todas las personas: al entrenador, a sus compañeros, al público, a su familia, etc. Esta búsqueda de aprobación, que se encuentra relacionada con la autoconfianza, provoca que algunos jugadores presten más atención al comentario negativo que le ha dicho su entrenador sobre su actuación, que a toda la información constructiva y positiva que se le ha presentado, de manera la filtra y se queda solo con lo negativo y posteriormente serán los pensamientos que con mayor probabilidad aparecerán de una manera más recurrente.




  1. Debe usted tener talento y ser capaz de realizar algo importante”. Estamos ante uno de los pensamientos más fuertemente arraigados en el caso del fútbol por la repercusión social y por la valoración que tiene el llegar a ser un gran jugador de fútbol. La necesidad de compararse continuamente con los más hábiles, de querer hacer un partido impresionante y de destacar por encima de todos los compañeros son la base que sostiene este tipo de creencias.




  1. La vida es una catástrofe si las cosas no van como usted desea”. Con frecuencia, en el caso de jugadores que se lesionan tras un periodo en el que habían recuperado la titularidad, y en el de los jugadores que el club desestima o cede a otros de menor prestigio o categoría, este tipo de pensamiento emerge y hace que todo se evalúe de manera negativa si las expectativas previas que se tienen no se cumplen.




  1. Quienes le hacen daño son malos y deben ser condenados”. La búsqueda de comparaciones y el hacer dos bandos “el de los buenos”, que deben recibir los premios, y “el de los malos”, que son los que no comparten las características del jugador, es algo muy característico de este tipo de pensamiento. A menudo, si hablamos de jugadores que disfrutan de pocos minutos y que son suplentes, pueden surgir comentarios prototípicos de este tipo de pensamiento como por ejemplo: “A mí no me pone en el equipo titular porque dice que no me esfuerzo lo suficiente, y a Pedro, que se pasea por el campo, no le dice nada”.




  1. La miseria interior y emocional procede de presiones externas y usted no tiene posibilidades de controlar sus sentimientos y de sentirse a gusto”. Este tipo de creencia es bastante común y es una de las que nuestra experiencia aconseja tratar en primer lugar, puesto que ofrece al jugador la posibilidad de controlar su propia actuación y su propia vida.




  1. Su pasado tiene una gran importancia fundamental y, puesto que algo influyó antaño en su vida, debe seguir gobernando sus sentimientos y su comportamiento actual”. Resulta bastante frecuente observar jugadores que perciben que no pueden mejorar en algunos aspectos de su juego, ya sean técnicos, tácticos, físicos o psicológicos, debido a que en experiencias pasadas en equipos anteriores hay algo que les ha marcado e influido mucho, como un entrenador que le dejaba siempre sentado en el banquillo o el rol de “gordito” que siempre ha tenido desde que comenzó a jugar al fútbol con todas las consecuencias que eso le generó.




  1. Puede usted alcanzar la felicidad por la inercia, la inactividad o complaciéndose pasivamente sin comprometerse de lleno con sus objetivos”. En el ámbito deportivo está claro que poseer unas grandes cualidades no garantiza que se vaya a llegar a la cumbre. De hecho, en una entrevista realizada por el diario As13 al jugador francés Zidane, para algunos el mejor jugador de fútbol del momento, ante la pregunta sobre si tenía amigos cuando comenzó a jugar al fútbol que poseían mejores cualidades que él para su práctica, su respuesta es contundente: “Muchos eran mejores. Dudú seguro, era un negro que no llegó a profesional. Era muy fuerte y hacía cosas con el balón... Tenía la pierna izquierda como Guti o Raúl. Eso es especial”.

En función del tipo de pensamientos que tengan los jugadores, la terapia racional emotiva procurará que no se polaricen únicamente en “buenos” o “malos”, estableciendo para conseguirlo las siguientes pautas:





  1. La primera fase consistiría en tomar conciencia de cuáles son esos pensamientos irracionales que formula el jugador para tratar de conocer los estímulos ante los cuales se suscitan.




  1. El segundo paso está orientado a establecer un análisis crítico sobre cada una de las creencias irracionales, de modo que se muestre de manera clara que el jugador procesa la información y la interpreta de manera negativa y que hacerlo de esta manera le predispone para obtener peores resultados.




  1. Una vez que se conocen las ideas que suele formular el jugador, se deben establecer otras formuladas de un modo positivo y constructivo. Ante un jugador que piense: “No sirvo para nada, vaya partido he hecho, que horror”, podemos plantear un pensamiento alternativo del tipo: “Si mejoro el dominio con la pierna izquierda puedo hacer buenos partidos y mejorar mucho como jugador”.




  1. En esta cuarta etapa, es importante que ante cualquier situación en la que se experimente ansiedad e ideas irracionales negativas se utilicen las autoinstrucciones que hemos sustituido y utilizado en la fase anterior.




  1. La quinta fase es, como en cualquier habilidad psicológica, la aplicación de este entrenamiento a las situaciones reales de competición.

Como método, la terapia racional emotiva aplicada al fútbol posee una gran utilidad siempre y cuando, según nuestra propia experiencia nos lo indica, la combinemos con el empleo de otras técnicas puesto que, en el caso del fútbol, con frecuencia la racionalización de la situación es complicada y suele necesitar demasiado de la ayuda del psicólogo deportivo, por lo que, si se utiliza como método aislado, pueden no obtenerse los resultados deseados.


II. La Reestructuración Cognitiva (Beck, 1970, 1976).
Este método está basado en el análisis del procesamiento cognitivo realizado por sujetos depresivos, en donde se tienden a exagerar de manera negativa las experiencias que se han vivido y se anticipan consecuencias funestas en casi todos los niveles. Para Beck, existirían dos conceptos básicos cuando hablamos de las cogniciones de los sujetos depresivos: la triada cognitiva negativa y las distorsiones cognitivas.
En primer lugar, la triada cognitiva negativa hace referencia a que, en nuestro caso el jugador de fútbol, posee una visión negativa sobre sí mismo, sobre su entorno personal y sobre el futuro. Cuando esto se produce, las consecuencias más lógicas son la desesperanza, el sentirse desubicado y fuera de sitio en el equipo, los pensamientos de que la situación no va a cambiar ni se puede modificar y esto provoca, al mismo tiempo, un aumento en el nivel de activación que puede desembocar en ansiedad y que, como ya hemos señalado, provoca la disminución del rendimiento. Este tipo de triada cognitiva es frecuente encontrarla con jugadores que atraviesan por algunos problemas como puede ser la suplencia, la ausencia en las convocatorias, el estar atravesando una mala racha de juego o la recaída de una lesión.
En segundo lugar, las distorsiones cognitivas son aquellas en las que el jugador distorsiona la realidad y la interpreta de una manera parcial. Las más frecuentes, según Carrasco (1993) serían las siguientes:


  • La inferencia arbitraria. Consiste en establecer conclusiones subjetivas sin contar con información objetiva (ej. : “no caigo bien en el equipo, no me siento cómodo y por eso no rindo como debería”).




  • La abstracción selectiva. Se seleccionan detalles secundarios de la experiencia vivida y se sitúan en primer término. (ej.: “aunque haya marcado gol en la jugada, antes he fallado un pase que es para matarme”).




  • La sobregeneralización. Se parte de un hecho concreto y se establecen, a partir de ahí, conclusiones generales. (ej.: “hago un pase mal y me sustituye, ya estoy harto”).




  • La personalización. Es la tendencia a personalizar en uno mismo el conjunto de variables que inciden en la situación. (ej.: “Hemos perdido por mi culpa, he fallado pases clarísimos”).




  • El pensamiento absoluto o dicotómico. Se evalúa todo como muy positivo o muy negativo, sin establecer términos medios. (ej.: “El otro día que hice un partidazo impresionante y hoy vuelvo a hacer una basura de partido. El próximo día me voy a la grada”).




  • La magnificación o minimización. Ante un determinado suceso como puede ser la salida de una convocatoria o una lesión de ligamentos en la rodilla, el jugador tiende a restarle toda la importancia que tiene o a magnificarla.

Para Beck, la mayoría de las representaciones mentales que ponemos en marcha cuando tenemos que actuar sobre el medio son esquemas eminentemente inconscientes que se encargan de organizar la información y que, cuando posteriormente acceden a la conciencia, pueden generar, y de hecho así sucede, automatismos en el procesamiento de la información que son, precisamente, los que provocan que los sesgos anteriores que acabamos de mencionar tengan tanta dificultad en eliminarse porque, en primer lugar, se deberán hacer conscientes y, en segundo lugar, deberá eliminarse ese automatismo negativo para tratar de transformarlo a positivo.


El procedimiento general que sigue esta técnica puede estar basado en los paradigmas cognitivos, conductuales o afectivos, dentro de los cuales destacamos las siguientes técnicas por su aplicación al fútbol:


    1. La parada del pensamiento (Cautela, 1977). Esta técnica congigue fusionar aspectos cognitivos con otros más puramente conductuales derivados de los procesos del condicionamiento clásico. Consiste en el dominio de los pensamientos que pueden surgir en las diferentes fases de un partido, e incluso con anterioridad, en donde un enfoque negativo de afrontamiento puede tener consecuencias muy negativas para el rendimiento del propio jugador y, como deporte de equipo, del resto del conjunto.

Como ya hemos señalado, estos pensamientos son de naturaleza eminentemente automática e irracional, son aprendidos y suelen ser bastante complicados de erradicar. Pues bien, la lógica de esta técnica consiste en lograr detener la cadena de pensamientos por medio de una autoinstrucción como puede ser “BASTA”, localizar el pensamiento irracional y sustituirlo por otro que, previamente, se haya considerado, conjuntamente con el psicólogo deportivo, que resulta pertinente y apropiado para la ocasión de que se trate.


Cuando se comienza a entrenar esta técnica, es importante provocar que el jugador imagine situaciones en las que experimenta ansiedad y se le provocan pensamientos negativos de tal manera que, una vez que nos indica con un dedo levantado que se están produciendo, debemos introducir un estímulo aversivo que detenga la cadena de pensamientos como puede ser un pellizco en la muñeca, un golpe fuerte de la pierna contra el suelo, una palabra como la que hemos descrito en el párrafo, anterior, etc. Lo más importante, en este caso, es que sea algo que el jugador pueda utilizar en el desarrollo del partido cuando lo necesite y, de la misma manera, que pueda comenzar a entrenarlo en condiciones adecuadas.
El entrenamiento de esta técnica en el fútbol implica, por lo tanto, diferentes fases en donde se detecten, en primer lugar, los pensamientos negativos que se suscitan en la mente del jugador y, lo que es más importante, ante qué situaciones tienden a aparecer. A continuación se analiza con el jugador la importancia de esos automensajes y se le enseña a formular nuevos pensamientos que, posteriormente, iremos sustituyendo por los anteriores por medio de su interrupción previa del modo que ya se ha descrito.
El éxito de esta técnica radica, desde nuestro punto de vista, en la colaboración que preste el entrenador y el resto de componentes del equipo técnico puesto que, con frecuencia, y sobre todo si el nivel de competición es elevado, la cadena de pensamientos negativos resulta muy complicada de romper porque los resultados y la competición impiden que la pedagogía de la mejora del jugador prime, de manera que suceden situaciones que se suelen comparar con experiencias anteriores y que consolidan el automatismo de los pensamientos. Por tanto, desde nuestro punto de vista, resulta pertinente tratar de colaborar al máximo con el entrenador y con el equipo técnico para conseguir los mejores resultados posibles y focalizar la atención en los pequeños logros conseguidos por el deportista más que en los errores que comete puesto que, como es bien sabido, existe una mayor probabilidad de encontrar pensamientos de irracionales de este tipo en jugadores con un nivel de autoconfianza bajo que en los que este nivel es elevado. Para compensar estas deficiencias, una de las técnicas de apoyo que mejores resultados nos suelen aportar es la del escalonamiento de tareas que se presenta a continuación.


    1. El escalonamiento de tareas. Para conseguir romper con los pensamientos irracionales y negativos del jugador, es importante que pueda comprobar y contrastar que realmente sí que es capaz de actuar de manera adecuada y competente ante determinadas acciones. El objetivo de esta técnica es, por lo tanto, establecer una jerarquía de situaciones, desde las más sencillas hasta las más complejas, en donde se pueda ir entrenando y comprobando el avance que el jugador está consiguiendo y su competencia para cada una de las habilidades implicadas.

Este tipo de trabajo suele realizarse con jugadores lesionados que poseen una baja confianza en sí mismos, de manera que se establecen ejercicios, de manera conjunta con el preparador físico y con el fisioterapeuta, para que poco a poco se vaya sometiendo a ellos y comience a recuperar la confianza que ha perdido. Si esta técnica la apoyamos, además, con la detección y parada de los pensamientos negativos los resultados que se obtienen son muy positivos.


Por último, antes de entrar en las estrategias del plano conductual, nos parece apropiado destacar que dentro de los aspectos cognitivos también se enmarcarían las técnicas de control del pensamiento basadas en la capacidad de imaginación sobre la que ya hemos incidido en uno de los capítulos anteriores, de manera que el entrenamiento previo encubierto para afrontar las situaciones que pueden aparecer es un tipo de estrategia que, combinada con las técnicas que acabamos de mencionar, se revela de una gran eficacia. Del mismo modo, la planificación de la intervención con los jugadores no siempre suele escoger una sola de las técnicas que hemos descrito, sino que se combinan diferentes métodos para conseguir unos resultados óptimos que beneficien, en primer lugar, al propio jugador y, en segundo lugar, al equipo.

c) Principales estrategias desde una dimensión conductual
Las manifestaciones conductuales son básicas para analizar de manera global las situaciones sobre el control del nivel de activación, sobre la ansiedad y sobre el control del estrés. Cuando hacemos alusión a este plano estamos refiriéndonos al componente más externo del análisis comportamental tomado éste desde una perspectiva molar, de manera que se suelen poder analizar y contrastar los avances conseguidos de un modo más objetivo y cuantificable. Además de la técnica de la parada del pensamiento que quedó incluida dentro del anterior apartado, vamos a destacar las estrategias conductuales más adecuadas para el trabajo psicológico orientado al control del nivel de activación que se utiliza en el fútbol.
I. El modelado.
Esta técnica clásica de Bandura viene a enfatizar la importancia que tiene el componente comparativo externo en la realización de conductas. La existencia de modelos de referencia con los que el jugador se pueda comparar y de los que extraiga información significativa, suele servir de estímulo importante para los jugadores, de manera que traten de acercarse a él en las cualidades que más le caracterizan.
Para que este trabajo pueda gozar de una mayor credibilidad, es importante que la información que se ofrezca no sea tan solo verbal, sino que se cuente con el modelo en la medida de las posibilidades. Con esto queremos decir que, si bien a lo mejor no puede contarse con Zidane o con Figo para que vengan a enfatizar la importancia del control de la activación, sí que resulta pertinente mostrar recortes de periódico en los que salgan entrevistas realizadas a posibles modelos de referencia sobre estas cuestiones en donde ofrezcan respuestas apropiadas.
Una vez que se ha confrontado al jugador con estos modelos, resulta pertinente situarle ante otro más cercano con el que se pueda identificar, de manera que sea para él un incentivo de mejora y de progreso de sus propias habilidades psicológicas, además de constituir una fuente motivadora importante para lograr su implicación en el programa de trabajo.
II. El juego de roles.
El objetivo de esta técnica es conseguir que el jugador se sitúe ante los diferentes puntos de vista que comprende la situación que le genera elevar su nivel de activación. Algunos ejemplos pueden ser el hecho de ir a hablar con el entrenador para solicitarle la opinión sobre algún aspecto en concreto, o algún conflicto que surja con un compañero de la plantilla, etc. Este método puede complementar otros más clásicos como la desensibilización sistemática, de manera que se vaya exponiendo al jugador de manera progresiva ante su fuente de estrés.
III. El establecimiento de objetivos.
Uno de los primeros trabajos que suele realizar el psicólogo deportivo cuando se inicia una temporada y durante el transcurso de la misma, es el que consiste en establecer claramente los objetivos que cada jugador debe tratar de ir consiguiendo a corto, medio y largo plazo, de manera que se oriente y se enfoque el trabajo a realizar sobre aspectos muy concretos y operatibizables. Estos objetivos pueden estar enmarcados dentro de cada una de las ramas en las que puede dividirse el rendimiento deportivo, es decir, la técnica, la táctica, la preparación física y la psicológica.
El hecho de plantear objetivos se basa en la importancia que tiene eliminar la incertidumbre de los jugadores acerca de qué es lo que tienen que hacer en cada momento y situación, de manera que les ayuda a focalizar su atención en los aspectos más importantes del rendimiento deportivo y les permite obtener mejoras significativas en sus actuaciones.
Al hablar de objetivos dentro del marco deportivo debemos diferenciar entre los de proceso y los de resultado. Con los primeros, el jugador se va a centrar en los aspectos que sirven para mejorar sus habilidades, como puede ser el conseguir situarse en más ocasiones en línea de pase, o aumentar su agresividad en el juego contabilizando el número de situaciones en las que se lanza al suelo a por el balón; mientras que en los segundos el jugador focaliza su atención en la consecución de logros y metas de resultado como puede ser marcar un gol, obtener la victoria en un partido o quedar entre los tres primeros clasificados para entrar a disputar la Copa del Rey de la División de Honor de Juveniles.
A continuación se mencionan algunas de las cualidades más importantes que deben poseer los objetivos que se formulan:


  • Deben ser operativos y concretos, es decir, que se debe poder contrastar si se han conseguido o no. Un objetivo como “debo mejorar mi golpeo con la pierna izquierda”, puede ser demasiado ambiguo y, para hacerlo más concreto, debe formularse algo como “en las próximas dos semanas tengo que mejorar el porcentaje de veces que disparo a portería entre los tres palos con la pierna izquierda”.




  • Deben analizarse y modificarse, si resulta pertinente, de manera periódica. Nuestra experiencia nos muestra que, en el caso de los objetivos a corto plazo, un margen de dos semanas para contrastar la evolución y el nivel de mejora puede resultar pertinente.




  • Para contrastar la evolución del jugador, el empleo del vídeo en donde se analicen las sesiones de entrenamiento y los partidos de competición se revela como una estrategia muy positiva y válida porque nos permite, además, contrastar la evolución del propio jugador y hacerle tomar conciencia sobre los avances alcanzados.




  • Los objetivos de proceso funcionan mejor que los de resultado porque nos permiten analizar en qué aspectos en concreto se está fallando.




  • El jugador mismo, con la ayuda del psicólogo del deporte, es quien debe establecer los objetivos que le resulten más apropiados. No hacerlo así podría llegar a ser contraproducente porque la implicación del jugador sería, con toda probabilidad, menor que si es él mismo quien los fija.




  • Los objetivos deben ser realistas y obedecer a unas pautas de progresión lógicas para cada uno de los aspectos implicados en el rendimiento deportivo. En este sentido, resulta muy recomendable el trabajo coordinado con el entrenador y con los componentes del cuerpo técnico, de modo que se establezcan las pautas más lógicas y realistas para la progresión deportiva de los jugadores.




  • Los objetivos deben suponer pequeños desafíos al jugador, de manera que sirvan como instigadores del rendimiento deportivo.




  • Debe establecerse una correlación elevada entre el nivel de mejora en esos aspectos concretos y los resultados alcanzables. Si esta correlación fuera baja o no existiera, la implicación del jugador en el programa sería prácticamente nula. Pensemos en un jugador que es suplente y que, después de trabajar con nosotros una serie de aspectos que se consideraban prioritarios para que entrase en el once inicial, continua siéndolo y goza incluso de menos minutos al principio de comenzar el programa. Este jugador, probablemente, percibirá que haga lo que haga va a ser suplente, aumentando las probabilidades de que presente un cuadro de indefensión aprendida.




  • Con frecuencia, a medida que los niveles de competición son mayores, el nivel de exigencia aumenta y los objetivos son más difíciles de alcanzar y de conseguir porque requieren de un gran esfuerzo por parte del jugador. En este sentido, resulta aconsejable que tenga en todo momento presente los objetivos a medio y largo plazo por los que está trabajando, de manera que consiga motivarse e implicarse al máximo en el programa. Para hacerlo, se suele entregar una hoja impresa en donde figuran los objetivos, de modo que el jugador la coloque en un lugar principal de su habitación y su sola lectura sirva como aliciente para trabajar al máximo por conseguir esos objetivos.

Las principales fases que lleva asociado el programa de establecimiento de objetivos serían las siguientes:




  1. Análisis, de manera conjunta con el entrenador y con el equipo técnico, de las principales virtudes y defectos del jugador en sus aspectos técnicos, tácticos, físicos y psicológicos.




  1. Análisis con el propio jugador sobre sus carencias y virtudes orientadas al fútbol.




  1. Confrontación de las opiniones de los técnicos y del propio jugador.




  1. Explicación y fundamentos básicos de la técnica de establecimiento de objetivos, con la posibilidad de firmar un contrato de compromiso de carácter moral en el que se consiga la máxima implicación posible del jugador.




  1. Establecimiento de un objetivo concreto para un único aspecto, de manera que se compruebe la eficacia del trabajo en la próxima reunión que mantengamos con el jugador.




  1. Establecer los métodos y las estrategias que vayamos a seguir para analizar y evaluar de manera operativa la evolución del jugador en estos aspectos que se estén trabajando.




  1. Análisis del objetivo propuesto, de la posibilidad de modificarlo si es que no se han conseguido los objetivos propuestos y de añadir alguno más.




  1. Seguimiento de los logros alcanzados en cada uno de los mesociclos, de manera que se posea una visión global sobre las ventajas de utilizar este tipo de entrenamiento.



Fase 4. Entrenamiento específico y entrenamiento globalizado.
Una vez que se ha realizado un acercamiento al terreno de las principales técnicas y estrategias psicológicas que se utilizan en el fútbol para controlar el nivel de activación, la siguiente fase del trabajo, que a menudo suele producirse de manera conjunta con las anteriores porque nos permite incluirla en el propio programa de entrenamiento, es la que hace mención al diseño de situaciones y ejercicios que permitan que el jugador se enfrente ante las situaciones que, con una mayor probabilidad, va a tener que enfrentase en el partido y que tienen mayores posibilidades de provocar el aumento en el nivel de activación.
La lógica de este tipo de trabajo es muy similar a la que ya establecimos cuando hablamos del entrenamiento en concentración, de manera que se parte del análisis específico de cada uno de los puestos de juego para pasar, a partir de ahí, a establecer qué situaciones son las que pueden provocar que el jugador pierda su nivel óptimo de activación y que, en general, suelen obedecer a dos tipos de momentos:


  • Situaciones en las que el nivel de activación baja, produciendo un exceso de relajación en el jugador.




  • Situaciones en las que el nivel de activación se eleva, lo que produce un exceso de nerviosismo.

La idea de este tipo de entrenamiento es conseguir prevenir problemas posteriores confrontando, desde la misma pretemporada al jugador, con ejercicios en donde se puede encontrar muy relajado o muy activado de manera que deba controlar su nivel de activación para obtener un rendimiento adecuado.


Respecto a las primeras situaciones, en donde el nivel de activación es bajo, consideramos importante que se realicen ejercicios en los que los jugadores experimenten síntomas característicos de esta bajada como pueden ser ejercicios de larga duración y con un componente de monotonía elevado, o situaciones en las que el resultado de las acciones ya esté claro de antemano. Algunos ejemplos de este tipo de trabajo pueden ser los ejercicios que se describen a continuación:



  1. Situamos al jugador ante la ejecución de una habilidad técnica que él domine y que tenga automatizada, como puede ser la habilidad dinámica por el aire, y le solicitamos que, llegado un momento, realice una volea y consiga meter el balón dentro de un objetivo, como puede ser la portería. Este ejercicio lo prolongamos al máximo y analizamos el tiempo que tarda el jugador en bajar su rendimiento en el porcentaje de balones que encaja en el objetivo. Este valor nos sirve de índice sobre la bajada del rendimiento que se puede sufrir en situaciones en las que la situación del partido es muy favorable (por ejemplo cuando en el equipo contrario han expulsado a dos jugadores y se va ganando, cuando se obtiene una clara ventaja en el marcador o también cuando el jugador maneja una expectativa previa de victoria fácil sobre el contrario porque ya se le ganó fácilmente con anterioridad).

Este tipo de ejercicios pueden incluir también aspectos tácticos y físicos, pero debe de tenerse en cuenta que la complejidad debe ser muy baja para favorecer, precisamente, que el nivel de activación disminuya.

Una vez que se esté entrenando y que el jugador ha aprendido a discriminar los indicios que le indican que su nivel de activación es bajo, deberá poner en práctica las estrategias aprendidas para activarse y volver a situarse en su nivel óptimo.




  1. Para las situaciones en las que el resultado ya se conoce de antemano y se percibe que no se puede modificar o que no merece la pena esforzarse porque ya se ha conseguido lo que se buscaba, los ejercicios pueden ser partidillos con inferioridad numérica clara o en los que se manipule el nivel de los jugadores o sus cualidades principales. Por ejemplo, se puede hacer jugar a los delanteros contra los defensas y enfatizar el hecho de conseguir un mayor número de goles. Una vez que esta ventaja se ha obtenido, los dos equipos bajarán su nivel de activación, por lo que deberán realizarse en ese momento las estrategias aprendidas para aumentar la activación.




  1. Para las situaciones en las que el problema puede estar asentado en un estado excesivo de nivel de activación, lo más adecuado es someter al jugador a situaciones cada vez más ansiógenas y realistas, es decir, que si estamos hablando de un lateral derecho, le sometamos a acciones directas contra un delantero cada vez más habilidoso del equipo y se enfatice, en cada una de las situaciones, los aspectos de la acción que se están realizando de manera correcta, con lo que estaremos incidiendo en la mejora de la autoconfianza y en la obtención de mayores índices de seguridad en sí mismo para afrontar las situaciones.

Como es lógico, estos ejercicios deben estar supervisados por el propio entrenador, de manera que se adapten al momento competitivo y a las pautas de trabajo que se estén siguiendo y se pueda, de esta manera, maximizar el tiempo de trabajo y no restar tiempo de entrenamiento sobre los aspectos que el entrenador considera más oportunos.


Este tipo de trabajo, además de las ventajas que ofrece para el jugador, también nos permite incidir sobre una figura que, como ya hemos señalado, puede llegar a ejercer un papel esencial en este aumento del nivel de activación, es decir, en el entrenador. Cuando estamos trabajando, y una vez que comprende la lógica que subyace a cada uno de los ejercicios y a la importancia del feedback que se le da al jugador y las consecuencias que tiene para su rendimiento, resulta mucho más sencillo que él mismo modifique el feedback que estaba ofreciendo hasta el momento para transformarlo en uno más constructivo y positivo que redunde en el mantenimiento de buenos niveles de activación en los jugadores.
Al igual que los ejercicios de concentración, la presión cognitiva puede facilitarse y provocarse exigiendo al jugador que tome decisiones complejas en espacios cortos y con un amplio número de variables perceptivas que le impidan la consecución de buenos niveles de ejecución y, además, en un estado de fatiga física que le dificulte la toma adecuada de decisiones. Este tipo de ejercicios de entrenamiento pueden ser, como se puede suponer, muy variados, y deberá prestarse una especial atención a la discriminación de los indicios psicofisiológicos que provocan el aumento del nivel de activación para tratar, por medio de la respiración esencialmente -si es que hablamos del mismo momento del partido-, de controlarla y de dominarla hasta llevarla a niveles lo más cercanos posibles al óptimo.
Fase 5. Evaluación y seguimiento de las mejoras alcanzadas
Al igual que sucede en todos los aspectos que componen el rendimiento deportivo, debe existir una fase en la que se cuiden de manera prioritaria los aspectos relacionados con la evaluación de las mejoras alcanzadas por el jugador, en este caso, respecto al nivel de activación.
Las pruebas que podemos utilizar pueden ser, nuevamente, de naturaleza fisiológica con el empleo de aparatos que nos permitan comparar a los jugadores antes de comenzar a trabajar con ellos y su estado actual, conductual, con el análisis de la actuación del jugador (véase el capítulo dedicado a la observación), o cognitiva, mediante el empleo de índices subjetivos que evalúen el nivel de mejora que el propio jugador considera que ha obtenido con el entrenamiento realizado.
Si la evaluación que hemos realizado nos ofrece valores deficitarios, deberemos modificar las estrategias de trabajo que hayamos empleado para intentar conseguir mejores resultados. Si, por el contrario, la evaluación nos señala que el trabajo y el entrenamiento está ofreciendo buenos resultados, entonces continuaremos con él no sin antes reflexionar de manera constructiva sobre algunas mejoras que se puedan introducir en el entrenamiento.
Respecto a los momentos en los que deben evaluarse estos aspectos, estarán en función del trabajo que se esté realizando: si es de carácter individual, se ajustará al propio jugador y al momento de la intervención en el que nos encontremos, mientras que si es global, lo lógico es que nos ajustemos a los periodos correspondientes a cada uno de los mesociclos y que se orientan al análisis de las mejoras alcanzadas en todos los niveles, no solo el psicológico.


10.6. Consideraciones finales
El concepto de nivel de activación y sus manifestaciones en el deporte implica que todo profesional inmerso en esta realidad del entrenamiento y análisis deportivo procure comprender cuáles son las causas que explican multitud de comportamientos deportivos deficientes que la lógica táctica, técnica o de la preparación física no pueden explicar. Así es como se han presentado las bases teóricas que consideramos que poseen un mayor poder explicativo y predictivo en el deporte, de manera que se pudieran extraer las consecuencias prácticas más evidentes y representativas que pueden utilizar los entrenadores y los psicólogos del deporte para favorecer que sea el propio deportista, el que aprenda a identificar estos niveles óptimos de activación de manera que pueda modularlos y se alcance el mejor nivel posible dentro de sus condicionantes técnicos, tácticos y físicos que limitan la acción del jugador sobre su contexto de juego.
Al igual que sucedía en el caso de la concentración, hablar del nivel de activación sin hacerlo de la situación contextual en la que se produce, así como del deportista concreto del que se trate, es desconocer una realidad que trasciende el aquí y el ahora para colocarse en el terreno de lo posible en donde, precisamente, radica la belleza del fútbol entendiendo éste como deporte abierto en donde no se producen dos situaciones exactamente idénticas. Si esto es así, estar preparados para las demandas cambiantes del juego, requiere de un gran dominio de la presión y del estrés al que se ven sometidos los jugadores de competición porque, sin ningún tipo de dudas, favorece la capacidad de respuesta y el procesamiento rápido, en cuanto a preciso, que realice el jugador y que le permite tomar decisiones adecuadas en el juego.
En el siguiente capítulo pasamos a analizar cómo la capacidad de imaginación, concebida ésta en tanto que representaciones mentales, es capaz de abrir nuevas posibilidades a los deportistas, y de sugerir nuevas vías de trabajo y de entrenamiento para el deporte de competición.

PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN


  1. ¿Qué se entiende por activación?.

  2. ¿Qué características principales encuentras en la activación fisiológica?.

  3. ¿Y en la cognitiva?

  4. Enumera los momentos que consideras más importantes de tu especialidad deportiva, en los que estimas que el/los deportistas deben dominar y controlar su nivel de activación.

  5. ¿En qué situación consideras que puede producirse una “catástrofe en el rendimiento” como consecuencia de la ansiedad?. Cita algún ejemplo que te hayas encontrado en tu trayectoria profesional y que se pueda analizar desde esta perspectiva.

  6. ¿Qué fases principales encuentras en el estrés competitivo?.

  7. ¿Qué “pistas” pueden encontrar en tus deportistas para interpretar que no dominan su nivel de activación?.

  8. ¿En qué consiste un Plan de Competición?.

  9. Cita tres características principales de los métodos de entrenamiento en gestión y control de la activación que se han expuesto en el módulo.


CAPITULO 11 LA CAPACIDAD DE IMAGINACIÓN





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