Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


El entrenamiento psicológico para regular el nivel de activación



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10.5. El entrenamiento psicológico para regular el nivel de activación
Uno de los aspectos centrales en la intervención del psicólogo del deporte cuando es el de la evaluación y el entrenamiento para que los jugadores sean capaces de regular su propia activación hasta llevarla a niveles óptimos de rendimiento que les predispongan para la obtención de las mejores actuaciones de las que son capaces.
La estrecha relación que existe entre el nivel de activación y el resto de variables psicológicas que intervienen en el rendimiento deportivo hace que el conocimiento y el manejo de las técnicas con las que se encuentran asociadas sean, desde cualquier punto de vista, necesarios.
Las diferentes fases que vamos a distinguir para realizar este proceso serían las siguientes:


  1. Explicación de la importancia del nivel óptimo de activación para la obtención de un buen rendimiento deportivo.




  1. Evaluación del nivel de activación mediante pruebas de campo y de cuestionarios específicos adaptados al terreno deportivo.




  1. Análisis de los resultados del proceso evaluativo y puesta en marcha de un programa de entrenamiento adaptado a las necesidades específicas que existan.




  1. Entrenamiento específico y entrenamiento globalizado.




  1. Evaluación de las mejoras alcanzadas y seguimiento.



Fase 1. Explicación de la importancia del nivel óptimo de activación para la obtención de un buen rendimiento deportivo.
El objetivo prioritario de esta etapa inicial es dar a conocer cómo pueden afectar la activación y la ansiedad en el rendimiento que se alcance. Desde nuestra propia experiencia personal resulta pertinente poner el énfasis en la edad de los jugadores a los que nos estamos dirigiendo puesto que, a medida que ésta sea mayor y que el nivel de juego también lo sea, podremos ir aumentando la carga de conocimientos que les podemos aportar.
Una vez que tienen claros los conceptos básicos resulta necesario que se compruebe su comprensión mediante ejemplos que se pueden aportar y otros que los mismos jugadores nos pueden ofrecer sobre su experiencia personal y que sirven para enriquecer a todo el equipo.
Las condiciones que nos parecen apropiadas para realizar esta primera reunión son muy sencillas, puesto que en el propio vestuario se pueden llevar a cabo y, con la ayuda de la pizarra, podemos ir apuntando las principales ideas que vayan surgiendo, así como los comentarios que realicen los jugadores. Respecto al tamaño del grupo éste puede ser variable, pero consideramos de gran importancia que se conozca la predisposición del equipo para el trabajo psicológico, si lo han realizado antes, los resultados y las experiencias previas que se tuvieron, etc., de manera que, si no existen estas experiencias, con grupos de cuatro o cinco jugadores se puede dar lugar a una mayor participación y a un mejor conocimiento del nivel de comprensión alcanzado en el grupo.
Por último, puede resultar útil contar con la ayuda de algún instrumento de biofeedback como puede ser el pulsómetro o el EMG en donde se pueda realizar un ejercicio práctico sobre los estrechos vínculos que existen entre las variables fisiológicas y las psicológicas. El objetivo será, por lo tanto, el de predisponer a los jugadores para realizar el tipo de trabajo psicológico que estamos tratando de integrar en su entrenamiento y para lograrlo, la colaboración y el apoyo del entrenador es absolutamente necesario, por lo que contar con su presencia puede ser de gran ayuda en un principio.


Gráfica 10.9. Explicar de un modo detallado cómo se puede mejorar el rendimiento a partir del aprendizaje sencillo de algunas técnicas que permiten regular el nivel de activación es imprescindible como fase previa a cualquier intervención posterior.
Fase 2. Evaluación del nivel de activación mediante pruebas de campo y de cuestionarios específicos adaptados al terreno deportivo.
Cuando un psicólogo del deporte comienza a trabajar, resulta frecuente que existan una serie de expectativas creadas sobre su labor en las que se incluye el hecho de evaluar las diferentes manifestaciones psicológicas en función de una serie de batería de pruebas que determinan la personalidad y la inteligencia del jugador, así como su motivación, su nivel de implicación con el equipo y, como no, su ansiedad.
En realidad, estas expectativas no estaban muy desencaminadas de lo que ha venido aconteciendo desde la entrada de los psicólogos en el deporte y es que, con unos reducidos conocimientos de sobre el deporte en cuestión, y llegando desde el ámbito clínico, se comenzaron a realizar una serie de trabajos que distaban bastante de lo que hoy en día consideramos como el ideal en donde el propio entrenamiento es la base en donde se asienta el proceso evaluativo y el de entrenamiento pese a que también resulta útil disponer de una serie de pruebas en las que obtengamos una visión más completa acerca del propio jugador.
Para poder realizar un análisis que ofrezca un panorama completo sobre estos aspectos, vamos a dividir el proceso evaluativo en dos partes: la que se puede realizar en el campo de entrenamiento y, por otro lado, los autoinformes sobre la ansiedad y el nivel de activación que completan la información que se haya extraído de las primeras pruebas.
La evaluación en el campo de entrenamiento.
Al igual que mencionábamos al hablar de la concentración, llevar a cabo nuestro trabajo en el campo de entrenamiento nos va a permitir, por un lado, la obtención de datos mucho más cercanos a la realidad de los que hasta el momento nos ofrecían las clásicas pruebas o cuestionarios como los que se describieron en capítulos anteriores, aislando al máximo el componente subjetivo que existía y añadiéndole, por medio del empleo de instrumentos de biofeedback, una serie de datos objetivos y cuantificables que resultan de gran utilidad y, por otro lado, nos permite aumentar la implicación y la motivación de nuestros jugadores porque se identifican mucho más con este tipo de trabajo que con la realización de pruebas aisladas y descontextualizadas.

Cuando nos referimos al nivel de activación en el deporte, no podemos dejar de hacer alusión a la importancia que cobra la ansiedad para explicar este constructo y, de la misma manera que ya se hizo al hablar de este concepto a lo largo de este capítulo, se debe intentar conocer cómo tiende a responder el jugador en la mayoría de las circunstancias de la vida ante las que se enfrenta y que se correspondería con la noción de rasgo de ansiedad, al igual que debe interesarnos cómo responde el jugador ante las diferentes situaciones que pueden elevar su nivel de activación en una competición, es decir, su estado de ansiedad. Para hacerlo, la evaluación del rasgo de ansiedad implica, como es lógico, el empleo de una serie de pruebas que en el posterior apartado se detallarán, mientras que la ansiedad estado puede evaluarse con los dos tipos de procedimientos.


Un primer aspecto para profundizar en la evaluación de la ansiedad estado y del manejo de los diferentes niveles de activación será, por lo tanto, la delimitación de los momentos claves en los que ésta se puede ver afectada y que coincidirán, como es lógico, con los momentos en los que la ansiedad puede presentarse de manera más elevada. Estos momentos a los que estamos haciendo referencia son claramente dependientes del puesto de juego que se ocupe, de manera que las situaciones que a un defensa le pueden generar más ansiedad y elevar en mayor medida su nivel de activación no tienen por qué coincidir con las que le influyen o afectan al portero o a un centrocampista. A continuación citamos algunas de las situaciones que más generan ansiedad en función del puesto de juego que se ocupe:


  • Portero: Penaltis, balones aéreos con oposición activa como pueden ser los saques de esquina o faltas escoradas, golpes francos directos o indirectos, situaciones de peligro inminente con igualdad o inferioridad numérica defensiva, situaciones de uno contra uno, etc.




  • Defensores: Golpes francos directos o indirectos en contra, marcajes en situaciones en las que el peligro de gol, si se falla, es inminente, situaciones de agobio defensivo en las que no se logra mantener la posesión del balón durante un tiempo prudencial consecutivo y, tras recuperarlo, se pierde en seguida, situaciones no habituales en las que se producen avances ofensivos y se tiene la oportunidad de marcar gol, etc. Dentro de los jugadores defensores, destacaremos el papel de los actuales dos centrales y, en aquellos equipos en los que siga en vigor, el del libre, máximo responsable de la línea defensiva y, por tanto, también más susceptible de experimentar situaciones ansiógenas.




  • Centrocampistas: Golpes francos directos o indirectos ofensivos y defensivos, situaciones de peligro ofensivo y defensivo, saques de esquina a favor y en contra, etc. Los centrocampistas, al participar activamente del juego atacante y defensivo del equipo, son los jugadores que, sin llegar a asumir la responsabilidad máxima ofensiva o defensiva, pueden llegar a manifestar niveles de ansiedad elevados en aquellos momentos del partido en los que el juego no esté siendo fluido puesto que es precisamente en estos periodos en los que se les está pidiendo que realicen su principal papel.




  • Delanteros: Golpes francos ofensivos directos o indirectos, saques de esquina ofensivos, situaciones de uno contra uno o de superioridad numérica o de leve inferioridad numérica ofensiva en las que exista una clara posibilidad de gol y, en general, todas aquellas situaciones en las que puedan generar un peligro evidente para la portería contraria.

Una vez que hemos analizado los principales momentos en los que puede elevarse el nivel de activación del jugador y en los que puede experimentar ansiedad, vamos a pasar a detallar una serie de variables que influyen decisivamente, en unión con la ansiedad rasgo que posea el jugador, en que estas situaciones puedan llegar a afectar en la realidad al rendimiento de los jugadores. Estas variables serían las siguientes:




  • El entrenador. Como máximo responsable del equipo y como figura encargada de adoptar las medidas oportunas que se consideran adecuadas en cada momento del partido, el entrenador debe ser un perfecto conocedor de cómo funciona el nivel de activación y de ansiedad porque su influencia puede llegar a ser decisiva en la consolidación de cuadros característicos de ansiedad y de motivación por evitar el fracaso. Un ejemplo característico es el del delantero que intenta realizar un regate complicado, le roban el balón y, a partir de ese momento, el entrenador le abronca y acaba por sustituirle, o el del portero que encaja un gol por alto tras un saque de esquina y, tras la bronca de su entrenador, en el siguiente partido no juega. En los próximos partidos que disputen estos dos jugadores es probable que aumente el nivel de activación en situaciones similares a las que acabamos de detallar, pudiéndose generar la ansiedad característica que, si no se dominan una serie de técnicas para su regulación, es muy probable que afecte al rendimiento de manera negativa.




  • El entorno del jugador. Al igual que comentábamos el efecto facilitador de la presencia del público en la teoría de la “facilitación social” de Zajonc, también pusimos énfasis en la influencia negativa que podía existir si las destrezas o las habilidades no estaban bien aprendidas y automatizadas. A este factor, debería añadirse el del papel que familiares cercanos, amigos y personas allegadas al propio jugador pueden ejercer para bien o para mal en el sentido de constituirse como fuente de presión o de apoyo para el jugador. Un padre que tras un error critique enfervorizadamente a su hijo o que después del partido le esté recordando todos los errores que ha cometido aumentará, sin duda alguna, la probabilidad de que el jugador experimente estados de ansiedad en mayor medida que si esa presión se tornara en apoyo.




  • Errores anteriores. Cuando un jugador tiene que enfrentarse a una situación como las que hemos detallado a lo largo de este capítulo, puede verse influido, y de hecho así ocurre en la mayoría de las ocasiones, por las experiencias previas anteriores que haya tenido, de manera que, al igual que ya señalamos que la autoconfianza se ve influida, también el nivel de activación se ve implicado en función de esas experiencias previas. El ejemplo más sencillo sería el de un jugador que ha fallado dos penaltis consecutivos y se juega la victoria de su equipo lanzando un tercero. Si este jugador no domina las estrategias básicas del dominio del nivel de activación es muy posible que lo vuelva a fallar o, cuando menos, que no lo ejecute con la maestría que suele hacerlo cuando se encuentra sin presión.




  • El estatus del contrario. Aquellos jugadores del partido que deben realizar trabajos defensivos u ofensivos y que perciben que el contrario es un gran jugador, bien por experiencias previas que ha tenido, por comentarios o por partidos que haya visto por televisión, tienen una mayor probabilidad de manifestar ansiedad cuando se enfrenten a ellos a no ser que conozcan y dominen estrategias características para el dominio del nivel de activación. Este suceso, que ya lo comentamos al hablar de la motivación de los jugadores y de su tendencia a afrontar determinadas situaciones, tiende a manifestarse en mayor medida en el momento en el que hay algo en juego. Un ejemplo a este respecto lo puede constituir un jugador defensor del Salamanca que, tras llegar a la final de la Copa del Rey, se enfrenta al Barcelona y tiene que marcar a Rivaldo. Este jugador tendrá mayores probabilidades de experimentar un mayor nivel de activación cuando participe en el juego, que en aquellas situaciones en las que tiene que enfrentarse a los delanteros de otros equipos de inferior categoría.




  • Momento del partido e importancia de los puntos. Como acabamos de señalar, el momento del partido en el que nos encontremos puede elevar o disminuir el nivel de activación de manera notable. Si el equipo va ganando o perdiendo por tres goles de ventaja y el partido se acerca a los cinco últimos minutos y, además, es la última jornada de liga en la que ninguno de los dos equipos se juegan nada, es probable que vayamos a contemplar un final aburrido en el que lo mejor que puede suceder es que finalice porque la activación de los contendientes es muy baja mientras que, por otro lado, si el momento del partido es el último cuarto de hora y el marcador se encuentra ajustado y los dos equipos, además, necesitan la victoria, puesto que de ello depende el ascenso de categoría, es probable que nos encontremos con un final muy emocionante y con mucha tensión e imprecisión motivada, en parte, por el exceso de nivel de activación de los jugadores.




  • Incertidumbre. Siempre que exista un factor de incertidumbre en el resultado de una acción o de un partido, resultará también más probable que el nivel de activación se eleve más.




  • Zona de juego. La zona del campo en el que se estén produciendo las jugadas influye, de manera diferencial, en el nivel de activación que pueden tener los jugadores que suelen llevar el peso ofensivo del equipo o el defensivo. En este sentido, se puede predecir que la activación de los defensores será mayor que la del resto del equipo a medida que el contrario se acerca más a la portería mientras que, en el sentido opuesto, a medida que el equipo avanza hacia la línea defensiva rival y hacia la portería contraria, son los delanteros los que experimentan el ascenso en su nivel de activación.

Consecuencias prácticas para el entrenamiento:




  • El entrenamiento de campo con los delanteros para el manejo del nivel de activación debería realizarse en jugadas ofensivas mientras que con los defensores resultarían prioritarias las acciones defensivas y con los jugadores de medio campo deberemos emplear de ambos tipos.




  • La línea del medio campo, debido a su elevado índice de participación en el juego, debe aprovechar las interrupciones del juego para regular su nivel de activación, mientras que las líneas defensivas y ofensivas pueden aprovechar los momentos en los que el balón se encuentra alejado de su zona de influencia para regularlo si es que resulta necesario.




  • Es imprescindible, si se puede, que se analice de antemano al rival ante el que nos enfrentamos, así como a los jugadores con los que cada uno deberá “pelear” en el partido y conocer sus puntos débiles y fuertes, puesto que hacerlo hará que la incertidumbre disminuya, la sensación de control de la situación aumente y se disminuirá la probabilidad de que se produzcan acciones en el partido que nos sorprendan.




  • Un aspecto práctico muy interesante y que se relaciona de forma estrecha con la autoconfianza de los jugadores, es la necesidad de realizar un calentamiento en donde se tenga contacto con el balón y, cuando ponemos el énfasis en esta variable, lo hacemos pensando principalmente en los jugadores suplentes que, además de tener más probabilidad de poseer una autoconfianza menor, se les está facilitando que estén sujetos a las primeras acciones del partido para sentirse cómodos y, como consecuencia, a que se dispare su nivel de activación de forma incontrolada.




  • Resulta recomendable establecer reuniones puntuales con los padres de los jugadores o con aquellas personas del entorno que pueden influir en ellos para explicarles los efectos positivos y negativos que se pueden derivar del apoyo que con frecuencia creen prestarles.




  • El entrenador y el resto del cuerpo técnico deben conocer y dominar en qué consiste el nivel de activación, cómo puede influir en el rendimiento y qué papel juegan ellos para su regulación.

Una vez analizados los principales aspectos que deberemos considerar a la hora de establecer el entrenamiento y la evaluación del nivel de activación, vamos a pasar a detallar el proceso que venimos utilizando desde hace algún tiempo. Este proceso de evaluación en el campo se divide, a su vez, en dos momentos esenciales: la precompetición y la competición


a) La evaluación precompetitiva en el campo.
Para realizarla nos podemos ayudar de instrumentos de biofeedback dentro de los cuales debemos destacar, por su empleo cotidiano y por su bajo coste, a los pulsómetros. En realidad, la lógica de la evaluación precompetitiva es tan sencilla como establecer una línea base de los momentos previos a un partido en el que no exista presión, y comparar los resultados obtenidos en situaciones similares en las que exista presión.
Para hacerlo, la pretemporada es el momento idóneo porque las competiciones de carácter amistoso son frecuentes, aunque también recomendamos hacer la evaluación en otros partidos de carácter no oficial que se desarrollen durante la temporada e incluso en los momentos previos a la salida a un entrenamiento.
Las medidas que se obtienen deben compararse, de manera que se obtenga un resultado que podemos considerar como el índice de ansiedad precompetitiva que será la consecuencia de restar la media de la tasa cardiaca con presión, con la de obtenida sin presión. A este respecto, debemos considerar que los momentos más importantes que debemos de tener en cuenta son los más próximos al partido y que menos se vean influidos por la actividad física del calentamiento, de tal manera que si tenemos en consideración estos valores, también deberíamos respetar los mismos ejercicios y con similar intensidad cuando queramos comparar los resultados obtenidos en momentos precompetitivos de partidos oficiales.
Como en cualquier investigación que se desea realizar, el proceso evaluativo exige, para que los resultados sean válidos, que las condiciones en las que se obtienen las medidas sean lo más similares posibles y, además, que tomemos el máximo de medidas que se pueda para que podamos considerar que los datos son fiables. Estos aspectos, a menudo en el terreno competitivo real, son complejos de cuidar pero, sin embargo, todo psicólogo del deporte debería realizar un esfuerzo significativo para respetarlos al máximo de sus posibilidades. Las variables enmascaradas que pueden presentarse como el tipo de calentamiento y la intensidad del mismo deben considerarse, de manera que también se obtengan medidas sin carga física alguna en los momentos en los que los jugadores entran al vestuario para cambiarse.
Las medidas que obtengamos una vez realizados los análisis, pasan a contrastarse con los autoinformes que completan los jugadores, obteniendo de esta manera una información bastante verídica y cercana a lo que sucede en la realidad.
b) La evaluación competitiva en el campo.
Antes de penetrar en el desarrollo de este punto, nos parece necesario realizar algunas consideraciones previas:


  • El reglamento suele impedir competir con utensilios que puedan dañar al propio jugador o a los contrarios como pueden ser relojes, pulseras, anillos, etc. Esta limitación nos afecta también en el sentido de no poder utilizar pulsómetros más que en partidos amistosos y a expensas de la aceptación, por parte de los dos equipos, de que se van a utilizar.




  • Ya hemos destacado la importancia de evaluar jugadas específicas en función del puesto de juego que ocupe el jugador. Los registros que se obtuvieran deberían analizarse en función de las situaciones concretas del partido en el que se han visto inmersas.




  • El trabajo físico que se realiza y la variabilidad de situaciones que caracterizan cada deporte, impiden realizar comparaciones exactas del rendimiento, pues dos faltas no se realizan desde el mismo punto exacto ni los momentos en los que se ejecutan, por ejemplo, son iguales.

Como se puede apreciar, las limitaciones del proceso de evaluación en el campo del nivel de activación son muy importantes y, por eso precisamente, uno de los métodos más útiles y utilizados en la actualidad es el de la observación del juego que ya analizamos en la primera parte de este libro en donde, a partir del análisis secuencial del rendimiento del jugador en cada uno de los momentos del partido, se pueden realizar una serie de inferencias objetivables atendiendo a los índices de participación que haya obtenido para cada factor que compone el código de observación.


De manera complementaria, los autoinformes posteriores al partido nos aportarán una información muy valiosa sobre los momentos más representativos en los que se ha podido ver implicado el jugador y sobre cuáles han sido las sensaciones y pensamientos que ha experimentado.
La evaluación por medio de autoinformes
Al igual que venimos comentando desde el comienzo del libro que resulta esencial contar con pruebas de campo que nos indiquen cuál es el nivel que manifiesta el jugador en función de las diferentes habilidades psicológicas de las que estemos hablando, también resulta necesario que remarquemos la importancia de los autoinformes y de las pruebas de evaluación como complemento indispensable para el trabajo a realizar.
Para hacerlo, y a diferencia de los apartados que se establecieron en el punto anterior, en donde nos centramos en los aspectos precompetitivos y competivivos, en este caso podemos seguir esta misma lógica pero ampliándola a un momento al que se le suele otorgar muy poca importancia pero que resulta muy necesario para mejorar en el rendimiento competitivo y que constituye la toma de conciencia sobre la propia actuación y sobre los aspectos en los que se debe mejorar, es decir, la postcompetición.
A continuación presentamos una serie de autoinformes que sirven para cada uno de estas tres ocasiones y que poseen una gran utilidad para los intereses prácticos que nos planteamos en el trabajo con nuestros jugadores. Serían los siguientes (González, 1996):
a) Para la precompetición. El objetivo de este autoinforme es el de comparar la mejor situación posible en la que el jugador se haya encontrado totalmente concentrado y con un nivel de activación óptimo (que puede identificarlo también por su actuación posterior), con el último partido que haya disputado. El objetivo del psicólogo del deporte consistirá, por lo tanto, en recabar una serie de autoinformes en varios partidos diferentes en los que, a partir de varias situaciones distintas en las que se juegue contra rivales de diferente nivel se pueda establecer una valoración aproximada sobre el nivel de activación que tiene el jugador:

Piensa en tu (s) mejor (es) preactuación (es) y responde a las siguientes preguntas sin dejar de referirte a la (s) precompetición (es):


Muy relajado 1-2-3-4-5-6-7 Muy nervioso

Muy confiado 1-2-3-4-5-6-7 Nada confiado

Muy motivado 1-2-3-4-5-6-7 Nada motivado

Control de mí mismo 1-2-3-4-5-6-7 Nada de control sobre mí mismo

Muy seguro 1-2-3-4-5-6-7 Muy inseguro

Mucha energía 1-2-3-4-5-6-7 Muy fatigado

Autoconsejos positivos 1-2-3-4-5-6-7 Autoconsejos negativos

Diversión 1-2-3-4-5-6-7 Sin diversión

Concentrado 1-2-3-4-5-6-7 Desconcentrado

Preparado 1-2-3-4-5-6-7 Sin preparación

Muy preocupado 1-2-3-4-5-6-7 Nada preocupado

Gráfico 10.10 Autoinforme de análisis precompetitivo
b) Para la competición. El valor de este tipo de autoinformes es similar al de las precompeticiones, por lo que la lógica en su aplicación también será la misma con la única diferencia de que nos parece más pertinente realizar un análisis mucho más estructurado que en el anterior caso puesto que, como ya hemos dicho, el nivel de activación se encuentra en función del momento concreto y del partido que se esté disputando, así como del puesto de juego que se ocupa.




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