Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


mts. Gráfica 9.16. Ejemplo de ejercicio de entrenamiento de la concentración



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Gráfica 9.16. Ejemplo de ejercicio de entrenamiento de la concentración
Las diferentes fases del trabajo serían las siguientes:


  1. Situaciones de inferioridad numérica defensiva en donde:

  1. El defensor se activa antes de realizar el ejercicio durante diez segundos.

  2. Los atacantes se activan para realizar el ataque.

  3. Los dos, defensas y atacantes, se activan

  4. Puesta en común de diferencias principales encontradas en el rendimiento sin activación y con activación.




  1. Situaciones de igualdad numérica en donde:

  1. El defensor se activa antes de realizar el ejercicio durante diez segundos.

  2. Los atacantes se activan para realizar el ataque.

  3. Los dos, defensas y atacantes, se activan

  4. Puesta en común de diferencias principales encontradas en el rendimiento sin activación y con activación.

Series: Cada pareja realiza dos series de 6 acciones en cada uno de los puntos anteriores.


8) OBJETIVOS: Mejora de la capacidad de concentración en situaciones ofensivas en donde se produce una fuerte presión defensiva.
OBSERVACIONES: Análisis de las principales variables que pueden desconcentrar a los jugadores en cuanto a los aspectos ofensivos se refiere:


  • Los defensores. A mayor número de contrarios más dificultades se encuentran y más posibilidades existen de perder la atención.

  • El contacto físico que puede existir en este tipo de acciones (agarrones, empujones, etc.). Un jugador que mantenga su atención con este tipo de estímulos distractores obtendrá mejores resultados y un mayor rendimiento que el que no lo consiga.

  • Rapidez del golpeo, lo que obliga a la que la velocidad de reacción deba disminuir.

  • El tiempo del que se disponga para tomar decisiones: a menor tiempo más complicado es concentrar la atención en los estímulos importantes.


DESARROLLO
Ejercicio 1. El jugador A recibe el balón y, antes de recibir el pase, debe observar rápidamente el apoyo que le ofrece su compañero B (que parte desde su propia espalda). A su vez, en el momento en el que el jugador A va a recibir el pase, un defensor situado a 5 metros por detrás va a la presión para intentar robarle el balón. Finalización con disparo a portería.




B

A


Gráfica 9.17. Ejemplo de ejercicio de entrenamiento de la concentración

EVOLUCIÓN Y VARIANTES (en función de la dificultad progresiva):
Ejercicio 2. Igual que el ejercicio base pero el jugador que realiza el desmarque debe burlar a un defensor y continuar la jugada con su compañero: ¡resolver en pared!.
Ejercicio 3. Se introduce la distracción del contacto defensivo.
Ejercicio 4. EL portero toca un poste y el jugador que dispara a portería debe buscar el palo opuesto.
9.5. Consideraciones finales
La consideración de la concentración como una variable que puede explicar un amplio porcentaje del éxito o del fracaso que alcancen los jugadores en los partidos, exige que se realice un esfuerzo consciente por comprender cuáles son los factores que la subyacen y que nos conducen a replantearnos las causas últimas de los problemas que pueden encontrar los jugadores y, por lo mismo, nos ofrecen nuevos caminos para su potenciación y mejora de manera que a medio y largo plazo se puedan obtener beneficios en los diferentes niveles en los que éstos se pueden producir.
A lo largo del capítulo se han analizado algunos de los principales problemas que pueden encontrar los jugadores y que, a primera vista, pueden etiquetarse “de concentración” mientras que en su origen causal se intuyen otros aspectos psicológicos con los que se encuentran íntimamente vinculados. Una vez más, cabe recalcar la necesidad de entrenar a los jugadores considerando en todo momento la realidad molar y holística que representa su persona y el contexto en el que se desarrollan los partidos, de manera que el intento por explicar una parcela restringida de esta realidad, aunque insuficiente, nos parece necesaria porque sirve de acicate para abrir nuevos caminos a la investigación y a las ciencias del desarrollo de la actividad física y del deporte.
Tomando como punto de referencia la consideración dela concentración como una realidad que va más allá del dominio de ciertos focos de atención y de su explicación a partir del componente táctico del juego y de su relación con otras habilidades psicológicas, es como podemos dar paso a los siguientes capítulos de esta parte del libro que se dedican a aportar claves más específicas de trabajo y entrenamiento en otras de las habilidades a las que estamos haciendo mención.
PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN


  1. Cita las principales variables relacionadas con la concentración.

  2. Expón algún ejemplo, aplicado a tu deporte, sobre la importancia que tiene que los deportistas se encuentren concentrados.

  3. ¿Es lo mismo estar concentrado que dominar los diferentes focos de atención?. Razona y justifica tu respuesta.

  4. Cita algunos ejemplos sobre los diferentes focos de atención que deben manejar los deportistas que compiten en tu deporte favorito.

  5. ¿Qué relación existe entre la concentración y la resistencia a la fatiga?.

  6. ¿Y entre la concentración y el dominio del nivel de activación?.

  7. Diseña un ejercicio, aplicado a tu especialidad deportiva, en el que intentes entrenar y mejorar la concentración.

CAPITULO 10. EL NIVEL DE ACTIVACIÓN
10.1. Consideraciones preliminares.
El nivel de activación es una de las variables que más ha interesado a los psicólogos del deporte por la gran influencia que se le atribuye en el rendimiento. Como ya sabemos, las teorías que han tratado de explicar cómo se relaciona el rendimiento con esta variable, han aportado algunos aspectos esenciales como la diferenciación entre el arousal fisiológico y el cognitivo, y su diferente influencia en el rendimiento del jugador (Kerr, 1985; Hardy, 1990; Gould y Krane, 1992; Gould y Udry, 1994), o la importancia de descender hasta la especificidad de éste para conocer cómo le afecta, de manera específica, una variable o situación que a otro deportista puede provocarle distintas respuestas cognitivas, motoras y emocionales.
Resulta evidente pensar que la evaluación del nivel de activación, nuevamente, debe adaptarse a los estímulos que provocan ansiedad, esencialmente cognitiva, en el jugador, de manera que lo que a uno le provoca un estado de ansiedad extremo, a otro puede producirle indiferencia o incluso favorecerle estados óptimos de activación que beneficien su rendimiento. El trabajo previo del psicólogo deportivo debe consistir en conocer, por medio de una entrevista o de autoinformes diseñados al efecto, cuáles son los estímulos que producen el aumento de la ansiedad en el jugador y en qué situaciones o momentos se producen para, a partir de ellos, evaluar y trabajar en el sentido de ayudarle a dominar los efectos negativos derivados de una apreciación o valoración cognitiva subjetiva y negativa de la situación ansiógena de que se trate.
Estas características de ansiedad negativa que se suscitan en los jugadores se encuentran también muy relacionadas con la demarcación que ocupa el jugador en el campo y con la presión y el nivel de exigencia que debe soportarse en el fútbol de competición, por lo que deben considerarse otras variables como las características del contrario y del campo, el número de interrupciones del juego que se pueden aprovechar para retomar el control de la actuación, el tiempo medio hasta que se pone el balón en movimiento, etc.

Cuando queremos estudiar la influencia de un fenómeno como el de la ansiedad, sus manifestaciones y el modo en el que puede corregirse y entrenarse para obtener los mejores resultados posibles en el fútbol, uno de los principales aspectos que debemos de cuidar es el de las líneas teóricas actuales que nos muestran qué es, cómo se forma, en qué puede derivar y cómo se entrena para que los efectos sean positivos y se minimicen los nocivos. En este sentido, cuando un jugador se enfrenta a cualquier situación, ya sea antes, durante o después de la competición, siempre lo hace con un estado de ánimo particular que le puede facilitar el rendimiento posterior o que, por el contrario, puede perjudicarle y descentrarle haciéndole surgir una serie de pensamientos y de sensaciones que no puede controlar y que le pueden incluso llegar a bloquear para tomar decisiones importantes dentro del propio terreno de juego.


Pensemos por un momento en el penalti que falló Djukic, jugador del Deportivo de la Coruña, en el último minuto contra el Valencia y que valía una liga para su equipo, ¿qué sucedió realmente en esos instantes en los que se iba dirigiendo al balón para realizar el lanzamiento?. Toda una serie de sensaciones, de pensamientos y de emociones interiores le recorrieron probablemente en los pocos segundos en los que asumió la responsabilidad de lanzar y, debido a la enorme presión del resultado que se iba a obtener, toda una serie de reacciones psicofisiológicas características de las manifestaciones del estrés se manifestaron en un momento. En términos fisiológicos, se produjo vasoconstricción periférica, mayor tasa cardiaca, un índice más elevado de conductancia de la piel, mayor tensión muscular que impide la precisión de los gestos motrices, etc. Como consecuencia más inmediata, el foco atencional, como ya vimos al hablar de la concentración, también se estrecha y deja de procesarse la información que resulta más importante y, por último, una vez que llega el momento del disparo la probabilidad de que lo falle ha aumentado considerablemente respecto a una situación común cualquiera en la que la ansiedad es más baja.
Si analizáramos éste y otros muchos ejemplos que reúnen las mismas características y que no son tan dramáticos, nos daríamos cuenta de la importancia que en el deporte moderno debe concederse al dominio del nivel de activación y a la regulación de la ansiedad como variable mediadora del rendimiento deportivo. El objetivo del presente apartado será, por tanto, la exposición de los principios generales que regulan la influencia del nivel de activación en el rendimiento deportivo, el análisis concreto del papel que tiene en el deporte actual y el modo en el que consideramos que tiene que entrenarse para poder alcanzar el máximo rendimiento posible.

10.2 ¿Qué se entiende por activación?
Es frecuente que en diferentes círculos, no solo los psicológicos, se hable de que tal o cual deportista saben dominar su activación durante los partidos importantes mientras que otros no lo consiguen y, en momentos decisivos, siempre acaban “metiendo la pata”. Pensemos en la analogía de la carrera deportiva con la académica: existe un momento, al principio, en donde no existen muchos problemas para rendir ni para obtener buenos resultados; en el colegio todo es sencillo y los profesores ayudan y en la escuela de fútbol el jugador se divierte, juega muchos minutos todos los fines de semana y aprende a jugar al fútbol.
Cuando los años pasan y el alumno accede a la universidad, la selección se hace más evidente, comienzan a aflorar aspectos de la competitividad que hasta el momento no habían estado muy marcados y se necesita rendir para obtener un expediente brillante y poder labrarse un futuro prometedor; por su parte, el deportista que sale de juveniles se enfrenta a diferentes posibilidades para jugar en diferentes equipos de categorías también distintas, a unas grandes dificultades para competir con jugadores mucho más veteranos que él y encontrar un hueco en el equipo, a la necesidad de destacar sobre sus compañeros para seguir su progresión deportiva y no quedarse estancado, etc.
Por último, el alumno que acaba la carrera y decide opositar se enfrenta a un tiempo de indecisión en el cual su entrega es máxima pero la recompensa es aún nula, a horas y horas de sacrificio y de esfuerzo con pocas gratificaciones por el elevado precio que hay que pagar en cuanto a renuncias personales hasta que, por fin, se convoca la plaza que pretende conseguir y debe “cantar” los temas a la perfección compitiendo con un buen número de personas que desean también ese puesto de trabajo; el deportista, por su parte, debe ir destacando poco a poco en dedicación, en talento, en capacidad de entrega y de sacrificio para rendir por encima de los demás compañeros y de los contrarios y, además, necesita encontrarse en un óptimo nivel de predisposición para afrontar el momento cumbre de la prueba o del partido decisivo que marcará su carrera deportiva. A ese nivel óptimo de predisposición es al que se ha dado en denominar nivel óptimo de activación.
Los componentes de la activación son en realidad varios pero, en líneas generales, podemos destacar dos por su importancia: la activación fisiológica y la activación cognitiva (que podríamos denominar preocupación). Cada uno de estos dos tipos no se pueden estudiar ni entender si no se hace de forma relacionada porque no existe nivel de ansiedad cognitiva sin ansiedad fisiológica ni ésta última sin la primera. Pese a todo, para facilitar la comprensión de esta variable es necesario tratar de exponer las principales características de cada una de ellas.
10.2.1. La activación fisiológica.
Es la manifestación más comúnmente relacionada con el término de “arousal” y que respondería al patrón de activación prioritariamente fisiológica de carácter general que se manifiesta en cualquier situación y que comprende un continuo desde el sueño profundo hasta el máximo estado de excitación posible.
Las principales manifestaciones de la activación fisiológica que deberemos de tener en consideración debido a que se encuentran estrechamente vinculadas con los problemas derivados por el estrés y por la ansiedad, así como por los instrumentos de intervención que podemos utilizar y entrenar para dotar al deportista de las herramientas necesarias para afrontar situaciones estresantes, serían las siguientes:


  • Tasa cardiaca.

  • Función respiratoria.

  • Tono muscular.

  • Actividad eléctrica de la piel.

  • Temperatura cutánea

  • Presión sanguínea.

  • Actividad cortical.




  • La tasa cardiaca. Es uno de los índices más utilizados por los psicólogos del deporte debido a su fácil obtención e interpretación gracias al empleo de los pulsómetros que, utilizados ya de forma frecuente en el deporte moderno cuyo uso se ha extendido y popularizado gracias a los deportes de larga duración en donde el control del esfuerzo resulta básico para la obtención de buenos resultados, poseen un bajo coste y nos permiten registrar la actuación del jugador durante todo el entrenamiento sin necesidad de interrumpir la actividad.

Los datos obtenidos de este modo constituyen un índice fiable y válido sobre el nivel de activación que tiene el jugador aunque, como es lógico, debemos procurar aislar el posible efecto del trabajo físico añadido que eleva la tasa cardiaca por encima del nivel basal. En este sentido, para evaluar el nivel de activación uno de los primeros pasos que suelen realizarse al establecer la línea base del jugador en un estado precompetitivo y, posteriormente, en el momento de la competición, es el de tomar varios días seguidos la media de la tasa cardiaca del jugador cuando se está cambiando en el vestuario sin presión y cuando salta al terreno de juego y afronta una situación concreta como puede ser el lanzamiento de una falta para pasar, posteriormente, a comparar esos valores obtenidos con los reales que se pueden alcanzar (cuando evaluamos en competición, como el reglamento prohíbe jugar con relojes, los momentos más oportunos para tomar las medidas resultan los partidos de entrenamiento de cierto nivel en los que el jugador se juegue algo que considere importante –por ejemplo el entrenador puede colaborar y mencionarle que tiene que hacer un buen partido puesto que de él depende el que juegue o no el próximo fin de semana-).


Por último, al “volcar” los datos al ordenador se obtiene un análisis muy fiable sobre la activación fisiológica del jugador en un momento concreto que, si se encuentra aislada de cualquier variable que puede interferir como es el propio ejercicio, nos da un primer valor de interpretación sobre la activación cognitiva del sujeto que no sería otra que la resultante de comparar la fisiológica en una situación sin presión, con otra situación en donde la presión sea mayor. Si establecemos este enunciado en forma matemática podríamos obtener la siguiente formulación:

AC = AFC – AFS


En donde:

AC = Activación cognitiva

AFC = Activación Fisiológica Con presión.

AFS = Activación Fisiológica Sin presión.


Es importante comprender esta variable porque la ralentización de esta frecuencia cardiaca será uno de los objetivos de algunas de las técnicas que detallaremos según vayamos avanzando a lo largo de este capítulo.


  • La función respiratoria. Cuando una persona se encuentra ante una situación que le provoca una respuesta evidente de ansiedad extrema, lo que tiende a producirse es un aumento de la función respiratoria, en donde al elevarse la tasa cardiaca se necesita aportar una mayor cantidad de oxígeno y éste, a su vez, se obtiene gracias al aumento de la frecuencia respiratoria.

A cualquier profesional de la psicología general y de la psicología del deporte en concreto, no se le escapará el hecho de que esta variable es perfectamente manipulable para alcanzar controlar la activación excesiva y situar al jugador en un nivel adecuado que le permita obtener su máximo rendimiento; en este sentido, casi todas las técnicas psicológicas se apoyan en la respiración como medio para alcanzar un estado idóneo a partir del cual se pueda trabajar mejor y se pueda concentrar con más facilidad el deportista.


Desde el punto de vista de la ansiedad esta variable, al contrario de lo que sucedía con la tasa cardiaca para la que necesitábamos un instrumento específico que la controlara, es muy útil porque el propio jugador puede analizarla y observarla por sí mismo de manera que pueda aprender a detectar con cierta rapidez ante qué situaciones se le despierta una respuesta de ansiedad.


  • El tono muscular. Cualquier acción que realicen las personas lleva asociada un determinado nivel de tono muscular que es el que le permite que se pueda llevar a cabo. El momento en donde es mínimo sería el sueño profundo, mientras que en estados de tensión y de carga física el tono tiene que elevarse para poder rendir de manera adecuada. Pues bien, tal y como venimos señalando en los puntos anteriores, cuando un jugador se enfrenta ante una situación ansiógena que percibe como amenazante o que simplemente le genera un nivel elevado de activación, su tono muscular aumenta y éste podría evaluarse si dispusiéramos de un EMG en donde analizásemos la corriente eléctrica que circula por el músculo.

Debe tenerse en consideración que las personas somatizamos con frecuencia la ansiedad en diferentes partes de nuestro organismo, como la musculatura del cuello y espalda, el brazo que golpea la bola en el tenis o los cuádriceps o isquiotibiales de la pierna dominante del jugador de fútbol. Aprender a relajar estas partes y a discriminar cuando se encuentran demasiado sobrecargadas es una tarea necesaria porque permite, entre otras cosas, evitar y prevenir las posibles lesiones posteriores.


Centrándonos en el EMG, la ventaja de este aparato de biofeedback es que permite potenciar la toma de conciencia sobre los diferentes niveles de tensión de la musculatura esquelética que tiene el jugador, de modo que cuando existen problemas derivados de tensiones en grupos musculares específicos o de incapacidad para discriminar los diferentes niveles en los que puede manifestarse, el jugador puede aprender con suma facilidad a manejar el nivel de activación que desee aprendiendo a diferenciarlo de manera rápida, sencilla y eficaz. Por otra parte, el inconveniente en el empleo del EMG radica en que no puede utilizarse en el propio campo de entrenamiento, por lo que en una primera fase el trabajo se realiza en el vestuario a solas con el jugador para, posteriormente, poder aplicar las habilidades que ha aprendido en el propio campo.
Se observa, por tanto, que el dominio en la discriminación y en la habilidad para elevar y disminuir el tono muscular es muy importante porque, en momentos en los que el nivel de activación es demasiado bajo, el jugador puede, por medio de tensiones musculares, elevar su nivel mientras que, en situaciones en las que se encuentra muy activado, puede relajar sus músculos y, con ello, disminuir también su activación general.


  • Actividad eléctrica de la piel. Cualquier situación de ansiedad ante la que se enfrente el jugador tendrá un correlato en la conductancia eléctrica de la piel porque en el cuerpo humano las glándulas sudoríparas, distribuidas por todo el organismo, segregan una sustancia rica en sales y responden, como señalábamos al principio de este capítulo, tanto ante estímulos físicos, esencialmente de naturaleza térmica, como ante estímulos psicológicos. Esta respuesta, en principio involuntaria, nos sirve como señal discriminativa de la aparición de niveles de activación superiores o inferiores a los deseados. Como en principio es imperceptible, debemos recurrir de nuevo a la tecnología más avanzada, en este caso al empleo de galvanómetros como el GSR (Galvanic Skin Reflex), el PGR (Psichogalvanic Reflex) o el EDR (Electrodermal Response), que nos muestran con una claridad meridiana cómo varía la conductancia de la piel de un jugador en una situación concreta.

Al igual que señalábamos en el apartado anterior al hablar de los inconvenientes del electromiógrafo, también aquí debemos recalcar que los galvanómetros no permiten el entrenamiento con el deportista en el propio campo, de manera que debe existir una fase previa en donde le entrenemos en la detección de los niveles que posee para que, por medio del feedback proporcionado por el propio aparato, se pueda establecer una fase posterior llevada al propio campo de entrenamiento en donde el jugador aplique los conocimientos adquiridos y sea capaz de regular su propio nivel de activación para llevarlo dominado, en una tercera etapa, al terreno competitivo.




  • Temperatura cutánea. La temperatura superficial de la piel depende del flujo sanguíneo que circula a través de ella. Desde el núcleo central hipotalámico de la regulación termostática del organismo se envían las señales a los receptores térmicos de la piel en donde deben diferenciarse las porciones superiores de las extremidades, frente y tórax, en donde la temperatura puede oscilar entre los 32º y los 35º, con las porciones inferiores de las extremidades, esencialmente los dedos, en donde se pueden llegar a registrar los valores térmicos más bajos, pudiendo alcanzar valores del orden de los 25º.

Para poder registrar estos valores, podemos colocar un transductor que convierta la temperatura en un parámetro analizable y objetivo. Este sensor suele colocarse en las yemas de los dedos y nos informa de la temperatura existente en esa zona. Al contrario de lo que sucedía con el EMG o con el GSR, en este caso, a medida que la temperatura va aumentando, el nivel de activación del sistema nervioso es menor, por lo que constituye un parámetro útil para evaluar la relajación o tensión del jugador.


Este aparato es quizás el menos utilizado de los que llevamos analizados hasta el momento porque los datos que nos ofrece los podemos obtener de una manera más rápida e incluso fiable por medio de los parámetros anteriores que hemos mencionado. Pese a todo, sin utilizar instrumentos específicos, el simple hecho de dar la mano a un jugador antes de un partido importante puede ofrecernos un indicio aproximado sobre el nivel de activación que posee gracias a la temperatura que tenga en ese momento y comparándola con la que alcanza en una situación normal de entrenamiento.


  • Presión sanguínea. Un aspecto fundamental que afecta a la termorregulación y que se encuentra íntimamente relacionado con el nivel de activación que se posea en un momento concreto, es el hecho de que el organismo regula la distribución de la sangre hacia aquellas zonas en las que va a ser más necesaria sin que al hacerlo se vea comprometido su suministro a todo el organismo. Para conseguirlo, los vasos sanguíneos se dilatan o contraen permitiendo un mayor paso de la sangre a través de ellos y dando lugar a lo que conocemos como vasodilatación o vasoconstricción de los vasos sanguíneos.

Si recordamos el ejemplo de Djukic con el que abrimos este apartado dedicado al nivel de activación, recordaremos que uno de los correlatos psicofisiológicos que describimos fue el de la vasoconstricción periférica que daba lugar a un menor volumen de sangre en las partes finales de las extremidades para aumentarlo en partes vitales para la supervivencia como el tórax o las piernas (fenómeno que responde a mecanismos genéticos derivados de la propia selección natural que ha ido preparando al organismo para la huida ante situaciones de peligro potencial). Pues bien, para el análisis del volumen sanguíneo se suelen utilizar transductores pletismográficos que nos informan sobre la cantidad de sangre que fluye por una determinada arteria.


Como podemos imaginar, este tipo de análisis es muy interesante y apropiado porque nos permite enseñar al jugador a normalizar su actividad cardiaca aumentando o disminuyendo su frecuencia aunque, como el empleo de otros aparatos nos permite obtener una información básica similar de manera más sencilla y rápida sobre el nivel de activación y además hacerlo con bastante exactitud, como es el caso de los pulsómetros.


  • Actividad cortical. Para poder analizar la actividad encefalográfica es necesario contar con un aparato que nos permita valorar las diferentes ondas cerebrales que circulan por el cerebro de la persona. En concreto, la relación de estas ondas y el nivel de activación es evidente e indica que los momentos en donde la persona se encuentra muy relajada como puede ser el estado de sueño, la frecuencia de las ondas cerebrales es baja, oscilando entre los 0,5 y los 8 ciclos por segundo (Hz); mientras que niveles de activación cada vez más elevados pueden hacer que la frecuencia de las ondas se eleve por encima de los 13 ciclos por segundo (Hz).

En realidad, los diferentes ritmos de onda cerebral que se pueden establecer serían los siguientes:




  • Ondas Delta = 0,5 a 4 ciclos por segundo (Hz). Características de fases de sueño y sueño profundo.




  • Ondas Theta = 4 a 8 ciclos por segundo (Hz). Características de algunas fases del sueño y de algunos momentos de vigilia en los que la persona se encuentra muy relajada.




  • Ondas Alfa = 8 a 13 ciclos por segundo (Hz). Características de personas adultas en estado de vigilia relajada. Se localizan en las regiones posteriores del cerebro como es el lóbulo occipital.




  • Ondas Beta = Más de 13 ciclos por segundo (Hz). Es el ritmo de frecuencia de onda que se localiza de manera preferente en las zonas medias y anteriores del córtex cerebral.

Si en el caso de la presión sanguínea ya señalábamos que no se suele utilizar como medida, el EEG todavía mucho menos, si bien es un instrumento que en psicología del deporte viene utilizándose con buenos resultados en el campo de la investigación y del análisis comparativo de zonas cerebrales y frecuencias de onda utilizadas cuando se enfrenta a un deportista a una tarea sencilla de atención o de motricidad fina (ver González, 1999) y se le compara con otros de menor nivel o que no practican deporte alguno.



10.2.2. La activación cognitiva
La activación cognitiva se podría definir como el nivel de preocupación que manifiesta un sujeto cuando se enfrenta a una tarea o situación. Este componente estaría muy relacionado con el tipo de pensamientos que se suscitan en esa situación de la que estamos hablando y que, además, provoca también una serie de sensaciones y de emociones asociadas que completan el cuadro general de la activación cognitiva.
Tal y como señala Le Scanff (1999), el plano cognitivo puede afectar de manera evidente a la capacidad atencional y al tratamiento de la información, aspectos que ya hemos abordado cuando trabajamos sobre la capacidad de concentración en el deporte pero que nos parece relevante volver, por lo menos, a destacar.
Al igual que señalamos al introducir la activación fisiológica, es importante que se considere que la naturaleza de la activación cognitiva no es analizable de modo exclusivamente individual sin la fisiológica, ni ésta última sin aquella y, como consecuencia, también podremos trabajar y entrenar a un jugador desde un punto de vista cognitivo para que su nivel de activación fisiológica también lo pueda regular y controlar porque son dos componentes de un mismo fenómeno (de ahí que la mayoría de las técnicas que se ocupan del control del nivel de activación puedan hacerlo siguiendo un planteamiento cuerpo–mente como el de Jacobson, u otro mente–cuerpo como el desarrollado por el médico alemán Shültz).
Todo deportista que desee ir aumentando sus niveles de rendimiento en las diferentes competiciones en las que entre en juego, deberá aprender a dominar en todo momento sus pensamientos, emociones y sensaciones, de manera que las oriente en su propio beneficio y pueda obtener los mejores resultados posibles.



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