Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Gráfica 9.7. Relación existente entre nivel de fatiga física y el nivel de concentración



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Gráfica 9.7. Relación existente entre nivel de fatiga física y el nivel de concentración

Como se aprecia en la figura superior, la hipótesis que manejamos y que es susceptible de ser comprobada por nuevas investigaciones consiste en que, a medida que el nivel de fatiga va aumentando, también el nivel de concentración va disminuyendo de manera progresiva. La consecuencia inmediata que intentamos reproducir en el campo de entrenamiento es muy clara: si somos capaces de hacer que nuestros jugadores se acostumbren a trabajar en condiciones de fatiga física cada vez más elevadas obteniendo buenos niveles de rendimiento y de concentración, estaremos facilitando que en los partidos en los que estos minutos sean decisivos se pueda responder con las ideas lo más claras posibles controlando y dominando los pensamientos negativos que con frecuencia abordan la cabeza de los jugadores que tienen que rendir al máximo en estos minutos finales.


Una de las consideraciones más evidentes de esta filosofía de entrenamiento estriba en que hay que tener mucho cuidado a la hora de distribuir las cargas de trabajo, de manera que el preparador físico y el entrenador deben aconsejar el volumen y la intensidad que se pueden introducir para asegurar el cumplimiento de nuestros objetivos y, al mismo tiempo, impedir que se manifiesten problemas musculares o posibles lesiones derivadas de un mal control de estas dos variables del entrenamiento deportivo.

9.3.4. Relación entre la concentración y la motivación.
Un jugador que no está entrenando ni disputando partidos con un nivel óptimo de motivación es un jugador abocado a rendir muy por debajo de sus posibilidades. Con nivel óptimo de activación, como veremos en el capítulo dedicado a este constructo teórico, se hace referencia al nivel justo y preciso de interés, implicación y esfuerzo que dedica un jugador para conseguir los resultados que espera de su participación en el fútbol. Estos resultados deben situarse, como ya sabemos por las investigaciones realizadas en el ámbito de la psicología social, en el marco no sólo colectivo, sino también en el individual, de manera que un entrenador deberá facilitar que ambos se integren y coordinen para permitir que el jugador pueda obtener sus mejores niveles de rendimiento.
Por otra parte, el jugador que compite con un nivel demasiado alto de motivación, como es el caso de los que comienzan la temporada con la promesa de contar con minutos y, según avanzan las jornadas se percatan de que sus posibilidades son mínimas pese a que su esfuerzo en los entrenamientos sea máximo (indefensión aprendida), es un jugador que tiene bastantes probabilidades de no es capaz de concentrarse porque para él un minuto es un reto al que debe responder y que, muy posiblemente, puede pasar a ser más una amenaza que un desafío, de manera que se facilita la aparición de pensamientos negativos, de ansiedad, de ausencia de control emocional si las cosas no salen como él pensaba y de un largo etcétera de efectos colaterales en los que el aspecto más observable es que no está concentrado dentro del campo. Por otro lado, aquél que posea un nivel demasiado bajo de motivación puede demostrar falta de concentración debida, precisamente, a la ausencia de objetivos y a sentirse que, haga lo que haga, nada funciona como el preveía en un principio. En la alta competición este caso es muy habitual y deberá de tenerse en cuenta cuando se evalúa el rendimiento de los jugadores.


Gráfica 9.8. Es importante que el jugador se encuentre ilusionado y que disfrute de su participación en el equipo para que sus niveles de concentración puedan ser los adecuados.


9.3.5. Relación entre concentración y autoconfianza
La confianza que un jugador deposita en sus posibilidades debe ser óptima (que no autosuficiente) en todo momento porque, de no ser así, se aumenta la probabilidad de perder la concentración en el momento en el que las expectativas del juego no coincidan con las que se esperaban. En este sentido es en el que señalábamos con anterioridad la necesidad de facilitar que el jugador entre en el terreno de juego con sensaciones positivas y con la máxima confianza en sus posibilidades, por lo que abogamos por integrar el trabajo con balón en el calentamiento de los suplentes una vez que el partido está en marcha.
Cuando un psicólogo del deporte trabaja en un equipo de fútbol, uno de los primeros aspectos de debe comprobar es el nivel de confianza en sí mismos que manifiestan los jugadores, de manera que se trabaje para fortalecerlo en los casos en los que no es el adecuado y, al decir esto, estamos señalando que tan negativo puede ser creer que uno no puede realizar un buen partido, como creerse que el centro y que sin él nada puede hacer el equipo.
Por otra parte, dentro de cualquier plantilla siempre existen una serie de jugadores sobre los cuáles el resto del equipo depositan una mayor confianza porque suelen responder de un modo adecuado en situaciones complejas. Estos jugadores son francamente positivos en un equipo pero, de la misma manera, no se debe enfatizar demasiado el rol que ejercen porque puede suceder que en algunos momentos haya que prescindir de su presencia y, en esas situaciones, la autoconfianza pasa a ser un fenómeno no sólo de nivel individual sino también colectivo y, si el equipo se mete en dificultades, es probable que encuentre más problemas para salir como consecuencia de la ausencia de esos jugadores “emblemáticos”.
Un ejemplo claro lo tenemos en el caso del partido inaugural de la selección francesa en el pasado Campeonato del Mundo de Corea y Japón, en donde la ausencia de su jugador estrella Zidane, generó dudas en los momentos en los que se necesitaba levantar el marcador adverso de 0-1 que había conseguido Senegal. Es en este sentido en el que hablamos de la necesidad de no individualizar en exceso la autoconfianza del equipo en jugadores concretos, sino más bien en la filosofía y en el espíritu del trabajo colectivo y del bloque (el día posterior a este partido la prensa francesa e internacional destacó algunos comentarios de varios jugadores de la selección en donde reconocían haber “echado en falta” a Zidane).
A estas alturas se puede intuir perfectamente que el vínculo que se establece entre la concentración y la ausencia de una confianza óptima es tan estrecho que en multitud de ocasiones unos malos resultados deportivos, en donde parece que el jugador no encuentra el sitio en el campo, se pueden explicar precisamente por esta variable.
Pensemos, por un instante, en Iván Campo, extraordinario defensa central del Real Mallorca que, tras una espléndida carrera deportiva, pasa al Real Madrid y comienza a fraguarse la que para él ha sido, casi con total seguridad, la etapa más negra de su vida como futbolista de élite. Su talento es indiscutible y su calidad fue ampliamente demostrada antes de aterrizar en el Real Madrid, entonces, ¿dónde estaba el problema que parecía ser de concentración en este jugador, puesto que llegaba tarde a los balones, estaba mal colocado en varias ocasiones, etc?. Sin entrar a discutir otras muchas variables que interfirieron en ese momento, resulta evidente que se trata de un jugador que, en un momento concreto de su carrera deportiva y debido en gran parte a la gran presión que acarrea pertenecer a un club de las dimensiones del Real Madrid, fue perdiendo la confianza en sus posibilidades, generando una gran ansiedad y un sinfín de connotaciones negativas que hacían de cada partido una gran prueba que, en la mayoría de las ocasiones y de manera subjetiva, es probable que no superara. Luego, lo que a primera vista puede parecer una falta total de concentración, puede que en el fondo refleje una carencia en el nivel de confianza del futbolista.
9.3.6. Relación entre la concentración y los factores externos
Todas las presiones externas que se encuentran implícitas en el fútbol de competición son susceptibles de ejercer un efecto negativo en la capacidad de concentración del jugador y, por lo mismo, en su rendimiento. Estas presiones pueden abarcar un rango tan amplio como queramos donde tienen cabida desde los padres del jugador que comienza a destacar y que le presionan en todo momento para se haga futbolista de primer nivel en el menor tiempo posible, hasta la presión externa que ejercen los hinchas de los equipos y que han conseguido que varios campos sean considerados como auténticos “fortines” en donde resulta muy complicado obtener la victoria, pasando por la bronca que le echa el entrenador a un jugador después de cometer un grave error en una jugada o también en una dura entrada realizada al comienzo del partido y que le hace augurar al delantero que es posible que caiga lesionado en ese partido si busca la confrontación directa con el defensor.
Además de detectar los innumerables factores externos que pueden perjudicar la concentración del jugador de un equipo concreto, es labor del psicólogo del deporte el establecer una serie de entrenamientos en donde se habitúe al jugador a trabajar en estas condiciones o en otras similares en donde se pueda aprender a controlar estas presiones sin necesidad de tener que pasar tres años de experiencia competitiva de primer nivel para acabar respondiendo correctamente ante los partidos más comprometidos. En este sentido, si bien es cierto que la experiencia es un grado y que actúa como tratamiento de habituación, la situación ideal es aquella en la que el jugador es capaz de dar el salto a niveles superiores de competición y es capaz de controlar su activación de manera que los factores externos de presión le influyen lo manos posible.
Un ejemplo del entrenamiento que se puede realizar en estos casos es el que se realiza con cascos de música en donde el jugador tiene que actuar escuchando gritos del público, insultos, ánimos, etc.. Este es un buen método de trabajo que hasta el momento se ha utilizado con bastantes garantías de éxito en varios deportes a nivel profesional.



Gráfica 9.9. En esta foto, aunque tomada de un partido de rugby, queda explícita la importancia de mantener niveles adecuados de concentración aún en las condiciones más extremas.

9.3.7. Los puestos de juego y su influencia en la concentración.
Una variable que nos parece de suma importancia por las repercusiones que posee respecto al tipo de trabajo que se realice es, como ya señalamos en apartados anteriores, la necesidad de establecer un análisis específico de cuáles son las demandas perceptivas, de toma de decisiones y de ejecución que requieren, de manera prioritaria, cada uno de los puestos de juego que componen el equipo. En realidad, este tipo de análisis es necesario porque obliga a extraer toda la información que subyace a un mismo puesto y, en este sentido, nos parece necesario destacar que la toma de conciencia de las variables que intervienen en los principios defensivos y ofensivos del juego está en la base de este tipo de entrenamiento específico.
Como ya señalamos desde hace tiempo (ver de la Vega, 1999, 2000), facilitar la toma de conciencia de los procesos implicados en el juego supone orientar la atención del jugador hacia los estímulos que resultan pertinentes para, de esta manera, poder facilitar todos sus procesos de atención y de concentración que se pueden producir en el fútbol. Este tipo de labor, como es lógico, funde sus raíces con los principios y las reglas básicas del aprendizaje motor y, por lo tanto, exige de un trabajo multidisciplinar que de salida a las demandas que se establecen en el deporte, máxime si hablamos de la alta competición.
Merece la pena considerar también la importancia que en el entrenamiento de la capacidad atencional tiene la toma de conciencia de todas las variables, situaciones y acciones que un jugador puede encontrase en el desarrollo de un partido de fútbol. En este sentido un trabajo esencial es el de colaborar, mediante el empleo de vídeos y de charlas pertinentes, a mostrar los estímulos principales a los que debe prestar atención el jugador y que ya hemos explicitado en el apartado anterior.
Si observamos algunos deportes colectivos como el fútbol americano, allí existen especialistas individuales que trabajan con líneas concretas de juego. Algo así, pero en menor escala, se produce cuando en el fútbol nos encontramos con la figura del preparador de porteros, figura que, desde nuestro particular punto de vista, es necesaria pero insuficiente porque los demás puestos de juego también requieren cualidades específicas que necesitan pulirse y trabajarse de manera individual (pese a que las cargas de trabajo colectivo deban ser también elevadas, claro está). Pues bien, este trabajo tan específico que se realiza en Estados Unidos está basado en la importancia y especificidad de los puestos de juego, trabajo que, en España, se realiza desde una perspectiva mucho más molar y es la figura del entrenador la que acumula todo el trabajo.
A la hora de establecer cuál es el proceso de entrenamiento de la concentración que se considera más idóneo se deberá poner un énfasis especial en el tipo de jugadores al que va orientado el trabajo puesto que, al igual que ocurre en la faceta física, técnica y en la táctica, el trabajo especializado por puestos debe suponer un porcentaje significativo del volumen de entrenamiento que se quiera poner en marcha y, aunque éste obliga a menudo a ser globalizado para que participen todos los jugadores, también puede resultar importante llevarlo a un nivel más analítico de manera que se compense el déficit y las carencias con las que llegan algunos de los jugadores (máxime si hablamos de alta competición).
En el siguiente apartado pasamos a enunciar los principios básicos en los que se apoya el trabajo de entrenamiento y de evaluación de la concentración, de modo que se amplifique la visión que hemos presentado y se asienten las bases prácticas del trabajo de campo que venimos apoyando.
9.3.8. Madurez emocional
Este último factor, el control emocional del jugador, es un campo todavía virgen en el terreno de la investigación deportiva aplicada al fútbol y que pensamos que puede ofrecer muy buenos resultados aportando información sobre el tipo de trabajo que puede resultar más beneficioso para favorecer la madurez del jugador dentro de su desarrollo personal.
A nivel de máxima competición está claro que los aspectos que priman son los resultados y que con frecuencia se pasan por alto los factores personales que pueden estar influyendo en el jugador como persona, de manera que se está impidiendo, aun sin saberlo, que su rendimiento sea máximo porque el equilibrio emocional está muy vinculado con éste. Señalar que ambos aspectos están vinculados no quiere decir que la relación sea de causa-efecto, es decir, todos conocemos casos de jugadores impetuosos, algo neuróticos e incluso excéntricos que nos han maravillado con sus jugadas pero son los menos; lo más lógico, como se puede comprobar analizando el perfil psicológico de los jugadores que alcanzan niveles de competición cada vez más elevados, es que emocionalmente posean cierta madurez que, todo sea dicho de paso, cada vez resulta más complicada de obtener porque la edad con la que se está accediendo al fútbol profesional es cada vez más corta y ya encontramos jugadores profesionales con apenas diecisiete años de edad recién cumplidos.
Conseguir forjar personalidades autónomas, con capacidad propia de decisión, libres ante las presiones externas y con un equilibrio capaz de calibrar lo que en definitiva es un juego, son retos complejos que deben obtenerse y que deberían garantizarse en los clubes de fútbol actuales para que, entre otros factores, se consiguiera un rendimiento óptimo de cada uno de los componentes de la plantilla que, con demasiada frecuencia, pueden llegarse a sentir como objetos más que como personas por lo deshumanizado de este deporte.

9.4. Principios básicos de la evaluación de la concentración en el campo.





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