Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Gráfica 1.2. Representación de las diferentes interacciones que pueden producirse en el fútbol (tomado de Pino, 1999)



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Gráfica 1.2. Representación de las diferentes interacciones que pueden producirse en el fútbol (tomado de Pino, 1999).
Análisis de la dimensión temporal
La necesidad de incluir un apartado referente al análisis temporal de las acciones del juego está en función de la importancia que posee para el psicólogo especialista en ciencias del deporte el establecimiento, con la mayor exactitud posible, de los tiempos de trabajo que va a tener a su disposición el jugador para poder llevar a la práctica los ejercicios y herramientas psicológicas entrenadas. Pensemos, por ejemplo, en un jugador con el que queremos entrenar el dominio de la respiración para que sea capaz de dominar su nivel de activación en los momentos del partido en los que éste se encuentra demasiado elevado. Nuestro trabajo consistirá en ir, progresivamente, ciñendo el tiempo que dedique el jugador a la respiración al tiempo medio real que va a disponer el jugador para relajarse porque no serviría de nada que pudiera realizarlo en dos minutos si sabemos, como así es, que el tiempo medio de las interrupciones que se producen en el desarrollo de un partido, suprimiendo, como es lógico, el tiempo de descanso, oscila entre los 5 y los 20 segundos.
A continuación presentamos, en primer lugar, los datos globales de mayor interés referentes al análisis temporal de las diferentes situaciones que se presentaron en el desarrollo de la liga española en la temporada 1998/99, y que pueden extrapolarse perfectamente a los resultados esperados en el transcurso de una temporada cualquiera para pasar, posteriormente, a reflejar las diferentes medidas temporales existentes en el fútbol en función de las acciones que pueden producirse. Por lo que refleja al primer aspecto mencionado, los datos que podemos destacar son los siguientes (Gómez, 2000):



  • La media en la duración de los partidos fue de 95, 8 minutos, lo que supone que el tiempo medio complementario en cada partido oscila en torno a los 5,8 minutos.

  • El 52% del tiempo total de juego el partido ha estado detenido o parado, y en menos de la mitad de esos 95,8 minutos el balón ha estado en juego (48%). Esto supone que el balón está más tiempo detenido que en juego.

En segundo lugar, por lo que respecta a las interrupciones del juego y su duración media, la siguiente tabla muestra los valores más representativos extraídos a partir del análisis de varios partidos (Pino, 2000):




TIPO DE INTERRUPCIÓN

DURACIÓN BAJA

0-10 seg.

DURACIÓN MEDIA

11-20 seg.

DURACIÓN ALTA

21-30 seg.

DURACIÓN MUY ALTA

+30 seg.


TOTAL

FALTA TÉCNICA

N

62


72

56

32

222

%

22,1%


27,3%

31,5%

30,8%

26,8%

FALTA TÉCNICA +

SANCIÓN DISCIPLINARIA

N


1

3

4

20

28

%


,4%

1,1%

2,2%

19,2%

3,4%

FUERA DE BANDA

N

177

96

11

11

295

%

63,0%

36,4%

6,2%

10,6%

35,7%

FUERA DE FONDO/ SAQUE DE META


N

17

47

55

5

124

%

6,0%

17,8%

30,9%

4,8%

15,0%

FUERA DE FONDO/ SAQUE DE ESQUINA


N

6

28

42

8

84

%

2,1%

10,6%

23,6%

7,7%

10,2%

FUERA DE JUEGO

N

17

18

7

4

46

%

6,0%

6,8%

3,9%

3,8%

5,6%

GOL/ SAQUE DE INICIO

N










11

11

%










1,3%

1,3%

SUSTITUCIONES


N

1




3

12

16

%

0,4%




1,7%

11,5%

1,9%

OTROS


N










1

1

%










1,0%

1,0%


Gráfica 1.3. Porcentajes de diferentes aspectos del fútbol respecto a su duración y frecuencia.
Tal y como señala Pino (2000) “Realizado el análisis estadístico de las acciones del juego comprobamos que no existen diferencias significativas entre las duraciones de las interrupciones en los diferentes partidos, lo que significa que la duración de las mismas es similar en todos los encuentros. En cuanto a la duración de las interrupciones por intervalos, destacamos que el 65,45% de las interrupciones tienen una duración entre 0 y 20 segundos”. Las implicaciones que este análisis temporal posee para el proceso de evaluación y entrenamiento posterior en el dominio y control de las habilidades psicológicas básicas, pueden concretarse en los siguientes apartados:


  1. El tiempo medio de interrupción, es decir, el intervalo comprendido entre los 0 y los 20 segundos, es el tiempo óptimo del que dispone un jugador de fútbol para llevar a la práctica los ejercicios y técnicas psicológicas entrenadas. Cualquier proceso de evaluación y de entrenamiento con espacios de tiempo muy superiores a este intervalo , y siempre y cuando nos estemos refiriendo a un entrenamiento dirigido al control psicológico dentro del propio terreno de juego, tendrá pocos beneficios para el jugador por la escasa transferencia al terreno real del rendimiento deportivo.




  1. Dentro de las acciones del juego, son los fueras de banda y las faltas técnicas las que obtienen mayores frecuencias de aparición. En este sentido, los saques de banda suelen tener una duración media inferior a los 20 segundos y, con frecuencia, por debajo incluso de los 10 segundos, por lo que las posibilidades de introducir algunas de las habilidades psicológicas aprendidas, sin ser imposibles, sí que están bastante reducidas. Por otro lado, las faltas técnicas pueden tener una duración alta en la que se disponga de más de 20 segundos para realizar el trabajo entrenado, de manera que se antojan como las acciones del juego de una mayor utilidad para emplear las habilidades psicológicas con una mayor frecuencia.




  1. Las acciones de juego que cuentan con un mayor tiempo de interrupción son las faltas técnicas, las faltas técnicas con sanción disciplinaria, los saques de meta, los saques de esquina, las sustituciones y, como no, las situaciones en las que se marca o encaja un gol. Estos periodos, a los que podríamos añadir las situaciones dentro del propio desarrollo del partido en las que el jugador se encuentra alejado de la zona de influencia1 de que se trate serán los momentos ideales en las que la lógica impone el empleo de la mayoría de las destrezas psicológicas que mencionamos en este libro que pueden entrenarse y mejorarse.




  1. Por el contrario, los momentos del juego que tienen un menor periodo de interrupción y que, por lo tanto, no poseen tanta utilidad desde una perspectiva psicológica, como los mencionados en el anterior punto, serían los fueras de banda y los fueras de juego.


Análisis de la dimensión fisiológica

En la línea de las ideas defendidas por Barbero (1988), el diseño de un modelo de entrenamiento dirigido y orientado al trabajo en deportes de equipo no puede estar ajeno ni alejado del conocimiento de las demandas físicas, fisiológicas y energéticas del deporte en el que se actúe. Pese a que somos plenamente conscientes de la aparente distancia que existe entre éste área de conocimiento y el área de la Psicología del Deporte, consideramos esencial establecer un puente de unión entre ambas que consolide una lógica de trabajo que en ningún momento puede estar ajena ni dar la espalda a la realidad del rendimiento deportivo y, si hablamos de esa variable, en las últimas décadas ha cobrado una importancia esencial el estudio de los requisitos físicos y fisiológicos que conducen a la obtención de un elevado nivel de rendimiento, de modo que nuestro objetivo en el presente apartado será el de establecer un nexo de unión entre ambas áreas, de manera que podamos extraer algunas consecuencias prácticas muy interesantes y esenciales para enmarcar el trabajo que debe llevar a cabo el psicólogo especialista en ciencias del deporte.


Para poder cumplir nuestros objetivos, vamos a seguir el enfoque aportado por Grosgeorge (1990), en el que se distinguen dos tipos de indicadores del gasto energético producido por un deportista:


    1. Indicadores Externos. Son todos aquellas variables externas al organismo que nos informan de la carga competitiva del jugador (distancias recorridas por cada uno de los jugadores, tiempos, intensidades, etc.).




    1. Indicadores Internos. Son todas aquellas variables internas al propio organismo que, con la ayuda de aparatos y de tecnología avanzada, podemos conocer y que nos informan del trabajo desarrollado por el jugador (niveles de lactato en sangre, tasa cardiaca, volumen de oxígeno consumido, etc.).

Para profundizar un poco más en estas ideas, vamos a aprovechar la revisión realizada por Pino (2001), en donde señala que “los niveles de fatiga y de recuperación están estrictamente vinculados con los estímulos que se apliquen durante el proceso de entrenamiento”. Si esta afirmación es importante para nosotros lo es, precisamente, porque establece la relación directa que existe entre la aplicación de cargas y la fatiga y el tiempo de recuperación, dos aspectos que resultan de vital importancia en el proceso de entrenamiento y evaluación que vamos a proponer a lo largo de este libro . En este sentido, el conocimiento de las cargas que apliquemos y del nivel inicial del que parten nuestros jugadores, nos ofrece un interesante punto de partida para conocer en qué momento y hasta qué punto podemos obligar a trabajar a nuestros jugadores bajo condiciones de estrés y de presión controlada y operativizada, en un elevado porcentaje, como nivel de agotamiento físico que, como ya sabemos (González, 1996), se encuentra íntimamente relacionado con el agotamiento mental y la incapacidad del jugador para tomar decisiones adecuadas.


Los subcomponentes de los indicadores externos que nos parecen más pertinentes serían:


  • La distancia recorrida.

  • El tipo e intensidad de los desplazamientos.

Por otro lado, los subcomponentes de los indicadores internos serían los siguientes:




  • La frecuencia cardiaca.

  • Lactacidemia.

  • Consumo máximo de oxígeno.

  • Glucógeno muscular.

Pese a que nuestro objetivo no es el de profundizar en todos ellos desde un punto de vista físico y fisiológico, sí que nos interesa realizar una breve aproximación a cada uno de ellos para conocer en qué medida es necesario tenerlos en consideración para realizar el trabajo psicológico que defendemos en este libro.




  1. La distancia recorrida. Conocer qué puestos de juego son los que desarrollan una mayor carga de trabajo en función de la distancia que recorren, puede sernos de gran utilidad si queremos determinar el nivel de trabajo que está desarrollando un jugador y que puede encontrase muy relacionado con variables de corte psicológico como la motivación y la concentración. El conocimiento de esta variable no debería entenderse de forma aislada a las variables de orden estructural como son los puestos de juego, puesto que, como muestran las investigaciones que vienen desarrollándose desde hace algún tiempo (Gallego, 1976; Reilly y Thomas, 1976; Eklom, 1986; Goubert et al., 1989), cada puesto de juego lleva asociada una serie de distancias medias que recorre el jugador y que a su vez quedan divididas por el tipo de acciones que realizan. En la siguiente tabla se encuentran reflejadas las distribuciones a las que estamos haciendo alusión:



Estudios


Características

Media

Gallego (1976)

Puesto específico

Centrocampistas

Centrocampistas




Categoría


Seniors

Juniors



Media (m)

8173


6718

Reilly y Thomas (1976)

Puestos específicos

Defensas


Centrocampistas

Delanteros





Nº sujetos


8

11

14




Media (m)

8245 + _ 816

9805 + _ 787

8397 +_ 710



Eklom (1986)

Puestos específicos


Defensas

Centrocampistas







Media (m)

9600


10600

Goubert et al. (1989)

Puestos específicos

Defensas laterales

Defensas centrales

Centrocampistas

Delanteros






Media (m)

8006


7621

7484


7104


Gráfica 1.4. Distancia total recorrida por puestos específicos, por término medio, durante un partido de fútbol, según diversos autores. (Tomado de Pino, 2001).


  1. Intensidad de los desplazamientos. El conocimiento ya no sólo de las distancias medias recorridas por puesto de juego, sino también la división de esas frecuencias en su intensidad es esencial para conocer en qué medida y en qué momentos el jugador es más susceptible de sufrir bajadas en su rendimiento como consecuencia de variables, entre otras, de corte psicológico. Así por ejemplo, resulta importante tomar conciencia de que los momentos en los que el jugador se encuentra más inactivo y realiza esfuerzos de menor intensidad suelen ser, precisamente, los momentos en los que el control del pensamiento debe ponerse de manifiesto de forma, si cabe, aún más importante que en las demás situaciones puesto que son estos momentos los que pueden descentrar al jugador y “sacarlo” del partido. A continuación se presentan los porcentajes encontrados en diversos autores respecto a la intensidad de las distancias recorridas durante los partidos:



INVESTIGACIONES


INTENSIDADES

Lacour (1982)

  • Velocidad máxima (24%)

  • Velocidad media (49%)

  • Andando (27%)

Talaga (1983)

  • Velocidad máxima (10%)

  • Carrera lenta, saltos y andando (90%)

Reilly y Thomas, 1976; Yamanaka et al., 1994; Bangsbo, 1993.

  • Parado o caminando (60% del tiempo total)

  • Ritmo moderado (34%)

  • Velocidad máxima (6%)



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