Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Gráfica 9.4. Ejemplos en imágenes de la importancia que posee el dominio de cada uno de los focos de atención para el futbolista



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Gráfica 9.4. Ejemplos en imágenes de la importancia que posee el dominio de cada uno de los focos de atención para el futbolista.

9.3.1.1. Fases en el procesamiento de la acción motriz


Para poder estructurar el trabajo en concentración, un aspecto que nos parece de vital importancia es el que alude a las características básicas del control motor que se ponen en funcionamiento cuando se realiza una acción y que proyecta las habilidades que domina el jugador para ponerlas al servicio de la táctica del propio juego. En este apartado, por lo tanto, vamos a profundizar brevemente en las características de los mecanismos de ejecución motriz y en las fases que se encuentran implicadas en el momento de la acción, de manera que este análisis sirva como punto de partida para una mejor comprensión de los procesos de control de la atención y de la concentración. Del conjunto de definiciones clásicas sobre las fases de la acción motriz vamos a nombrar la de Schmidt (1982) porque concibe la sucesión de una serie de estadios que supone el procesamiento activo de la información. Esta secuencia de fases sucesivas sería la siguiente:


  1. Estadio de identificación del estímulo. Incluye los siguientes aspectos:




    1. Reconocimiento de estímulos y extracción de los rasgos más característicos.

1.2. Abstracción basada en los conocimientos que se poseen de situaciones anteriores.
2. Estadio de selección de la respuesta. Se elige lo que debe hacerse (implica, aunque sea de forma implícita, al mecanismo de toma de decisiones).
3. Estadio de programación de la respuesta. El jugador responde ante la demanda del medio en función de la información que ha manejado en las etapas anteriores del procesamiento de la información.
Ya en 1988, Famose y Durand realizaron su propuesta descrita como una sucesión de etapas que se repiten de forma cíclica y que serían las siguientes:
1ª) Percepción por parte del alumno (en nuestro caso jugador) de lo que se debe realizar.
2ª) Captación de los elementos más importantes del ejercicio.
3ª) Elaboración "grosera" del comportamiento motor.
4ª) Realización de la respuesta.
5ª) Conocimiento de los resultados.
6ª) Elaboración del siguiente intento.
7ª) Realización del siguiente ensayo.
8ª) Se repite el proceso descrito.
Rigard (1990) nos presentará posteriormente su modelo en fases, que comprenden desde una etapa cognitiva inicial que incluye la comprensión de la tarea y el tratamiento de la información pertinente, hasta una etapa mnemónica posterior a una primera ejecución de la habilidad, donde se reproduce el movimiento, fortaleciéndolo con la práctica y creando engramas interiorizados que permiten la liberación paulatina de los recursos atencionales.

9.3.1.2. Mecanismos y procesos cognitivos desde la perspectiva del aprendizaje motor.


A partir del nacimiento de las ciencias del deporte, se ha producido un cambio paulatino desde la consideración de la actividad motriz como un conjunto de coordinaciones musculares que se aprenden por la práctica, hasta la inclusión de los mecanismos y procesos cognitivos como reguladores del proceso de adquisición de las habilidades deportivas.
Los principales mecanismos que se mencionan en la perspectiva motriz, son los siguientes:
a. Mecanismo sensoperceptivo. Se relaciona con la detección de estímulos, la comparación de las informaciones recibidas con las que permanecen almacenadas en la memoria, con la selección de información -atención selectiva- y con la interpretación y anticipación de las acciones.
Cuando una persona se enfrenta a un problema del tipo que nos ocupa en el fútbol, el mecanismo sensorial perceptivo es el que permite la relación sujeto- entorno, lo que constituye una especie de “primera puerta” necesaria para entrar en la “casa” del aprendizaje motor.
Su referencia biológica y neurológica se sitúa, según Sage (1977), entre la información reticular y el córtex, el tálamo y las áreas de proyección primaria y asociativas de manera que se cubre el proceso de atención e interpretación de la información.
b. Mecanismo de toma de decisiones. Del mecanismo senso-perceptivo llega la información organizada y estructurada, para que sea el mecanismo de toma de decisiones el que se encargue de comparar la situación que se presenta en un momento concreto, con la que se desea alcanzar, de manera que se selecciona uno de entre los múltiples grados de libertad que implica la acción que realiza el organismo(Bernstein, 1967).
Una vez seleccionado el plan de acción, la información se traslada al mecanismo generador del movimiento y a la memoria a largo plazo, quedando progresivamente consolidado todo el proceso.
Merece la pena destacar cómo el proceso de toma de decisiones se concibe como un manejo de información que implica su transformación, retomando algunos de los principales conceptos constructivistas que ya de han establecido en capítulos anteriores.
c. Mecanismo generador del movimiento. Al igual que ocurría en la Teoría de Esquemas de Schmidt (1975), se destaca el papel que tiene el Programa Motor General y el Esquema Motor de Respuestas como especificador del primero y que permite flexibilizar la respuesta en cuanto a la trayectoria, velocidad y fuerza de la misma. En Glencross (1979), se describe la secuencia que debe tener una respuesta motriz:
1º) El aprendiz discrimina y selecciona de su memoria las unidades de respuesta que constituirán el movimiento.
2º) Organiza las unidades en un orden o secuencia particular.
3º) Las estructura temporalmente en el interior de la secuencia.
4º) Especifica cada una de las unidades así como la respuesta global, en términos de fuerza física.
5º) Calcula la coincidencia de la respuesta global con un acontecimiento u objeto externo.
6º) Selecciona las respuestas alternativas posibles.
7º) Controla el desarrollo de la acción.
Un aspecto importante es que no sólo se envían referencias a los grupos musculares, sino también a la zona sensorial del cerebro para que pueda anticipar las consecuencias de la acción (Ruiz, 1994). De esta situación real a la deseada se produce la comparación y la toma de conciencia necesaria para regular el proceso de aprendizaje.
d. Mecanismo de control y regulación. Cada una de las informaciones que se producen como feedbacks procedentes de los movimientos, permiten que el organismo pueda controlar sus propias acciones, reequilibrando y ajustando al programa motor para los ensayos próximos.
Por lo tanto, a modo de conclusión podemos afirmar que muchas de las aportaciones ofrecidas por el ámbito del aprendizaje motor son consecuencia de nociones establecidas anteriormente en el terreno psicológico, aunque no se limiten a copiar conceptos, sino que la realidad deportiva exige un esfuerzo de adaptación de ese material a un ámbito de conocimiento tan específico como es el deportivo.
De los estudios e investigaciones actuales, deben extraerse las conclusiones necesarias que permitan discernir la importancia de los procesos cognitivos superiores y el papel que el tratamiento de la información desempeña en el aprendizaje de habilidades.

9.3.1.3. Fases en el procesamiento de la acción motriz


El interés por relacionar la concentración y los mecanismos de acción motriz es porque, hasta el momento, cuando se ha abordado el entrenamiento psicológico aplicado al deporte se han obviado aspectos muy relevantes que se encuentran interrelacionados con las variables psicológicas que intervienen uno de los cuales, sin duda, son estos mecanismos. Cuando un jugador de fútbol se enfrenta a una tarea motriz que debe resolver (podemos considerarla, en consecuencia, como un problema motriz), la capacidad de atención puede verse influida no tanto por variables psicológicas del tipo que hemos mencionado con anterioridad, sino que es posible que nos enfrentemos a un problema que sea consecuencia directa del uso o dominio inadecuado de cada uno de los mecanismos implicados en la acción motriz.
El objetivo de optimizar el rendimiento deportivo a partir del entrenamiento técnico que se realiza con los deportistas a lo largo de sesiones semanales en las que se ejecutan múltiples ejercicios y repeticiones, provoca que en niveles elevados de competencia motriz se necesite recurrir al concepto de eficacia en cuanto a la relación que se establece entre los costes empleados y el beneficio obtenido. En concreto, el tiempo de que se dispone para el trabajo técnico en estos niveles, debe estar aprovechado al máximo, lo que obliga al entrenador a preparar concienzudamente el entrenamiento en función, entre otros aspectos, de las variables que intervienen en el juego.
Lo que tratamos de señalar no es más que la importancia que posee el conocimiento de estos aspectos para poder explicar de manera racional y coherente la causa del déficit atencional que le atribuimos al deportista cuando, en realidad, puede estar enmascarada una carencia de comprensión sobre las variables a las que debe atender y sobre las decisiones que debe tomar.
En este sentido, como veremos posteriormente con los ejemplos que se muestran, el volumen total de trabajo que se realiza en el fútbol actual y su comparación con el énfasis que se pone en la mejora consciente de estos mecanismos es tan deficitaria que resulta comprensible que nos encontremos con jugadores cuyo verdadero problema radique en la ausencia de comprensión del propio juego, nivel que, llevado a la máxima competición, se hace todavía más evidente por la rapidez que lo caracteriza y por la necesidad de tomar decisiones rápidas en espacios muy cortos.
Por lo tanto, cuando hacemos referencia a estos mecanismos, adquiere un especial interés la investigación esencialmente positivista que se realiza acerca de cómo procesa el ser humano -en este caso los jugadores- la información que el entrenador le ofrece y que él mismo posee para utilizarla de la forma más “económica” posible en el aprendizaje de la destreza que se haya trabajado. De esta manera, parece lógico pensar que el análisis de los errores que se pueden producir en el entrenamiento deportivo debe traducirse en una mejora posterior del rendimiento (puesto que esta evaluación incide decisivamente en la posibilidad fáctica de modificar aquellos parámetros que se hayan realizado de manera incorrecta), mejora que también redundará, cuando se observe la ejecución desde un punto de vista externo, en una evidente mejoría en la capacidad de concentración del jugador.
El análisis de estos errores de procesamiento exige un conocimiento previo profundo sobre el funcionamiento cognitivo humano debido a que manifestaciones similares externas pueden poseer un núcleo causal diferente como generador del problema. La clasificación que proponemos para este análisis se basa en los tres mecanismos de ejecución motriz que hemos tratado en el apartado anterior: el perceptivo, el de toma de decisiones y el de ejecución. Entendiendo que el error o fallo puede producirse en cualquiera de ellos, la clasificación que proponemos se presenta a continuación:
a. Respecto al mecanismo perceptivo.
a.1. Pueden producirse errores por no tener en cuenta todos los elementos espaciales que proporciona el entorno. En un entrenamiento podrían ser los conos de referencia y las marcas que se utilizan para el trabajo técnico específico y para el trabajo táctico. Algunos ejemplos reales que podemos señalar y que han sido extraídos de nuestro trabajo con juveniles de élite serían los siguientes:


  • Al comenzar el ejercicio de conducción estaba delante de los conos. Creo que es porque estaba demasiado centrado en lo que tenía que hacer después (jugador 1).

  • Lancé la falta más esquinado de lo que quería Luis y me salió muy desviado (el golpeo) porque no miré donde estaba la pica (jugador 2).

  • Me dieron el pase diagonal y cogí el balón antes de que pasara del cono porque pensaba en hacer rápido el control orientado (jugador 3).

a.2. Pueden producirse errores por no prestar atención a la información sensorial externa, ya sea ésta esencialmente auditiva o visual. Ejemplos:




  • En el ejercicio de desmarques de apoyo y de ruptura8, "Capi" dijo mi nombre y no hice el desmarque que tenía que hacer porque no le presté atención cuando lo decía (jugador 1).

  • Cuando tenía que rellenar el autorregistro de activación y lo hice pensando que era de visualización. No sé, creo que estaba pensando en la visualización porque es lo que acabábamos de entrenar (jugador 2).

  • Para hacer el giro usé el empeine exterior en vez del interior y me quitaron el balón9. No me di cuenta de que el giro era hacia la izquierda (jugador 3).

a.3. Errores por no prestar atención a los estímulos relevantes para ejecutar la acción. Ejemplos:




  • No me di cuenta del movimiento que hizo José, si lo hubiera visto le hubiera “pegado” el pase. (jugador 1).

  • Al comenzar el ejercicio Luis (el entrenador) me lanzó el balón a la altura del pecho y yo lo cogí con las manos porque estaba más pendiente de mi marca y me sorprendió (jugador 2).

  • Felipe me desbordó porque yo estaba pensando en que mi cobertura estuviera colocada, la verdad es que me "pilló frío" (jugador 3).


b. Respecto al mecanismo de toma de decisiones:
b.1. Errores por seleccionar una respuesta menos coherente con la consecución eficiente del objetivo, mientras existen otras posibles respuestas que el sujeto conoce y que posee en su repertorio. Ejemplos:


  • Despejé un balón que me venía a la cintura con el pie y se me fue. Debería haberme colocado para despejar en "plancha" (jugador 1).

  • Golpeé al balón con el empeine interior y eché el cuerpo demasiado para atrás, tenía que haberle metido el empeine frontal mucho más seco y controlar el cuerpo10 (jugador 2).

  • En vez de amortiguar el balón, quise "plantarlo" abajo y se me fue (jugador 3).

b.2. Errores debidos a la sobrecarga de elementos que hay que tener en cuenta para la realización de la acción. Ejemplos:




  • No di bien el pase porque iba muy rápido, no podía pensar y estaba rodeado por todos los lados; encima tenía que pasarlo en dos toques (jugador 1).

  • Hice un desmarque frontal en vez de diagonal porque no me di cuenta de quién acababa de recibir el balón ni de su posición (jugador 2).

  • Para hacer el ejercicio de coordinación las primeras veces me saltaba un cono. Porque había un montón de cosas y porque en carrera no pensabas que te lo saltabas (jugador 3).



c. Respecto al mecanismo de ejecución:
c.1. Errores por las exigencias de velocidad y precisión conjuntas que requiere la acción. Ejemplos:


  • Di mal el pase porque no me dio tiempo a ver que estaba Mario detrás, sólo pensé en que debía darlo en dos toques y en los contrarios que veía (jugador 1).

  • Aun me confundo un poco cuando creo espacios libres y tengo que pensar en cómo arrastrar al defensor conmigo, las fintas y todo eso porque muchas veces lo hago un poco a destiempo (jugador 2).

  • Lancé tres balones seguidos desviados porque tenía que lanzar los veinte muy rápido y no me daba tiempo a colocarme como yo quería, no me fijaba (jugador 3).




Gráfica 9.5. La concentración debe trabajarse en condiciones técnicas que supongan complicaciones a los jugadores para motivar que se puedan alcanzar los mejores resultados posibles en cuanto al rendimiento se refiere.
9.3.1.4. Repercusión de los mecanismos de ejecución motriz para la mejora de la concentración en el proceso de aprendizaje técnico-táctico.
A lo largo del proceso de aprendizaje de una nueva técnica, el jugador puede cometer errores que, como acabamos de ver, son de distinta naturaleza y que pueden y deben servirle como información para mejorar en sus ejecuciones posteriores ante tareas similares. Cuando hacemos referencia a estos fallos, algunos conceptos sobre los que no nos habíamos detenido hasta el momento como son los de feedback intrínseco y extrínseco, adquieren una dimensión especial, puesto que permitirán, junto con otras variables que deben tenerse en cuenta, la toma de conciencia de las causas que han producido la ejecución incorrecta (al menos de una parte).
Una vez que hemos establecido un primer punto de referencia remarcando la importancia del feedback en la mejora del rendimiento, debemos plantear si su dimensión intrínseca es suficiente por sí sola para producir la confrontación de esquemas y su reconstrucción en planos superiores de conocimiento, acomodando la acción a la representación que la subyace. Parece obvio que la respuesta es que no, y que el papel de los expertos, en este caso los entrenadores, en la asesoría técnica especializada es absolutamente imprescindible si es que hablamos de alto rendimiento deportivo. En este sentido, resulta muy evidente que achacar los errores en la ejecución motriz a la falta de concentración de un jugador resulta muy sencillo, cuando la realidad de múltiples situaciones ocultan que el error ha comenzado por la ausencia de toma de conciencia de la propia acción, toma de conciencia que debe fomentar el entrenador.
Como paso previo a poder dar un feedback extrínseco y/o suplementario, que es el que proporciona en primera instancia el técnico, es necesario establecer en qué aspectos concretos de la acción se han producido los errores, en qué momento y bajo qué causas. Este tipo de análisis es el que hemos tratado de realizar con los ejemplos anteriores, donde la categorización de los errores más habituales que cometen los deportistas a lo largo de las sesiones de entrenamiento supone el punto de arranque dentro del proceso de análisis que puede extrapolarse, y de hecho debe hacerse así, al terreno competitivo y de los partidos disputados.
No debemos olvidar que la función primaria del feedback consiste en proveer al deportista de la información necesaria acerca de su propia actuación, de manera que pueda mejorarla reduciendo al mínimo posible sus errores y optimizando su rendimiento de cara a la consecución de los objetivos propuestos. El conocimiento de estos errores también resulta de especial utilidad para el entrenador, que será el encargado de enseñar los aspectos de mejora que resulten oportunos para el deportista, identificando, como profesional de la materia, el momento en el que se produjo el fallo y a qué mecanismos afecta (al perceptivo, al de toma de decisiones, al de ejecución o a las diferentes combinaciones que pueden surgir entre ellos).
Un aspecto que puede resultar evidente, pero que merece la pena resaltar de nuevo, es la necesidad de que los entrenadores dominen perfectamente los conocimientos que la ejecución técnica requiere y que la situación táctica implica, puesto que le permitirán modelar y colaborar de manera más acertada en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Si nos centramos ahora en el deporte concreto sobre el que hemos trabajado, el fútbol, podemos observar con claridad como las exigencias de ejecución relativas al mecanismo de percepción son bastante grandes porque el jugador debe anticipar en todo momento los movimientos ofensivos y defensivos que tiene que realizar para maximizar sus capacidades (ya sean técnicas, tácticas o físicas), y lo hace teniendo en cuenta que debe manejarse entre un conjunto de compañeros que ocupan determinadas posiciones, y un equipo contrario que busca de manera continuada recuperar la posesión del balón para conseguir su objetivo último: el gol.
Reaccionar de manera adecuada a los diferentes estímulos que le pueden ayudar u obstaculizar en su acción, requiere que a lo largo del proceso de aprendizaje de la técnica exista la figura del entrenador como experto en el análisis de las situaciones a las que se enfrenta en el transcurso de un partido de fútbol. La asesoría de este experto va a permitir establecer una jerarquía de importancia a la hora de enseñar al deportista a prestar atención selectiva a los estímulos que debe tener especialmente en cuenta, filtrando el resto de la información y permitiendo que el sistema actúe de forma rápida y de la forma más económica posible.
Por lo que al mecanismo de toma de decisiones se refiere, está claro que a lo largo de los noventa minutos que dura un partido de fútbol deben tomarse decisiones de diferente naturaleza y repercusión para el resultado final, decisiones que están sujetas a determinadas variables que fluctúan en su orden de importancia y que pueden englobar desde la demarcación que ocupa un determinado jugador en el terreno de juego (y que le capacita para hacer determinadas cosas y no otras), hasta la relevancia de usar un recurso técnico específico en un momento concreto en detrimento del resto. De nuevo, parece importante resaltar el papel y la importancia de la figura del entrenador dentro de todo este marco, puesto que debe dar el feedback y el entrenamiento oportuno al jugador para que aprenda a discriminar de manera eficaz (lo que implica que lo haga correcta y rápidamente) en qué situaciones debe hacer qué movimientos y emplear qué técnicas, y en cuales no.
Si hacemos por último alusión al mecanismo de ejecución, debemos aludir al aspecto técnico en tanto manifestación externa del movimiento que permite traducir el nivel de coordinación neuromuscular que el deportista posee. Esta coordinación se alcanza mediante un entrenamiento adecuado que debe supervisar el entrenador, lo que conduce al análisis de las manifestaciones externas del movimiento, aunque sin duda deberá prestarse un especial cuidado en este punto debido a que las verdaderas causas del fallo en la ejecución motriz pueden subyacer a la manifestación más externa y visible de la técnica.
En resumen, el fútbol es un deporte que posee una gran exigencia en los tres mecanismos mencionados; es decir, es un deporte con un importante componente táctico que necesita de un continuo ajuste perceptivo y motor debido a la variabilidad de situaciones que presenta (al tratarse de un deporte abierto). Este conjunto de exigencias deben ser conocidas por el entrenador para poder de ese modo desarrollar un entrenamiento óptimo, entrenamiento que se encuentra necesariamente afectado por los errores que se producen y que constituyen nuevos puntos de partida para mejorar de manera progresiva y paulatina la ejecución. Un análisis simplista que reduzca las causas de una mala actuación deportiva a la falta de concentración del jugador será un análisis infructuoso que obtendrá pobres resultados a no ser que consiga dar con la etiología del problema y ésta, como hemos visto, puede encontrarse en varios niveles de complejidad, niveles que todo especialista en psicología deportiva debe dominar y conocer para maximizar los frutos de su trabajo.
A continuación se presenta el análisis realizado por Pino (1999) al respecto:


Tabla 9.6. Variables a las que deben atenderse en el fútbol en función de los tres mecanismos de aprendizaje motor.

9.3.2. Relación entre la concentración y el nivel de activación
Es importante que el cuerpo técnico en general, y el entrenador en concreto, conozcan y comprendan la relación que se establece entre el nivel de activación y la concentración, puesto que de ello depende la importancia que, en parte, concedamos al entrenamiento en la discriminación del nivel óptimo de activación.
Lo que por ahora conocemos y nos demuestran las investigaciones es que todo jugador que se encuentre excesivamente relajado (con su Nivel Óptimo de Activación bajo), amplia su foco atencional demasiado, de manera que atiende a más estímulos de los que realmente le son pertinentes y, por otro lado, todo jugador que se encuentre excesivamente tenso (N.O.A. muy alto), reduce su foco atencional, de manera que no procesa algunos estímulos significativos y relevantes para la acción motriz que tiene que realizar. Una de las consecuencias lógicas y prácticas de estos enunciados es que todo proceso de entrenamiento de la concentración debe estar precedido por un estado óptimo de activación que facilite lo que se pretende asimilar (relación evidente con el tema de aprendizaje motor).
Por las razones que expondremos en el próximo capítulo, cuando hablemos del Nivel Óptimo de Activación (NOA), no debe extrañarnos que un jugador que se encuentre nervioso manifieste, después de que el entrenador le riña desde la banda por haber cometido un error en una acción puntual, errores que en circunstancias normales no cometería porque, como acabamos de mencionar, su foco de atención, a medida que se desvía del nivel óptimo, tiende a estrecharse, por lo que hay estímulos perceptivos que dejan de procesarse y se aumentan significativamente las probabilidades de fallar.
Del mismo modo, cuando un jugador se siente muy confiado, por ejemplo es titular indiscutible en un elevado número de partidos, esta situación puede provocarle un exceso de relajación y de confianza de modo que, en este tipo de situaciones, procesa una cantidad de información demasiado amplia y también encuentra problemas para seleccionarla con rapidez (característica básica del fútbol que lo diferencia de otros deportes), aumentando la probabilidad de que llegue tarde a los balones y de que se los puedan robar con mayor facilidad (aunque este aspecto se encuentra también claramente influido por la motivación con la que se enfrenta a un partido, variable esencial del rendimiento deportivo y que también ayuda a explicar el nivel de activación que se maneja a lo largo de su desarrollo).
Cualquier entrenador y profesional que desee trabajar y comprender por qué un jugador puede rendir bien en los entrenamientos y no tanto en los partidos, deberá comenzar por evaluar cómo es su dominio del N.O.A. y de qué estrategias dispone para poder manejarlo y manipularlo de la mejor manera posible. Estas cuestiones quedarán abordadas en el capítulo posterior dedicado, exclusivamente, a analizar el papel que tiene el dominio del nivel de activación en el rendimiento máximo de los jugadores.
9.3.3. Relación entre la concentración y la resistencia a la fatiga
Con frecuencia el análisis del rendimiento individual de cada uno de los jugadores correlaciona de forma tal con el tiempo de juego que, a medida que pasan los minutos, parece que este puede ir aumentando hasta que llega una fase, cercana al último tercio del segundo periodo, en la que el rendimiento parece que disminuye de un modo más evidente propiciado, entre otras cosas, por la fatiga física y mental que acumula el jugador. A este dato, se le debe añadir la importancia que en fútbol actual se le concede a la preparación física pero, además, al hecho de que en los últimos veinte minutos de los partidos éstos suelen decidirse. La explicación básica de este hecho la podemos encontrar en que, en los partidos en los que los marcadores están ajustados o nivelados hasta ese momento, se suele tender al desequilibrio de manera que se consiga inclinar la balanza de la victoria hacia el lado propio.
La relación entre nivel de fatiga física y mental y el nivel de concentración puede expresarse como sigue:





Zona Óptima de trabajo

Colaboración prep. físico
+

Nivel de

Fatiga

__

__ Nivel de concentración +







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