Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Requisitos previos del trabajo psicológico aplicado al campo



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8.2. Requisitos previos del trabajo psicológico aplicado al campo

Cuando se plantea la necesidad de estructurar y de realizar un trabajo psicológico aplicado al campo de entrenamiento, resulta irremediable que surjan algunas cuestiones referentes a la formación actual que poseen los psicólogos que trabajan en deporte y a la forma de incluir este tipo de trabajo en la planificación metodológica habitual. Para responder a estas cuestiones, vamos a dividir este apartado en tres partes: en primer lugar, analizaremos la formación que tiene que poseer el psicólogo del deporte para poder llevar a cabo con garantías este trabajo; en segundo lugar, los pasos lógicos que deben seguirse para poder llevarlo a cabo, entre los cuales se encuentra la reunión previa con el entrenador y la aceptación de este tipo de trabajo y, en tercer y último lugar, la importancia del trabajo multidisciplinar para poder entender de un modo completo el enfoque que presentamos.



8.2.1. La formación del psicólogo del deporte.


La línea argumental que defendemos a lo largo del presente módulo es que las diferentes variables psicológicas implicadas en el ARD, pueden entrenarse por dos figuras fundamentales: el psicólogo del deporte y el propio entrenador. Esta afirmación, que en teoría parece lógica, cuando se habla de trabajo multidisciplinar, llega a incluir, en la definición de algunos contenidos de entrenamiento, al resto del cuerpo técnico.

Debido a que la práctica habitual ha llevado a que el propio entrenador era el encargado de mejorar “psicológicamente” a los deportistas, y a que presentan grandes limitaciones para hacerlo, la situación más idónea que se propone es por un lado, la de aumentar la formación psicológica de lo entrenadores y, por otro, aumentar la deportiva de los psicólogos especializados en deporte.


Las siguientes líneas se centran en un análisis superficial de los requerimientos básicos que debería cumplir cualquier psicólogo para poder realizar un tipo de trabajo aplicado al campo de juego –y que la mayoría, por supuesto, no cumplen-.


Los planes de estudio actuales para poder desempeñar la labor como psicólogo del deporte implican, por un lado, la obtención del título de licenciado por un centro autorizado por el Ministerio de Educación y Cultura y, posteriormente, la obtención del título de Máster Universitario en Psicología del Deporte que garantice, mediante unos estudios suficientes, la adaptación de la formación académica recibida a los principios básicos de las ciencias del deporte.


Hasta este punto, el trabajo que se suele realizar en psicología del deporte capacita, solo en parte, la posible actuación del psicólogo con las herramientas que se han descrito hasta el momento pero, sin lugar a dudas, impide que se pueda realizar este tipo de trabajo por el cual abogamos por el simple hecho de que la formación recibida es, a todas luces, insuficiente y, desde nuestro punto de vista, sobrecargar al entrenador con más trabajo para que diseñe ejercicios destinados a trabajar ciertos aspectos, puede ser útil en algún momento pero sirve tan solo de parche porque, a la postre, la labor psicológica se llega a percibir más como una carga extra de trabajo, que como un apoyo (máxime cuando hasta la fecha, en la mayoría de los deportes, se ha trabajado a la perfección sin psicólogo y sin entrenar estas habilidades de un modo estructurado).

Por lo tanto, si consideramos que este tipo de trabajo es útil, resulta necesaria una ampliación de la formación recibida en la línea que presentamos a continuación:




    1. Obtención del título de primer nivel de entrenador del deporte de que se trate. Un psicólogo que desee poner en practica un trabajo psicológico aplicado al campo de entrenamiento, debe conocer en profundidad las bases del entrenamiento deportivo de manera que sea capaz de poner en práctica ejercicios de entrenamiento capaces de responder a las demandas que se producen en el deporte. En este sentido, consideramos que el nivel I de formación, que capacita a entrenar hasta equipos juveniles, puede ser el idóneo, no porque no sea positivo obtener niveles superiores, sino porque la experiencia nos dice que los técnicos pueden llegar a percibir como una amenaza a un profesional que se encuentre igual de capacitado que él con, además, otros estudios extras.




    1. Adquisición de un tiempo mínimo de un año de experiencia como entrenador o como ayudante del entrenador. La experiencia alcanzada sobre la infinidad de variables a las que debe atender un entrenador cuando está trabajando, permite “descentrar” el pensamiento del profesional y darse cuenta de la enorme dificultad de variables que deben dominarse cuando se trabaja como técnico.




    1. Cursos de formación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Del mismo modo que la especialización en el deporte es esencial, existe la necesidad de no conformarse con poseer unos conocimientos mínimos, sino que cuanta más formación y conocimientos se obtengan, mejor se podrán entrenar las habilidades psicológicas básicas -en tanto que mantienen una íntima relación con los demás aspectos implicados en el juego en donde destacan, esencialmente, la técnica, la táctica y la preparación física-. En este sentido, una formación ideal que complete los estudios realizados pueden ser cursos de formación específicos o programas de doctorado sobre ciencias de la actividad física y el deporte, en donde se comience a utilizar un lenguaje común con los profesionales con los que se va a tener la necesidad de interactuar en el futuro.

Una vez presentados los principales aspectos que consideramos necesarios para poder optimizar el trabajo psicológico en el campo de entrenamiento, es el momento de llamar la atención sobre por qué, con mucha frecuencia, han surgido casos de psicólogos del deporte que no han obtenido los resultados esperados.


Sin entrar a polemizar en profundidad sobre varias cuestiones que trascienden a la formación de los psicólogos del deporte, sí que parece cierto que ésta es susceptible de ser mejorada respetando la lógica formación que hasta el momento han tenido que pasar los demás profesionales que trabajan en el deporte. Así, los preparadores físicos, pese a tener la maestría en el deporte en el que trabajan, buscan la obtención del título de entrenador para poder adaptar mejor sus conocimientos a la realidad deportiva actual, se preocupan por hacer cursos de psicología aplicada que les ayude a mejorar sus recursos de trabajo para obtener un mayor rendimiento de su grupo. Los entrenadores, por su parte, también buscan realizar cursos de las diferentes áreas de trabajo para completar su formación y poder trabajar, codo con codo, con todos los profesionales que tengan a su disposición y lo mismo sucede con todas y cada una de las figuras que integran el cuerpo técnico.
Pues bien, este punto de partida ideal es el que tratamos de defender porque, al fin y al cabo, si todos los profesionales se “empapan” de conocimientos de otras áreas para mejorar su labor y su desempeño profesional, ¿por qué no debe hacerlo el psicólogo del deporte, máxime cuando permite su integración en mucha mayor medida que si no lo hace?.



8.2.2. Pasos necesarios para poder realizar el entrenamiento psicológico aplicado al campo de entrenamiento.
Cuando un profesional del deporte posee la suficiente formación psicológico-deportiva como para plantear un trabajo aplicado al terreno de juego, resulta imprescindible que sea consciente de la necesidad de respetar una serie de pasos que son ineludibles para poder llevar esta planificación a buen término. En concreto, estos pasos a los que estamos haciendo referencia incluirían:


  • La reunión previa con el entrenador, en donde se explicitan los objetivos, lógica del trabajo que vamos a realizar, material necesario, grupos de trabajo ideales y todos los aspectos que se consideren necesarios para el momento concreto de la temporada en el que se encuentren, de manera que se eliminen las dudas que el técnico pueda tener y se le puedan presentar algunos ejemplos del trabajo que se quiere poner en marcha.

  • El siguiente paso consistiría en implicar a todo el cuerpo técnico y, más concretamente, al preparador físico y al entrenador, puesto que la lógica del trabajo exige, en varias de sus fases, de la integración del trabajo psicológico con una elevada carga física que debe estar controlada en todo momento por los profesionales que se encargan de ellas.

  • Una vez que se han efectuado estas reuniones y que contamos con el visto bueno del técnico, se le presenta una planificación general del trabajo que se desea poner en marcha y de los primeros ejercicios de entrenamiento que se quieren implantar para que, de esta manera, se puedan realizar las modificaciones oportunas y sea un trabajo totalmente integrado dentro de la planificación general que se había establecido con anterioridad.

A continuación se presenta una planificación más detallada de todos y cada uno de estos pasos:


I. Reunión con el entrenador.
Esta reunión debe planificarse y establecerse a principio de temporada con el fin de integrar el trabajo psicológico desde un comienzo y que se perciba como una parte más de la planificación deportiva. Está claro que, siempre que no vaya a trabajar un psicólogo en el cuerpo técnico, y que vaya a ser el mismo entrenador el que realice el trabajo, esta planificación debería ser igualmente válida y planificada.
Suele resultar muy adecuado entregar una serie de material y de bibliografía donde se apoye este tipo de trabajo y donde el entrenador perciba que no se trata de utopías ni de un sistema ideal de trabajo sin ninguna practicidad, sino de una realidad que permite la mejora del jugador y del equipo y que, por esta misma razón, va a poder aumentar el rendimiento de los jugadores y del equipo.
Una vez que se han planteado los principios básicos en los se fundamenta este trabajo, suele ser común la respuesta inmediata, por parte del técnico, sobre el escaso tiempo del que dispone para trabajar sus contenidos técnico-tácticos, lo que imposibilita llevar a cabo el trabajo psicológico que se le presenta. En este sentido, es muy importante hacerle ver que los aspectos psicológicos deben ser integrados en la realidad deportiva del equipo porque, de no ser así, resulta imposible mejorar en esta área por “ciencia infusa”. En todo caso, si el entrenador continúa mostrando su interés pero se muestra reacio a incluir este tipo de trabajo dentro de su organigrama por problemas de tiempo, resulta recomendable proponerle incluir algunos aspectos del entrenamiento que teníamos diseñado dentro de los ejercicios que él mismo prepara cada semana, lo que exige un esfuerzo por acomodar ambos trabajos y que implica, a su vez, el aumento de las reuniones periódicas semanales que se mantienen con el técnico.
Por otra parte, uno de los miedos más frecuentes de los entrenadores cuando se les presenta esta metodología, es de perder parte de su autoridad a favor del psicólogo, lo cual se basa en ideas irracionales generadas por desconocimiento del trabajo, por épocas anteriores en las que los preparadores físicos ocupaban el espacio dejado por los entrenadores en el momento en el que a éstos les despedían por obtener malos resultados (lo que, a la postre, fue en contra de la figura del preparador físico), y por problemas de autoconfianza en donde la autoridad se percibe de una manera distorsionada en donde lo que prima no es la labor de dirección y de asesoramiento para obtener los mejores resultados posibles de la plantilla, sino más bien ensalzar la autoestima de uno mismo situándose por encima de las demás personas que trabajan en el equipo incluyendo, como no, los jugadores.
Este tipo de situación se está subsanando en la actualizan con las nuevas generaciones de entrenadores que comienzan a surgir y que poseen un nivel de formación muy completo en todas las áreas, eliminando esos problemas de confianza previos que existían y comprendiendo perfectamente la necesidad de incluir un trabajo psicológico aplicado dentro de la metodología de trabajo habitual del equipo.
Hablar de que el trabajo del psicólogo puede llegar a restar autoridad al entrenador es, desde nuestro punto de vista, una falacia que debe evitarse y un error en la comprensión de la lógica que subyace al trabajo psicológco en el deporte que, al fin y al cabo, tan solo permite aumentar, aunque sólo sea en un porcentaje pequeño, el rendimiento posterior del deportista, pero que es un porcentaje que, sin duda alguna, en el alto rendimiento puede definir la diferencia entre el éxito y el fracaso (este planteamiento no quiere negar que puede que haya psicólogos que también tengan este mismo problema de querer asumir una excesiva responsabilidad en el equipo y de tener un rol que en ningún momento le corresponde, pero que existan malos profesionales no invalida la lógica del razonamiento que acabamos de presentar).


Gráfico 8.2. La comunicación entre los diferentes integrantes del cuerpo técnico debe ser, en todo momento, fluida. En la imagen aparece el entrenador con el preparador físico y con el psicólogo del deporte cambiando impresiones sobre el partido que se va a disputar.
II. Implicación de todos los componentes del cuerpo técnico.
Cuando se quiere integrar el trabajo psicológico dentro del campo de entrenamiento, son múltiples las variables que se tienen que manipular para obtener buenos resultados y que trascienden los aspectos meramente psicológicos y cognitivos para introducirse en los técnicos, los tácticos y los físicos, de manera que un entrenamiento para la mejora de las habilidades psicológicas básicas no está exento, aunque no sea ese el objetivo principal del trabajo, de ciertos componentes que aparecen en cualquier competición y que son necesarios para acercar el entrenamiento psicológico a la disciplina deportiva de que se trate.
Así por ejemplo, como ya se comentará al introducir el entrenamiento en concentración, puede resultar interesante entrenar a los deportistas en condiciones de presión cognitiva alta y, una de las variables que nos puede ayudar a cumplir este objetivo, es el aumento de la fatiga física que lleva consigo una ralentización en la rapidez del procesamiento cognitivo, una aceleración en la toma de decisiones y una peor calidad de ejecución técnico/táctica. Pues bien, la implicación del preparador físico es, bajo este planteamiento, muy importante porque debe supervisar el volumen y la intensidad de los ejercicios que planteamos, de manera que nuestra labor no perjudique el trabajo que realiza sino que sirva, incluso, para mejorarlo.
La cantidad de esfuerzo que se imprime en el trabajo evaluado desde un punto de vista integral, resulta necesario en el entrenamiento psicológico aplicado al campo, de manera que la implicación del cuerpo técnico en nuestra labor resulta indispensable.
Por último, resulta importante que se destaque que debe existir un canal de comunicación lo más abierto posible entre todos sus integrantes porque, si en algún momento existe algún problema o se considera que un tipo de trabajo no va a producir los efectos deseados, o no resulta oportuna su inclusión por algún motivo, es necesario que se pueda discutir y que exista la suficiente confianza como para que la capacidad de crítica constructiva sea bien entendida y pueda tener lugar para permitir la evolución de los sistemas de entrenamiento.
III. Presentación de la planificación general del trabajo.
Uno de los aspectos que consideramos más importantes porque ofrecen una visión global de los objetivos generales que se persiguen, es la entrega al entrenador de la planificación general de la temporada, en donde se incluyen el número de sesiones que se consideran necesarias, un resumen del material que se va a necesitar para poder cumplirlo con el máximo de garantías y, al mismo tiempo, recomendamos apoyar esta planificación con un programa más concreto que sirva de apoyo y de ejemplo al entrenamiento en las primeras sesiones de trabajo que se deseen poner en práctica. Así por ejemplo, si se opta por comenzar a entrenar la concentración de los deportistas en condiciones de fatiga física, es adecuado que se presenten algunas sesiones -como las que ponemos en el capítulo dedicado a la concentración-, en donde el entrenador se forje una idea más clara y concreta sobre la manera en la que vamos a llevar a la práctica nuestro entrenamiento.
Resulta pertinente remarcar que, al igual que sucede en el entrenamiento de nociones técnicas o tácticas, la mejora que se produce no es ni mucho menos inmediata, sino que sigue un proceso determinado, en gran medida, por la calidad del trabajo que se realice y por el número de sesiones en las que se pueda entrenar. En este sentido, nuestra experiencia es que resulta complejo realizar más de una sesión semanal -de aproximadamente 40 minutos dividida en varios grupos de trabajo-, lo que significa que el resto de entrenamientos que se tienen en la semana no deben ser ajenos a los contenidos que se han trabajado en ese breve espacio de tiempo y, por lo mismo, resulta necesario que el entrenador ponga énfasis en su mejora aún cuando los ejercicios que se realicen no estén específicamente diseñados para ello.
IV. Evaluación y adaptación continua del plan de trabajo.
Como cualquier persona que trabaja en el ARD sabe, los resultados de las competiciones son los que marcan el tipo de trabajo posterior que se realiza: si hablamos de deportes colectivos y se ha fallado en las coberturas defensivas, una parte del volumen de entrenamiento de esa semana estará encaminado a mejorarlas; si se falla en el juego aéreo, se realizarán ejercicios donde se puedan pulir estos defectos, etc. Sin entrar en un debate sobre la adecuación de esta metodología más reactiva que proactiva, sí que merece la pena que, además de destacar esta realidad de la alta competición, seamos capaces también de considerar el trabajo psicológico dentro de esta lógica.
A modo de ilustración y de ejemplo de lo que estamos comentando, la realidad y la experiencia nos indica que, si en un partido se achaca la derrota a la pérdida de concentración de una línea de juego en concreto, como puede ser la defensiva, entonces la demanda del entrenador estará encaminada a trabajar, durante esa semana y en el tiempo que dure esta percepción, sobre los defectos encontrados, de manera que el psicólogo deportivo debe asumir la parte de responsabilidad que tiene en este tipo de trabajo y exigir, al igual que lo hace el preparador físico en su faceta, la máxima implicación de los jugadores en estos entrenamientos.
Una buena planificación psicológica será, no solo la que es capaz de describir de una manera perfecta toda una metodología aplicada, sino también la que es capaz de adaptarse a las demandas que la realidad competitiva le manifiesta, de manera que no puede ser un plan cerrado y completo que funcione a modo de recetario, sino más bien un plan flexible capaz de modificarse en cierta medida, aunque no en su estructura básica ni en su lógica interna (de ser así probablemente estaríamos ante un mal plan de trabajo y de entrenamiento general), de manera que se puedan obtener buenos resultados en todo momento porque se haya sido capaz de adaptar el trabajo a las necesidades imperantes en el momento. Pese a todo, como es lógico, debe existir una estructura general que nos permita que no estemos continuamente modificando nuestro modo de trabajar pero, si bien esto es cierto, no lo es menos que la realidad competitiva exige resultados inmediatos y sólo unos pocos afortunados pueden permitirse el lujo de permanecer en sus puestos de trabajo aun si éstos no se consiguen.
La alta competición exige inmediatez en cuanto a los resultados se refiere, se contrata a un técnico y se le exige que sea capaz de sacar el potencial máximo de sus deportistas en un periodo breve de tiempo y que, además, practiquen su deporte de un modo brillante. La persona que asume el reto de penetrar en este mundo debe asumir que también para él existe este riesgo y deberá aprender a convivir con la ansiedad constante que produce estar a expensas de que un objeto con forma esférica penetre en una línea llamada portería.
Debido a todos estos aspectos que acabamos de mencionar, parece coherente que expresemos la necesidad de trabajar desde la base a partir de una filosofía formativa más que competitiva en donde los resultados ocupen un segundo término y donde se puedan trabajar ciertos factores que correlacionan con el alto rendimiento a medio y largo plazo con un elevado nivel de tranquilidad. El deporte de base, en este sentido, debe considerarse como el “caldo de cultivo” del deporte de alta competición profesional y, para que éste sea de gran calidad, necesita de un plan de trabajo integral e integrado por varios especialistas que comprendan que en el deporte “no está todo inventado”, y que los métodos de trabajo y de entrenamiento pueden continuar mejorándose y progresando a cada instante.


8.3. Objetivos básicos y aplicaciones

Una vez que se han presentado las bases procedimentales para poner en marcha el proceso de entrenamiento psicológico en el campo de entrenamiento, vamos a profundizar en los objetivos básicos que nos proponemos a la hora de realizar este tipo de entrenamiento, así como sus aplicaciones fundamentales en el deporte de competición utilizando, como viene siendo habitual a lo largo del módulo, ejemplos tomados del fútbol de manera que el alumno los pueda extrapolar, con las modificaciones oportunas, a su especialidad deportiva.


Los objetivos básicos del entrenamiento psicológico de campo, así como sus aplicaciones, se presentan en los siguientes puntos:


  • Mejora de la concentración en condiciones de fatiga física y de ansiedad elevada. En las competiciones en las que se debe rendir a un alto nivel, tienen determinada duración y el resultado es incierto, es importante que se sepa responder en condiciones adversas de fatiga física y mental, de manera que, si somos capaces de controlar el pensamiento en esas situaciones, aumenta la probabilidad de obtener mejores resultados, ya sea a nivel individual o colectivo.




  • Mejora de la concentración como consecuencia de la mejora en el dominio del nivel de activación en condiciones de excesiva activación cognitiva (exceso de nerviosismo). En el ejemplo del fútbol, este tipo de problemas se encuentran a nivel colectivo cuando el equipo es criticado por diferentes sectores (prensa, público, directiva, etc.); a nivel grupal cuando, por ejemplo, una línea de juego como la delantera, no consigue goles y se les comienza a echar en cara este déficit de rendimiento y, a nivel individual, cuando un jugador concreto, por ejemplo, necesita demostrar en veinte minutos de tiempo que tiene un puesto en el once inicial o, después de salir de una lesión, está en disposición de volver a luchar con un puesto y todavía tiene algo de inseguridad en la zona ya recuperada.




  • Mejora de la concentración como consecuencia de la mejora en el dominio del nivel de activación en condiciones de baja activación cognitiva (exceso de relajación). Existen múltiples situaciones en las que un deportista se considera superior teóricamente al contrario y, como consecuencia de este exceso de confianza, se produce una bajada evidente en el rendimiento. Al igual que sucede en los puntos anteriormente descritos, este problema también puede aparecer a nivel grupal e individual.




  • Mejora de la concentración como consecuencia de la mejora del mecanismo perceptivo. Este trabajo está orientado a que el deportista oriente su atención ante estímulos pertinentes y sepa separarla de los “ruidos potenciales” que se le pueden presentar en el desarrollo de un partido. En este sentido, la capacidad y la rapidez con la que se controlen los cambios en el foco de atención son vitales, de manera que el deportista que sea capaz de mantenerlo siempre en los aspectos adecuados, será el que mejores resultados obtenga. Por último, tan solo señalar que la famosa y difundida tarea de la rejilla de concentración y la prueba de Toulouse-Pieron, realizan un intento de trabajar este reducido apartado de la concentración de un modo tan alejado de la realidad deportiva que, si su empleo excede al de la labor pedagógica de presentación de la existencia de diferentes focos de atención y de la necesidad de obtener buenos resultados en función de la rapidez con la que éstos se pueden cambiar superando cualquier distracción, consideramos que es un enfoque erróneo del entrenamiento psicológico aplicado al deporte.




  • La mejora de la concentración como consecuencia del mantenimiento de la atención en condiciones adversas. Este tipo de entrenamiento suele realizarse con el del punto anterior y se refiere a los momentos en los que un deportista puede “entrar” en disputas dentro de la competición que esté disputando, de manera que le descentran. Estas distracciones pueden ser externas (como una dura entrada o una cartulina amarilla que no se merece), e internas (como sus propios pensamientos y emociones). El modo de entrenar estos aspectos consiste en provocar distracciones continuas, de manera que necesiten responder de forma óptima en esas condiciones. Pensemos, por ejemplo, en los problemas y miedos que tiene un guardameta en los saques de esquina y en el juego aéreo; de manera paulatina le haremos someterse a distracciones mayores como un contrario que tenga solo la misión de molestarle en la salida, de manera que aprenda a reaccionar en ese tipo de situaciones.




  • La mejora de la concentración en función de la duración de la competición. No cabe duda de que una de las dimensiones de la concentración es la necesidad de mantenerla durante el tiempo que dure la competición –por ejemplo, los noventa minutos de un partido-. Si bien esto es cierto, no cabe la menor duda de que esta relación no es lineal, sino más bien curvilínea y motivada por las numerosas interrupciones que pueden suceder. Nuestro planteamiento en su trabajo aplicado al campo se dirige, más que a entrenar la concentración como resistencia a la monotonía, trabajarla respecto a la recuperación del nivel de activación y de concentración en cada momento de interrupción, de manera que éstos afecten lo menos posible y, por el contrario, motiven la “lectura de su propia actuación hasta el momento” para propiciar que, si las condiciones son negativas y se están pasando apuros, se pueda atacar la concentración del contrario mediante la adecuación de la ruptura del ritmo de competición empleando varias estrategias -siempre dentro de la normativa del juego limpio que exige el reglamento-.




  • La mejora de la concentración en los deportes colectivos en condiciones en las que se deben tomar decisiones tácticas complejas. El punto de vista del que partimos es que, en este tipo de deportes, la táctica explica todo el trabajo psicológico, técnico y físico que se debe realizar con el equipo. Si no se entiende este planteamiento resulta complejo comprender la necesidad de entrenar la concentración en condiciones en donde la complejidad de las situaciones exigen tomar decisiones complejas. La diferencia entre un buen y un gran jugador quizás radica en que éste último ha aprendido a dirigir todos sus recursos de manera óptima hacia las variables pertinentes en situaciones en donde el buen jugador no es capaz de obtener la máxima ventaja posible. Consideramos, por lo tanto, que resulta absolutamente necesario el entrenamiento en estas condiciones para confrontar al jugador ante las numerosas condiciones del juego que le pueden perjudicar y permitirle solucionarlas de un modo óptimo.




  • La mejora de la concentración respecto al mecanismo de ejecución motriz. Esta parte del entrenamiento de la concentración exige implicar también las variables que implican que el deportista necesite responder técnicamente ante las demandas de la situación, siendo capaz de mantener la concentración en todo momento aun cuando las demandas técnicas son muy exigentes. En el fútbol, un delantero que afronta un “uno contra uno”, no debe bloquearse pensando en la mejor solución posible, sino que necesita responder de un modo automático a esas situaciones para poder maximizar su rendimiento. Aún sin darse cuenta, en el momento en el que los técnicos trabajan la técnica están trabajando al menos en parte, la concentración del jugador puesto que, entre otras cosas, impiden que se produzcan errores posteriores que conllevan posibles distracciones del juego.




  • La mejora de la concentración tras varios errores consecutivos. Cuando un deportista comete varios errores seguidos, aumenta la probabilidad de que pierda la confianza y, como consecuencia, de que tenga más pensamientos de este tipo y de que su ansiedad aumente provocando un empeoramiento de las destrezas técnicas más sutiles. Como en el ARD estos errores se producen, resulta necesario preparar al deportista para que sepa responder ante ellos, sepa “levantarse” y pueda conseguir un buen rendimiento.

Este tipo de ejercicios pretenden provocar errores de ejecución (sin que el deportista conozca que éste es el objetivo) y, contando con la ayuda del técnico como variable de presión, provocar los errores lógicos de ejecución de manera que, a partir de ahí, entrenemos las técnicas más elementales del control del pensamiento para mejorar el rendimiento.

Una última recomendación en este sentido es hacer que los calentamientos previos sean siempre con aquellas variables que ayuden a mejorar la confianza de los deportistas –en el caso del fútbol, por ejemplo, que se realicen con balón-. En consonancia con este ejemplo y continuando con la línea argumental, en los partidos se puede observar con claridad meridiana como los jugadores suplentes calientan en la banda realizando ejercicios de acondicionamiento físico general, de manera que suelen entrar en el terreno de juego sin tener las sensaciones que propician una adecuada confianza en sus posibilidades. En el momento en el que se comienza a perder, correlaciona de manera estrecha con la pérdida de la concentración y la génesis de pensamientos negativos sobre la suplencia, la imposibilidad de rendir como lo hacía el jugador en etapas anteriores de su carrera deportiva, etc. Desde nuestro punto de vista, en este caso, el contacto con el balón mediante pases cortos y largos debería estar siempre presente en los jugadores suplentes, de manera que la salida al campo supusiera una continuidad respecto al calentamiento previo que se ha realizado.



8.4. Limitaciones del entrenamiento psicológico aplicado al campo
A lo largo de este último punto del capítulo vamos a presentar algunas de las limitaciones más comunes que detectamos que existen en el trabajo de entrenamiento de campo que hemos propuesto en este capítulo. En concreto, las principales críticas que le podemos formular son las siguientes:


  • Este tipo de trabajo es pionero en el enfoque psicológico deportivo actual, de manera que resulta absolutamente necesario que se abran vías de investigación y desarrollo que demuestren los sistemas que se revelan más eficaces, el nivel de mejoría de cada uno de ellos en el terreno deportivo, el número mínimo imprescindible para que se produzcan mejoras evidentes, así como, si se trata de deportes colectivos, establecer las necesidades particulares derivadas de los puestos concretos dentro del campo que ocupan cada uno de los jugadores.

En este sentido, la evaluación de necesidades en el propio campo es también muy importante y consideramos que será uno de los caminos principales de trabajo e investigación que marquen los próximos años. Al igual que sucede en el terreno de la educación física en donde se ha producido un giro evidente en la investigación hacia una vertiente más ecológica de la misma, también la psicología debe responder a las principales preguntas que se le presentan en el propio terreno de juego más que en el laboratorio en donde todas las situaciones están controladas porque una vez más remarcaremos que todo el trabajo, en los deportes colectivos, se explica a partir del componente táctico del juego que, como ya vimos en el primer capítulo, posee un carácter abierto de continuo cambio y es a partir de este planteamiento como debe comprenderse el entrenamiento psicológico.


  • No existen panaceas, solo trabajo y orientaciones en el entrenamiento. Con esto queremos subrayar que este tipo de trabajo no va a impedir que existan situaciones, como muchas veces piensan los entrenadores, en las que el deportista pueda perder la concentración y se pierda. Lo que buscamos es aumentar los recursos del deportista para que los efectos sean lo menos negativos posibles y se pueda hacer de esa situación un nuevo reto de aprendizaje que reduzca la probabilidad de que se pierda la concentración.




  • Por otra parte, como ya sabemos por las investigaciones realizadas por la psicología social acerca de la “desgana social” o “efecto Ringelman” en donde el resultado final obtenido en actividades que exigen de la participación de un quipo se presenta como claramente inferior al supuesto de antemano si se analiza la calidad de cada uno de sus integrantes, parece evidente que el trabajo psicológico y de entrenamiento en general debe presentarse en pequeños grupos de cinco o seis deportistas a lo sumo, en donde este efecto se reduzca al máximo y se pueda maximizar el rendimiento deportivo.




  • Como ya se han comentado en párrafos anteriores, una de las principales limitaciones de este tipo de trabajo estriba en la pobre formación que posee el psicólogo del deporte en el terreno deportivo. Somos contrarios, en este sentido, a la labor del psicólogo ajeno a la realidad del deporte en el que trabaje.




  • El tiempo disponible puede provocar que este tipo de entrenamiento más específico deba integrarse en el planteamiento más general desarrollado por el entrenador. En este caso es importante destacar que puede esperarse que los efectos del mismo sean menores, por lo que la responsabilidad del psicólogo debe percibirse también como más limitada en estos aspectos. Somos partidarios de asumir al máximo las responsabilidades de nuestro trabajo pero para que pueda hacerse deben garantizarse unas mínimas condiciones de entrenamiento que permitirán conseguir ciertos resultados y no otros. Este aspecto es importante por las expectativas erróneas que pueden formarse en la mente del entrenador; nuevamente debemos señalar que el entrenamiento psicológico de campo, al igual que el resto del trabajo que se desempeña con la plantilla, no es una pócima mágica que asegura el mejor resultado posible, pero sí que aumenta las probabilidades de conseguirlo.




Gráfico 8.3: El trabajo psicológico no evita que en situaciones como las de la imagen, en la que el portero acaba de encajar un gol, no existan emociones negativas ni sentimientos de rabia, pero sí que permite tener herramientas para reconducir la situación.

8.5. Consideraciones finales

Las nuevas vías de trabajo y de entrenamiento que están presentes en el ARD exigen, como hemos podido analizar a lo largo de los diferentes puntos de este capítulo, que las diferentes ciencias implicadas en el rendimiento deportivo puedan integrar sus esfuerzos para que los resultados se optimicen y se obtengan los mayores beneficios posibles de nuestros jugadores y equipos.


En este sentido, la psicología del deporte aplicada necesita llevar los conocimientos teóricos que posee al ámbito en donde se produce la realidad competitiva, es decir, al campo de entrenamiento. Además de las numerosas ventajas que hemos ido detallando, hablar de la posibilidad de realizar un trabajo psicológico en el campo de entrenamiento hace posible que se abran nuevas perspectivas y líneas de investigación con las que, en un futuro que esperamos próximo, se puedan ofrecer algunas respuestas relevantes a muchas de las preguntas que se suscitan en la actualidad y ante las que consideramos que es muy complicado ofrecer una respuesta satisfactoria desde un laboratorio que poco tiene que ver con la práctica deportiva.

Al igual que sucede con el resto de factores implicados en el rendimiento deportivo, nos parece relevante volver a destacar que, en el caso de los deportes colectivos, los psicológicos sólo pueden encontrar significado a partir del componente táctico, puesto que es la brújula principal que dirige y marca los pasos en los que hay que orientar el trabajo que se desee realizar con el equipo. Si se aparta el entrenamiento de la realidad en la que se ve inmerso el propio jugador, se está modificando una parte esencial del juego que constituye su esencia.

En este sentido, el trabajo que debe realizar el psicólogo del deporte es el de tratar de asemejar al máximo las condiciones y obstáculos psicológicos que se producen en las competiciones, en los diferentes ejercicios de entrenamiento que, como ya hemos descrito, pueden ser realizados por el mismo psicólogo, siempre y cuando posea una formación adecuada y esté autorizado y supervisado por el entrenador, o puede llevarlo a efecto éste último introduciendo, dentro de su propia metodología, aspectos que complementen los ejercicios que se realicen.

Por último, respecto al debate que existe en la actualidad acerca de la idoneidad de realizar un entrenamiento más globalizado o más analítico y que también alcanza de lleno a la filosofía que subyace a los aspectos mencionados en este capítulo, partimos de que el primero iguala en mayor medida las condiciones reales de la competición y en realidad ahí radica su verdadero interés mientras que, por otro lado, un entrenamiento más analítico puede servirnos de ayuda en momentos puntuales en los que nos interese trabajar algunos aspectos concretos del juego aunque, como es lógico, deberemos conocer los límites que presentan porque a buen seguro que será sólo una parcela de la realidad a la que estemos atendiendo.



PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN


  1. Cita las principales ventajas e inconvenientes que encuentras en la evaluación de las principales habilidades psicológicas en el campo de entrenamiento. Justifica tu respuesta respecto al deporte en el que trabajas.

  2. ¿Qué figuras consideras que deben integrar el cuerpo técnico en el que trabajas para poder desarrollar este tipo de pruebas?.

  3. Cita los objetivos básicos del entrenamiento psicológico aplicado al campo/cancha.

  4. Céntrate en un deporte, el que quieras, y trata de explicar algunas conductas que observas que se realizan, aunque sea de un modo “informal” y desestructurado, para mejorar las destrezas psicológicas de los deportistas.


CUARTA PARTE

EL ENTRENAMIENTO Y MEJORA DE LAS PRINCIPALES HABILIADES PSICOLÓGICAS DEL ARD: EL EJEMPLO DEL FÚTBOL
A lo largo de esta última parte del módulo, pasamos a presentar tres habilidades psicológicas que consideramos fundamentales en el ARD: la concentración, la gestión de la ansiedad y la motivación.

Cada una de las propuestas de entrenamiento que proponemos, se enmarcan dentro de la práctica real que llevamos realizando durante más de cinco temporadas en el fútbol, de ahí que utilicemos este deporte como línea de referencia para que, a partir de él, cada alumno pueda modificar los aspectos implícitos a su propio deporte de interés, de manera que pueda aplicar los contenidos como mejor convenga.



Cualquier duda sobre este proceso de adaptación se tratará en las sesiones presenciales, de tal manera que se pueda responder a las expectativas individuales que cada alumno posee.

CAPITULO 9. LA CONCENTRACIÓN Y SU APLICACIÓN EN EL ARD
9.1. Introducción
La concentración puede definirse, según González (1992), como “la focalización de toda la atención en los aspectos relevantes de una tarea, ignorando o eliminando los demás. Lo específico de la concentración es que se trata de dirigir la totalidad de la atención y no sólo una parte de ella a la tarea que estemos ejecutando”. En este sentido, la concentración se entiende como la capacidad que debe poseer todo deportista para dirigir su atención hacia los estímulos pertinentes en cada momento, lo que implica que exista, además, una relación muy estrecha con la duración de la competición que se disputa. En esta línea de trabajo y de pensamiento, nos parece pertinente y relevante recalcar la importancia que tiene el trabajo psicológico en concentración para permitir que el deportista se encuentre “metido” en la competición.
La concentración es, sin duda, una de las claves más importantes que se pueden poner al servicio del deportista para mejorar su rendimiento. De hecho, las alusiones a la concentración son muy frecuentes entre los deportistas y los entrenadores. Algunos ejemplos podrían ser afirmaciones como las siguientes: “tienes que estar más atento a la jugada...”, “la falta de concentración al principio del partido ha marcado el desarrollo del encuentro...” ó “si este jugador no saltase al campo tan descentrado sería excelente”. Es muy frecuente, incluso, escuchar como se explica un mal resultado por la falta de concentración, ya sea en momentos críticos puntuales de la competición, o durante todo su desarrollo.
Para poder dar respuesta a la pregunta sobre cómo es posible que se evalúe, entrene y se trabaje la concentración, es necesario que previamente hayamos podido comprender qué aspectos son los que subyacen a este constructo teórico porque una de sus características principales, como se puede apreciar en las frases que acabamos de mencionar, es que se confunden fácilmente las lindes de este término y, bajo una aparente manifestación de falta de concentración, puede hallarse oculto un simple déficit de ausencia del control del nivel de activación, por lo que, al igual que ocurre con cualquier problema, algo absolutamente necesario para su evaluación es conocer correctamente sus posibles manifestaciones y los diferentes cuadros que puede presentar.
En este sentido podemos afirmar que en la concentración hay dos aspectos fundamentales que influirán en el planteamiento que realicemos para evaluarla: por un lado está la atención en las señales ambientales pertinentes, eliminando por tanto las que no lo son, y por el otro está el mantenimiento de ese foco atencional. Todo proceso de evaluación de la concentración debería dirigirse, al menos, hacia el intento por conocer en qué medida el deportista es capaz de atender a los estímulos significativos para él y , en el caso de los deportes colectivos, que se encuentran vinculados a la demarcación que ocupa dentro del equipo y a la misión táctica encomendada por el entrenador y, al mismo tiempo, a conocer en qué medida es capaz de mantener niveles óptimos adecuados de concentración durante las diferentes fases o periodos que podemos diferenciar en el desarrollo de la competición.

Un ejemplo, tomado del fútbol, del primer aspecto al que hacemos alusión, sería el de un penalti: está claro que el jugador debe tener la máxima seguridad posible y que su foco atencional debe centrarse en el balón, en la portería y, a lo sumo, en el portero, puesto que son las tres variables que participan en la acción. Los demás estímulos que pueden distraerle de su óptima actuación deberán dejarse fuera (pensemos por ejemplo en el portero que coge el balón y pretende ponerle nervioso colocándolo él mismo; o en el público que le silba para provocarle el error en el lanzamiento, etc.). Un fenómeno que se produce en la mayor parte de estas situaciones es el que hace referencia al análisis sobre el juego estratégico que se produce entre ambos jugadores, donde el objetivo de uno de ellos, el portero, consistirá en descentrar al otro, que tiene la ventaja "a priori" (puesto que realiza el primer movimiento), de tal forma que intentará descentrarle y hacerle dudar para que su atención se centre en aspectos a los que no debe atender (uno de los principales enemigos de todo jugador son sus propios pensamientos de duda sobre su capacidad, pensamientos que, como ya veremos en el apartado correspondiente, tienen una mayor probabilidad de aparecer si la situación se evalúa como amenazante).


Respecto al segundo, es esencial comprender sus connotaciones diferenciales respecto al primero: una cosa es estar concentrados en un momento concreto y otra diferente (aunque pueden y es deseable que se den a la vez) es ser capaz de mantener esa concentración durante un periodo de tiempo prolongado. Si aplicamos esta línea argumental al ejemplo del fútbol, el tiempo de juego propicia, debido a su larga duración y a que el jugador no tiene por qué estar participando de forma continua en todas las acciones del equipo, oportunidades para desviar la atención y dejar que la tarea y el momento del partido sean lo que ocupe la mente del futbolista (al contrario de lo que sucede en otros deportes, como por ejemplo en el baloncesto o el fútbol-sala, en los que las acciones son muy rápidas y el jugador se encuentra más fácilmente implicado en el juego -de ahí que sean deportes positivos para entrenar la capacidad de mantenimiento de la atención en el juego durante un tiempo relativamente largo-).
Por otro lado, debemos de considerar el número de ocasiones en las que el juego se ve interrumpido y la duración de éstas. No resulta extraño pensar que un deportista debe poseer una elevada capacidad de concentración para que sepa responder en todo momento a las demandas del partido. Un ejemplo muy claro en este sentido es la demarcación del portero, puesto que sus características básicas le obligan a intervenir en ocasiones puntuales pero a manifestar una elevada eficacia y eficiencia, de modo que un portero que posea unas grandes condiciones técnicas, pero que no sea capaz de responder acertadamente ante las acciones esporádicas del contrario (que en algunos partidos que se disputan contra rivales inferiores pueden ser un par o tres a lo sumo), será un portero incompleto y totalmente prescindible. Lo mismo ocurriría con cada uno de los puestos de juego, ya que su especificidad es tan importante que nos exige realizar un pequeño análisis individual de cada uno de ellos de manera que se defina correctamente el tipo esencial de concentración que se debe poseer y, en consecuencia, cómo debe enfocarse su evaluación y su posterior entrenamiento.


Gráfica 9.1. La capacidad para mantener la concentración en momentos como éste, en el que el equipo ha encajado un gol, resulta necesaria en el fútbol de competición.





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