Imperialismo monetario



Descargar 4.15 Mb.
Página1/20
Fecha de conversión05.06.2018
Tamaño4.15 Mb.
Vistas446
Descargas0
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

Paper - La era de la desigualdad (¿consecuencia directa del “imperialismo monetario”?) - Parte II



- Verba: viejas y queridas causas perdidas o la amargura de la victoria (el riesgo inmoral)

En el Paper - Un análisis sobre la desigualdad de los ingresos (ganadores y perdedores de la crisis financiera mundial) - La Economía del Malestar (el fin de la cohesión económica y social), publicado el 15/7/11, decía:



Un largo viaje a ninguna parte
En los últimos 25 años, la desigualdad de los ingresos ha aumentado en la mayoría de los países y regiones. Aunque el ingreso per cápita se ha incrementado en casi todas las regiones incluso para los segmentos más pobres de la población, los ingresos de los grupos relativamente acomodados han aumentado a un ritmo más rápido.
Los avances tecnológicos son el factor que más ha contribuido al aumento reciente de la desigualdad. El desarrollo de la globalización financiera -y la inversión extranjera directa en particular- también ha contribuido a aumentar la desigualdad, sobre todo en las economías avanzadas. El progreso tecnológico en sí mismo explica la mayor parte del aumento de la desigualdad desde principios de los años ochenta, lo que coincide con la opinión de que la nueva tecnología, tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo, incrementa la prima por nivel de cualificación y reemplaza los insumos relativamente poco cualificados.
La desigualdad en la renta no es consecuencia de la crisis financiera. Las explicaciones de la desigualdad deben buscarse en premisas desechas hace tiempo mediante razonamientos lógicos (que luego se demostraron falsos).
La desigualdad económica se ha incrementado durante el período conocido como la “era de la globalización”. En un mundo que se veía a sí mismo como próspero, igualitario y de pleno empleo, los pobres eran “otros”. La pobreza se llegó a definir como algo ajeno al sistema capitalista, y no como una extensión de éste.
En ese terreno de juego (“la Tierra es plana”) los debates sobre la desigualdad se centraron en una cuestión de oferta y demanda. ¿Se debe el incremento de la desigualdad al aumento de la demanda relativa de (un incremento en la productividad física marginal de) los trabajadores altamente cualificados? ¿O se debe a un incremento de la oferta efectiva de trabajadores de baja cualificación, mediante la inmigración o el comercio, que ha reducido su salario (en un esquema de productividad marginal fijo)? En ambos casos, los argumentos se atienen completamente al paradigma de la productividad marginal y el mecanismo de mercado.
¿Cuál es la relación entre la desigualdad y el desempleo? Probablemente, esta pregunta sea una de las cuestiones de debate más importantes en la economía política de Europa, y es relevante para otras regiones con vínculos transnacionales crecientes, incluyendo Estados Unidos.
Una interpretación dominante explicaba que las tasas de desempleo en Europa estaban causadas por los generosos sistemas sociales del continente y las rígidas estructuras salariales, o, en otras palabras, por la igualdad que constituye el objetivo característico de la socialdemocracia.
Bajo esta perspectiva, los (otrora) bajos niveles de desempleo en Estados Unidos se deben (deberían) a los mercados laborales flexibles del país, la voluntad para tolerar la creciente desigualdad salarial y el nivel absoluto de la desigualdad salarial.

Como luego se demostraría, esta interpretación resultó sorprendentemente inconsistente con los hechos. Por ejemplo, suponía que, dentro de Europa, los países con mayor desigualdad deberían tener menos desempleo. También parece suponer que los países con niveles salariales altos deberían tener más desempleo, y ciertamente, no menos que los países con salarios inferiores. Pero ocurre justo lo contrario en ambos casos. En Europa, el desempleo siempre ha sido más elevado en los países con salarios menores.


Muchos países vieron como aumentaba la desigualdad en la “era de la globalización”, este resultado no puede sorprendernos: los países liberalizadores se vieron forzados a adaptarse a la pauta global. Esto nos conduce a una profunda reflexión. Parece que la modernización basada en las exportaciones es inherentemente un juego de suma cero para la distribución de la renta en los países. Esto es, la mejora de las distribuciones en el empleo en un país conduce a una destrucción que no es especialmente creativa y a un empeoramiento de la desigualdad en el resto de los países, a través de la distribución de los puestos de trabajo.
En una economía mundial liberalizada y globalizada, sólo una compresión de las estructuras de los ingresos puede crear un contexto adecuado para que la igualación se imponga en la escena de desarrollo global. Pero esta situación se desconoce en la escena mundial desde los años setenta.
No puedo responder la pregunta habitual de si la desigualdad es buena para el crecimiento. Sin embargo, la evidencia me permite, aunque no firmemente, ofrecer una respuesta a la pregunta contraria. En la mayoría de los países, el crecimiento es bueno para la igualdad; de hecho, el crecimiento rápido parece ser un requisito indispensable para la igualación salarial. Por el contrario, el crecimiento débil en la mayoría de los países ha resultado un desastre para la igualdad.
No parece que importe si el crecimiento se logra mediante la sustitución de importaciones o mediante el crecimiento rápido de los sectores exportadores de salarios altos. El problema es que el crecimiento rápido de esos sectores exportadores es una solución a la desigualdad sólo al alcance de pocos países. Por tanto, una reducción de la desigualdad a nivel global requeriría una vuelta a la sustitución de importaciones y unas estructuras salariales con base nacional (o regional), o bien un ritmo de crecimiento mundial sustancialmente más alto.
La tendencia que predomina en el mundo actual es hacia un aumento de la desigualdad. Las liberalizaciones han provocado siempre un empeoramiento y sólo unos pocos países en desarrollo han escapado a este efecto mediante la mejora de sus estructuras de empleo, lo cual es una proeza que sólo algunos pueden lograr.
Las últimas décadas han sido muy malas para buena parte del mundo desarrollado (y algunos países en desarrollo). Con la liberalización y la globalización, los países han quedado más expuestos a las condiciones globales, precisamente cuando éstas han empeorado drásticamente. En realidad, el resultado fue un fracaso de coordinación global. La crisis reciente ha evidenciado que ni siquiera hemos comenzado a idear las formas y los medios para establecer un crecimiento estable y una desigualdad decreciente en un mundo liberal. A menos que, y hasta que, este problema sea resuelto, es razonable concluir que a largo plazo el orden mundial neoliberal no puede, no podrá, y probablemente no debe perdurar…
La economía del malestar
Si uno le pregunta a una persona común y corriente cuáles son los principales problemas que el mundo enfrenta en la actualidad, es probable que una de las primeras cosas que mencione sea la -desigualdad y la pobreza. Existe la preocupación generalizada de que el crecimiento económico no se está compartiendo en forma equitativa. Una encuesta realizada por la BBC en febrero del 2008 indica que aproximadamente dos terceras partes de la población de 34 países pensaba que -el desarrollo económico de los últimos años no se ha compartido de manera equitativa. En Corea, Portugal, Italia, Japón y Turquía, más del 80% de los encuestados estuvieron de acuerdo con esa aseveración. Existen muchos otros estudios y encuestas que indican lo mismo.
¿Así que la gente tiene razón al pensar que “los ricos se enriquecieron más y los pobres se empobrecieron más”?
Aspectos que caracterizan la distribución del ingreso familiar en los países de la OCDE


  • Algunos países tienen una distribución del ingreso mucho más desigual que otros; independientemente de la forma en que se mida la desigualdad.



  • Los países con una distribución del ingreso más amplia también tienen una pobreza de ingresos relativa mayor, con sólo unas cuantas excepciones.




  • Tanto la desigualdad en los ingresos como el recuento de la pobreza (basados en un umbral de mediana de ingresos del 50%) han aumentado durante los dos últimos decenios. El aumento es bastante generalizado, afecta a dos tercios de todos los países. El aumento es moderado pero importante (promedia alrededor de 2 puntos para el coeficiente Gini y 1.5 puntos para el recuento de la pobreza).




  • La desigualdad en los ingresos ha aumentado considerablemente desde el año 2000 en Canadá, Alemania, Noruega, Estados Unidos, Italia y Finlandia; y ha disminuido en el Reino Unido, México, Grecia y Australia.




  • En forma general, la desigualdad ha aumentado porque a las familias ricas les ha ido particularmente bien comparadas con las de la clase media y con las que se ubican en la parte inferior de la distribución del ingreso.




  • La pobreza de ingresos entre los ancianos ha seguido bajando; mientras que la pobreza entre los adultos jóvenes y las familias con niños ha aumentado.




  • La gente pobre en países con un alto ingreso medio y una distribución del ingreso amplia (como Estados Unidos) pueden tener un nivel de vida inferior al de la gente pobre de países con un ingreso medio más bajo pero con distribuciones más estrechas (Suecia). A la inversa, la gente rica de países con bajos ingresos medios y distribuciones amplias (Italia) pueden tener un nivel de vida más alto que la gente rica de países donde el ingreso medio es más alto pero la distribución del ingreso es más estrecha (Alemania).

Factores que han impulsado los cambios en la desigualdad en los ingresos y en la pobreza a lo largo del tiempo


  • Los cambios en la estructura de la población son una de las causas de mayor desigualdad. Sin embargo, eso se refleja principalmente en el crecimiento de la cantidad de adultos que viven solos y no en el envejecimiento demográfico en sí.




  • Los ingresos de los trabajadores de tiempo completo se han vuelto más desiguales en casi todos los países de la OCDE. Eso se debe a que quienes ganan mucho están ganando aún más. Es probable que la globalización, el cambio tecnológico que favorece las habilidades y las políticas e instituciones del mercado laboral en conjunto hayan contribuido a ese resultado.




  • El efecto de las discrepancias salariales más amplias en la desigualdad en los ingresos se ha compensado con mayor empleo. Sin embargo, las tasas de empleo entre la gente con menos estudios han bajado y la cesantía de las familias sigue siendo alta.



  • Los ingresos de capital y los ingresos por trabajo autónomo se han distribuido con mucha desigualdad y más aún durante el último decenio. Estas tendencias son una causa muy importante de las desigualdades más amplias en el ingreso.




  • El trabajo es muy eficaz para atacar la pobreza. Las tasas de pobreza entre las familias desempleadas son casi seis veces más altas que las de las familias con trabajo.




  • Sin embargo, el trabajo no basta para evitar la pobreza. Más de la mitad de toda la gente pobre pertenece a familias con algunos ingresos, debido a una combinación de pocas horas trabajadas durante el año y a los bajos salarios o a ambos factores. Reducir la pobreza laboral a menudo requiere beneficios laborales que completen los ingresos.

Al momento de redactar este Apartado (febrero de 2011), los primeros problemas sociales (Túnez, Egipto…) se están empezando a ver: los riesgos geopolíticos no van a dejar de crecer en los próximos meses. Eso, a fin de cuentas, es lo que suele ocurrir históricamente cuando a una crisis financiera se le suma una crisis económica de estas dimensiones, especialmente en zonas geográficas donde además hay carencias de todo tipo y, sobre todo, grandes desigualdades. Atentos a las desigualdades porque van a dar tremendos quebraderos de cabeza.

Los problemas derivados del altísimo endeudamiento público y privado no van a desaparecer rápidamente, las dificultades devenidas de la montaña de deuda acumulada están aquí para quedarse durante mucho tiempo. Gobiernos y mercados están mirando a 2011, pero lo realmente preocupante no es este año sino el próximo lustro, prácticamente la próxima década: algunos países van a tener que hacer algo, y pronto, para que no veamos graves problemas o al menos un larguísimo estancamiento. Va a haber muchos periodos de volatilidad, porque así son las poscrisis con alto endeudamiento: los shocks pequeños se amplifican. Eso para los países desarrollados. Para los emergentes, ahí está de nuevo la inflación y el fantasma de una nueva burbuja. Y para todo el mundo, tal vez la mayor amenaza son las tensiones políticas, las crisis sociales, de las que hemos visto sólo el principio. Los beneficios de las multinacionales están creciendo y la participación de los trabajadores en el reparto de la riqueza ha estado cayendo: ése es un problema global.

En toda Europa, Asia y América, las corporaciones nadan en efectivo, mientras su implacable búsqueda de eficiencia sigue generando enormes ganancias. Sin embargo, la porción de la torta que les corresponde a los trabajadores se está reduciendo, gracias al alto desempleo, a las jornadas reducidas de trabajo y a los salarios estancados.

Paradójicamente, la realidad es que las mediciones de desigualdad de ingresos y riqueza entre países están cayendo, gracias a un crecimiento robusto constante en los mercados emergentes. Pero a la mayoría de la gente le importa más lo bien que le va en relación a sus vecinos que a ciudadanos de tierras lejanas.

A los ricos les está yendo esencialmente bien. Los mercados bursátiles globales se recuperaron. Muchos países son testigos de un crecimiento vigoroso de los precios de la vivienda, de las propiedades comerciales o de ambos. Los renacientes precios de las materias primas están creando enormes ingresos para los dueños de minas y pozos petroleros, incluso a pesar de que las subas de precios de los alimentos básicos están desatando disturbios, si no completas revoluciones, en el mundo en desarrollo. Internet y el sector financiero siguen desovando nuevos millonarios y hasta multimillonarios a un ritmo asombroso.

Las causas de la creciente desigualdad en el interior de los países son bien entendibles, y ya han sido desgranadas aquí. Vivimos en una época en la que la globalización expande el mercado para los individuos ultra talentosos, pero hace que la competencia deje afuera a los empleados comunes. La competencia entre países por individuos calificados e industrias rentables, a su vez, limita la capacidad de los gobiernos de mantener impuestos elevados a los ricos. La movilidad social está aún más afectada porque los ricos les brindan a sus hijos una educación privada y ayuda post-escolar, mientras que los más pobres en muchos países no pueden permitirse ni siquiera que sus hijos sigan yendo a la escuela.

En el siglo XIX, Karl Marx observó maravillosamente las tendencias de desigualdad en sus días y concluyó que el capitalismo no podía sustentarse políticamente de manera indefinida. Llegado el caso, los trabajadores se levantarían y derrocarían el sistema. Transcurrida la primera década del siglo XXI, aún se espera que llegue el caso… Mientras, fuera de Cuba, Corea del Norte y unas pocas universidades de izquierda en todo el mundo, ya nadie se toma en serio a Marx.

Sin embargo, en un momento en que la desigualdad alcanza niveles similares a los de hace 100 años, el statu quo tiene que ser vulnerable. La inestabilidad puede expresarse en cualquier parte. Fue apenas hace poco más de cuatro décadas que los disturbios urbanos y las manifestaciones masivas sacudieron al mundo desarrollado, catalizando en definitiva reformas sociales y políticas de amplio alcance…

En el Ensayo: El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo (Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero) - (Parte II), publicado en Junio de 2013, decía:

(Apartado 10) - Canción triste de Main Street (el Día de la víctima)

Asalto a la ilusión

Cuando era pequeño, mi padre, hijo de inmigrantes (que sabía muy bien lo que era la pobreza), me decía: si tú estudias y terminas la escuela primaria, nunca tendrás que ser peón de campo… si terminas el colegio secundario, nunca tendrás que ser peón de albañil… y si terminas la universidad… tendrás la vida asegurada.

Ese “paradigma” fue cierto hasta en la remota, falaz y fugaz Argentina. Ese país donde alguna vez sus pobladores se creyeron que eran ingleses que hablaban en francés, y un día descubrieron que eran italianos que hablaban en español. Ese país que se creyó elegido por Dios, para que en sus campos creciera de noche lo que no se podían comer durante el día. Ese país que estaba predestinado al éxito y terminó siendo el mayor ejemplo mundial de fracaso económico.

Así y todo, al menos hasta los años 80, ese proyecto de vida fue cierto. El ascensor social funcionaba. Los hijos (en la mayoría de los casos) superaban a sus padres en “calidad” de trabajo, “nivel” de remuneración y “progreso” social. En definitiva mi padre tuvo razón y sus dos hijos universitarios… tuvieron la vida asegurada.

Después paso lo que pasó en Argentina, y eso ya es otra historia…

Luego de casi 25 años de exilio voluntario en la “avanzada” Europa, ¿podría hacer a mis hijas (o nietos) el planteo que mi padre me hizo en la lejana Argentina, allí por 1950?

¿Pueden hoy los jóvenes, mejor preparados que sus padres (en un gran porcentaje), esperar un nivel de vida más alto que el de sus padres? No digamos un mejor nivel de vida… ¿al menos un trabajo mejor que el de sus padres? No digamos un trabajo mejor… ¿al menos un trabajo?

Todas las respuestas son NO. Con un 50% de paro juvenil, no hay casi ninguna (podría decir, ninguna, sin pecar de pesimismo) probabilidad de que puedan tener un mejor trabajo que sus padres. “Década perdida” o ¿generaciones perdidas?…

Y no estoy hablando de los ni nis (que va de suyo), sino de graduados universitarios (a veces, con masters e idiomas). Un 20% de paro juvenil universitario, varios años de espera antes de tener un primer empleo. Becarios eternos, estudiantes aparcados en guarderías universitarias (el master del master, el idioma del idioma…). “Talludos” que se ven obligados a continuar viviendo “con” sus padres o (peor aún) “de” sus padres.

Han destruido el mercado de trabajo, han roto el ascensor social, han limitado las posibilidades de constituir nuevas familias, han cercenado la natalidad…

Han transformado el Primer Mundo en el Tercer Mundo. Lo que se dice, todo un éxito. Bravo por la financierización de la economía, por la globalización, por el librecambio, por la desregulación, por la privatización, por la deslocalización, por la competitividad, por la economía de casino, por la turboeconomía, por la economía de “manos libres”. Bienvenidos al subdesarrollo.

¿Qué guerra o catástrofe natural asoló Europa para que su clase media tenga que recurrir a la Cruz Roja en busca de ayuda?

¿Qué razón hay para admitir la perspectiva de una generación perdida de gente joven, destinada a sufrir durante toda su vida lo peor del desempleo y sus condiciones sociales?

¿Qué siniestro ha ocurrido en los EEUU donde desde enero de 2009 el número de estadounidenses que necesitan cupones de comidas se ha disparado desde los 32 millones hasta los 43 millones?

¿Qué acontecimiento trágico ha ocurrido en el Reino Unido para que el poder adquisitivo de los británicos acabara en 2011 en niveles de 2005, un estancamiento tal que hay que irse 80 años atrás en el país anglosajón para ver algo similar?

En el “Manifiesto de economistas aterrados”, escrito en 2011 en Francia por cuatro economistas galos -Philippe Askenazy, Thomas Coutrot, André Orléan y Henri Sterdyniak-, lanzado en España en abril de 2011 y al que se han adherido ya más de tres mil doscientos colegas (a enero de 2012), se denuncian las diez falsas evidencias que “se invocan para justificar las políticas que actualmente se llevan a cabo en Europa”. El análisis de estos economistas, aunque formulado con aliento socialdemócrata, conecta con una percepción que tiende a generalizarse. Porque constatan que, pese a la crisis, “no se han puesto de ninguna manera en cuestión los fundamentos del poder de las finanzas”, por lo que esta recesión requiere “la refundación del pensamiento económico”.

Para los “aterrados” expertos son falsas las siguientes evidencias: 1) la de que los mercados financieros sean eficientes; 2) la de que los mercados financieros favorezcan el crecimiento económico; 3) la de que los mercados son buenos jueces de la solvencia de los Estados; 4) la de que el alza excesiva de la deuda pública es consecuencia de un exceso de gasto; 5) la de que hay que reducir los gastos para reducir la deuda pública; 6) la de que la deuda pública transfiere el precio de nuestros excesos a nuestros nietos; 7) la de que hay que tranquilizar a los mercados financieros para poder financiar la deuda pública; 8) la de que la Unión Europea defiende el modelo social europeo; 9) la de que el euro es un escudo contra la crisis, y 10) la de que la crisis griega ha permitido por fin avanzar hacia un gobierno económico y una verdadera solidaridad europea.

Obviamente, no todas “las falsas evidencias” de los “economista aterrados” son por igual convincentes, pero lo es el predominio que ellos denuncian: la política neoliberal como única opción que viene impuesta desde los mismos centros de decisión en los que se gestó la crisis. No se trata de un problema ideológico sino empírico: el ajuste infinito nos lleva a una recesión de profundidad incalculable.

Los economistas esperan que, cerca de una cuarta parte de los 8,4 millones de empleos que fueron eliminados desde el inicio de la recesión en Estados Unidos, no volverán a ser creados y a la larga, estos deberán ser reemplazados por otros tipos de trabajo en sectores en crecimiento, según la última encuesta de The Wall Street Journal”... Según economistas, muchos empleos en EEUU no volverán a ser creados (The Wall Street Journal - 11/2/10)

¿Nuevos paradigmas? Un modelo insostenible (el daño autoinfligido): tenemos que continuar corriendo, como ardillas enjauladas. ¿Por cuánto tiempo? Mientras podamos...

Manifiesto de un economista “defraudado” (además de “aterrado”): no se puede justificar lo injustificable (escrito a principios de 2012)

No es cierto que los pobres sean los culpables de la crisis (créditos subprime).

No es cierto que las reformas estructurales se deben limitar al sector trabajo.

No es cierto que para mejorar la competitividad los trabajadores deban aceptar contratos basura y despido libre.

No es cierto que para resolver el problema del déficit público haya que limitar el gasto en sanidad, educación, pensiones y otros gastos sociales.

No es cierto que el problema de la deuda en la eurozona sea más grave que en los Estados Unidos o en el Reino Unido.

No es cierto que no se puedan restablecer el crecimiento en el corto plazo y, al mismo tiempo, abordar los problemas de la deuda en el mediano y largo plazo, como respuesta válida a la crisis.

No es cierto que los países que manejan su política monetaria necesiten del mercado para financiar su deuda.

No es cierto que el poder lo tenga el “mercado”. En los países soberanos el poder lo tiene el Estado a través de su banco central y Ministerio de Hacienda. Nunca el “mercado”.

No es cierto que (únicamente) con “rigor fiscal” se sale de la crisis. Es mucho lo que está en juego. Sin una acción audaz, Europa (me animaría a decir que EEUU también) podría verse arrastrada a una espiral bajista de deterioro de la confianza, de estancamiento del crecimiento y de menor empleo. Y ninguna región quedaría inmune ante semejante catástrofe.

Es aritméticamente imposible que todos los países en la eurozona se escapen simultáneamente de la crisis de la deuda a base de deflación. ¿Vamos a morir juntos?

Coda: puede pasar lo peor o lo mejor (viejas y queridas causas perdidas)

Estos “relatos” (de cabotaje), representan una manera “solidaria” de iniciar las “Conclusiones” sobre las “Economías Fallidas”. Se trata de resaltar el poder del dinero frente a la fuerza de la verdad. Denunciar que reinan los principales por encima de los principios. Afirmar que la economía (y la justicia) queda(n) huérfana(s) de esperanza.


Las mías son “advertencias”, no “predicciones”. Puedo estar equivocado (probablemente), pero no soy “interesado” (cómplice), ni “pluma mercenaria” (lacayo), con absoluta seguridad. A partir de esta confesión, ustedes mismos.
Una crisis camaleónica

Entre los factores que impulsaron esta crisis figuran una política monetaria expansiva que propició un aumento del endeudamiento, ya que los costes de las obligaciones financieras eran muy reducidos y la abundante liquidez hizo que los tipos de interés fueran inferiores a la inflación, con lo que los incentivos para ahorrar en vez de consumir eran menores. Una errónea evaluación del riesgo por parte de las agencias de rating y de una falta de regulación externa por parte de la Fed, y sobre todo por un exceso de avaricia por parte de los responsables de las entidades financieras.

El detonante fue la elevada morosidad de las hipotecas subprime desarrolladas a raíz del boom inmobiliario en EEUU y que se concedieron sin ningún control a clientes apodados como ninjas, personas sin renta, sin trabajo y sin activos (no income, no job, no assets). La pregunta es: ¿por qué los bancos concedieron créditos a gente que seguramente no podría pagar? Para seguir alimentando la máquina del dinero. El fin no era la concesión de créditos de vivienda en sí mismos, sino el deseo de otorgarlos para posteriormente emitir títulos respaldados por esos préstamos hipotecarios. Cuantas más hipotecas daban, más títulos podían emitir y mayor altura tomaban los precios de la vivienda, con el consiguiente efecto riqueza sobre la economía real. Sin embargo esto sólo se podía sostener si el boom inmobiliario duraba indefinidamente, pero ninguna burbuja es eterna. Y ésta se desinfló el primer trimestre de 2007, cuando por la saturación del mercado cayeron los precios de la vivienda. Ante esta situación, algunos propietarios con bajo nivel de renta, al ver que el valor de la vivienda quedaba por debajo del valor hipotecado empezaron a no pagar los préstamos y a devolverles las llaves de las casas al banco. De este modo nacieron los activos tóxicos, en el sentido de que el valor subyacente de las titulizaciones de las hipotecas era mucho menor al de los bonos emitidos.

Pero, el principal problema vino a la hora de asumir e identificar el riesgo de los activos. Ya que, estas hipotecas una vez concedidas en títulos transferibles, se vendieron por todo el mundo. Quienes las contrataban en EEUU eran agentes a comisión, que cobraban en función del número de hipotecas colocadas. Los ejecutivos de estas empresas no se veían afectados por el creciente riesgo que el sistema financiero asumía. Su trabajo consistía en vender hipotecas y sólo de ello dependía su sueldo. Por otra parte, los bancos a través de la titulización -convertir activos, generalmente préstamos en valores negociables en el mercado- tampoco fueron conscientes del riesgo ya que diseñaron unos instrumentos financieros llamados CDO (Collaterised Debt Obligations) con los que las entidades sacaban de sus balances activos provenientes de su negocio hipotecario, sustituyéndolos por dinero nuevo. En una operación opaca que hacía difícil saber quién era el tenedor final de ese título. Así, cuando estalló la crisis los mercados de capitales se secaron. Los bancos no sabían quiénes estaban contaminados con estas emisiones, ni en qué cuantía por lo que no prestaban dinero a nadie.

Como consecuencia de esta restricción del crédito muchos proyectos de inversión se cancelaron provocando pérdidas empresariales, caída del crecimiento económico y destrucción del empleo. Tenemos así cómo, en un tiempo récord una crisis en el sector hipotecario estadounidense se transforma en una crisis financiera y posteriormente en una crisis económica global.

Ahora la deuda es el problema

Ante esta tesitura, los Estados intervinieron a través de estímulos fiscales y dando soporte de liquidez y apoyo a los bancos. Tanto en EEUU como en Europa el riesgo de quiebra del sistema financiero propició una rápida y desorganizada ayuda a los bancos, mientras que las respuestas en política fiscal y monetaria fueron más coordinadas. En Asia la respuesta fue más tradicional y, prioritariamente, se centró en expandir el crédito y dar estímulos en ciertos sectores.

Este esfuerzo que tuvieron que realizar algunas economías para evitar el colapso de su sistema financiero -nacionalizando incluso entidades bancarias-, y desatascar la congestión de su sector productivo hizo que los niveles de endeudamiento de estos países se incrementaran notablemente y en un breve periodo de tiempo. Todo ello, unido a un crecimiento prácticamente nulo de su PIB, hizo que en los mercados financieros, comenzara a cuajar la idea de que algunos países podrían no ser capaces de hacer frente a su endeudamiento.

Un temor que cobró forma cuando, en octubre de 2009, el nuevo gobierno griego indicó que se había disimulado el verdadero tamaño de su deuda desde hacía casi una década, los problemas se dispararon en los meses posteriores, hasta que en abril de 2010 Atenas pidió el rescate y el 8 de mayo, se concedió una línea de crédito de 110.000 millones de euros para rescatar a Grecia (80.000 por parte de la UE y 30.000 del FMI), quien ahora (noviembre 2011) está pendiente de un segundo rescate. No fue la única, el 22 de noviembre de 2010 le siguió Irlanda, que percibió una ayuda de 67.500 millones de euros; y el 6 de abril del año 2011 Portugal claudicó y se le destinó un fondo de ayuda por valor de 78.000 millones. Ahora España e Italia están en el punto de mira al ubicar su prima de riesgo por encima de los 400 puntos básicos. Un nivel a partir del cual la intervención se realizó en los anteriores países.

También al otro lado del Atlántico, han tenido su particular vía crucis con la deuda. Demócratas y republicanos tras una ardua negociación alcanzaron un acuerdo para elevar el techo de endeudamiento de la economía estadounidense -que se establecía como límite en los 14,29 billones de dólares- , un acuerdo que se alcanzó in extremis el 2 de agosto de 2011 para evitar que la primera potencia económica entrara en quiebra.

Bajo los términos de lo pactado, la autorización de endeudamiento subió de inmediato en 900.000 millones de dólares, y se añadirán otros 1.5 billones para el año 2012. A cambio se aplicarán de inmediato recortes de casi un billón de dólares, mientras un comité bipartidista tiene de plazo hasta fin del año 2011 para buscar una reducción del déficit federal en otros... 2 billones de dólares (hasta el 22/11/11, no lo han logrado).

Pero los “fallos” de la economía venían de antes

El factor evidente que precipitó la crisis fue la imprudencia imperdonable del sector financiero, sumada a la insensatez de una desregulación que le dio rienda suelta. La herencia que nos dejó (capacidad excedente en el sector inmobiliario y hogares demasiado endeudados) dificulta todavía más la recuperación.

Pero la economía se encontraba muy mal ya antes de la crisis, y la burbuja inmobiliaria no hizo más que ocultar sus debilidades. Si no hubiera estado la burbuja para estimular el consumo, se habría producido una enorme escasez de demanda agregada. Lo que ocurrió en cambio fue que la tasa de ahorro personal se redujo a apenas el 1%, mientras el 80% de los estadounidenses menos pudientes gastaban cada año aproximadamente el 110% de sus ingresos. Incluso si el sector financiero se recuperara completamente y estos estadounidenses pródigos no hubieran aprendido nada sobre la importancia del ahorro, su consumo no superaría el 100% de sus ingresos.

En alguna medida Estados Unidos y el mundo fueron víctimas de su propio éxito. El acelerado aumento de la productividad en el sector industrial superó el crecimiento de la demanda, lo que supuso una reducción del nivel de empleo en ese sector. Esto implicaba un desplazamiento de mano de obra al sector de servicios.

La necesidad que tienen los Estados Unidos y Europa de retirar mano de obra del sector industrial se agrava por el cambio de las ventajas comparativas: además de que hay un límite global para la cantidad de empleos fabriles, una proporción mayor de esos puestos de trabajo se irá a otros países.

Mientras tanto, la globalización fue uno de los factores (aunque no el único) que contribuyeron a que surgiera el siguiente problema clave: el aumento de la desigualdad. Como una parte de los ingresos se trasladó de personas que los gastan a personas que no los gastan, la demanda agregada se redujo. Asimismo, el enorme encarecimiento de la energía derivó poder adquisitivo de los Estados Unidos y Europa a los países productores de petróleo, que al darse cuenta de la volatilidad de sus precios, eligieron acertadamente ahorrar gran parte de esta renta.

Las protestas durante el año 2011 por todo el mundo han expresado la preocupación de la clase media y trabajadora ante su futuro económico, el aumento de la desigualdad de los salarios y la riqueza, y la concentración de poder por la élite.

El argumento de que el 99% de la población se hunde, mientras que el 1% prospera, tal vez simplifique una realidad compleja, pero suena certero; el capitalismo no regulado y la globalización no han beneficiado a todos, y entre sus consecuencias adversas se incluyen las pérdidas masivas de empleo, un crecimiento salarial mediocre y un aumento de las desigualdades.

La desigualdad alimenta la inestabilidad sociopolítica y reduce el crecimiento económico. También conlleva la ausencia de demanda agregada que debilita el crecimiento porque redistribuye las rentas de los actores con mayor propensión marginal a gastar a los actores con mayor propensión a ahorrar.

Los levantamientos y las revueltas árabes, los últimos disturbios en Inglaterra y las protestas anteriores en ese mismo país contra los recortes de pensiones y la subida de las tasas académicas, las protestas de la clase media israelí contra el alto precio de la vivienda y la presión de una inflación alta, la preocupación de los estudiantes chilenos sobre la educación y el empleo, el vandalismo de coches caros de los peces gordos alemanes, las manifestaciones griegas contra la austeridad fiscal. Aunque no todas compartan un mismo lema, expresan (de formas diferentes) la preocupación de la clase media y trabajadora sobre su futuro económico, los problemas de acceso a las oportunidades económicas y la concentración de poder por las élites económicas, financieras y políticas.

De Obama 1.0 a Obama 2.0 (“Lo mejor está por llegar”) (escrito a finales de 2012)

¿Cómo deja el país el presidente de EEUU (Obama 1.0) al reelegido presidente de EEUU (Obama 2.0)? El paro, la deuda, el PIB,..., todo ha empeorado.

Cuando Barack Obama ganó las elecciones presidenciales encarnaba la promesa de un cambio radical. Es más, su lema repetido una y mil veces decía “Yes, we can” (sí, podemos). Cuatro años más tarde, poco ha cambiado o más bien ha empeorado.

Hoy por hoy, los datos no reflejan ningún síntoma de mejora y la crisis económica lejos de estar resuelta muestra la incapacidad de gestión del presidente estadounidense.

El paro es quizá el punto más débil de la legislatura del Obama. El nivel de desempleo en octubre (2012) fue del 7,9 % con más de 12 millones de parados. En enero de 2009, la tasa era incluso menor, del 7,8%.

El panorama laboral llegó a ser más dramático hasta septiembre (2012) cuando acumuló 43 semanas por encima del 8%. Lejos queda aquel 2008 cuando Obama prometió crear 12 millones de empleos si llegaba a la Casa Blanca. Cuatro años después, no lo cumplió por 7,8 millones.



Crecimiento insuficiente



En términos de crecimiento, la actividad en EEUU aumentó un 2% del PIB en el tercer trimestre del año 2012. Sería un dato aceptable si no fuera porque crecía el doble a finales de 2011. Además, el porcentaje dista bastante del 4,3% proyectado por la Casa Blanca al aprobar el sonado paquete de estímulo de 831.000 millones de dólares.

A pesar de la inyección millonaria a costa del contribuyente estadounidense, Obama no fue capaz de resucitar una economía y lo único que provocó fue un incremento del endeudamiento del país.

A consecuencia de estas medidas, la deuda nacional supera a noviembre de 2012 los 16 billones de dólares, algo más de lo que genera la economía en un año. Se estima en 1,13 billones de dólares el déficit del último año fiscal. Obama ha aumentado el endeudamiento más que los 41 primeros presidentes de EEUU juntos.

Estas cifras además ponen de manifiesto la complicada escena que puede darse a finales del año 2012 o principios de 2013. EEUU debe afrontar el agotamiento del techo de endeudamiento del Tesoro, establecido en los 16,4 billones de dólares y que puede llegar a consumirse a corto plazo.

“En realidad, estamos hablando de lo siguiente: ¿vamos a demorar cuatro o cinco años en salir del atolladero? ¿O va a demorar 10 o 12 años?”, se pregunta el profesor de economía y política pública de la Universidad de Harvard Kenneth Rogoff. “No hay nada que pueda sacarnos de esto en uno o dos años. Eso sería un verdadero milagro. Pero una política acertada puede acelerar el proceso”.

Empleos y salarios

EEUU tiene un problema grave de desempleo. Alrededor de 3,6 millones de estadounidenses están desocupados desde hace un año o más. Casi uno de cada cinco hombres de entre 25 y 54 años no tiene trabajo. Las políticas fiscal y monetaria deberían ser calibradas para que la mayoría de estas personas regresen a trabajar antes de que se vuelvan permanentemente ineptos para un empleo.

Sin embargo, EEUU tenía un problema de sueldos incluso antes de la recesión de 2007-2009. El hombre promedio entre 25 y 65 años ganó US$ 40.081 en 2011, cerca de 16% menos que en 1999, en términos reales. A las mujeres les fue un poco mejor, ya que ganaron US$ 30.061, o 4% más que en 1999.



Un crecimiento económico más rápido es una condición necesaria pero probablemente insuficiente para que los salarios vuelvan a subir. Como han documentado los economistas David Autor y Frank Levy del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), los empleos de ingresos medios que pueden ser fácilmente automatizados o trasladados al extranjero están desapareciendo, y con ellos los sueldos de la clase media.

Ascenso social

Los próximos cuatro años serán más productivos si comienzan con un reconocimiento de que la brecha entre los ganadores y los perdedores en la economía estadounidense se ha estado ampliando. Detrás del cambio hay razones, incluidas las fuerzas del mercado, el avance de la tecnología, la globalización y las cambiantes costumbres sociales. La distancia entre el penthouse y la planta baja se ha ampliado, pero los escalones que permiten el ascenso, como la educación, no han mejorado conmensurablemente.

La desigualdad proviene de decisiones políticas

A principios del siglo XIX Estados Unidos presumía de ser una de las sociedades más igualitarias del planeta. En una carta fechada en 1814 Thomas Jefferson aseguraba que en su país no había pobres: “La mayor parte de nuestra población es trabajadora; nuestros ricos, que pueden vivir sin trabajar, son pocos, y tienen una riqueza moderada. La mayoría de la clase trabajadora tiene propiedades, cultiva su propia tierra, tiene una familia, y puede establecer precios competitivos que les permiten alimentarse abundantemente, vestir muy por encima de la mera decencia, trabajar moderadamente y criar a sus familias”. Para Jefferson esta equidad era la esencia misma del recién independizado país: “¿Puede ser cualquier estado de la sociedad más deseable?”

El tercer presidente de los Estados Unidos estaba obviando la situación de toda la población afroamericana que vivía en la esclavitud pero, al margen de esto, tenía razón en una cosa: pese a lo que podría parecer, la sociedad estadounidense del siglo XIX era relativamente igualitaria en términos económicos. Mucho más que hoy en día. Tras el revulsivo que supuso la revolución industrial, donde una gran oligarquía controlaba toda la producción, y la desigualdad alcanzó una de sus cotas más altas, la situación fue estabilizándose hasta los años ochenta del siglo XX. Desde entonces, la brecha entre ricos y pobres no ha dejado de crecer: entre 1980 y 2007 la desigualdad ha aumentado en un escandaloso 135%. Hoy en día, en EEUU, el 1% de la población controla el 23,5% de la riqueza. (Davies, J., Sandström, S., Shorrocks, A., y Wolff, E., 2008).

Este auge de la desigualdad es el que trata de analizar un nuevo estudio, “The Rise of the Super-Rich” (“el auge de los súper-ricos”) publicado en la revista American Sociological Review, que, centrándose en el caso estadounidense, asegura que, a partir 1980, los ricos supieron imponer sus criterios en el Congreso, los sindicatos perdieron fuelle, disminuyeron los impuestos a las rentas altas y, en definitiva, el 1% más adinerado no dejó de acumular riqueza, mientras el resto de la sociedad la perdía. Una tendencia que no ha disminuido ni un ápice desde entonces, y que es similar a la que están viviendo las sociedades europeas.

La desigualdad vuelve a niveles de la era industrial

La situación no es nueva. Con la llegada de la industrialización se vivió una situación parecida en todo el mundo occidental: la brecha de la desigualdad creció enormemente, auspiciada por gobiernos y élites. Entre 1913 y hasta que finalizó la II Guerra Mundial, el 1% de la población acumuló entre el 11,3% y el 23,9% de la riqueza de Estados Unidos. Tal como el propio Franklin D. Roosevelt argumentó en un discurso en 1932, durante una reunión de la Commonwealth, la revolución industrial había sido posible “gracias a un grupo de titanes financieros cuyos métodos no habían sido examinados con demasiado cuidado”. El presidente justificó esto tirando de pragmatismo, en su opinión Estados Unidos tenía el derecho de aceptar esta realidad “agridulce”. El resultado, tal como reconocía el propio presidente, era que la igualdad de oportunidades había desaparecido.

En 1928 la diferencia entre ricos y pobres de Estados Unidos alcanzó su cenit: el 1% de la población controlaba cerca del 25% de la riqueza. Desde entonces, pese a la “agridulce” visión de Roosevelt, la brecha empezó a disminuir. La lucha por los derechos civiles, los sindicatos -que pese la represión de la Guerra Fría tuvieron una gran fuerza en los Estados Unidos- y, en definitiva, la extensión de cierto estado del bienestar, lograron que en 1975 la diferencia entre ricos y pobres disminuyera notablemente: en 1975 el 1% más rico “solo” acumulaba el 8,9%. La brecha había disminuido en un 63%. La situación ha dado un vuelco desde entonces, al menos a nivel estadístico: ¿Qué ha ocurrido en los últimos 30 años para que la brecha de la desigualdad sea similar a la de la revolución industrial?

¿Y cómo es la situación en la City?… perdón en el Reino Unido: “the big momma”

La economía británica permanecerá en un periodo de depresión por dos años más, según un importante centro de estudios”... Reino Unido: dos años más de depresión (BBCMundo - 6/11/12)

El Instituto Nacional de Investigación Económica y Social (Niesr, por sus siglas en inglés) considera que una economía está en depresión cuando la producción está por debajo de su nivel máximo anterior. El centro calcula que el producto interno bruto, la medida del rendimiento económico, creció en 0,5% entre agosto y octubre con respecto al año pasado. Pero aún está en 2,8% por debajo de su máximo nivel a principios de 2008.

Ya es la depresión más larga del país desde la década de 1920, superando a la Gran Depresión de la década de 1930.Incluso cuando Reino Unido haya recobrado su máximo nivel de producción, la economía seguirá teniendo una considerable capacidad de reserva, implicando que muchos aún no podrán encontrar un empleo apropiado.

La cantidad total de empleados ya llegó a su nivel previo a la recesión, pero mientras tanto la población continuó creciendo, y eso quiere decir que la tasa de empleo aún permanece por debajo del máximo”. Además, muchos trabajadores están subempleados -trabajando a tiempo parcial y no a tiempo completo- o aceptando empleo por debajo del nivel para el cual están calificados.

“Pasará una cantidad considerable de años antes de que la brecha de producción se cierre”, agregó, al poner la fecha para el regreso a la normalidad económica más allá de 2017.El pronóstico de Niesr predice un crecimiento de 1,1% el año entrante y 1,7% en 2014. Sólo a partir de 2015 podremos esperar una recuperación sostenida. Pero incluso una vez que la economía haya alcanzado su nivel potencial de producción, Kirby pronostica que su crecimiento a largo plazo será de sólo 2% anual, menor que el prolongado promedio de 2,5%.

Los contribuyentes tienen el riesgo de no recuperar el importe inyectado a los bancos RBS y Lloyds para evitar la quiebra de estas entidades”... Los británicos podrían no recuperar “nunca” el dinero del rescate bancario (Negocios.com - 17/11/12)

Los contribuyentes británicos corren el riesgo de no recuperar “nunca” los 66.000 millones de libras esterlinas (unos 77.000 millones de euros) inyectados en los bancos RBS y Lloyds para evitar la quiebra de estas dos entidades durante la crisis financiera, según advierte un informe elaborado por el Comité de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes del Parlamento británico.

Asimismo, el documento calcula que el rescate de Northern Rock le costará a los ciudadanos de Reino Unido alrededor de 2.000 millones de libras (2.325 millones de euros).

En el caso de la entidad de Newcastle, el primer banco británico víctima de la crisis financiera que acabó siendo nacionalizado y posteriormente dividido en dos entidades, los parlamentarios británicos señalan que “el Tesoro no respondió con rapidez a la crisis al carecer de las capacidades y conocimientos adecuados”.

Por otro lado, apuntan que la división en dos de Northern Rock tras su nacionalización no sirvió para estimular el crédito, ya que sólo se alcanzó el 60% del objetivo de préstamos estipulado, mientras que la falta de ofertas desembocó en nuevas pérdidas para los contribuyentes cuando se llevó a cabo su venta a Virgin Money.

En este sentido, los miembros del Comité advierten de que la falta de competencia no permite albergar mucha confianza en que los contribuyentes lograrán beneficios con la venta de los dos bancos que aún continúan bajo control público, RBS y Lloyds.

“Existe el riesgo de que nunca se recuperen los 66.000 millones de libras (77.000 millones de euros) invertidos en RBS y Lloyds”, alertan, por lo que consideran “vital” que las decisiones al respecto se adopten buscando valor para los contribuyentes.

PD.: es de agradecer que estos “insensibles sociales”, al menos, digan la verdad…



Catálogo: papers
papers -> Xii congreso de aecpa ¿Dónde está hoy el poder? San Sebastián País Vasco, del 13 al 15 de Julio de 2015
papers -> Paper El “Big-cuent” del Bitcoin (¿de “burbu-giles” a “gili-coins”?) Introducción y cuenta la historia…
papers -> Una creación deliberada de la ignorancia (agnotología)
papers -> Las noticias televisivas españolas en las cadenas generalistas y la temática del acoso
papers -> “Jóvenes inmigrantes: una identidad en construcción”
papers -> Deslocalización inversa
papers -> Imagining Keynes (It’s time to get stimulated vs. ¡Take the money and run!)
papers -> 5th laccei international Latin American and Caribbean Conference for Engineering and Technology (laccet’2007)
papers -> Submission Format for ims2004 (Title in 18-point Times font)
papers -> ¿Qué funciones desarrollan las aplicaciones de internet en la relación escuela familias? Un análisis piloto de 10 centros educativos. Autores


Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos