Ii. La base de las nominalizaciones (1). Las nominalizaciones deverbales



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2 Al igual que otros sustantivos morfológicamente no derivados, la aceptación de estos sintagmas preposicionales mejora cuando el SN tiene una interpretación proposicional: Un pícnic en el parque siempre es algo bueno, es decir Tener un pícnic en el parque siempre es algo bueno. Suponemos que la interpretación proposicional de los SN implica más estructura sintáctica, y que esa estructura sintáctica extra es la que legitima formalmente estas preposiciones.

3 De hecho, al igual que algunos nombres masa pueden aparecer en plural y siguen siendo nombres masa, algunas nominalizaciones de estado admiten el plural sin dejar de ser estados: si decimos Sus preocupaciones no le dejan dormir decimos que estar preocupado no le deja dormir, no que las cosas que le preocupan actúan de alguna manera impidiendo el sueño. Correlativamente, se admite marginalmente en esa construcción un sintagma preposicional que designe la entidad que motiva la preocupación: ?Sus preocupaciones por el futuro de sus hijos no le dejan dormir.

4 No por sí mismos, pero si el adjetivo designa una propiedad física pueden admitirlos: una altura de tres metros, una anchura de seis centímetros. Esto depende de que los adjetivos de la base admitan esos mismos modificadores como sintagmas de medida: tres metros de altura.

5 Esta sección combina datos, propuestas y análisis que han aparecido publicados previamente en Fábregas (2013c).

6 No cabe afirmar que -o es el nominalizador aquí; si así fuera, esperaríamos que lo fuera también en (45a), lo cual plantea el problema de que -mient- debería analizarse como algo distinto del nominalizador. Más adelante se dan otras razones contra este análisis.

7 Concretamente, la ausencia de marcas morfológicas expresas que se mantengan en ambos pares, aparte de la raíz, permitiría que los verbos se derivaran directamente de la raíz ([V [√]]) o a partir de un sustantivo ([V[N[√]]]). Probablemente, al igual que sucede con los sustantivos, tendría que proponerse que hay dos grupos de verbos, cada uno de ellos correspondiente a una de las dos estructuras.

8 El aparente contraejemplo sería el sufijo -e(a)bloqu-e(a)–, que parece formar verbos y sin embargo admite nominalizaciones sin nominalizador: bloqu-eo. El problema, creemos, se soluciona si se propone que no es cierto que -eo sea la versión nominal de -e(a). Proponemos que -eo es un nominalizador independiente y que la versión verbal -e(a) está formada sobre él. El razonamiento se apoya gracias a sustantivos como famos-eo o cañon-eo, que existen sin que existan los verbos correspondientes famos-e(a)-r o –para muchos hablantes, como el autor de este texto– cañon-e(a)-r. Esto sugiere que el orden de derivados sería bloque > bloqu-eo > bloque(a)-r, no bloque > bloque(a)-r > bloqu-eo, y por lo tanto que no tenemos un contraejemplo a la generalización.

9 Nótese que esto supone convertir lo que tradicionalmente se ha visto como una categoría léxica atómica en una estructura funcional que, globalmente, define una serie de propiedades que se interpretan como un verbo. Volveremos sobre esta visión de las categorías léxicas en el último capítulo de esta monografía.

10 Hay diferencias, pese a eso, como ya se anotó en el capítulo anterior. El spanning o extensión supone que un exponente solo puede materializar una serie de núcleos, ignorando, pues, los especificadores. En cambio, en la Materialización de Sintagma es posible que el mismo exponente materialice núcleos y especificadores. Véase Dékány (2012) para una comparación de ambas teorías.

11 Aunque es ortogonal al análisis, podemos suponer que el participio adjetival cancela la eventividad de Proc al introducir sobre él un sintagma de aspecto estativo y rasgos adjetivales ([SA [SAsp [...SProc]]]). Se obtendría así, cancelando la eventividad definida previamente en la estructura, la misma lectura que una nominalización como educación puede obtener no proyectando Proc en la estructura. La razón de que el participio no pueda usarse como base de una nominalización de cualidad (*educadoción) se relaciona probablemente con que un participio no puede convertirse en sustantivo salvo cuando hay propiedades aspectuales muy específicas, que chocan con la interpretación no eventiva que requieren estas nominalizaciones. Véase §X.X en el capítulo 4.

12 La nominalización sobre árab(e) se debe hacer con un nominalizador de cualidad deadjetival, como -idad. No es necesario postular esto como una idiosincrasia. Como veremos, esto está relacionado con que SPred no se materializa como parte del verbo. Los nominalizadores deadjetivales contienen SPred como su nudo más bajo, lo cual hace que la condición del ancla les obligue a identificar Pred al lexicalizar. Por el contrario, los nominalizadores deverbales normalmente no tienen SPred como su nudo más bajo, lo cual predice una asimetría en su distribución. Volveremos sobre esto en la sección §1 del capítulo 3.

13 Volveremos a estos casos en §X.X, capítulo 5.

14 En este y en otros casos, salvo que se diga lo contrario, los datos se toman de google. Esto se ha hecho necesario porque en muchas ocasiones los datos de auténtica variación surgen cuando hay menos presión normativa, y no existe la influencia de un uso del léxico que se considera estándar o prestigioso, por lo que muchas de estas nominalizaciones se consideran subestándar y difícilmente llegan a la lengua escrita que se suele recoger en corpora académicos.

15 El hecho de que a menudo sea difícil diferenciar la lectura de evento de la de participante y que ambas interpretaciones parezcan comportarse como acepciones de una misma estructura sugiere una explicación tentadora: la diferencia es meramente conceptual. Habría dos interpretaciones enciclopédicas para la misma estructura, una de evento (o estado, o cualidad), y otra de participante. Sin embargo, este camino tampoco parece satisfactorio. La razón es que hay efectos gramaticales –como hemos revisado en §2– que se asocian a la interpretación de participante. Hay dos particularmente claros: la imposibilidad de llevar un argumento referido al paciente (i) y la imposibilidad de legitimar preposiciones como por (parte de), durante o hacia, que sí se admiten en las nominalizaciones de evento y estado (ii).

(i)a. *La construcción del puente mide treinta metros.

b. *Las publicaciones de la enciclopedia pesan diez kilos.

(ii) a. *Las construcciones de piedra por parte de los obreros pesan veinte kilos.



b. *Las publicaciones de papel durante diez años ocupan muchas estanterías.



16 Formalmente, puede proponerse que durante tiene un rasgo [ue] que le fuerza a ser identificado por un evento. Cuando R identifica e, N es capaz de identificar ese evento. La legitimación puede hacerse como concordancia a distancia o puede ser más local si suponemos que en algún punto de la derivación N se desplaza al núcleo F, o un constituyente que contiene N (Cinque 2010) asciende a una proyección de SF.

17 Hay motivos, sin embargo, para argumentar contra la idea de que en la nominalización –o en general, en cualquier estructura nominal– se introduzcan los argumentos preposicionales por debajo de N. Adger (2013, capítulo 5) llega independientemente a la conclusión de que los SPs, incluso los que tienen lectura argumental, se introducen en un SF alto que domina a SN. Lo que nos interesa destacar aquí es que, incluso si los argumentos se introdujeran bajo N en una nominalización, tendrían que desplazarse por encima de N, pero no estamos defendiendo que los argumentos tengan que introducirse inicialmente en la estructura verbal.

18 El caso es solo relativamente problemático porque eleva-ción en su lectura locativa se relaciona con la versión estativa del verbo (el terreno se eleva aquí), no con la versión eventiva (Juan eleva la bandera en el jardín). Gawron (2007) ha analizado estas versiones estativas de verbos de cambio de lugar o estado como casos en los que el cambio necesario para interpretar el verbo se interpreta en un eje locativo, no temporal: lo que se compara son distintas áreas que muestran una altura distinta, no distintos momentos de altura variable. En este sentido, cabe proponer que el locativo es necesariamente un argumento en estos casos también, porque el lugar que se emplea en la comparación es estrictamente necesario para evaluar las condiciones de verdad del verbo. Sin embargo, parece prudente admitir, con todo, que los adjuntos tradicionales de un verbo también pueden ser participantes en un sentido amplio, ya que la gran variedad de lecturas de participante que se recogen en los diccionarios no son siempre subsumibles a casos en que ese constituyente es imprescindible para interpretar el predicado. Véase por ejemplo la lectura locativa de come-dor, la temporal de reina-do o la de manera que se obtiene con movi-miento, como en Me gustan los movimientos elegantes.




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