Ii. La base de las nominalizaciones (1). Las nominalizaciones deverbales



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2.1. Extensión temporal

Una primera diferencia entre las cinco clases –nominalización de evento, nominalización de estado, nominalización de cualidad, nominalización de participante y nombre de evento simple– tiene que ver con si permiten o no modificadores internos al sintagma nominal que designen extensiones temporales. Las nominalizaciones de evento complejo lo permiten, y además, en tres clases: las introducidas por la preposición de (de dos horas), y aquellas introducidas por preposiciones como durante (durante dos horas) y en (en dos horas), estas dos últimas cuando el predicado verbal sobre el que se construyen también las admite –debido a su asociación con las nociones aspectuales de la telicidad y la delimitación, cf. Borik (2006).


(9) a. La destrucción de la ciudad durante dos horas

b. La construcción del puente en pocos días

c. Su explicación de dos horas acerca de la situación económica
Las nominalizaciones de estado, por su parte, también admiten modificadores nominales. Esto se sigue si definimos un estado, como suele hacerse en la bibliografía, de la siguiente manera (Dowty 1979, Verkuyl 1993, Kratzer 2000, Rothmayr 2009; la definición se complica si consideramos subclases de estados, que ignoraremos aquí, como la distinción entre estados davidsonianos y estados kimianos de Maienborn 2003, 2005):
(10) Por estado se entiende (un conjunto de) propiedades no dinámicas ancladas temporalmente.
Dado que los estados son propiedades no dinámicas, pero que tienen duración temporal, rechazan los modificadores télicos con en.
(11) a. un aburrimiento de varias horas

b. su aburrimiento durante las vacaciones

c. *un aburrimiento en un momento
En cambio, los sustantivos que expresan cualidades procedentes de adjetivos rechazan estos modificadores nominales, incluso cuando es conceptualmente posible imaginar que las propiedades expresadas son transitorias (por ejemplo, porque alguien fue gordo durante un tiempo y después consiguió adelgazar suficientemente). Esta propiedad se espera si la diferencia gramatical relevante entre estados y cualidades es que los primeros se asocian temporalmente, mientras que los segundos no tienen vínculos directos con periodos temporales (cf. los adjetivos son estados kimianos que no contienen una variable que pueda anclarse temporalmente, Maienborn 2003).
(12) Una cualidad es (un conjunto de) propiedades no dinámicas que no admiten anclaje temporal
(13) a. *su obesidad de varios años

b. *su obesidad durante la juventud

c. *su obesidad en un verano
Como se podría esperar, tampoco admiten estos modificadores temporales los sustantivos que designan participantes, ya que designan entidades no temporales –objetos con extensión física generalmente–.
(13) a. *un destructor de varios meses

b. *un destructor durante varios meses

c. *un destructor en varios meses
Los nombres de evento simple se comportan en esto parcialmente como nominalizaciones de cualidad o nombres de participante; de hecho, se comportan igual que los nombres no derivados de objeto físico y otras clases de sustantivos cuya estructura morfológica –al igual que en su caso– no permite apoyar la idea de que se derivan de verbos: pueden aceptar un modificador temporal introducido por de, pero no los que incluyen durante o en.
(14) a. una guerra de cien años

b. *una guerra durante cien años

c. *una boda en cinco años

(15) a. un coche de cinco años

b. *un coche durante cinco años

c. *una casa en cinco años

2.1.1. Aparentes contraejemplos

Un aspecto debe ser precisado antes de continuar: tanto las nominalizaciones de cualidad como las de participante admiten combinación con predicados verbales que implican o presuponen extensión temporal. Naturalmente, las nominalizaciones de estado y de evento complejo también admiten la combinatoria con estos predicados.


(16) a. Ese destructor duró muchos años; luego lo mandamos al desguace.

b. Su hermosura duró durante toda su juventud; luego ya se puso gordo y feo.


La combinatoria con estos predicados no muestra que los sustantivos correspondientes puedan tener información temporal. El hecho de que rechacen los modificadores nominales sugiere que, como SNs, carecen de propiedades temporales, y que los predicados de extensión temporal los admiten porque tienen la capacidad de forzar la reinterpretación semántica del argumento que seleccionan a un nivel estructural más alto. Hay varias formas de representarlo –y no es estrictamente necesario que la operación que tenga lugar aquí deba ser estructural, porque podrían concebirse cambos de tipo semántico, Hall Partee (1986)–, pero la idea es que el propio verbo impondría la interpretación temporal a su argumento interno, ya que lo selecciona.
(17) Verbos como durar añaden una huella temporal  a su argumento interno

Esta operación se produce sobre SD y por ello los modificadores internos a SD no están afectados por él. El diagnóstico de los modificadores temporales internos al sintagma determinante, pues, sigue diferenciando gramaticalmente las nominalizaciones de evento complejo y de estado, por un lado, de las de cualidad y participante, por otro.

Un segundo aparente contraejemplo es el de ciertos adjetivos como súbito, constante, inmarcesible, continuo o temporario, que tienen un significado que obviamente se relaciona de alguna manera con la estructura temporal o aspectual, ya que indican nociones relacionadas con la persistencia temporal de algo o con la rapidez con la que surge su existencia. Los nombres de participante suelen rechazarlos, pero los nombres de cualidad y en menor medida los nombres de evento simple a veces los admiten.
(18) a. su constante belleza

b. su inmarcesible inteligencia

c. su súbita amabilidad

(19) ?una súbita boda

(20) a. *una constante mesa

b. *una súbita escultura

c. *una continua flor
Si comparamos estos adjetivos con los demás modificadores temporales, parece que esta propiedad es esencialmente conceptual, es decir, se asocia de algún modo a nuestro conocimiento del mundo y no está legitimada por ninguna propiedad estructural interna de estos sustantivos –si así fuera, esperaríamos que esa misma propiedad legitimara los modificadores temporales vistos anteriormente–. Proponemos que lo que sucede es que los hablantes, al producir e interpretar secuencias como (18), están modificando con esos adjetivos no a la propiedad en sí, sino a la exhibición de esas propiedades que hace un sujeto. La exhibición de esas propiedades está sujeta al tiempo, como es natural, pero las cualidades en sí mismas no lo permiten.

Algo semejante, también conceptual, es lo que sucede con los nombres de evento simple: aunque su estructura no les permite legitimar cualquier tipo de modificador espacio-temporal, sabemos que su significado se refiere a ciertas acciones, lo cual permite que estos adjetivos sean interpretables en un nivel conceptual. En este sentido, lo que legitima (19) deberá ser semejante a lo que legitima los sintagmas de (21), en los que aunque no hay estructura verbal tenemos un significado que se relaciona con acciones de alguna manera, por lo que se permiten modificadores que suponen una repetición de dicha acción (21a), especifican el periodo temporal en el que se produce (21b) o destacan algunas de sus propiedades (21c, 21d).


(21) a. el tres veces campeón de los pesos pesados [tres veces ha ganado el título de campeón]

b. el futuro alcalde [se convertirá en alcalde en el futuro]

c. un buen medicamento [un medicamento bueno para curar]

d. comida rápida [comida que se cocina rápidamente]



2.2. Estructura argumental

Esta prueba es una de las más usadas en la literatura, al menos desde Grimshaw (1990). La idea para esta autora es que las nominalizaciones de evento complejo, frente a las de evento simple y participante, poseen una estructura argumental comparable a la de los predicados verbales.

La prueba, tal y como es utilizada generalmente, tiene dificultades prácticas. Por una parte, usar un predicado como un sintagma nominal generalmente presupone un contexto compartido por hablante y oyente en que la eventualidad expresada por ese sintagma nominal está reificada. Esto facilita considerablemente que los argumentos obligatorios del verbo estén sobreentendidos, porque son parte constitutiva del trasfondo de esa conversación:
(22) Las invasiones bárbaras tuvieron lugar al final de la Edad Antigua.
Está claro que el predicado invadir generalmente necesita un argumento interno, que no está expreso en (22). Resulta igualmente claro que la nominalización invasión denota un evento en (22), porque es compatible con el predicado tener lugar, que exige sujetos que designan esta entidad. Sin embargo, este argumento interno, que podría haber aparecido (23), está sobreentendido en el discurso.
(23) Las invasiones bárbaras del Imperio Romano tuvieron lugar…
A la inversa, y para complicar más las cosas, también se encuentran casos en que algo que es diagnosticado como un modificador no obligatorio puede recibir interpretación argumental, dado el contexto oportuno.
(24) la guerra de los persas contra los griegos
El sustantivo guerra es clasificado como de evento simple, y como tal no posee estructura argumental –dada la propuesta de Grimshaw-, pero no deja de ser cierto que los modificadores de los persas y contra los griegos se interpretan como participantes necesarios dentro de la entidad que expresa guerra: no hay guerra si uno no lucha contra otro.

Estos casos nos indican que el criterio intuitivo de asociar un modificador a una interpretación temática determinada no puede aplicarse automáticamente para determinar si un predicado tiene o no tiene estructura argumental. En contraste a lo que generalmente se hace, vamos a utilizar un criterio semiformal para determinar si un sustantivo lleva o no estructura argumental. Afortunadamente para nuestros objetivos, el español es una lengua que permite con dificultad que las preposiciones aparezcan en el interior de un sintagma nominal (frente a lo que sucede en lenguas como el inglés). Preposiciones como en, por (parte de) o hacia solo son posibles con interpretación temática en el interior de un sustantivo cuando este procede de un predicado verbal o adjetival que independientemente admitía dichos modificadores.


(25) a. *un libro por (parte de) Chomsky

b. *un avión hacia Soria

c. *un libro en la mesa

(25) a. el asesinato de Luis por (parte de) Ana

b. un desplazamiento hacia Soria

c. una invasión en la zona nororiental de Europa


Este criterio nos permite ajustar la forma en que el criterio argumental se utiliza como diagnóstico para diferenciar entre clases de nominalización. Lo que haremos será determinar si las distintas clases legitiman o no estas preposiciones que, de otra forma, no son posibles en el interior de sintagmas nominales.

Aplicando este criterio, observamos que –como era de esperar, ya que muestran en su estructura morfológica piezas relacionadas con verbos– las nominalizaciones de evento complejo legitiman estas preposiciones.


(26) a. el movimiento de los soldados hacia la estepa tuvo lugar…

b. la declaración de independencia por los rebeldes tuvo lugar…

c. la rotura del jarrón en mil pedazos tuvo lugar…
Las nominalizaciones que expresan estados permiten asimismo esta clase de modificadores:
(27) a. la interrupción del servicio durante dos horas por la nieve

b. el aburrimiento de Juan en casa de sus padres


En la medida en que los adjetivos correspondientes admiten estos sintagmas preposicionales, las nominalizaciones de cualidad también los legitiman.
(28) la superioridad de Juan en matemáticas
Sin embargo, las nominalizaciones de participante no legitiman estos sintagmas preposicionales, incluso cuando los verbos sobre los que están formados pueden hacerlo.
(29) a. *el destructor en Madrid

b. *la pesada construcción de piedra por Chillida

c. *el destructor hacia el Golfo Pérsico
Lo que observamos es que las nominalizaciones de participante se comportan, en este sentido, como los sustantivos comunes no derivados, mientras que las tres clases restantes se diferencian con nitidez de ellos en legitimar modificadores preposicionales no admitidos por los sustantivos no derivados.

Los nombres de evento simple tampoco admiten estos sintagmas preposicionales.1


(30) a. *la guerra por (parte de) los persas

b. *una ola de frío hacia España

c. *un funeral en la Almudena2
2.3. Pluralización y contabilidad

El tercer criterio formal que indica que estas nominalizaciones son diferentes desde el punto de vista gramatical tiene que ver con la posibilidad de pluralización y, cuando esta es posible, con la interpretación del plural.

Frente a lo que se ha afirmado en algunos estudios (cf. Alexiadou 2001 y Borer 2013 para una discusión), existen pocas dudas de que las nominalizaciones de evento complejo admiten plurales. La restricción es que la denotación de este plural suele ser la de una secuencia temporalmente ordenada de eventos sucesivos.
(31) a. Las sucesivas destrucciones de Lisboa a lo largo de la historia

b. Sus muchas explicaciones iban siendo rechazadas por el tribunal.

c. Las constantes invasiones que ha sufrido Polonia han tenido lugar siempre antes de una gran guerra europea.
[... instancia del evento1, instancia del evento2 ... instancia del evento n]
Los nombres de evento simple admiten el plural también con esta misma lectura (las muchas fiestas, las muchas guerras...). También admiten plural, pero con el significado habitual de una multiplicidad de objetos físicos, las nominalizaciones de participante. Véase Harbour (2007, 2011) y Grimm (2012) para una discusión sobre la denotación del plural en individuos, que es independiente de nuestros objetivos presentes.
(32) a. Los destructores estaban amarrados en el puerto.

b. Las construcciones rocosas se alzaban imponentes.


En cambio, no admiten plural las nominalizaciones que denotan estados. Salvo que sea posible interpretarlas como participantes en un estado, las nominalizaciones de (33) son agramaticales. Obsérvese que en plural rechazan la expresión, mediante un modificador preposicional, de los participantes; esto indica que ya no denotan estados, sino los mismos participantes cuya expresión rechazan mediante procedimientos independientes.
(33) a. las dos preocupaciones de María (*por sus hijos y por sus padres)

b. *los dos aburrimientos de Juan (con las matemáticas y con la física)


Esta incapacidad para admitir plural puede relacionarse con el hecho de que los estados son entidades sin límites naturales –ya que nunca pueden ser télicas-. De forma intuitiva esa ausencia de límites las asimila a los nombres masa, que, generalmente, aparecen siempre en singular. Sin embargo, la existencia de nombres masa inherentemente plurales (víveres, ojeras…) hace que esta explicación sea solamente aproximativa; en cualquier caso lo que las nominalizaciones de estado comparten con todos los nombres masa es la imposibilidad de enumerarlos.3

Las nominalizaciones de cualidad también tienden a rechazar el plural, aunque algunas de ellas, como (34c), parecen tolerarlo para algunos hablantes siempre y cuando obtengan una interpretación taxonómica (distintas clases de hermosura). Existe también un número de nominalizaciones de cualidad que, en el plural, expresan objetos físicos que manifiestan la cualidad –y, por tanto, son asimilables a las nominalizaciones de participante- (34d).


(34) a. *las superioridades de Pedro

b. *las delgadeces de María

c. #las muchas y distintas hermosuras de María

d. las rojeces de su piel; las bellezas de su clase


La imposibilidad de tener plural –salvo que denoten otras nociones- diferencia las nominalizaciones de estado y las de cualidad de las otras dos y de los nombres de evento simple; la interpretación del plural diferencia las nominalizaciones de evento complejo de las nominalizaciones de participante.
2.4. Selección por parte de predicados

La diferencia empírica que tal vez resulte menos convincente –dentro del marco general de dividir factores conceptuales y factores estructurales– es la que tiene que ver con la forma en que cada tipo de nominalización es combinable con distintos predicados y modificadores. La razón de que esta clase de argumentos sea menos convincente es, naturalmente, el hecho de que una buena parte de las restricciones combinatorias de una palabra están relacionadas con su información conceptual; por ejemplo, el hecho de que el verbo volar tome con facilidad un sujeto como la golondrina, pero no con tanta facilidad algo como el hipopótamo es de naturaleza claramente conceptual, no gramatical, salvo que quisiéramos proponer un rasgo formal [+que vuela], que muy probablemente sería inaceptable. Sin embargo, hay algunas diferencias relevantes. Compárense las dos oraciones de (35), anómalas por distintos motivos.


(35) a. #El hipopótamo voló a su nido.

b. ??La película tuvo lugar a las tres.


La diferencia entre estas dos oraciones es que en (35a) es sencillo hacer la oración perfectamente normal cuando estamos en un contexto imaginario, pero (35b) es anormal incluso cuando tratamos de conceptualizar la película como un evento, cosa que –por otro lado– no llamaría la atención en absoluto. Por esta razón, el predicado tener lugar parece seleccionar algo más aparte de los rasgos puramente conceptuales.

El predicado tener lugar, por lo tanto, requiere que su sujeto denote un evento. Por esa razón rechaza aquellos sujetos que son nominalizaciones de estado (36a), cualidad (36b) o participante (36c). Acepta, en cambio, nombres de evento simple (36d).


(36) a. *Su preocupación tuvo lugar a las tres.

b. *Su hermosura tuvo lugar cuando cumplió los 16 años.

c. *Las limaduras tuvieron lugar cuando aserraron la tubería.

d. La guerra civil española tuvo lugar entre 1936 y 1939.


Los nombres de evento complejo y de evento simple también admiten que el modificador nominal en curso se combine con ellos, pero no las demás clases.
(37) a. destrucción en curso

b. *preocupación en curso

c. *hermosura en curso

d.*limaduras en curso

e. examen en curso
En cuanto a los nombres que designan estados, estos se combinan fácilmente con la expresión dar muestras de (Haas, Huyges, Marín 2008; ignoramos diferencias seleccionales que pueden indicar distintas clases de estados, cf. Sanromán 2005). Por el contrario, las tres clases restantes no lo hacen.
(38) a. *dar muestras de destrucción

b. dar muestras de preocupación

c. *dar muestras de hermosura

d. #dar muestras de limaduras

e. *dar muestras de guerra
Los nombres que designan participantes, y por lo tanto objetos físicamente mensurables, admiten modificadores que se refieren a propiedades físicas como la longitud, el peso, el grosor, el material constitutivo o el color. No permiten estos modificadores los demás grupos de nominalizaciones.
(39) a. *una destrucción de cuarenta gramos

b. *una preocupación de cuarenta gramos

c. *una hermosura de cuarenta gramos

d. unas limaduras de cuarenta gramos

e. *una guerra de cuarenta gramos

(40) a. *una destrucción de treinta centímetros

b. *una preocupación de treinta centímetros

c. *una hermosura de treinta centímetros

d. una rotura de treinta centímetros

e. *una guerra de treinta centímetros

Por eso, estos modificadores sirven para desambiguar en aquellos sustantivos que admiten la lectura de evento (miembros ‘a’ en cada par) y la de participante (miembros ‘b’).
(41) a. una explicación de varias horas

b. una explicación de cien páginas

(42) a. una construcción de varios meses

b. una construcción de cinco toneladas

(43) a. un examen de varias horas

b. un examen de cinco páginas


2.5. Resumen

La siguiente tabla resume las pruebas formales (y la selección, que es posiblemente no estrictamente formal) que hemos usado para diferenciar cinco clases de nombres relevantes para esta monografía.


Tabla 2. Propiedades gramaticales diferenciales





Modificación temporal y aspectual

SPs con por en lectura de agente, etc.

Plural y numerales

tener lugar

dar muestras de

extensión física

Noms. de evento





Sí, con lectura de sucesión de eventos



No

No

Noms. de estado





No

No



No

Noms. de cualidad

No

No, salvo los que legitime el adjetivo

No

No

No

No4

Noms. de participante

No

No

Sí, con lectura de plural de individuo

No

No



Nombres de evento simple



No

Sí, con lectura de sucesión de eventos



No

No

3. Nominalizaciones sin nominalizador: la clase de ataque5

Ahora tenemos una serie de pruebas que nos permiten diagnosticar la clase de nominalización a la que pertenece cierta formación. Hemos visto, hasta ahora, que hay una correlación bastante estrecha entre la forma morfológica de la nominalización y su comportamiento gramatical. Sin embargo, esto no es siempre así: hay casos en que la morfología no nos deja averiguar, por sí sola, si un sustantivo es derivado de un verbo o no. Sin embargo, ahora que tenemos pruebas para distinguir clases de nominalización podemos emplearlas para diagnosticar también estos casos.

El objetivo de esta sección es aplicar las pruebas que hemos presentado para resolver dos problemas analíticos del español: (a) determinar en algunos casos problemáticos en que la misma base se usa como verbo y como sustantivo si el sustantivo viene del verbo o el verbo viene del sustantivo y (b) determinar, en caso de que el sustantivo venga del verbo y efectivamente tengamos una nominalización deverbal, cuál es el procedimiento que se ha empleado para estos casos.

Consideremos sustantivos como los de (44):


(44) desfile, ataque, corte, insulto, cuento, cuenta, espanto, envío, enfado, odio, demanda, empuje, realce, quite, danza, contienda...
Un problema común de estas formaciones es que la morfología no nos permite decidir en ellas si el sustantivo viene del verbo o, por el contrario, los sustantivos de (44) forman después verbos. La razón es que en ellos no hay ningún nominalizador expreso, por lo que la complejidad morfológica no nos da pistas sobre la dirección que se debe adoptar para relacionar sustantivo y verbo.
(45) a. crec-i-mient-o (cf. crec-e)

b. cuent-o (cf. cont-a)

Si comparamos (45a) con (45b) es fácil observar que en (45a) la morfología fuerza una dirección derivativa V > N: la nominalización tiene una vocal temática -i-, relacionada con la -e del verbo, y además un nominalizador expreso, -mient-. En (45b) estos elementos faltan: no quedan rastos de una vocal temática y no hay nominalizador; la raíz se combina directamente con una -o átona que, en la tradición, recibe el nombre de marca de sustantivo.6 En ausencia de un nominalizador, o de morfología verbal, podríamos tener dos derivaciones posibles para estos sustantivos –ignoramos las consecuencias para los verbos correspondientes, por ser irrelevantes para nuestros propósitos7–. El problema es igual en la morfología tradicional, y ha recibido propuestas de solución que tienen en cuenta la precedencia temporal al documentar cada miembro o cuestiones relacionadas con el significado conceptual (cf. NGRAE: §5.7 para un resumen).
(46) a. SN b. SN

N √ N SV

V √
Podría ser que estos sustantivos se derivaran directamente de la raíz, sin pasar por un estadio verbal, o bien que sean realmente nominalizaciones deverbales, como en (46b). Lo que vamos a argumentar es que existen dos clases en (44), cada una de ellas relacionada con una de las dos estructuras. Nótese, por cierto, que en (46b) V es una etiqueta tradicional que, en nuestro análisis a lo largo de las secciones siguientes, será descompuesta en al menos tres proyecciones distintas, dependiendo de la información aspectual de la nominalización; empleamos V en este caso porque lo que diremos es independiente del tipo de información aspectual de la nominalización; el lector puede interpretar V como ‘proyección funcional verbal’ en el resto de esta sección.

La clase de (44) no es homogénea. En ella deben distinguirse dos grupos, que se representan –con miembros particularmente claros– en (47).


(47) a. baja, conserva, monda, obra, tasa, baile, corte, empate, empaste, pliegue, realce , insulto, aliño, asiento, disfraz, regalo, soplo, tiro

b. ayuda, charla, entrega, firma, quema, siembra, ataque, cierre, desarme, rescate, transporte, abandono, perdón, envío, entierro, pago, ataque


Propondremos que (47a) corresponde a la estructura de (46a), y por tanto son sustantivos no derivados, mientras que (47b) corresponde a (46b). Vayamos con las pruebas, que como veremos muestran que (47a) se comporta como un sustantivo de la clase de libro y (47b), como uno de la clase de destrucción.

En primer lugar (47b), pero no (47a), legitiman sintagmas preposicionales con por o hacia en lectura argumental.


(48) a. la baja de María (*por el médico)

b. el empaste (*en el diente)

c. el tiro del balón (*hacia el portero)

(49) a. el ataque a los servicios públicos por los bancos

b. el abandono de perros en las gasolineras

c. el chute del balón hacia el portero

En segundo lugar, (47b) es el único de los dos grupos que admite modificadores temporoaspectuales.
(50) a. una baja (*durante dos meses)

b. el empaste del diente (*en cinco minutos)

c. la (*paulatina) monda de la manzana

(51) a. el ataque a los enemigos durante la noche

b. la completa quiebra de España en dos años

c. la paulatina cría de perlas durante dos años

En relación a esto, solo los nombres de (47b) admiten prefijos aspectuales o que presuponen un evento, como la lectura reversativa de des- (frente a la privativa, ilustrada en 52a y que es posible con sustantivos y adjetivos no derivados) (52b).
(52) a. des-honor

b. des-hacer

Algunos de los sustantivos del grupo de (47b) que muestran este prefijo son des-arme, des-embarco, des-embolso. Por contra, los nombres de (47a) que llevan este prefijo siempre tienen un uso privativo: des-ahogo, des-enfado, des-amparo.

Otro ejemplo es re-, que es repetitivo o restitutivo cuando se supone un evento o un estado previo, pero simplemente intensificativo cuando no hay evento:


(53) a. re-construir

b. re-guapo


Varios sustantivos de (47b) llevan el uso repetitivo / restitutivo de este prefijo: re-conquista, re-arme, re-toque, re-embolso. Los miembros de (47a) que llevan este afijo, escasos, nunca tienen esta lectura y si acaso pueden caracterizarse como intensificativos: re-celo, re-cargo.

Por fin, los de (47b), pero no los de (47a), pueden ser sujeto de tener lugar.


(54) a. *su empaste tuvo lugar...

b. *su insulto tuvo lugar...

c. *su conserva tuvo lugar...

(55) a. su ataque tuvo lugar...

b. su perdón tuvo lugar...

c. su entrega tuvo lugar...


Todas estas propiedades se explican si los del grupo (47b) tienen esencialmente la misma estructura morfosintáctica que una nominalización de evento como destrucción: un sustantivo derivado de un verbo. Las proyecciones verbales que están en su base explican estas propiedades, y le permiten legitimar SPs con por en lectura de agente, modificadores temporoaspectuales, etc. En cambio, los sustantivos de (47a) presentan un comportamiento que no permite deducir la existencia de ninguna parte de estructura verbal.

De esta manera hemos obtenido un criterio independiente, puramente formal, que sirve para delimitar qué sustantivos que –aparentemente– no están derivados son en realidad el resultado de nominalizar un verbo.


3.1. Morfofonología

La siguiente pregunta sería cómo funciona la morfología de los sustantivos de la clase de ataque. Pese a dar pruebas formales de que contienen un verbo –como en (56)–, no se ven ni morfemas verbales ni morfemas nominalizadores.


(56) SN

N SV

V √43
La tentación sería proponer un morfema cero nominalizador, como en (57).
(57) [[[atak-] ø ]V ø ]N

Esta, sin embargo, no puede ser la explicación. Como nota Borer (2012) para el inglés, si tuviéramos un nominalizador cero esperaríamos que fuera posible derivar con él sustantivos a partir de verbos morfológicamente complejos. Ilustramos el problema con el español, porque los datos en nuestra lengua son como los que nota Borer.8


(58) a. *un clas-ific(a)

b. *un etern-iz(a)

c. *un palid-ec(e)
Ninguna de estas formaciones es posible como sustantivo, pero si tuviéramos un nominalizador cero esperaríamos que lo fueran, con estructuras como [[[clas] ific(a)] ø]. El hecho de que estas estructuras sean imposibles argumenta contra la existencia de esta clase de nominalizador en español, pero también contra la propuesta de que la marca de sustantivo pueda ser nominalizador, porque entonces esperaríamos que (59), u otra formación similar con una marca de sustantivo distinta, fueran posibles, lo cual no es cierto.
(59) a. *un [[[clas]-ific]V-o]N

b. *un clas-ific-a

c. *un clas-ifiqu-e

d. *un clas-ific-ø

La situación parece difícil. Por un lado no tenemos evidencia morfológica de que haya un nominalizador –entendido como exponente–, pero por otro hay evidencia sintáctica de que un verbo se ha convertido en sustantivo. Nuestra propuesta es que, en lugar de emplear un afijo cero, lo que sucede en estos casos es que, mediante Materialización de Sintagma, un único exponente materializa la raíz, el verbo y el nominalizador. Sobre él, en una proyección funcional de naturaleza nominal –que aquí representamos como un SClasificador, en el sentido de Picallo (2008)– se introduce la marca de sustantivo.
(60) SClas

Clas SN <--- insult-

-o

N SV



V √1348
Nótese de qué manera esto impide que tengamos esta clase de nominalizaciones sin nominalizador cuando expresamos un afijo como -ific(a). En la suposición no polémica de que este exponente se corresponde con uno o varios núcleos funcionales verbales, -ific(a) se introduciría en V:
(61) SClas

Clas SN


N SV

V √


-ific(a)-

El problema, ahora, es que será imposible que un solo exponente materialice N y la raíz por Materialización de Sintagma: N y la raíz no forman un solo constituyente sintáctico en exclusión de V –ningún nudo domina tanto a N como a la raíz sin dominar también a V–. En una situación como esta, solo cabe materializar el nominalizador mediante un exponente distinto. Por tanto, *un clas-ific(a) será imposible, pero una clas-ific(a)-ción no.

Específicamente, nuestra propuesta es que ciertas raíces están asociadas con exponentes como los de (62); en algunas de ellas compiten dos exponentes que se diferencian mínimamente por la presencia de una vocal temática. Que el exponente que tiene como etiqueta más alta N no lleve vocal temática no sorprende dada la teoría tradicional de que solo los verbos llevan vocal temática, aunque recuérdese §3.1 en el capítulo 1.
(62) /atak-/ <---> SN

N SV

V √43
/atak(a)-/ <---> SV

V √43


Dada una estructura nominalizada, el primer exponente vence porque, por el Principio de Lexicalización Exhaustiva (PLE) el segundo no se puede usar, ya que no identifica N. Si la estructura no está nominalizada, vence el segundo, por la Condición de Panini, ya que el primer exponente tendría un rasgo no identificado ­–N–. Nótese que si ignoráramos la vocal temática podríamos tener un solo exponente para ambas formas.

Qué raíces estarían especificadas de esta manera sería una cuestión idiosincrásica en el léxico: lo que los hace especiales no está en su estructura sintáctica, sino en que tienen un exponente que engloba desde la raíz hasta el nominalizador. Por eso esperamos –correctamente– variación entre grupos de hablantes o incluso hablantes individuales con respecto a qué nominalizaciones pueden funcionar así. Entre los ejemplos tenemos dura (NGRAE §6.6u), como duración, o seca como sequía. En las variedades que usan estos términos –definidas, según dice NGRAE, por el ámbito en que se aplican– tendríamos un léxico con entradas algo distintas del español general.


(63) a. Léxico A

/dur-/ <---> SN


N SV

V √433
/sek-/ <---> SN

N SV

V ...√413
b. Léxico B
/dur(a)-/ <---> SV

V √433


SV

/sek-/ <--->

V √413
Si accedemos al léxico A, las nominalizaciones deverbales de esas raíces serán ‘cortas’, sin nominalizador expreso. Si accedemos al léxico B, en cambio, por el PLE los exponentes que encontramos no bastan para materializar toda la estructura de la nominalización, porque no identifican N. Tendremos nominalizaciones ‘largas’, como dur(a)-ción o sequ-ía. Si el mismo hablante, dependiendo de factores relacionados con el estilo de lengua o la especialidad, puede alternar entre estos ‘subléxicos’, explicamos así la alternancia dentro de un solo hablante.

El estudio de este caso nos ha permitido ofrecer otra ilustración del uso del sistema de materialización en nanosintaxis. Ahora pasaremos al estudio de las subclases morfosintácticas de nominalizaciones deverbales.




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