Ii. La base de las nominalizaciones (1). Las nominalizaciones deverbales



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En prensa. En A. Fábregas, Las nominalizaciones: la relación entre el léxico y la sintaxis. Visor, Madrid.

II. La base de las nominalizaciones (1). Las nominalizaciones deverbales
Este capítulo introduce la tipología general de nominalizaciones y estudia específicamente la base verbal de las nominalizaciones. Tras relacionar la pregunta con el problema de si la morfología es un componente independiente (§1), presenta una serie de pruebas para distinguir las clases fundamentales de nombres en español (§2). Estas pruebas se usan en §3 para diagnosticar qué sustantivos morfológicamente no complejos son estructuralmente nominalizaciones deverbales. Tras haber acotado el campo, se pasa al estudio específico de las nominalizaciones deverbales. En §4 se explora su estructura interna, distinguiendo tres valores fundamentales en los que la nominalización designa distintas situaciones de valor semántico distinto. §5 se ocupa de la morfofonología y de la variación que se documenta entre las clases. §6 estudia específicamente las nominalizaciones de participante, cuyas propiedades son especiales y por ello reciben un análisis ligeramente distinto al que se suele proponer en la bibliografía.

Comencemos, pues. Uno de los argumentos habituales que se dan a favor de un tratamiento léxico de las nominalizaciones es el hecho de que frecuentemente su significado parece impredecible. Si nos concentramos en las nominalizaciones deverbales en -ción, que serán el ámbito empírico de este capítulo, se pueden identificar varias situaciones distintas. Algunas de ellas designan la acción asociada al verbo de la base, y admiten un complemento agente:


(1) la destrucción del puente por las tropas enemigas durante la guerra

‘existe un evento, y ese evento es destruir; lo que se destruye es el puente, quien lo hace son las tropas enemigas y el evento tuvo lugar durante la guerra’


Otras nominalizaciones, en cambio, no admiten esta lectura eventiva, y se restringen a denotar un estado; ese estado puede ser resultante –es decir, se interpreta como la situación que sigue a la culminación de un evento télico previo– o no. (2a) tiene una interpretación estativa (‘estar preocupado’), pero no designa la acción de pasar a estar preocupado, por lo que no equivale a (2b). Correlativamente, rechazan el complemento agente o la expresión directa de causas.

(2) a. la preocupación de Juan (*por parte del gobierno) por el desempleo

‘existe un estado, y ese estado es ‘estar preocupado’; lo exhibe Juan y se dirige hacia el desempleo’

b. La insistencia del gobierno preocupó a Juan por el desempleo.


Otro grupo, algo más reducido, tiene una interpretación de cualidad. (3a) no designa ni la acción de complicar algo, ni el estado que se alcanza cuando algo ya ha sido complicado; indica que algo tiene la propiedad de ser complicado, es decir, se relaciona semánticamente con el predicado adjetival de (3b) y no con el verbal de (3c).
(3) a. la complicación de este problema

b. Este problema es complicado.

c. Este problema ya se ha complicado suficientemente.
La dificultad superficial es, de hecho, mayor, ya que algunas nominalizaciones pueden ser ambiguas entre varias de estas lecturas. En (4) se observa que una misma nominalización puede tener una lectura de evento y otra de estado; como veremos más adelante, se asocia a la lectura de estado que un sintagma introducido por durante mida el intervalo temporal durante el cual una entidad se encuentra en cierta situación (4b), sin que se deba interpretar que hay una repetición de eventos distintos que se aplican sucesivamente a la misma entidad, como sucede en (4a).
(4) a. las sucesivas interrupciones que sufrí durante mi charla

‘los sucesivos eventos de interrumpirme que tuvieron lugar durante mi charla’

b. la interrupción del servicio eléctrico durante dos horas

‘el estado de encontrarse interrumpido el servicio eléctrico durante dos horas’


Otras muestran una ambigüedad entre la lectura de evento, la de estado y la de cualidad. (5a) designa el evento de ‘hacer que algo se modere’, como muestra entre otras cosas su compatibilidad con el verbo tener lugar, que exige eventos como sujeto. (5b) designa el estado de estar ya moderado, y por eso es compatible con un sintagma temporoaspectual que mide la duración de ese estado. Nótese que en (5b), durante diez años mide el tiempo durante el cual los salarios estuvieron moderados, no el tiempo en el que se alcanzó ese resultado. Por fin, (5c) designa la cualidad de ser moderado, y no admite modificadores temporales.
(5) a. La última moderación de los salarios tuvo lugar en 2012.

b. España alcanzó la moderación de los salarios durante diez años.

c. Me admira la moderación de Juan en todo lo que hace.
Otro ejemplo semejante es el de (6): (6a) es la acción de contener; (6b) es el estado de estar contenido; (6c) es la cualidad de ser una persona contenida en cuanto al carácter o el comportamiento.
(6) a. la contención de los manifestantes por parte de la policía

b. la contención de los manifestantes durante dos horas

c. la contención de Juan
Por último, una cantidad muy alta de las nominalizaciones que designan eventos admiten también una interpretación que tradicionalmente se caracteriza como ‘resultado de’, ‘efecto de’, y a la que aquí nos referiremos –en situaciones que haremos explícitas más adelante– como ‘nominalización de participante’, en la que denotan un objeto físico relacionado con el evento. Típicamente, en esta lectura se obtiene la interpretación en la que el objeto físico corresponde al paciente del evento. (7a) se refiere al evento de construir un puente, mientras que (7b) se refiere al propio objeto construido como resultado del evento.
(7) a. la rápida construcción del puente por los obreros

b. la pesada construcción de piedra (*del puente)


El objetivo de este capítulo es doble: describir las distintas interpretaciones que se pueden obtener con las nominalizaciones deverbales, junto a las pruebas que permiten identificarlas, y abordar dos problemas analíticos fundamentales que presenta la situación que acabamos de describir:


  1. ¿Qué determina que un verbo pueda dar nominalizaciones de cada uno de estos tipos?

  2. ¿Por qué algunas nominalizaciones son ambiguas entre varios de estos tipos?

La hipótesis que defenderemos aquí es que las interpretaciones que admiten las nominalizaciones deverbales se toman siempre del conjunto de elementos que corresponden a la denotación de las piezas que, estructuralmente, contiene su base verbal. La interpretación de estado, por ejemplo, solo está disponible cuando la base es un verbo que contiene en su estructura sintáctica interna un subevento de estado. Si el verbo carece de esta capa estructural, independientemente de que su significado conceptual implique un resultado alcanzado o no, no se obtiene esta lectura. Si hubiera que resumir esta propuesta en un lema, este podría ser Nihil est in nomine quod non erat in verbo, y la implicación inmediata que tendría es que la estructura sintáctica interna de los elementos –no el significado asociado a sus entradas léxicas– es la que determina el significado de las formas derivadas. La hipótesis tiene, además, implicaciones inmediatas contra un tratamiento lexicalista de las nominalizaciones: si fuera un léxico generativo el que determinara qué interpretación reciben las palabras, con independencia necesariamente de una estructura que la sintaxis aún no ha construido, esperaríamos que la distribución de las interpretaciones fuera más idiosincrásica y que el uso de operaciones léxicas –aplicadas sobre la base verbal o sobre la nominalización completa– pudiera extender sus significados sin dificultad.

Sobre la segunda pregunta, defenderemos que la ambigüedad es solamente morfofonológica: la estructura interna de cada una de las lecturas es diferente, y lo que sucede es que con ciertos exponentes hay sincretismo entre esas estructuras. Datos de variación sugieren que ese sincretismo se estructura de la manera esperada por el Principio del Superconjunto: no hay casos de *ABA en los que la estructura más simple y la más compleja se materializan igual en exclusión de una forma de complejidad estructural intermedia.
1. Relevancia teórica del problema: predicciones distintas

Comprender esta clase de datos es esencial en el debate entre las visiones neoconstruccionistas, donde el léxico es interpretativo, y lexicalistas, donde el léxico es generativo. En el primero de los casos, el léxico es solamente un almacén en el que se lista información que no podría ser derivada a partir de reglas generales de una lengua particular o de la gramática universal, y se asocia a una representación morfosintáctica determinada. En (8), por ejemplo, relacionamos cierta fonología y cierta información conceptual con una representación sintáctica (un conjunto de rasgos abstractos).


(8) Entrada léxica en un sistema construccionista:

‘concepto’ <---> /morfofonología/ <---> [morfosintaxis]

El léxico, desde esta perspectiva, podría verse como una solución óptima a un problema determinado: cómo hacer que el sistema computacional solo tenga acceso a la información que le resulta útil para determinar la formación de las estructuras (rasgos formales), sin tener que cargar con información fonológica y conceptual que es necesaria para las interficies que llevan a la interpretación y a la materialización física, pero irrelevante para la sintaxis.

La idea de que la información morfofonológica es ignorada por la sintaxis está bien asentada en la tradición; no sucede lo mismo con la semántica, porque es indudable que hay aspectos del significado –tomado es sentido general– que son inmediatamente relevantes para el sistema sintáctico –como muestra claramente la existencia de un principio de cuantificación vacua, por ejemplo–. Es necesario incidir ahora en una serie de distinciones, introducidas ya someramente en el capítulo anterior, a las que volveremos repetidamente durante este capítulo y otros.

En los últimos 30 años se ha ido perfilando una diferencia fundamental entre la llamada semántica estructural y la llamada semántica conceptual. La primera se referiría a los aspectos del significado que son directamente interpretables a partir de una configuración sintáctica o a partir de la información contenida en los núcleos sintácticos manejados por el sistema conceptual. Esta información ha de ser igual para todos los hablantes que comparten un mismo sistema lingüístico y, por lo tanto, en la suposición de que no existe variación dentro del sistema computacional, se espera que sean aspectos universales del significado. Cuando la semántica estructural no deriva de una configuración sintáctica, sino de un rasgo, es necesario que ese rasgo tenga un papel activo en el sistema computacional y, por lo tanto, su presencia o ausencia dé lugar a diferencias gramaticalmente relevantes. Uno de los ejemplos menos disputados de esta clase de rasgos es el rasgo de operador que llevan ciertos elementos –‘cuantificadores’– y que les fuerza a entrar en relación con una variable.

En contraste, la semántica conceptual es aquella que no deriva directamente de rasgos gramaticalmente relevantes o configuraciones sintácticas. Dado que, por hipótesis, está introducida por las piezas léxicas y estas son idiosincrásicas y no derivables a partir de las reglas generales de la gramática, se espera que –hasta cierto punto- hablantes de la misma variedad de una lengua puedan tener diferencias en la información conceptual asociada. Por ejemplo, un hablante del español puede ignorar –como me pasaba a mí hasta que lo encontré en el DRAE– que la palabra venir designa, dicho de una autoridad, la acción de resolver o acordar algo (acepción 23), pero los juristas de su propia comunidad probablemente ya lo sabían y usaban este verbo para designar ese concepto. No por ello esperamos que entre la gramática de esos dos grupos de hablantes haya diferencias sintácticas o estructurales que se deriven de tener o no tener cierto concepto asociado a un morfema.

Por tanto, un sistema en el que el léxico relaciona la información idiosincrásica descrita con rasgos y configuraciones sintácticos espera que las combinaciones de elementos léxicos nos puedan dar nueva información fonológica o nueva información semántica conceptual, pero no que nos den información sintáctica o información semántica estructural que no estuviera representada ya en la estructura que se lexicaliza. Dicho de otro modo, y trayendo el problema ya a nuestro caso empírico concreto: una teoría construccionista espera que, si la ambigüedad a la que dan lugar las nominalizaciones deverbales tiene incidencia sintáctica, esté restringida por los componentes estructurales que las piezas que intervienen en la nominalización tengan asociados a ellas.

En cambio, un sistema donde el léxico es generativo permite que la información sintáctica emerja de una combinación de elementos léxicos, porque en ese sistema el léxico forma palabras antes de que intervenga el componente sintáctico. Esto permite, automáticamente, que las propiedades formales de una palabra se definan idiosincrásicamente y sin estar restringidas, en principio, por las propiedades formales de cada una de las piezas que se combinan. Dicho de otro modo más claro: aún si el verbo X no tiene un componente de estado, al combinar X con un afijo nominalizador el léxico puede determinar que el conjunto X + Y tendrá asociado un significado de estado, con independencia de si la noción de ‘estado’ es relevante para la sintaxis o no.

Tenemos, pues, dos distintas predicciones que podemos contrastar con los datos para determinar cuál de las dos nociones de léxico es la que debe ser descartada.


  1. La predicción de una teoría neoconstruccionista: los aspectos relevantes para la sintaxis de una pieza compleja tienen que ser una función de las propiedades sintácticas de sus constituyentes.

  2. La predicción de una teoría lexicalista: los aspectos relevantes para la sintaxis de una pieza compleja pueden ser distintos de los que tienen sus constituyentes independientemente

Por las mismas razones, cada teoría tendrá predicciones de partida distintas sobre la forma morfofonológica que se usará en los casos de ambigüedad. En un modelo neoconstruccionista, el exponente elegido viene dado en función de la estructura sintáctica: qué rasgos tiene y cómo se organizan. Se espera, pues, que elementos materializados con el mismo exponente deberán tener propiedades sintácticas mínimamente distintas. Un modelo lexicalista, en cambio, no predice ninguna correspondencia: ya que el léxico define las propiedades idiosincrásicamente y antes de que se forme ninguna estructura, se espera que el mismo elemento morfofonológico pueda lexicalizar cualquier conjunto de elementos por muy dispares que sean sus propiedades sintácticas (Stump 1993, 2001).


2. Una tipología general de nominalizaciones: su relevancia gramatical

Con el trasfondo anterior, la primera tarea que requiere un análisis de las nominalizaciones es la de determinar cuáles son sus clases gramaticales fundamentales, y evaluar cuáles de las clases que se han reconocido tradicionalmente tienen realmente relevancia para la gramática –y no son solamente el resultado de diferencias conceptuales sobre estructuras posiblemente iguales–.

El objetivo de esta sección es mostrar que la tipología de interpretaciones que pueden poseer las nominalizaciones deverbales tiene relevancia gramatical. Mostraremos que el comportamiento gramatical de las piezas lleva a distinguir al menos las siguientes cuatro clases diferenciadas:


  1. Nominalizaciones de evento (por ejemplo, destrucción)

  2. Nominalizaciones de estado (por ejemplo, aburrimiento)

  3. Nominalizaciones de cualidad (por ejemplo, hermosura)

  4. Nominalizaciones de participante (por ejemplo, destructor)

Son relevantes también, pese a no ser nominalizaciones, los llamados nombres de evento simple (fiesta, guerra, boda, examen), en la medida en que se relacionan semánticamente con las nominalizaciones de evento, con las que comparten algunas propiedades de selección.

Propondremos en esta sección que hay pruebas para diferenciar estas cuatro clases como estructuras sintácticas diferenciadas. La siguiente tabla trata de capturar esta clasificación, e integrarla dentro de la clase mayor de los sustantivos en español.
Tabla 1. Clases de sustantivos en español

Origen morfosintáctico

Clases estructurales

Diferencias conceptuales internas

Sustantivos no derivados
([N [√]])

--

Nombres de evento simple (guerra)

Nombres de representación (foto)

Sustantivos derivados de adjetivos

([N [Proyecciones adjetivales]])



Nombres de cualidad

Nombres deadjetivales de evento (infidelidad; cf. capítulo 3)

Otras clases (cf. capítulo 3)




Sustantivos derivados de verbos
([N [Proyecciones verbales]])

Nominalizaciones de evento

--

Nominalizaciones de estado

--

Nominalizaciones de cualidad

--

Nominalizaciones de participante

--



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