Ideología y fetichismo



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Ideología y Fetichismo

Ideología y Fetichismo1

Barbara Perez Jaime


barbara.perezjaime@gmail.com

El hombre ha nacido libre, y por



doquiera está encadenado. Hay

quien se cree amo de los demás,

cuando no deja de ser más esclavos

que ellos”

Jean Jacques Rousseau
Desde los contractualistas hasta hoy podemos ver que la filosofía política ha rondado en buscar la forma de instaurar “el orden” social a través del derecho, instituciones sociales... produciendo y reproduciendo un sistema ideológico adaptado a las creencias y necesidades que “supuestamente” demandamos. Pero lo primero que se nos viene a la cabeza es preguntarnos ¿por qué el hombre necesita la LEY? Y luego se concatenan una serie de preguntas, desde lo psico-antropológico hasta lo discursivo, como ser ¿Qué significación tiene la construcción del pasaje de la naturaleza a la cultura?. ¿Se logra el reconocimiento? La democracia burguesa como sistema de representación político que impera en nuestros días, ¿es un discurso que puede dar cuenta de la totalidad o vela las fallas de esa totalidad y a través de la LEY aparece como único discurso conciliador?. ¿Es un discurso de la totalidad o de la carencia?.

La democracia burguesa interpela a través de su discurso ideológico a los sujetos, y a través de la división del trabajo aliena al mismo cosificándolo, siendo el fetichismo el punto clave para naturalizar este tipo de relaciones sociales donde el objeto se subjetiva 2y cumple la función de “mediador social”. En este trabajo trataremos de demostrar cómo es llevado a cabo dicho proceso.




  1. La Cultura , la Ley y el Orden.

Cuando Freud comienza a producir su construcción teórica, en su obra Totem y Tabú, hace una recreación de un mito para explicar como es el pasaje del orden natural a la cultura, de la presencia a lo simbólico. Para ello se remonta a la Horda primitiva: ésta presenta, por un lado, un tipo peculiar de poder y, por el otro, una ambivalencia de los sentimientos. En cuanto al poder se puede establecer una dicotomía: derecho - violencia, y en cuanto a la ambivalencia de sentimientos la dicotomía: amor - odio. Freud nos revela que en su génesis tanto el derecho y la violencia como el amor y el odio son lo mismo. Sólo por transformaciones (determinados procesos) el odio se contrapone al amor y el derecho a la violencia; la tarea del psicoanálisis es trabajar los mecanismos de velamiento y desvelamiento.

Nos cuenta que en este clan, el padre está en la posición de goce, solo se realiza su voluntad. Los hijos están subordinados a sus órdenes y están excluidos del goce; se les tiene prohibido tener contacto con las mujeres, ya que éstas pertenecen al padre únicamente. Un día los hermanos de la horda se conjuran para matar al padre porque no toleran sufrir la exclusión y cometen un parricidio. Cometido el crimen del padre, entre los mismos comienza una lucha entre ellos para resolver quién va a ocupar el lugar del padre. Pero resuelven que ninguno de ellos va a ocupar ese lugar vacío. Satisfecho el odio a través del acto parricida, aparece el amor al padre muerto. La cultura se establece a través de un homicidio. Con ello nace la LEY que representa simbólicamente al padre sacrificado. La matriz edípica, existente antes de la tríada, se resuelve con la imposición del falo como representación simbólica del padre = ley. “El psicoanálisis nos ha revelado que el animal totémico es en realidad, una sustitución del padre, hecho con el que se armoniza la contradicción de que estando prohibida su muerte en época normal, se celebre como una fiesta su sacrificio, y después de matarlo se lamente y llore su muerte.(...) La comida totémica, quizá la primer fiesta de la humanidad, sería la reproducción conmemorativa de este acto criminal y memorable, que constituyó el punto de partida de las organizaciones sociales...”3 .

Si la muerte del padre es el pasaje a la cultura y en ella se instituye la LEY, los hombres necesitan reconocer en ella el Orden. De aquí podemos partir con la idea de Estado.



El Estado sería un discurso que vela el odio y la violencia existente porque se construye a sí mismo como derecho y amor. Amor porque “quiere el bien del otro”, deformando a través del discurso el odio que es esa relación entre “ o yo o la muerte del otro”. Poder se entiende como el poder de dar muerte. En una lógica de hierro, el padre 1) protege o 2) castiga y mata: es su voluntad. Entonces podemos derivar que el Padre es la LEY que se encarna en el Estado, y es una construcción simbólica para salvar esa ausencia de la presencia.



  1. El psiquismo y el deseo de reconocimiento.


Kojeve hace una lectura hegeliana del deseo de reconocimiento tomando como hipótesis central el fin de la historia, que lo identifica con el paradigma de la Revolución Francesa: termina con la monarquía y esto conlleva a la desaparición dialéctica del amo y el esclavo; el esclavo pasa a ser amo de sí mismo por las consignas enarboladas: Igualdad, Fraternidad y Libertad. ¿Por qué desaparece esa dialéctica y el esclavo se puede liberar?. En primer lugar, el hombre se diferencia de los animales porque puede desear cosas de tipo concretas (biológicas) entendidas como necesidades animales, y de tipo abstractas (de un otro) entendidas como necesidades humanas. Las primeras son existencias dependientes porque quedan en la naturaleza, mientras que las segundas son de existencias autónomas porque trascienden el dato biológico, son deseo humano “... todo Deseo humano, antropógeno, generador de la Autoconciencia, de la realidad humana, se ejerce en función del deseo de ‘reconocimiento’. (...) Hablar del ‘origen’ de la Autoconciencia implica por necesidad hablar de una lucha a muerte por el ‘reconocimiento’ ”.4 Pero en el enfrentamiento de la lucha a muerte puede pasar: 1) Que mueran los dos; 2) que uno sobreviva al otro; 3) que uno se imponga sobre el otro. En los dos primeros casos el deseo de reconocimiento no se cumple porque deja de existir el otro para que me reconozca, pero en el tercero tampoco se cumple el deseo de reconocimiento porque, si bien en un primer momento el “señor” es reconocido por el vencido, que pasa a ser “esclavo”, al primero no le sirve porque el reconocimiento lo debe hacer un igual, no un inferior, ya que para él no tiene valor. El esclavo pasa a trabajar la tierra, a transformar la naturaleza, y el amo sólo disfruta de los beneficios que ese trabajo realizado por el esclavo le otorga. La vida del amo es sólo consumir el producto que se obtiene a través del trabajo servil, y los otros lo reconocen como amo por esto. Pero sólo es amo del esclavo, y como ya luchó para satisfacer su deseo de reconocimiento del otro, ya no tiene conexión con lo natural. En cambio el esclavo debe “transformar la naturaleza” para poder mantener su existencia y la de su amo; pero el amo a devenirlo como esclavo, el se deviene como Amo de la NATURALEZA. “Y ese Dominio que nace del trabajo, de la transformación progresiva del Mundo dado y del hombre dado en ese mundo, será completamente distinto del Dominio inmediato del Amo.(...) Al transformar el Mundo dado mediante su trabajo, trasciende lo dado; él se supera, entonces, y supera, también, al Amo quien está ligado a lo dado, lo que él deja intacto porque no trabaja. Si la angustia de la muerte encarnada para el Esclavo en la persona del Amo guerrero es la condición sine qua non del progreso histórico, es únicamente el trabajo del Esclavo el que lo realiza y lo perfecciona5 Porque el señor aparece en la historia para engendrar al esclavo que lo suprimirá porque él no puede cambiar. La conciencia provee las condiciones de existencia del sujeto, pero la conciencia, solamente la conciencia no permite la autoconciencia, porque queda alienada al objeto que conoce. La contemplación revela al objeto y no al sujeto. Esta mera conciencia no permite revelar el deber ser del yo, debe existir un movimiento interno sobre el sujeto. El deseo es el que lo permite porque deja diferenciar el sujeto del objeto: hay una ruptura especular y por eso para que él exista, el sujeto en el sentido interno, debe tener deseo para romper con la relación especular. Este deseo posibilita la imagen entre objeto y sujeto ya que no permite la alienación. Entendemos por deseo la construcción de un objeto de deseo por el sujeto: no puede haber objeto sin deseo y este deseo permite la constitución del sujeto.
El psiquismo humano persigue una doble finalidad: el placer y la no necesidad. Freud, que en su obra “ Esquema del psicoanálisis” nos muestra como la psique- o vida anímica- está conformada por tres instancias psíquicas: ello, yo, y por último superyo.

El ello es la más antigua de las instancias, es lo constitucional del humano, es de donde provienen las pulsiones de Eros (libido) y Tánatos (pulsión de muerte) y que nos son desconocidas y responden al inconsciente. El ello expresa el propósito de la satisfacción de las necesidades innatas. El yo es la organización que media entre el ello y el mundo exterior y su objeto es la auto conservación tomando del mundo externo diferentes estímulos a los cuales va a responder mediante la memoria, la huida, la adaptación y la actividad; mientras que del ello debe “manejar” las pulsiones. El yo aspira al placer, el aplazamiento de éste puede provocar displacer el cual responde con una señal de angustia. En tanto el superyo es una construcción especial que se produce en la etapa infantil, ya que dependemos de los cuidados de los padres, y se prolonga en el tiempo. Su función principal es el control y restricción de las satisfacciones6

Las cualidades psíquicas se las pueden distinguir de la siguiente manera: consciente, preconsciente e inconsciente. Freud sostiene que no es necesario caracterizar el consciente ya que lo que es consciente lo es sólo por un momento y que todo el resto es inconsciente. El preconsciente es el momento en que el inconsciente pasa al estado de consciente, con facilidad, o sea sin nuestro trabajo o colaboración. A estas cualidades psíquicas las podemos relacionar con las instancias del aparto psíquico de manera tal que el ello corresponde al inconsciente, ya que es la única cualidad que domina en él. En tanto del yo le corresponde cualidad de preconsciente y el que comparte parte de inconsciente y parte de preconsciente es el super-yo. Las leyes que rigen lo inconsciente o del ello son de tipo primarias, mientras que las que regulan a lo preconsciente, o sea al yo, son de tipo secundarias.
Retomando las pulsiones, hemos hecho mención de ellas y podemos decir que se concentran en dos grupos, la libido – Eros- y la pulsión de muerte – Tánatos-. La primera se encuentra disponible en el estado inicial, se encuentra en el yo-ello aún indiferenciado, y sirve para neutralizar las tendencias agresivas. Por otra parte, al establecer el super-yo, una parte de la pulsión agresiva es fijada en el yo y actúa en forma autodestructiva.

Es el yo, como ya hemos dicho, la que se enfrenta al mundo exterior y al mundo interior. Pero este yo necesita reconocerse, o sea debe conocer y desconocer en relación a Otro. Si bien se discute si el narcisismo primario es anterior a la constitución del yo, podemos entender a este narcisismo como el amor de uno a uno mismo y que en el momento que este amor narcisista comienza el pasaje a un amor objetal, o sea a la representación de los objetos con libido, es de permanente ida y vuelta.

Para Kaës, “el psiquismo es aprehendido (...) como un movimiento de apoyos y desapoyos, de aperturas y cierres, de construcción y de destrucción, de crisis y de creación. Movimientos éstos que suponen estructuras relativamente inmutables, tales estructuras están provistas por la configuración individuante de los apoyos fundamentales propios de una persona o de un conjunto de personas”7

Como se expresa más arriba, las consignas de la Revolución Francesa terminan con la dialéctica del amo y del esclavo, ya que se logra la igualdad para todos, aunque esta igualdad es sólo formal. Pero Fukuyama reemplaza este paradigma para decir que el fin de la historia se produce en la década de 1980 y no en 1806. Cambia a la Revolución Francesa por el discurso de la democracia capitalista liberal porque hay que colocar al deseo de reconocimiento como el espacio de la teoría política, porque subsume en sí a todos los sistemas. Fukuyama no entiende a la historia como continuidad, sino que es un proceso único, evolutivo y coherente: es direccional y orientadora. Y él se pregunta ¿Tiene sentido a fines del siglo XX hablar de una historia orientada y direccional que conducirá a la mayor parte de la humanidad hacia la Democracia liberal?. Por cierto que su respuesta será que sí, porque hay dos razones: 1) razones de tipo económicas, y 2) la lucha por el reconocimiento.

La lucha por el reconocimiento es tan antigua como la filosofía política (Desde Platón hasta Niestche) A través del thymos se puede explicar la democracia liberal y reemplazando el deseo que el otro me reconozca como superior por el deseo que el otro me reconozca como igual. La democracia liberal “reconoce a todos por igual”, porque hay un reconocimiento de la dignidad entre todos los ciudadanos, o sea que cada ciudadano reconoce a los otros y a su vez es reconocida por el Estado esa dignidad “ (...) cuando decidimos vivir en democracia liberal (...) lo más importante y en definitiva lo más satisfactorio que nos da es el reconocimiento de nuestra dignidad (...) nos enseña el camino hacia la meta (...) del reconocimiento de nuestra libertad. El Estado democrático liberal nos valora según nuestra propia autoestima. Así, encuentran satisfacción tanto la parte de deseo como la parte ‘thymótica’ de nuestra alma”8. El fin de la historia llega cuando el deseo de reconocimiento es reemplazado por el reconocimiento de igualdad y no de superioridad.
La ideología.


  1. Los procesos ideológicos y psiquismo.

Ahora bien, ¿por qué si el deseo de reconocimiento debería ser el reconocimiento de igualdad y con ello daríamos cuenta del fin de la historia como una totalidad reconciliada sin fallas que se tengan que velar con el discurso ideológico hegemónico, en las democracias liberales este ‘reconocimiento’ es solamente formal y no una práctica real?. ¿Cuáles son las necesidades que la democracia liberal debe construir como ‘bien general’ desformando las verdaderas relaciones sociales?.


Rodríguez Sánchez, es su trabajo Inconsciente, sociedad e ideologías históricas, nos dice “las ideologías son aquellos componentes del imaginario social que relacionan los significados sociales con la estructura del poder social. Todo poder social es un poder formal y material al mismo tiempo y, por ende, todas las ideologías incluyen elementos formales y materiales. Toda acción social incluye en su sentido connotaciones valorativas, ya que en la acción humana no existirían fines neutros. Pero los valores, a su vez, remiten a un mundo ideal e idealizado (...) La realidad se vuelve satisfactoria por medio de una doble operación: interna y externa, individual y colectiva. En esta doble operación interviene lo que Castoriadis ha llamado el Imaginario Social: el conjunto de significaciones por los cuales un grupo o sociedad se instituye como tal, conformando no sólo sus formas de relación social y sus formas contractuales, sino también sus figuraciones subjetivas, estipulando lo permitido y lo prohibido, lo valorado y lo devaluado, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo y, sobre todo, los reconocimientos y desconocimientos.”9

Sabemos que este imaginario social, históricamente, ha sido interpretado de tres formas:



  1. Mito, como ha sido descripto más arriba para mostrar la instauración de la cultura en el hombre

  2. Las religiones, vigentes hasta el surgimiento de las sociedades modernas, donde se rompe con la idea de “lo divino” para constituirse el hombre como “sujeto” - individuo.y por ello devienen10

  3. Las ideologías modernas.

Podemos decir que con el surgimiento de las sociedades modernas el hombre comienza a individualizarse y toma conciencia de sí mismo y de su relación con lo que lo rodea. La industrialización de las sociedades modernas modifica el proceso de trabajo y es por ello que el hombre se ve en la necesidad de especializarse en él, logrando así una división social del trabajo11.
La transformación de la naturaleza en el contexto de racionalidad instrumental para la Escuela de Frankfurt significa Dominación. Marcusse define al capitalismo como el gobierno de la materia muerta sobre el reino de lo humano. Hace una lectura particular de Freud y le hace críticas: él entiende que para Freud la cultura es impensable sin la renuncia o represión de las pulsiones: la cultura no es posible sin la supresión del principio del placer sobre el principio de la realidad. Entonces Marcusse sostiene que de la misma teoría de Freud se puede deducir que sí es posible la cultura, y para ello toma el mito de Totem y Tabú demostrando una lógica inversa: para Freud las pulsiones reprimidas por la ley, aunque sean reprimidas, no desaparecen sino que quedan en el inconsciente y tarde o temprano generan conflicto en la cultura, en cambio para Marcusse sí es posible una cultura no represiva desarrollando elementos represivos de la cultura anterior (propia contradicción de una sociedad que genera una nueva - Marx) “Toda la civilización, hasta aquí conocida, es la historia no de las representaciones de las ‘pulsiones’ de las necesidades, sino en beneficio de la dominación de unos hombres por otros. No se trata de reprimir (en el sentido convencional) sino es utilizar estas pulsiones de manera desviada en beneficio de la dominación: desublimación Represiva” (Marcusse)

Existe una represión básica que si es necesaria para la cultura (en Freud la represión primaria), representa una modificación de las pulsiones cuya función es la perpetuación de la especie, pero también hay una represión, que es histórica, llamada ‘suplementaria’ o excedente (surplus) que implica la dominación de la naturaleza y de la naturaleza de los sujetos que constituye un debilitamiento del componente erótico y un fortalecimiento del componente tanótico (destructivo). Para Marcusse Eros puede ser una fuerza unificadora que rechace este excedente de dominación y que lleve a cabo una demanda de deseo que no sea autodestructiva. Este gran rechazo está inscripto en el propio inconsciente por estas pulsiones reprimidas que pueden retornar. Sólo es una posibilidad teórica. Pero en realidad qué pasa: en las sociedades de hoy lo que sucede es que estas pulsiones que retornan del inconsciente son utilizados como formas de dominación, ya no es por vía externa, sino que está en la funcionalidad de la sociedad: Dominación ejercida en las condiciones de libertad formal de los sujetos y esta es la condición para que la dominación pueda ejercerse. Con esto demuestra el pasaje de una sociedad represiva a una sociedad autorepresiva. Esta sociedad representa para Marcusse el paradigma de la sociedad administrada como ‘falsa totalidad’ porque la sociedad industrial avanzada, por su propio desarrollo tecnológico, ha extendido de maneras inéditas el dominio sobre la naturaleza, creando la ‘ilusión’ de posibilidades de infinito para el desarrollo humano, lo cual facilita la presentación de los intereses particulares como intereses generales de la sociedad. De aquí surge la gran paradoja: ‘los capitales intelectuales y materiales son mayores que nunca, al mismo tiempo y justamente por eso, la dominación sobre los sujeto es mayor que nunca’, porque los intereses prevalecientes están puestos al servicio de la dominación. El aparto técnico (productivo) tiende a volverse totalitario porque determina las prácticas materiales de los sujetos y sus necesidades; en este sentido la racionalidad tecnológica se ha vuelto una racionalidad política que implica organizar a los sujetos no por la represión directa sino por este carácter Unidimensional , no solo de las conductas, sino de los deseos, de las pulsiones del propio pensamiento.

(...) Las necesidades humanas son necesidades históricas y, en la medida en que la sociedad exige el desarrollo represivo del individuo, sus mismas necesidades y pretensiones de satisfacción están sujetas a pautas críticas superiores”12.

En una sociedad donde la civilización industrial avanzada es la que prevalece, las falsas necesidades pueden satisfacer al individuo pero no logran la felicidad sino solo la “euforia dentro de la infelicidad”.

Los individuos no tienen control sobre las necesidades, se les presentan desde lo externo y perpetúan la represión aunque se sienten identificados y encuentren la satisfacción de su necesidad, sólo están a la orden de la perpetuación de la imposición de intereses sociales particulares que reproducen la represión del individuo. Estas necesidades son “(...) productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión”13. Sólo las necesidades vitales corresponden a las verdaderas necesidades, ya que pueden dar cuenta de una satisfacción en términos de reales, porque si estas no pueden ser satisfechas, todas las otras tampoco. En la búsqueda de satisfacer necesidades se crean nuevas necesidades.

La ‘verdad’ y la ‘falsedad’ de las necesidades designan condiciones objetivas en la medida en que la satisfacción universal de las necesidades vitales y, más allá de ella, la progresiva mitigación del trabajo y la miseria, son normas universalmente válidas”14. El trabajo solo puede ser aprehendido por el pensamiento crítico bajo las formas concretas que adquiere en cada modo de producción. Concretamente en el modo de producción capitalista es estrictamente dependiente del fetichismo de la mercancía, donde se produce y reproduce el origen lógico de la alienación, entendida esta como el velo para entender las relaciones sociales. Como el trabajo está alienado en el capitalismo, se presenta separado de la conciencia lo cual implica que los objetos aparezcan como cosas externas. No existe una conciencia de la transformación de la naturaleza; los hombres no sólo transforman la materia sino que se transforman así mismos. De esta manera actualizan su esencia: “los hombres se transforman en lo que son”; haciendo el mundo se hacen a sí mismos solo que por la alienación no saben que lo hacen. El trabajo es la creación de la existencia humana como tal e implica una relación con la naturaleza que por la alienación se pierde. ¿Cuál es el motivo para que los hombres trabajen? : la escasez. Es entonces la transformación de la naturaleza y a través del trabajo la que abre un abanico de deseos (entendidos como necesidades) y en busca de satisfacerlos se van generando nuevos deseos.

Cuando los hombres se identifican, a través de la inmediatez, con la sociedad se identifican con el todo, el cual es producido por la civilización industrial. “Esta identificación no es ilusión, sino realidad. Sin embargo, la realidad constituye una etapa más avanzada de la alienación. Esta se ha vuelto enteramente objetiva; el sujeto alienado es devorado por su existencia alienada”15 . La ideología es la única dimensión que se hace presente en todas las esferas y de diferentes maneras. Su justificación o su denuncia se ven plasmados por el desarrollo del progreso siendo la ideología absorbida por la realidad. La falsa conciencia entonces se transforma en la verdadera conciencia debido a que los sujetos se encuentran alienados y la ideología se encuentra hoy en el propio proceso de producción16. Así como no pueden ver las relaciones sociales que están reproduciendo, tampoco pueden ver la represión ejercida a través de la creación de necesidades ‘falsas’, debido a que a través de esta construcción la sociedad industrial avanzada reclama al individuo en su totalidad y logra que se identifique con el todo por medio de la producción y distribución en masa. De esta manera se muestra una totalidad reconciliada donde la falla es velada por el proceso de alienación, el cual tampoco le es cognoscible.
Para Althusser la ideología afecta a la ciencia y al conjunto social, ella no es la mera representación de la realidad social, sino que como representación es una realidad social que desborda la mera cuestión del conocimiento. Existe una doble articulación que podemos encontrar en la ideología: por un lado con el conocimiento, por el otro con la sociedad en su conjunto. Aparentemente Althusser acepta la figura arquitectónica de la “estructura - superestructura”. La ideología (que pertenece a la superestructura) se presenta como forma de conciencia social e independiente de la subjetividad. Las prácticas simbólicas son representaciones que los hombres se hacen de su propia actividad, es decir que constituyen como tales un cierto nivel de conocimiento con los otros hombres, no son conocimientos verdaderos pero si contienen elementos de conocimiento, esto es lo que hace eficaz a la ideología. Pero estos elementos de conocimientos están subordinados al sistema total de representaciones: lo no verdadero. Este sistema de representaciones está regido por un falseamiento de la realidad y este falseamiento es constitutivo, estructural, objetivo y necesario: la ideología es necesaria en toda sociedad. Solo existe una práctica en términos ideales que rompe con esta falsealidad: la práctica científica, el marxismo.

En una sociedad de clases, la ideología sirve para ejecutar las tareas necesarias para la reproducción de las ‘ese’ tipo de relaciones de producción (de dominación) y para que los hombres puedan soportar la situación de explotación, dominación, etc. que supone la sociedad clasista.

. Para Althusser la ideología es el “cemento” de la estructura, y con él se logra la cohesión de los hombres, está presente y es constitutiva de todas las prácticas humanas, como es indistinguible de la experiencia vivida de los hombres es lo que le da su aspecto de totalidad: es una estructura de totalización y es invisible a los ojos. Da una cierta opacidad.

En una sociedad de clases la función social de la ideología solo es inteligible sobre la base de estructura esencial, constitutiva estructural y conflictivamente. El problema central de la falsedad de la representación ideológica es que ‘representa’ lo real, cuyo objetivo no es el conocimiento objetivo de la realidad, sino fundamentalmente la reproducción de las relaciones de clase; la conciencia necesariamente confirman el lugar que a esos sujetos se la ha asignado en ese modo de producción. Hace una alusión a lo real sobre una ilusión de lo real. El ‘reconocimiento’ es por definición un desconocimiento de que es una construcción y no un lugar ya dado. La ideología es el espejo donde el sujeto cree conocer.

Cuando Althusser hace alusión a la ideología como juego de palabras se está refiriendo a la funcionalidad que cumple en relación de soportar a la burguesía como clase dominante. La ideología dominante es la ideología de la clase dominante. Este juego de palabras es necesario para poder dar cuenta de una igualdad formal en la que todos creen y a través de ella se sostiene el discurso todos son libres: tanto los explotados como la burguesía son iguales, pero esto vela las verdaderas desigualdades del sistema capitalista.

La igualdad formal hace que todas las prácticas sociales sean naturalizadas, sin tener una construcción social a la cual se remita. Pero esta es la falsa totalidad que trata de reconciliarse a través de la inmediatez. La ideología se presenta con un doble velo dentro de la sociedad de clases: por un lado tiene la función social dentro de la estructura de falsear las realidades, lo cual es necesario porque puede dar la opacidad que tiene la misma estructura, ya que se muestra como una totalidad reconciliada: el hombre necesita de representaciones, sin ellas no existiría la vida social, mediatiza las relaciones sociales. Y por el otro esa mediatización se vuelve inmediata, en su doble opacidad, mostrando las relaciones sociales sin distancia: vela el velo de la mediatez, de lo simbólico. Así oculta la falla de la totalidad y muestra una reconciliación de dicha totalidad. La falsa totalidad remite a la aparente “transparencia” que se logra con la doble opacidad, mostrando los relaciones sociales tan “naturalizadas” como si no tuviesen construcción social.




  1. El fetichismo de la mercancía y la ideología

Marx ya denunciaba la obscenidad de la mercancía,



unida al principio de su equivalencia, al abyecto prin-

cipio de su libre circulación. La obscenidad de la mer-

cancía procede de que es abstracta, formal y ligera,

respecto a la pesadez, opacidad y sustancia del obje-

to. La mercancía es legible: en contra del objeto que

jamás confiesa su esencia visible, esto es, su precio.

La mercancía es el lugar de tanscripción de todos los

Objetos posibles: a través de ella, comunican los ob-

jetos; la forma mercancía es el primer gran médium

del mundo moderno”.



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