Identificación de factores de riesgo de embarazo en población adolescente escolar urbana y rural colombiana



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MATERIAL Y MÉTODOS


Tipo de estudio: Cuantitativo, observacional de tipo corte.

Población: Adolescentes escolarizados de 14 colegios públicos de Bogotá (localidad de Suba y Engativá) y municipios de Mosquera, Funza y Madrid (Cundinamarca) cuyos colegios tuvieran vínculos con el proyecto PIPSA (Programa Integral de Promoción de Salud del Adolescente) realizado por una facultad de medicina.

Criterios de inclusión: Jóvenes de los cursos donde en el último año se hubiera presentado al menos un caso de condición de embarazo (hombres con su pareja en embarazo o mujeres embarazadas) y que estuvieran en el colegio el día de la encuesta y quisieran participar.

Variables: Se utilizó un cuestionario para ser auto diligenciado, el cual se elaboró en el 2006 para el proyecto PIPSA, diseñado con un sistema de ponderación que permite al encuestado apreciar sus riesgos. Se probó a través de dos grupos focales; uno en el 2006 y otro en el 2009. Para este proyecto se buscaron variables coincidentes con el objetivo y se modificó el cuestionario; se preguntó por condiciones socio-demográficas (6) diferenciando urbano (Bogotá) de rural (Mosquera, Funza y Madrid), edad, género, estratos (que ellos mismos perciben). Se indagó por aspectos psicológicos tales como percepción del ánimo en el momento: feliz, normal y triste (19) y se aplicó el test de autoestima de Cooper Smith que la clasifica como alta, media y baja. Se indagaron variables de familia (15): percepción de funcionalidad familiar con el test de APGAR familiar que clasifica funcionalidad normal, disfunción moderada y severa. Estructura del hogar: Nuclear (hogar compuesto por padre, madre e hijos), incompleto (falta uno de los padres), extenso (padres e hijos más otros miembros) y reconstituido (padrastro o madrastra). Se interrogó por relaciones con los padres: hablar con confianza, padres pendientes de llegada (3, 14), castigo físico y emocional. Percepciones del colegio (25): cómo se siente, cómo percibe su futuro (alcanzará anhelos), qué hará cuando termine. Percepciones sentimentales (13): haber estado enamorada(o), lo que siente por su actual pareja, edad comparativa de su pareja, número de parejas en el último año, percepción hacia el embarazo, tener vida sexual con pareja. Se cuestionó por percepción de riesgo (26) de: pensamiento suicida, comportamientos violentos en el último año y consumo de alcohol la última semana y, acerca de percepción y prácticas religiosas. En cuanto a conocimientos (15) se preguntó sobre planificación, ciclo menstrual, dónde recibió la información sobre sexualidad. Sobre actitudes (15) de sexualidad, tal como razón para tener relaciones sexuales, creer que existe edad para iniciar vida sexual y creer que los padres apoyarían planificación. Percepción del embarazo y prácticas sexuales (15): edad de la primera relación, planificación en la primera y última relación, relaciones con más de una pareja en el último año. Finalmente se indagó sobre el aborto, preguntando cómo lo perciben (pecado o decisión individual), si abortaría y si ya lo han hecho.

Prueba piloto: En julio del 2010 se hizo una prueba piloto del cuestionario con un curso (35 jóvenes) de 13 a 15 años de un colegio público de Bogotá. Se apreció interés por las preguntas y entendimiento de las mismas.

Recolección de información: Se presentó la investigación ante las directivas de los colegios, logrando su aprobación y ejecución durante los meses de agosto a noviembre del 2010 en los diferentes planteles. En abril del 2011 se completó el estudio a través de la inclusión de tres colegios. Una vez en los salones, se explicó la encuesta y la voluntariedad para participar. Se insistió en que si no querían responder alguna pregunta, podían dejar de hacerlo, solicitando que aquellas que respondieran lo hicieran con la verdad. Se pidió a los profesores que salieran y se garantizó la confidencialidad (cuestionario anónimo). Se recogieron en bolsas donde, una vez incluidas, se revolvían delante de los jóvenes. Se apreció seriedad al contestar con interés cada pregunta. No todos contestaron todas las preguntas. Una vez recopilada la información, se hizo un informe para cada colegio que fue entregado a orientación escolar y se presentó un informe a la comunidad académica de los colegios que así lo solicitaron.

Manejo estadístico: Se tabuló la información en una hoja Excel y luego se procesaron las frecuencias con el uso del programa Epi Info. De cada pregunta se sumó el total de respuestas obtenidas y se obtuvieron las proporciones de sus correspondientes ítems. Se determinaron los OR entre embarazadas y no embarazadas con sus IC del 95 % y la prueba p. Se realizó la regresión logística condicional dejando los OR cuya p fue menor de 0,05. Con el fin de identificar sesgos de información se utilizaron dos preguntas: en población embarazada se buscó encuestas que dijeran no haber tenido relaciones sexuales. Y en jóvenes que afirmaron tener relaciones sexuales con su pareja se buscó los que hubieran contestado no haber tenido relaciones sexuales.


RESULTADOS


La edad media de la población encuestada fue de 15,3 años con una DE de 1,4. El grupo de edad de 13 a 16 años representa la mayoría (ver Tabla 1). El 37 % de las familias están viviendo la etapa de hijo adolescente por primera vez.
Tabla 1
El estrato 2 representa el 54 % de los jóvenes. Por cada joven que se percibe triste, existen tres que se perciben felices.
Tabla 2
Por cada joven que puede hablar con confianza con la madre (Tabla 2) tan solo un poco más de la mitad (24 %) pueden hacerlo con el papá y uno de tres (32 %) ha hablado con su padres de planificación abiertamente. Un 37 % nunca lo ha hecho. El 13 % de los jóvenes no puede hablar (casi nunca) con confianza con la mamá y 33 % con el papá. Un 2 % (168) jóvenes son golpeados y un 23 % lo son de manera ocasional; 1 638 (23 %) perciben ocasionalmente castigo emocional por parte de sus padres, siendo tan solo 444 los que afirman que lo hacen con frecuencia (6 %).
Por cada joven que se aburre en el colegio (Tabla 2) existen cerca de tres (23 %) que la pasan “muy contentos” y siete (67 %) que lo perciben normal. El 83 % de los jóvenes cree que alcanzará sus anhelos. Un 3 % (223) no sabe qué hará cuando termine el colegio, contrastando con el 57 % que afirma que estudiará y luego formarán un hogar y con un 10 % que dice que trabajará (no estudiará). Un 2 % (132) formarían un hogar lo antes posible.
Respecto a las relaciones sentimentales (Tabla 2) 2 099 (30 %) perciben sentir verdadero amor por su pareja, 5 % quisiera dejar a la pareja (pero no sabe cómo) y un porcentaje similar está por costumbre. Un 9 % no sabe qué siente por su pareja. Casi uno de tres (31 %) ha tenido una pareja en el último año y uno de cuatro (24 %) dos parejas, siendo un 11 % tres parejas, 4 % cuatro parejas y un 8 % los que han tenido más de cuatro. Cerca de la mitad (47 %) no quieren tener hijos (por ahora), 19 % les gustaría pero aún no y 3 % los que sí lo desean y el próximo año. El 55 % de los jóvenes tiene pareja de la misma edad. El 10 % tiene pareja muy mayor y el 4 % muy menor. Respecto a las percepciones de riesgo, la mitad tomó alcohol la última semana, un 36 % ha pensado en el suicidio y un 9 % lo ha planeado (realmente lo grave), y uno de tres de éstos jóvenes fue golpeado (o golpeó) a alguien en el último año.
Respecto a factores protectores, un 56 % de los jóvenes se considera persona religiosa y el 31 % (2 197) practica su culto religioso semanalmente. En cuanto a información sobre planificación (Tabla 2), el 53 % afirma haber entendido el ciclo menstrual y el 31 % recibió la información, pero tiene dudas. Los servicios de salud son la fuente de información en un 12 %, porcentaje similar al de auto-aprendizaje. En tanto el 44 % cree que el condón los protege contra el SIDA, un 15 % no lo cree y un 40% tiene dudas.
Con relación a las actitudes hacia la sexualidad, se indagó por razones para tener relaciones sexuales y el 82 % considera que el sentir amor y 725 jóvenes (10 %) por sentir placer, un 2 % por obligación. Uno de cinco jóvenes tiene una madre que estuvo embarazada en la adolescencia (Tabla 2). Cerca de la mitad de los jóvenes (3 866) cree que los 18 años es una buena edad para iniciar vida sexual. El 39 % cree que tener un hijo ahora es motivo de impedimento de lograr los anhelos, uno de cinco (19 %) cree que es una situación incierta para el futuro y 4 % (289) es causa para amarrarse a la pareja. La mitad (51 %) cree que el aborto es un pecado, en tanto un 25 % cree que depende de “uno” (libre escogencia) y un 16 % cree que es la forma más triste de resolver un problema.
La Tabla 2 pone de relieve las prácticas en torno a la sexualidad. Planificaron más en la primera relación que en la última. Uno de cinco jóvenes tiene vida sexual activa con su pareja. De los métodos de planificación que usaron en la última relación, tres de cuatro usaron condón (1 557), 10 veces más que píldoras (137), coito interrumpido (153), inyectables (138) y un 3 % óvulos espermicidas.
De 292 jóvenes que afirman estar o haber estado en condición de embarazo, 108 son hombres (37,5 %) y 180 (62,5 %) son mujeres, tres no contestaron acerca de su género.
Tabla 3
En torno a la pregunta de investigación, la Tabla 3 muestra las variables significativas luego de la regresión logística.
DISCUSIÓN

La presente investigación tiene el sesgo de información al que se exponen las encuestas auto diligenciadas en poblaciones juveniles. Se enfrentó añadiendo escalas de resultados al instrumento para que los encuestados pudieran obtener puntajes que les permitieran conocerse y, de esa forma, lograr motivarlos. Se cree que se cubrió apropiadamente por la concordancia de los datos encontrados con los revisados. Los sesgos detectados fueron dos: se identificaron 32 jóvenes que respondieron estar en condición de embarazo (n=292) y, sin embargo, contestaron que no habían tenido relaciones sexuales. De los 1 429 jóvenes que afirmaron tener vida sexual activa, un 9 % niega haber tenido relaciones sexuales. Este trabajo forma parte de un proyecto universitario que integra estudios de la Fundación Universitaria Juan N Corpas con colegios públicos y pretende, con base a los resultados, proponer intervenciones para esa población; por ende, no se trabajó con muestra representativa.


La estructura familiar nuclear encontrada (57 %) es similar al del ENDS (1) con un 56 % y al estudiado en el 2006 (15) con 59 %, mostrando disminución del hogar incompleto 29 % vs. 41 % en el 2006 y del extenso (ahora 7 % vs. 21 % en el 2006), diferencias que pueden indicar mejoría económica de los hogares ya que en la actualidad la familia extensa se establece más por necesidad que por cultura (27). En estudios efectuados en el 2006 (26) con poblaciones similares, se encontraron respuestas concordantes; por ejemplo, en el estado de ánimo: en 2006 feliz 33 %, en el 2011 34 %; triste en el 2006 8 % e igual en el 2011. Lo anterior, sustentado en el trabajo de González (28), quien afirma que la percepción del ánimo de las personas, tiende a ser similar en las diferentes etapas de la vida, a no ser que ocurra un evento extraordinario, ofrece concordancia que contribuye a validar esta investigación. Los jóvenes de este estudio perciben a sus familias (funcionalidad Tabla 2) de manera muy parecida a los del 2006 (15, 29) con disfunción severa en el 2006 de 7 % y funcionalidad normal de 63 %.
En el 2006, en población similar (15), se hicieron preguntas iguales, pero en población que en promedio tenía 13,5 años vs. 15,3 años en este trabajo. Ello, dada la influencia de la edad, explica encontrar en este trabajo mayores prevalencias en comportamientos sexuales. En el estudio del 2006 (15 y 29) se encontró que un 17 % de los jóvenes ya había tenido relaciones sexuales, en éste 40 % (Tabla 2). En el 2006 tan solo un 33 % de jóvenes se “protegieron” en la primera relación (15), y en este trabajo el porcentaje se incrementó a un 52 %, donde, además de la edad como diferencia, planteamos (para demostrar) que se estén incrementando los comportamientos protectores y, por tanto, la efectividad de las intervenciones, de los colegios probablemente, similar a lo ocurrido en otros países (30), por ser el sitio donde más se aborda con los adolescentes el tema de la sexualidad (36 % en el 2006 y 37 % en este trabajo).
En torno a la pregunta de investigación, este estudio encontró que el desconocimiento es el principal factor de riesgo (Tabla 4). La ausencia de información sobre planificación resultó ser un factor clave, aunque no se encontró graduabilidad (al comparar no ha recibido información con sí recibió y la entendió, dio OR de 0,4 en tanto que al compararlo con los que sí recibieron pero tiene dudas, resultó 0,1) proponiendo como explicación que saber con dudas es más riesgoso que no saber. Con esta salvedad, el resultado es coherente con la realidad. Entender bien cómo planificar resulta clave para llevar una vida sexual responsable. La falta de conocimiento en sexualidad según Baeza (14) se refiere a que existe información pero que es escasa (o mal enseñada) frente a sus necesidades respecto de cómo prevenir un embarazo. Entonces, y siendo obligatorio implementar cátedras de sexualidad en los colegios, ¿qué sucede? Creemos que los profesores y padres no están bien capacitados; por consiguiente, surge una amplia área de intervención dirigida a ellos, ya que son los principales responsables de la enseñanza en planificación. Unir padres y profesores en torno a estos resultados es importante ya que se ha notado en los profesores dificultad para abordar el tema pues se procura evitar reclamaciones de los padres y que les digan que están incitando a los jóvenes a la vida sexual. Estos resultados contrastan con las conclusiones de Allen y col (31) quienes sostienen que, más que el conocimiento, se necesitan padres cuidadores y que generen confianza. Este trabajo no evidenció que la confianza establezca diferencia (Tabla 4); por ello, proponemos que la fuerza de la dirección de la intervención ha de ser dirigida a los jóvenes, padres y profesores para que todos conozcan sobre planificación. Es interesante que Leyva (32) encontrara que más de la mitad de la población estudiada embarazada recibió educación sexual inadecuada por parte de la familia.
El segundo factor encontrado fue haber tenido un aborto. Alarmante resultó el estudio de Alvarado (33) quien indica que, de la población adolescente participante en condición de embarazo, el 57,1 % toman la decisión de abortar, resultando de éstos el 28,6 % con complicaciones post aborto. Se ha estimado que en Colombia ocurren cerca de 450 000 abortos ilegales por año (34). El 10 % de los jóvenes en condición de embarazo en este estudio han presentado un embarazo previo. Quiere decir que previamente ya pasaron por un embarazo no deseado, ¿qué paso? ¿Por qué se repite la situación? Es fácil suponer que con el primer embarazo resolver abortar es una situación frecuente; enfrentar a los padres y el ver a su futuro condicionado por la paternidad, permite entender que vean al aborto como una salida (particularmente la primera vez), ello a pesar de que tan solo uno de cuatro consideran que tal opción depende de ellos y la mitad lo ven como pecado (Tabla 2). Se plantea que en un segundo embarazo ya es un conflicto religioso (lo ven como pecado y muy grande para volverlo hacer) y es así que aceptan llevar a término el embarazo, convirtiéndose por ello en un factor de riesgo. El asunto es que ya lo vivieron y les volvió a pasar. Si bien no se sabe cuántos de estos embarazos son deseados, se asume que la mayoría no lo son (aunque una vez sucedidos sean aceptados). Lo lamentable es que repitan la situación, sin haber recibido asesoría luego del primer embarazo. Varios estudios muestran cómo, entre las jóvenes que se embarazan, vuelven a estarlo en menos de dos años; por ejemplo, Cvejic (35) demostró en su estudio que 18 % de adolescentes con antecedente de aborto, en un término de dos años aproximadamente volvieron a quedar en embarazo. Resulta evidente que ante esta realidad es indispensable montar un servicio de asesoría para estos jóvenes, donde se les insista en cómo llevar una vida sexual responsable y no marcada por la incertidumbre. Será deber de tal servicio descubrir cómo llegar a los jóvenes que ya han abortado.
Los jóvenes que están en condición de embarazo ya tienen vida sexual con sus parejas (cinco veces más, Tabla 3). Se propone como explicación que, buscando asegurar la pareja, ambos promueven fortalecer el vínculo a través de la vida sexual activa. El asunto es que, si como se observa, desconocen la planificación en un importante porcentaje (Tabla 3), ello a pesar de asistir a controles prenatales a través del Sistema de Seguridad Social, se crea un factor de riesgo para volver a quedar en embarazo, por lo que se podría concluir que, luego de posparto, estos jóvenes asumen una vida sexual activa (y así más posibilidad de tener otro embarazo no planeado) ya que la protección depende al menos en una parte de lo que sepan y es evidente que no saben aspectos claves.
El cómo vivan la primera relación parece ser un factor determinante de lo que será la vida sexual subsiguiente en los jóvenes (Tabla 4). Fétis (36) encontró que el 37 % de los jóvenes estudiados usaron anticonceptivos en su primera relación sexual, observándose mayor uso de condón y anticonceptivos orales. Este trabajo plantea que el joven al tener la primera relación sexual y ver que no le “pasa nada”, repetirá la experiencia más o menos en las mismas condiciones. Por ende, aquellos que no se protegen, al ver que no quedaron en embarazo asumen de ahí en adelante tal comportamiento. Planificar en la primera relación implica planear, lo que incluye pensar en consecuencias; por tanto, es muy importante promover la vida sexual asumiendo responsabilidades; una forma puede ser planeando la primera relación.
Los jóvenes en situación de embarazo beben menos que los que no (Tabla 4). Se concluye que esto es cierto principalmente por las mujeres, ya que existe un mensaje generalizado donde fumar y beber en embarazo acarrea serios problemas, razón por la cual las embarazadas lo hacen menos.

Los hogares donde falta alguno de los padres presentan más riesgo (Tabla 4), consecuente con Bonell (37) quien afirma que los jóvenes que conviven sólo con un padre (familia nuclear incompleta) tienen mayor riesgo de embarazo entre los 15 y 16 años. La explicación es que el miembro que se queda deberá asumir más responsabilidades económicas, con lo que disminuye la supervisión de los hijos. Lo que no es coherente es que los hogares donde faltan los dos padres no resultaron como riesgo, probablemente porque tengan hogares sustitutos donde se les controla. Si bien la disfunción familiar moderada percibida por el joven, resultó ser un riesgo (Tabla 4), no fue graduable el no hallar a la disfunción severa como riesgo. Ello disminuye el entendimiento del hallazgo a pesar de parecer lógico que jóvenes que perciben mal a su familia busquen en el embarazo una forma de salir de sus casas.


De manera consistente este estudio muestra cómo los jóvenes de áreas rurales tienen más riesgo de embarazo que los de área urbana (Tabla 4). Flórez C (38) declara en su estudio que las adolescentes de zonas rurales y de menor nivel socioeconómico inician sus roles reproductivos mucho más temprano que las de estratos altos o residentes en zonas urbanas.
En este trabajo muchos factores identificados como riesgo no se evidenciaron, como ser hijo de madre adolescente (38), presencia de ideas suicidas (29), disfunción severa y otras relaciones con la familia (padres), a diferencia de lo expuesto por Leyva (32), quien enfatiza tal relación. Tampoco percepciones acerca del futuro (proyecto de vida - escape) como aseguraba Alarcón (39), aspectos sentimentales como el “amor romántico” designado por Baeza (14) o percepciones morales o religiosas. Harden (3) en las revisiones sostiene que el embarazo en adolescentes les provoca infelicidad. Este trabajo abordó tal percepción a través de sentirse triste para ser comparado con sentirse feliz (26) entre embarazados(as) y no embarazados(as) y no se encontraron diferencias. Sin embargo, la revisión de Harden se refiere a adolescentes que han estado en embarazo y, por ende, han asumido no sólo la condición sino el rol de madres, en tanto que este trabajo es de cómo llevan la condición de embarazo. Se interpreta esa ausencia de diferencias (feliz vs. triste) como una aceptación de la condición. Lo anterior también lo avala Salvatierra (40) quien encontró que las adolescentes presentan una favorable aceptación a su condición de maternidad. Lo anterior lo sustentan ya sea por la inmadurez propia de su edad, por el menor desarrollo de un pensamiento crítico o porque no cuentan con un referente distinto al que le muestra su medio.
En cuanto a la autoestima de las jóvenes embarazadas, existe gran controversia. Baeza (14) identifica la baja autoestima junto con un gran número de respaldos literarios como uno de los más relevantes factores de riesgo para embarazo adolescente. Aquí no se encontró, por lo que se concluye que el embarazo es más un accidente que puede suceder en cualquiera y no en “acomplejados”.
Aspectos muy individuales, tales como la forma como entendió (o no) la planificación, habitualmente enseñada por el colegio, o el haber vivido ya una consecuencia de una vida sexual no protegida -aborto previo- (33) reforzada por lo que puede ser una predicción de cómo llevará su vida sexual -protección en la primera relación- (36) son los factores significativos. Se plantea, según estos hallazgos, que el embarazo se presenta más que en jóvenes con problemas con sus familias, sin anhelos y expuestos a más riesgos, en jóvenes mal informados que asumen su vida sexual de forma no planeada. Por ello se propone como mecanismo para disminuirlo, un reforzamiento de los conocimientos acerca de planificación a través del colegio (41) y de los padres (42).
Los resultados de esta investigación permiten concluir que el embarazo es una situación accidental que se presenta por la presencia de una situación erótica sexual no planeada y, por ende, no controlada en los jóvenes. Por ello surge la necesidad de abordar la sexualidad a nivel de padres de forma temprana y en el colegio de forma más directa para que, desde ellos, refuercen conocimientos que contribuyan a generar actitudes y comportamientos de responsabilidad y, por tanto, protección en los jóvenes. ¿Cómo enseñar? Sin duda será el reto.
AGRADECIMIENTOS

A los estudiantes de la cátedra de Biometría de la Fundación Universitaria Juan N Corpas del 2010 y 2011 quienes hicieron el duro trabajo de campo. A las orientadoras de los colegios por su compromiso con la situación de los adolescentes. A la Fundación Salud Familia y Comunidad por establecer el puente entre los colegios y la facultad.



REFERENCIAS
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