Ideas útiles para desarrollar el comentario crítico



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Ideas útiles para desarrollar el comentario crítico

San Manuel Bueno, mártir, Unamuno.
- Esta novela puede entenderse como un testamento intelectual (espiritual, filosófico) de Unamuno. Escrita en 1931, cuando Unamuno ya es viejo, en esta obra resumió él las grandes preocupaciones que le habían acompañado a lo largo de su vida. Fundamentalmente, 1) la preocupación religiosa; 2) el sentido de la vida; 3) el sentimiento del paisaje y 4) la cuestión social (o sea, si “si es útil para la felicidad del pueblo preocuparse de los problemas sociales”, como dice Lázaro)

- Manuel Bueno (MB), protagonista del relato, es un cura que no tiene fe. La fuerza de la razón (que le dice que solo existe esta vida, la terrenal) vence en él a la fuerza de la fe (creer en Dios y en la vida eterna). Podríamos decir que es un cura ateo. Esta contradicción íntima le produce un sufrimiento y una tristeza enormes, una angustia (“agonía” la llamaba Unamuno), un martirio (como dice el título de la obra). Pero MB sí cree en algo: cree en el amor al prójimo, a sus semejantes (que es la norma principal de vida de un buen cristiano). De hecho, él se entrega por completo al pueblo donde vive, ayudando a la gente en lo material y en lo espiritual. A él lo único que le importa es que la gente sea feliz, que pase su vida evitando sufrimientos inútiles y penalidades. Y ahí entra la religión, pues DM cree firmemente que la religión tradicional, sencilla del pueblo puede funcionar como consuelo de la gente ante el sufrimiento y las penalidades de la vida. Así pues, es una persona que, por convencimiento, oculta a los demás (menos a Lázaro y un poco a Ángela) su gravísima crisis interior. Por lo tanto, su vida es una paradoja pues no tiene fe como han de tenerla los cristianos pero se comporta como el mejor de ellos. De este modo, la espiritualidad de DM es vista de tres maneras a lo largo del relato: el pueblo lo ve como un santo absoluto, el perfecto cristiano, católico, etc; Ángela, que termina la novela muy confusa, ve en él a una persona buenísima pero atormentada por las dudas; y Lázaro es el único que sabe que es buenísimo pero que no tiene fe ninguna.

- Además, a lo largo de toda la historia, Unamuno establece un paralelismo entre don Manuel y Cristo. Cristo y DM se parecen porque los son “ejemplos de vida” para la gente, para los fieles. Cristo lo fue Humanidad entera y DM lo es para la pequeña “humanidad” de Valverde de Lucerna. Las similitudes son muchas: los dos enseñaban con la palabra (no escribieron nada); los dos tienen discípulos (los apóstoles y evangelistas de Cristo, y los hermanos Carballino de MB) que difunden su mansaje y lo dejan escrito para las generaciones futuras; los dos tienen una voz subrenatural, divina; los dos hacen milagros (igual que Cristo resucitó a Lázaro, también DM resucita simbólicamente al suyo), y, sobre todo, los dos viven para el amor y para hacer el bien de sus semejantes.

- El resto de los personajes de la historia dependen completamente de DM. Así vemos que Ángela (cuyo nombre significa en griego mensajera) es la narradora (evangelista) de la vida de DM. Ella, de jovencita, tiene una fe firme y tradicional pero cuando acaba la historia está confusa, siente que DM tenía dudas religiosas, dudas que le transmitió a ella también. Lázaro sería un apóstol de DM, pues ha sido resucitado a la fe por DM (una fe muy especial) y desde ese instante lo ayuda y difunde su mensaje entre el pueblo, incluso después de la muerte del cura. La evolución espiritual de Lázaro es la contraria que la de la hermana: primero es completamente ateo, no cree en nada espiritual, pero el contacto con el cura lo hace convertirse a la fe especial de DM. Blasillo representa el grado máximo de la fe ciega e inocente que don Manuel desea y predica para su pueblo; Blasillo, personaje tratado con gran cariño por Unamuno, simboliza la fe popular (cándida, inocente, tradicional, sin planteamiento racional de ningún tipo, confiada, casi “tonta”, como este personaje).

- Tema y temas: la fe y el ansia de inmortalidad frente a la razón (lucha íntima entre la razón, que niega la inmortalidad del alma, y la voluntad, que lo alienta en su búsqueda de la fe). Pero se plantean ahora con un enfoque nuevo en él: la alternativa entre una verdad trágica (dictada por la razón, según la cual el hombre es un ser destinado a la muerte, y la inmortalidad del alma es sólo una ilusión inventada por el hombre para hacer más soportable la existencia) y una felicidad ilusoria (aquella que se basa en la fe en Dios y en la inmortalidad del alma. Así, el hombre vive feliz y tiene paz interior, alimentando la esperanza en la vida eterna). Y Unamuno parece optar por la segunda (lo contrario de lo que harían los existencialistas Sartre o Camus). Así, cuando Lázaro dice: “La verdad ante todo”, don Manuel contesta:”Con mi verdad no vivirían”. Él quiere hacer a los hombres felices: “que se sueñen inmortales”.

- Unamuno regresa (después de haber defendido posiciones políticas progresistas) a posiciones conservadoras respecto a los problemas socio-políticos de España: vemos que DM descree de los exaltados, sean religiosos o revolucionarios, ya no cree en todos aquellos que perturban la vida tranquila, el día a día de la gente, aunque esta sea pobre. DM se desentiende de la cuestión social, hay una despreocupación y una oposición clara ante estos asuntos, en comparación con la trascendencia de la incógnita vital de la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

- Simbolismo de los elementos del paisaje: la montaña es la fe; el lago es la incredulidad y la duda (también el sufrimiento interior de DM); la villa sumergida es el recuerdo de la historia y de las almas de las gentes del pueblo desde lo más remoto, así, la leyenda tradicional representaría el paso del tiempo. La nieve es lo misterioso de la fe y el paso del tiempo, misterio porque la nieve es perenne sobre la montaña pero se disuelve sobre las aguas del lago, y al mismo tiempo la nieve cae sobre todo el paisaje, unificándolo, igual que el paso del tiempo, un tiempo siempre igual, repetido, como la nieve de siempre, un tiempo sin tiempo, algo que parece casi eternidad de tan repetido.

- Preguntas que pueden servir para aportaciones personales de comentario, siempre que se razonen convenientemente.

- ¿Es correcto moral o éticamente amparar y proteger la fe de la gente cuando no se tiene fe propia? ¿Se puede mentir a los demás para hacer de ellos personas felices? ¿El fin de las cosas justifica los medios utilizados para conseguirlas?

- ¿Tiene la religión el mundo actual la fuerza que tenía en la época de Unamuno sobre la vida de las personas?

- DM pensaba que las ideas políticas y sociales progresistas (revolucionaras) vuelven a la gente infeliz porque ya no es capaz de contentarse, consolarse y conformarse con lo que tiene ¿Piensas tú igual? ¿Qué tiene más valor en el mundo actual, para una persona o un joven normal como tú: un sentimiento religioso consolador de la conciencia y de la vida, unas ideas políticas que te hagan luchar por mejorar tu vida y las de los demás o ninguna de las dos cosas?

Los girasoles ciegos, Alberto Méndez

- Libro con 4 cuentos o relatos, publicado en 2004 por Alberto Méndez (1941-2004), galardonado a título póstumo con los dos premios más importantes de ese año: el Nacional de narrativa y el de la Crítica, ambos en 2005.

El libro contiene cuatro historias, cada una situada en un año de la Guerra Civil y la inmediata posguerra: 1939, 1940, 1941 y 1942, a las que titula “derrotas”, un término que resume perfectamente la temática general del libro. Son sus protagonistas un capitán franquista que renuncia a ganar la guerra (Si el corazón pensara dejaría de latir); un adolescente –poeta y soldado- que huye con su compañera a la montaña (Manuscrito encontrado en el olvido); un preso que busca la forma de retrasar su fusilamiento (El idioma de los muertos); y un diácono movido por su vocación sacerdotal y su activismo e ideales fascistas pero dominado por la lascivia (Los girasoles ciegos). Además, los cuatro relatos están conectados gracias a ciertos vínculos entre los personajes, lo que significa que la derrota de unos se prolonga en la derrota de otros y que todos son unos vencidos de la misma historia. Esto crea en el lector la sensación de hallarse ante un mundo unitario, cerrado, donde el dolor y las desgracias se repiten. Así, por una parte, el capitán Alegría, del bando nacional (1er cuento), que se rinde al enemigo el día en que las tropas rebeldes entran en Madrid, se halla en la misma cárcel que Juan Senra (3er cuento); y, por otra parte, la joven Elena que muere en el parto (2º cuento) es la hija de Elena y Ricardo Mazo, los protagonistas de la 4ª y última historia. Este ejemplo es bastante significativo ya que los padres, en los años cuarenta, no supieron cuál fue el destino de la joven pareja mientras que el lector tiene una visión global de las historias y puede medir la amplitud de las derrotas gracias a la variedad de los puntos de vista que le brindan los distintos narradores.

- AMéndez declaró en una entrevista que los acontecimientos narrados son invenciones verosímiles inspiradas en historias que sí lo fueron. El resultado es, como dice un personaje del libro, un mundo “donde todo era real pero nada verdadero”. Otro factor que refuerza el carácter histórico-realista es que los personajes y lugares inventados se yuxtaponen a escenarios reales de la época (las cárceles de Porlier, la del Cuartel del Conde Duque, la Capitanía General del Madrid republicano, la calle de Alcalá de Madrid, el frente de batalla de la capital; etc), a personas reales que protagonizaron la Guerra Civil y la posguerra (el jurista republicano Jiménez de Asúa; los militares rebeldes Franco o Enrique Eymar; el poeta Miguel Hernández; dirigentes comunistas como Enrique Líster, Fernando Claudín y Palmiro Trogliatti; etc).

- Las cuatro historias hablan de personajes menores, sin brillo público, personajes con vidas anónimas, para subrayar que la Historia no se escribe solo con grandes políticos y de grandes batallas y generales, sino también con la suma de experiencias de miles de vidas pequeñas, desconocidas e insignificantes. Otro rasgo característico es que muchos de ellos son personajes cultos, con carreras universitarias, profesores, abogados, periodistas, poetas, músicos, traductores, como lo era la familia del propio autor. Pero aparte del guiño autobiográfico, también advertimos que el carácter reflexivo, entre filosófico o ensayístico, de muchos de los pensamientos y palabras de los protagonistas no sería tan verosímil en otros personajes de un nivel cultural más bajo.

- AMéndez (que fue hijo de exiliados políticos republicanos) escribe desde un punto de vista abiertamente antifranquista. Esto se ve en que casi todas las víctimas de los cuentos pertenecen al bando republicano, el bando que defendía la legitimidad democrática del país y que fue derrotado en la Guerra Civil; pero, sobre todo, se ve en que son esas víctimas, esos derrotados los que representan la razón moral, la integridad y la dignidad, atropelladas por la rebelión militar. Los vencidos son anti-héroes, abocados al fracaso y a la muerte, pero altruistas, honestos, desprendidos, dignos, en medio del discurso plano de la violencia ejercido por los vencedores. Sin embargo, no hay didactismo ni moralina de ningún tipo en el libro. Nadie a lo largo de las historias (salvo el cura del 4º relato, en unas pocas frases) defiende o ataca ni la rebelión militar ni la República democrática. Son cuatro historias profundamente intimistas donde lo que llama la atención no es el mensaje político sino el sufrimiento de los personajes. Los móviles políticos e ideológicos no se hacen nunca visibles, permanecen implícitos en los acontecimientos y en el comportamiento de los personajes, sean de uno u otro bando. AM no cae ni en el alegato político ni en la propaganda. No hay tendenciosidad en la obra.

- Como se ha dicho, todos los cuentos transmiten una profunda sensación de sufrimiento. Hay un sufrimiento externo de los personajes (relacionado con la condición de víctimas de la guerra obligados a luchar por la supervivencia en medio de los fusilamientos, las penas de cárcel, la huida, la ocultación, el acoso, etc) pero también hay un sufrimiento íntimo, es decir, un sufrimiento de cada personaje que deriva del hecho de que todos ellos tienen o han tenido que tomar decisiones irrevocables en su vida, decisiones relacionadas con morir o seguir viviendo. El cansancio, la debilidad, los remordimientos, la venganza, la conciencia de los errores cometidos, el idealismo juvenil, la humillación y la dignidad, la responsabilidad familiar, la amistad y el amor, etc. son emociones y sentimientos que sirven para individualizar a los personajes, para acercarlos emotivamente al lector. La intensidad humana de los cuatro relatos nace de la relación de ambos sufrimientos. Se puede decir que el sufrimiento sirve para interiorizar la derrota, para hacer de la derrota bélica una derrota personal, vital, espiritual. El miedo, la soledad y el silencio opresivo son otras tantas sensaciones y sentimientos vinculados directamente a ese sufrimiento.

- En los cuatro relatos domina un clima claustrofóbico, de encierro. Los personajes están en la cárcel (en dos cuentos), en una braña (entre los montes de Asturias, lugar inaccesible, sin salida en el invierno), o en un armario. Esta imagen funciona como una cruel metáfora de la España real de aquella época: todos los espacios son vigilados, se levantan barreras, se cierran puertas y se construyen rejas. Circular libremente es peligroso o imposible. El país queda dividido: los hombres se meten en sus guaridas como animales apaleados, o son enjaulados por sus enemigos políticos. La libertad no existe para los que piensan de distinta manera que los vencedores, quienes humillan y castigan: la paz después de la guerra no es liberadora, ya que se traduce, para muchos, en una estela de odio, lágrimas y muertos. Este clima claustrofóbico crea en el lector una sensación agobiante y opresiva.



- Otro elemento unificador de los cuentos es el valor que se da en ellos al testimonio y restitución de la memoria colectiva, es decir, al propósito de que la vida de estos personajes sea recordada a través de lo que les ocurrió pero también a través de lo que contaron a otros, o de lo que otros contaron de ellos, o a través de lo que escribieron, o de lo que se escribió y de lo que se investigó sobre ellos. Muchos de los protagonistas escriben notas, cartas (algunas de las cuales son confesiones) o diarios, a veces censurados, reproducidos íntegros o en parte, olvidados, recuperados y sacados del olvido; otro personaje escribe unas memorias sobre su infancia; también aparecen actas de juicios militares y declaraciones de convictos; uno de los narradores habla como si el cuento fuera producto de una investigación histórica (cuento 1), y otro como si él fuera el editor de un diario de un solado fallecido (cuento 2), y en ambos casos la historia de los personajes se identifica con la historia de los documentos y testimonios que sirven para conocerlos. En resumen, los cuatro cuentos forman, podríamos decir, como un enorme depósito o archivo de recuerdos orales y escritos, públicos y privados, acerca de la vida de los personajes. Con todo ello AMéndez parece subrayar dos cuestiones: 1ª) toda esta documentación (hoy todavía dispersa y casi perdida) formaría la memoria colectiva de los derrotados de la guerra, justamente aquella memoria censurada y barrida por el franquismo; aquellas historias que no conocíamos sencillamente porque las personas que las sabían no podían contarlas (no pudieron hacerlo durante el franquismo y no lo pueden hacer ahora porque casi todas han muerto); y 2º) la memoria colectiva no solo es el recuerdo de una colección de acontecimientos más o menos trágicos sino, sobre todo, el de unos sentimientos y unos valores morales de resistencia ante la barbarie y la indignidad de los victoriosos; así vemos cómo el Capitán irónicamente apellidado Alegría se rinde por dignidad pero también por sentirse culpable; el joven poeta muere y causa la muerte de otros por fidelidad e idealismo pero también por errores propios de la inmadurez; Juan no acepta seguir mintiendo porque le vence un sentimiento de tristeza y soledad, pero también de rabia y de venganza; Ricardo se condena al salvar a su mujer de la lascivia de un diácono, el mal llamado Hermano Salvador, y lo hace por cariño y responsabilidad.

- AMéndez era un admirador del cuento como género literario. En alguna ocasión escribió que Carver (escritor norteamericano), Borges y Cortázar eran sus cuentistas preferidos. Para AMéndez el cuento se caracteriza por su capacidad sintética y desarrollo vertiginoso, pues sólo utiliza los elementos esenciales de la narración: planteamiento sucinto, enredo esquemático, personajes paradigmáticos y desenlace sorpresivo; cuando eso se logra, comenta, se convierte el cuento en un género absolutamente moderno. Este libro responde con rigor a esta concepción. En sus aspectos formales, no existe en los cuentos un narrador único conocedor de toda la historia; por el contrario, el autor hace uso de diversos puntos de vista: un narrador omnisciente (combinado o no con los narradores internos), el manuscrito o diario encontrado, el personaje testigo, o el yo autobiográfico (de diarios y cartas). Cuando distintos narradores coinciden en el mismo relato se emplean distintos tipos de letra. Con frecuencia, el lector tiene datos del argumento que los personajes no saben, lo que le sirve para hacerse una idea de conjunto, de época, sobre el sentido y las consecuencias de los acontecimientos.

Si el corazón pensara dejaría de latir

Composición literaria: como en Crónica de una muerte anunciada (novela de García Márquez), el narrador nos anticipa el final del personaje, quien «eligió su muerte a ciegas». El narrador se encargará de reconstruir, desde el presente, los últimos días de la vida del personaje para mostrar cómo llegó a ello. El título (Si el corazón pensara dejaría de latir) es muy unamuniamo porque recuerda el primer verso del famoso poema “Credo poético” del profesor de Salamanca (CA estudió y fue profesor en Salamanca): “Piensa el sentimiento, siente el pensamiento…”; y porque expresa la agonía, el sufrimiento íntimo del personaje, roto interiormente entre lo que la experiencia le ha obligado a vivir y a sentir y lo que su pensamiento, su conciencia, le ordena.

El narrador escribe la historia en 1ª persona del plural (estilísticamente se trata de un plural de autoría): “Ahora sabemos que el capitán Alegría…”; “Ahora sabemos que…”; “Sabiendo ahora lo que sabemos…”; “Todos los testimonios que hemos encontrado…”. Es decir, escribe como si estuviera dentro de un grupo que comparte una información comprobada y que la transmite y la pone a disposición del lector. Este plural (muy parecido al usado en los textos científicos) sirve aquí para sugerir que todo lo que se cuenta no es producto del punto de vista subjetivo del narrador, sino que nace de una serie de datos ciertos, objetivos y, en definitiva, extraídos de un proceso de investigación (periodística, histórica). Además, el narrador recoge palabras y opiniones de aquellos que conocieron al protagonista, transcribe cartas de este y reconstruye aspectos biográficos. Tanto los documentos como los testimonios contribuyen a producir una fuerte impresión de realidad. Sin embargo, desde el momento en que Alegría es juzgado y condenado a ser fusilado, el narrador admite que “todos los hechos que relatamos se confunden en una amalgama de informaciones dispersas, de hechos a veces contrastados y a veces fruto de memorias neblinosas contadas por testigos que prefirieron olvidar.” O sea, desde este instante, la ficción se impone a la investigación: el narrador admite que para completar la vida de este personaje es imprescindible creer en declaraciones no contrastadas, suponer cosas, rellenar vacíos de la memoria, inventar situaciones, siempre que el relato resultante sea fiel a los datos que positivamente se conocen. Implícitamente, vemos que las figuras del investigador y del novelista se funden, se hacen una cuando se trata de reconstruir los recuerdos de esta época de España.



En cuanto a las referencias literarias: 1) CA se describe a sí mismo, ya encarcelado a la espera de juicio, como una “mónada de Leibniz” (o sea, como un alma aislada de las demás y a la vez perdida de sí misma, eso sí, dotada de apetito, percepción y conciencia). Una metáfora acerca de la soledad y la lucidez en que vive el protagonista. 2) En una carta escrita a Franco le dice que el horror de la guerra que él como otros han visto “es imposible que quede entre las azucenas olvidado.” La cita (…dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado) corresponde al famoso poema de San Juan de la Cruz “Noche oscura del alma”. Aquí CA intenta ser sarcástico (se supone que la carta la va a leer el mismísimo jefe del Estado). Lo que ha ocurrido no es algo que quede distraídamente olvidado, líricamente olvidado entre las flores, como si nada hubiera ocurrido, sino todo lo contrario, algo definitivo, presente para siempre en la vida de los protagonistas y los testigos. 3) En una carta a su novia dice de sí: “Soy un fue, y un será, y un es cansado”, otra cita poética, ahora de un famoso soneto metafísico de Quevedo (“Cuán nada parece lo que se vivió”), una alusión evidente al sufrimiento interior y al absurdo y hastío de la vida, a la pérdida de un sentido u orden que la rija.

El protagonista es Carlos Alegría (el apellido es evidentemente una ironía). No es un militar ni tiene espíritu de militar. Se alista como voluntario al ejército sublevado en 1936, cuando empieza la guerra, convencido de que “así defendía lo que había sido siempre suyo”, es decir, los valores familiares e ideológicos en los que creía firmemente: religión, matrimonio y linaje (pertenecía a la nobleza), tradición, exigencia moral, etc; y suponemos que vio en la República una amenaza para todos esos valores. Como civil, reconocemos en él a una persona culta, aficionada a la literatura, la poesía y la filosofía, acostumbrado a meditar sobre su vida y a justificar siempre lo que hace. Como militar fue recompensado –en tareas de intendencia- por su capacidad de organización y meticulosidad, pero nunca entró en batalla. En resumen, para CA la vida es orden, algo perfectamente calculado y planificado, a partir de un principio moral claro y preciso en la conducta, en el pensamiento y en los sentimientos. Pero la vida echa por tierra toda esa actitud espiritual y vital: primero la guerra le abre los ojos acerca de lo que ocurre realmente: él se alistó para derrotar los valores ideológicos, morales, políticos que representaba la II República, nunca para convertir el país en un cementerio (que es lo que está haciendo Franco). Entonces siente que su vida ha sido un error, se siente solo y se siente vencido, derrotado. Y decide morir. Para ello se rinde, convencido de que un bando u otro lo fusilará. Pero por 2ª vez fallan sus planes: los republicanos no le hacen ni caso y los franquistas lo juzgan y lo fusilan pero lo hacen mal y vive. En consecuencia (como se verá en el cuento 3º), cae en un sufrimiento obsesivo donde se mezclan el desamparo, la soledad y el sinsentido del vida. A la mínima oportunidad, se suicida.

Manuscrito encontrado en el olvido

Composición literaria: El relato está montado sobre dos técnicas: la del manuscrito encontrado (el narrador aparece como editor-transcriptor de un diario que ha hallado más o menos fortuitamente); y la anticipación (como en el cuento anterior) del desenlace. De forma que sin necesidad de leer el diario en sí, el lector ya sabe que tiene ante sí la consumación de una tragedia. El narrador se presenta, además, como investigador, como historiador que ha buscada y hallado el diario en cuestión, pero no como un investigador cualquiera, sino como alguien a quien le llama la atención que el desconocido autor del diario escribiera en las paredes de la braña: “Infame turba de nocturnas aves”, un verso de Góngora, producto, sin duda, de alguien culto, tal vez de un escritor, pero además un verso que evoca algo nocturno, cerrado, algo confuso y amenazante. A partir de aquí, la voz narrativa que predomina es la del autor del diario, el soldado adolescente, acompañada por los comentarios acerca del contenido del diario o del autor que realiza eventualmente el editor, comentarios que, en algunos momentos, se llenan de subjetividad, aportando una interpretación e incluso una emoción que recubren los hechos narrados por el protagonista. Esta técnica permite crear en el lector una intensa impresión de realidad pues parece como si la historia no fuera algo literario, una invención, sino un pedazo de realidad, de la vida de quien escribe el diario.

El ritmo del relato está firmemente marcado por las páginas del diario, que se corresponden con el paso de los días y las estaciones (empieza en octubre y termina en pleno invierno) y con la duración del lápiz con que escribe el diario: cuando se termina el lápiz (símbolo de la escritura) se termina también la vida.





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