I texto del libro de judit



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José Vílchez sj
JUDIT
INTRODUCCIÓN

I. TEXTO DEL LIBRO DE JUDIT
El libro de Judit se ha transmitido a lo largo de su historia en todas las lenguas habladas por las comunidades judías y cristianas de la antigüedad. Hasta nosotros han llegado testimonios escritos en esas lenguas, menos en arameo, del que sólo tenemos noticias por san Jerónimo1. En este capítulo vamos a tratar de todos estos testimonios y de las mutuas relaciones de dependencia entre ellos.
1. Texto griego del libro de Judit
Es un hecho generalmente admitido por los expertos que los testimonios más antiguos que poseemos del libro de Judit están en griego; de ellos se derivan todas las versiones antiguas. Afortunadamente contamos con una buena edición crítica del texto griego de Judit2 y de un estudio exhaustivo del mismo y de su historia desde el punto de vista de la crítica textual3. Apoyados en la autoridad de R. Hanhart, admitimos que los numerosos códices minúsculos griegos que conservamos del libro de Judit se pueden reducir a cuatro recensiones o formas y corrientes fundamentales, según las cuales se han transmitido los textos: la Hexaplar, la Lucianea, la a y la b4.
La recensión Hexaplar está contenida en la tradición del texto origeniano hexaplar (O), representada principalmente por los Ms 58 y 583 y por las Versiones antiguas latina (VL) y siríaca (Sy)5; la recensión Lucianea (L), transmitida por los Mss 19, 108 y 319, está de acuerdo en su mayor parte con la recensión Hexaplar, pero tiene también variantes cuantitativa y cualitativamente notables6; la recensión a se caracteriza por la tendencia a abreviar el texto7; la recensión b se distingue por pequeñas añadiduras aclaratorias, por inversiones en el orden de las palabras y por cambios en preposiciones8.
Cada uno de los cuatro grandes códices Unciales B S A V contiene íntegramente el libro de Judit; ellos son los testigos más cualificados de las diferentes corrientes en la tradición textual del libro de Judit9.
2. Versiones latinas y otras del libro de Judit
Después de los textos griegos del libro de Judit las versiones latinas son las más importantes entre las antiguas. El texto de la Vetus Latina (VL) se inserta en la tradición origeniana o hexaplar10. La versión que hace san Jerónimo del libro de Judit al latín, la Vulgata (Vg), si damos crédito a sus palabras, es el fruto precipitado de una noche en vela. Ante sí tenía san Jerónimo un texto arameo de Judit y un buen número de códices latinos (VL), en su opinión, muy corrompidos. Él no considera canónico el libro de Judit, por esto su trabajo es rutinario y de una precisión escasa: la traducción no es literal sino ad sensum11.
Las versiones a otras lenguas antiguas tienen un valor muy secundario, pues dependen generalmente de los textos griegos. Éstas son: las siríacas (Sy o Pesitta; Syh o Sirohexaplar), la copta sahídica (Sa), la etiópica (Aeth) y la Armenia (Arm)12.
3. Presunto texto original del libro de Judit
Preguntamos ahora por el texto original del libro de Judit, como se lo han preguntado prácticamente todos los autores que hasta el presente han estudiado a fondo el libro. R. Hanhart comienza así su famoso estudio sobre el texto de Judit: «El texto griego del libro de Judit es un texto de traducción»13. La afirmación es rotunda. ¿Tan firmes son los argumentos en que se fundamenta? Así se deduce después de analizar el texto griego y de oír los pareceres de muchos expertos, al menos a partir de san Jerónimo (ca. 400), pues antes de él el problema ni siquiera se plantea. Orígenes habla accidentalmente de Judit en su Carta a Africano (ca. 240), pero sus palabras no aportan luz alguna al problema. A propósito de una cita del libro de Tobías afirma: «Tenemos que reconocer que los hebreos no utilizan ni a Tobías ni a Judit, pues no los tienen en hebreo ni siquiera entre los apócrifos, como lo hemos conocido de ellos mismos»14. Unos 160 años más tarde (ca. 400) escribe san Jerónimo su conocido prólogo a Judit, en el que comunica a sus lectores que tiene ante sus ojos un ejemplar de Judit en arameo15. Orígenes ciertamente no tuvo conocimiento de este texto; pero tampoco conoció ningún otro texto hebreo. Nunca sabremos lo que en realidad ocurrió con el texto original de Judit, hebreo o arameo. Todo son meras conjeturas. A continuación exponemos las respuestas más importantes que se han dado a la pregunta sobre la lengua originaria del libro de Judit.
Muy pocos son los autores que han defendido la originalidad de la lengua griega para Judit y cada día son menos16. Actualmente la unanimidad es casi plena acerca del origen semítico del libro de Judit17. Pocos son los que afirman su origen semítico en general, sin decidirse por el hebreo o el arameo18. La mayoría acepta sin titubear que el modelo original o Vorlage de los textos griegos existentes estaba concebido y escrito en hebreo, aunque de él no haya llegado hasta nosotros ni un solo testimonio19; los restantes se inclinan por el arameo20.

II. GÉNERO LITERARIO DEL LIBRO DE JUDIT
El que empieza a leer el libro de Judit tiene la impresión de haber comenzado el relato de unas crónicas sobre las grandes gestas de un rey asirio, llamado Nabucodonosor, sus triunfos y sus desmesuradas ambiciones por conquistar los reinos que van desde las fronteras con la India hasta la lejana Etiopía. Si continúa leyendo, se confirmará cada vez más en que entre sus manos ha caído un libro de historia antigua con fechas determinadas, con nombres de lugares, de países, de personas, unos bien conocidos, otros totalmente desconocidos. Una cosa llamará altamente la atención del lector: el ritmo del relato se lentifica al llegar a un minúsculo lugar frente a la llanura de Esdrelón y al norte de los montes de Judea. Al mismo tiempo se detiene de repente el curso arrollador del gran ejército, como un gran río que se remansa ante un obstáculo orográfico insuperable. Desde ese momento la crónica real se convierte en un romance, cuyo centro de atención, hasta el final, lo ocupa una mujer, eclipsando todo lo demás.
Pero ¿es verdad que hay que catalogar al libro de Judit entre los libros de historia, aunque sea al modo antiguo? Las apariencias dicen que sí; lo narrado dice que no. El lector está, pues, ante la ineludible alternativa: el libro de Judit narra una historia, es decir, unos hechos que realmente sucedieron en un tiempo y en unos lugares determinados - el libro de Judit no narra una historia real, sino ficticia.
El estudio de la interpretación del libro de Judit a lo largo de la historia nos enseña que se ha dado toda clase de respuestas a la alternativa propuesta21. Durante muchos siglos, toda la antigüedad y parte de la edad moderna, ni siquiera se ha preguntado por la historicidad de Judit, porque se daba por supuesta. A partir de Lutero se generalizó la duda de si Judit era o no una verdadera historia22. Desde entonces han sido manifiestas las discrepancias entre los autores a este respecto. Sin embargo, poco a poco se han ido acercando las posiciones, de tal forma que se ha pasado de un apasionado enfrentamiento a un acuerdo pacífico casi total. Estamos así ante el problema del género literario del libro de Judit, que intentaremos solucionar en el presente capítulo, exponiendo desapasionadamente lo que durante un largo período de tiempo fue una discusión apasionada sobre la historicidad o no del libro de Judit.
1. Judit es una historia
Así lo ha creído la antigüedad judía y cristiana hasta el tiempo de la Reforma. Después del Concilio de Trento los católicos siguieron defendiendo la historicidad del libro de Judit23. Abiertamente se reconoce que Judit acumula innumerables incoherencias históricas y geográficas24; pero algunos autores intentan explicarlas por meros errores de copistas en la transmisión del libro o por el supuesto descubrimiento de sentidos simbólicos ocultos en personajes y lugares25. Lo que equivale a querer justificar lo injustificable.
Poco a poco, sin embargo, empieza a replegarse el ámbito de lo histórico en la interpretación del libro de Judit. De la totalidad del libro se pasa al núcleo central: sólo éste es histórico, sin que de hecho se pueda señalar con claridad su extensión, sus límites. Esta sentencia está vigente entre los exegetas católicos hasta bien entrada la mitad del presente siglo26.
2. Judit es una ficción
El conocimiento cada día más perfeccionado de la antigüedad, especialmente en sus aspectos históricos, ha traído consigo un avance espectacular en la interpretación de los textos antiguos y en la determinación de sus géneros literarios. El género histórico de los libros narrativos de la Biblia ha sido de los más afectados. En este medio hay que situar la interpretación del libro de Judit. Hemos visto que la tradición antigua, y la católica casi hasta nuestros días, afirmaba que Judit era una historia en toda su amplitud o, al menos, en cuanto a su núcleo central. Desde una nueva perspectiva se afirma sin titubeos que el libro de Judit no es una historia, sino una ficción27. Pero no basta con decir que Judit es una obra de ficción para determinar suficientemente su género literario; todavía será necesario especificar a qué género de ficción pertenece. De entre los posibles sólo haremos mención de los principales.
Al libro de Judit muchos lo han clasificado como novela28, o como novela histórica29; otros como «un buen relato corto»30 o un cuento popular31. Algunos relacionan el libro de Judit con el estilo de los apocalipsis32. Actualmente el género literario que más se le aplica a Judit es el de relato o narración edificante 33. A mi parecer el libro de Judit es un relato de ficción con fines marcadamente religiosos. El autor en ningún momento actúa como historiador. Es cierto que utiliza elementos históricos, pero a sabiendas de que no corresponden a la realidad histórica según las coordenadas del tiempo y del espacio. Su relato y sus personajes son tan históricos como los de una obra dramática que se inspira en la realidad pero no es real34.
3. Estructuración de la obra “Judit”
El libro de Judit no es un mero conglomerado de escenas yuxtapuestas, sino una verdadera obra literaria. Hasta podemos señalar uno o varios temas centrales, alrededor de los cuales se desarrolla toda la acción del relato35. Varios personajes principales protagonizan el entero relato y aglutinan su acción y la de los personajes secundarios. Esto lo pone de manifiesto la estructura u organización interna del libro.
Hay quienes opinan que Judit se estructura en tres estancias o partes con un protagonista en cada una de ellas: Nabucodonosor, el pueblo de Israel y Judit36. Nosotros, con otros muchos, proponemos una división bipartita: en la Primera parte (cc. 1-7) se enfrentan el prepotente Nabucodonosor (Holofernes) y el aterrorizado pueblo de Israel; en la Segunda (cc. 8-16) Dios salva al pueblo por medio de la inerme Judit de las manos del poderoso e impío Holofernes37. Las referencias y correspondencias entre cada una de las partes las estudiaremos detalladamente en el Comentario38.
4. Valor literario de Judit
Para juzgar el valor literario del libro de Judit hay que tener muy en cuenta su unidad interna, como acabamos de ver, y su género literario. Los que han leído a Judit como un libro de historia, generalmente lo han menospreciado como obra literaria, ya que son evidentes sus incorrecciones e incoherencias39. Sin embargo, se impone cada día más el justo aprecio del valor literario de Judit40, sobre todo desde que se descubre que la ironía es en gran parte clave de interpretación de Judit41. Algunos autores habían juzgado improcedente el contraste en el ritmo de la acción entre los 7 primeros capítulos y los 9 restantes. Esto mismo ha sido objeto de nuevos análisis estilísticos con resultados muy positivos a favor del tempo marcado por el narrador.
La conclusión es que Judit desde un punto de vista literario podría compararse con cualquier relato o novela del tiempo helenístico, incluido el libro de Ester, y saldría airoso de la prueba con toda seguridad42.

III. FINALIDAD DEL LIBRO DE JUDIT
Decíamos en el capítulo anterior que Judit era «un relato de ficción con fines marcadamente religiosos». Las famosas incoherencias históricas y geográficas del libro de Judit no pueden atribuirse a una crasa ignorancia del autor, que sería incomprensible en un judío ilustrado del tiempo helenístico y, muy probablemente, palestino43. Son más bien intencionadas. Lo que quiere decir que el autor sabía muy bien lo que hacía y que no procedía como historiador, sino como maestro y teólogo44.
Efectivamente, Judit es un relato intencionadamente ejemplarizante. El autor se dirige a los israelitas, sus correligionarios, que viven inmersos en graves dificultades. Su enseñanza quiere ser un motivo de esperanza para los creyentes como él en un Dios providente. Él escoge las circunstancias y los personajes adecuados para que brille esplendorosamente la acción protectora de Dios sobre los fieles en apuros. Pero ¿acaso Judit es el modelo más acertado?
1. Judit es una israelita modelo
Muchas han sido las dificultades de orden moral que ha suscitado el proceder de Judit: exaltación del odio; práctica de la violencia en grado extremo, como es el asesinato premeditado y a sangre fría; utilización de medios en sí reprobables: la mentira, el engaño, la malintencionada seducción femenina...45. Sin embargo, son mayoría los que a pesar de las apariencias defienden la moralidad de Judit.
El canon por el que se debe medir la moralidad o inmoralidad de la conducta de Judit no puede ser el cristiano, ni tampoco el de nuestros contemporáneos no cristianos, sino el vigente en los tiempos en que se supone que se desarrolla la acción; o, si se prefiere, el de los modelos en que se inspira la acción de Judit. En la mente del autor del libro de Judit, y en la de los lectores judíos del mismo, están los hechos del tiempo de Josué y de los Jueces, protagonizados por mujeres no israelitas que actuaron en favor del pueblo elegido: Rahab en Jos 2 y Yael en Jue 4,17-24. En aquellos tiempos regían las severas normas de la guerra. Judit actúa contra el enemigo que asedia su ciudad, Betulia, y amenaza con la muerte a todos sus habitantes46. De todas formas, no olvidemos que Judit es una obra de ficción y que probablemente tengamos que acudir al recurso de la ironía para interpretar acertadamente el sentido de la proeza de Judit: una débil mujer ante el jefe de un poderoso ejército47.
2. Dios salva a su pueblo por medio de una mujer
El gran mensaje religioso del libro de Judit es que Dios salva a su pueblo. Todos los israelitas saben que Dios ha salvado a su pueblo siempre que ha estado en peligro de extinción. Desde tiempos antiguos los padres se lo repiten a sus hijos: es un dogma de fe nacional. El libro de Judit lo formula se nuevo, es su gran mensaje: Dios salva a su pueblo de un peligro inminente. Para que mejor resplandezca la benéfica acción providente del Señor con su pueblo, el autor convierte en protagonista del relato a una joven viuda, que sólo cuenta con los recursos personales de su astucia y de su belleza. En el relato de Judit se unen así varios conocidos tópicos en las historias de salvación: el poderío sobrecogedor del enemigo opresor, la impotencia manifiesta del pueblo oprimido y la debilidad evidente del medio elegido para conseguir la salvación: una mujer solitaria e inerme48.
El libro de Judit actualiza de esta manera enseñanzas antiguas en Israel. La salvación que Dios promete al pueblo y a los individuos no está garantizada por la fuerza de las armas o de los recursos puramente humanos, sino por Dios mismo que se empeña en su palabra, por la adhesión de los fieles al Señor y por el cumplimiento de su voluntad, pues «Dios puede dar la victoria o la derrota» (2 Crón 25,8; cf. 2 Crón 32,7-8; 1 Mac 3,18-19; Sal 20,8; 33,16-17; 44,7-8). El mensaje de Judit vale también para el futuro: si Dios ha actuado así en el pasado, del mismo modo lo hará en el futuro49. Dios se encargará de enseñar pedagógicamente, por medio de la revelación histórica, dónde está la victoria que es salvación y dónde no está. Pero la respuesta del pueblo fiel y del individuo siempre deberá ser la plena y total confianza en el Señor. De este modo siempre será válida la sentencia de Isaías: «Si no creéis, no subsistiréis» (7,9).

IV. TIEMPO Y LUGAR DE COMPOSICIÓN DEL LIBRO DE JUDIT


Las propuestas sobre la fecha de composición del libro de Judit han cambiado al mismo ritmo que las opiniones acerca del género literario del libro. Así hemos pasado del siglo VII a.C. al siglo II de la era cristiana50. En la actualidad esa amplia franja temporal se ha limitado al tiempo de la dinastía hasmonea, prácticamente al espacio de un siglo: desde el levantamiento de los Macabeos (166 a.C.) hasta la profanación del templo de Jerusalén por las fuerzas romanas de Pompeyo (63 a.C.).
Ya han pasado los tiempos en que se hablaba de los momentos inmediatamente cercanos a la vuelta del exilio babilónico51. Algunos autores se detienen todavía en la época persa52. La mayoría, sin embargo, sitúa la redacción del libro en época griega; más en concreto, cuando arrecian las persecuciones de los reyes seléucidas Antíoco IV Epífanes (175-164 a.C.) o Demetrio I (162-150 a.C.) en contra de los judíos por su forma de vivir53. El ambiente de persecución que se respira en todo el relato hace que muchos piensen en el levantamiento de los Macabeos en contra de la opresión de los reyes griegos de Antioquía54. Son numerosísimos los intérpretes que prefieren el período siguiente de los Hasmoneos, sin que se puedan aducir argumentos decisivos, sino sólo indicios, en favor de una u otra sentencia. La mitad del siglo II a.C tiene partidarios55; también pasada la mitad del siglo II a.C.56; durante el reinado de Juan Hircano (135-104 a.C.)57; en tiempos de Alejandro Janneo (103-76 a.C.) o final del siglo II y comienzos del I58; ciertamente antes de que el año 63 a.C. los soldados de Pompeyo pasaran por Jerusalén y violaran el templo59.
Hecho el recuento de las principales propuestas de la fecha de composición del libro de Judit, me inclino por un tiempo cercano a la victoria de los Macabeos sobre los seléucidas, bien sea hacia el final del reinado de Antíoco IV (175-164)60 o al comienzo del de Demetrio I (162-150). Con este tiempo concuerdan bien muchos de los indicios del libro de Judit, como son: la religiosidad de Judit tan parecida a la de los asideos de este tiempo; la importancia que se da a las observancias legales, especialmente las relativas a los alimentos (cf. 10,5); el aprecio por las instituciones: el templo, el sacerdocio, el consejo de ancianos; la centralidad de Jerusalén; la idealización del pueblo de Israel, como en el libro de Daniel; rasgos típicamente helenísticos que han arraigado en el pueblo: uso de adornos como guirnaldas (3,7), coronas de olivo (15,13), actitud en los banquetes (12,15); etc.
En cuanto al lugar en que fue compuesto el libro de Judit los expertos eligen mayoritariamente Palestina, y en ella naturalmente Jerusalén, donde se conocía el hebreo y arameo, uno de ellos fue la lengua original de Judit61.
El autor es totalmente desconocido, pero lo más probable es que fuera un judío de Palestina, por lo que hemos dicho anteriormente62.

V. CANONICIDAD DEL LIBRO DE JUDIT


Judit pertenece a los libros deuterocanónicos o discutidos de la Biblia. La historia de sus peripecias en cuanto libro no aceptado/aceptado por judíos y cristianos sigue paralela, en mayor o menor grado, a la de los demás libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento63.
1. Judit no se considera libro canónico
En primer lugar hay que constatar que Judit nunca formó parte del canon judío palestinense; san Jerónimo ya nos lo atestigua: «Entre los judíos el libro de Judit se lee como un hagiógrafo [apócrifo]. Su autoridad se considera menos idónea para corroborar lo que se discute»64. Sin embargo, a pesar de no ser considerado libro canónico, Judit se lee por judíos y cristianos; lo que significa que era muy estimado65.
Tampoco fue considerado canónico el libro de Judit por muchas Iglesias de Oriente y algunas de Occidente, influidas por la práctica de los judíos. A continuación ofrecemos algunos de los testimonios más cualificados de estas comunidades cristianas: Melitón de Sardes (ca. 167)66, Orígenes (ca. 254)67, Cirilo de Jerusalén (ca. 348)68, concilio de Laodicea (ca. 365)69, Hilario de Poitier (ca. 365)70, Atanasio (ca. 373)71, Epifanio (ca. 374)72, Cánones Apostólicos (ca. 380)73, Gregorio Nazianceno (ca. 383)74, Anfiloquio (ca. 394)75, Rufino (ca. 404)76, Leoncio de Bizancio (ca. 543)77 y Juan Damasceno (ca. 749)78.
2. Judit es libro canónico
El libro de Judit fue considerado libro canónico por las comunidades e Iglesias de Occidente y, poco a poco, se impuso en la Iglesia católica en esta apasionante controversia de siglos. Uno de los argumentos principales a favor de la canonicidad de Judit es el de la transmisión del texto, primero en las comunidades judías y después en las cristianas, como lo hicimos notar en el primer capítulo de esta introducción; otros también importantes son los siguientes.
Clemente de Roma, hacia finales del siglo I de nuestra era, muestra su aprecio por el libro de Judit al llamar «bienaventurada» a su protagonista Judit79. Tertuliano (ca. 207) hace uso del libro de Judit80. También Clemente de Alejandría ( ca. 215) cita a Judit después del Éxodo y antes de Ester81. Del Concilio de Nicea nos dice san Jerónimo que considera al libro de Judit Sagrada Escritura82.
La Iglesia africana siempre admitió en sus listas de libros sagrados al de Judit; san Agustín es su máximo representante83. De Roma y otras Iglesias lo testifican Inocencio I (ca. 405)84; Sulpicio Severo (ca. 420)85; Decreto de Gelasio86; Fulgencio de Ruspe ( 533)87; Casiodoro (ca. 585)88.
En la baja Edad Media y época posterior se multiplica la utilización de Judit como Escritura sagrada en el ámbito latino89 y Rabano Mauro ( 856) escribe el primer comentario cristiano del libro de Judit90.
La canonicidad de Judit se siguió discutiendo en la Iglesia hasta que los Concilios universales pusieron fin a la controversia al menos entre los católicos91. En libro se utiliza en la liturgia de la Iglesia Católica de rito latino92. Las confesiones protestantes siguen sin admitir a Judit entre los libros canónicos, aunque generalmente lo tienen en gran estima como M. Lutero93.



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