Homo sapiens, una especie más del paisaje terrestre



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Homo sapiens, una especie más del paisaje terrestre:

El humano instintivo, en los ámbitos de la biosfera, la tecnosfera y la noosfera.



Homo sapiens, just another species of the terrestrial landscape:

The instinctive human in the ranges of biosphere, technosphere and noosphere.

“Nothing at first can appear more difficult to believe than that the more complex organs and instincts should have been perfected, not by means superior to, though analogous with, human reason, but by the accumulation of innumerable slight variations, each good for the individual possessor”.

Charles Darwin.



Resumen

El presente ensayo, es una reflexión sobre los orígenes del humano anatómicamente moderno y sus adaptaciones a la biosfera, la tecnosfera y la noosfera. Discuto el papel de la eficacia biológica, como la fuerza directriz del comportamiento humano. Comparo algunas estrategias desplegadas por el humano, con sus equivalentes exhibidas por animales no humanos. Es mi propósito, que los humanos no olvidemos que nuestros orígenes animales, aún operan en nuestro comportamiento social.



Palabras clave: humano, evolución Darwiniana, comportamiento, biosfera, tecnosfera, noosfera.

Abstract

This essay aims to refresh the old philosophical “instinct versus reason” debate. I discuss the role of fitness as the directing force of the behavioral strategies displayed by Homo sapiens and how some of our instinctive behaviors are not exclusive to Homo sapiens. I also compare some strategies displayed by humans with analogous behaviors displayed by non-human animals, to show how Homo sapiens is just another species of the terrestrial landscape.



Key words: human being, Darwinian evolution, behavior, biosphere, technosphere, noosphere.

Introducción

Desde la época de los filósofos griegos hasta la actualidad, nuestra visión, eminentemente antropocéntrica1, ha hecho que nos auto percibamos como una especie diferente2, una especie especial, una especie dominante del planeta y, por lo tanto, dominante del paisaje, de las plantas y de los “animales”. Nos sentimos tan superiores al compararnos con nuestros cohabitantes en este planeta, que hasta coqueteamos con la idea de tener un origen extra-terrestre.

Somos la única especie capaz de meditar, de reflexionar, de filosofar y de desarrollar complejos procesos tecnológicos y de salvar vidas –y no precisamente motivados por el altruismo-. Hemos modificado dramáticamente nuestro ambiente. Hemos construido grandes ciudades densamente pobladas. Hemos “conquistado” el espacio y estamos en camino de lograr un desarrollo tecnológico que era impensable hace tan solo 100 años.

A pesar de todo, nuestra evolución es hoy muy diferente a la evolución Darwiniana3. El desarrollo del lenguaje hablado y de la lectoescritura nos ha permitido retomar el progreso, justo donde lo ha dejado cada generación anterior. Sin embargo, nuestra evolución es fundamentalmente una “evolución tecnológica” y nuestra supervivencia es artificial, en tanto recurrimos a artificios4 para sobrevivir. Somos especímenes de una especie cada vez más débil, cada vez más frágil, cada vez más ligada a los “avances científico-tecnológicos”. Tal como lo visualizó Habermas5, nuestra vida y nuestros sistemas sociales, dependerán cada vez más de la ciencia y la tecnología.

La Biblia, sitúa la génesis de Homo sapiens, y por lo tanto, su aparecimiento en el paisaje terrestre, hace aproximadamente 6,000 años. Según el paradigma creacionista de la doctrina cristiana, el humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto, es superior a los animales -los cuales están a su servicio-.

Bajo la perspectiva del paradigma evolucionista, ha existido un gran debate en relación al origen de Homo sapiens sapiens, denominado “humano anatómicamente moderno”6. Actualmente se acepta que el humano moderno, existe en el paisaje terrestre desde hace 150,000 años7. Si nos remontásemos más atrás, en el camino de la evolución, llegaríamos a Purgatorius, la especie que dio origen a los primates actuales, después de 60 millones de años de evolución Darwiniana. Nuestro pariente genético más cercano es Pan troglodytes, el chimpancé, con quien tenemos un ancestro común, cuya línea evolutiva se bifurcó hace cinco millones de años.

Aparentemente, Darwin, no quiso entrar en conflicto directo con los seguidores del dominante -en ese entonces- paradigma creacionista, por lo que escribió: “Hay una grandeza en esta manera de ver la vida, con sus varios poderes, habiendo originalmente creado unas cuantas formas o una; y que, mientras este planeta cambia cíclicamente, de acuerdo a la fija ley de la gravedad, a partir de un comienzo tan simple han evolucionado -y continúan haciéndolo- de manera interminable, las más hermosas y maravillosas formas”.

Foley y Gamble8 presentan una interesante tesis sobre las transiciones ecológicas que sucedieron desde los homínidos ancestrales hasta el humano moderno. Quizás, las más significativas de esas transiciones, sean a) el bipedalismo, que permitió al humano aumentar su ámbito de acción, b) el desarrollo de herramientas y la carnivoría, que le permitieron cazar presas de mayor tamaño, c) el fuego, la familia y la habilidad del enfoque mental, que le permitieron sobrevivir en climas fríos, ser más exitoso en la crianza de la progenie y la resolución de problemas d) la tecnología y el cerebro social (que marca el inicio del desarrollo tecnológico y social) y e) la intensificación ecológica y evolución de la sociedad humana (que conduce al desarrollo de la tecnosfera y la noosfera).

Según el principio natura non facit saltum9, el desarrollo del comportamiento instintivo de cada especie (incluyendo a Homo sapiens) es el resultado de pequeños pasos ocurridos a lo largo de miles o millones de años de evolución. En el caso del humano, sin embargo, la evolución natural –Darwiniana- se encontró con un repentino obstáculo: el vertiginoso desarrollo tecnológico y social, que de forma acelerada, condujo a la tecnosfera10 y a la noosfera11.

Para Nietszche12 el hombre es el resultado de una evolución y lo esencial del desenvolvimiento humano ha pasado en tiempos remotos, muy anteriores a estos cuatro mil años que conocemos por indicios escritos.

Al producirse entonces el choque entre el ímpetu evolutivo natural y la sociedad artificial, se dieron “desadaptaciones” que obligaron a Dios (según la tradición judeo-Cristiana), a dictar mandamientos y a Homo sapiens a dictar normas de derecho, a guiar moralmente su conducta y a realizar reflexiones éticas, tendientes a lograr una cultura de amor al prójimo y una convivencia armónica entre coespecíficos.

Dilthey, Simmel, Weber y otros filósofos de la ciencia13 consideran que las ciencias sociales no pueden ser abordadas mediante los métodos aplicados en las ciencias naturales. Sin embargo, el hombre es parte de la naturaleza y, por lo tanto, su estudio puede abordarse bajo los esquemas epistemológicos de la dialéctica de la naturaleza y del evolucionismo, aún sin entrar en contradicción con el creacionismo, pues podría argumentarse, que Dios habría impreso el ímpetu de la evolución sobre unas cuantas formas de vida primigenias que eventualmente originaron al resto de las que han existido.

Si todos los humanos lográsemos observar a la distancia el paisaje terrestre, estando en lo que Husserl llama “actitud fenomenológica14”, descubriríamos que somos tan solo una especie más del mosaico de sus habitantes.

El concepto de eficacia biológica (adecuación o fitness):

Darwin propone la expresión eficacia biológica, que consiste en lograr sobrevivir, adaptarse y generar la mayor cantidad de descendientes, procurando que éstos sobrevivan, se reproduzcan y transmitan los genes. Los paradigmas del evolucionismo de Charles Darwin, el estudio del instinto de Tinbergen15, la etología de Eibl-Eibesfeldt y Kramer16, la ecología de la conducta de John Crook (1964)17 y la sociobiología de E. O. Wilson (1975)18, reconocen a la eficacia biológica como el mecanismo director de la evolución de las especies terrestres. Los comportamientos que generan “ventajas evolutivas” para los portadores, contribuyen a aumentar su eficacia biológica y por lo tanto, a aumentar su frecuencia génica en el genoma de la población. Abordando el comportamiento social del humano, desde el punto de vista evolutivo, podríamos decir que el tiempo de vida de Homo sapiens transcurre mientras éste prueba o ensaya distintas estrategias que lo conducirían al aumento de su eficacia biológica. Nietzsche sostenía que todo acto o proyecto humano está motivado por la “voluntad de poder” y, definitivamente, el poder es un recurso importante para muchas especies de vertebrados, por cuanto favorece la eficacia biológica. El reconocimiento social, la acumulación de capital, la apropiación de la plusvalía generada por el homo faber -en el sentido de Marx19-, el hurto, la explotación, el engaño, la violación y otras estrategias biológicas, son adaptaciones evolutivas naturales, aunque no exclusivas, de Homo sapiens.

En el presente ensayo, comparo algunos de los comportamientos de Homo sapiens con el de otras especies animales. Pretendo estimular la reflexión y revivir el antiguo debate entre la metafísica y la dialéctica de la naturaleza, pues el mismo humano, se ha “aislado” de la naturaleza y suele darse a sí mismo, un tratamiento metafísico. Nuestro programa genético evolutivo “natural”, no siempre logra encajar en el vertiginoso “entorno artificial” en el que se desenvuelve, por cuanto las presiones de selección a las que está sometido, también son “artificiales”. Los casos que abordo a continuación, evocan nuestra génesis silvestre.

1. El conflicto entre padres e hijos

A medida que se aproxima la edad de la madurez sexual, el joven empieza a dirigir comportamientos rebeldes hacia sus padres, pues su programa genético-evolutivo le dicta que se acerca el momento de perseguir su propia eficacia biológica. En el caso de muchas especies de vertebrados, los hijos son expulsados del grupo (o del núcleo familiar, en el caso de las especies monógamas) cuando alcanzan la madurez sexual. Esto responde a un mecanismo de evitación de consanguinidad. En algunas especies de mamíferos, por ejemplo, los leones (Panthera leo) y los coatíes (Nasua narica), opera una “filopatría femenina”, bajo la cual, los machos son expulsados y las hembras permanecen en el grupo. Desde el punto de vista evolutivo, tanto los padres como los hijos se pueden beneficiar del hecho de que los padres tengan más hijos en el futuro: los padres incrementan su eficacia biológica directa y los hijos su eficacia biológica indirecta, ya que sus hermanos compartirían un porcentaje de sus genes.

Los padres Homo sapiens, inmersos en el ambiente artificial, no entienden la rebeldía de los hijos en esta edad. Ellos temen que si el hijo se va de la casa (se dispersa), éste aún no esté preparado para sobrevivir en el entorno “artificial”. El hijo, por su lado, tampoco entiende por qué está reaccionando de manera rebelde ante los límites impuestos por los padres y por la sociedad. Algunos hijos parten. Otros son expulsados. Muchos se dan cuenta que no están preparados para “sobrevivir” en el entorno y reconocen que posiblemente no era conveniente seguir el impulso generado por su instinto -que no ha logrado “alcanzar” la vertiginosa evolución artificial, social y tecnológica- y se arrepienten. Se sienten entonces “traicionados por las hormonas”. En contraposición con el enfoque evolucionista, una investigación social reciente, consideró la rebeldía de los jóvenes, como “un mito”20.

2. El enamoramiento, su duración y su objetivo evolutivo.

Existe un debate sobre el sistema de apareamiento21 natural del humano. Los machos de Homo sapiens y de Gorilla gorilla, tienen testículos relativamente pequeños, lo que sugiere que los primeros homínidos probablemente vivían en grupos donde solo había un macho sexualmente activo22. Por otro lado, la disminución del dimorfismo sexual en Homo sapiens sugiere que su evolución reciente, lo haya seleccionado hacia la monogamia. Maier23 opina que los humanos modernos tendemos a practicar ambos sistemas de apareamiento: la poliginia y la monogamia. En más del 50 por ciento de las 190 sociedades estudiadas por Ford y Beach24, estaban permitidos los matrimonios polígamos. Buss y Schmitt25 plantearon la tesis de que, tanto el hombre como la mujer, habrían evolucionado para tener relaciones tanto a corto (estrategia poligámica) como a largo plazo (estrategia monogámica).

Desde el punto de vista evolutivo, el macho tendría mayores ventajas si logra inseminar a una mayor cantidad de hembras. Por lo tanto, desplegar una estrategia de apareamientos fortuitos sería ventajoso (poligamia). La otra estrategia, tendiente a la monogamia, estaría mediada y condicionada por el enamoramiento o amor romántico. El enamoramiento es primariamente un sistema motivador dopaminérgico que pudo haber evolucionado para permitir “enfocarse en la pareja26”. Beatriz Montemayor Flores de la Universidad Autónoma de México, propone que el enamoramiento dura un máximo de cuatro años. Evolutivamente, esto podría corresponder al tiempo mínimo necesario para asistir a la pareja en el cuidado de la cría hasta su relativa independencia. La figura del matrimonio y los preceptos de la sociedad del humano, hacen que los cuidados de las crías humanas se prolonguen por varios años -en la mayoría de los casos, hasta que los hijos forman su propio hogar-.

En más del 95 por ciento de las especies de mamíferos, el macho invierte poco o ningún tiempo en el cuidado de los hijos. En el caso de nuestras especies parientes, la inversión de tiempo del padre es mínima, mientras que la madre invierte mucho más tiempo en el cuidado de las crías (hasta cuatro años en el caso del gorila y seis años en el caso del chimpancé). Después de destetados, la formación social de los simios juveniles, corresponde a la comunidad y no solo a los padres.



3. Los capos de la droga

Al no respetar las normas impuestas por el derecho, la religión, la ética y la moral, los capos de la droga exhiben algunos comportamientos sociales que son compatibles con los que desplegaría Homo sapiens, en condiciones de evolución natural Darwiniana. Algunos ejemplos son: a) desarrollan jerarquías de dominancia que se caracterizan por el dominio de un individuo alfa, que maneja los derechos de las transacciones de la droga, y que constantemente es desafiado por individuos foráneos o subordinados, b) establecen y defienden territorios que contienen –temporal o espacialmente- los recursos objeto de la transacción, c) muchos exhiben un sistema de apareamiento poligínico, manteniendo varias mujeres con las cuales procrean hijos y a las cuales brindan protección para procurar la supervivencia de la descendencia, d) almacenan recursos de capital para mejorar sus posibilidades de sobrevivencia –y por extensión la de su descendencia-, e) utilizan la amenaza y la agresión como estrategias de dominancia y de competencia intraespecífica. La mayoría de estas pautas de comportamiento son comunes en las especies de primates no humanos, evolutivamente cercanos a Homo sapiens (Pan troglodytes, Pan paniscus, Gorilla gorilla, Pongo pygmaeus).



4. El almacenamiento y uso de la grasa corporal

¿Por qué nos gusta el sabor de la grasa? ¿Por qué almacenamos grasa en el cuerpo? ¿Por qué al llegar a cierta edad nos cuesta “gastar” las reservas de grasa?

Seguramente el Homo sapiens primitivo no lograba cazar todos los días. Entonces, tal como sucedió con la gran mayoría de vertebrados, la selección natural favoreció a aquellos individuos propensos a ingerir y almacenar grasa. La grasa, genera 2.25 veces más energía que los carbohidratos y las proteínas y, por lo tanto, es valiosa en términos de sobrevivencia. En tal sentido, ingerir y almacenar grasa representaría ventajas evolutivas. En algún momento de la historia evolutiva, el humano logra domesticar plantas y animales y empieza a comer todos los días. Este hito marca el inicio de la explosión demográfica de las poblaciones humanas –respuesta que es propia de toda especie, cuando aumenta la capacidad de carga del ambiente-. Bajo la “asistencia” y la “influencia” de la tecnosfera y la noosfera, Homo sapiens ingiere alimentos tres o más veces al día y, por lo tanto, no necesitaría almacenar reservas de grasa. Sin embargo, el organismo, comandado por el programa genético evolutivo, persiste en su afán de almacenar la preciada grasa. Cuando el humano es “joven” – y en condiciones “naturales” sería la etapa de la vida en que realiza actividades de cacería diariamente-, puede hacer uso de las reservas de grasa con relativa facilidad. Sin embargo, cuando alcanza cierta edad “madura”, la grasa se vuelve un bien mucho más preciado –pues es más difícil cazar presas o realizar la prospección de los alimentos- y por lo tanto, el organismo se torna “celoso” con el uso de la reserva, llegando incluso a convertir en grasa, el exceso de carbohidratos y proteínas ingeridas.

El metabolismo, responde, por lo tanto, al patrón evolutivo de nuestra especie. El ejercicio explosivo, tal como el que se produce durante una carrera corta o un combate de artes marciales, es traducido como actividad de cacería. Bajo estas condiciones, se hace uso de las reservas de grasa, pues el sistema endócrino indica que la pérdida de grasa será repuesta. En contraposición, el ejercicio suave y sostenido, tal como el que se produce durante una caminata o durante el quehacer diario de un oficinista, sería interpretado como una dispersión en busca de alimento o de mejores condiciones, lo cual generaría un uso cauto de las reservas. De manera dramática, el sedentarismo en combinación con la ingestión de grasa, correspondería a la inminencia de la temporada de hibernación, lo que activaría el modo de supresión del uso de las reservas, disminución del metabolismo y preparación para afrontar la época de escasez.

Dado que no es una condición desadaptativa en la sociedad actual del humano, el consumo de grasa sigue generando una sensación de bienestar para Homo sapiens. Por su cualidad de imprimir un “buen sabor” a los alimentos, la utilización de la grasa como un ingrediente principal de las comidas, favorece su consumo por parte de los humanos. Se produce entonces un condicionamiento operante: cuando ingerimos grasa, sentimos placer y por lo tanto, deseamos repetir la experiencia cuantas veces sea posible –y esto, lógicamente, refuerza dicho comportamiento-. Desde 1754, Condillac había planteado, en su teoría del sensualismo, que el placer determina la conducta. La consecuencia, es que el desfase entre humano programado para evolución natural (en la biosfera) y humano adaptado a la evolución artificial (en la tecnosfera y la noosfera) tiende a generar desadaptaciones como la obesidad y la aterosclerosis –les llamo desadaptaciones porque reducen la sobrevivencia-.

5. La xenosmophilia

Los perfumes son productos fabricados a partir de compuestos odoríferos generados sintéticamente o extraídos de plantas o animales. El arte de hacer perfumes, se desarrolló en Mesopotamia y Egipto27 y fue posteriormente refinado por los Romanos y los Persas. Sin embargo, la afinidad por los olores extraños –xenosmophilia en el sentido de Frenkel y Parker-28 podría ser una estrategia mucho más ancestral. Desde el punto de vista evolutivo natural, la xenosmophilia sería una estrategia de atracción y cortejo y su objetivo sería lograr mayor eficiencia para “hacerse interesante” hacia potenciales parejas o simplemente para lograr atención de los coespecíficos. El frotar el cuerpo contra sustancias odoríferas (heces fecales, contenidos intestinales, carroña, secreción cloacal de serpiente), es una práctica común en muchas especies de mamíferos. En un estudio ecológico desarrollado en Guatemala, el perfume Obsession® de Calvin Klein, es utilizado como atrayente de carnívoros salvajes29. En este estudio, se observó que los jaguares y otros carnívoros, no solo se ven atraídos por el aroma, sino que frotan su cuerpo contra la superficie impregnada con el perfume. El hecho de que algunas sustancias de origen animal como el ámbar gris (derivado de la grasa de los cachalotes), las secreciones de las glándulas anales de castor y de civeta, los excrementos petrificados de damán, el panal de abeja y el almizcle de venado sean ingredientes comunes de muchos perfumes actuales, sugiere un origen más “antiguo” para la práctica de la xenosmophilia por Homo sapiens.



6. La transformación estructural del paisaje

Aunque ha logrado hacerlo más dramáticamente, Homo sapiens no es la única especie que transforma el paisaje para hacerlo más “cómodo”. Los castores, derriban árboles con los que construyen presas y embalses que modifican la hidrodinámica del hábitat y generan “externalidades” que afectan la ecología del resto de especies con las que comparten el paisaje30. Otro caso notable es el de las termitas del género Macrotermes, que pueden construir nidos en forma de catedral, los cuales, pueden alcanzar varios metros de altura31. El hecho de que una termita de 5mm, construya una estructura de siete metros de altura, sería equivalente a que Homo sapiens construya un edificio de cinco veces la altura del Empire State. Lo sorprendente, sin embargo, no es únicamente la arquitectura requerida para la construcción de la torre, sino el sofisticado e ingenioso diseño de su sistema de ventilación32



7. Algunos comportamientos análogos a la conducta de “daño al prójimo” (común en sociedades de humanos).

Violacíón (cópula forzada). Se ha documentado la violación, en muchas especies de animales no humanos 33, incluyendo varias especies de insectos, numerosas especies de aves, algunas especies de peces, ranas, lagartijas, nematodos acantocéfalos, elefantes marinos y primates no humanos (específicamente gorilas y chimpancés). Palmer (1989) ha declarado que aún está por probarse si los actos de violación son estrategias para aumentar la eficacia biológica o son “subproductos” de la evolución.

Guerra (asalto letal por coaliciones): En lobos y chimpancés, se han descrito comportamientos que son compatibles con las “campañas de guerra” desplegados por Homo sapiens. En éstos, una coalición toma por asalto a otro grupo, tropa o manada de coespecíficos y asesinan a los adultos34. El infanticidio, ejercido por coaliciones de machos, al invadir grupos vecinos –con varios propósitos- ha sido reportado en muchas especies y revisado por Hrdy35. Leda y Cosmides36consideran que la agresión coalicional evolucionó en tanto permite a los individuos que participan en la coalición, el acceso a recursos, que de otra forma les serían negados.

Formación de grupos vandálicos: Existen numerosos ejemplos de conductas que, en las sociedades humanas se considerarían como “asociaciones ilícitas”. Por ejemplo, es una conducta frecuente en los sistemas sociales de los babuinos de sabana (Papio cynocephalus), que los machos de edad avanzada, que ocupan una posición media en la jerarquía de dominancia, formen coaliciones cuyo objetivo es “secuestrar” a un macho de mayor jerarquía, para poder copular con las hembras (situación que en condiciones normales no está permitida para los machos de mediano y bajo rango)37. Campagna38 compiló los reportes de comportamientos cooperativos entre machos de varias especies de mamíferos y los clasificó como alianzas, coaliciones y redadas. Entre las especies abordadas por Campagna figuran el Homo sapiens y otros 16 primates, tres pinnípedos, cuatro carnívoros y un ciervo. Las cooperaciones exhibidas por los machos de estas especies, tienden a dirigir el uso de la fuerza para el secuestro de hembras o la mejora del estatus social.

8. Un ejemplo de apreciación estética y habilidad artística en una especie de ave:

La apreciación estética y las manifestaciones “artísticas” no son exclusivas del Homo sapiens. Los machos de la mayoría de especies de capulineros australianos (18 especies en total), construyen unas sofisticadas estructuras llamadas “enramadas”, las cuales adornan con toda suerte de objetos brillantes y coloridos (frutos, flores, conchas, alas de mariposa, plumas y objetos artificiales)39. Por si fuera poco, el capulinero grande (Chlamydera nuchalis), construye una avenida que conduce a su enramada. En esta avenida, el capulinero coloca pequeños objetos grises cerca de la enramada y a medida que se aleja de ésta, los objetos son cada vez más grandes. Esto genera una falsa perspectiva que hace que la avenida se vea más pequeña y el macho más grande (el tamaño es una señal honesta de calidad genética en las aves). En su afán de atraer a las hembras, los machos de capulinero utilizan recursos estéticos y artísticos (incluyendo efectos visuales análogos a los escorzos logrados por los grandes maestros del Renacimiento) cuyo dominio se creía exclusivo de la especie humana.



Conclusión

Independientemente de la percepción fenomenológica que tengamos, somos otra especie más del paisaje terrestre, aunque con estrategias de sobrevivencia y de eficacia biológica mucho más complejas que las de la mayoría del resto de las especies. Estamos programados para responder positivamente a los estímulos que, en condiciones naturales, nos conducirían a adaptarnos, sobrevivir, atraer parejas con calidad genética, procrear descendientes con las mejores posibilidades de adecuación y procurar la supervivencia de nuestros descendientes –e inconscientemente de nuestros genes-. Del mismo modo, estamos programados para responder negativamente a los estímulos que, en condiciones naturales, reducirían nuestra sobrevivencia y eficacia biológica.

Sin embargo, las sociedades humanas “desarrolladas” o “cuasi-desarrolladas”, se desenvuelven en el entorno de la tecnosfera y la noosfera, donde sus respuestas conductuales naturales, generan “desadaptaciones sociales”.

En su persecución de satisfactores y de todas las formas de capital40pueda ser que Homo sapiens sea víctima de un reforzamiento positivo que aumente su “inescrupulosidad” -valga el sesquipedalismo-.

La aplicación del enfoque evolutivo en la investigación de los fenómenos sociales, podría ser fructífera generando hipótesis contrastables relacionadas con: a) las respuestas evolutivas “naturales” de Homo sapiens, b) la incompatibilidad entre éstas respuestas y su adecuación a la tecnosfera y a la noosfera y c) el efecto de estar conscientes de nuestra “programación natural”, sobre nuestro comportamiento “racional”.

Quizás si estamos conscientes que tanto nuestros impulsos naturales como nuestras reacciones a los impulsos naturales desplegados por nuestros coespecíficos, podrían conducirnos a comportamientos no adaptativos en la sociedad artificial (tecnosfera y noosfera), podríamos tomar “decisiones más racionales en nuestra vida”. Por otro lado, la adaptación a la tecnosfera y la noosfera podría precipitar el agotamiento de los recursos y el traspaso del límite de la capacidad de carga de la biosfera.



1 La concepción social de “separación entre hombre y naturaleza”, es abordada extensamente en: Hernández J. y Winfield F. 2011. La ciudad sustentable como entorno clave de la tecnosfera de la sociedad del conocimiento. Stoa 2(3): 49-73.

2 Lo que Iranzo denomina “error cultural”. Léase: Iranzo, J. M. 2002. Un error cultural situado: la dicotomía NATURALEZA/SOCIEDAD. Política y Sociedad 34 (3): 615.625,

3 Darwin, C. 1859. On the Origin of Species.

4 Por ejemplo antibióticos, anestésicos, medicamentos, procedimientos quirúrgicos, marcapasos, calefacción, aire acondicionado, frigoríficos, robótica, biónica, etc.

5 Habermas J. 1968. Wissenschaft und Technik als “Ideologie”.

6 Relethfort, J. 2008. Genetic evidence and the modern human origins debate. Heredity 100: 555-563.

7 Shields, E.D. 2000. Journal of Dental Research. 1: 13-20.

8 Foley, R. y Gamble, C. 2009. The ecology of social transitions in human evolution. Phil. Trans. R. Soc. 364: 3267-3279.

9 Darwin, C. Op. cit.

10 Hernández y Winfield. 2011. La ciudad sustentable como entorno clave de la tecnosfera de la sociedad del conocimiento.

11 Boulding, K. 1978. Ecodinamics. A New Theory of Societal Evolution. Londres. Sage.

12 Nietzsche, F. 1986. Humano, demasiado humano. Trad. Gónzalez, J. Editores Mexicanos Unidos. México.

13 Delanty y Stridom. 2003. Philosophies of Social Science. McGraw-Hill.

14 Husserl, E. 2006. Meditaciones cartesianas. Editorial Tecnos.

15 Tinbergen, N. 1951. The study of instinct. Clarendon Press/Oxford University Press. New York. 237 p.

16 Eibl-Eibesfeldt, I. y Kramer, S. 1958. Ethology, the comparative study of animal behavior. The Quarterly Review of Biology. 33 (3).

17 Crook, J. H. 1964. The evolution of social organization and visual communication in the weaver birds (Ploceinae). Behaviour. 10: 1-178.

18 Wilson, E. O. 1975. Sociobiology: The new synthesis. The Belknap Press of Harvard University Press. USA.

19Marx, K. 2005. El Capital: Crítica de la economía política. Trad. Pedro Scaron. Siglo xxi editores. Buenos Aires, Argentina.

20 Barneveld van, H. y Robles E. Jóvenes y límites sociales: El mito de la rebeldía. Enseñanza e investigación en psicología. 16 (1): 143-154.

21 En la naturaleza, se reconocen cuatro sistemas básicos de apareamiento: a) monogamia (un macho y una hembra permanecen unidos toda la vida o toda la temporada reproductiva), b) poliginia (un macho con varias hembras), c) poliandría (una hembra con varios machos) y d) poliginandría o promiscuidad (todos los machos pueden aparearse con todas las hembras).

22 Hrdy. S. B. 1988. The primate origins of human sexuality. En: B. Belling & G. Stevens (eds). The evolution of sex. Harper & Row. San Francisco.

23 Maier, R. 2001. Comportamiento animal: un enfoque evolutivo y ecológico. McGraw Hill

24 Ford, C. y Beach, F. 1951. Oxford University Press. 307 p.

25 Buss, D. y Schmitt, D. 1993. Sexual Strategies Theory: An Evolutionary Perspective on Human Mating. Psychologycal Review. 100 (2): 204-232.

26 Fisher, H., Aron, A. y Brown, L. 2005. Romantic Love: an fMRI Study of a Neural Mechanism for Mate Choice. The Journal of Comparative Neurology. 493: 58-62.

27 Morris, E. 1984. Fragrance: The story of perfume from Cleopatra to Chanel. Scribner, New York. 304 p.

28 Frenkel, J. y Parker B. 1996. An apparent role of dogs in the transmission of Toxoplasma gondii. The probable importance of xenosmophilia.

29 García-Anleu, R. Wildlife Conservation Society Guatemala. Informe de proyecto, disponible en: http://www.caftadr-environment.org/outreach/publications/Jaguares%20de%20la%20Reserva.pdf.

30 Westbrook C., Cooper D. y Baker B. 2006. Beaver dams and overbank floods influence groundwater–surface interactions of a Rocky Mountain riparian area. Water Resources Research 42: 1-12.

31 Turner, J. S. 2000. Architecture and morphogenesis in the mound of Macrotermes michaelseni (Sjöstedt) (Isoptera:Termitidae, Macrotermitinae) in northern Namibia. Cimbebasia 16: 143-175.

32 Turner, J. 2001. On the Mound of Macrotermes michaelseni as an Organ of Respiratory Gas Exchange. Physiological and Biochemical Zoology 74(6): 798-822.

33 Palmer, C. 1989. Rape in Nonhuman Animal Species: Definitions, Evidence, and Implications. The Journal of Sex Research. 26 (3): 355-374.

34 Wrangham, R. 1999. Evolution of Coalitionary Killing. Yearbook of physical anthropology. 42: 1-30.

35 Hrdy, S. 1979. Infanticide Among Animals: A Review, Classification and Examination of the Implications for the Reproductive Stratagies of Females. Ethology and Sociobiology 1: 13-40.

36 Tooby, J. y Cosmides, L. 1988. The Evolution of War and its Cognitive Foundations. Institute for Evolutionary Studies. Technical Report 88-1.

37 Bercovitch, F. 1988. Coalitions, cooperation and reproductive tactics among adult male baboons. Animal Behavior 36(4): 1198-1209.

38 Campagna, C. 1986. Revista Lationamericana de Psicología 18(2): 199-214.

39 Borgia, G. 1994. Threat Reduction as a Cause of Differences in Bower Architecture, Bower Decoration and Male Display in Two Closely Related Bowerbirds Chlamydera nuchalis and C. maculata. EMU 95: 1-12.

40 Bourdieu, P. 1986. The forms of capital. p 241-258 en: Richardson, J. E. (ed) Handbook of Theory of Research for the Sociology of Education. Greenword Press.



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