Historia y geografía de américa latina la América precolombina



Descargar 65.1 Kb.
Página4/4
Fecha de conversión26.03.2018
Tamaño65.1 Kb.
1   2   3   4

La trata de negros
Las leyes españolas impedían la esclavitud de los indios y, además, los colonos españoles pronto notaron la "flojedad" de los indios en cuanto al trabajo duro y regular. Como los indios, no acostumbrados a las actividades agotadoras, morían por miles, algunos padres dominicos horrorizados, entre los cuales destacaba el famoso fray Bartolomé de Las Casas, protestaron y concibieron un plan que a la larga iba a causar en las Américas mares de dolor y sufrimiento, aunque originalmente fue pensado para aliviar la situación de los nativos. Las Casas propuso traer a los negros africanos para que sustituyesen a los indios indefensos, contando con la capacidad de los africanos para soportar el clima inhóspito de los trópicos y el trabajo agotador, puesto que por entonces se creía que los negros eran más resistentes y fuertes que cualquier otra raza. Con la propuesta del gran humanista se inició uno de los capítulos más oscuros de la moderna historia humana, la trata de los negros . La Casa de Contratación de Sevilla obtuvo del rey Fernando la autorización para el transporte de los africanos a las tierras americanas y ya a principios del siglo XVI llegó al Caribe el primer contingente de los esclavos negros para reemplazar a los indios en las minas. A medida que iban surgiendo las plantaciones de caña de azúcar, de algodón y de café la trata se iba convirtiendo en uno de los negocios más lucrativos de todos los tiempos. Los portugueses, seguidos de cerca por los ingleses y holandeses, exploraban las costas atlánticas del África y cazaban o compraban a los caciques locales sus víctimas en masa.
La trata se intensificó en el siglo XVIII gracias al llamado "comercio triangular", que consistía en un intercambio bastante complicado pero lucrativo de las mercancías entre tres continentes. Los barcos salían de Inglaterra hacia África cargados de artículos industriales que en el golfo de Guinea se cambiaban por esclavos negros. Luego partían para las Américas, donde a cambio de su cargamento obtenían apreciadas mercancías ultramarinas como café, azúcar y algodón.
Los que más caro tenían que pagar estos altos beneficios eran por supuesto los negros que fueron transportados en las bodegas de las naves en unas condiciones inhumanas y sólo un porcentaje muy bajo de los que habían entrado a bordo en las costas de su patria podían entrever, tras los largos meses del viaje, las tierras americanas. Según

los cálculos de los historiadores en el transcurso de tres siglos fueron trasladados forzosamente a las Américas más de seis millones de africanos. Las costumbres, religión y música que traían consigo harían con el tiempo del Caribe, igual que de Colombia, Venezuela, Brasil y el sur de los Estados Unidos, una de las regiones más peculiares y misteriosas del mundo, un verdadero "melting pot" de lenguas, culturas y religiones.



Organización económica
Tras la fachada espiritual e imperial (civilizar, cristianizar, ganar honra y gloria para la corona), la Conquista fue en su mayor parte una empresa económica muy lucrativa. Muchos españoles fueron a América principalmente a extraer riquezas para beneficio personal y para el gobierno español, empobrecido por las eternas guerras expansivas. Esto explica que una de las primeras instituciones establecidas para los asuntos de la expansión en las Indias fuera la Casa de Contratación, creada en Sevilla en 1503 y más tarde trasladada a Cádiz. Con el tiempo llegó a controlar todo el movimiento de objetos, animales y seres humanos entre las Indias y la metrópoli. Se trataba de una combinación de aduana, oficina de inmigración, centro de estudios marítimos y cosmográficos, escuela de cartografía, cámara de comercio y corte de justicia. La Casa determinaba los precios de los artículos, organizaba las expediciones, igual que intentaba canalizar la emigración. Sevilla (y más tarde Cádiz) se enriqueció mucho con el monopolio y en el sur de Andalucía surgió una ciudad de marcado carácter burgués y comerciante que gozaba de varios privilegios, los cuales provocaban mucho a los criollos americanos que, con todo fundamento, se sentían humillados y engañados y afirmaban que la Casa no hacía más que perjudicar la economía americana. Una de las primeras medidas tomadas por la Casa fue la prohibición estricta del fomento de la producción de cualquier mercancía que pudiese competir con los productos de la metrópoli. El monopolismo de la Casa se veía complementado por unos cuantos monopolios reales, puesto que el rey se reservó un esctricto control de los productos más solicitados: la trata de negros, la sal, la pólvora y el tabaco.
En teoría, dos flotas, en convoy y con protección de naves de guerra, deberían salir de España con rumbo a las Indias, una en primavera y otra en verano. Al llegar al Caribe se dividían en dos convoyes, uno para Cartagena, otro para Veracruz. Las flotas retornaban a España haciendo escala en La Habana. Como durante mucho tiempo las flotas salían con irregularidad, se abandonó el costoso sistema y se recurrió a los galeones individuales.
El riguroso monopolismo de la Casa dio lugar al florecimiento del contrabando (que llegó a ser tan importante como el comercio legal) y a los constantes ataques de piratas, filibusteros y bucaneros ingleses, franceses y holandeses. Aparecen así los corsarios que practican la piratería encubierta tras una bandera nacional y algunos reciben grandes honores por parte de sus monarcas. Isabel I Tudor ennoblece al más célebre de todos, Francis Drake (que entre 1577 y 1580 repitió la hazaña de Magallanes y dio la vuelta al mundo) con el título de Sir. El sangriento Henry Morgan hasta llega a ser gobernador de Jamaica. Los bucaneros y los piratas sin bandera atacan los barcos españoles por su propia cuenta y convierten la isla de Tortuga (al norte de Haití) en una base de operaciones del "pueblo libre", como los piratas solían llamarse a sí mismos.

Aporte cultural y económico de los hispanos


Aparte de introducir el uso del hierro y de la rueda, los ibéricos llevaron a las Américas nuevos animales, especialmente el caballo, sin el cual tal vez la Conquista no se hubiera llevado a cabo. Antes de la llegada de los hispanos la ganadería en el Nuevo Mundo prosperaba poco. Los incas solían utilizabar la llama y la vicuña, pero desconocían el caballo, el cerdo, igual que el ganado vacuno. La oveja se aclimató perfectamente en las zonas altas de Perú, y las aves de corral significaron un abastecimiento regular con huevos y carne. Una verdadera revolución en la agricultura americana la constituyó la introducción del ganado vacuno, que se adaptó sin problemas a todas las latitudes. La industria de la carne y del curtido de pieles originó unos cambios sociales de mucha importancia, surgiendo una economía ganadera con una figura predominante: el cowboy (vaquero) en EE.UU., el charro en México, el gaucho en Argentina y Uruguay. El hombre a caballo es un personaje histórico de casi todo el continente americano. En los llanos de Venezuela viven los famosos llaneros, cuya vida ganadera se asemeja a la de los huasos chilenos y chalanes peruanos. En los países del Cono Sur aparecieron las estancias y en el resto del continente las llamadas haciendas.
Los ibéricos trajeron al mismo tiempo nuevas plantas: el trigo, la cebada, la vid, el café, la caña de azúcar, los cítricos y el higo que enriquecieron la dieta americana. Gracias a los europeos los grandes inventos chinos (brújula, papel, imprenta, seda, pólvora) ampliaron los horizontes de la civilización americana, estrenándose en América también la cerámica de torno y el arado.
Ya antes de la llegada de los españoles la ciudad era el centro del poder civil, militar y eclesiástico, simplemente, el centro de civilización. Mas los ibéricos introdujeron el concepto greco-romano de la ciudad con plano de tablero de ajedrez, construida alrededor de una plaza dominada por una iglesia. De todas las ciudades fundadas en América por los españoles la ciudad de México fue la más grande y bella hasta comienzos del siglo XIX, seguida por Lima y Potosí (que surgió junto a la mina de plata más rica del mundo).
La fundación de las minas de Zacatecas (México) y Potosí (Perú) a mediados del siglo XVI acabó con todos los intentos de la Corona para poblar las nuevas tierras y hacerlas productivas. Una posibilidad bastante real de enriquecerse a una velocidad cósmica significó un estrepitoso fracaso de todos los esfuerzos por desarrollar la agricultura americana, que desde entonces se contentó con el autoabastecimiento. Los colonos abandonaban masivamente las tierras y salían en búsqeda de una riqueza fácil y rápida.

Organización política
En los primeros tiempos de la Conquista, debido a las enormes distancias entre la metrópoli y las tierras nuevas, el monarca delegó muchos poderes en personas particulares, lo cual hizo de la conquista del nuevo continente una empresa en cierta medida privada. El rey permanecía como dueño nominal de todas las tierras descubiertas; sin embargo, solía ceder los derechos de la conquista sobre un territorio determinado a una persona particular a cambio de un porcentaje acordado de los eventuales beneficios (el llamado quinto real). El conquistador, a su vez, se comprometía a cubrir los gastos de la expedición y como compensación obtenía

varios poderes militares, civiles y jurídicos, originalmente vitalicios, más tarde hereditarios.


Como la misión oficial de los adelantados (gobernadores militares, generalmente capitanes, que ordenaban en nombre del rey) era colonizar, los españoles, desde el principio mismo de la Conquista, comenzaron a fundar poblaciones y establecer ayuntamientos. Una vez conquistada toda América, los adelantados fueron sustituidos por los gobernadores. El cargo más importante de la administración española en las Indias era el cargo del virrey. El primer virrey de la historia americana fue Diego Colón, hijo del Almirante. El virrey solía pertenecer a las familias de la más alta nobleza y disponía de una pequeña corte que se esforzaba por imitar la del rey.
Primero se habían creado dos virreinatos: el de Nueva España (México y América Central) y el de Nueva Castilla (Perú) con Lima como capital. Este último tuvo jurisdicción sobre toda la Sudamérica española hasta que, en el siglo XVIII, se establecieron dos nuevos virreinatos: el del Río de la Plata (ocupaba lo que son hoy Argentina, Uruguay y Paraguay) y el de Nueva Granada (comprendía los actuales países de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá). Además había cuatro capitanías generales (Caracas, Guatemala, Cuba, Chile), territorios fronterizos de menos importancia económica y, sin embargo, de gran valor estratégico, gobernados por un militar profesional, por un capitán general. Más tarde la Corona instauró otra importante institución: la audiencia. Formaban este tribunal ocho oidores y alcaldes de crimen que asesoraban y controlaban a las autoridades políticas. La primera audiencia se estableció en Santo Domingo en 1511; luego se crearon trece más, desde México hasta Buenos Aires.
La Corona perseguía con todas sus fuerzas la corrupción de sus administradores y para eliminar las tentaciones prohibió estrictamente a sus funcionarios cualquier actividad relacionada con la audiencia donde ejercían su cargo. Así a los oidores no se les permitía contraer matrimonio con una mujer nacida en su jurisdicción, aceptar regalos, poseer tierras, ni siquiera comprar casa. Pese a todas las buenas intenciones la lucha contra la corrupción estas estaban destinadas a un fracaso. La monarquía, cada vez más acuciada por la escasez de recursos financieros, se vio obligada a subastar los cargos, en un cínico negocio en el que el cargo se adjudicaba al que más pagara. La corrupción desbordada se apoderó de la vida política iberoamericana y hasta hoy representa una de las peores plagas.
Pronto se ocuparon del gobierno de las colonias dos instituciones: la Casa de Contratación y el Consejo de Indias. Este último, inaugurado en 1517, representaba el organismo supremo de la administración de toda la América española y ejercía en representación directa del monarca los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Aprobaba nombramientos de altos cargos, promulgaba leyes, controlaba todos los funcionarios de la administración colonial y en casos de necesidad podía someter a juicio incluso al virrey mismo. El Consejo enviaba de vez en cuando a las colonias visitadores generales, agentes especiales que aparentemente tenían la misión de velar por la mejor administración, mas en realidad eran verdaderos ojos y oídos del rey. Los visitadores inspeccionaban las diferentes regiones del imperio y dependían directamente del soberano español.
En cuanto al poder municipal, los ayuntamientos americanos, denominados cabildos, desempeñaban funciones urbanísticas: se ocupaban de la ubicación de los edificios públicos y privados de los pueblos, de la limpieza, al igual que de la defensa. El cabildo lo constituían los vecinos más ricos e influyentes, que en general elegían al

alcalde entre ellos mismos. Los cabildos podían adoptar dos formas: cabildo cerrado, cuando se reunían solamente los miembros, y cabildo abierto, convocado en ocasiones extraordinarias y al que asistían todos los vecinos. Precisamente estos cabildos abiertos, dominados por los criollos, iban a convertirse a principios del siglo XIX en los focos de la resistencia contra los peninsulares. Como supervisor de los cabildos por parte del rey funcionaba el corregidor. La participación de los municipios americanos en la vida política de la monarquía española estaba bastante limitada, puesto que los pueblos americanos no disponían de derecho a voto en las Cortes peninsulares.



La sociedad colonial
El feudalismo no se forjó en América Latina tal como existía en Europa. Todas las tierras pertenecían a la Corona y sólo esta podía otorgarlas como regalías en usufructo. Por lo tanto, el latifundismo, tan típico para la historia latinoamericana posterior, no nacerá antes del siglo XVII, cuando se aplique la antigua institución castellana del mayorazgo, por la cual heredará toda la regalía el hijo mayor del propietario, conservándose de esta manera el patrimonio familiar completo e intacto. De aquellas filas surgirá más tarde la omnipotente aristocracia terrateniente.
La implantación de las formas de vida europea en América desencadenó la mayor caída demográfica de toda la historia humana. No obstante, a pesar de lo se viene repitiendo, no se trataba de un genocidio calculado, de una masacre a sangre fría perpetuada por los asesinos españoles. Los indios, totalmente indefensos ante las enfermedades europeas (sarampión, viruela, etc.) morían por miles sin que se les pudiera ayudar. Aparte de las epidemias surgió un problema todavía más grave, aunque comentado más bien poco por los historiadores: la sustitución de la cultura tradicional por la europea provocó un choque muy fuerte en la psiquis de los indios (un golpe muy duro fue el fracaso total de los viejos dioses ante los blancos intrusos barbudos), que causó el fenómeno de desgana vital, manifestándose éste de varias maneras: suicidio colectivo, alcoholismo, esterilidad causada a propósito, impotencia.
Pese a la "leyenda blanca" , difundida después del descubrimiento con mucha vehemencia por los españoles, la cual afirmaba la inexistencia de la discriminación y de los prejuicios raciales en las tierras americanas, en realidad no es difícil probar que en la sociedad americana por mucho tiempo estaban presentes muchos prejuicios, tanto sociales como raciales. La comunidad latinoamericana cobró su estructura cerrada piramidal definitivamente durante el siglo XVII, apareciendo dos grandes sistemas de estratificación social: la casta , surgida a base de los criterios raciales, y el estamento, que se apoyaba más bien en criterios económicos y jurídicos. La superioridad o la inferioridad de las castas dependían del color de la piel. En América con el tiempo se creó una especie de verdadera pigmentocracia (jerarquía social estructurada por el color de la piel), aunque no es menos cierto que en el nuevo continente las razas llegaron a mezclarse hasta un punto desconocido en la historia humana.
Los blancos se encontraban en la cúspide de la pirámide social, aunque hasta entre ellos existían unas diferencias importantísimas: los peninsulares, llamados chapetones o gachupines, ejercían la mayor parte de los altos puestos políticos, económicos, judiciales y eclesiásticos. Las demás posiciones de importancia las compartían con los criollos (españoles nacidos en América). Los españoles,

históricamente acostumbrados a aceptar la unión sexual con los invasores de la península ibérica (griegos, romanos, germanos, árabes), y gracias a sus creencias religiosas, que sostenían la igualdad de todos los seres humanos, no tenían problemas en procrear hijos con indias. Los mestizos ilegítimos crecieron en número conforme aumentaba la llegada de los españoles de las clases bajas. Los mestizos pronto llegaron a constituir el grupo más numeroso de la nueva sociedad. Por debajo de ellos se encontraban los indios, y en los escalones más bajos de la pirámide social se hallaban los descendientes de los esclavos negros mezclados con las restantes razas: mulatos (hijos de padres blancos y negros) y zambos (hijos de negro e indio). El proceso del mestizaje continuó y generó toda una gama de mezclas: cuarterones (hijos de mestizo o mulato y española o viceversa), pardos, amarillitos, coyotes, etc. El sistema era bastante complicado y, p.ej., mientras que el hijo de un cuarterón y una blanca se consideraba blanco de pleno derecho, el descendiente de un cuarterón y una mestiza ya pasaba a la inferior casta mestiza.


Con el tiempo ganó más importancia otra distribución de la sociedad americana, la que dividía a los ciudadanos en estamentos según su riqueza y poder político. El papel más importante lo desempeñaba la vieja aristocracia, es decir, los descendientes de los primeros conquistadores, propietarios de las estancias y haciendas. Les seguían los vecinos, emigrantes europeos que llegaron a las Américas tras la fundación de la primera gobernación, y los moradores, los últimos en emigrar, que constituían una pequeña burguesía que se dedicaba al comercio y a la artesanía. Con el tiempo hasta las castas basadas en los criterios del color de la piel se abrieron bajo la presión arrolladora del dinero y los mestizos, pagando determinadas sumas de dinero, podían alcanzar el status de blancos.

La Iglesia en las Américas
Está fuera de toda duda que la Iglesia llegó a desempeñar un papel muy importante en la defensa de los indios. Entre las órdenes que más se distinguieron en las misiones de carácter humanitario se encontraba la de los dominicos, a la que pertenecía el Protector de los indios, fray Bartolomé de las Casas, y las de los franciscanos y capuchinos. Los negros encontraron a su defensor en el jesuita fray Pedro Claver, llamado el Apóstol de los negros, elevado a los altares por la Iglesia en el siglo XIV. Un labor excepcional se llevó a cabo en las llamadas misiones. Mientras que los franciscanos y dominicos se limitaron a la propagación de la fe católica, con lo que contribuyeron considerablemente a la alfabetización de los nativos, los miembros de la Compañía de Jesús comprendieron su tarea civilizadora entre las tribus indígenas de manera mucho más amplia, enseñando a los indios la agricultura, así como la organización y administración de la sociedad. Los jesuitas destacaron ante todo en las llamadas reducciones, fundadas en gran número en Paraguay y en el sur del Brasil, que intentaban imitar las comunidades religiosas medievales, construyéndose en plena selva unas ciudades modernas y admirables, capaces de competir en cuanto a su estructura y funcionamiento con las urbes europeas de aquellos tiempos. Las reducciones eran unas células autosuficientes, cuyos habitantes consagraban sus vidas al trabajo y a la Gloria de Dios. La jornada de trabajo no excedía seis horas y los indios, excelentes cantantes y músicos de gran talento natural, marchaban al campo en procesión, acompañándose por música y cantos. La legislación penal de los jesuitas excluía la pena de muerte, siendo las Reducciones la primera sociedad occidental en abolir la pena capital. En aquel paraíso terrenal no se conocía el concepto de la

moneda y la propiedad privada estaba un tanto limitada. A cada padre de la familia se le adjudicaba una parte de las tierras cultivables con las que debía alimentar a sus familiares. Otra porción de las tierras se cultivaba en común y con estos productos se pagaban los tributos al Rey, se sustentaba a los artesanos y se financiaban las obras públicas y la compra de herramientas. La tercera y última parte de las tierras la formaban las llamadas "tierras de Dios", que servían para mantener a las viudas, huérfanos y enfermos, igual que para cubrir los gastos de la construcción de los templos. El experimento de los jesuitas tuvo un gran éxito -en el siglo XVIII existían más de sesenta pueblos de ese carácter, con una población que sobrepasaba los 200.000 habitantes- y despertó recelos en la Corte, por lo que Carlos III, también bajo una presión notable de los hacendados brasileños que tenían sus intereses en la zona, dispuso la expulsión de los jesuitas (1767), con la cual se vino abajo todo el sistema de Reducciones.


Por otro lado, la labor de la Iglesia en las Américas ofrecía también una cara mucho más oscura, sobre todo si se tienen en cuenta las actividades del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Se estableció primero en Lima (1570) y después en el resto del continente iberoamericano, salvo en el Brasil. Los inquisidores se dedicaban a perseguir a los protestantes, judíos y también algunas costumbres escandalosas de los indígenas, como, p.ej., la bigamia. Temiendo los padres del Santo Oficio las ideas explosivas procedentes de algunos países europeos que pudiesen contagiar con su retórica revolucionaria a sus parroquianos, en teoría se castigaba con la pena de muerte y confiscación de bienes a los poseedores de los libros incluidos en el Index Librorum Prohibitorum (Indice de los libros prohibidos) y a los que trataban de imprimir obras no aprobadas. Afortunadamente esta prohibición no siempre se cumplió. A pesar de todos los horrores e injusticias que siempre iban estrechamente ligados con las actividades del Santo Oficio, es posible constatar que la Inquisición en el Nuevo Mundo persiguió a sus enemigos con una dureza mucho menor que la de instituciones similares de la Europa occidental o las colonias inglesas de América. Una vez pasados los primeros años, los indios no estaban sujetos a la Inquisición y tampoco lo estaban los negros, excepto unos pocos casos flagrantes de hechicería. Durante todo el período histórico de su existencia (1570-1820) los inquisidores en América Latina actuaron sobre seis mil casos y de éstos se llegó a quemar a los acusados en menos de cien ocasiones, aunque hay que sumar a la cifra total un número considerable de víctimas que perecieron a causa de las torturas y el mal trato en la cárcel.
Durante la Colonia la Iglesia mantuvo una especie de monopolio educacional. La educación tenía carácter parroquial. Las órdenes religiosas establecieron las primeras escuelas, y la instrucción en las colonias, como en la metrópoli, era de orientación medieval, basada en la filosofía escolástica, siendo la enseñanza colonial uniforme, abstracta y retórica, con un fuerte sello aristocrático. El indio y el negro en la mayoría de los casos no tenían oportunidad de recibir ni siquiera la educación básica.
Por otro lado, hay que reconocer que la Iglesia ayudó en gran medida al nacimiento de las universidades americanas. En 1538 surgió la primera academia del continente, la Universidad de Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo, modelada a imagen de la de Salamanca. Pocos años después siguieron las demás universidades: la de México en 1553, la de San Marcos de Lima en 1555, la de Cuzco en 1598, etc. En todo caso el prestigio intelectual en el continente latinoamericano desde el siglo XVI se basa más en las conquistas realizadas por su minoría culta que en el grado de desarrollo de la

instrucción pública, creándose así una enorme deuda histórica que iba a tener que pagar la sociedad iberoamericana a mediados del siglo XX.


La primera imprenta en América Latina se estableció en la ciudad de México alrededor del año de 1535. Las relaciones y noticiarios coloniales de los siglos XVI y XVII fueron precursores de los periódicos latinoamericanos. Estas relaciones no eran más que hojas volantes que anunciaban la llegada de una flota o daban noticias sensacionales (la captura de un barco inglés, un ataque de los piratas, etc). Los periódicos, propiamente dicho, no aparecen antes del siglo XVIII. El primer periódico latinoamericano fue la Gaceta de México y Noticias de Nueva España (1722).

Aspectos polémicos de la herencia española
Como durante el primer siglo de expediciones a América vienen principalmente soldados y frailes, la historia posterior de América Latina llevará ese doble signo militar y clerical. El militarismo y el clericalismo de vez en cuando se combaten, mas a veces se unen para luchar contra las nuevas fuerzas políticas.
A América llegaron numerosos frailes, curas y monjes. A finales del siglo XVII ya funcionaban en México 180 conventos de frailes y 85 de monjas, y el ayuntamiento de México solicitó desesperadamente al rey que no se fundaran más. El número de soldados y abogados era también sumamente alto. Balboa en una carta suplicaba al rey que no mandara más bachilleres en leyes porque ya había muchos en el Nuevo Mundo, promoviendo pleitos para sacarles provecho. Aunque había muchos españoles que vivían con mujeres indias, raramente se llevó a cabo el matrimonio entre nobles españoles e indias. La falta de mujeres españolas agravaba la situación, generalizándose la práctica del concubinato encubierto. Según documentos oficiales, entre los años 1509 y 1533 sólo 470 mujeres emigraron a América y de ellas sólo 176 eran solteras o viudas.
El fuerte lazo familiar y la lealtad a la familia engendraron el patriarcado, el nepotismo, el favoritismo, el compadrazgo y el servilismo, que tantos males han causado en la historia latinoamericana, y la marcada ausencia de responsabilidad cívica debilitó fuertemente la estructura política del continente. El patriarcado, en el que el varón jefe de una familia ejerce la autoridad despótica sobre su familia y sus parientes, halló pronto su repercusión en la escena política y los jefes políticos latinoamericanos tienden a ejercer una especie de patriarcado sobre sus correligionarios. Por lo tanto no hay que extrañarse ante el número infinito de déspotas, tiranos y dictadores latinoamericanos, que a veces se presentan como padres omniscientes y omnipotentes de sus hijos-súbditos.
Por otra parte, la vieja obsesión española por la minería quedó también como un mal que los hispanoamericanos más tarde tuvieron que vencer en algunos países. El desprecio a la actividad manual, tan arraigado en Europa entre la nobleza, se establece fuertemente en América. Felizmente, el comercio, considerado en España propio de judíos y moros, poco a poco ganaba prestigio en el Nuevo Mundo y con el tiempo los hidalgos empobrecidos se valieron de la actividad mercantil para mejorar su posición económica y su prestigio social.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad