Historia y geografía de américa latina la América precolombina



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HISTORIA Y GEOGRAFÍA DE AMÉRICA LATINA


La América precolombina


La cronología
La historia de los pueblos americanos puede dividirse en dos períodos básicos: el precolombino y el poscolombino. La época precolombina termina simbólicamente en 1492. Los siglos siguientes, cuando detrás del Atlántico aparecen los europeos occidentales, se dividen en cuatro importantes épocas (cuyos límites temporales naturalmente pueden resultar variables según cada país, igual que según las opiniones de los historiadores):


  1. Conquista y colonización: 1492-1533 (el año en el que Pizarro sometió a los incas)




  1. Colonia: 1533-1810 (el año de la proclamación de la autonomía del mayor número de cabildos abiertos)




  1. Lucha por la Independencia: 1810-1824 (la batalla de Ayacucho: el punto final de las Guerras de Independencia)




  1. La América Latina independiente: 1824 - hasta nuestros días.



Teorías sobre el origen del hombre americano
Las diversas hipótesis sobre la procedencia del hombre americano se agrupan en dos grandes escuelas: 1) la autoctonista, 2) la migratoria.
1) Sostiene que el hombre aparece en diferentes puntos del globo independientemente, negándose así el papel de África como la cuna de todas las razas humanas, por lo cual el hombre de las Américas es autóctono. A principios del siglo XX incluso algunos autores latinoamericanos (Florentino Ameghino) llegaron a presentar las teorías autoctonistas, según las cuales el origen de la Humanidad se encontraba en la Pampa argentina. Estas teorías, por supuesto muy populares entre los criollos, fueron rotundamente desechadas por Aleš Hrdlička en 1917. La escuela autoctonista ya no es aceptada hoy en día.
2) Aleš Hrdlička (norteamericano de origen checo), tras rebatir los argumentos de los autoctonistas, presentó su propia explicación de la aparición del hombre americano. Hrdlička defendía la hipótesis sobre la penetración única de los grupos asiáticos por el Estrecho de Behring y por las Aleutianas. Según Hrdlička y sus seguidores hace unos doce mil años existía entre la península de Chukotka, en el nordeste de Siberia, y el extremo occidental de Alaska un puente terrestre que durante siglos permitía el paso de hombres y animales en ambas direcciones. Al aumentar las temperaturas, se derritieron muchos de los hielos polares y las aguas volvieron a subir a su antiguo nivel, con lo cual se cortó el paso por el estrecho. La tesis de Hrdlička por aquel entonces fue aclamada como toda una revolución; sin embargo, en nuestros días ya no es aceptable ni siquiera esta teoría, comprobándose que la población de América dista mucho de ser homogénea cultural y étnicamente.
Según el defensor más famoso de la concepción migratoria, el antropólogo francés Paul Rivet, el hombre americano es en efecto de origen asiático, mas procede de varias familias étnicas. Los primeros que aparecieron en el continente americano

fueron los mongoloides y esquimales, grupos de nómadas que por lo general no estaban compuestos por más de cincuenta individuos, ya dotados de arco, flechas y puntas de lanzas de piedra y hueso, que se asentaron primeramente en América del Norte, cazando renos, caribúes y alces. La migración más reciente tuvo lugar en el Pacífico y fue llevada a cabo por los melano-polinesios. Parece que los contactos directos entre Asia y América se interrumpieorn por completo alrededor del 8.000 a.C. y desde entonces los habitantes de las Américas permanecieron aislados hasta la llegada de los españoles a finales del siglo XV.


Las fechas, sin embargo, como es habitual en el caso de la prehistoria, basada exclusivamente en los hallazgos arqueológicos, son más que aproximativas. Recientemente se han encontrado evidencias arqueológicas en Chile y Brasil que hacen suponer que las primeras olas migratorias de Asia a las Américas llegaron a Sudamérica hace varias decenas de miles de años y no hace 12.000 años, al fin de la era glacial, como antes se afirmaba. Semejantes problemas surgen en relación con los intentos de calcular el número de los habitantes del Nuevo Mundo en el momento de la conquista, puesto que las estimaciones oscilan entre 11 y 110 millones.

Las primeras culturas
A mediados del tercer milenio surgieron las primeras aldeas, posteriormente transformadas en ciudades, como p.ej. Chavín en Perú o Tlatilco en el valle de México. En esa época apareció el arte de la cerámica y se desarrolló el tejido de algodón. A medida que se desarrollaban las nuevas tecnologías agrícolas que permitían producir abundantes reservas de alimentos, la caza iba perdiendo su importancia y los grupos étnicos podían llevar una vida más sedentaria, construyendo ciudades y grandes obras públicas.
Las bases de las civilizaciones americanas se establecieron entre los años 2.500 a.C. y 300 d.C. Aquel período destaca por el creciente predominio de la vida urbana, surgiendo grandes ciudades-estados en torno a los centros religiosos. En aquellas sociedades tempranas la religión se asimilaba al poder y los líderes ante los ojos de sus súbditos se convertían en intermediarios entre la gente común y los dioses. La poderosa casta de los sacerdotes controlaba el calendario (e influía de tal manera muy fuertemente en los resultados de las cosechas) y la escritura, ejerciendo así un control estatal casi ilimitado. Como ejemplos más ilustrativos de estas civilizaciones tempranas pueden mencionarse la cultura Chavín en los Andes y los olmecas en Mesoamérica. Chavín, la capital del imperio, era un gran oráculo con fines astronómicos y al mismo tiempo llegó a ser la cuna de dos divinidades adoradas por todos los pueblos andinos: el cóndor y la serpiente.

La civilización olmeca
Se cree que todas las culturas mesoamericanas debieron tener el mismo origen: la civilización olmeca. El país de "Olman" se extendía en las costas del Golfo de México, cerca de la actual Veracruz. Los últimos exámenes con el sistema cronométrico del carbono 14 indican que esa civilización experimentó su mayor desarrollo entre 1160 y 580 a.C. Los olmecas destacaron en impresionantes obras artísticas: transportaban enormes rocas de basalto de las que esculpían cabezas gigantescas de unas veinte toneladas de peso cada una y levantaban pirámides rectangulares, planas en la cúspide, imitando así los volcanes, y que servían de

templos y tumbas. Los olmecas fueron los primeros en Mesoamérica en crear un sistema de control de agua para la irrigación. Hacían figurillas y otros artículos de jade azul-verdoso y traslúcido, piedra semipreciosa diferente del jade de color verde manzana empleado más tarde por los mayas. Algunos científicos están convencidos de que la expansión olmeca hacia el Valle de México y Guatemala se debía precisamente a la búsqueda del jade que necesitaban para su arte. Su vanguardia conquistadora la formaban mercaderes que recorrían Mesoamérica combinando actividades mercantiles con las de espionaje, el cual también lo practicarían más tarde los comerciantes aztecas. El gran dios olmeca fue un felino antropomórfico: un jaguar con algunas características humanas.



La cultura maya
Una de las civilizaciones más asombrosas de la historia humana surgió en los frondosos y húmedos bosques tropicales, sobre el territorio del actual México (Yucatán, Chiapas) y partes de Guatemala y Honduras. La zona, cálida y lluviosa, cubierta por un sinfín de lagos, llegó a ser la cuna del Antiguo Imperio maya, fundado en el siglo III d.C. Las tres grandes etapas del desarrollo de la cultura maya -el Imperio Antiguo, el Imperio Medio y el Gran Imperio- se sitúan entre los años 300 y 1000. Luego el poderío maya y su sofisticada cultura caen en el olvido y las ciudades quedan abandonadas. Las causas exactas del retiro maya se desconocen hasta hoy. Los historiadores especulan sobre los cambios en el régimen de lluvias, que quizás convirtiera la zona en insalubre por la presencia de la mortífera fiebre amarilla. Bien puede ser que la sociedad maya quedara destruida por una lucha entre la casta sacerdotal y sus súbditos, puesto que los sacerdotes eran los únicos que poseían los conocimientos agrícolas necesarios para obtener las cosechas adecuadas y con este poder explotaban a sus compatriotas sin misericordia.
El funcionamiento de la sociedad maya se centraba por completo en el parentesco. Basado en las relaciones familiares con los antepasados, fundadores del clan, surgió un sistema de castas cerradas que condicionaba totalmente la vida del individuo. No se trataba solamente de los matrimonios (un maya podía buscar pareja para contraer matrimonio exclusivamente dentro de su linaje), sino que uno, dependiendo del clan familiar correspondiente, se veía obligado a vestirse de una manera determinada, igual que a asumir la profesión del clan. Así entre los mayas surgió una comunidad dividida en castas de reyes, sacerdotes, guerreros, campesinos, artesanos, careciendo esta estructura por completo de movilidad social.
La religión de los mayas servía más que nada como un arma política de las castas superiores, un perfecto instrumento para poder dominar a una sociedad de campesinos casi autosuficientes. La teología maya se centraba en una idea predominante: la existencia de un orden universal inmutable que no podía ser modificado, ni siquiera por los dioses, cuyos poderes estaban bastante limitados respecto a la marcha del Universo. Lo único que podían hacer los humanos era observar y obedecer, y de ahí la obsesión permanente de los mayas por la medición del tiempo. Los mayas disponían de dos calendarios diferentes: el tzolkin, ceremonial, de 260 días, que se utilizaba sobre todo para predecir el futuro de las personas, y el haab, cronológico, de 365 días.
La economía de los mayas se basaba en el cultivo del maíz, complementado por la caza, muy popular entre ellos, que además de la carne, proveía a los mayas de pieles y plumas para sus vestiduras. Los mayas se destacaron sobre todo por sus ciudades

como Chichén-Itzá, Mayapán, Tikal o Palenque, verdaderos centros religiosos, económicos y administrativos. Entre las obras arquitectónicas de los mayas, que sabían emplear la bóveda falsa, predominan los templos-pirámides.


No obstante, lo más admirable de su cultura fueron sin duda sus logros en el campo de las ciencias exactas. Se ha dicho de los mayas con toda razón que fueron los griegos del Nuevo Mundo. Tres siglos antes de Cristo ya utilizaban para sus complicados cálculos el sistema de numeración vigesimal que expresaba las cifras por medio de puntos y barras y conocían el concepto del cero, siglos antes de que apareciera éste en los cálculos de los árabes. Sabían superar los problemas que surgían con la división de fracciones y los logaritmos. Sus avances en matemáticas mantenían una estrecha relación con su afán por la astronomía. Los sacerdotes, incansables observadores de los astros y sus movimientos, aprovechaban sus conociminetos astronómicos para la dominación del pueblo, puesto que sin su asesoría la agricultura, base de toda la vida maya, entraba en crisis profundas.
La escritura maya, en parte fonética y en parte ideográfica, se componía de más de 700 signos y ni siquiera hoy se ha descifrado del todo. Hasta nuestros días se han conservado muchos códices escritos y dibujados en cortezas de un árbol al que se le llamaba copó. En estos interesantes "libros" se encuentran registros de casi toda la ciencia y mitología mayas. El libro más famoso de los mayas es sin duda Popol-Vuh, escrito en lengua quiché y alfabeto latino, un gran poema mítico e histórico que fue descubierto a principios del s. XVIII por el dominico Francisco Ximénez.

Los aztecas
El origen de los aztecas presenta hasta hoy muchos misterios y se deduce más bien de sus numerosas leyendas y mitos. El nombre de México se deriva probablemente de la tribu de los mexicas (nombre del principal grupo azteca) que vinieron al valle de México en 1253 desde un lugar en el norte al que solían llamar Aztlán (tierra de garzas). Dice la leyenda que al llegar al valle de México se detuvieron en un lugar rocoso donde un águila, posada sobre un nopal, devoraba a una serpiente (escena que se encuentra en la actual bandera nacional de México). En el siglo XIV, tras la caída del imperio tolteca hacía dos siglos, los aztecas fundaron a orillas del lago de Texcoco la ciudad de Tenochtitlán. Hablaban una lengua del grupo náhuatl y en su época de esplendor eran bastante numerosos (unos diez millones). Además de Tenochtitlán, con más de 300.000 habitantes, las ciudades aztecas más importantes eran Texcoco y Tlacopán, formando las tres juntas la llamada Triple Alianza. La capital Tenochtitlán, levantada en el centro de un lago de la meseta sobre unos islotes artificiales, con un recinto sagrado de ochenta edificios religiosos, según las excavaciones arqueológicas, y también según los testimonios de los conquistadores españoles, era una de las ciudades más bellas e imponentes de todo el mundo de aquellos tiempos.
Los aztecas absorbieron los elementos culturales tolteca-chichimecas y lograron imponer su dominio en el Valle. Su civilización era en cierto modo teocrática ya que su jefe político supremo también ejercía las más altas funciones eclesiásticas. Es necesario mencionar un rasgo bastante sombrío de la vida azteca: las llamadas guerra s floridas. Se trataba de una lucha casi incesante practicada por el gusto de sí misma -los aztecas eran uno de los pueblos más guerreros de toda la historia humana-y al mismo tiempo para garantizar una fuente permanente de prisioneros que los sacerdotes ejecutaban como sacrificio a los dioses sangrientos del panteón azteca. Los

aztecas practicaban tales ceremonias masivamente (según los cronistas, la inauguración del templo de Tenochtitlán exigió un sacrificio de más de veinte mil víctimas) lo cual, por supuesto, despertaba un odio visceral entre sus vecinos, uno de los motivos que contribuyeron al sorprendente triunfo de los hombres de Cortés.


La sociedad azteca estaba estratificada piramidalmente. Dada la importancia de la guerra en la vida del imperio, los militares ocupaban un lugar destacado en la escala social. Los pipiltin (nobles) ejercían el poder político, económico y militar, haciendo obedecer a los macehualtin (plebeyos). Teóricamente los plebeyos podían ascender al grupo de los nobles; sin embargo, en realidad la movilidad social apenas existía. Un conjunto de familias, llamado calpulli y parecido al clan europeo, formaba la unidad básica de la sociedad azteca. Originalmente el calpulli era un grupo de familias emparentadas entre sí que cultivaban la tierra de manera comunal (en Tenochtitlán el calpulli correspondía a un barrio). El jefe del calpulli llevaba a sus hombres a la guerra y se encargaba de repartir las tierras. Los papeles masculinos y femeninos estaban sencilla y definitivamente definidos: las mujeres al hogar, a parir y atender a los niños, los hombres al trabajo y a la guerra.
Los aztecas llegaron a crear una monarquía electiva muy centralizada. Al fallecer el monarca, el cargo del nuevo gobernante era designado por un Consejo de Notables que lo elegía entre los miembros de la familia real; sin embargo, el cargo no pasaba de padre a hijo, como era habitual en Europa, sino a través de la línea fraterna. El hombre de Tenochtitlán con más autoridad era el Huey tlatoani (Gran orador), quien acumulaba en su persona todo el poder militar, civil y religioso, aunque, a diferencia del Gran Inca peruano, no se consideraba como Dios. El carácter de la sociedad azteca era sumamente militar y desde niños se les enseñaba a los mexicas a ser guerreros y capturar la mayor cantidad posible de prisioneros. Los mejores podían entrar en las diversas órdenes militares, como la de los Caballeros Águila, los Caballeros Tigre, etc.
La agricultura de los mexicas se basaba en el cultivo del maíz, el frijol, la calabaza y el tomate. Como la mayor parte del terreno cultivable de la región estaba ocupado por lagunas, los aztecas inventaron un original sistema, las llamadas chinampas (jardines flotantes). Las chinampas eran grandes balsas de madera, ancladas en el fondo del lago y cubiertas de tierra, fango y ramas, que servían como un perfecto terreno de cultivo. El sistema de las chinampas era de alta productividad y permitía obtener dos, a veces hasta tres, cosechas anuales. En cambio, en las zonas secas se construían admirables canales de riego. Entre las plantas importantes se destacaba el maguey, del que provenía el famoso pulque, una bebida alcohólica hasta nuestros días muy popular entre los campesinos. Del maguey también se utilizaban sus fibras para fabricar soga y sus hojas servían para techar las viviendas.
Los mexicas eran unos comerciantes incansables. Se traficaba con objetos labrados en oro y plata, cerámica, artículos de pluma o de algodón, y los comerciantes que recorrían todo el territorio desempeñaban al mismo tiempo un papel de espías. Como no existía ningún tipo de moneda (salvo unos primitivos equivalentes monetarios como las semillas del cacao o las mantas), la mayoría de los intercambios se basaban en el trueque. Los aztecas crearon bastante riqueza para que sus nobles y curas pudieran dedicar una notable porción del tiempo a las ciencias. Igual que los mayas, los mexicas eran grandes matemáticos, obsesionados por la medición del tiempo.
La religión de los mexicas no era precisamente optimista. Según sus leyendas, el mundo tuvo que atravesar cuatro etapas, identificadas a su vez con algunos dioses, y

cada una había terminado en una catástrofe: los jaguares que devoraban a los hombres, huracanes, lluvias de fuego, diluvios. La única posibilidad de salvarse de la destrucción total radicaba en alimentar al Sol con la sangre de los prisioneros. A la llegada de los españoles, los aztecas se encontraban en su quinta edad, bajo el influjo del dios Tonatiuh, y estaban convencidos de que todos iban a morir pronto a causa de violentos terremotos, hecho que facilitó considerablemente la difícil tarea de Cortés. Los principales dioses se agrupaban en una trinidad: Quetzalcóatl (la serpiente emplumada, símbolo del bien y de la sabiduría), Huitzilopochtli (representación del mal y de la guerra) y Tezcatlipoca (deidad de la juventud y de las artes). Todos los sacrificios sangrientos y los horribles ritos (decapitación, desollamiento) eran consecuencias de la obsesión azteca por aplacar las iras de sus temibles dioses. El sacrificio más famoso era el que se ofrecía a Tonatiuh, dios del Sol: los sacerdotes abrían el pecho del prisionero, todavía con vida, con un cuchillo de piedra y sacaban el corazón que luego se ofrecía al Dios. Por otro lado, hay que admitir que el espanto de los españoles ante las prácticas religiosas de los mexicas era bien hipócrita, puesto que en aquellos años trabajaba en la Península Ibérica el tribunal de la Inquisición, cuyos procediminetos, en cuanto a la crueldad, no diferían mucho de las barbaridades aztecas.



El imperio inca
No disponemos de muchos conocimientos seguros sobre las primeras apariciones de los incas en el escenario cultural de la región andina. Las leyendas nos cuentan una historia sobre Manco Cápac y su hermana Mama Ocllo, enviados por su padre el Sol, los fundadores de la dinastía, que con sus familiares se asentaron en la zona del actual Perú y la poblaron (se estima que en su apogeo el imperio inca contaba con más de quince millones de habitantes). Más tarde los incas, originarios de la región Huari, levantaron un templo al sol y a finales del siglo XIII echaron las bases de la ciudad de Cuzco (que significa "ombligo del mundo").
La civilización inca, desarrollada durante el siglo XV, en realidad no fue sino la culminación de todas las culturas precedentes (Mochica, Nazca y Chima en la costa, Huari en los Andes centrales, Tiahuanacu alrededor del Lago Titicaca) y su lengua, llamada quechua, fue una variante del idioma de los huari.
Originalmente sólo eran de sangre incaica los de la familia real, pero más tarde el término se aplicó a todos los habitantes del Tawantinsuyu ("cuatro regiones de la tierra"), como los antiguos peruanos solían llamar a su imperio. Rápidamente surgió un Estado perfectamente centralizado cuya figura más importante era la del Sapa Inca, el gobernante y el Hijo del Sol, una encarnación del Dios. Aunque no tenían una mentalidad tan extremadamente guerrera como los aztecas, también los incas fueron extendiendo su territorio a pasos rápidos sometiendo Cajamarca, Quito. En el sur fueron detenidos por los implacables araucanos, los guerreros más temibles del continente.
En 1493 sube al trono Huayna Cápac, un gran constructor de caminos, carreteras y puentes. El sistema de comunicaciones terrestres de los incas era imponente y permitía unos desplazamientos sorprendentemente rápidos de las fuerzas militares. A lo largo de los casi 40.000 kilómetros de carreteras incaicas se plantaban árboles o arbustos para que dieran sombra a los caminantes; paralelos a los caminos se construían canales para que los viajantes pudieran calmar su sed. Por esos caminos

corrían con los mensajes urgentes los chasquis (corredores de fondo) que formaban la parte fundamental de un eficaz sistema de correos a pie. Los chasquis se pasaban la información retenida en quipus. El quipus, una especie de escritura mnemotécnica, fue un instrumento compuesto de cordoncillos y nudos de diversos colores con el que los incas llevaban la contabilidad de sus cosechas almacenadas o hacían registros del número de guerreros enviados en expediciones militares.


En general, es posible afirmar que era precisamente la desarrollada agricultura, con sus avances técnicos y tecnológicos, la que permitió la construcción de grandes imperios sudamericanos, fenómeno que faltaba por completo en el continente septentrional de América, donde predominaban los cazadores nómadas incapaces de construir sedes fijas. La admirable agricultura de los incas se basaba en el sistema de terrazas agrícolas situadas en las laderas de las montañas y canales de riego. Se utilizaban fertilizantes naturales: el guano (estiércol de aves marinas), el pescado podrido. Se cultivaba principalmente la papa (llamada patata por los europeos), el maíz y los fríjoles. Como animal de transporte se solía utilizar la llama, que superaba sin problemas el "mal de las montañas", causado por escasez de oxígeno en las extremas alturas de las sierras. El tupu, la unidad agraria básica, consistía en un terreno que recibían los incas al casarse, se le añadía a la familia una parcela más por cada hijo que habían engendrado y una media parcela por cada hija nacida. Todas las tierras correspondían al Inca y el pueblo se veía obligado a labrarlas sin compensación alguna. Una parte importante de las tierras se hallaba bajo el control de la clase dirigente (nobles y sacerdotes) y el resto de los terrenos cultivables se repartía entre los ayllu. El ayllu era un clan patrilineal endogámico (cuyos meimbros se creían descendientes de un antepasado común) que habitaba una zona determinada y tenía en posesión colectiva las tierras y rebaños de llamas y vicuñas. La propiedad privada tal como se había desarrollado en el viejo continente no existía entre los incas. La estatalización de la sociedad inca era muy fuerte y el pueblo tenía que pagar al Estado un impuesto en trabajo, la llamada mita, de cuya tradición iban a abusar mucho los españoles. El carácter sumamente estatal de la sociedad y economía inca hacía innecesario el comercio, puesto que el Estado mismo se encargaba de transportar la mercancía necesitada a cualquier lugar. A pesar de una vasta mitología (apoyada incluso por algunos científicos) sobre el supuesto carácter socialista o hasta comunista de la sociedad inca, en realidad se trataba de un Estado bastante despótico que para garantizar la explotación de las comunidades campesinas no vacilaba mucho en tomar medidas tan duras como el sistema de mitimaes: traslado violento de pueblos enteros a otras tierras para evitar potenciales rebeliones. Este destierro a distintas zonas climáticas a veces significó la pena capital para miles y miles de campesinos indefensos.
La religión inca se centraba en el Sol, Inti, cuyo directo representante en la tierra era el Gran Inca. Igual que en el antiguo Egipto, la casta gobernante incaica practicaba la endogamia, es decir, el monarca se casaba con una de sus familiares, la coya. El Inca no se veía obligado a elegir como sucesor a su primogénito y podía designar al más apto de sus hijos. A diferencia de sus súbditos, que tenían que vivir en una monogamia estricta, el Inca, aparte de su esposa oficial, poseía un harén con decenas de mujeres. Las acllahuasi eran las vírgenes del Sol que desempeñaban un papel parecido al de las vestales del imperio romano
A diferencia de los aztecas y mayas, los incas eran iconoclastas empedernidos y nunca representaban a sus dioses, con la única excepción de Viracocha ("Espuma de las aguas"), creador del mundo, surgido de las aguas del lago Titicaca, que había

enseñado a los hombres la agricultura y el arte de la cerámica. El culto incaico era esencialmente animista y se atribuían a las cosas espíritus tutelares llamados huacas. Cada clan poseía su propio dios tutelar, equivalente hasta cierto punto al tótem de los indios norteamericanos.


Con el tiempo, por todo el territorio habitado por las tribus incaicas se extendió el quechua, el idioma original de los conquistadores incas. El Estado se daba cuenta de la importancia de una lengua unificada y no vacilaba en enviar maestros a los confines más remotos del imperio para que enseñaran quechua a todos los pueblos sometidos. Fue una gran labor educativa y hasta nuestros días el quechua sirve como medio de comunicación entre los indios, desde Colombia y Ecuador hasta Argentina y Chile.
En la arquitecura incaica predominaban los edificios públicos. Las obras preferidas de los incas, aparte de las carreteras, eran grandes fortalezas (p.ej., Sacsahuamán , cuyas murallas ciclópeas, construidas de enormes bloques de piedra, despertaron el interés de Erich von Däniken, que sostiene que semejante obra arquitectónica no se podía haber levantado sin ayuda sustancial de los extraterrestres) y templos (Coriancha, donde se depositaba el cuerpo momificado del Inca fallecido). La impresionante ciudad de Machu Picchu, edificada en piedra a 2.400 m de altura, sin duda la octava maravilla del mundo, permaneció en lo alto de los Andes, junto al río Urubamba, aislada y desconocida, desde la derrota de los incas hasta que en 1911 Hiram Bingham la descubrió, ayudado por los indios lugareños, en una expedición de estudios arqueológicos.
El código moral incaico se revela en el saludo cotidiano "Ama sua, ama lluclla, ama quella" (no robes, no mientas, no seas haragán); sin embargo, éste se aplicaba sobre todo a la gente común, pues los incas tenían dos sistemas de justicia, uno para el pueblo y otro para las clases altas.
Los incas eran más pragmáticos que las tribus de Mesoamérica. Su único calendario carece por completo de las abstracciones de los aztecas y mayas y el sistema decimal es desde luego mucho más práctico que el vigesimal. Un gran desarrollo experimentó la cirugía inca, que llegó a conocer incluso el transplante de huesos.

El Descubrimienta y la Conquista




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