Historia de la psicologia



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Psicoanálisis del yo


 

Surgida en EEUU, enfatiza dos puntos: la importancia de la instancia yoica, y la enfatización del carácter (Freud no habló de carácter, salvo en el artículo “El carácter y el erotismo anal”).


Reich, en “El análisis del carácter”, define el carácter como una alteración crónica del yo que se caracteriza por su rigidez y que sirve para proteger al yo de peligros internos o externos. El carácter es la coraza del yo, el que se atrinchera por miedo al castigo. Frente al carácter neurótico está el carácter genital, armónico y plástico, que puede adaptarse, no es rígido. Rank, por su parte, habló de un carácter artístico e ideal.
Kardiner, Erikson, Anna Freud, Hartmann y Abraham buscaron integrar datos dinámicos y psicológicos dentro de la escuela del yo. Esta escuela buscó dar cientificidad a sus investigaciones. De éstas, hay dos bastante conocidas: la investigación Menninger y el Indice Hampstead.
La investigación Menninger empieza alrededor del 50 hasta el 72. Investigó la fortaleza yoica y sus funciones. Comparando pacientes con expacientes, estudiaron la fortaleza yoica, el nivel de angustia, el nivel de agresividad y la capacidad de externalización. Todo ello respecto de los pacientes. Respecto del tratamiento, indagaron la técnica (interpretación), la experiencia del terapeuta en el caso, y el grado de tolerancia. Y respecto de la situación, indagaron la posibilidad o grado de estrés, y la capacidad de irritabilidad.
Concluyeron dos cosas: primero, que la fuerza yoica depende de la combinación de la integración, la estabilidad y la flexibilidad de las estructuras psíquicas; y segundo, que la mayor fortaleza yoica permite mayor posibilidad de respuesta positiva en un paciente.
La investigación del Indice Hampstead empieza en el 50. Fue dirigida por Anna Freud y trabajó con chicos en relación con su educación. Se operó con índices porque se buscó aislar indicadores tanto del niño como de la madre y el grupo tratante que mostraran como eran las respectivas respuestas básicas para cada momento evolutivo.

 

Escuela inglesa


 

Mientras que para Freud al principio el yo no está estructurado, para M. Klein desde el nacimiento el yo está estructurado y con capacidad para la defensa. Esta autora habla de un Edipo a los seis meses, mientras que para Freud es muy posterior. Los aportes de Klein son básicos para comprender patologías adultas a partir de la observación que hizo sobre niños. Trabajó también con grupos, y sus continuadores fueron Bion y Jacks.

 

Estructuralismo


 

Al hablar de estructuralismo hay que remitirse en primer lugar a C. Lévi-Strauss, antropólogo, que tuvo tres grandes influencias: la geología, el marxismo y el psicoanálisis. En su relación con Jakobson empieza su trabajo en lingüística estructural.


Su fama se debe mas bien a sus trabajos sobre los parentescos, al establecer los principios básicos que gobiernan la gran cantidad de reglas que favorecen los intercambios de parentesco en las distintas culturas. Ayudándose con modelos matemáticos para dar cuenta de las posibilidades de cada sistema cultural y por cuál optar en la elección de un parentesco. Dice que la prohibición del incesto y la obligación al intercambio constituyen la opción mínima para formar un sistema.
En relación a esto tiene una conocida frase: “las mujeres circulan en relación a los hombres”, porque el intercambio se hace con las mujeres, y se le prohíbe a la mujer el intercambio con su propia familia.
Otro autor importante es Michel Foucault, uno de los más claros exponentes del estructuralismo dentro del psicoanálisis. Otro fue Lacan, quien al morir disolvió la escuela que había fundado en 1950. Fue expulsado de todas las escuelas psicoanalíticas. Para algunos es muy importante porque incluye el estructuralismo dentro del psicoanálisis, pero para otros la visión de Lacan está totalmente aparatada de lo que había dicho Freud.

 

Karl Jung


 

Desde pequeño introvertido, su relación con sus padres influirá sobre él. El padre era pastor, cálido pero inseguro en sus creencias, y su madre imprevisible, vital, fue para Jung fuente de energía y seguridad afectiva. Siendo médico pasa seis meses entre los enfermos mentales, concluyendo que sus conductas no son percepciones distorsionadas de la realidad sino que están plenas de significado, el cual debe decodificarse. Empieza a interesarse por el planteo freudiano de la motivación inconciente y desde el principio trata de conciliarlo con las ciencias naturales y las leyes de la termodinámica, o sea la conservación y transformación de la energía aplicada a lo psíquico, que luego ocupará un lugar central en su teoría.


A pesar de ver Freud en Jung al hijo varón que no tuvo y ver Jung en Freud al padre seguro, la ruptura es inevitable cuando Jung concibe la libido como algo mucho más amplio e inespecífico que la mera representación psíquica del impulso sexual. Luego de la guerra, empieza Jung a desarrollar la teoría del inconciente colectivo al estudiar ciertos fenómenos que él considera como imágenes primordiales y determinantes de todo el desarrollo humano. Esto lo lleva a ampliar sus conocimientos (filosofía, orientalismo, alquimia, literatura, historia, idiomas griegos y latín, etc) y viaja a Asia, América y Africa para estudiar culturas muy diferentes a la occidental. Hacia el final de su vida se dedicó al estudio de la ‘sombra’, que son los aspectos más inadaptados e indeseables del hombre, y por ello un arquetipo importante en el desarrollo. Antes de su muerte publica “El hombre y sus símbolos”, dirigido al público en general.
Jung enfatizará la conducta humana desde el punto de vista teleológico y como expresión de su entorno universal; por ello privilegia las vivencias básicas humanas referidas a la vida, la muerte, la trascendencia, todas vivencias teñidas de un sentimiento numinoso (de ‘numen’, espíritu). Estas experiencias están más allá de lo humano, es la experiencia de lo trascendental y lo sagrado (pero Jung no le da connotaciones religiosas dogmáticas).
Jung explica la dinámica de la personalidad mediante la idea de libido. La libido (anhelo, ansia) es la energía indiferenciada que está en la base de todos los procesos vitales. Es algo muy concreto pero imposible de conocer (así como ocurre con la idea de energía en física).
La energía es algo capaz de producir trabajo, o sea se define por lo que hace, no por sí mísma. En sí mísma nadie sabe qué es: es el maná de los polinesios, la fuerza de la inspiración, etc, o sea es fuerza creadora, acción vital que regula la actividad psíquica desde dentro: no hay nada desde fuera que regule dicha actividad.
El mantenimiento y la transformación de esta energía es explicado por las leyes de la termodinámica. La actividad psíquica es entendida como un proceso energético sujeto a transformaciones que se realizan mediante regulaciones internas que tienden a compensar en uno u otro sentido los excesos energéticos canalizándolos para mantener el equilibrio. Así, las transformaciones de la energía exigen una constante interacción entre los distintos aspectos hacia los que se canalizan. Estos aspectos (al igual que las cargas eléctricas), son opuestos entre sí, y así la energía se desplaza entre polos opuestos con el fin de equilibrarlos. Así, la psique es un sistema de autorregulación energética entre opuestos o polos antagónicos presentes en ella. El principio de enantiodromía o principio de los opuestos es entonces el principio básico de la dinámica de la psique. Este principio rige además en todo el universo.
La energía y su dinámica son inconcientes, pero lo que Jung no determina es donde termina la energía física y empieza la psíquica: esta transformación en otra modalidad de la misma y única energía ocurre en un determinado momento de la evolución de la especie: en el momento donde el hombre deviene ‘simbólico’, o sea de un momento donde nada tiene sentido a otro pleno de sentido: el símbolo es como una máquina psicológica que transforma la energía física en psíquica, o sea en libido.
Los símbolos son hechos, imágenes, palabras, situaciones que representan, expresan, designan o connotan algo más que su significado inmediato o manifiesto. O sea tienen un aspecto desconocido, inconciente, imposible de definir porque si no no sería ‘algo más’. Definir el símbolo es anularlo, vaciarlo, y sólo podemos alcanzarlo como metáfora o alegoría de un sentido complejo, innato y tan antiguo como el hombre. El contenido último del símbolo sólo es presuntivo. Por ello los símbolos no se piensan, se sienten, se viven en imágenes; ellos constituyen las expresiones naturales espontáneas de la energía psíquica que se van cristalizando a lo largo de la evolución transindividual. Por ello son comunes a toda la humanidad.
Símbolo entonces es una unidad sincrética (contiene muchos elementos) de significados polivalentes (muchos significados) situada entre lo manifiesto y lo oculto. El trabajo hermenéutico va descubriendo algunos de los muchos significados, y lo que se revela es una estructura enantiodrómica detrás de ellos, o sea una estructura donde hay polos opuestos.
La psique consta de tres sistemas: conciente, inconciente personal, e inconciente colectivo.
El núcleo del conciente es el yo, conformado en base a percepciones, memoria, sentimientos, pensamientos. El yo es organizador y guardián de lo conciente y provee identidad y continuidad de la personalidad a lo largo de la historia. El yo es selectivo para salvaguardar la coherencia interna personal y permitiendo la adaptación al medio. Tanto estructural como dinámicamente, lo conciente es el producto más reciente de la evolución filo y ontogenética, y su desarrollo está relacionado con el de los otros sistemas.
El inconciente personal encierra todo aquello que fue antes conciente pero que fue reprimido. Tales deseos o impulsos pueden emerger nuevamente bajo formas regresivas, a la conciencia, produciendo imágenes que expresan el conflicto subyacente. En el inconciente personal se conforman los complejos de carga afectiva, término este último creado por Jung en 1912 y definidos como una estructuración de experiencias reprimidas en torno a fuertes núcleos afectivos. Estos núcleos ejercen una acción constelizadora, pues son como un imán para atraer experiencias que se viven del mismo modo que esos núcleos conflictivos. Tanto ética como intelectualmente, el inconciente personal es neutro; es un ente natural que sólo es peligroso cuando lo conciente impide la resolución de sus conflictos subyacentes.
El inconciente colectivo es el que tiene mayor influencia en el desarrollo filo y ontogenético, y es el sistema de mayor fuerza y autonomía. Es el fundamento hereditario del hombre y se confunde con la naturaleza misma. Surge cuando la energía vital se transforma en psíquica mediante la simbolización por lo que tiene que ver con vivencias primitivas que revelan una profunda participación afectiva del hombre como parte de la naturaleza.
El inconciente colectivo se fue estructurando generación tras generación a partir de vivencias interiores (sistema simpático), y transformando la enegía vital en psíquica. La conciencia surgió a su vez de la telencefalización del cerebro, y el yo pudo organizar las vivencias externas y así organizar el mndo, estableciendo una separación entre el yo y el mundo.
La energía canalizada en forma psíquica se expresa en los contenidos propios del inconciente colectivo: los arquetipos. Estos establecen un vínculo entre el hombre y su realidad vital, cósmica, y es similar a la idea platónica. Los arquetipos surgen de experiencias ancestrales y a su vez determinan la experiencia individual actual.
Como contenidos energéticos, los arquetipos se canalizan generando imágenes primordiales, símbolos ejemplares y patrones de conducta. Así, el arquetipo es energía subyacente al símbolo. El arquetipo se estructura alrededor de vivencias primordiales relacionadas con las necesidades del hombre, su devenir, cosas que tienen fuerte carga afectiva. Como contenidos energéticos a priori no pueden someterse a elaboraciones concientes, y por ello son un hecho psíquico puro y básico. Entre los hechos significativos de la experiencia humana en torno a los cuales se organizan los arquetipos podemos mencionar los siguientes:
1) Símbolos que representan cambios de identidad: nacimiento, pubertad, matrimonio, etc. 2) Símbolos que representan vínculos: padre-hijo, madre-hijo, sexuales, etc. 3) Símbolos que representan vínculos entre partes de la psique: conciente-inconciente, pensamiento-sentimiento, masculino-femenino, etc. 4) Símbolos que expresan vínculos con el medio social: jerarquía, autoridad, metas y valores sociales, y 5) Símbolos vinculados a la muerte y la trascendencia. Alrededor de todos estos hechos y situaciones se han ido formando complejos arquetípicos que se expresan por medio de los mitos, las creencias, ritos y ceremonias. Todos ellos son profundamente simbólicos, es decir, con un significado polivalente y una estructura enantiodrómica. El aspecto externo, el soporte material varía según el individuo y según el contenido histórico y cultural, pero el significado remite siempre a contenidos arquetípicos arcaicos.

 




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