Historia de la Psicología



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Historia de la Psicología

Cátedra I


Modulo II

LAS PSICOLOGÍAS EN EL SIGLO XIX

Marcela Borinsky

Federico Corniglio

Julio del Cueto

Pablo Pavesi

Hugo Vezzetti
- 2008 -

Este Módulo trata sobre la Unidad II del Programa y sirve como introducción a los temas y los textos de lectura obligatoria.
Esta segunda unidad se ocupa del nacimiento de la psicología en la modernidad hasta el siglo XIX. Se estudian diversas tradiciones en el cruce de psicología, fisiología, biología y clínica de las neurosis. Son presentados diversos modelos “experimentales”: Wundt, Charcot y Galton. Los problemas iniciales de la clínica freudiana de la sexualidad son interrogados a la luz de los enfoques históricos de M. Foucault sobre la ciencia sexual y la verdad del sexo. Finalmente, esta unidad indaga las relaciones entre psicología y biología en el marco del paradigma evolucionista; para ello se aborda la psicología infantil de Baldwin. Asimismo se presentan los desarrollos de la eugenesia y los análisis de M. Foucault sobre el biopoder.

INDICE
(I) Tradiciones en las psicologías del siglo XIX: el problema experimental

1. Tres tradiciones de las psicologías del siglo XIX: la psicofísica, la psicobiología evolucionista, la psicopatología clínica



2. El problema experimental en Psicología. Tres modelos: Wundt (Leipzig), Charcot (Paris), Galton (Londres)
(II) La clínica freudiana y la historia de la sexualidad

3. Freud: las neurosis y la vida sexual

4. Kenneth Levin: “Más allá de la teoría de la seducción”

5. “La sexualidad en la etiología de las neurosis”

6. La historia de la sexualidad: M. Foucault.

(III) Psicología y biología: de Darwin al darwinismo y la eugenesia

7. Charles Darwin (1809-1882). Teoría de la descendencia con modificación

8. Del desarrollo a la evolución: G. Canguilhem

9. Psicología del niño y de la raza: Baldwin

10. Darwinismo social y eugenesia

11. Foucault: biopolítica y biopoder

(I) Tradiciones en las psicologías del siglo XIX: el problema experimental.

1. Tres tradiciones de las psicologías del siglo XIX: la psicofísica, la psicobiología evolucionista, la psicopatología clínica

Una presentación del panorama del pensamiento psicológico del siglo XIX permite ordenar tentativamente algunas líneas dentro de la diversidad de corrientes, métodos y objetos de la disciplina. Se trata de una ubicación genérica y de conjunto de tres corrientes del pensamiento psicológico, que construyen nociones y programas de investigación de la psicología como una disciplina con pretensión de constituirse como ciencia. Por una parte, se trata de pensar las condiciones diferenciales en que nacen la psicología experimental, la psicología evolutiva, la psicopatología y la clínica y aun la psicología social y colectiva. Pero, al mismo tiempo, interesa exponer el criterio de esta elección, ya que se podrían postular otras formas de presentar esa diversidad.



En términos de un análisis histórico, hay cuestiones que tienen que ver, por lo menos, con un doble conjunto de problemas. Por un lado, están los problemas relacionados con la constitución científica de la disciplina. Cada una de estas corrientes, se puede decir, está enfrentada diversamente con la búsqueda de modelos científicos.

Al mismo tiempo, cada una de estas corrientes está inmersa en condiciones histórico culturales particulares. Por ejemplo, el empirismo, que aporta temas y problemas a la disciplina, nace en Inglaterra, con Locke y Hume. Algo de su preocupación sobre el origen del conocimiento se encuentra en Condillac que impacta sobre el movimiento de los ideólogos y sobre la psicopatología inicial en Pinel. Con ello se produce un desplazamiento a la situación cultural en Francia. Y también es en Francia donde se desarrolla una protopsicoterapia, en el magnetismo animal de Mesmer. Ahora bien, este pasaje de Inglaterra a Francia supone contextos culturales e institucionales distintos que afectan la definición misma de los problemas y los programas de constitución de la disciplina. Con Fechner y Wundt pasaremos a Alemania, donde hay condiciones particulares, no sólo filosóficas, sino también académicas, formas diferentes de organización de la investigación y de la enseñanza, tal como lo expone el artículo de Kurt Danziger sobre los orígenes sociales de la psicología.

EVOLUCIONISMO Y

PSICOLOGIA


PSICOFISICA Y PSICOLOGIA

FISIOLOGICA



PSICOPATOLOGIA Y CLINICA DE LA HIPNOSIS

Inglaterra


Problemas:

.Relac. organismo-medio.

.evolución:

-especies

-edades

-etapas de civilizac.



.herencia-medio

(innato-adquirido)

.instinto
Método:

. Genético



Modelo:

BIOLOGIA
Disciplinas:

.Eugenesia

.Psicología Comparada



Alemania
Problemas:

.Representac. mentales.

.Actos y cont. de conciencia

.Experiencia int. y externa.

.Fenom. fisiológ. y fenom.psicolog.



Método:

. Psicofísico y experimental



Modelo:

FISICA
Disciplinas:

.Psicofísica

.Psicolog. sensorial


Francia (Inglaterra)


Problemas:

.Psicoterapia

.sugestión:

-liderazgo

-"masas"

-histeria

.disociación  psíquica

.conflicto

.automatismos psíquicos
Método:

. Clínico



Modelo:

MEDICINA MENTAL


Disciplinas:

.Psiquiatría y psicopatología

.Clínica de las neurosis

.Psicología de las masas


Veamos la significación de este cuadro comparativo que no es exhaustivo sino solo inicial y exploratorio.



a) El impacto del evolucionismo en la psicología viene a establecer un orden de problemas característicos; la psicología se separa de la matriz del conocimiento y del campo de la conciencia, que eran propios de la tradición empirista. Los problemas giran hacia la conducta, en términos de relación del organismo con el medio vital; los términos claves son: adaptación, herencia, instinto, lo innato y lo adquirido.

Surge en Inglaterra, ya que tiene su origen a partir de la obra de Darwin (El origen de las especies, 1859) y se sostiene inicialmente en el impacto extraordinario de su obra. No sólo constituye la revolución científica más importante y decisiva del siglo XIX, sino que su impacto va más allá de las ciencias naturales y la psicología definida en ese marco como una ciencia natural para constituirse en modelo de las ciencias sociales y en alimento de la filosofía positivista.

El método fundamental es el genético. La noción de la evolución se aplica tanto a las especies (del animal al hombre: psicología comparada), como a las edades evolutivas (del niño al adulto) y los estadios de civilización (de los pueblos "primitivos" o "salvajes" a las sociedades blancas civilizadas).

b) La psicología del "sentido externo", a partir de la psicofísica de Fechner, se despliega en Alemania y es el fundamento de la psicología sensorial, fundada en los procedimientos experimentales. Aquí nos encontramos con la tradición de una psicología de la conciencia, apegada a las relaciones entre fenómeno físico, proceso fisiológico y representación mental. El marco problemático de la relación de conocimiento, la distinción entre lo "externo" y lo "interno", el peso del modelo de la física y de la fisiología (que en su versión experimental era, a su vez, tributaria de la física), caracterizan esta corriente que cierta tradición historiográfica, nacida en los EEUU, ha tendido a considerar como la única psicología científica.

c) La tercera corriente gira alrededor de las cuestiones de la psicopatología y la clínica de la hipnosis; podría decirse, con un término que es posterior, que sus problemas giran en torno del síntoma. Allí nace la hipnosis como primer modelo de sistematización de un procedimiento que es, a la vez, psicoterapéutico y de investigación, y que puede ser validamente considerado como un modelo igualmente experimental. En su consolidación más pública esta corriente encuentra su lugar en Francia; en realidad el problema es más complejo, porque en rigor, la primera formulación sistemática de la cuestión de la hipnosis se produce en Inglaterra. La denominación misma de "hipnosis" que supone dejar de hablar de "magnetismo animal" y la iniciativa de definir a la hipnosis como procedimiento médico, terapéutico e investigativo, nace en Inglaterra, a partir de un médico que es fisiólogo y clínico: James Braid; y es previo a la obra de Charcot en Francia.

Los contextos nacionales e institucionales. Una primera cuestión a considerar es que ya no estamos, como en la revolución filosófica y científica del siglo XVII, en un espacio cultural que ligaba a los autores de distintas nacionalidades en una especie de república de filósofos y pensadores. La consolidación político-institucional de los modernos estados nacionales se produce, sobre todo, en la Europa del siglo XIX. De modo que se acentúa la importancia de los contextos nacionales y sus rasgos diferenciales, arraigados en formas particulares de organización de la enseñanza académica, en tradiciones de investigación, en las distintas relaciones con los Estados y con organismos de la sociedad, incluso en las condiciones variables de libertad de investigación y de autonomía de los organismos científicos y los núcleos intelectuales.

Un problema histórico, justamente, es el que plantean las condiciones en que un autor, una línea de pensamiento o una escuela surgidas en determinado país llegan a tener influencia e implantarse en otro. Eso se produce siempre de un modo que transforma, a veces mucho, la corriente original y que abre complejos problemas de recepción de ideas, métodos y programas. Por eso, no basta con la descripción de ideas y autores que se suceden y se "influyen" recíprocamente, sino que es preciso analizar las condiciones de implantación y apropiación del conocimiento como un proceso activo. Por ejemplo, si el empirismo surge en Inglaterra, y si la psicología experimental trabaja a partir de la sensación y por lo tanto tiene un punto de partida "empirista", ¿por qué esa corriente no se desarrolla en la tradición inglesa sino que surge en Alemania?. Aparentemente, en Inglaterra estaban, a partir del punto de partida asociacionista, las condiciones para la constitución de una línea preocupada por la experiencia sensorial. Y sin embargo la psicofísica y la psicología fisiológica, como disciplinas de laboratorio, nacen en las universidades alemanas, donde se constituye una tradición experimental que encuentra en el modelo físico y en el ideal de la medición sus condiciones institucionales y al mismo tiempo metodológicas de constitución.

Aquí aparece la necesidad de reconstruir estas corrientes científicas y de pensamiento en el marco de contextos culturales, "climas de pensamiento" y formas institucionales que son específicas. Lo hemos dicho: el modelo fundamental en la constitución de la disciplina psicológica como psicofísica o psicología experimental, en Alemania, es la física; esto es explícito, en el programa de un Fechner, que viene de una formación en física experimental. Aún cuando la psicofísica se desplaza hacia una psicología fisiológica, en realidad lo hace tomando como modelo una fisiología que, en Alemania, no es la misma que la fisiología inglesa. Mientras la fisiología alemana está fundada en la física, se realiza en Departamentos de Filosofía o de Ciencias y se construye en el laboratorio, la fisiología inglesa responde al modelo de la investigación clínica, en gran medida desarrollada en los consultorios, ligada a las Escuelas de Medicina y apegada a los problemas del tratamiento de trastornos neurológicos y psiquiátricos. De allí que los ingleses se interesen por la hipnosis, procedimiento que, en cambio, los experimentalistas alemanes rechazaban. No sólo la tradición filosófica y metodológica son diferentes, sino que la formación social, cultura e institucional son diferentes y esto da como resultado que no estén proyectando la misma disciplina. En el caso de los fisiólogos ingleses a los que hice referencia, es muy escasa la vinculación con problemas filosóficos y está ausente la preocupación estrictamente metodológica o de investigación básica.



Hay, entonces, dos tradiciones de investigación bien diferentes. En el caso de Wundt, no está dispuesto a abandonar el campo de la filosofía y se opone a la constitución de la psicología como un campo profesional autónomo. En la tradición alemana, ese interés filosófico es muy notorio en Fechner que crea la psicofísica en el marco de su preocupación por resolver matemáticamente la relación entre el mundo físico y el mundo espiritual, es decir por reformular, en términos científico experimentales, la vieja cuestión metafísica de la relación cuerpo-alma. Un segundo rasgo diferencial de la tradición alemana es que la preocupación metodológica sigue el modelo fisicomatemático; de allí que el problema de la medición cumpla un papel fundamental. En cambio, en la tradición fisiológica inglesa no aparece ninguna de estas dos condiciones. Y sin embargo hay una labor de investigación empírica, inspirada en la fisiopatología, que impulsa un desarrollo muy importante de la disciplina.

En cuanto a la tradición psicopatológica y de la clínica de la hipnosis, es la más heterogénea, porque, por una parte, responde a una corriente propiamente médica, ligada a la constitución de la neurología y la medicina mental, en la que tienen también incidencia los desarrollos de una fisiología, sobre todo la inglesa, de inspiración clínica. Pero, como veremos, la tradición del "magnetismo animal" mantiene su autonomía y sus vías propias de desarrollo y pervivencia, al margen del dispositivo médico; incluso tiene su impacto sobre formas de representación literaria.. Por lo tanto, no se trata aquí de un modelo homogéneo sino de un campo de ideas y de prácticas en el que intervienen intereses y objetivos diversos, aunque, hacia el fin del siglo XIX, van a predominar los ligados a la práctica clínica, cuando la medicina se reapropie de ese campo. Por otra parte, no puede desconocerse que el modelo de la hipnosis se convierte en una matriz explicativa de los fenómenos de masas y se aplica a la definición de las cuestiones de la autoridad y el liderazgo.

Finalmente, hay que tener en cuenta en la lectura del cuadro que sintetiza los rasgos de esas tres tradiciones la complejidad del campo heterogéneo y plural de la psicología. Estas condiciones de diversidad y pluralidad en el nacimiento de la disciplina estaban presentes en el análisis ya visto de G. Canguilhem (ver punto 2 de este Módulo) focalizado en la historia de los proyectos en el pensamiento filosófico y científico. Aquí se adopta otro punto de vista, apegado a las tradiciones metodológicas y los discursos formadores de corrientes teóricas y prácticas en la psicología. Es una perspectiva de examen de la cuestión que tiene sus proyecciones sobre el presente. Hay que ser capaces de reconocer lo diferencial de los enfoques, de los problemas, los métodos y programas de investigación, los modelos de práctica y los usos sociales proyectados, en contextos culturales e institucionales que imponen sus propias condiciones. Todo esto está presente en la historia del nacimiento de la psicología en el siglo XIX. Y es claro que la psicología de este período no puede ser definida simplemente como "psicología de la conciencia".


2. El problema experimental en Psicología. Tres modelos: Wundt (Leipzig), Charcot (Paris), Galton (Londres) (Kurt Danziger, “Estructura social de la experimentación en psicología”. Ver también la Guía de Lecturas de la Unidad II)

El texto de Danziger ofrece una presentación de diversos modelos de experimentación en psicología. En ese sentido, puede ser tomado como un abordaje que destaca, de otro modo, esa diversidad de tradiciones que ha sido expuesta en el punto anterior. Y lo hace refiriéndose a los mismos espacios nacionales y culturales: Alemania, Francia e Inglaterra. La diferencia evidente, respecto de las tres tradiciones tratadas en el punto anterior, es que, en el caso inglés, no considera a Darwin (que no hacía experimentos) sino a Galton que, como se verá, se funda en la tradición evolucionista pero produce un desarrollo de ideas y prácticas específicas, en dos direcciones: los tests mentales y la eugenesia.

a) Al mismo tiempo, al extender esa diversidad a diversos “modelos” experimentales, Danziger cuestiona la tesis que sólo reconoce un modelo científico experimental, fundado en los procedimientos del laboratorio establecidos por Wundt en Leipzig, tesis muy arraigada en la historiografía anglosajona de la psicología, sobre todo en el célebre texto de E. G. Boring, Historia de la psicología experimental.

b) Es importante relacionar el enfoque y los problemas planteados por el autor con las ideas del otro texto de Danziger trabajado en la Unidad I del programa, “Los orígenes sociales de la psicología moderna” (Véase también en el Módulo I, “Kurt Danziger: historia crítica en sentido fuerte”). En particular, el enfoque de Danziger se muestra en la idea del experimento como una “situación social”, el papel que cumplen los “intereses intelectuales” (o de conocimiento) y los factores “extradisciplinares”.

c) El trabajo de Danziger comienza definiendo las características del modelo experimental de Leipzig (Wundt) que se corresponde con la tradición del trabajo académico. La situación social correspondiente destaca la colaboración, el equipo, el intercambio de roles, el estilo científico y el objetivo de investigación que apunta a estudiar “sujetos” en sus rasgos psicológicos generales y comunes, sobre todo, los “procesos mentales elementales”.

d) A partir de ese modelo el autor analiza dos modelos alternativos.

> Por una parte, el experimento clínico (Charcot) que se constituye en el modelo que plantea una divergencia fundamental con el anterior: el contexto es la medicina, no hay intercambio de roles sino separación clara y diferencia de status; cambian las relaciones (a partir de la relación médico-paciente) y el objetivo.

> Por otra, el modelo galtoniano (Londres), que aparece posteriormente y que se va a constituir en un antecedente importante de los tests mentales. El modelo social proviene del examen, académico o frenológico; involucra personas comunes como “solicitantes” e incorpora un aspecto “contractual” (pago) y “utilitario”. Es importante ver cómo surgen en este modelo ciertos temas que van ser retomados en el capítulo sobre psicología y biología: las diferencias individuales, el modelo de la competición entre individuos y la cuestión de la población y la eugenesia.

Lo anterior sirve de presentación del texto. Para trabajarlo se recomienda realizar un cuadro comparativo de los tres modelos que considere, por lo menos, los siguientes items para cada uno de ellos:

> Tradición (“costumbre”)

> Situación social (relaciones previas, sistema de roles)

> Objeto de conocimiento (e “intereses” de conocimiento)


(II) La clínica freudiana y la historia de la sexualidad

Hemos visto en el punto anterior que el surgimiento de un modelo clínico en psicología puede ser situado en torno de la figura de Charcot y la hipnosis. En ese modelo es central el papel del “caso”, fundado en una relación particular del médico y el paciente. En esa tradición clínica y psicopatológica van juntos el objetivo de conocimiento e investigación y el propósito terapéutico. La importancia de esa tradición clínica, basada en la hipnosis, en la constitución de la psicología moderna, tiene una evidencia en el hecho de que el Primer Congreso Internacional de Psicología, en 1889, en Paris, designó como presidente a Charcot.

1) La trayectoria de Charcot había comenzado con la investigación anatomoclínica de los cuadros neurológicos. Hacia 1875 se interesa por la hipnosis y abandona la investigación anatomoclínica en el estudio de la histeria. En 1885 Charcot se interesa en las parálisis histéricas, traumáticas: síntomas que surgen después de accidentes ferroviarios o en accidentes laborales, caídas, golpes, etc, sin un real daño físico. Charcot considera que los síntomas son histéricos.

a) Por un lado, eso le permite afirmar una histeria neurológica, separada de la representación tradicional de la histeria uterina, o sea femenina, y asociada a desórdenes de la sexualidad. En efecto, muchos de los casos que describe son histerias masculinas.

b) Establece o acentúa una relación nueva de la hipnosis con la histeria. La hipnosis comienza a ser utilizada experimentalmente para producir parálisis por sugestión en estado hipnótico. Eso le permite un doble movimiento en la conceptualización de la histeria. Por un lado, se tiende a establecer la equivalencia entre la sintomatología histérica y la producida por hipnosis, en oposición a los síntomas de “otras” enfermedades neurológicas y a la simulación. Por otro lado, Charcot propone una equiparación entre el estado hipnótico y el estado histérico traumático. En el accidente traumático, el trauma opera naturalmente de un modo análogo a como lo hace el mandato del hipnotizador en la situación artificial de la hipnosis. O sea: la histeria traumática es como una autohipnosis espontánea y la hipnosis es como un pequeño trauma reproducido artificialmente. Pero, para Charcot, la hipnosis sólo es posible en histéricos ya que no todos los sujetos son hipnotizables.

c) La novedad que trae Charcot no es la noción misma de trauma (que es anterior) sino el modo de explicarlo, en la medida en que destaca el papel que cumplen las representaciones que el sujeto se hace de la situación. Recordemos que Freud va a Paris con su beca de estudio en 1886, o sea coincidiendo exactamente con este momento de las investigaciones de Charcot sobre las parálisis psíquicas traumáticas. Es algo que Freud reconoce explícitamente en sus primeros textos: encuentra su punto de partida en esa idea del trauma.

2) Sobre la cuestión de la sexualidad, hay una clara ambivalencia en Charcot y en lo que transmite a Freud.



a) Por un lado, con la aceptación de la histeria masculina y la ubicación del trauma como factor etiológico produce una "desexualización" y una "defeminización" de la histeria, en la medida en que destaca la centralidad del sistema nervioso: se propone una "neurologización" de la histeria.

b) Sin embargo, mantiene los "signos ováricos" y "testiculares" y por lo tanto mantiene una relación de la histeria con los órganos sexuales. (Ver Marcel Gauchet, El verdadero Charcot, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000, pp. 137-140).



Pero, además, basta ver las descripciones de las presentaciones clínicas (que en general hacen los alumnos de Charcot) para advertir que en lo que se llamaban las “actitudes pasionales” y en el delirio histérico, las referencias a la sexualidad eran muy explícitas. Si esas referencias no se incluyen en la conceptualización de la histeria no se debe a un prurito moral sino a la intención de situar la histeria dentro de las enfermedades neurológicas y “médicas” y romper con la larga tradición que la asociaba a un desorden sexual y moral. (Ver M. Foucault, El poder psiquiátrico, Buenos Aires, FCE, 2005, clase del 6 de febrero de 1974, sobre todo pp. 373-381)
3. Freud: las neurosis y la vida sexual

Hacia la segunda mitad del XIX, antes de Freud e incluso antes de la investigación de Charcot, se admitía una relación de la histeria con la sexualidad (que venía de la Antigüedad: histeria viene del término griego hysterá, que significa matriz o útero). Se admitían 2 modos de relación:

a) Directamente anatómica: ciertas anormalidades en los genitales producían efectos “reflejos” sobre el sistema nervioso. La histeria se incluía en el campo de las neurosis reflejas.

b) Asociada a la vida sexual, sobre todo la abstinencia. La histeria se asociaba a muchachas solteras o monjas, que carecían de satisfacción sexual. (Ver K. Levin, Freud y su primera psicología de las neurosis, México, FCE, 1985, pp. 141-145.)

La posición inicial de Freud sigue a Charcot y se distancia de las opiniones prevalecientes: la sexualidad no jugaba un papel central. En “Histeria” (1888, artículo para una enciclopedia) se mencionan las condiciones de la vida sexual pero subordinadas al papel de la herencia, que era la posición de Charcot. En el caso Emmy (1889) no menciona la sexualidad.

En Isabel y Lucy (finales de 1892) descubre que la "resistencia" al recuerdo corresponde a pensamiento eróticos, aunque todavía no hay teoría del trauma ni se mencionan los acontecimientos sexuales infantiles. Un giro mayor queda expuesto en “Las neuropsicosis de defensa” (1894) y en el prefacio a los “Estudios sobre la histeria” (1895): la sexualidad es la fuente de ciertos acontecimientos traumáticos que motivan una defensa represiva. Pero todavía no destaca el papel de los traumas sexuales infantiles.



A partir del descubrimiento de los traumas sexuales busca ampliar y generalizar el papel de la sexualidad en las neurosis y se ocupa de la otra gran neurosis que se destacaba en la clínica: la neurastenia, que a menudo se comparaba y se buscaba diferenciar respecto de la histeria.

La “Neurasthenia” fue descrita por Beard, un médico norteamericano, en 1869. Asociada al agotamiento, el esfuerzo excesivo y la debilidad física y mental, era considerada una anormalidad nerviosa funcional. Para Beard era típicamente norteamericana y derivaba de la excitación, las exigencias y esfuerzos de la vida moderna. En Europa en cambio se buscaban otros factores, sobre todo en la herencia, pero también en la vida sexual: el factor de la masturbación (o más bien de los excesos de la masturbación) se mencionaba ya antes de Freud. Y también se mencionaba el coitus interruptus, sobre todo en el caso de la neurastenia femenina. Por otra parte, la asociación con la sexualidad estaba en los síntomas mismos: era un cuadro que presentaba síntomas como la impotencia y la eyaculación precoz.

La herencia para algunos (por ejemplo Charcot) cumplía un papel menor en la neurastenia que en la histeria. Sobre la masturbación, sin embargo (que es el factor que va a destacar Freud) se mantenía una disyuntiva: ¿es una causa directa o más bien un efecto de una constitución neuropática, degenerativa y por lo tanto hereditaria? Esa era la posición de Magnam, que dominaba la psiquiatría francesa y el paradigma de la degeneración. Como se ve, la posición de Freud debe ser incluida en el seno de una discusión sobre la relación entre neurosis y sexualidad que lo precede y acompaña

Freud no se interesa inicialmente por la neurastenia: su foco está en la histeria porque le interesa el “mecanismo psíquico” (defensa, represión) y sobre todo quiere mostrar que puede ofrecer un procedimiento psicoterapéutico eficaz: la catarsis. En cambio, la neurastenia no aparece como un cuadro donde pueda encontrar una importancia equivalente de los factores psíquicos. Esta era la opinión de Charcot: en la neurastenia hay cambios fisiológicos sin mecanismos psíquicos; por ende, no es tratable por sugestión y autosugestión. Freud repite esa idea en los “Estudios sobre la histeria”; lo mismo pensaba Bernheim.

Freud recién se ocupa de la neurastenia cuando destaca y reevalúa el papel de la sexualidad, en la medida en que busca construir una teoría general de las neurosis fundada en la sexualidad. Aquí puede verse que Freud trata de realizar un ideal científico médico: distinguir y clasificar los cuadros por su etiología específica y establecer correlativamente las terapéuticas adecuadas. A partir del descubrimiento del papel de los traumas sexuales en la histeria y la neurosis obsesiva, necesita encontrar la etiología sexual específica de las otras neurosis. Entonces, se ocupa de la neurastenia y de la neurosis de angustia, y construye una nosología a partir de la siguiente separación:

a) Por un lado, las neuropsicosis de defensa (histeria y neurosis obsesiva), donde opera el mecanismo psicológico. El factor etiológico es el recuerdo reprimido de acontecimientos sexuales pasados (“trauma”) y el mecanismo psíquico es la defensa.

b) Por otro lado, lo que va llamar neurosis actuales (neurastenia y neurosis de angustia) donde opera un mecanismo fisiológico, que responde a “anormalidades de la vida sexual”.

En el caso de la neurastenia, no se trataría de una “neurosis refleja” de alguna alteración genital, sino la consecuencia directa de la masturbación. Respecto de la neurosis de angustia, el factor etiológico es el coitus interruptus. Aquí hay una innovación de Freud: al separar los cuadros de angustia de la histeria, por un lado y de la neurastenia, por otro.

Hacia 1895, después de la publicación de los “Estudios sobre la histeria”, va a sostener, por unos años, la tesis de que los acontecimientos traumáticos decisivos son infantiles, anteriores a la pubertad (aunque despertados por alguna experiencia posterior a la misma); son del orden de una seducción llevada a cabo por un adulto o por un niño mayor. Si fueron sufridos pasivamente dan origen a síntomas histéricos y si fueron asumidos activamente y con placer dan lugar al cuadro obsesivo. Esta teoría (expuesta en 1896 en “La herencia y la etiología de las neurosis” y en “Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”) reconoce un factor etiológico específico en el recuerdo de los traumas infantiles y abandona, en buena medida, los primeros descubrimientos sobre el papel de las vivencias eróticas adultas, tal como aparecía en los casos de Isabel o Lucy. Dado ese factor etiológico, Freud se inclina por considerar que las psiconeurosis son curables a través de la psicoterapia. En cambio, las neurosis actuales requieren de una intervención más directa del médico práctico sobre la vida sexual del paciente. En esos casos lo importante es el consejo médico que procura modificar los hábitos perniciosos: la masturbación y el coito interrumpido.

El texto de S. Freud, “La sexualidad en la etiología de las neurosis” (1898) debe ser considerado a partir de lo anterior.

4. Kenneth Levin: “Más allá de la teoría de la seducción”

El capítulo VIII del libro de K. Levin constituye un aporte importante para entender el giro en las ideas freudianas durante el período 1896-1905. Es un período crítico ya que Freud abandona la teoría de la seducción, revisa sus opiniones sobre los mecanismos psicológicos de formación de síntomas y desarrolla nuevos conceptos sobre la sexualidad infantil. Sin embargo, siguiendo el análisis de Levin resulta importante distinguir entre los aspectos de la teoría sexual de Freud que anteceden a la elaboración del concepto de fantasías (por ej. la noción de zonas erógenas) y aquellos aspectos que fueron formulados después como una necesidad de su nueva teoría centrada en la fantasía. Retomando este proceso de transformación de las ideas freudianas, Levin se detiene en el análisis ceñido de la formación del pensamiento de Freud destacando dos herramientas de su trabajo intelectual. Por un lado, la búsqueda de modelos tóxicos desde una perspectiva de explicación fisiológica; por el otro, desde el punto de vista clínico, el lugar central que comienza a darle Freud a las experiencias sexuales infantiles en la explicación de los síntomas de las distintas neurosis.

1) En el último tercio del siglo XIX las “toxinas” ya sean externas o internas servían para explicar distintas enfermedades psiquiátricas y neurológicas. Siguiendo a Levin, Freud recurrió a las similitudes entre los síntomas neuróticos y los síntomas inducidos por intoxicación narcótica para apoyar su interpretación toxicológica de las neurosis. Asimismo, un factor determinante en el desarrollo de estas nociones de Freud fue el trabajo contemporáneo en endocrinología y, en particular, las investigaciones sobre la función tiroidea en la enfermedad de Graves. Si bien en aquella época, recién comenzaba a investigarse en este terreno y se conocía muy poco sobre el funcionamiento de la tiroides, la enfermedad de Graves le proporcionó a Freud un prototipo útil para elaborar una fisiología de las neurosis. El intercambio –intenso en este período- con Wilhem Fliess también colaboró en esta dirección (ver Levin, op. cit., pp. 215-221)

2) Freud formuló por primera vez su teoría de las vivencias sexuales infantiles en 1895 y presentó su teoría de los traumas infantiles en tres artículos publicados en 1896: “La herencia y la etiología de las neurosis”, “Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa” y “La etiología de la histeria”. A partir de allí sus elaboraciones se dirigieron a esclarecer el funcionamiento de la represión y la distinción entre la histeria, la neurosis obsesiva y la paranoia otorgándole una creciente importancia a la fase evolutiva en que se produjeron las vivencias sexuales patógenas. Las vivencias que conducen a la histeria pertenecerían a la primera fase de la niñez –del nacimiento a los cuatro años-; las que producen la neurosis obsesiva al período comprendido entre los cuatro y los ocho años mientras que la paranoia estaría relacionada con experiencias sufridas entre los ocho años y el inicio de la pubertad.

En 1897 Freud abandonó finalmente la teoría de la seducción y con este abandono ya no podía sostenerse la teoría traumática que proponía el ingreso del niño a la sexualidad a partir de la intervención del adulto. Freud modificó sus ideas sobre la sexualidad infantil y el cambio más importante fue el reconocimiento de la sexualidad como una manifestación normal en la primera infancia. Más tarde, en Tres ensayos para una teoría sexual (1905) Freud publicaría por primera vez sus nuevos conceptos sobre la sexualidad infantil Sin embargo, según Levin, quedarían todavía sin responder algunas cuestiones cruciales para la nueva teoría. En primer lugar, cómo explicar la etiología sexual de las neurosis y en segundo lugar, la relación entre etiología y síntomas específicos. Esto es, ¿por qué algunos desarrollan una neurosis, histérico u obsesiva, o una perversión, y otros no? (Ver Levin, op. cit., 241-252)


5. La sexualidad en la etiología de las neurosis (1898). (Ver también la Guía de Lecturas de la Unidad II)

La “Presentación” de J. Strachey da cuenta de la situación del texto en el marco de los cambios en las ideas de Freud: había abandonado (al menos en sus cartas a Fliess) la teoría traumática de la seducción, pero todavía no había desarrollado plenamente una nueva teoría de la sexualidad infantil, en especial, la idea de una “sexualidad infantil no patológica”. Sin “la seducción” como trauma efectivamente acontecido, se resquebraja la fórmula etiológica general de las neurosis, basada en la distinción Neurosis actuales / Neuropsicosis. Hasta entonces, el trauma operaba como un concepto explicativo central, que permitía el diagnóstico diferencial y las distintas opciones terapéuticas. Al dejar de lado el trauma infantil, el texto freudiano se vuelve poco claro respecto del estatuto de la sexualidad y de su valor en la etiología de las Neuropsicosis. En todo caso, aparece allí como un factor etiológico difuso e inespecífico, un poco como sucedía con las viejas teorías sobre la histeria que justamente Freud (siguiendo a Charcot) había intentado corregir.

No nos interesa seguir esta historia y descubrir cómo Freud sale de ese atolladero teórico y clínico; por lo tanto, dejamos de lado la historia del psicoanálisis. En cambio, nos interesa este texto como ilustración de un discurso y un modo de intervenir sobre la sexualidad, como parte de una historia, una genealogía de las ideas y de las prácticas sobre la sexualidad, tal como pueden ser abordadas a partir de los análisis de M. Foucault: no es la historia del psicoanálisis sino la del “dispositivo de sexualidad”. Y en el texto de Freud se puede ver que no se trata sólo de un dispositivo médico sino también social y moral, en la medida en que cuestiones tales como la de la masturbación, la anticoncepción y la neurosis como “enfermedad sexual moderna” se abren a los problemas del “cuerpo social” y la población. Por otra parte, en el texto de Freud aparecen algunas de las “figuras” a las que Foucault se refiere en La voluntad de saber: la histérica, el niño masturbador, la pareja malthusiana; sólo falta el perverso. (El repertorio completo de esas figuras, tal como las toma Foucault, se encuentra en los Tres ensayos. Ver el punto 7 de este Módulo, “La historia de la sexualidad: M. Foucault).

“La sexualidad en la etiología de las neurosis” es, claramente, un texto dirigido a un público médico, pero no formado en psicoanálisis, ni en las discusiones propias del campo neurológico y psiquiátrico: se trata del “médico práctico”. Freud da cuenta de cierta situación vigente (eran casos que se presentaban en los consultorios) y, sobre todo, justifica un dominio pertinente para la ciencia y para la práctica de la medicina. En ese sentido, es una buena ilustración de la nueva “ciencia sexual”, basada en el examen médico de los “secretos” de la vida sexual y justificada por el papel que esos hábitos cumplen en la etiología de las neurosis. Y en esa nueva ciencia sexual, se ve muy bien la articulación y la integración de los procedimientos de la confesión con las reglas y objetivos científico-médicos.

Freud dice (en una carta a Fliess) que es un artículo destinado a provocar escándalo. Parece referirse a ese público médico al cual se dirigía. Pero no debe suponerse que el escándalo surgiría por la idea de relacionar neurosis y sexualidad, un idea que, como vimos, tiene una larga historia en el mundo médico y lego. Tampoco causaría conmoción alguna que un médico hable de sexualidad ya que hacia fines del S. XIX eran habituales los manuales de psicopatología sexual. En todo caso, lo escandaloso parecería radicar en la tarea a la que el médico práctico era convocado por Freud: cierto “modo de hacer hablar” de sexualidad a sus pacientes. Aquí también, el texto sirve para ilustrar la difusión y transformación de una técnica (la confesión) que, habiendo nacido en el seno del cristianismo, se integra a la práctica médica. Lo que debería subrayarse no es tanto el modo, más o menos explícito de hablar de sexo, sino la conminación a hablar e intervenir en el campo de la sexualidad, que Freud justifica doblemente:

a) por un lado, con un argumento científico: la investigación, la búsqueda de la verdad y de formas eficaces de intervención en el campo de las neurosis no puede ser detenida por prejuicios o temores;

b) pero hay también un argumento moral y aun político, que se expone hacia el final, cuando plantea sus críticas a la moral sexual imperante y promueve una vida sexual más libre como una suerte de profilaxis preventiva de las neurosis, que pasan a ser enfermedades sociales o, si se quiere, de la “civilización”.

Finalmente, en este estado de la cuestión sobre sexualidad y neurosis, se ocupa más de las neurosis actuales que de las psiconeurosis:

a) Por un lado, son aquellas en las que el médico práctico puede intervenir con su consejo, ya que no son susceptibles de un psicoanálisis.

b) Pero, además, como se dijo, es un texto que corresponde a un momento de transición. Ya no puede sostener, como en algunos trabajos anteriores, una etiología precisa para la histeria y la neurosis obsesiva, basada en los traumas infantiles. Empieza a proponer otro concepto de la sexualidad infantil: ya no es traumática e impuesta por la acción del adulto, sino que hay una sexualidad infantil normal y universal. Y esto plantea un problema que permanece irresuelto: si las experiencias sexuales infantiles son normales y universales ¿por qué algunos desarrollan una neurosis, histérica u obsesiva, o una perversión y otros no?

K. Levin da cuenta del giro que impone en sus ideas: por un lado debe buscar ayuda en modelos tóxicos; por otra, debe plantearse el papel que juegan ciertos factores innatos y la importancia de la herencia en la medida en que ya que no puede hacer recaer el origen de la neurosis en lo “accidental” del trauma. (Ver K. Levin, op. cit., cap VIII, “Más allá de la teoría de la seducción”.)
6. La historia de la sexualidad: M. Foucault

Los fragmentos seleccionados de La voluntad de saber (primer tomo de La historia de la sexualidad) deben ser leídos en una relación directa con el texto de Freud. A continuación se exponen, brevemente, algunos de los problemas del trabajo de Foucault. Pero esta breve presentación no exime de la lectura y el trabajo sobre los fragmentos indicados, con el auxilio de la Guía de lectura correspondiente.

1) Foucault postula una “voluntad de saber” sobre el sexo, característica de la cultura occidental moderna: con ello se opone a la "hipótesis represiva" que supone que la sexualidad ha tendido a ser rechazada y suprimida en la modernidad. Lo importante: el sexo no es sólo asunto de placer o de ley, no sólo es objeto de corrección y disciplina, sino que de él debe extraerse un saber y una “verdad”.

a) Esa “verdad” no es un elemento inmanente al sexo que estaría oculto por la acción de diferentes “poderes”. Es el correlato de una ciencia sexual (que se distingue de un “arte erótico”) que en el siglo XIX termina de erigirse en el marco de una “incitación” al discurso que recupera un procedimiento proveniente de la tradición religiosa: la confesión. La “verdad del sexo” (la articulación sexo verdad) es uno de los efectos de la utilización de la técnica de la confesión en el seno de un aparato que incita la producción discursiva.

b) Foucault destaca las prácticas y los procedimientos que tienden a combinar las formas del examen médico con los rituales de la confesión: se establece una integración de formas de saber y de poder que exceden la historia médica y se inscriben en una historia política del sujeto y la verdad.

c) La “sexualidad” misma no es un dato “natural” sino el “correlato” de esa práctica discursiva (scientia sexualis).

2) Sobre el dispositivo de sexualidad:

a) “Dispositivo” alude a la vez a:

> una formación histórica;

> un “orden” no estructurante (se opone a “estructura” y ley) de elementos heterogéneos (discursos, instituciones, reglamentos, enunciados científicos);



> su génesis depende de una función estratégica y responde a ciertas urgencias en un ciclo histórico determinado. (Ver M. Foucault, “El juego de Michel Foucault”, (1977), en Saber y verdad, Madrid, La Piqueta, 1991.)

b) El dominio ilustra muy bien esa condición de un “dispositivo de sexualidad” que carece de un fundamento o una estructura: describe cuatro grandes conjuntos estratégicos, que son a la vez cuatro figuras de la sexualidad. Es fácil apreciar que la “ciencia sexual”, hasta Freud, se ha ocupado extensamente de esas figuras: la histérica, el masturbador, la pareja malthusiana, el perverso.

c) La posición estratégica central de la “sexualidad”, que se aprecia claramente en las modalidades de los 4 “conjuntos”, depende de que queda situada entre la disciplina del cuerpo (por ejemplo el control del cuerpo del niño masturbador o de la mujer histérica) y la regulación de la población y la “especie” (que destaca las funciones reproductivas del joven sano o la mujer-madre, que son las contrafiguras del masturbador y la histérica).

d) Finalmente, Foucault delimita los rasgos del “dispositivo de sexualidad” y lo sitúa históricamente en una contraposición con el dispositivo de alianza. Eso le permite proponer una interpretación histórica original sobre el papel de la familia moderna, que se constituye en un lugar de entrecruzamiento de la “alianza” y la “sexualidad”. Es en esta encrucijada de los vínculos de alianza atravesados por la sexualidad donde la familia nuclear va a poder encontrarse con el “médico práctico” al cual Freud se dirigía.

(IV) Psicología y biología: de Darwin al darwinismo y la eugenesia

7. Charles Darwin (1809-1882). Teoría de la descendencia con modificación

La obra fundamental de Darwin, El Origen de las Especies (1859) (OE), intenta dar cuenta de todos los fenómenos de todos los campos de las ciencia naturales contemporáneas mediante una sola teoría general, de muy simple formulación, enunciada en los primeros cuatro capítulos. En el capítulo VI se enumeran las principales objeciones posibles a dicha teoría. Los ocho capítulos siguientes vienen a responder a esas objeciones, confirmando la teoría de la selección natural por el tratamiento detallado de un enorme volumen de hechos provenientes de la Anatomía Comparada, la Geología, la Paleontología y la Embriología, a las que debe agregársele un nuevo campo de investigación, que puede llamarse el de la Demografía de las poblaciones animales. Esa teoría se resume como sigue.

1) Hay variaciones individuales. Las causas de esa variabilidad son problemáticas. Darwin enumera tres:

a) Condiciones de vida, que pueden tener una acción directa sobre el aparato reproductor o una acción indirecta sobre todo el organismo. Su efecto es una cantidad constante de “variación fluctuante e indefinida”.

b) Uso y desuso, que explican la atrofia progresiva de los órganos no utilizados (especies domésticas respecto a las mismas especies en estado salvaje, por ejemplo. Queda claro que Darwin considera que lo adquirido por costumbre (uso y desuso) se transmite por herencia.

c) Variaciones concomitantes. Hay variaciones que siempre acompañan a otras variaciones, en concomitancia aparentemente caprichosa. Los gatos de ojos azules tienden a la sordera y los cerdos negros de New Hampshire resisten una hierba, que mata indefectiblemente a los cerdos blancos.

2) Hay acumulación progresiva, a través de las generaciones, de pequeñas variaciones individuales. Es para probar este punto fundamental que Darwin se dedica durante años a estudiar las variaciones de especies creadas por el hombre (Variaciones de animales y plantas bajo acción de la domesticación, 1868). Estos estudios sirven a Darwin para probar la enorme plasticidad de las formas vivas, que permite que el hombre produzca especies nuevas para su provecho.

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