Hijo Mío…! Buenos Aires, late 1930s. Autora



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Maternidad e infancia. Los consejos médicos y psi en la revista Hijo Mío…! Buenos Aires, en la década de 1930.
Motherhood and childhood. The medical and psychological advice in Hijo Mío…! Buenos Aires, late 1930s.
Autora: Cecilia Alejandra Rustoyburu

Dirección postal: Dorrego 773. 2°G. Mar del Plata. Buenos Aires. Argentina. B7600CLO.

Teléfono: 54 (223) 4722610

Email: ceciliarustoyburu@yahoo.com.ar

Licenciada en Historia (Universidad Nacional de Mar del Plata – Argentina)

Doctora en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Buenos Aires – Argentina)


Becaria Postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Investigadora del Grupo de Estudios sobre Familia, Género y Subjetividades de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)

Docente Regular del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades - UNMdP
Resumen

Este artículo analiza los consejos de los médicos, psicólogos, psiquiatras y educadores en la revista Hijo Mío..! publicada en Buenos Aires en la década de 1930. Esta publicación resulta interesante porque contaba con el aval de los principales representantes de esas disciplinas en Argentina y porque tuvo una participación importante en la construcción de ideas vinculadas a la maternidad y la crianza de los niños y las niñas. Entendemos que su análisis permite rastrear los discursos hegemónicos sobre esos temas, en un momento en el que la desnatalidad y la eugenesia se convertían en temas de la agenda política.



Abstrac

This article analyzes the avices by the doctors, psychologist and teachers which published in the magazine Hijo Mío…! in Buenos Aires, late 1930s. The analysis propose here becomes interesting because he had the backing of the main references of these disciplines in Argentine and because he had an important impact in the dissemination of some ideas about motherhood and childhood. We understand that in your articles is possible to trace the hegemonic discourse on these issues, in a time when eugenics and desnatalidad had become public agenda issues.


Palabras clave

Maternidad – Infancia – Psicología infantil – Medicalización



Sumario

  1. Introducción

  2. La revista Hijo Mío…! en el escenario de conformación de un público lector en Buenos Aires

  3. La legitimación de los expertos. La psicología infantil y la medicina en las páginas de Hijo Mío…!

  4. Las madres y los padres. Entre la maternalización de las mujeres y las interpelaciones a los hombres.

  5. Conclusión


Maternidad e infancia. Los consejos médicos y psi en la revista Hijo Mío…! Buenos Aires, en la década de 1930.


  1. Introducción

“… la mejor madre no es la que tiene más hijos, sino la que los tiene mejor. Un solo hijo – entiéndase bien: ¡uno solo! – pero que sea un modelo ejemplar de raza humana, vale por los otros 22 imperfectos. De ellos murieron la mitad. Basta saber cuántos más seguirán viviendo, y qué utilidad reportarán a la sociedad”

Julia F. de Rivas: “El pro y el contra de la maternidad”. Hijo Mío…! Junio de 1937.
HIJO MÍO…! Quiere recompensar moralmente a los padres prolíficos. Si usted ha tenido seis hijos o más, y todos ellos viven y son sanos, envíenos hoy mismo su fotografía y la de toda la familia reunida. Nosotros la publicaremos como ejemplo para los demás”

“Matrimonios prolíficos”. Hijo Mío…! Julio de 1937.


En 1937, en la revista Hijo Mío…! las recomendaciones de Julia F. de Rivas parecían contradecir las propuestas de quienes promovían políticas pronatalistas. Las aparentes contradicciones, o los discursos ambivalentes, señalan un clima de época en el que los imperativos consejos sobre la crianza de los niños no podían soslayar las necesidades de la nación. La polémica declaración que incitaba a la adopción de métodos contraceptivos tuvo que ser enmendada por la editorial en el número siguiente. Allí prometieron premiar a los matrimonios prolíficos, e incluso valorar sus experiencias. En este sentido, invitaban a los lectores a que envíen sus fotografías y ofrecían una medalla recordatoria para quienes colaboraran exponiendo cómo resolvieron los problemas que les planteó su numerosa descendencia. Hijo Mío…! se alineaba así con las iniciativas de los puericultores y de los gobiernos de la época. Sin embargo, en sus consejos también se puede rastrear la influencia de algunas ideas de la psicología que apelaban a resignificar los sentidos en torno de la maternidad.

En Argentina, las tasas de natalidad comenzaron a descender en 1890 y otorgaron cierta particularidad a su transición demográfica. A diferencia de los países europeos, este proceso fue más rápido y en su primera fase no supuso un aumento en la cantidad de población.1 Durante el período de entreguerras y especialmente durante la década de 1930, cuando el aporte migratorio europeo decreció, la desnatalidad se convirtió en una problemática más acuciante. La tasa bruta de natalidad que había sido de 44,3%0 en el período 1890-1899 y de 39,2%0 entre 1910-1914, descendió a 25,7%0 entre 1935-1939. Esta singularidad se tradujo en una preocupación animada por un contexto político en el que la fuerza de las naciones podía medirse en el tamaño de sus ejércitos y en el volumen de su mano de obra.

Estas preocupaciones se entramaban con las inquietudes en torno de la alta mortalidad infantil, que en Argentina emergió como un problema médico, social y político en la década de 1870 y en forma simultánea a lo que sucedía en Europa y Norteamérica. Aunque aún no había estadísticas fehacientes para identificar las tendencias demográficas, las pruebas aportadas por los hospitales y los asilos sobre las muertes de lactantes y niños resultaban suficientes para reclamar recursos destinados a solucionar este problema. Durante el siglo XIX, a los pedidos de las mujeres se sumaron las voces de los puericultores que habían asumido funciones en las instituciones vinculadas a la protección de los niños y la salud pública. Al igual que en otros países, 2 los médicos argentinos explicaron la alta mortalidad infantil por dos factores: la miseria y la ignorancia materna. La mala salud de los niños y la identificación de una mayor cantidad de muertes en las zonas rurales e indígenas se convirtieron en ventanas para visualizar las diferencias de clase y en los puntos de partida para convertir a estas preocupaciones en problemas nacionales.

En la construcción de los Estados latinoamericanos, los médicos higienistas ocuparon lugares claves en la creación de una agenda pública en las que la eugenesia y la medicina social tuvieron una clara influencia. En Argentina, desde fines del siglo XIX, promovieron discursos basados en la medicalización de la crianza y la deslegitimación de las costumbres de los sectores populares. Este rol adoptado por los médicos no era ajeno a la construcción de su legitimación social, política y profesional. El proceso de medicalización social encontró en la maternidad, en la infancia y en la raza a sus tópicos centrales.

En la década de 1930, en un escenario señalado por los efectos de la crisis económica y la deslegitimación del régimen de gobierno imperante,3 desde las políticas estatales el núcleo familiar fue considerado una institución capaz de terminar con el conflicto social mediante la socialización de las nuevas generaciones en el acatamiento a la autoridad, integradas a un orden doméstico inamovible y estático.4 En ese momento, se aspiró a que el Estado aumentara su injerencia sobre las familias cumpliendo ciertas tareas que antes estaban a cargo del padre y garantizando el control de la salud y la moral de los niños, a través de ayudas sociales que tornaban innecesario apartar a los hijos de sus hogares.5

En este paper, focalizaremos en el análisis de los consejos de crianza difundidos en la revista Hijo Mío…! en los años de 1930. Entendemos que esta publicación resulta de interés para analizar el proceso de medicalización de la infancia porque esta revista condensaba discursos6 heterogéneos anclados en la eugenesia, la psicología, la pedagogía y la medicina. En este sentido, contribuyó a divulgar ciertas ideas que permitieron que la pediatría psicosomática se inserte en la cultura popular a partir de los años de 1950.7 En sus artículos no sólo se pueden rastrear los discursos hegemónicos en torno de la maternidad y la paternidad, también es posible reconstruir una agenda de temas que definió las preocupaciones de las décadas siguientes: la valoración de la espontaneidad infantil y el respeto de la individualidad; los riesgos de la sobreprotección materna para la salud de los hijos; y la educación a partir de métodos no basados en los castigos.




  1. La revista Hijo Mío…! en el escenario de conformación de un público lector en Buenos Aires

En Argentina, la circulación de revistas y libros tuvo un fuerte impulso desde las primeras décadas del siglo XX. Hacia los años de 1920 se habría conformado un mercado de venta masiva de libros baratos, destinados a los sectores medios y pobres. La Editorial Claridad se destacaba porque publicaba una colección de libros de bajo costo con la intención de formar un público culto y moderno. Su propuesta no estaba focalizada sólo en educar a los lectores sobre el canon literario, también pretendía ofrecer herramientas de entendimiento y acción tanto para los problemas sociales como para los existenciales. Desde esa perspectiva, “los lectores son pensados desde un imaginario de ciudadanía –casi neutra a las diferencias sociales- que significaba poseer cultura, estar informados y ser prácticos.”8

Este clima cultural habría sido propicio para la difusión de los saberes psi. Desde fines del siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo XX, en Argentina la psicología se caracterizó por ser una disciplina de conocimiento tensionada entre la medicina, la pedagogía, las ciencias sociales y el ensayo literario y social.9 En un escenario en el que aún no se había profesionalizado y en el que predominaban las aproximaciones fisiológicas y biológicas, se relacionaba tanto con las ciencias sociales y la filosofía como con la biología. Así se configuraba como una “tecnología” destinada a ofrecer herramientas “prácticas” para los problemas relacionados con los cambios que imponía la modernización.10

En la década de 1930, el psicoanálisis encontraba sus espacios de difusión en el campo médico y principalmente en la prensa. En este espacio se difundía una psicología menos medicalizada que contribuía en la conformación de un yo sentimental relacionado con una transformación de las condiciones de enunciación en el orden de la pasión.11 Aunque éste no encontraba espacios en los ámbitos literarios, sí circulaba en la cultura popular. Hugo Vezzetti ha vinculado esta primera circulación de los saberes psi con los cambios en las costumbres urbanas asociados a la inmigración, la alfabetización y el surgimiento de nuevas formas de interacción social, en el que surgieron nuevos espacios para la cultura popular y proliferaron publicaciones sobre sexología.12 Mariano Plotkin, también ha planteado que el campo de recepción más amplio estuvo en la cultura popular, entendida como los espacios de producción y circulación de cultura que pasan por fuera de las instituciones oficiales y de los mecanismos de consagración y legitimación aceptados dentro del campo intelectual.13 Afirma que en esos escenarios “…el psicoanálisis se ofrecía simultáneamente como una de las nuevas “tecnologías” disponibles para la renovación de las costumbres sociales, una teoría psicoanalítica de vanguardia y como un instrumento “científico” nuevo destinado a reconceptualizar antiguos y tradicionales temas de interés, como la interpretación de los misterios de los sueños.”14

Estos saberes han sido caracterizados por Beatriz Sarlo como saberes del pobre, como “esa mezcla desprolija de discursos sobre química e ingeniería, metalurgia y electricidad, geografías exóticas y visiones que anuncian la metrópolis futura.”15 Sarlo afirma que en la construcción de estas ideas jugó un papel importante la industria cultural, en su forma de periodismo escrito. En los escritos de Roberto Arlt16 vislumbra cómo la psicología aparece asociada con retazos de espiritismo, hipnotismo y videncia, acompañando al interés popular por la técnica, las curiosidades científicas y los descubrimientos fabulosos.

La difusión de estos saberes probablemente implicó una circulación de nuevas ideas para pensar las experiencias del ámbito íntimo. En la sección “Psicoanálisis por Freudiano” que se publicaba en el Diario Jornada en 1931,17 el psicoanálisis era presentado como un dispositivo de autoconocimiento capaz de revelar ciertos deseos reprimidos, para lo cual la interpretación de los sueños podría resultar una herramienta fundamental.18 Esta teoría encontraba legitimidad como un saber científico alejado de la patología y de alguna manera desmedicalizado, sin medicamentos ni médicos. El rol que se le adjudicaba a la familia, y en particular a la madre, estaba en sintonía con la tradición higienista que veía en los padres a los responsables de la salud psíquica de sus hijos. Freudiano la interpelada como un objeto de intervención preventiva debido a que consideraba que las experiencias infantiles eran cruciales para la configuración de la personalidad adulta. Sin embargo, al mismo tiempo, el vocabulario psicoanalítico habría aportado un elemento innovador al establecer que el amor sexual constituía un territorio alejado de la razón.

En la década de 1920 en la revista El Hogar también se publicaban artículos que referían al psicoanálisis. Este magazine había sido creado en 1904 por Alberto Haynes, el fundador de la editorial que publicaba el periódico El Mundo. Fue destinada principalmente al público femenino de clase media que halagaba el estilo de vida de la clase alta.19 Una parte importante de la revista se dedicaba a mostrar estrategias para conquistar hombres y cuáles eran las conductas adecuadas para ser una buena esposa.20 En esos años, el pediatra Florencio Escardó escribía misceláneas bajo el seudónimo Juan de Garay y la columna “Malas costumbres de niños buenos” como Dr. Bonanfant.21

La revista El Hogar compartía al público femenino con Vosotras, de la Editorial Korn y con Para Ti de la Editorial Atlántida. Vosotras fue creada en 1935, tenía un estilo ágil y entretenido dirigido tanto a mujeres casadas y amas de casa como a jóvenes solteras. Su estilo directo no ocultaba que a las esposas les importaba ahorrar y sufrían el peso de la rutina de su trabajo.22 La editorial Atlántida fue creada en 1918, por el escritor Constancio Vigil, fundador de la moderna revista Mundo Argentino que llegaba a vender ciento cincuenta mil ejemplares. Su editorial fue pionera en la publicación de revistas especializadas. Luego de tener éxito con Atlántida, adquirió una imprenta y puso en circulación El Gráfico (1919), Billiken (1919), Iris (1920), Para Ti (1922), Grand Guiñol (1922), Tipperary (1928), El golfer argentino (1931), Cinegraf (1932), Vida Nuestra (1932) y Tilma (1932). Para Ti y El Hogar han sido interpretadas como transmisoras de dos tipos de mandatos hacia las mujeres. Por un lado, apelaban a la construcción de una imagen maternal y hogareña. Por el otro, a partir de las publicidades, incitaban a las mujeres al consumo y a mostrarse como objetos sexuales.23

Este carácter renovador no era tan evidente en la sección “Consúltenos” de Viva 100 años publicada desde 1934 a 1949. Esta revista alcanzaba una tirada de 30.000 ejemplares y formaba parte de un proyecto editorial de divulgación de saberes sobre salud vinculados al higienismo y la eugenesia. En este espacio, las consultas epistolares de las lectoras eran respondidas por un psicoanalista que recurría a la noción adleriana de complejo de inferioridad para incentivarlas a vencer la timidez. Las dudas sobre la crianza de los niños adquirían un espacio importante en la sección porque la infancia era entendida como la etapa fundamental en la formación del carácter. Hugo Vezzetti entiende que este hincapié en el disciplinamiento del carácter en relación con el cuidado de la salud física puede interpretarse como una continuación de la tradición higienista a la que adscribía la revista.24

La Sociedad de Orientación y Educación Sanitaria “Viva Cien Años” fue pionera en la edición de revistas dedicadas al cuidado de la salud, aunque también vendía libros sobre cuestiones familiares y problemáticas psi.25 En abril de 1935, publicó Hijo mío...! La revista de los padres para orientar y educar a sus hijos. Con ella inauguraba un tipo de publicaciones periódicas especializadas en cuestiones de crianza. Según Vezzetti, esta revista ofreció un espacio para la psicología e incorporó temas que quedarían incluidos por mucho tiempo en la agenda de la divulgación psicológica, como la crianza y la formación inicial, la pubertad y la educación sexual. Marcela Borinsky plantea que se combinaban ideas de la eugenesia, del evolucionismo y del conductismo. Plantea que los artículos que relacionaban la conducta de los hijos con las actitudes de los padres sentaron precedentes para entender a los niños como seres a descubrir.26

En su primer número, la editorial anunciaba que se proponía crear una conciencia eugénica y que pretendía constituir una cátedra desde la cual los padres y las madres aprenderían a educar a sus hijos. En sus páginas se traslucía la convivencia de los preceptos más tradicionales del higienismo con los discursos que renovarían la pedagogía, de la puericultura pasteuriana con la psicología, de la eugenesia con los cambios socioculturales de la época.

Las publicidades de kindergarten, de escuelas de idiomas y de institutos superiores privados, el lenguaje y los conceptos utilizados y las referencias frecuentes a familias con personal doméstico, permiten suponer que se dirigía a un público con cierto nivel educativo y adquisitivo. Se distribuía en Buenos Aires y en el Interior del país, en kioscos y por suscripción. Además, a partir de junio de 1936 incorporó un micro radial que se emitía los miércoles a las 17:45 hs. por LR9 Radio Fénix. El anuncio precisaba: “Una madre no lo puede saber todo. De ahí que su tarea sea múltiple y abrumadora. Tampoco puede estar siempre consultando a su médico, porque hay problemas que no son precisamente de la índole de éste. ¿Le agradaría tener siempre a su lado una junta permanente de maestros, educadores, médicos, especialistas, modistos, dietólogos, consejeros? ¿No sería esto lo ideal? Pues eso lo podrá lograr si sintoniza las audiciones de HIJO MÍO….”.27

Desde sus inicios, contaba con el aval explícito de los principales referentes en la pediatría, la psiquiatría y el ámbito educativo argentino. Su director fundador fue el médico Arturo León López28 y contaba con un directorio ejecutivo compuesto por los doctores Gofredo Grasso, Mariano Barilari29 y Leonardo Grasso. Contaba con los auspicios de Boy Scouts Argentinos, de la Universidad Popular del Oeste, de la Asociación Sinfónica Femenina, de la Asociación Popular Educadora de Liniers y de la Federación de Sociedades Populares de Educación. En el N°4, recibió una felicitación del Presidente Ramón Castillo que se publicó en la página editorial. Entre sus colaborares y asesores contaba con los pediatras Mamerto Acuña30 y Juan Garrahan31; con el Presidente de la Liga Argentina de Higiene Mental, Gonzalo Bosh32; con el Presidente del Museo Social Argentino, Tomás Amadeo; con el Jefe del Instituto Internacional Americano de Protección a la Infancia, Emilio Fournie; con el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Alfredo Franceschi; con los rectores de las escuelas normales, de los liceos de señoritas, del Colegio Nacional Mariano Moreno y de la Escuela Industrial de la Nación “Otto Krausse”; con los inspectores de escuelas; con el Presidente de la Federación de Sociedades Populares de Educación, José Berutti; con el Presidente del Comité Positivista Argentino, Alfredo Ferreira; con Américo Ghioldi33; con el Director de la Universidad Popular del Oeste; con el Director del Instituto de Criminología, Osvaldo Loudet; con el Presidente de la Asociación “La Casa del Niño”; con el Secretario del Rotary Club; y con la psiquiatra Carolina Tobar García34, entre otros.

En los primeros tiempos, la revista no estaba diagramada en secciones fijas, o columnas. Sin embargo, en un recuadro que compartía la página con la editorial secuenciaban la infancia e indicaban al lector en qué páginas encontrarían artículos destinados a temas propios de los menores de cinco años, en cuáles para los niños que tenían entre seis y doce años, y en cuáles para mayores de trece años. En su primer número anunciaron que abordarían una variedad de temas que irían desde el problema psicológico hasta el vestido y la moda. En las publicidades de libros podía vislumbrarse esta amplitud: se anunciaba tanto Nociones de Puericultura de Florencio Escardó como El Siglo de los Niños de Ellen Key.




  1. La legitimación de los expertos. La psicología infantil y la medicina en las páginas de Hijo Mío…!

En 1936, cuando Hijo Mío…! comenzó a circular por Buenos Aires, la medicalización de la infancia llevaba varias décadas. Desde fines del siglo XIX, los manuales de puericultura también incluían consejos sobre crianza y los médicos puericultores se habían convertido en expertos legitimados para hablar e intervenir no sólo sobre los niños enfermos. Hasta principios de los años de 1940, la perspectiva pasteuriana y el temor al contagio de la tuberculosis impusieron un trato hacia los bebés que implicaba que fueran levantados de las cunas sólo para ser alimentados y cambiados a determinados horarios. La lactancia materna fue considerada como natural e irremplazable, pero regulada estrictamente cada tres horas y por períodos de tiempo acotados. Estas reglas eran presentadas como claves para la lucha contra la mortalidad infantil.35

En los consejos vinculados al cuidado de los bebés, los autores de Hijo Mío…! solían inscribirse en esos postulados. El médico Mario Alzúa, retomaba los principios de la puericultura francesa de Adolphe Pinard y planteaba que era obligación no sólo mantener una dieta adecuada sino también vivir el embarazo con los menores sufrimientos y con felicidad.36 La lactancia materna no era un tema central de la revista, pero sí era defendida y promovida hasta en las publicidades de alimentos artificiales. La propaganda de Germinase advertía que el médico era la única autoridad para determinar cómo debía alimentarse un bebé y alertaba sobre los tres enemigos de la salud de los niños: el destete anticipado; los alimentos viejos o inadecuados; los consejos de las comadres.37 Los moldes para confeccionar vestimentas para los bebés respetaban la regla de utilizar prendas sueltas y no distinguía los vestidos por sexos. Los cuidados de los bebés combinaban algunas ideas pasteurianas sobre la limpieza metódica y el amamantamiento a horarios fijos38 con posturas más tradicionales como las que mencionaban las ventajas del fajado.39

El sistema nervioso de los recién nacidos era entendido como extremadamente frágil y se aconsejaba que ningún familiar se les acercara, les hablara o intentara jugar con él o ella. En la primera editorial, se afirmaba que los pequeños captaban todo lo que veían y oían: “nada puede hacerse o decirse delante suyo que no deje una impresión perdurable y que muchas veces determinará, al correr de los años, una modalidad especial a su carácter y a la forma de actuar ante los numerosos problemas que presenta la vida.”40 Sin embargo, en la revista convivían dos posturas: una que suponía que el bebé aún no tenía una mentalidad41 y otra que consideraba que poseía todos los sentidos42 e incluso podían aprender a usar la bacinilla desde la segunda semana.43 Desde ambas perspectivas, la personalidad y la mente infantil eran presentadas como maleables y, al mismo tiempo, determinantes. Es decir, presuponían que todas las actitudes y conductas que se adquirieran en la infancia condicionarían la personalidad y el equilibrio psíquico de la adultez.

Estas sugerencias no pueden interpretarse sólo en relación con la tradición higienista. Desde sus inicios, Hijo Mío…! se propuso divulgar las ventajas de los tratamientos psicológicos no sólo en las notas de opinión sino también a través de las publicidades de kindergarten, de institutos especializados y de consultorios médicos. En 1937, la preocupación por los problemas de aprendizaje y la utilidad de los métodos para medir la inteligencia estaba presente en todos los números. Los anuncios del Instituto de Orientación Profesional del Museo Social Argentino advertían sobre la importancia de someter a los hijos a psicotécnicas para medir sus aptitudes físicas y psíquicas. La Liga Argentina de Higiene Mental promocionaba su consultorio clínico médico y psicológico como un sitio donde uno podía averiguar cuánto de físico y cuánto de mental tenía el sufrimiento que lo atormentaba. 44 Los colegios y los institutos privados explicitaban la utilización de test como el Binet-Simon.

En el primer número, el inspector de enseñanza secundaria, Ernesto Nelson, publicó un artículo donde narraba sus impresiones como viajero en las Clínicas de Conducta de Estados Unidos. Su nota mostraba una intencionalidad de señalar las ventajas de recibir a las visitadoras de higiene y de confiar en los especialistas psi. Describía el caso de una niña de dos años derivada a una de esas clínicas por una visitadora, que percibió que estaba nerviosa a causa de las discusiones entre sus padres. La narración de la sesión del psicólogo transmitía una escena amigable, donde primaba el juego, pero que al mismo tiempo resultaba reveladora. El diagnóstico del experto hacía hincapié en el carácter inestable de la madre y en la actitud desautorizadora del padre, y en el afán de dominio de la niña. Esta caracterización era resumida en la conceptualización de un clima familiar alterado que se solucionaría con algunas indicaciones correctivas de la conducta de sus miembros.45 Estas referencias a la influencia del ambiente familiar sobre la psiquis infantil y la importancia de consultar a un psicólogo o un psiquiatra solían repetirse.

La relación de la psicología con el control de la conducta se reproducía en la colaboración de Gonzalo Bosch, el presidente de la Liga Argentina de la Higiene Mental, quien reflexionaba sobre la paternidad y la maternidad como una decisión en la que debían tomarse precauciones vinculadas al higienismo y la eugenesia, pero también a la psicología. Recurría a algunas ideas de Pierre Janet, para alertar sobre la particularidad del vínculo que los seres humanos establecen con su descendencia, y de Alfred Adler, para precisar que el objetivo de la formación de la personalidad del hijo debía estar focalizado en que triunfaran en su relación social, el amor y el trabajo. La necesidad de distinguir la vida propia de la del hijo era planteada como una característica exclusiva de la humanidad.46

La influencia de Alfred Adler y la psicología individual era notoria en los artículos que se ocupaban de aconsejar a los padres para que no crearan sentimientos de inferioridad en sus hijos, ni que los convirtieran en personas débiles.47 Los mimos y cuidados excesivos eran planteados como problemáticos y causantes de trastornos de conducta.48 Elvira Paiva de Perrusi explicaba: “La falta de mimos produce niños temerosos, incapaces, cobardes, hipócritas y débilmente morales. El exceso de mimos crea esos chicos débiles, fáciles de desanimarse, llenos de lamentaciones, llenos de “imposibles”, o bien arrogantes, orgullosos, engreídos, autoritarios y despóticos. (…) Todo es asunto de dosis.49 La importancia de incentivarles la confianza en sí mismos también estaba presente en las propuestas a los educadores para que tuvieran en cuenta los intereses o preferencias infantiles. Esto se traslucía tanto en las notas escritas por los profesores que se ocupaban de temáticas relativas a la enseñanza,50 como en las del médico que explicaba cómo elegir juguetes51 o en las de las maestras que revelaban cuáles eran las actividades más apropiadas para los niños y las niñas.52

En Viva Cien Años se publicitaba Hijo Mío…! y se afirmaba que si se prestaba atención a los niños éstos resultarían corteses, generosos y obedientes. Esta promesa se trataba de cumplir desde Hijo Mío…! a partir de la divulgación de algunos principios de la Escuela Nueva53, pero también de la educación moral del higienismo. En numerosos artículos, las niñas y los niños inquietos y contentos eran interpretados como sanos y normales. La importancia de hacer felices a los chicos era una preocupación frecuente de los especialistas que se alineaban en el escolanovismo, quienes manifestaban que en la alegría estaba el origen de un carácter adulto enérgico y equilibrado.54 La autenticidad de los niños parecía residir en la manifestación de una espontánea alegría, así lo entendían los editores cuando interpelaban a los lectores a enviar fotografías de sus niños “sin poses”; aunque las fotos que publicaban eran retratos realizados en estudios fotográficos que no satisfacían esa demanda.55

En la sección del correo de lectores, los padres consultaban sobre cuestiones vinculadas a la desobediencia y recibían respuestas en las que se evidenciaba una oposición de la revista a los castigos corporales y una apuesta a posturas firmes y enérgicas.56 Los consejos sobre este tema solían plantear que la disciplina rígida se establecía en los hogares en los que la pareja no tenía un vínculo armónico y que sus consecuencias repercutían en el estado físico de los hijos, que podían enfermarse por la falta de cariño.57 Hasta quienes consideraban que el temperamento era hereditario podían manifestar que el carácter podía modificarse con educación firme.58

Algunas editoriales y notas de colaboradores se inscribían en posturas que implicaban una combinación de los postulados de la escuela nueva con la educación moral.59 Esto se traslucía en la reseña del libro de Ellen Key, El siglo de los niños, donde se valoraba su inscripción en la corriente de Pestalozzi, Rousseau y Montaigne, sus denuncias ante la hipocresía y que abordaba cuestiones vinculadas al feminismo y la educación sexual; pero se destacaba también que consideraba que la maternidad era sagrada y defendía los derechos de los niños.60

La sexualidad de los niños no era una temática visibilizada. La importancia del cuarto propio o de una cama para cada hijo era reivindicada con frecuencia como una cuestión vinculada a la higiene moral.61 En 1939, se incluyeron artículos sobre educación sexual a cargo del médico Luciano del Carril quien advertía sobre la necesidad de que los padres instruyeran a sus hijos sobre sexo, entendido siempre en relación con la reproducción y la eugenesia.62 En su primera nota se dirigía a los adultos planteando que sus participaciones contendrían cautela para evitar que sirvieran al vulgo que se deleita con palabras lascivas, como sucedía con otros libros. Proponía enseñar a los niños y a los jóvenes desde una educación positiva, sin recurrir a relatos puritanos o terroríficos sobre enfermedades venéreas. Esto no implicaba que recomendara que se hablara de relaciones sexuales, al contrario, manifestaba que sólo debían describirse en los libros de medicina y otras disciplinas de estudio.63 Como consideraba soez hablar sobre la sexualidad humana, pedía que se les explicara cómo se reproducían las plantas y los animales.64 También solicitaba a los padres que ejercieran controles para evitar que los niños y las niñas se masturbaran. Pedía que éstos, y éstas, fueran revisados cuando eran pequeños para intervenir quirúrgicamente en caso de anormalidades.65 Desde el punto de vista de Del Carril, a partir de los cuatro años, los niños y las niñas debían recibir información verdadera sobre sexo porque entendía que convivían en un ambiente en el que éste estaba presente.66

La legitimidad que encontraba un médico, como del Carril, para hablar sobre educación sexual no era ajena a la progresiva medicalización de la sociedad que era explícitamente alentada desde Hijo Mío…! Las participaciones del doctor León Velazco Blanco, jefe de la Sala de Niños del Hospital Alvear, eran especialmente promocionadas. En una de las publicidades de la audición radial de Hijo Mío…! se destacaba la columna fija de un pediatra que era presentado como “la voz de la ciencia”. Félix Licoaga era anunciado como un médico del Hospital de Niños, profesor de Puericultura en la Escuela Normal N°6 y en el Liceo Nacional de Señoritas, ex vocal del Consejo Nacional de Educación y especialista en “actividades por medio de las cuales es posible vulgarizar conocimientos esenciales.”67

En la revista, los médicos escribían sobre temáticas referidas a la ciencia médica, pero también sobre otras cuestiones vinculadas a la vida cotidiana: la prevención y la cura de algunas enfermedades; la transmisión hereditaria de patologías; la necesidad de que los maestros detecten los defectos físicos y mentales de sus alumnos; la educación de los bebés; las técnicas para amamantar; los efectos de los excesos de mimos en la formación de la personalidad; la elección de los juguetes; la preparación y elección de los alimentos; la enseñanza de buenos modales; la importancia de que los niños duerman solos; los primeros auxilios en el hogar; el origen de los vómitos y de las convulsiones; la pertinencia de las operaciones de amígdalas, de las vacunas y de los rayos X; la forma en que debían realizarse ejercicios gimnásticos; las políticas sobre maternidad; la pertinencia de tener muchos o pocos hijos; entre otros.

La prevención de las enfermedades contagiosas era una temática frecuente. Las ventajas de las vacunas contra la viruela, el sarampión y contra la difteria ocuparon varias páginas. Los cuidados ante los posibles contagios de parálisis infantil o de la tuberculosis también preocuparon a varios médicos.68 El reumatismo, que era una enfermedad abordada en las reuniones de la Sociedad Argentina de Pediatría en esos años, también fue incluido en notas especializadas y en las publicidades de la Sala de Niños del Hospital Salaberry.

En los tratamientos recomendados para corregir la incontinencia nocturna se apreciaba la vigencia de una pediatría que no alertaba los posibles sufrimientos que podían acarrear determinadas prácticas médicas. En una de las notas, el doctor Mario Alzúa identifica la causa del problema en una vejiga irritable y una falla del sistema nervioso que impedía al niño controlar los esfínteres. Para curarla, calificaba como inofensivas tanto a las inyecciones de suero fisiológico en las regiones que rodean el ano y en el conducto raquídeo como los tratamientos eléctricos. Entendía también que debían implementarse métodos educativos que consistían en obligar al niño a orinar en horarios fijos y a despertarlo por las noches (frotándole una esponja mojada en la cara) para que lo haga en el baño.69

Las advertencias sobre los traumas que generaban algunos tratamientos se hicieron presentes en la década de 1940, a través de la pediatría psicosomática. En Hijo Mío…! se retomaban algunos conceptos de la biotipología que distinguían lo somático de lo psíquico, pero sólo en las interpretaciones del director del Instituto para Niños Nerviosos, Lanfranco Ciampi.70 En 1936, Florencio Escardó presentó un artículo sobre inapetencia donde reproducía algunas ideas vinculadas al conductismo y al higienismo, que formarían parte de su libro La inapetencia infantil publicado en 1940. En sus apreciaciones advertía sobre la influencia del medio familiar en la salud de los hijos. Planteaba que muchas de las consultas sobre este problema no tenían que ver con una afección real sino con una apreciación de las madres, que siempre suponían que sus hijos necesitaban alimentarse más, aunque el peso y la estatura del niño fueran normales. Frente a esta situación, aseveraba que el médico era el único idóneo para detectar una inapetencia verdadera al constatar que el paciente no tenía una talla normal. En los casos en los que no había una dolencia, rechazaba la administración de tónicos porque suponía que se trataba de una “falta de higiene familiar”, o carencia de hábitos. En sintonía con las recomendaciones de otros autores de la revista, aclaraba que esa disciplina no debía imponerse sino consensuarse.71 La posición de Escardó respecto de no administrar tónicos a los niños inapetentes estaba en tensión con las publicidades de esos productos y de laxantes que anunciaban que la inapetencia, el malhumor y el decaimiento se debían a que el estómago o el intestino del niño no funcionaban bien.

En el campo pediátrico argentino, la opinión predominante era que el control de la talla y el peso de los niños debía ser realizado por los especialistas. A diferencia de lo sucedido en Francia, no hubo emprendimientos estatales destinados a que las madres pudieran llevar un registro de los avatares de la salud de sus hijos.72 Sin embargo, en Hijo Mío…! se combinaban los artículos de médicos que consideraban que ellos eran los idóneos para medir y pesar a los niños con la publicación de una tabla de uso casero. En esta revista, la opinión de los padres y las madres no era desvalorizada y durante algunos meses publicaron experiencias donde eran ellos quienes contaban cómo habían sanado a sus hijos.





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