Hermanos maristas



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CONTENIDO

197. De la finalidad de esta etapa, se deriva el conteni­do de la formación que se centrará en:

— la conversión a Cristo;

— la formación integral de la persona*, principalmen­te en sus expresio­nes maristas;

— el conocimiento amoroso del Padre Champagnat y del Institu­to.

Cada Provincia elabora su propio programa de estudios basado en estos contenidos y según las normas de los números 226 a 231.

La conversión a Cristo

198. Como los discípulos de Emaús, el novicio sigue el reco­rrido de las Escrituras al modo de María y según nues­tras Constitucio­nes.

A) Según las Escrituras

199. Al recorrer las Escrituras, bajo la guía del Espíri­tu, el novicio entra en la contemplación amorosa de Cristo, para vivir con él su itinerario desde la cuna hasta la resu­rrec­ción, pasando por la Cruz. Apoyado en Jesús, recorre un camino de revelación (Lc 24, 28-32; Jn 14, 6-9; Ef 3, 17-19) y de purifi­cación de las falsas imágenes de sí mismo, de las ilu­siones y del pecado (Sal 50). Con Jesús, acepta morir para nacer a una nueva vida, en la que maduran los frutos del Espíritu (Ga 5, 22). Los dinamis­mos humanos toman nuevo rumbo en el sentido del bautismo (Rm 8,

5-17; C 12) y de las biena­venturanzas (Mt 5, 3-12). La ciencia de las Escritu­ras es la ciencia de Jesucristo.



B) Seguir a Cristo como María

200. Seguir a Cristo como María: tal es nuestro ideal marista (C 3). El amor a Jesús y el amor a María son insepara­bles en Marcelino Champagnat (C 2). «Al darnos el nombre de María, quiso que viviéramos de su espíritu [...] Sus actitudes de discípu­la perfecta de Cristo inspiran y configu­ran nuestro modo de ser y actuar» (C 4). Para contemplar y asi­milar las actitudes de María, el novicio dispone especial­mente del Evangelio, de las Consti­tucio­nes, del Documento Mariano (16º Capítulo Gene­ral), así como de la Lumen Gentium, de la Maria­lis Cultus, etc.

C) Por el camino de las Constituciones

201. «Las Constitu­ciones, aprobadas por la Santa Sede, nos guían en la realiza­ción de nuestra vida consa­grada y el cum­plimiento de las intenciones del Fun­da­dor» (C 3). Son «una aplicación del evangelio y una guía segura para el cumplimien­to de los desig­nios de Dios sobre nosotros» (C 169). Por esto, para un novi­cio que se inicia en la vida religiosa maris­ta, la conver­sión a Cristo pasa por el camino de las Constitucio­nes y muy espe­cialmen­te, por la asimila­ción del capítulo 2, sobre la consa­gración y los consejos evangéli­cos. Al orientar­se hacia la profe­sión de la castidad, pobreza y obediencia, como res­puesta a la llamada de Dios:

— escoge a Cristo, como centro de su vida de rela­ción (Flp 3, 8);

— acepta el discernimiento y mediación del Maestro de novi­cios y sus colaboradores, de los Superiores y de los Hermanos (OF 52);

— renuncia a organizar su existencia partiendo de su pro­pio ser, para organizarla en torno a la persona misma de Cristo.



202. Por consiguiente, en el proceso de esta iniciación* en el segui­miento de Cristo, vuelve a descubrir el signifi­cado profundo de su existencia en relación con la natura­leza, los otros y Dios. La

conversión a Cristo extiende sus ramifica­ciones a todas las di­mensiones de su persona.



La formación integral de la persona, principal­mente en sus expresiones maristas

203. «El novicio cultiva las virtudes humanas y cristia­nas. Se ejercita en la abnegación y en la entrega total de sí mismo a Dios y a los hombres. Se inicia en la intimidad con Dios...» (C 98).

204. Entendemos estas orientaciones de nuestras Constitu­cio­nes en el contexto de la formación integral. Intentare­mos expli­carlas un poco más, a la luz del capítulo 1 de esta Guía (números. 13 a 21).

A) Comunión con la naturaleza

205. No volveremos a insistir en los valores esenciales que entraña la comunión con la naturaleza. Deseamos subrayar la expresión marista del trabajo manual. Este favorece el contac­to directo del novicio con la creación, los seres y las cosas. Le compro­mete en el cuidado de la naturale­za, en su conserva­ción y en su transfor­mación (Gn 1, 28). Le educa en la pacien­cia y la precisión. Desa­rrolla sus cualida­des.

206. El trabajo manual constituye también una experiencia formado­ra, haciéndole descubrir los valores de po­breza y solida­ridad con los que se ganan la vida (C 32.2), como en Nazaret (C 6 y 99), a la vez que fomenta el espíritu de fami­lia.

B) La comunión con los demás

207. El novicio se halla ahora en una situación nueva, para probar* una forma estable de vida comunita­ria. Evalúa su ante­rior experien­cia de comunidad. Se sitúa frente a la realidad ac­tual, frente al ejemplo de vida comunita­ria dada por el Padre Champag­nat y los primeros Hermanos (C 49), frente al ideal de la comunidad marista, tal como se presenta en el capí­tulo 3 de las Constitu­ciones.

208. Hállase entonces en condiciones de darse cuenta de su capaci­dad de crecimiento en el amor fraterno al examinar si tiene interés por los demás miembros de la comunidad y, recí­proca­mente, si acepta gustoso sentir necesidad de los Hermanos y depender de ell­os. Aprende a asimilar las tensiones de modo positi­vo, sacando fuerzas de la fra­ternidad de Cristo con cada persona* (C 3).

209. En la comunión con los otros, pone especial empeño en interio­ri­zar las expresio­nes maristas de senci­llez, presencia discre­ta, colaboración, a fin de participar realmente en la cons­trucción de la comu­nidad del novi­cia­do. Ésta se convierte en signo del Reino dentro de la Iglesia local: «Mirad cómo se aman» (Hch 2, 42-47; TE).

C) La comunión consigo mismo

210. El novicio no puede considerar la relación consigo mismo de modo aislado. Tiene implicacio­nes inmedia­tas en las demás dimensiones de la propia persona, sobre todo si se afana por crecer en madurez afecti­va y vocacional. Es este un campo, al que tendrá que prestar aten­ción. Men­cionare­mos algunos aspec­tos de tal tarea:

— trabajo en el conocimiento personal en profundi­dad, para llegar a una auténtica valoración y acep­tación de sí mismo, para superar los prejuicios y miedos, a fin de entregar­se mejor a Cristo;

— examen más sereno de sus sentimientos y emociones para tender a reacciones mejor controla­das;

— canalización de las energías fundamentales rela­ciona­das con la sexualidad y la agresividad, en los modos de vivir la afectivi­dad, la amistad, la entre­ga y la sole­dad. Se trata, efectiva­men­te, de inte­grar los impulsos sexuales, no solamente de repri­mir­los. Una enseñanza clara sobre la sexualidad según los planes de Dios (Gn 1, 26-28; 2, 18-25; Mt 22, 29-30), facilitará el creci­miento de la madurez afectiva, suscitando actitudes positivas con respec­to al amor, a la virginidad y al trato con la mujer;

— libertad y responsabilidad frente a sí mismo, para vivir los valores*, incluso cuando entran en conflic­to con los propios gustos y necesidades;

— libertad y responsabilidad frente a los otros, para dejar traslucir los valores religio­sos.



211. En la comunión consigo mismo, el novicio cultivará con esmero algunas expresiones maristas: la alegría, la autentici­dad, la rectitud, la fidelidad a la palabra dada y un sentido equili­brado de su dignidad personal en el porte, en el aseo y en el lenguaje.

D) Comunión con Dios

212. Es la relación fundamental en la vida del novicio. «Se inicia en la vida de intimidad con Dios por medio de la lectu­ra, la meditación y la reflexión compartida de la Sagrada Escritura y por la celebra­ción de la Eucaristía, de la Recon­ciliación y de la liturgia de las horas» (C 98).

213. No es cosa enteramen­te nueva para él. Pero necesita ahon­dar en su experien­cia de oración y confrontarla con la vida de oración marista expuesta en el capítu­lo 4 de las Constitu­cio­nes. Nos limitaremos aquí a los aspectos más impor­tantes de esa profun­di­zación.

La oración personal

214. El novicio ha de llegar a una oración auténtica y res­pon­sa­ble, oración que consiste en vivir con Jesús (Jn 1, 39), el Hijo muy amado (Mt 3, 17), su rela­ción con el Padre.

215. Necesita una pedagogía de la oración, pero es, sobre todo, rezando como aprenderá a rezar: «abandonándose al Espí­ri­tu» (cf Rm 8, 26-27); teniendo tiempos prolon­gados de medi­ta­ción, de escucha de la palabra de Dios iluminado por el Espí­ri­tu Santo, de humilde oración corporal, de educa­ción al silencio inte­rior, de adoración eucarís­tica, de lectio divi­na...

La oración comunitaria y litúrgica

216. La oración comunitaria, especialmente la Eucaris­tía y la liturgia de las horas, compromete la responsabili­dad del novi­cio participando en ella y animándo­la. Para ello, es necesario que comprenda su sentido como oración eclesial con Jesús, como oración de alaban­za, de acción de gra­cias y de interce­sión junto con toda la humanidad.

217. Es necesario iniciarle en los salmos para entender la oración del pueblo de Israel y la nuestra de hoy. Una oración espontá­nea o compartida, ayuda, a veces, a la comunidad, a abandonar­se al Espíritu.

218. En el noviciado, la liturgia eucarística diaria es esen­cial para acoger y celebrar el amor de Dios que entrega a su Hijo Unigéni­to. Será bueno echar mano de algunos medios peda­gógi­cos, por ejemplo, señalar algunos momen­tos privi­legiados de la Eucaristía: la llamada a la conver­sión, la escucha de la Palabra, el ofrecimien­to y la entrega de sí mismo, la comu­nión con los hermanos en Cristo y la dimen­sión de acción de gra­cias.

El sacramento de la reconciliación

219. Es también muy importante la iniciación en este sacra­men­to. El novicio se percata de sus rupturas de amor con Dios y el prójimo y reconoce su propia realidad. Su caminar es un en­cuentro entre su mise­ria de hombre y el amor miseri­cor­dioso del Padre.

220. Esta reconciliación, fomentada también por celebra­cio­nes penitenciales en comunidad, se traduce por una conver­sión cada día más efectiva en su vida entera.

Las expresiones maristas

221. Estas expresiones han de ser para el novicio cada vez más apreciadas y familiares:

— el amor a Jesús y María, de modo que Jesús llegue a ser Señor y centro de su vida. María invocada a diario, personal­mente y en comunidad, con el Rosario o con otras fórmulas;

— la vida en la presencia de Dios, como Marcelino Cham­pag­nat (C 68), la atención a los signos de su amor, princi­pal­mente en el momento del examen o de la revisión de la jornada (C 72);

— la fidelidad a los tiempos de oración y a la ora­ción por los demás;

— la experiencia de una espiritualidad mariana y apostó­li­ca (C 7) que le lleve a la comunión con Dios en el servi­cio y aten­ción a los hermanos (C 71 y 77).

El conocimiento amoroso del Padre Champagnat y del Insti­tuto

A) Conocimiento del P. Champagnat

222. El descubri­mien­to del Fundador tiene que desarro­llar en el novicio una entrañable actitud de discí­pulo y de hijo. Se empapará de su espíritu yendo a las fuentes (C 99 y 75):

— la persona y el itinerario humano y espiritual de Marcelino Champag­nat, en el contexto de su época;

— la vida sencilla de los primeros Hermanos;

— el carisma del Fundador y el espíritu que transmi­tió al Institu­to.



223. El novicio hallará ese patrimonio en:

— el capítulo 1 de las Constituciones (cf números 7, 9, 10 y 12).

— los libros de los orígenes maristas: Cartas, Vida del Padre Champag­nat, Biografías de algunos Herma­nos, Ense­ñan­zas Espiri­tua­les, Circulares...

— los testimonios de vida: en contactos con los Herma­nos, sobre todo los mayores, con la lectura de biogra­fías más recientes de Herma­nos.



B) Historia del Instituto

224. Además del conocimien­to de los orígenes maristas, el novi­cio ha de tener una visión de conjunto de la historia del Institu­to, de la provincia, del Distri­to o del Sec­tor:

los lazos con «las demás familias nacidas de la Socie­dad de María» (C 10);

— las etapas principales del crecimiento del Insti­tuto, con la evolu­ción del carisma, de las Constitu­cio­nes, de las tradicio­nes;

— la situación actual del Instituto en el mundo;

— el trabajo de los últimos Capítulos generales y pro­vin­cia­les.

C) Experiencia espiritual

225. Revivir la experiencia del amor del Padre Cham­pagnat hacia Jesús y María, hacia la juventud, par­tiendo de la ora­ción personal y de las celebraciones comunitarias inspiradas en los escritos y la vida del Fundador y de los primeros Hermanos.

Programa de estudios

226. Recordamos que «se eligen estudios doctrina­les que ayu­den a profundizar en la fe y en el conocimiento amoroso de Dios» (C 97 y 97.1).

227. Presentamos este programa a título indicativo, para ayudar a cada Provincia a elaborar el suyo e in­cluirlo en su Plan de formación. El método y la forma de profun­dizar en estos conte­nidos deben ayu­dar a conseguir los objeti­vos que son propios de los estudios del noviciado­.

A) Elementos bíblicos y teológi­cos

228. Inicia­ción en el antiguo y nuevo Testamentos, princi­pal­mente en los Evange­lios;

— elementos básicos sobre el misterio de Cristo, de la Igle­sia, los sacramentos (bautismo, confirma­ción, euca­ristía, reconcilia­ción), doctrina mariana;

— iniciación a la vida espiritual, su crecimiento y etapas, métodos de oración;

— textos esenciales del Vaticano II;

— encíclicas, exhortaciones apostólicas sobre la vida religio­sa, y la doctrina social, sobre la moral y la pastoral.

B) Vida religiosa

229. Principales etapas de su historia;

— fundamentos bíblicos, teológicos y antropológicos de los votos;

— estudios sobre liturgia, salmos, oración perso­nal y comu­nita­ria.

C) Instituto

230. Constitu­ciones y Estatutos;

— Marcelino Champagnat e historia del Instituto, libros maris­tas.



D) Cultura general

231. Idioma extranjero;

— educación y creación artística: canto, instrumen­tos musica­les, decoración, comunicación social...



ESTRATEGIA

232. La estrategia se refiere principalmente al desarro­llo y modo de funcionar del noviciado.

Desarrollo del noviciado

233. Hacemos notar solamente algunas fases de esta etapa para facilitar la realización de las estructu­ras y las formas de aplicación.

A) Lugar

234. Especificaciones para el número 100.1 de los Estatu­tos:

— garantizar el ambiente de silencio, soledad y recogi­mien­to;

— tener en cuenta el entorno socioeconómico y ecle­sial para dar lugar a contactos enriquecedores y formativos.

235. Observación particular: El lugar dependerá también del modo de funcionamien­to (cf nº 251).

B) Modalidades del inicio del noviciado (C 112.2)

236. Las establece el Maestro de novicios, de acuerdo con el Supe­rior de la Provincia o Distrito. Naturalmen­te, se han de tener una celebración de apertura y unos días de retiro: gesto simbólico que significa el sentido del umbral que se franquea al ingresar en el novicia­do. Se tendrá en cuenta la situación cul­tural local y especial­mente el tiempo requerido para la integración comunita­ria de los novi­cios,

— la de los del primero año con los del segundo y

— la de los que han seguido itinerarios y programas diferentes en el prenoviciado.

C) Exigencias iniciales y progresivas

237. Es un terreno en el que hay que estar atentos para in­for­mar a los postulantes* antes de su entrada en el novi­ciado e introdu­cirlos progresivamente en el sentido de esas exigen­cias. Los candida­tos*, que llegan con sus propios estilos de vida, necesitan puntos de referencia claros. Se trata de todo lo concerniente a:

— medios de comunicación: periódi­cos, televisión, revis­tas;

— dinero, cuentas personales, gastos...

— objetos personales: aparatos (ordenador, cámara, videos, automóviles...)

— estilo de vida: tabaco, música, horario fijo, tiempos li­bres, tiempos de silencio...

D) Duración (C 100).

238. Su duración es de dos años: es una realidad a la que se ha de tender absolutamente. Si las Constituciones indi­can «dura­ción mínima de dieciocho meses y máxima de veinti­cuatro», es por razón del año escolar. Lo que significa que, en este punto, nuestro Derecho Propio es más exigente que el derecho universal.

E) Períodos de actividad apostólica

239. Los Estatutos precisan los requisitos para que pue­dan reali­zarse esos períodos de actividad apostólica (C 101.1 y 101.2). Volveremos a insistir sobre este punto en los números 265 y 266.

Profesión temporal

240. «Este tiempo de formación prepara al novicio a la profe­sión* religiosa como respuesta a la llamada de Dios» (C 97).

A) Petición de admisión

241. Cuando el novicio ha tomado tal decisión, y conforme a las instrucciones dadas en el estatuto 102.1, cursa la peti­ción por escrito al Hermano Provincial o al Superior del Distrito: «Esta petición irá acom­pañada del informe del Herma­no Maestro y de sus colaborado­res». Se dará mayor importan­cia a la eva­lua­ción del Hermano Maestro, por razón de su papel en el acompaña­miento del novicio (cf OF 52).

242. El informe abarcará todos los aspectos del creci­miento perso­nal y comunitario, excepto lo confiden­cial, que atañe al fuero interno.

B) Admisión a la profesión religiosa

243. La admisión a la profesión religiosa corresponde al Supe­rior de la Provincia o Distrito, con su Consejo. Puede autori­zarla por un año o por un trienio (C 113), conforme a la petición cursada por el novicio.

244. Una solución intermedia pudiera ser la de no admi­tir, la primera vez, sino por un año. Se debe usar debidamente la libertad de que goza el H. Provincial con su Consejo, para favorecer el creci­miento espi­ritual del Hermano joven.

C) Criterios de admisión

245. Las condiciones de validez para la profesión tempo­ral constan en los Estatutos (C 113.2). Amén de los criterios ya expuestos en las etapas ante­rio­res (C 112), añadimos algunos más, que son específi­cos de esta etapa del noviciado y pueden referirse a tres reali­dades:

246. Una vida personal ya asumida

— El novicio ha adquirido un sentido profundo y real de su vida humana;

— sabe vivir la soledad;

— lleva vida de oración personal, responsable y auténti­ca;

— ha dado pruebas de disponibilidad para entregarse total y gozosamente a la voluntad de Dios.

247. Valores aceptados e integrados

— El novicio vive una aceptación libre, consciente y objetiva de los consejos evangélicos como medio de se­guir a Cristo (cf PC 2e);

— se orienta por los valores*, aunque éstos entren en conflicto con sus propios gustos y necesida­des;

— acepta el ideal expresado por las Constitucio­nes;

— acepta y asume las actitudes de María.

248. Actitudes interiorizadas

— Ha empezado a unificar y encauzar las energías vitales inheren­tes a la sexualidad y a la agresivi­dad;

— ha demostrado su capacidad para construir la comu­nidad marista;

— ha evidenciado su voluntad de servir la obra de Marce­li­no Champagnat y de continuarla;

— vive actitudes que manifiestan valores proclama­dos y asumi­dos (actitudes justas, equilibradas, para vivir la amistad, el cari­ño...);

— ha adquirido suficiente libertad personal para dejar traslu­cir los valores religiosos.



D) Celebración de la profesión temporal

249. La conclusión del noviciado incluye regular­mente un retiro de ocho días (C 102. 2). A menudo, tal retiro caerá mejor unos días o unas semanas antes de la clausu­ra del novi­ciado.

250. Referente a la ceremonia de la profesión temporal, se hacen las observa­ciones siguientes:

— si los novicios terminan a la vez el noviciado, harán la profe­sión en una celebración eucarística común. Dicha celebra­ción será sencilla y familiar y pondrá de relieve nuestro estado laical (cf OF 56);

— si los novicios no terminan juntos, puede haber profe­siones en grupo y otras indivi­duales;

— siendo la profesión temporal la última etapa del novi­ciado, es de desear que se realice en la casa de novi­cia­do, a menos que existan otras razones válidas para no hacerlo así.



Funciona­mien­to del noviciado

251. Pueden darse tres situaciones.

A) Noviciado provincial

252. Acoge a los novicios de una misma Provincia o Distrito.

B) Noviciado interprovincial (C 100.4)

253. Recibe a los novicios de varias Provincias o Distri­tos maris­tas. El Maestro de novicios asegura el acompaña­mien­to* de todos los novicios.

254. Un formador de cada una de las Provincias o Distri­tos repre­sen­tados permitirá, cuando sea posible, enriquecer el novicia­do con la presencia de diversos formadores.

255. Dada la escasez de vocaciones en algunos lugares, es ése un modo de funciona­miento que conviene fomentar. Pero la expe­riencia ha demostrado que presenta difi­cultades. Por esa razón, el acuerdo entre Provincias o Distritos inte­re­sados ha de formularse en cláusu­las claras. Entre otros, habría que tener en cuenta estos aspec­tos:

— el nombramiento del Maestro de novicios y colabo­rado­res: el Maestro habrá de tener la confianza de las Pro­vincias repre­senta­das y de los colabora­dores, para poder trabajar en equi­po, durante un período de tiempo sufi­ciente;

— el empeño en lograr la unidad entre las Provincias en lo referente a la preparación de los candidatos* al novi­cia­do, teniendo en cuenta, desde luego, los factores de mentali­dad y de cultura;

— el papel de los Hermanos Provinciales en relación con el novicia­do;

— las estructu­ras de diálogo e intercambio permanen­te para unificar los criterios de formación.

C) Internoviciado

256. Acoge novicios de varias fami­lias reli­giosas en lo que atañe a:

— la enseñan­za sobre los elementos comunes de la vida religio­sa;



— los encuentros de comunicación, de oración y de vida litúr­gica entre los novicios;

257. Dentro de esta modalidad de funciona­miento, es pri­mor­dial el prever como es debido y salvaguar­dar el acompa­ña­miento* perso­nal de cada Maestro con los novicios de su Instituto.

258. Cada noviciado conserva su originali­dad en su fun­ciona­miento, su pro­yecto de vida y su lugar de im­plantación.

MEDIOS

259. En las páginas precedentes se han indicado ya diver­sos medios. Recordamos aquí los principales utiliza­dos en la formación de los novicios: el acompaña­miento, los perío­dos de actividad apostóli­ca y otr­os, como el trabajo manual y la inserción* apostó­lica.



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