Hasta la Vista, Baby



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Hasta la vista, ‘baby’
ROGER COHEN
He hecho lo que John McCain ha insinuado que podría no estar preparado para hacer. Me he sentado con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y he hablado con él durante una hora.
Me complace informar que varios compañeros de The New York Times y yo hemos sobrevivido. La seguridad nacional entre Estados Unidos y el aliado de la OTAN no se ha visto, que yo sepa, comprometida.
Zapatero es un político socarrón, refinado y afable, un socialista con la costumbre socialista europea de divertirse con casi todo y comprometerse con casi nada. Es justo decir que su visión de Estados Unidos es fría, teñida por una relación con el presidente Bush que empezó mal y nunca llegó a mejorar.
Una de las primeras cosas que Zapatero, de 48 años, hizo tras su elección en 2004 fue anunciar la retirada de las tropas españolas de Irak. Su conversación con Bush a propósito de esta decisión fue, según sus palabras, “inolvidable”.
Cuando le dijo a Bush que la presencia de tropas españolas en Irak era historia, el Presidente le contestó: “Estoy muy decepcionado con usted”.
Zapatero pone cara de póquer: “Lo entendía perfectamente, porque no tenía motivos para estar entusiasmado conmigo”.
Ya les he dicho que el presidente español es un tipo socarrón.
Sin sentirse disuadido, Zapatero intentó explicarle que era el presidente de un país democrático y que, en su campaña electoral, había prometido sacar las tropas de Irak. Bush, como presidente de otro país democrático, debería entenderlo.
“Pero Bush se mostró muy frío. Dijo ‘De acuerdo, está bien, adiós”. ”

Hasta la vista, baby.


Y esa ha sido prácticamente la relación entre España y Estados Unidos durante el último lustro. Sí señor, o estás con nosotros o contra nosotros.
Zapatero asegura que, a pesar de todo, siente “cierta consideración” por Bush porque “reconoce que su éxito electoral se ha visto influido por su estilo de gobierno”. En otras palabras, Bush era tan impopular en España que contribuyó a que Zapatero ganase en 2004 y 2008.
Socarrón.
Cuento todo esto porque la desafortunada saga de las relaciones entre Estados Unidos y España refleja las meteduras de pata de la política exterior estadounidense. Una cosa es que haya un desacuerdo entre dos amigos, y otra distinta es dejar que la discordia se encone por el rencor. La vena vengativa de Bush es digna de un patio de recreo escolar.
Estados Unidos se debilita cuando se enemista con sus aliados. La denominada coalición para Irak ha hecho que esa palabra pierda su significado.
Barack Obama lo tiene claro. Un país debilitado, militarmente sobrepasado y económicamente entrampado, no puede permitirse ser arrogante con sus aliados. McCain, a juzgar por cómo ha rehusado decir que se reuniría con Zapatero, está todavía presumiendo de fuerza. Eso es lo último que necesitamos.
El segundo motivo por el que cuento esto es que Zapatero es la clase de tipo que me recuerda la necesidad de un liderazgo estadounidense hábil. De hecho, me recuerda por qué, habiéndome criado en Europa, elegí convertirme en estadounidense.
A pesar del pasado dictatorial de España con Franco, Zapatero me ha parecido comedido respecto al totalitarismo y la tiranía. Su charla de letrado rezuma relativismo moral. El presidente español ilustra lo que empujó a Orwell a decir que no basta con ser antifascista; también hay que ser, para empezar, anti-totalitarista. La izquierda europea ha tenido a menudo dificultades con este concepto.
Cuando se le pregunta sobre Rusia y Georgia, Zapatero responde con interrogantes retóricos. “¿Cuál fue el objetivo de la creación de la OTAN?”, inquiere. “¿Defendernos de Rusia o del comunismo? La ampliación de la OTAN, y la OTAN de hoy en día, ¿que está defendiendo?”. En lo que respecta a los georgianos, Zapatero reflexiona: "¿Estaban esclavizados por Rusia o por el comunismo?"
¿A quién le importa?
Los georgianos estaban esclavizados por un sistema totalitario soviético. También lo estaban los polacos, los checos, los ucranios, los estonios y muchísimos más. Esa pesadilla es vívida para ellos, como lo es la lucha de Estados Unidos por su libertad. No quieren arriesgarse a volver atrás. Quieren la “normalidad” que creen que la OTAN (y la Unión Europea) pueden garantizarles. Es una cuestión de psicología. España debería entenderlo.
Pero Zapatero está más preocupado por “ciertos gestos que pueden provocar al nacionalismo ruso”. Parece tragarse las tonterías de Vladimir Putin respecto a una Rusia “rodeada” desde Europa del Este hasta Asia del Norte, por la liliputiense Georgia y otros de su misma calaña, si ésta fuese aceptada como miembro de la OTAN.
“Pensar que Georgia estará más segura si entra en la OTAN no es realista”, dice. “Lo único que conseguiremos es acentuar más la división entre Moscú y el resto del mundo”.
Se equivoca. La OTAN está sometida a la democracia liberal. Trae estabilidad y prosperidad, no amenazas, al entorno de Rusia.
Zapatero también se equivoca respecto a Estados Unidos. Dice que es un país “diverso, creativo, dinámico”, pero que “no necesita tener una misión".
Pero Estados Unidos nació como una idea y no puede ser lo que es a menos que persiga ese ideal. Ésa es la tragedia de los años de Bush: la forma en que se han socavado los ideales estadounidenses. Estados Unidos es inseparable de la esperanza de las “masas apiñadas anhelando ser libres” de Emma Lazarus; está ligado a la lucha que garantiza que, como dijo Lincoln, "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la faz de la tierra".
Obama, si gana, debería hacer que Zapatero visitase pronto la Casa Blanca. Éstas son ideas que merece la pena discutir entre amigos.


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