Hacia una catequesis inculturada



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2.2 Lecciones de la Historia
77. Es necesario mirar el presente a la luz del pasado para proyectar mejor el futuro que nos desafía por la adveniente cultura, la cultura de los jóvenes, las culturas urbanas y las culturas autóctonas presentes en el conti­nente. Esta mirada nos permitiría retomar las lecciones de los 500 años de Evangelización, aprender de ellas los logros que pueden inspirar nuestra acción y evitar los errores cometidos.
78. Debemos evitar el método de la tábula rasa que arrancaba las “semillas del Verbo” en la destrucción de las culturas; y emplear con las adaptaciones necesarias el de la persuasión, por el cual “la cruz debe penetrar sin la espada”. El Evangelio se propone, no se impone.
79. El problema del sincretismo de muchos creyentes es preciso afrontarlo con amor, comprensión, competencia, creatividad y paciencia; de lo contrario, nuestro pueblo creyente quedaría expuesto a continuas manipulaciones.
80. La inculturación nos pide formar a los catequistas en mentalidad de proceso; nada empieza ahora, ni conmigo... Nuestra Iglesia Latinoamericana tiene un largo recorrido; y la fe llega hasta nosotros a través de una cadena de testigos. Asimismo exige del catequista estar ubicado históricamente en su pueblo y su cultura.
81. Por otra parte, se requiere revisar y renovar estructuras eclesiales heredadas del pasado. Dejar lo superfluo o inadecuado al momento histórico y asumir un lenguaje sencillo y adaptado a las actitudes del Evangelio y a las costumbres del pueblo.
82. Debemos estar atentos a los “transplantes” catequísticos, que proliferan actualmente, es decir, materiales y catecismos que no han pasado por un proceso de inculturación ni han sido asumidos por las Iglesias particulares. Por ello es conveniente hacer un adecuado discernimiento y adaptación creativa, cuando se emplean métodos y recursos de otros lugares.
83. La religiosidad popular es un “lugar privilegiado” para una catequesis inculturada: prácticas devocionales como procesiones, novenarios, peregrinaciones, etc., revelan el alma y la tradición de un pueblo; es preciso descubrir todo lo que esto encierra para acrecentar sus valores o purificarlos en referencia al Evangelio.
84. La familia ha sido la cuna más segura para la transmisión y el crecimiento de la fe y el lugar más protegido contra embates de culturas extrañas. El rol de los padres es insustituible, de manera especial en la infancia.
85. Debemos aprender de los misioneros que es preciso elaborar instrumentos de catequesis en las propias lenguas con la creatividad y adaptación que hoy se exigen.
86. Las lamentables consecuencias, debidas a la unión entre la espada y la cruz, nos enseñan que la acción evangelizadora debe mantener la necesaria libertad e independencia frente a los poderes políticos y económicos y a las ideologías de turno, para evitar nuevas formas de colonialismo.
III. FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DE

LA CATEQUESIS INCULTURADA
87. Presentamos una breve iluminación teológica sobre la catequesis inculturada para ofrecer los fundamentos que den base a las propuestas que son fruto del trabajo de esta Semana y constituyen la IV y última parte de este documento..
3.1 Misterio de la encarnación
88. El misterio de la Encarnación, relacionado con el de la creación, es el paradigma de la inculturación del Evan­gelio y, por tanto, de la catequesis inculturada. Conviene advertir que la inculturación asume analógicamente el misterio de la encarnación. A lo largo de toda su existencia, Jesucristo va asumiendo la carne humana en las circunstancias concretas de la vida. A través de todas ellas nos va evangelizando. Siendo la muerte en cruz y la resurrección de Jesucristo la expresión última de su encarnación, con el envío de su Espíritu hace presente el Reino de Dios en el mundo, al interior y al exterior del hombre, en lo privado y en lo comunitario, en solidaridad y entrega de todos hacia todos, creando la única familia de los hijos de Dios en la que así se exige la opción evangélica preferencial por los pobres.
89. El mensaje que nos trae Jesús de Nazaret, Palabra de Dios hecha carne, es un mensaje de redención que asume, libera y transforma; es un mensaje de humanidad porque la encarnación se realiza para divinizar al ser humano y para que toda persona humana reconozca y desarrolle su propia dignidad y la de sus semejantes. Así se cumple el plan de Dios, cuya gloria es que el hombre viva, según expresión de San Ireneo (Adversus haereses, IV 20,7).
90. Con su práctica profética, Jesús nos muestra el camino de una evangelización inculturada. No espera que los excluidos ni otros miembros de la sociedad se le acerquen, sino que él se coloca en medio de ellos. No todos acogen el Evangelio como Buena Noticia; pero para todos es motivo de conversión.

 

91. Jesús parte de las realidades sentidas por la gente, utiliza el lenguaje de los pequeños, y va a lo esencial, siendo modelo de pedagogía para la catequesis inculturada.


3.2 Objetivos
92. El objetivo fundamental de la evangelización y la catequesis es anunciar e invitar a acoger el Reino de Dios, realizado plenamente por la persona de Jesucristo. El Reino de Dios no es algo que nosotros hagamos, sino que Dios hace en nosotros y así pide nuestra respuesta, de manera que consiste básicamente en la presencia del Padre en nosotros por su Hijo muerto y resucitado y en la presencia del Espíritu quien nos impele a reconocer y amar a Dios como Padre y a su enviado Jesucristo y reconocer y amar a nuestros semejantes como hermanos y hermanas. Para realizar este proyecto, Jesús convoca la comunidad de sus discípulos como sacramento del Reino de Dios en la historia. Así nace la Iglesia.
93. La catequesis, tiene como finalidad acompañar al creyente en su crecimiento y maduración en la fe en un contexto comunitario‑eclesial durante toda su vida. Por eso estimula constantemente a las personas a constituir comunidades de discípulos de Jesús que caminen, unidas en la misma Iglesia, rumbo al Padre con Jesucristo y en el Espíritu Santo. La comunidad está en el centro de la catequesis inculturada, siendo “fuente, lugar y meta” de la misma, como se dijo en el Sínodo de la Catequesis (1977) y en la I Semana Latinoamericana de Catequesis, aunque hay lugares extraeclesiales que pueden convertirse en ámbitos catequísticos.
94. La catequesis inculturada, impulsada por la Iglesia y llevada a cabo por los discípulos encabezados por los doce y sus sucesores, crea y fortalece permanentemente la Iglesia particular con rostro propio y en comunión con toda la Iglesia. Es un desafío y un objetivo de la catequesis conciliar identidad y catolicidad para que avance el proceso de inculturaci6n. En la Iglesia particular “se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa católica y apostólica” (ChD. 11). “Y de todas las Iglesias particulares queda integrada la una única Iglesia católica” (LG 23).
3.3 Criterios para una catequesis inculturada
95. La exhortación apostólica “Catechesi Tradendae” nos dice en qué consiste una catequesis inculturada: “De la catequesis... podemos decir que está llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y de las culturas...; para ello, la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprenderá sus expresiones más significativas, respetará sus valores y riquezas propias” (CT 53).
96. La inculturación en su recto proceso debe estar dirigida por dos principios: “la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y la comunión con la Iglesia universal”. Los Obispos, guardianes del “Depósito de la fe”, se cuidarán de la fidelidad y, sobre todo, del discernimiento, para lo cual es necesario un profundo equilibrio; en efecto, existe el riesgo de pasar acríticamente de una especie de alienación de la cultura a una supervaloración de la misma, que es un producto del hombre, en consecuencia, marcada por el pecado. También ella debe ser “purificada, elevada y perfeccionada” (RM 54). Así debe ser una catequesis inculturada: estos son los principios básicos que la deben regir; a su luz debe ser así una catequesis en plena fidelidad a Jesucristo y su mensaje y a la persona que se evangeliza dentro de su condición social y cultural y destacando la opción preferencial evangélica por los pobres en seguimiento a Jesucristo (cf. SDG 178, 180).
97. La fidelidad a Jesús implica la fidelidad a la persona humana (cf Mc 2,27), principalmente al pobre y marginado (cf Mt 25,31‑46). En cuanto al criterio de la compatibilidad, recordemos lo que dice Santo Domingo: “La Nueva Evangelización tiene como punto de partida la certeza de que en Cristo hay una 'inescrutable riqueza' (Ef 3,8), que no agota ninguna cultura, ni ninguna épo­ca, y a la cual podemos acudir siempre los hombres para enriquecernos” (SD 24). Si bien hay relaciones de recíproca interacción entre Evangelio y cultura, en último término no es la cultura la medida del Evangelio, sino éste la medida de toda cultura. Por otra parte, se mide la realidad de la inculturación por la capacidad de generar iglesias particulares con identidad y rostros propios y en comunión con la Iglesia universal y con las demás iglesias particulares.
98. Los actores de la catequesis inculturada son el Espíritu Santo, en primer lugar, y la Iglesia que responde a su iniciativa bajo la guía de sus pastores. El Espíritu Santo cuenta siempre con la persona humana. La inculturación es fruto de la libertad humana que se abre al amor de Dios. Por ello, sólo cabe el método de la persuasión, no de la imposición, en la proclamación del Mensaje Evangélico.
99. Como la esencia de la inculturación consiste en evangelizar el corazón de las culturas pues “significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el Cristianismo y la radicación del Cristianismo en las diversas culturas” (RM 52). Signos para la verificación de la catequesis inculturada consistirán en la conversión permanente del catequista y los catequizandos, la fructuosa recepción de los sacramentos, la oración asidua, la recta aplicación de la palabra de Dios para discernir los signos de los tiempos, el cambio de estructuras injustas, el combate a la anticultura de la muerte, el crecimiento de la civilización del amor.
3.4 Contenido de la Catequesis, por inculturar
100. El contenido de esta catequesis es el de toda la evangelización, extraído de la fuente viva de la Palabra de Dios trasmitida mediante la Tradición y la Escritura. Esta catequesis será tanto más viva y eficaz, cuanto más lea los textos con la inteligencia y el corazón de la iglesia y más se inspire en su reflexión y vida bimilenaria bajo la dirección de los pastores y concretamente el Magisterio que el Señor les ha confiado (cf. CT 27)
101. Una expresión privilegiada de esta fe es el Credo. Recientemente, como la referencia segura para el contenido de la catequesis, el Papa Juan Pablo II ha entregado a la Iglesia el Catecismo de la Iglesia Católica, donde se expone el misterio cristiano que hay que creer, celebrado comunicarlo en la Liturgia, para iluminar y sostener a los hijos, de Dios en su actividad, y fundar su oración (Constitución apostólica en la presentación del Catecismo de la Iglesia Católica).
102. El contenido debe expresarse de una manera íntegra, no mutilado, falsificado o disminuido. Habrá que catequizar sobre la creación del hombre y su pecado, del plan redentor de Dios y de su larga preparación y realización, de la Encarnación del Hijo de Dios, de María, la Inmaculada, la Madre de Dios, siempre Virgen, elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial‑ y su función en el misterio de la salvación, del misterio de la iniquidad operante en nuestras vidas, de la virtud de Dios que nos libera, de la necesidad de la penitencia y de la ascesis, de los gestos sacramentales y litúrgicos, de la presencia eucarística, de la participación en la vida divina aquí en la tierra y más allá, etc. (cf. CT 30)
103. A ningún verdadero catequista le es lícito hacer por cuenta propia una selección en el depósito de la fe, entre lo que estima importante y lo que estima menos importante, o para enseñar lo uno y rechazar lo otro (cf. CT 30).
3.5 Método de la catequesis
104. El método de la catequesis es, fundamentalmente, el camino del seguimiento de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). El seguimiento implica la búsqueda de comunión e identificación con Cristo. Según el evangelista Marcos, no basta ver los milagros de Jesús y oír sus palabras. Es necesario seguirlo. Tanto es así que muchos que no siguieron a Jesús, interpretaron de modo bien diferente lo que habían visto y oído (cf Mc 2, 6‑7; 3,6: 3,22). La santidad de los que anuncian el Evangelio es, por tanto, método básico de la cate­quesis.
105. Sobre esta base destacamos diferentes aspectos del método catequístico. Dios se manifiesta en la experiencia de cada hombre y de cada grupo humano. Por eso, el carácter situacional de la catequesis es característica integrante del acto catequético. “Las situaciones históricas y las aspiraciones auténticamente humanas forman parte indispensable del contenido de la catequesis, deben ser interpretadas seriamente, dentro del su contexto actual, a la luz de las experiencias vivenciales del pueblo de Israel, de Cristo y de la comunidad eclesial, en la cual el Espíritu de Cristo resucitado vive y opera continuamente” (Medellín, Catequesis 6). De ahí que el método pastoral ha de incluir estos momentos: ver, juzgar, actuar, revisar y celebrar (cf. SD 119), aunque el orden en que se utilicen puede ser distinto de acuerdo a las situaciones culturales. La catequesis debe también apoyarse en las investigaciones y técnicas pedagógicas en la medida que sean compatibles con el evangelio.
106. Se requiere asimismo salir al encuentro del catequizando, partir de su realidad y preocupaciones y usar su propio lenguaje, con paciencia y sencillez. La participación y la creatividad de los catequizandos pertenecen a la pedagogía de la catequesis inculturada.
107. Finalmente no hay que olvidar que la educación en la fe es un proceso permanente, que ha de llevar gradualmente a una formación integral y sistemática, buscando la unidad del Mensaje en la diversidad de sus expresiones y teniendo en cuenta el contenido del Catecismo de la Iglesia Católica, síntesis de la fe. Es siempre necesaria la puesta en práctica del mensaje, su celebración y llegar hasta el testimonio por la profesión de fe.
3.6 Catequesis inculturada y promoción humana
108. “Jesús, desde el pesebre hasta la cruz, comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf Mt 2, 23‑26; Mt 21, 18), la sed (cf Jn 4, 6‑7; 19, 28) y la privación (cf Lc 9,58). Aún más: se identifica con los pobres de todas las clases sociales y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf Mt 25, 31‑46)” (CATIC 544).
109. Entre evangelización y promoción humana existen lazos muy fuertes de orden antropológico, de orden teológico y de orden evangélico, como es el de la caridad (cf EN 31). En efecto, la primera homilía de Jesús en Nazaret fue un anuncio de liberación (cf Lc 4,18). Ordenó a sus discípulos que repartieran el pan multiplicado (cf Mc 6,34‑44), curó a los enfermos, “pasó la vida haciendo el bien” (Hch 10,38) y, al final de los tiempos, nos juzgará en el amor (cf Mt 25,31‑46). Así, pues, nuestra fe en el Dios de Jesucristo y el amor a los hermanos tienen que traducirse en obras concretas, siendo el servicio a los necesitados signo de fidelidad a Dios (cf SD 159‑160).
110. En el espíritu de la opción evangélica y preferencial por los pobres, recordamos lo que dice Santo Domingo: “Una meta de la Evangelización inculturada será siempre la salvación y la liberación integral de un determinado pueblo o grupo humano, que fortalezca su identidad y confíe en su futuro específico” (SD 243).
111. De ahí que la promoción humana forma parte del contenido de la catequesis y es impulsada desde la misma. Suscitar la participación responsable en la construcción de una sociedad igualitaria, justa, fraterna y libre, de acuerdo al proyecto del Reino de Dios, es uno de los criterios de revisión de los contenidos de la catequesis, sus métodos y la formación de sus agentes. Es preciso recordar que el desarrollo no es mero progreso sino liberación integral, en solidaridad con el pobre. Este debe encontrar en la catequesis un reconocimiento de su dignidad y un estímulo para participar con responsabilidad en la construcción de una sociedad igualitaria, justa y fraterna, de acuerdo al proyecto del Reino de Dios. Es preciso alcanzar también, con la fuerza del Evangelio, aquellos sectores del pueblo que tienen en sus manos la economía, la política los MSC, etc., verdaderos gestores de las fuerzas de pensamiento y de las principales decisiones que afectan a la promoción y desarrollo de nuestros pueblos.
3.7 Espiritualidad
112. En correspondencia con la IV Conferencia de Santo Domingo acogemos la espiritualidad del acompañamiento que realizó Jesús con los discípulos de Emaús. La espiritualidad es requisito para proponer una catequesis inculturada. Toda catequesis convoca a la conversión, es decir, al seguimiento de Jesús por la causa del Reino de Dios. La conversión es respuesta al llama­do de Dios, gozosa (cf Jn 13,17) y dolorosa a la vez, pues supone el negarse a sí mismo: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mt 16,24). Cargar la cruz es aceptar las consecuencias de un compromiso radical de amor. Fruto de la conversión a Jesucristo y de la obediencia al Espíritu es la santidad, obra de la gracia (cf SD 32).
113. En el centro de este llamamiento está el amor fraterno: “Les doy este mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros” (Jn 13,34). Es un amor que se hace servicio humilde al hermano (cf Jn 13,1‑17) y supone vivir la autoridad con este mismo espíritu de servicio (cf Mt 20,25‑28; Mc 10,42‑45).
114. El catequista y el catequizando necesitan alimentarse del encuentro con Dios en la oración, como Jesús, quien se retiraba a orar con frecuencia (cf Mt 14,23; Mc 6,46). La celebración eucarística es el lugar principal del encuentro con Jesucristo y con los hermanos, formando la Iglesia (cf Hch 2,46). De ahí que toda catequesis inculturada tiene que estar orientada a la Eucaristía, y encuentra en ella su plenitud. La memoria viva de Jesús en la catequesis se hace 'rnemorial' de su muerte y resurrección en la Eucaristía. Así, pues, catequesis y liturgia están inseparablemente unidas. Acogemos la espiritualidad de Pentecostés que fortaleció a los apóstoles para llevar a cada uno de los destinatarios el anuncio gozoso del amor del Padre.
115. La espiritualidad debe conducir al catequista a saber mirar con profundo respeto los signos de los tiempos en los pequeños, los pobres y los marginados y descubrir allí la urgencia de la evangelización, desarrollando la espiritualidad laical, que lo lleve a animar el empeño por la transformación del mundo por el evangelio. Dicha espiritualidad lleva a incorporarse en el camino de los hombres y de las comunidades para iluminarlo con la palabra de Dios y a celebrar la presencia del Señor resucitado en la fracción del pan.
116. Concluimos esta iluminación de fe expresando algunas exigencias de índole espiritual para el proceso de inculturación: meterse dentro de la cultura de cada pueblo 'descalzos y en silencio', respetando y escuchando; valorizar al pobre, asumiendo su cultura; proponer el Evangelio con el testimonio de vida y con sencillez, de modo que provoque, interpele y convoque a los catequizandos a seguir a Jesucristo; meterse dentro de la cultura moderna con audacia y optimismo valorizando las conquistas del hombre y ofreciéndole la plenitud mayor de la fe.
IV. PROPUESTAS PARA LA Inculturación DE LA CATEQUESIS
117. El criterio básico para la inclusión y formulación de una determinada propuesta hecha en la II Semana Latinoamericana de Catequesis es su objetivo: inculturar la Catequesis. El centro, medio y objetivo de la nueva evangelización es la inculturación.
4.1 Referentes a los catecismos oficiales nacionales o diocesanos
118. Considerar la oportunidad de publicar en la Iglesia particular o local un catecismo oficial inculturado para compendiar la totalidad esencial del mensaje salvador que ayude a vivir de la fe (DCG 38). Presentará los misterios de la fe en forma orgánica y armónica (DCG 39), cuidando la jerarquía de las verdades (DCG 43). En su realización cumplirá con las debidas etapas de preparación y aprobación DCG 119).
119. Estudiar en las Iglesias particulares pluriétnicas la conveniencia de formular un catecismo básico para cada etnia o para cada cultura interétnica, con los contenidos fundamentales para incorporar a sus bautizados en la plena vida eclesial tomando en cuenta los temas claves de su cultura.
120. Vincular en el catecismo de una Iglesia particular o local la revelación universal fundante con:

a) acontecimientos y testigos de la salvación importantes para la colectividad local, ya que el mensaje salvador incluye la historia desde la creación hasta el momento actual de la Iglesia (San AGUSTIN, De catechizandis rudibus 3, l). «La catequesis será tanto más rica y eficaz,... cuanto más se inspire en la reflexión y en la vida dos veces milenaria de la Iglesia» (CT 27);



b) temas y signos de las devociones locales, para facilitar a los catequistas la educación, evangélica y eclesial de esa religiosidad popular.
121. Definir si el catecismo oficial proyectado es un documento para orientar a los responsables de la catequesis sobre los contenidos doctrinales, o es un instrumento para realizar la catequesis, en cuyo caso debe incluir líneas pedagógicas.
122. Tener como referencia el Catecismo de la Iglesia Católica (Cat.1.C.), pero recordar en todo momento una condición fundamental puesta en el mismo Cat.I.C.: los catecismos locales no deben ser repetición literal M Cat.I.C.
123. Considerar la Biblia, leída en la Iglesia, como el libro por excelencia de la educación de la fe, pues la Palabra de Dios es el centro de la Iglesia, a cuyo servicio está el ministerio de la catequesis con todos sus instrumentos, recursos y catecismos.
124. Incluir en el catecismo oficial lo necesario para encaminar hacia la comprensión católica de la Sagrada Escritura, la participación activa y fructuosa en la liturgia y el servicio al mundo según la doctrina social de la Iglesia.
125 Encomendar la tarea de redacción de los catecismos a redactores preparados, competentes y con experiencia y que por lo tanto manejen el rico magisterio en torno a la catequesis, su contenido, sus métodos e itinerarios.
4.2 Referentes a los manuales y otros instrumentos
126. Confeccionar catecismos e instrumentos similares inculturados en la vida actual, que den respuesta a la problemática que vivimos, ayudando a solucionarla, en especial, ayudando a cambiar la situación de los más necesitados.
127. Presentar los misterios de la fe de manera sistemática y con métodos dialogales y participativos, que favorezcan la inculturación y, por lo tanto, propicien la aceptación en libertad de la fe y el crecimiento de las comunidades cristianas.
128. Acompañar siempre la difusión del Cat.I.C. con una adecuada pastoral catequística y reprobar la difusión de resúmenes fragmentarios, que pueden decepcionar a los lectores y crearles problemas para los cuales dichas publicaciones carecen de respuesta, prefiriendo el diseño de procesos catequéticos y de materiales inculturados.
129. Confeccionar subsidios catequísticos: impresos, audiovisuales e informáticos con contenidos coherentes con el plan salvador de Dios y con los símbolos, lenguaje y proyectos de los grupos socioculturales.
130. Impulsar la creatividad plástica, poética, narrativa, teatral, musical, coreográfica, radial, cinematográfica, televisiva y artística en general para educar la fe y transmitir con sus aspectos afectivos, lúdicos y estéticos el ethos cristiano, encarnado en esos mismos aspectos de la cultura de un pueblo.
131. Elaborar con apoyo del DECAT materiales catequísticos inculturados para los analfabetos y discapacitados.
132. Acompañar la presentación dosificada de los contenidos de la fe con subsidios metódicos personalizantes, dialogales, participativos y liberadores que favorezcan el acto de fe y la maduración cristiana de la comunidad.
133. Exigir para la aprobación eclesiástica de manuales de educación de la fe, además de la ortodoxia, el cumplimiento del rico magisterio catequético de la Iglesia (Med. DCG, EN, Sín77, DP, CT, LCOCAL, SD). En este examen de los manuales se recomienda la participación de catequetas adecuadamente preparados.
134. Hacer presente el Evangelio en lenguaje apropiado en los medios de comunicación social de alcance local, nacional e internacional, con apoyo de recursos para su recepción fructuosa.


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