Hacia una catequesis inculturada


URGENCIA DE UNA ETICA CRISTIANA EN UN CONTEXTO DE CORRUPCION GENERALIZADA



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9. URGENCIA DE UNA ETICA CRISTIANA EN UN CONTEXTO DE CORRUPCION GENERALIZADA:
Una catequesis de la promoción humana compromete su tarea en la formación de verdaderas actitudes cristianas, de una conciencia responsable y corresponsable, y la promoción de los valores del Reino, como expresión de fe en el verdadero Dios, fidelidad a su Proyecto y vivencia auténtica del amor‑caridad.
El desafío de la realidad latinoamericana así lo pide. Nuestros obispos reunidos en Santo Domingo decían: “La corrupción se ha generalizado. Hay un mal manejo de los recursos económicos públicos; progresan la demagogia, el populismo, la mentira política en las promesas electorales; se burla la justicia, se generaliza la impunidad y la comunidad se siente impotente e indefensa frente al delito.
Con ello se fomenta la insensibilidad social y el escepticismo ante la falta de aplicación de la justicia, se emiten leyes contrarias a los valores humanos y cristianos fundamentales. No hay una equitativa distribución de los bienes de la tierra, se abusa de la naturaleza y se daña al ecosistema” (SD 233).
Ante esta compleja y desafiante realidad, se impone la urgencia de una catequesis que promueva, desde la base de una auténtica conversión al Evangelio, una conciencia crítica, un sentido y práctica de la solidaridad, una capacidad adulta del perdón y la reconciliación, un hábito dinámico de la justicia y la equidad, un respeto a la persona humana, sobre todo al pobre y a la mujer; una conciencia responsable de sí mismo, las personas y del bien común; un amor asiduo a la libertad y la paz; un sentido afinado del diálogo y la participación; un ejercicio del poder como servicio al pueblo; una búsqueda del respeto y la afirmación de la identidad de las culturas, en un contexto de unidad en la diversidad; un cultivo cotidiano de la fraternidad y de la comunión en el ámbito familiar, vecinal, comunitario y social; y la defensa y promoción de la vida, como fidelidad al Dios de la Vida.
10. DIACONIA ECLESIAL Y METODO CATEQUETICO
Las coordenadas de una catequesis de la promoción humana, y el propio ejercicio de la diaconía eclesial que exigen las claves que acabamos de apuntar, piden necesariamente la adopción de un ordenado proceso metodológico, nacido de la práctica y de las respuestas pastorales que nuestra Iglesia ha ido dando a la realidad de nuestra Iglesia ha ido dando a la realidad de nuestra América Latina y al discernimiento del designio de Dios sobre ella.
 un conocimiento cabal y análisis de la realidad (situaciones y problemas, interpretación y búsqueda de sus causas);
 una lectura evangélica de la situación, a la luz de la fe, para encontrar la respuesta de Dios a los desafíos planteados;
 la denuncia profética de. los aspectos deshumanizantes en la sociedad y en la propia Iglesia;
 la propuesta eficaz y constructiva de una acción promocional y transformadora, respetando la autonomía de las realidades temporales y lo específico del espíritu y del compromiso cristiano en esta tarea ineludible.
Todas estas claves se orientan, finalmente, a lograr en cada cristiano y en las comunidades, una fe adulta, madura, viva, actual y operante.
La Paz, Septiembre de 1994

CONCLUSIONES


Hacia una Catequesis Inculturada

INTRODUCCION
1. Hace doce años, convocados por el CELAM mediante su Departamento de Catequesis, se reunieron en Quito, Ecuador, Pastores y Catequistas llegados de la mayor parte de los países del Continente para celebrar la Pri­mera Semana Latinoamericana de Catequesis.
2. Fruto del trabajo realizado fue la publicación de las Ponencias y Conclusiones en el documento La Comunidad Catequizadora en el presente y futuro de América Latina, cuya incidencia positiva en el desarrollo de la Cate­quesis en nuestros países durante estos años todos conocemos.
3. Hoy, reunidos de nuevo, convocados por la Presidencia del CELAM, quien ha asumido como propio este pro­grama del DECAT, nos encontramos celebrando la II SEMANA LATINOAMERICANA DE CATEQUESIS en Caracas, Venezuela, los Obispos Presidentes de las Co­misiones Episcopales de Catequesis, los Directores Na­cionales, expertos y catequistas delegados de todos los países de América Latina y el Caribe, en un clima de fraterno compartir, para reflexionar en la necesidad de desarrollar en nuestro Continente una catequesis inculturada, partiendo de los aportes de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada hace dos años en Santo Domingo, y teniendo en cuenta el .Catecismo de la Iglesia Católica y la experiencia catequística de nuestras comunidades.
4. Ponemos ahora en sus manos las conclusiones del tra­bajo de esta II Semana, en forma de Propuestas Operativas, como pistas para la inculturación de la Catequesis en el Continente y criterios para una posible elaboración de Catecismos Nacionales y Diocesanos, manuales y subsidios, teniendo como punto de referencia el Catecismo de la Iglesia Católica.
5. Nuestro deseo es que este esfuerzo sirva para afrontar la catequesis en la segunda parte de este primer milenio del Cristianismo en Latinoamérica con nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión, con el fervor de los santos, respetando y asumiendo todo aquello de las culturas de nuestros pueblos que ayude a hacer vivo entre nosotros a Jesucristo Resucitado, El Señor.
0. PANORAMA DE LA REALIDAD CATEQUETICA EN AMERICA LATINA


  1. Queremos recoger aquí datos sobre la realidad de la Catequesis en A.L. aportados por los participantes en el diálogo inicial. No pretende ser un estudio exhaustivo ni sistemático. Pero sirve de fondo para la búsqueda de propuestas para una catequesis inculturada.


6.1 Aspectos positivos
7. Se constata un gran dinamismo catequístico expresado en una gran variedad de PROYECTOS, elaborados des­de los distintos contextos y situaciones.
8. La persona de Jesús aparece no sólo como contenido central de la catequesis, sino como fuente inspiradora de toda pedagogía catequística en la que se destaca:

 la atención a la persona en su situación

 la sencillez del lenguaje en consonancia con la cultura

la paciencia, el diálogo y el acompañamiento



 el valor profético para anunciar el Reino de Dios
9. La Biblia, leída en la Iglesia y desde la vida, va logrando el puesto central en la catequesis. Y se han hecho grandes esfuerzos en la preparación bíblica de los catequistas, se van logrando avances significativos.
10. La opción preferencial por los pobres dinamiza la catequesis del continente dándole una orientación evangélica en sus contenidos, sus métodos y recursos.
11. Hay un acento creciente en la dimensión comunitaria de la catequesis. La comunidad aparece como “fuente, lugar y meta de la catequesis” (I Semana Latinoamericana de Catequesis). La comunidad eclesial ha pasado a ser tanto agente como destinatario de la catequesis.
12. La Catequesis Familiar, como proceso de evangelización de las familias en la participación de los padres en la iniciación cristiana de los hijos va adquiriendo cada vez mayor importancia.
13. Existe una preocupación constante y prioritaria por la formación de catequistas a todos los niveles: Escuelas superiores, Institutos, Centros de Formación y Grupos bíblicos.
14. Hay un esfuerzo por una animación y organización de la Pastoral Catequística a través de organismos eclesiales en diferentes niveles, desde la familia y pequeñas comu­nidades hasta organizaciones latinoamericanas.
15. Los catequistas laicos adultos aparecen como una gran fuerza para la madurez evangelizadora y formadora de la comunidad cristiana en sus variadas formas.
16. La catequesis actual, en algunos lugares, ha renovado su acento kerygmático, profético, y misionero.
17. Cada vez. aparece con mayor claridad la necesidad de realizar la catequesis como un itinerario permanente de educación en la Fe.
18. La catequesis, como lenguaje de la fe, se va realizando a través de un proceso de inculturación que se constata en la creatividad de métodos y recursos elaborados des­de los diversos contextos culturales.
19. Se reconoce cada vez más la necesidad del aporte de las ciencias auxiliares de la catequesis en especial de la antropología cultural, la sicología, la sociología, las ciencias de la comunicación etc.
20. Aparece una gran creatividad a nivel de métodos y recursos catequísticos desde los diversos contextos culturales.
21. El martirio de muchos catequistas revela no sólo su compromiso de fe, sino la fuerza renovadora y esperanzada de la fe en este continente.
0.2 Retos y desafíos
22. La situación de injusticia institucionalizada con sus consecuencias de pobreza, desempleo, marginalidad, violencia, muerte, junto con el secularismo, son los grandes desafíos de la catequesis. Ambos lesionan el corazón de la Fe: el amor a Dios y el amor al prójimo, elementos constitutivos de la identidad cristiana.
23. Hace falta una catequesis de los sacramentos que genere un proceso permanente donde su celebración adquiere su dinamismo y compromiso.
24. Hace falta igualmente concebir la catequesis como un proceso que va más allá de la iniciación cristiana y que incluye, por tanto, una catequesis de adultos progresiva y sistemática
25. En la religiosidad popular se han hecho grandes esfuerzos desde la Pastoral de los Santuarios, las CEBs, etc., pero queda mucho por hacer si queremos lograr la inculturación del Evangelio.
26. Los Medios de Comunicación social abren nuevas posibilidades en el campo de la Catequesis. Los catequistas están llamados a valerse de ellos y a utilizarlos más y mejor.
27. La catequesis necesita abrirse más al lenguaje de la posmodernidad, en todos los sectores.
28. El proceso de inculturación debe irse realizando no sólo en las culturas autóctonas sino en la cultura de la mo­dernidad y posmodernidad, especialmente sentidas en los grandes centros urbanos.
29. En algunos países se ha diferenciado la catequesis parroquial de la escolar; cada una de ellas tiene su fiso­nomía propia. Permanece, sin embargo, la necesidad de una mutua complementariedad.
30. Desde muchos lugares se pide insistentemente una mayor formación y conciencia catequística en el clero, que los haga capaces de acompañar e impulsar la catequesis dándole la importancia que tiene en la vida pastoral. Se hace necesaria esta formación desde los seminarios y casas de formación religiosa.
31. En general existen en nuestros países buenas estructuras catequísticas, sin embargo es preciso consolidar estructuras catequísticas diocesanas y parroquiales, ayudadas por estructuras zonales y nacionales para lograr una más efectiva organización y unidad de la catequesis. Ade­más, hace falta que esta acción pastoral incida más en la realidades históricas y culturales, capaz de una transformación de las culturas desde los valores evangélicos.
32 Existe una gran variedad de textos y publicaciones que no responden al deseo de creatividad ni al necesario proceso de inculturación que pide la Iglesia. Continuar con la elaboración de subsidios adecuados sigue siendo una necesidad urgente.
33. El CELAM, en su Consejo de presidencia y por medio del DECAT, ofrece toda su simpatía a los catequistas de América Latina; reconoce su amplia, profunda e indispensable labor, sencilla y oculta, y se pone al servicio de las diferentes Conferencias Episcopales del Continente en este ramo tan importante de la Pastoral.
34. El fenómeno de la multiplicidad de ofertas religiosas exige reforzar la catequesis y brindar una mejor prepara­ción a los catequistas.
I. JESUCRISTO, CENTRO DE LA CATEQUESIS INCULTURADA
1.1 Jesucristo, Centro de la Catequesis
35. La centralidad de la persona de Cristo en la Catequesis ya había sido subrayada por el Directorio Catequístico General de 1971 (cfr. nn 21 y 40). Asimismo la Exhortación Catechesi Tradendae, que recoge las conclusiones de la IV Asamblea General del Sínodo de Obispos, reafirma este cristocentrismo de toda Catequesis auténtica: “Hay que subrayar, en primer lugar, que en el centro de la catequesis encontramos, esencialmente una persona, la de Jesús de Nazareth” (n. 5)
36. Este rasgo definitorio de la Catequesis va a ser remarcado asimismo por la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Puebla (cfr. DP 980). También es señalado por el Documento Líneas Comunes de orientación para la Catequesis en América Latina en su num. 17. Y la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada hace dos años en Santo Domingo, con el lema “Jesucristo ayer, hoy y siempre”, coloca a Cristo en el centro de la Evangelización y de la Catequesis (cfr. DSD nn. 33,49 y 239).
37. Finalmente, el Catecismo de la Iglesia Católica ratifica el cristocentrismo como un rasgo esencial de la Cateque­sis, e invita a los Catequistas a centrar su propia vida y sus enseñanzas en el mismo Jesucristo (cfr. CATIC nn. 426‑429).
1.2 ¿Cómo centrar la catequesis en Cristo?
38. Es posible que a algunos les parezca innecesario volver a exponer la necesidad de centrar la Catequesis en Cristo. Sin embargo la experiencia nos demuestra que a pesar de que todos los documentos catequéticos señalan este principio, en la práctica sigue presente el riesgo de centrar la catequesis en otras cosas: proselitismo de grupos, la propia comunidad, etc.
39. Se debe evitar el riesgo de confundir “centralidad” con sustitución de Dios por Cristo. Eso sería traicionar al propio Jesús, cuya misión se centró en mostrarnos el verdadero rostro de Dios, en manifestarlo a El como Padre (Lc 10,22), en darnos a conocer sus designios sobre la creación y los seres humanos en particular.
40. No se trata simplemente de hablar de Cristo. La Cate­quesis tiene que ir mucho más allá. Tiene que hacer presente a Cristo, el Hijo de Dios, el Maestro, dejarle hablar, ya que, como dice bellamente Juan Pablo II, “es El mismo quien enseña” (Cf CT 6‑8). Así quien habla de Cristo ha de transparentarlo en su vida.
41. La catequesis, por tanto, tiene que posibilitar la experiencia del encuentro vital con la persona de Jesús, el Cristo resucitado, Señor de la historia. Actualizar en los catequizandos la misma experiencia vital que tuvieron quienes vieron el sepulcro vacío, quienes comieron y bebieron con él después de la resurrección, de manera que poco a poco la vida de los cristianos se vaya convirtiendo en un “vivir en Cristo”.
42. Por eso la Catequesis no puede limitarse a uno o varios momentos de la vida del creyente, sino que tiene que ser un itinerario permanente que lleve, por etapas, a una adhesión personal y definitiva a la persona de Jesucristo, y a la inserción activa y solidaria en una comunidad eclesial concreta y un compromiso por inculturar a Cristo en todos los ambientes de la vida privada y pública, resaltando la solidaridad con nuestros hermanos en todos los campos y un compromiso por la justicia social.
43. A través de ese itinerario se va realizando el proceso de inculturación del Evangelio como Jesús lo realizó con sus oyentes: un itinerario que parte del anuncio de la Buena Nueva del Reino, se promueve con el testimonio alegre y termina con la transformación de la realidad, en el horizonte de la plenitud del Reino anunciado.
1.3 Imágenes de Jesús inculturadas en nuestro pueblo
44. Las imágenes de Cristo que venera nuestro pueblo Latinoamericano son de una gran riqueza y, sobre todo, muy diversas, ya que se identifican con la edad y situación de cada persona, de cada comunidad y de cada país.
45. Podría decirse, simplificando un poco, que existen varias expresiones de Cristo: destacando la del Jesús que emociona, que conmueve, que ayude a soportar el dolor y las situaciones de necesidad en que viva el pueblo, pues con su dolor y su muerte en la cruz nos ha redimido y llevado a la resurrección. Así, Jesucristo compromete y exige una respuesta hacia los demás.
46. Se acentúan de esta manera rasgos del Evangelio como la pobreza de Cristo. El sometimiento en que vivía Jesús niño a sus padres. La aceptación de la muerte por parte de Jesús y su obediencia al Padre es camino de su resurrección; y por ello “Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo Nombre” (Fil 2,9).
47. Entre los niños prevalece la imagen del Jesús que se muestra bondadoso y condescendiente con los niños.
48. Entre los jóvenes aparece la imagen del Jesús amigo, simpático y alegre, capaz de liderar a los pobres y marginados, que se manifiesta frecuentemente en los cantos religiosos juveniles.
49. Entre los adultos laicos, en los primeros movimientos renovadores actuales que surgieron en el seno de la Iglesia, se proclamó de manera particular a Jesús como “Hermano”, “el Hermano Mayo”. Y se asimiló en parte de ellos.
50. El Cristo sufriente resalta como respuesta al sufrimiento del pueblo latinoamericano, lo que hace que la religiosi­dad popular tenga predilección por imágenes como “el Nazareno”, “El Crucificado”, el “Cristo de los azotes”, “el Cristo de la Santa Urna”, el “Señor Buen Jesús”; sin descuidar la esperanza de la resurrección en la que cree firmemente y que se expresa también en imágenes de Cristo resucitado y de la exaltación de la Santa Cruz.
51. La predilección de nuestros pueblos por devociones como el Vía Crucis, las Siete Palabras muestra una fe que podríamos llamar “del Viernes Santo”, quedando en un se­gundo lugar la celebración de la Pascua.
52. En las últimas décadas se ha tomado más conciencia de Cristo como “Siervo de Yahvé”, propiciándose así una espiritualidad de “servicio” y la opción de “una Iglesia servidora que prolonga a través de los tiempos al Cristo-Siervo de Yahvé por los diversos ministerios y carismas” (DP 1363).
53. Aparece, también, entre los movimientos contemporáneos, la figura de “Cristo el Señor”, “el Cristo Glorioso”, espiritual, sanador, cercano, viviente y actuante en los individuos, las familias y la historia.
54. Más recientemente, como resultado del desarrollo de las Teologías de la Liberación, ha aparecido una imagen de “Cristo Liberador”, que manifiesta la solidaridad de Dios con el pobre.
55. Existe una arraigada devoción entre nuestro pueblo a la Santísima Eucaristía, que brota desde la fe firme en la presencia real de Jesucristo en ella. Se señala también la fe del pueblo en la S. Misa como sacrificio de Jesucristo y su insistencia en el máximo valor de la misma.
56. Finalmente hay que señalar la exaltación de la imagen de María, la madre del Señor, como madre de todo el pueblo de Dios, que nos conduce a Jesucristo. Aparece también como modelo de la mujer comprometida para todos los que oyen y cumplen la palabra de Dios. Hay en algunos casos una catequesis insuficiente sobre la Bienaventurada Virgen María, que deja de lado la figura de Jesucristo.
1.4 Algunos principios de inculturación usados por Jesús
57. El reto que tenemos por delante es grande: presentar a Jesús y su Buena Noticia a través de una Catequesis inculturada, es decir optando por el respeto y aceptación de la gente de nuestro pueblo y su cultura, como hizo el mismo Jesús, asumiendo su religiosidad para, desde ahí, hacer posible el encuentro de cada uno con Jesucristo, como indica Catechesi Tradendae 53.
58. Para eso es necesario que los evangelizadores aprendamos a presentarnos modestamente “en silencio y con los pies descalzos”. Actuar, como hizo el Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación, sin imposición, sin irrupción violenta, respetando el proceso personal de la vida de María, respondiendo a sus interrogantes, esperando su respuesta. Este es el reto que tenemos que afrontar y que va a exigir de todos nosotros una preparación adecuada.
59. “Quiso Dios con su sabiduría y bondad, revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad por Cristo, la palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina” (DV 2). Jesús empezó a hacer y enseñar (cfr. Hch 1,1) desde la cotidianidad de la vida del pueblo.
60. Jesús hablaba del amor y la ternura del Dios que nos salva, no con palabras rebuscadas ni en lenguaje subli­me, lo hacía con el lenguaje popular y las palabras apren­didas de sus padres y con gestos concretos de acogida, atención y servicio.
61. Para hablar del Reino de Dios, recurrió a la sabiduría de los sencillos, haciendo comprender los misterios del Reino con los ejemplos y comparaciones que todos entendían.
62. Es plenamente consciente, desde el principio, de que su Buena Noticia tiene unos destinatarios preferenciales: “evangelizar a los pobres, predicar la libertad a los cautivos, devolver la vista a los ciegos, liberar a los oprimi­dos y anunciar que el tiempo del cambio ya está iniciado”.
63. Jesús conocía para qué sirve la sal, el fermento y el aceite, el vino y la harina, la red y las barcas de pescadores, la lámpara que se enciende a la caída del sol y son estos los signos y los recursos que él usó para dar a entender que las cosas tienen que cambiar, que nosotros tenemos que cambiar si queremos hacer las cosas “como Dios manda”.
64. Se alegró con la fiesta de las bodas de Caná, ofreció el mejor vino, gozó la fragancia del perfume que derramó en sus pies María, compartió la comida y el descanso con sus doce amigos a los que enseñó a lavar los pies. Abrazó a los niños, tocó a los leprosos y se compadeció de todos. Lloró por la muerte de su amigo Lázaro, se entristeció por el joven que fue vencido por su egoísmo y no fue capaz de dejar sus riquezas para seguirlo.
65. Asumió el dolor y la muerte como consecuencia del pecado personal y social, dándoles un sentido de redención y liberación, que abre el camino a una Vida plena.
66. Resucitado, su figura siguió sencilla, cercana y fiel: lo reconocieron sus discípulos en la fracción del pan. Les invitó a tocarlo y a comer con ellos, y a los doce les confió la misión que el Padre le había confiado.
67. Para prolongar su misión en la Historia, extendiéndola en el tiempo y en el espacio, escogió a doce hombres sencillos, quienes supieron repetir fielmente, en situaciones muy distintas, el modelo de evangelización inculturada que el mismo Jesús es en su persona.
68. Los catequistas debemos aprender de Jesús, que tan bien nos habló de las cosas de su Padre con su Vida y con su Palabra, a transformarnos en El, para poder llevarlo al corazón y a la cultura de nuestro pueblo.
II. MEMORIA HISTÓRICA DE LA

INCULTURACION DE LA CATEQUESIS


  1. La catequesis inculturada no es una moda de fines del Siglo XX. No arranca del vacío, de la nada. La “Memoria histórica” de los 500 años de la evangelización de nuestro continente nos muestra logros importantes de inculturación del Evangelio, inspiradores para nuestro trabajo hoy y faltas que nos ponen en guardia para no repetirlos. El logro más profundo de la tarea evangelizadora es la realidad de la fe en nuestros pueblos, fruto de una sabia y profética inculturación del Evangelio, que ha pasado a ser parte esencial de la vida y costumbres de nuestros pueblos y ha aflorado en la presencia de cientos de miles de catequistas que han entregado su vida a un abnegado e inmenso trabajo evangelizador.


2.1 Datos de la historia
70. Ante todo conviene reconocer los valores existentes en las culturas indígenas, su sentido comunitario de la vida, amor a los niños y a los ancianos, las celebraciones participativas, la danza, la música, el amor a la tierra y la apertura a lo trascendente.
71. La evangelización fue una obra conjunta de todo el pueblo de Dios, de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos. Los medios pastorales fueron el testimonio de una entrega total en un desprendimiento radical unidos a una incansable predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, la catequesis, el culto mariano, la práctica de las obras de misericordia, la denuncia de los injusticias, la defensa de los pobres y la especial solicitud por la educación y la promoción humana (cf SD 19). Se emplearon muchos recursos pastorales como canto, música, teatro, pintura, etc.
72. Los primeros misioneros de América Latina, cuyas huellas hemos de seguir, tuvieron desde el principio una clara conciencia de su misión. El evangelizador ha de elevar al ser humano proporcionándole la fe en Cristo Salvador.
73. Los grandes evangelizadores defendieron los derechos y la dignidad de los aborígenes, y censuraron los atropellos cometidos contra los indios en la época de la conquista.
74. En cuanto a la inculturación del Evangelio destacamos el esfuerzo hecho por los misioneros, que apreciaron las culturas indígenas y estudiaron sus lenguas frente a la mentalidad común de la época. Formaron misioneros indígenas, que propagaron el Evangelio en sus propios pueblos.
75. En la Virgen de Guadalupe se nos ofrece un ejemplo de evangelización perfectamente inculturada; en Ella se encarnaron auténticos valores indígenas que estuvieron presentes desde el principio de la evangelización del nuevo mundo.
76. Vale la pena recordar los dos métodos utilizados en la Evangelización: el de la persuasión y el de la tábula rasa. Muchos misioneros emplearon el método de la persuasión reconociendo las “semillas del Verbo” presentes en las culturas autóctonas y respetando la libertad de los indígenas para abrirse al mensaje del Evangelio. Lamentablemente muchos otros utilizaron el método de la tábula rasa, que respondía a la lógica del sistema colonial desconociendo las “semillas del Verbo” y tratando de arrancar las raíces culturales.


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