Hacia una catequesis inculturada


C. EL SURGIMIENTO DE NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS



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C. EL SURGIMIENTO DE NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS
Como consecuencia del vacío de Dios, asistimos también al surgimiento de nuevos movimientos religiosos y de falsos mesianismos, así como de fenómenos de ocultismo, brujería y espiritismo. Todo esto, en el marco de una cultura de violencia, muerte, y manipulación de la vida.
Se trata de un fenómeno generalizado en América latina y, por ahora, no parece disminuir el crecimiento de los NMR. Según Francis Cardenal Arince, presidente del Consejo Pontificio para el diálogo inter religioso, “los NMR indican que existen problemas espirituales que no han sido identificados o que la Iglesia y otras instituciones religiosas no han percibido o a las cuales no han sabido responder” (Consistorio - abril 91).
Según el mismo Cardenal los NMR se aprovechan de ciertos puntos débiles de nuestra pastoral. Y entre estos puntos menciona la escasez de sacerdotes, la ignorancia religiosa, la indiferencia o falta de conciencia misionera, una vida incoherente, parroquial demasiado grandes y la consiguiente ausencia de sentido real de pertenencia afectiva, la marginación de los laicos, una liturgia fría y rutinaria, la falta de inculturación real, homilías intelectuales que no apuntan a una adhesión personal a Cristo. Ya añade el Cardenal: “No se tendría que olvidar la dimensión de la experiencia religiosa en esta presentación del cristianismo. No basta con dar a la gente informaciones intelectuales. El cristianismo no es ni un conjunto doctrinal ni un sistema ético. Es una vida en Cristo, vivida a niveles cada vez más profundos” (Ibid).
En el mismo consistorio Miguel Cardenal Obando y Bravo de Managua, afirmaba que la gente tiene necesidad de un sentido comunitario, de tener una experiencia religiosa, de ser reconocida y tener una atención personalizada.
El Arzobispo de Madrid, Angel Cardenal Suquia Goicoechea menciona como “causas sicológicas la inseguridad, la angustia y el miedo M hombre de hoy ante la crisis de valores y los cambios rápidos y profundos que se producen en la sociedad contemporánea, la lucha despiadada por sobrevivir”.
Godíned Cardenal Danneels, Arzobispo de Malinas ‑Bruselas también tocó el tema en una carta pastoral (Navidad 90) en la cual afirma que los NMR están “cobrando las cuentas impagas” de la Iglesia Católica. Y cuando describe esta situación como un desafío pastoral afirma:
“Tendremos que pensar en transformar nuestras comunidades parroquiales en lugares de fraternidad, de ayuda mutua, de lugares de calor y de esperanza, de comunidades a medida humana. Hoy en día el trabajo pastoral carece muchas veces de acercamiento personal, de individualización ...”
“... Conviene crear lugares de escucha, en los cuales las confidencias de cada uno son atendidos, discretamente, pero de manera eficaz ...”
“... La comunidad, además, debe ser misionera: no encerrada en sí misma, sino preocupada también por aquellos que están afuera, los que no saben gran cosa acerca de lo que se pasa dentro de la Iglesia. ¿Habrá que pensar una especie de “comunidad de base” adaptada a nuestra situación? ¿Una práctica renovada de la visita a domicilio de parte de laicos y sacerdotes? ¿Una pastoral de barrio y zona?... Hay que encontrar algo nuevo a fin de personalizar el acercamiento pastoral ...”
“... Entre su nacimiento y su muerte cada hombre recorre como peregrino su camino inédito: ¿quién te pone en la mano el bastón que lo ayudará a avanzar? ¿Quién lo ayudará a comprender de manera nueva las verdades viejas, a ubicarlas dentro de un nuevo contexto de pensamiento, a reformularlas?
“... El carácter caluroso de una liturgia no proviene en primer término de lo que se hace, sino de la manera de la cual se hace. Porque los cantos y gestos clásicos de golpe se vuelven vivos en las palabras y los gestos del celebrante profundamente creyente y en comunión con su comunidad, así como vivirán en los labios y en las actitudes de una comunidad entusiasta en la fe
“... La liturgia también debe ser recibida por los participantes ... Una alegre creatividad, sostenida por la confianza en la fuerza de los signos simples. La música es de una importancia decisiva ...”
“... debemos salir de los espacios tradicionales para nuestra liturgia y nuestras oraciones. Quizá hasta ir a la calle ...”
“... la predicación a menudo está por debajo de lo que debería estar: tan poco bíblica, demasiado intelectual o demasiado moralizadora, dimensión exclusivamente horizontal: se escucha tan pocas veces hablar de Dios ...”
“... Los sacerdotes deben ser hermanos, guías, consoladores: y ante todo, hombres de oración...”
“... Las sectas sin embargo implican un desafío para la Iglesia y su pastoral: ponen de manifiesto las enfermedades espiri­tuales de nuestro tiempo, indican los semi‑remedios incluso a veces una verdadera terapia, que existe de hecho en el seno de la Iglesia grande, pero que está sub‑empleada por ella. Sí, las sectas a menudo nos envían nuestras propias facturas impagas”.
Conviene formular sugerencias operativas para la pastoral catequística, especialmente en cuanto:
 la pertenencia cordial a la Iglesia
 la apertura a la “experiencia” religiosa y la afectividad
 el acto de fe y el anuncio kerymático
 la homilética
 la comunidad misionera
 nuevas estructuras y formas...
D. LA RELATIVIZACION O NEGACION DE TODA CERTEZA
Dentro de las tendencias culturales actuales hay ciertas corrientes posmodernas, que con su atmósfera de nihilismo y relativismo, profesan la negación de toda certeza y fundamento último de las cosas. Se manifiestan en una marcada inclinación hacia el relativismo y a la eliminación práctica de toda afirmación objetiva o absoluta. Las opiniones de especialistas en todos los terrenos del saber y del hacer humano y es una de las características de ciertas corrientes pos modernas que se van extendiendo.
El resultado es que cada uno termina considerando su propia objetividad como la verdad objetiva, cada uno tiene su verdad y, al final todo se vuelve relativo: al abundar las verdades absolutas individuales desaparecen. La Verdad y su búsqueda como derecho fundamental del hombre y base de la convivencia humana (ver Sínodo 77 y CT 14). Esta misma realidad suscita a veces reacciones que absolutizan de tal forma que no hay más lugar para el acto constante de fe: hay una tendencia al fanatismo religioso que es contrario a la fe; ésta, como don de Dios, lleva al hombre a convicciones de fe, pero no elimina la duda. El fanatismo considera la pregunta como una falta de fe y la pluralidad como un pecado a superar.
Al mismo tiempo en la práctica, no existen más palabras ni compromisos absolutos o definitivos. El si de hoy puede ser uno de mañana. El abandono del ministerio sacerdotal y las separaciones matrimoniales de hecho son, antes que un problema moral, un desafío en el terreno de la cultura que manifiesta, en cuanto cultura “universal”, características de adolescente: adolece de todo absoluto...
Frente a esta realidad, en el terreno de la fe se perciben vanas reacciones, desde un fundamentalismo a ultranza hasta una relativización de la misma fe o incluso de la persona de Cristo como su fundamento.
El fundamentalismo se manifiesta cuando se percibe a la Iglesia como la “dueña” de la verdad y esta se presenta al mundo como si se tratara de un conjunto de nociones claras, definitivas y estáticas, fundamentadas en la razón y en escritos; y los que no la aceptan son considerados como personas de mala voluntad, de absoluta falta de inteligencia o anormales.
La relativización se percibe cuando “se deja en silencio a Cristo... porque no puede ser comprendido por quien no profesa la fe cristiana, mientras que pueblos, culturas y religiones diversas pueden coincidir en la misma realidad divina, cualquiera que sea su nombre”. (RM 17).
Ambas tendencias tienen, en el fondo, la misma falta de origen: no tienen en cuenta que la fe es un don gratuito de Dios (que es el único absoluto) que implica un llamado y una tarea: ser instrumento, signo y principio de su Reino, o sea sacramento eficaz de lo absoluto. Y Dios da la fe y encarga esta tarea a quien quiere y elige para ello. Y la verdad es percibida desde esta fe como don, no desde la ciencia o la técnica; lo que implica que no se posee la verdad como si fuera un objeto, sino que ésta, al mismo tiempo es experimentada como fundamento vital y percibida como meta: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, los guiará hacia la verdad completa”.
Cuando hablamos de teología hablamos de la presentación y del estudio de Dios tal cual es; cuando hablamos de catequesis hablamos de la presentación de Dios según es capaz de verlo aquel que lo contempla, midiendo su manifestación según la debilidad de los catequizandos (ver cita de S. Juan Crisóstomo más arriba).
San Pablo se refiere a la misma realidad cuando afirma que “al presente vemos en un espejo en forma confusa, pero entonces será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces lo conoceré a él como el me conoce a mí”(1 Cor 13,12‑13).
El relativismo y la ausencia de toda certeza y verdad absoluta, igual que el secularismo, la injusticia y los NMR también están vinculados a la supra cultura en cuanto esta, por querer ser universal, raramente se define en el terreno de los valores: ella existe y subsiste siempre y cuando sea aparentemente aceptable por todos, y así termina sirviendo consciente o inconscientemente al que tenga la supremacía de poder y por ende promociona, aunque implícitamente, el relativismo.
Entre nosotros este relativismo se manifiesta de muchas maneras, en público y en privado. La opinión sobre la ingeniería genética o la fecundación in vitro etc. de un premio nobel de medicina, del Papa y del vendedor de periódicos son “tres opiniones”; y cada cual, en base a estas opiniones, se forma su propio criterio.
Para la Iglesia este relativismo es un desafío directamente en el terreno del mismo mensaje de salvación que, para el creyente, es verdad absoluta. Pero no debe confundirse con “la” verdad como si se tratara de un paquete recibido y a entregar, desconociendo la historicidad tanto del hombre como del mismo mensaje de salvación. Este es, de por sí, dinámico.
Creo que, en el terreno de la catequesis, la clave se debe buscar en la misma descripción de la catequesis hecha más arriba. Al tratarse de un camino de crecimiento y maduración en la fe en un contexto comunitario eclesial, habrá que ubicarse en el camino a la altura del catequizando, que muchas veces no suele ser el mismo que el del catequista.
La Iglesia está, gracias al Espíritu recibido, en camino hacia la verdad plena y cada integrante de ella participa de este “camino hacia”. Es tarea de la pastoral catequística (y por ende del catequista) intentar que el camino se ande en un contexto comunitario ‑ eclesial; quiere decir que, aunque el catequizando tenga su ritmo propio en su caminar, hay que hacer todo lo posible para que se haga camino juntos en la comunidad eclesial (ver Medellín VIII, 5).
Cabe recordar también que la Iglesia afirma que existe una jerarquía de verdades (DCG 43 y CATIC 90 y 234) y que el catequizando debe ser guiado respetando esta jerarquía: su caminar será acompañado desde lo más esencial hasta una profundización y ampliación cada vez mayor.
A pesar de todo lo mencionado queda en pie el problema o el desafío de la constante tendencia a la relativización. Creo personalmente que, esta relativización y constante puesta en duda de la certeza absoluta trae consigo, aunque sea de manera indirecta, una triple invitación histórica para la Iglesia que formularía de la manera siguiente:


  • Cómo buscar caminos de abandono del triunfalismo basado en la idea de la “posesión” de la verdad sin dejar de anunciar el Mensaje de Salvación como verdad;




  • Cómo llegar a un diálogo de culturas (entre nuestra cultura ancestral y la supra cultura universal) sin llegar a un renunciamiento de lo propio ni a un intento de imposición, ni a una yuxtaposición.




  • Cómo reconocer, en la mencionada supra cultura universal, las semillas del verbo.

Conviene formular sugerencias operativas para la pastoral catequística.


Referencias:
CATIC Catecismo de la Iglesia Católica

CT Catechesi Tradendae

DCG Directorio Catequístico General

DM Documento de Medellín

DP Documento de Puebla

DV Dei Verbum

ECC Ecclesiam Suam

EN Evangelii Nuntiandi

GS Gaudium et Spes

JEP Juntos para una Evangelización Permanente (Con­ferencia Episcopal Argentina)

LRI La liturgia Romana y la inculturación

LP Líneas pastorales para la nueva Evangelización (Conferencia Argentina)

RM Redemptoris missio
Sto. Dgo Documento de Santo Domingo

Diez claves articuladoras



para una Catequesis de la Promoción Humana”
Aporte de Bolivia a la II Semana

Latinoamericana de Catequesis
La perspectiva global de la promoción humana se ubica en una dinámica vigorosa de inculturación del Evangelio. Es decir creemos que no habrá verdadera catequesis y, por tanto, auténtica catequesis de la promoción humana, si no se considera en serio y en forma decisiva que tal promoción y catequesis deberá hacerse EN Y DESDE los hombres y mujeres, pueblos y culturas de nuestro continente. En otras palabras, sólo habrá un auténtico proceso de catequesis en clave de promoción humana, si dichos pueblos y culturas, se constituyen ellos mismos en SUJETOS y PROTAGONISTAS PRINCIPALES de su liberación integral en Cristo (cfr Puebla 1134 ‑ 1135) y, por tanto, de su catequización.
Este es el horizonte, el contexto de fondo, en el que ha de comprenderse y asumirse la propuesta de las 10 CLAVES ARTICULADORAS para una catequesis de la Promoción Humana.
1. UNA CLAVE TRINITARIA
Una Catequesis Promocional es y debe ser TRINITARIA: ha de contribuir pedagógicamente a la construcción de la comunidad cristiana y de una sociedad a imagen y semejanza de Dios, en la diversidad y comunión de las tres divinas Personas, produciendo unidad en la diversidad de la familia humana, comunión y participación creativa en la sociedad, y conduciéndola, junto con toda la historia y el universo, hacia su fin último: la reconciliación de todos y de todo con el Padre (cfr Puebla 1301 y Enfoque CEB 94; 1 Cor 15, 28).
En el Padre, que da principio a todas las cosas, la creación se hace paternal y maternal;
En el Hijo, que es revelación del Padre, cada criatura se hace huella de Dios, y su presencia crea relaciones fraternales constituyéndonos en hermanos y hermanas entre todos;
En el Espíritu Santo, que es amor y unión, las cosas, personas y pueblos del universo no están yuxtapuestos, sino ordenados al‑ amor y la comunión, energizados y vitalizados por el Espíritu, llegando así a la plenitud de su realización.
2. JESUS EVANGELIO DEL PADRE QUE REALIZA UNA MISION
Para revelarse como el Hijo del Padre, Jesús prefirió la práctica al discurso complicado. Realizó gestos liberadores, perdonó pecados y resucitó muertos. Con ello nos dio a conocer que fue enviado a realizar una misión. Esa misión es salvadora, es en beneficio de los otros, para cambiarlos y para cambiar su mundo y sus relaciones.
Jesús anuncia el Reino, como Buena Nueva de liberación para todos, especialmente para los pobres y marginados de la sociedad. El reino de Dios es una realidad en la que el mundo de los hombres sea según la voluntad y la realidad del mismo Dios: un mundo en el que vayan coincidiendo fraternidad humana y filiación divina.
Este es el Jesús de la Catequesis promocional y estas son algunas de sus consecuencias fundamentales: Si personas y comunidades siguen a Jesús, si anuncian el reino de Dios a los pobres; si buscan la liberación de todas las esclavitudes, si buscan que todos los hombres y mujeres, especialmente las mayorías crucificadas de este continente, vivan con la dignidad de hijos de Dios; si tienen la valentía de decir la verdad, que se traduce en denuncia y desenmascaramiento del pecado, y la firmeza de mantenerse en los conflictos y persecución que ello conlleva; si tienen el espíritu de Jesús, con entrañas de misericordia, con corazón limpio; si no aprisionan la verdad y la ocultan con la injusticia; si al hacer la justicia buscan la paz y al hacer la paz la basan en la justicia; si hacen todo eso siguiendo a Jesús y porque así lo hizo El, entonces tienen fe en Jesús y se realiza la promoción del hombre nuevo, a imagen de El que murió y resucitó para salvarnos (cfr Aporte CEB 290‑340).
3. EL ESPIRITU SANTO MISTERIO DE AMOR Y MOTOR DE LA LIBERACION INTEGRAL
Este Espíritu es la fuerza de lo nuevo y de la renovación de todas las cosas: crea orden en la creación, hace surgir al nuevo Adán en el seno de María, impulsa a Jesús a la evangelización, resucita al crucificado de entre los muertos, anticipa a la humanidad nueva en la Iglesia y nos trae, al final de los tiempos, el nuevo cielo y la nueva tierra, auténtica meta de la promoción humana.
El Espíritu es quien actualiza en nosotros la memoria de Jesús, el liberador y anunciador del Reino de Dios. El no deja que la palabra de Dios sea letra muerta, sino una fuerza viva y vitalizante que nos hace descubrir nuevos significados para hoy y nos da el valor para llevarla a la práctica, a la transformación de toda la realidad.
El Espíritu se derramó sobre todos, y habita en el corazón de las personas, dándoles entusiasmo, coraje y decisión. El consuela a los afligidos, mantiene viva y operante la utopía del Reino en las mentes y corazones humanos. El nos capacita y nos moviliza para vivir el amor, la comunión, la esperanza y la fe en su auténtica y genuina realidad. Sólo así habrá una verdadera relación entre Catequesis y promoción humana, entre el anuncio de la verdad y la realización de la misma en la historia concreta..
4. EL REINO DE DIOS MISTERIO Y FUERZA OPERANTE EN LA HISTORIA
Jesús centra su acción evangelizadora en el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios. Por eso Paulo VI nos dice: “Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo el reino, el Reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en lo demás que es dado por añadidura” (EN 8).
En el cómo lo anuncia concretamente Jesús, vemos que el Reino de Dios se acerca como salvación objetiva de necesidades reales, como liberación del pecado, del demonio, de las enfermedades y de toda otra forma de esclavitud. Y este Reino, expresado en la Escritura, se presenta abarcando tres dimensiones: 1) la dimensión personal: es la liberación del pecado personal, la gracia de Dios; 2) la dimensión social e histórica: es la liberación de los males estructurales, del pecado estructural, es decir la implantación de la justicia histórica; 3) la dimensión escatológica: es la liberación de la muerte, es decir, la resurrección de los muertos y la vida eterna.
A la luz de este misterio del Reino, la Catequesis se presenta como un ministerio que ayuda a las personas y pueblos a iniciarse en su conocimiento, a asimilar su realidad y comprometerse a hacerlo patente en la historia con hechos y palabras (cfr Aporte CEB 303‑320).
5. LA COMUNIDAD ECLESIAL Y SU DIMENSION DIACONAL EN LA REALIDAD
El servicio liberador de la comunidad cristiana en el mundo está en el corazón del acto catequético y es verificación histórica de su fidelidad a Cristo, al Reino que El anuncia y a la realidad en donde le toca actuar, testimoniar y vivir.
Es tarea de la Catequesis, sobre todo de una catequesis situada en el contexto latinoamericano, iniciar a los cristianos en la diaconía eclesial en todas sus implicaciones y niveles operativos. Los Padres Sinodales en 1977 nos decían: “Uno de los cometidos principales de la catequesis es suscitar eficazmente formas nuevas de serio compromiso, especialmente en el campo de la justicia” (Sin 77,10). Por esa misma razón, la catequesis “no sólo en su contenido, sino en su propia pedagogía, posee un carácter concientizador, liberador, crítico de la sociedad actual y constructor de formas más humanizadas de convivencia, poniendo de relieve la fuerza transformadora del Evangelio” (CELAM, Líneas comunes, 16).
Sin este servicio eficaz, la comunidad eclesial deja de ser sal y levadura en la masa, para constituirse en campana que suena en el vacío y en obstáculo a la fe para los hombres y mujeres de hoy que son llamados a conocer y apropiarse de las riquezas del Reino de Dios.
6. LA OPCION POR LOS POBRES: CRITERIO EVANGELICO PARA UNA CATEQUESIS DE LA PROMOCION HUMANA:
El Vaticano II nos recuerda: “Como Cristo efectuó la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación ... Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos (Lc 4,18), para buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19,10); de manera semejante la Iglesia abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo ... De esa forma la Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que El venga” (LG 8; 1 Cor 11,26).
Y los Obispos Latinoamericanos en Puebla no son menos explícitos: “Acercándonos al pobre para acompañarlo y servirlo, hacemos lo que Cristo nos enseñó, al hacerse hermano nuestro, pobre como nosotros. Por eso el servicio a los pobres es la medida privilegiada aunque no excluyente, de nuestro seguimiento de Cristo. El mejor servicio al hermano es la evangelización (por consiguiente la catequesis), que los dispone a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente (P 1145; Aporte CEB 337).
Una catequesis con rostro latinoamericano, no puede excluirse de esta opción evangélica por los pobres, y, por consiguiente, no puede ignorar esta dimensión en su práctica concreta sin faltar gravemente a su ministerio real.
7. SUPERACION DE LAS DICOTOMIAS FE VIDA/ HISTORIA HUMANA ‑ HISTORIA DE LA SALVACION:
Una insistencia frecuente del Magisterio Eclesial Latinoamericano es el de respetar y asumir la unidad profunda que existe entre historia humana e historia de la salvación, y, por consiguiente, la tarea de superar la división maniquea entre fe y vida.
La Iglesia en Medellín nos recordaba: “Se debe manifestar siempre la unidad profunda que existe entre el Proyecto Salvífico de Dios, realizado en Cristo, y las aspiraciones del hombre; entre la historia de la salvación y la historia humana; entre la. Iglesia, Pueblo de Dios, y las comunidades temporales; entre la acción reveladora de Dios y la experiencia del hombre; entre los dones y carismas sobrenaturales y los valores humanos” (Medellín 8,4).
Por no haber existido con suficiente fuerza y dinamismo una síntesis real entre fe y vida, hemos tenido que constatar lamentablemente lo siguiente: “Sin duda, las situaciones de injusticia y de pobreza aguda son un índice acusador de que la fe no ha tenido la fuerza necesaria para penetrar los criterios y las decisiones de los sectores responsables del liderazgo ideológico y de la organización de la convivencia social y económica de nuestros pueblos. En pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia” (Puebla 437).
Una catequesis de la promoción humana ha de tener vivamente presente en sus itinerarios formativos y en su metodología esta realidad negativa que está frenando un verdadero proceso de educación integral en la fe de la persona y de las comunidades.
8. LA PROMOCION DE LA JUSTICIA. EXIGENCIA ESENCIAL DEL MENSAJE EVANGELICO
El Papa Juan Pablo II nos recordaba, hace ya unos quince años, lo siguiente: La catequesis ha de tener cuidado “de no omitir, sino iluminar como es debido, en su esfuerzo de educación en la fe, realidades como la acción del hombre por la liberación integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna, las luchas por la justicia y la construcción de la paz” (CT 29).
Es en la práctica del amor‑justicia que se da la correcta correspondencia al Reino de Dios, porque a través de ella y, en último término, sólo a través de ella realizan los hombres la voluntad de Dios, se hacen afines a la realidad de su Misterio ... del cual conocemos algunos rasgos por la Sagrada Escritura: bien que se le describa como creador, es decir, dador de vida; bien que se le describa como el liberador de su pueblo de la esclavitud de Egipto; bien que se le describa como la justicia puesta en vigor; bien que se muestre al Padre misericordioso o madre amorosa; bien que se le dé a conocer como AMOR ... todas estas descripciones apuntan a lo fundamental de su contenido: Dios no es un ser egocéntrico, sino que sale de sí mismo para amar, recrear, salvar, liberar y humanizar a los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares.
En este contexto, entendemos por justicia aquel tipo de amor que busca eficazmente humanizar, dar vida y darla en plenitud a las mayorías pobres y oprimidas de la humanidad (cfr Jn 10, 10; Aporte CEB, 328‑340).
Y por esa razón, la catequesis se presenta aquí como aquel esfuerzo de la comunidad cristiana por iniciar a sus miembros en la promoción de la justicia, como exigencia esencial del mensaje evangélico.


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