Hacia la inclusión de una mirada gestáltica en la sociología de las emociones



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Hacia la inclusión de una mirada gestáltica en la sociología de las emociones
Minerva Rojas Ruiz

México


Universidad Nacional Autónoma de México.

Introducción
La sociología de las emociones, en tanto estudia cómo los procesos sociales se inscriben en los cuerpos, podría verse beneficiada por la inclusión de una mirada interdisciplinar que considere las teorías psicológicas que se concentren en el trabajo con los procesos corporales. Tal como señala Pierre Bourdieu, “aprendemos por el cuerpo. El orden social se inscribe en los cuerpos a través de esta confrontación permanente, más o menos dramática, pero que siempre otorga un lugar destacado a la afectividad y, más precisamente, a las transacciones afectivas con el entorno social” (Bourdieu, 1999, p.186). Es en el cuerpo en donde se asienta la historia personal, una historia que no puede ser leída sin el contexto que nos lleva a ser/actuar de diversos modos (lo que él llama la hexis corporal) en circunstancias específicas. La historia individual, que es siempre producto de la interacción social, a su vez produce Historia, y esa historia se muestra mutuamente a los otros y reconfigura a través del cuerpo. Es decir, al estar en relación con otros, somos estructurados en nuestras prácticas y estructuramos las ajenas.
En ese sentido, resulta de gran utilidad un acercamiento al Enfoque Gestalt, que es parte de los enfoques humanistas de psicología y psicoterapia, y cuyo trabajo se concentra en el surgimiento de las emociones, su manifestación corporal, y el modo en que la interacción social las detona y moldea. Una vía de acercamiento entre ambas disciplinas es la teoría de los campos —que es también una teoría de la práctica—, que desde la sociología desarrolló Pierre Bourdieu, y que tiene similitudes teóricas con la teoría gestáltica de campos, también llamada teoría del self. Si bien la sociológica es de amplia difusión en las ciencias sociales, la desarrollada desde el enfoque gestalt es prácticamente desconocida por los sociólogos. La idea de campos es retomada de Cassirer tanto por Bourdieu como por Kurt Lewin, cuyo trabajo, a su vez, es una de las fuentes de inspiración de la teoría de campos en el enfoque gestalt.1
El trabajo que se presenta es parte de una investigación en curso sobre las homologaciones entre ambas teorías y los aportes específicos la gestalt para el estudio de las emociones implicadas en los procesos sociales. Aquí se abordarán los conceptos de habitus y self; en este caso el tratamiento se hará a partir de “El conocimiento por cuerpos”, incluido en las Meditaciones pascalianas, de Pierre Bourdieu (1999), y del texto central del enfoque gestalt, Terapia Gestalt, excitación y crecimiento de la personalidad humana (Perls, Hefferline y Goodman, 2000) —conocido como PHG por las iniciales de sus autores, fundadores de dicho enfoque terapéutico—, particularmente retomando la tercera parte, “Teoría del self”. Se trata apenas de un esbozo sobre las convergencias entre ambos enfoques, con lo que se busca invitar a la inclusión de esta mirada en trabajos que desde las ciencias sociales impliquen un abordaje del cuerpo y las emociones. Pero además, dado que el enfoque gestalt es un enfoque terapéutico, puede dar algunas claves para el trabajo con respecto al sufrimiento psicosocial.

El habitus y el self, y la relación con el campo
El reconocimiento de los puntos de convergencia permitirá posteriormente retomar planteamientos de la teoría gestalt para estudios en los que el cuerpo y las emociones ocupen un lugar destacado, por ejemplo a través del trabajo con el ciclo de la experiencia, el ciclo del self y la observación de las fronteras del yo. Por ahora me limitaré a señalar que es posible establecer una homologación entre los conceptos de habitus (Bourdieu) y self (PHG), a partir de sus propiedades y de las implicaciones teóricas en su formulación.
Para Bourdieu, el habitus es un “sistema de disposiciones a ser y hacer” (1999, p. 197):

Estos sistemas de esquemas de percepción, apreciación y acción permiten llevar a cabo actos de conocimiento práctico, basados en la identificación y el reconocimiento de estímulos condicionales, y convencionales, a los que están dispuestos a reaccionar, así como engendrar, sin posición explícita de fines ni cálculo racional de los medios, unas estrategias adaptadas y renovadas sin cesar, pero dentro de los límites de las imposiciones estructurales de las que son producto y que los definen (Bourdieu, 1999, p. 183).


Por su parte, para el PHG el self es una función de contacto, lo que significa que (igual que el habitus) dispone a ciertos modos de ser y hacer; está comprendido por tres sistemas parciales: yo, ello y personalidad, que actúan conjuntamente. Aunque por razones de espacio no me extiendo en la explicación de cada uno, sí es necesario señalar que se llama self
al complejo sistema de contactos necesarios para el ajuste en un campo… El self integra siempre las funciones perceptivas y musculares y las necesidades orgánicas…Toda percepción y todo pensamiento [y acción] son algo más que meras respuestas: están dirigidos a la vez hacia el campo y al mismo tiempo provienen de él. (PHG, 2000, p. 188-190).
Del mismo modo, a las “estrategias adaptadas y renovadas” continuamente a las que alude Bourdieu, en gestalt se les llama “ajustes creativos”. También en dicho enfoque se niega que estas estrategias provengan del cálculo racional; por el contrario, el self reconoce estímulos, tal como en la definición bourdieusiana, pero además de generar identificaciones con ellos, en la teoría del self se señala que simultáneamente se llevan a cabo alienaciones: “no hay simplemente medios y fines… comprometido espontáneamente en una preocupación presente… el self no es consciente de sí mismo abstractamente, sino que toma consciencia de él cuando contacta algo… el Yo avanza haciendo las identificaciones y las alienaciones necesarias” (PHG, 2000, p. 194-195). Estas alienaciones e identificaciones (posibilitadas y limitadas por la experiencia, es decir por las estructuras de las que son producto) son las que generan acciones dirigidas al contacto, es decir, lo que Bourdieu llama actos de conocimiento práctico.
Una vez planteadas someramente las similitudes entre habitus y self, en adelante referiré conjuntamente ambos conceptos; a continuación señalaré brevemente algunas de las convergencias entre el enfoque bourdieusiano y el gestáltico, que permitan articular la posibilidad de incluir una mirada gestáltica en los trabajos sobre emociones en el ámbito social:
-Ambas afirman la existencia de un conocimiento práctico del mundo, elaborado socialmente, que se da a través del cuerpo y del modo en que en él se inscriben las estructuras sociales.

-Este conocimiento refiere a una comprensión inmediata del mundo (Bourdieu, 1999, p. 180) que predispone a los agentes sociales a sostener ciertos esquemas cognitivos, morales, gustos estéticos, registros corporales y acciones.

La particularidad de esta comprensión del mundo por el habitus es que se lleva a cabo sin “distancia objetivadora” (Bourdieu, 1999, p. 188). Para el enfoque gestalt, además, la puesta en movimiento del self implica un “compromiso con la situación”: “el sentimiento es inmediato, concreto, presente y comprende íntegramente la percepción, el sistema muscular y la excitación2” (PHG, 2000, p. 194).

La falta de distancia, que implica un acomodo inmediato del cuerpo a la situación, como sabiendo de antemano qué se tiene que hacer, es llamada awareness en la teoría del self. El awareness que es un conocimiento por el cuerpo, dado a través de las sensaciones y emociones, se presenta por oposición al consciousness, que implica una práctica reflexiva.

-En los dos casos hay una negación de las teorías de la acción racional: La práctica se orienta sin tener conciencia de ello ni hacer un cálculo. Las estrategias de los agentes “tienden a ajustarse espontáneamente” (Bourdieu, 1999, p. 184) o, como se señala en el PHG, “el self no conoce por anticipado lo que va a inventar” (2000, p. 183).

-En ambos casos se postula un ajuste entre el habitus/self y el campo. Ambos están relacionados, a través de la relación de “complicidad” entre la historia social inscrita en el cuerpo y las estructuras sociales que propician el desarrollo del propio habitus/self (es decir, “entre dos estados de lo social… la historia hecha cuerpo y la historia hecha cosa” [Bourdieu, 1999, p. 198]).

-En los dos se afirma una constante “actualización de las potencialidades de que está dotado su cuerpo [el del agente]” (Bourdieu, 1999, p. 197, itálicas propias). Esta actualización, en la teoría del self, es precisamente el ajuste creativo. (PHG, p. 183).

-En ambas teorías queda claro que el habitus/self, siendo un conjunto de disposiciones, no es, sin embargo, un destino: “la correspondencia entre las posiciones y las tomas de posición nunca tiene carácter mecánico y fatal” (Bourdieu, 1999, p. 199). El self “no es [un] receptor pasivo del entorno” (PHG, 2000, p. 183).

-El mecanismo de transformación del habitus/self es el desfase: “experimentado como sorpresa positiva o negativa, entre las expectativas y la experiencia” (Bourdieu, 1999, p. 196). El desfase lleva al agente a buscar nuevas resoluciones de la situación (PHG, 2000, p. 305).

En este punto cabe aclarar que para el enfoque gestalt la neurosis es entendida como un momento en el que el agente no comprende las especificidades de una situación y actúa en distintos campos como si se tratara del mismo, es decir, no ajusta su comportamiento al campo social en el que se encuentra (PHG, 2000, p. 192). De tal manera, ni modifica la situación ni ajusta su comportamiento a ella. En ese sentido, la neurosis sería entendida como una falla en la puesta en acción del sentido práctico.

-El modo de estar en el mundo de los agentes, su manera y grado de implicación en la relación es observable a través de la constitución de la fisiología secundaria, es decir, de lo que Bourdieu llama “las modificaciones corporales resultantes” (1999, p. 186).

Los constituyentes de la fisiología secundaria, que están mediados por las emociones, incluyen la postura corporal (encorvamiento, expansión, cabeza alta o gacha), el registro gestual, y aspectos que por efecto de repetición se vuelven relativamente permanentes (tensión muscular, uñas mordidas, ceño fruncido, mirada evasiva), o permanentes (una joroba, dientes faltantes, miembros amputados, uso de anteojos) todos los cuales nos dicen cosas sobre cómo el agente ha aprendido a —y puede— encarar al mundo y ajustarse a él. Dan cuenta de cómo se compromete el cuerpo en la relación. El compromiso del cuerpo implica siempre un compromiso emocional, que responde a y se origina en la relación con el campo. Un aporte de la teoría del self es su demostración de isomorfismos entre los modos de constitución de dicha fisiología secundaria y modos específicos de relación social. El sufrimiento social, por ejemplo, tiene su correspondiente con el sufrimiento emocional, percibido y experimentado a través del cuerpo.



La configuración del habitus/self desde la gestalt, y el sufrimiento psicosocial
El habitus/self se pone en marcha en términos de cinco mecanismos básicos que se entrelazan mutuamente, y que generan un conjunto de disposiciones cognitivas, morales y corporales, a partir de las cuales el agente, sin ser necesariamente consciente de ello, conoce y reconoce la situación específica y los modos de comportamiento admisibles frente a ella. Estos cinco mecanismos son la introyección, la proyección, la confluencia, la retroflexión y el egotismo. Por ahora me limitaré a señalar las características básicas de cada uno:
La introyección es la incorporación de esquemas de percepción, actitudes, modos de actuar, posturas corporales, aprendidos a través de la acumulación de experiencias, del modelaje, con o sin complementación verbal, con o sin coacción física específica de por medio (así se hace esto, esto no se hace). Lo fundamental es que para el agente cada uno de los introyectos asimilados es asumido como “lo natural”. La resultante es el habitus heredado (Bourdieu, 1999, p. 200).
La proyección implica la puesta de información fuera del agente, es decir, incluye tanto las planificaciones de sus propias acciones futuras como la anticipación espontánea de lo que los otros agentes van a realizar (si yo hago esto, el otro puede hacer/sentir/pensar esto otro). Pero también da cuenta de aquello que el agente no reconoce en sí mismo, sino que atribuye a los demás, en cuyo caso extremo lleva a un rechazo o una admiración (yo no soy esto que el otro sí es: lo rechazo o, por el contrario, quisiera serlo).
El tercer mecanismo, la confluencia, es observable en los rituales, y en grupos donde hay una gran identificación con los otros; el límite entre el sí mismo y los demás no es percibido con claridad (nosotros somos). En los casos extremos de confluencia, las diferencias se rechazan y se aliena al diferente. Un ejemplo de confluencia es aquella entre lo que Bourdieu llama “las expectativas colectivas” y las “expectativas o esperanzas introducidas en las disposiciones” (1999, p. 204).
Por su parte, la retroflexión es una reorientación de la actividad hacia el sí mismo. Cuando el agente se ve imposibilitado para llevar a cabo alguna acción (por ejemplo por el peligro para su posición que ella implicaría), dirige su energía y acciones hacia sí mismo. Es un acto de autodisciplinamiento (morderse los labios, apretar los puños, como modos de afrontar una rabia que no se puede decir, serían ejemplos de ello) (me hago a mí mismo lo que no puedo hacer a otros).
Finalmente, el egotismo es un intento de control: se busca la conquista del sí mismo y de los otros, a través de la fijación (supresión de la sorpresa), acumulación de conocimientos y objetos, creencias de autosuficiencia que en el extremo llevan al aislamiento con respecto a una comunidad (ejemplos de ello son la rigidez de los esquemas de percepción, y frases como no necesito ayuda, yo puedo solo).
Para la gestalt, cada uno de estos procesos es necesario para el funcionamiento óptimo del self. Por ejemplo: un cierto grado de introyección es necesario para el aprendizaje; el amor implica una proyección con respecto a las cualidades propias vistas en otro; la confluencia permite la cohesión social; la retroflexión permite el autocuidado y evita el choque violento con los otros; el egotismo evita el desborde emocional que se siente peligroso.
Es cuando estos esquemas se rigidizan, es decir cuando el sentido práctico se desajusta, que ocurre el sufrimiento psicosocial. Un agente puede verse excluido por sus pares o encontrarse a sí mismo rechazando a otros por poseer determinadas características. Una comunidad puede obedecer ciegamente a un líder con el que confluya. Una persona puede verse tan restringida en sus posibilidades de expresión que al retroflectar su indignación termine enfermando físicamente.
Frente a este sufrimiento, la gestalt propone —entre otras cosas— historizar los mecanismos aquí señalados; hacer patentes los postulados implícitos que guían la acción de los agentes; revisar cómo se decantan en el cuerpo a través de a) el registro de las emociones que los acompañan en un momento determinado, y b) el registro corporal que acompaña a esas emociones; llevar a cabo un desfase entre la expectativa y la experiencia (a través de la creación de lo que la propia gestalt llama situaciones de urgencia de alta intensidad en un ambiente seguro) que permita al agente simultáneamente poner en cuestión sus presupuestos, actualizar sus potencialidades, reconocer sus fronteras: en suma, desnaturalizar su habitus para poder actualizarlo.

Conclusiones
En este avance de investigación se han mostrado las convergencias entre el concepto de habitus, planteado por Pierre Bourdieu y el de self, de Perls, Hefferline y Goodman. El interés central es el planteamiento de —e invitación a— la posibilidad de establecer un trabajo interdisciplinario que acerque a la sociología de las emociones con el enfoque gestalt. Buscando que sea un abrebocas, he señalado cinco procesos desde los cuales se configura y reconfigura constantemente el habitus/self. El estudio de éstos puede ayudar a comprender los modos en que las emociones (vividas por y a través del cuerpo) estructuran procesos sociales y son estructuradas por ellos; pero también puede dar algunas claves sobre qué trabajos se pueden realizar para aliviar el sufrimiento psicosocial.


Referencias
*Bourdieu, P. (1999). “El conocimiento por cuerpos”. Meditaciones pascalianas. Barcelona: Anagrama.

*Bourdieu, P., Wacquant, L. (1995) Respuestas. Por una antropología reflexiva. México: Grijalbo.



*Perls, F., Hefferline, R. & Gooodman, P. (2000). Terapia Gestalt. Excitación y crecimiento de la personalidad humana. Madrid: Sociedad de Cultura Valle Inclán-Los libros del CTP.



1 Al respecto, Bourdieu señala: “Pensar en términos de campo significa pensar en términos de relaciones. El modo de pensamiento relacional… es, como lo señalara Cassirer en Substanzbegriff und Funktionsbegriff, la marca distintiva de la ciencia moderna… Lewin invoca explícitamente a Cassirer, como yo mismo lo hago, para superar el sustancialismo aristotélico que impregna espontáneamente el pensamiento del mundo social” (Bourdieu, Wacquant, 1995, p. 64).


2 El sentido del proceso de formación de una figura sobre un fondo en una situación de contacto (PHG, 2000, p. 190).


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