Guerra en laargentin a acción y práctica del terrorismo para la toma del poder



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3.3.6.5. Logísticos (en especial referidos a explosivos, armas y equipos)
Al inicio de su accionar dispusieron de armas de puño –la mayoría robadas− y pocas armas largas. Posteriormente, fueron aumentando sus arsenales con armas automáticas y explosivos suficientes para los operativos importantes que realizaron, en los que también dispusieron de adecuados elementos de control y comunicaciones.
El robo de armas a policías, el ataque a dependencias de las fuerzas de seguridad y a unidades de las fuerzas armadas para obtener armas, proyectiles, explosivos y equipos eran parte de su doctrina de abastecimiento ya que: no erogaban recursos financieros, entrenaban y comprometían a su personal y obtenían réditos psicológicos y de propaganda. En el ataque y fallido copamiento al Batallón de Arsenales 601 del Ejército en Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975, durante un gobierno constitucional, el PRT-ERP atacó la unidad con alrededor de 300 combatientes (libro Monte Chingolo, escrito por el ex terrorista Gustavo Plis-Sterenberg) con la finalidad de robar veinte toneladas de armas y municiones, pero no logró su objetivo y dejó alrededor de noventa muertos.

Esa misma organización también había instalado una fábrica de pistolas ametralladoras bautizadas «JCR-1» (en referencia a la «Junta Coordinadora Revolucionaria»), que fue detectada, ubicada y neutralizada por las fuerzas legales.

Santucho «comandante en jefe» del ERP, luego de los primeros prototipos de esa arma, también «ordenó el estudio de factibilidad para la producción de fusiles automáticos, ametralladoras y morteros» (Luis Mattini, reemplazante del nombrado, a su muerte, en el libro Hombres y Mujeres del PRT-ERP).

Montoneros, por su parte, a mediados de 1974, había desarrollado y comenzó a fabricar en 1975, armas antiblindadas (con carga hueca), granadas y pistolas ametralladoras, montando –además− cinco fábricas de explosivos plástico C2, exógeno de muy buena calidad. Dos de ellas fueron trasladadas posteriormente e instaladas en el extranjero (una de ellas en Palestina).


También instaló una radioemisora de Onda Corta en Costa Rica para transmitir a todo el continente Americano sus proclamas y otras informaciones de los «movimientos revolucionarios de América», además de perfeccionar unos pequeños equipos que permitían interceptar en nuestro país las emisoras de TV en un radio de aproximadamente 250 metros, para transmitir –en audio− mensajes de propaganda (iban montados en vehículos para evitar su pronta detección y neutralización). Los equipos eran denominados Radio Liberación y la sigla: RL-TV.

También constan referencias sobre logística, en la ya nombrada «Sentencia» dictada por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal (Causa 13) Cap. II. Cuestiones de hecho, en donde, luego de recordar que estas organizaciones consumaron 2438 robos de armamentos y explosivos dice:



Cabe destacar finalmente que para el adecuado uso de dicho arsenal los elementos subversivos eran adiestrados práctica y técnicamente, se hallan adjuntos a f. 239/243 del cuaderno de la defensa de Galtieri, los siguientes textos:


  1. Manual Popular de Caños Incendiarios del Ejército Montonero en el que se instruía sobre la fabricación y uso de tales elementos.




  1. Reglamento del Uso del Lanzagranadas SFM/LG22MP




  1. Cartilla sobre Seguridad y Armas de Uso Defensivo




  1. Manual de Identificación de los Elementos de la Granada SFM/G5




  1. Cartilla sobre Explosivos y Armas Químicas




  1. Manual de Instrucción de las Milicias Montoneras que contiene una cartilla sobre armamentos e instrucciones básicas de Tiro y Portación de armas, y un cursillo sobre explosivos caseros.

Como puede observarse, estos textos se refieren en general, al armamento que fabricaba Montoneros, al uso de explosivos caseros y en menor medida al uso de armas de puño y largas sustraídas en sus acciones. No se refiere, por ejemplo, a los siete RPG7 secuestrados en 1979, que eran lanzadores de cohetes antitanques de gran calibre de origen ruso.


Por su parte, el ERP utilizaba asiduamente como medio de instrucción teórica sobre la confección de explosivos y manejo de distintos artefactos y armamento, la revista que editaba Estrella Roja, de aparición quincenal o mensual, para estimular la iniciativa.
3.3.7.

Apoyos (en el país y desde el exterior)
3.3.7.1. Generalidades
Como ya vimos en la teoría de «la guerra revolucionaria prolongada», la acción psicológica tiene un papel central porque es la población, en gran medida, el objeto en disputa y también, lo tiene el apoyo exterior porque éste es un importante punto de sostén para el éxito del proyecto político (ambos íntimamente relacionados).
Ese apoyo puede ser político-diplomático, económico-financiero o militar (entrenamiento de personal, armas, militantes de otros países y, eventualmente, si fuera conveniente, tropas regulares).

En lo financiero, no se pudo conocer el monto ni la procedencia del dinero girado desde otros países, por la permeabilidad de las fronteras y la falta efectiva del control del contrabando ni de las valijas diplomáticas. Tampoco se tuvo conocimiento de transferencias bancarias ilegales con este fin.



Sí existió un total apoyo político y militar de entrenamiento para el combate, iniciado con sesiones ideológicas sobre el pensamiento de los principales teóricos marxistas y sus distintas variantes.
Cuba fue desde 1959 un centro doctrinario importantísimo, en particular para la Argentina, habida cuenta del estatus que poseía allí J. W. Cooke y su accionar para llevar jóvenes dirigentes a la isla. A partir de 1967, y como secuela de la Tricontinental de La Habana y la OLAS, como vicario del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), ese país se transformó en el principal centro doctrinario y de entrenamiento militar de todos los dirigentes guerrilleros de América Latina.
Incluso sirvió de protección –en su territorio− de los miembros de la Conducción Nacional de Montoneros, que trasladados a México, tuvieron que abandonar ese país por razones de seguridad. Lo mismo había coordinado el PC cubano con el PRT con respecto al exilio de Santucho, pero éste fue muerto en un enfrentamiento el mismo día que iba a viajar a La Habana, para ponerse bajo la protección del Gobierno de Fidel Castro.
Esa ayuda y coordinación ejercida con el estímulo de la URSS, vía Cuba, propició la conjunción de esfuerzos al margen de las fronteras políticas de nuestros países. Se puede visualizar esta injerencia en el intento de desarrollo de un foco revolucionario denominado el Ejército Guerrillero del Pueblo bajo las órdenes del periodista Masetti, quien por directiva del PC cubano, actuó en Salta entre 1963 y 1964 y también, en la campaña del «Che» Guevara en Bolivia, cuya idea era establecer en el noroeste argentino (Tucumán) la dirección de la revolución comunista en Sudamérica.
Por ello, los principales grupos revolucionarios marxista-leninistas de los países del cono sur americano concretaron una organización supranacional para su coordinación sin respetar fronteras ni nacionalidades, que se llamó Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR).
También hubo apoyo de instrucción militar con la realización de cursos en campos de adiestramiento de la OLP en el Líbano, participación en la lucha de Nicaragua y cursos en Vietnam, entre otros.

3.3.7.2. La utilización de los «derechos humanos» (DD.HH.) como herramienta estratégica
Desde 1974, y sobre la base de lo sucedido en Vietnam, con la influencia que la comunidad internacional y la acción psicológica tuvieron sobre el pueblo de los EE.UU. durante el desarrollo de la guerra que actuaron negativamente sobre el frente interno, el PRT envió un grupo de representantes para comenzar a trabajar en acciones de propaganda y motivaciones psicológicas en las ciudades de París, Roma y Lisboa. Al año siguiente, el proyecto se incrementó notablemente con la llegada de un gran número de exiliados de izquierda que habían sido amenazados por las «Tres A» (organización parapolicial anticomunista que, auspiciada desde el gobierno, comenzó a utilizar los mismos métodos que los terroristas subversivos para eliminarlos: asesinatos). A fines de 1975 y en 1976, esa cantidad se multiplicó y se extendió por toda Europa y parte de América debido a la llegada de miles de personas que habían sido detenidas «a disposición del Poder Ejecutivo Nacional», en virtud del «Estado de Sitio» decretado por el gobierno constitucional en 1975, y que habían sido autorizadas a salir del país.

Finalmente, se agregaron, en años posteriores, los militantes de las organizaciones terroristas que emigraron por temor y para preservar sus vidas debido a la gravedad de los hechos que cometieron y al conocimiento que de ellos tenían los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, por infiltraciones, delaciones, análisis de documentos capturados, etc.


Estas personas, cuya característica principal fue la ideología marxista y la vinculación o pertenencia a las estructuras terroristas, se organizaron rápidamente y formaron asociaciones dirigidas por conspicuos militantes que tenían buena llegada en los medios gubernamentales y con personas u organizaciones ligadas a la defensa de los derechos humanos, a las que les presentaban los hechos distorsionados y sólo referidos a las vulneraciones de los derechos de sus militantes y jamás de las víctimas ocasionadas por ellos. Así dio comienzo la falacia del ‘Terrorismo de Estado’ contra ‘víctimas inocentes que sólo pensaban distinto’. Con los eslóganes de: 30.000 desaparecidos (la cifra real se aumentó cinco veces), el ‘genocidio’ (inexistente, los muertos y desaparecidos lo fueron debido a la pertenencia o colaboración al terrorismo revolucionario), etc.
Con esa propaganda y el uso de intensa acción psicológica, ocultaban que la naturaleza del conflicto era la «Guerra Revolucionaria» planeada y dirigida por la URSS para socavar el poder de los EE.UU. (Utilizaba a Cuba para llegar al poder en los países latinoamericanos, vía la lucha armada.).
Para cumplir con su objetivo faccioso, designaban sus organizaciones con nombres que ocultaban esos fines, presentaban el conflicto armado interno (la guerra revolucionaria), iniciado por los terroristas subversivos, como el accionar de jóvenes altruistas que se defendían de la cruenta persecución de la que eran objeto por una «dictadura militar», omitían expresamente que el 70% de los grandes ataques, atentados y asesinatos los cometieron durante gobiernos constitucionales, y vulneraban los más elementales derechos humanos. Así crearon entre otros:


  • La Comisión Argentina por los DD. HH. ( CADHU) en Francia , España y NY en EEUU.

  • La Comisión de Solidaridad de Familiares de presos, muertos y desaparecidos en Argentina (COSOFAM), en México, España, Inglaterra, Italia, Holanda y Bélgica.

  • El Comité de Solidaridad para Argentina ( COSPA) en México.

  • El Comité Argentino de Información y Solidaridad (CAIS) en Francia.

  • El Comité Argentino de Solidaridad ( CAS) en Bélgica.

  • Comité Antifascista contra la represión en Argentina ( CAFRA) en Roma, Italia.

  • Movimiento Antiimperialista Socialista Argentino (MASA) y Argentine Information Service Center (AISC) en Nueva York, EEUU.

Su finalidad era lograr que el Estado Argentino suspendiera el uso del poder militar sobre las organizaciones terroristas subversivas y que utilizara las leyes de tiempo de paz como en Italia, Alemania y España. Ese pedido no aclaraba que, a diferencia de esas naciones, las organizaciones de nuestro país tenían ejércitos propios en expansión, una logística enorme con fábricas de armamento y explosivos propias, un dispositivo nacional (todos los países de Europa suman una superficie similar a nuestra República), alrededor de 25.000 militantes y que tenían capacidad para actuar en un frente rural y en varios urbanos, lo que configuraba para el Estado Nacional un grave peligro a corto plazo.


Ante el fracaso de esa finalidad, su actividad se dedicó a desprestigiar al gobierno y preparar el mediano y largo plazo, mediante la politización y uso unilateral de los derechos humanos y con la premisa de nunca reconocer que fue una guerra para que, en el futuro, pudieran hacer grandes negocios con las indemnizaciones que se recabarían del Estado por su papel de víctimas y no, por supuesto, como parte agresora responsable de la guerra no convencional por ellas iniciada.
Esas organizaciones de DD.HH., especialmente de Europa, así como algunos funcionarios de gobiernos de ese continente, protegieron de infinidad de formas, no sólo a exiliados políticos izquierdistas, sino también a reconocidos criminales y terroristas, los que desarrollaron importantes campañas contra nuestro país desde el exterior que se prolongaron en el tiempo hasta nuestros días.

3.3.7.3. La Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR)
En su mensaje a la Tricontinental de la Habana, en 1966 el «Che» Guevara había insistido en «la necesidad de establecer juntas de coordinación entre todas las organizaciones revolucionarias armadas de América latina para oponerse al imperialismo». Esta recomendación fue tenida especialmente en cuenta por las organizaciones terroristas subversivas que, a partir de ese momento, iniciaron o aumentaron las relaciones entre ellas, con miras a cumplir con aquel mandato.
De esa idea primigenia del «Che», nació la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), que tuvo una importante gravitación en el desarrollo de la guerra revolucionaria en el cono sur latinoamericano. Sus antecedentes se remontan al año 1968, en que comenzó en forma no orgánica y mediante reuniones bilaterales, la colaboración entre el PRT-ERP (Argentina), el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria - Chile), el MLN − Tupamaros (Movimiento de Liberación Nacional -Uruguay) y el ELN (Ejercito de Liberación Nacional - Bolivia). Estos contactos y consecuentes reuniones entre sus cuadros, les permitió un fluido intercambio de experiencias, a la vez que los estimuló para crear una organización internacional que les permitiera, a través de la cooperación y la acción armada conjunta, la imposición de gobiernos comunistas en los cuatro países asociados.
En julio de 1971, una delegación del PRT encabezada por Roberto Santucho viajó a CUBA, invitada a los festejos del aniversario del asalto al cuartel de La Moncada . Allí se concretó su acercamiento al «movimiento comunista internacional», liderado por la URSS y se afianzaron sus contactos con el MNL Tupamaros. Con ello, comenzó a retomarse la concepción estratégica de CUBA para apropiarse del control de la Guerra Revolucionaria en el ámbito del Cono Sur, utilizando una organización supranacional, para coordinar el ataque a las instituciones de los estados.
En noviembre de 1972, se realizó en Santiago de Chile la reunión fundacional de la JCR, de la cual participaron la Comisión Política del MIR, miembros uruguayos de la Dirección Nacional del MLN Tupamaros y tres representantes del Buró Político del PRT. Miguel Enríquez, secretario general del MIR, expuso la necesidad de concretar esa organización internacional para llevar a cabo la lucha armada para la implantación del socialismo, tomando como ejemplo la revolución cubana.
La creación de este pequeño ZIMMERWALD, como lo llamó el chileno Enríquez en referencia al antecedente leninista, (se llamó así al grupo formado por Lenín en 1915, durante la Primera Conferencia de los Internacionalistas en la localidad de ese nombre, en Suiza, que reunía a los revolucionarios del movimiento socialista internacional) fue aceptada unánimemente, y adoptó un conjunto de resoluciones, entre ellas:
a) Preparación de un proyecto de declaración conjunta

b) Preparación de un proyecto para la edición de una revista política

c) Organización de una escuela de cuadros

d) Proyecto de funcionamiento orgánico, etc.
Si bien el ELN (Bolivia) no estuvo presente en el cónclave, se trató la importancia de que éste conformara la JCR, situación que se cumplió luego de plantear el ELN la total coincidencia con lo tratado y su voluntad de participar en el proyecto internacionalista.

A lo largo del año 1973, se consolidaron los vínculos, se organizó la Escuela Internacional de Cuadros (en primer término, en Chile y posteriormente en la Argentina) y la creación de un organismo conjunto, que llevó a la práctica reuniones semanales y la integración de distintos equipos de tareas conjuntas (fabricación de armas, intercambio de combatientes, realización de congresos conjuntos, etc).

Luego del golpe de estado chileno (11 de septiembre de 1973), la sede de la JCR pasó de Santiago de Chile a Buenos Aires, donde Santucho le impuso una actividad febril y constante, centrada tanto en el intercambio de militantes para dar una imagen panamericanista de la organización, como en la unificación de la estrategia revolucionaria y en la difusión de la propaganda destinada a obtener adhesiones en el orden internacional.

El año de 1974, se inició con la preparación de una declaración ratificada por las cuatro bandas terroristas subversivas, que sirvió de lanzamiento público no sólo en Latinoamérica sino en el mundo. La declaración fue traducida en varios idiomas, se la hizo circular profusamente en los medios de comunicación y publicaciones de izquierda, particularmente en la Argentina, Francia, Italia, Suecia y la República Federal Alemana.

La declaración conjunta puso de manifiesto claramente que sus componentes se hallaban unidos por la «comprensión» de que no había otra estrategia viable en América latina que no fuera la Guerra Revolucionaria, la que definían en sus alcances y en sus fines.

Esta declaración fue tomada por el PRT – ERP y adoptada como lineamiento estratégico general. A partir de allí, esta organización supranacional que coordinaba el terrorismo subversivo en los países de sus integrantes, desplegó sus contactos con todas las otras organizaciones marxistas-guevaristas de nuestro continente. La idea de lograr la unidad internacionalista de esos grupos revolucionarios marxistas latinoamericanos, se constituyó en la razón de ser de la JCR, para lo cual procuraron lograr e intensificar los contactos con organizaciones extremistas de Perú, Venezuela, Brasil, México, Paraguay, Colombia, Nicaragua, Santo Domingo, Guatemala, El Salvador e incluso de los EE. UU.

En abril de 1975, la JCR celebró su primera conferencia pública en Portugal para anunciar la apertura de sus sedes en Lisboa y en París (Francia). Para esa fecha ya se habían establecido fluidas relaciones y contactos periódicos con organizaciones terroristas subversivas de Europa, entre otras: ETA (Patria Vasca y Libertad), Brigadas Rojas (Italia), Baader Meinhof (Alemania), IRA (Ejército Republicano Irlandés).

Durante los siguientes dos años, la JCR intentó constituir una guerrilla latinoamericana en el continente europeo con el objetivo preciso de desestabilizar las democracias vigentes en los países del sector occidental, con la cooperación o coordinación de movimientos terroristas europeos, operación que fue abortada antes de aparecer a la luz.




4. LA OPINIÓN DE LOS DIRIGENTES REVOLUCIONARIOS SOBRE EL CONFLICTO ARMADO
Se considera conveniente y necesario, también, dar a conocer la opinión de los principales dirigentes de las organizaciones políticas armadas que actuaron., sobre si se libró una guerra en la Argentina en las décadas del 60 y del 70. A tal efecto, se transcriben algunos documentos.
Primer documento: Del libro Montoneros el camino de la Liberación, Editorial «Comandante Julio Roqué», confeccionado por la Conducción Nacional de Montoneros e impreso en diciembre de 1979 por la «Secretaría Nacional de Agitación, Prensa y Adoctrinamiento del Partido Montonero», (253 páginas) extraemos unos párrafos del Informe de la reunión de Consejo Nacional de octubre de 1975.
2.7.2. Razones por las que nos conviene prolongar el enfrentamiento

El triunfo de las tesis institucionalistas, es decir, la prolongación del enfrentamiento, nos favorece en el aprovechamiento de los tres elementos básicos de toda estrategia: armas, espacio y tiempo.

2.7.2.1. Armas.

[...]

d) En cuanto al equipamiento militar propiamente dicho: en lo que hace a su número y calidad, desde el punto de vista relativo, nuestro equipamiento crecerá en proporciones mucho más altas y rápidas que el del enemigo. Esto es así porque el equipamiento del enemigo, en cuanto a su número tiene topes reales puestos por la capacidad económica del país, por su extensión geográfica, por el tipo de guerra que estamos desarrollando y por la cantidad de fuerzas especiales o preparadas con que se cuenta. Desde el punto de vista de nuestras fuerzas, el número es prácticamente ilimitado, porque en nuestra concepción, el pueblo en armas, todo el pueblo participa de diferentes formas en la guerra popular. Desde el punto de vista del aprovisionamiento a través del combate y la recuperación, a través de la fabricación de nuestros propios talleres y del apoyo exterior, iremos arrimando las armas necesarias y suficientes para el desarrollo de esta guerra. Desde el punto de vista de la calidad, también el desarrollo del enemigo es limitado. Es limitado porque la existencia de límites geográficos en esta guerra hace que compartamos el mismo territorio, por lo que le es imposible el uso de armas de aniquilamiento masivo, lo que pone límites objetivos al desarrollo de su armamento. Por nuestra parte, nuestra capacidad de aprovechamiento del desarrollo industrial de nuestro país, nos permite prever la fabricación de armas capaces de enfrentar seriamente y dañar gravemente el poder militar enemigo en sus concentraciones logísticas y en sus estructuras de combate.
Segundo documento: Del mismo libro, citado en el primer documento, extraemos y transcribimos unos párrafos de un Reportaje grabado al Secretario General del Partido Montonero, Comandante Mario Eduardo Firmenich, el 9/7/76, en su 2.da parte, (Páginas 76 a 95).

«LAS INSURRECCIONES PARCIALES EN NUESTRA GUERRA DE LIBERACIÓN Y LAS CARACTERÍSTICAS DEL PODER MILITAR POR CONSTRUIR»
PERIODISTA: La inclusión de los hechos insurreccionales en la hipótesis de la guerra revolucionaria en la Argentina, ¿qué implicancia tiene en el tipo de ejército popular que necesitamos construir?

FIRMENICH: De algún modo, y tal como lo expresa nuestro manual de instrucción de la OPM y la organizativa misma, la concepción de ejército que nosotros desarrollábamos, era un poco la idea de un ejército regular urbano, de crecimiento ilimitado, que algún día ese ejército podría, por su poder militar, destruir grandes estructuras del ejército enemigo.

Creemos que esta profundización sobre el hecho insurreccional, modifica en parte aquella concepción, que no hay que abandonar, el concepto de formación reagrupable. Tenemos que tener presente que dentro de una insurrección se forma, en la insurrección misma, un ejército popular. Que previo a ello hay que tener capacitado todo un conjunto de oficialidad y suboficialidad de ese ejército para tratar de construirlo sobre la marcha, de incorporarlo, de organizarlo y de conducirlo a la victoria militar sobre la marcha…
Tercer documento: Del mismo libro del primer documento. Fragmentos de la Conferencia de prensa del Secretario Militar del Partido, Comandante Horacio Mendizábal, del 10/8/76, (Pág. 96 a 100)
«LA ESTRATEGIA OPERATIVA DEL ENEMIGO»
Esta Estrategia de guerra contrarrevolucionaria permite al enemigo un avance militar sobre las fuerzas revolucionarias. Esto sucede y sucedió en todos los procesos revolucionarios del mundo, como el asalto al Moncada en Cuba, como en la Larga Marcha en China, la pérdida de las ciudades de las bases campesinas en Vietnam o como el rudo golpe que acaba de recibir el campo popular en nuestro país con la muerte del compañero Santucho y otros compañeros de la conducción del PRT. Pero siempre esta estrategia está basada en la tesis de guerra corta, en el ataque de aniquilamiento de decisión rápida, y esta estrategia es ineficaz cuando se libra una guerra contra un pueblo, cuando se enfrenta con una estrategia de guerra popular revolucionaria prolongada. (Lo resaltado es nuestro)
«NUESTRA ESTRATEGIA DE DESGASTE»
Ésta consiste en el desarrollo de la defensiva a través de la realización de una guerra de desgaste, en atacar al enemigo por líneas interiores, en hostigarlo permanentemente, allí donde es más débil y donde no espera el ataque. En una guerra popular, el tiempo juega a favor de los revolucionarios pues no existen sólo las fuerzas militares, sino también las fuerzas sociales, económicas y políticas…

Nuestro objetivo estratégico en el enfrentamiento con el enemigo no consiste en la obtención de una victoria militar sobre éste, en el aniquilamiento de sus divisiones, sino en el logro de un triunfo político-militar. En esta guerra, como en toda guerra revolucionaria, lo que hace a los reaccionarios perder la voluntad de combatir no es la superioridad militar de los revolucionarios, sino la movilización de las masas en la guerra, el enfrentamiento del pueblo que utiliza todos los métodos de lucha…

Esta es la concepción que orienta la constitución y el desarrollo de nuestro Ejército Montonero, a lo que debemos agregarle que, por la particularidad del proceso en la Argentina, el desarrollo de las fuerzas productivas y la concentración de la clase obrera en los grandes centros industriales, nuestra fuerza militar es principalmente urbana y, por lo tanto clandestina. (lo resaltado es nuestro)


Cuarto documento: Carta al Episcopado del mes de diciembre de 1976. (Montoneros)

... En cuanto a la alusión directa de nuestro accionar, debemos dejar claro una vez más que jamás hemos cometido el desatino de pretender desarrollar la apología de la violencia, como una cosa buena en sí misma. Por el contrario, ya que la padecemos con rigor y la ejercimos con dolor, sabemos que la violencia de la guerra (pues no se trata de otra cosa) produce sufrimientos y pérdidas irreparables a los pueblos, mucho más cuando, como en el caso argentino, se trata de una guerra civil...
La carta estaba firmada por Firmenich, Pernía, Yaguer y Roqué como «Conducción Nacional de Montoneros».

Quinto documento: Nuestra propuesta política de autocrítica y reconciliación nacional dentro del pacto para la transición democrática (14 de junio de 1987 – Montoneros).

En su último párrafo dice: El problema argentino no se resuelve con el olvido forzoso y por lo tanto irreal. Tampoco se resuelve juzgando a todo el mundo, porque el problema nacional no es la violencia formal del Código Penal; no es un problema de delincuencia individual, de bandas. Es un problema de guerra civil, por ausencia de Proyecto Nacional, en donde a río revuelto ganancia de la minoría oligárquica o liberal. El problema argentino se resuelve yendo al fondo del asunto: por eso planteamos la necesidad del proceso de autocrítica nacional como punto de partida de un futuro provechoso y compartido. (Firmado: Mesa Nacional del Peronismo Revolucionario) (Montoneros).



El cuarto y quinto documentos transcriptos parcialmente, forman parte del «Anexo documental» del libro La otra Historia. Testimonio de un Jefe Montonero, escrito por Roberto Cirilo Perdía (abogado, quien fuera el 2.do jerárquico de la organización y quien, entre 1991 y 1995 se desempeñara como «asesor» del bloque justicialista de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación).
Sexto documento: La revista Estrella Roja, N.º 1, del mes de abril de 1971, órgano de difusión y propaganda del PRT-ERP, decía:
... El Ejército Revolucionario del Pueblo está combatiendo en forma organizada, y une su actividad a la de otras organizaciones hermanas, asume junto con ellas la responsabilidad militar en el proceso de guerra revolucionaria que se ha comenzado a vivir en nuestro pueblo...
A continuación, publicaba el programa que guiaría todas sus acciones futuras.
Séptimo documento: Revista Estrella Roja, N.º 14, del mes de septiembre de 1972. Se leía en el centro de la página N.ro 1, enmarcada con títulos propagandísticos de sus acciones, la síntesis de su balance de dos años desde la creación del ERP y en él, la aseveración que la guerra será dura y prolongada, pero es el único camino.

Octavo documento: El frente rural. Importancia estratégica y relación con las masas. Artículo del diario El Combatiente, N.ro 121, del PRT, miércoles 12 de junio de 1974, trascripto en el libro Terrorismo en la Argentina, publicación del Poder Ejecutivo Nacional (7 de enero de 1980) páginas 109 a 117.


... Todas estas circunstancias configuran un cambio de enorme importancia en el contenido de las luchas populares.
Éstas se encaminan, a partir de este momento, a tomar el carácter de abierto enfrentamiento al gobierno. Este renovado ímpetu de las luchas obreras y populares abre ya una etapa de generalización de la guerra. Es en esta nueva etapa que quiere una ampliación considerable de las operaciones militares en la que se inscribe la apertura del frente rural, iniciado por la compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez..
La nueva etapa del desarrollo de la lucha revolucionaria indicada como la tarea más importante en el terreno militar, la generalización de la guerra a todo el ámbito del país, incorpora, así, a regiones y sectores de la población, que hasta el presente no habían participado activamente. En efecto, como decimos al principio, hasta este momento la guerra revolucionaria se ha desarrollado fundamentalmente en las grandes ciudades en su forma de guerrilla urbana. Generalizar la guerra significa dar un salto, que amplíe el ámbito de su desarrollo a regiones que por sus características geográficas, brindan las mejores condiciones para la estructuración de una fuerza militar superior, capaz de enfrentar y aniquilar a importantes contingentes del ejército enemigo.
Para ir destruyendo paulatinamente a la fuerza militar enemiga, se necesita construir un Ejército Popular de carácter regular, dotado de los elementos de la técnica militar, para afrontar con posibilidades de éxito el combate contra las unidades especiales de las fuerzas enemigas.
Ese es el objetivo al que se dirige la iniciación de la guerrilla rural. Su actividad debe asegurar la existencia de unidades militares que disputen el terreno y logren en determinado lapso la existencia de bases de apoyo y posteriormente de zonas liberadas...(lo resaltado es nuestro)

Se podrían enumerar decenas de documentos más, pero no lo creemos necesario, ya que está suficientemente aclarado que los dirigentes de las organizaciones revolucionarias terroristas estaban convencidos de estar librando una guerra prolongada contra las instituciones armadas, único obstáculo para tomar el poder, y por ello, se preparaban actuando en todo el territorio nacional con todos los medios y formas posibles para ganarla.




5. CONCLUSIONES




















Lo aquí expuesto, demuestra plenamente:


Que lo sucedido en nuestro país en las décadas de los sesenta y setenta fue un «conflicto armado interno», específicamente calificado en el Protocolo II de los convenios de Ginebra de 1948, por lo que sus partes involucradas: por un lado, las organizaciones políticas armadas terroristas que adoptaron distintas denominaciones, pero con una sola finalidad: la toma del poder por las armas y por el otro, las fuerzas armadas de seguridad y policiales que, como instituciones del Estado, actuaron en legítima defensa de la ciudadanía atacada con alevosía por las primeras, en el contexto de una Guerra Revolucionaria reconocida como tal por ambas partes.
Que los agresores fueron las organizaciones revolucionarias -terroristas las que, a lo largo de su desarrollo y accionar, comenzaron a librar una guerra no convencional, sin distinguir entre gobiernos constitucionales y gobiernos de facto, ya que su objetivo era tomar el poder para imponer un régimen totalitario marxista al estilo del impuesto en 1959 en Cuba.
Que las acciones terroristas con explosivos y los asesinatos por sorpresa y a traición, tanto de civiles como de uniformados, fueron la norma en sus procedimientos operativos que pretendían imponer el terror en la población para facilitar sus fines.
Que en ese conflicto armado interno, que fue una guerra no convencional, iniciada antes del 26 de marzo de 1976 (en que se instaló un gobierno de facto) contra el pueblo y el Estado Nacional, las fuerzas armadas tuvieron que entrar en operaciones por orden del gobierno constitucional vigente en febrero de 1975. Primero, en las zonas rurales de la provincia de Tucumán y varios meses después en toda la República, debido a que las fuerzas federales de seguridad y las policías locales habían sido superadas en su capacidad para combatir contra las organizaciones armadas ilegales revolucionarias.
Que todos los documentos públicos (revistas, «partes de guerra», panfletos, comunicados, etc.) y reservados (documentos secuestrados) de las organizaciones políticas, militares, revolucionarias, terroristas, así como los libros escritos por sus principales líderes, siempre sostuvieron que estaban en guerra con el objeto de tomar el poder.
Que si en este conflicto armado se hubieran vulnerado las normas referidas a los distintos convenios de Ginebra y sus protocolos complementarios, quienes lo hicieron cometieron ‘crímenes de guerra’ debidamente caracterizados en el Derecho Internacional de Guerra y no crímenes contra la humanidad (crímenes de lesa humanidad), por cuanto éstos corresponden a otras circunstancias y a otros móviles.
BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA, 27 de septiembre de 2005


CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS “VERDAD Y EQUIDAD PARA SER NACIÓN”

Nota: Se adjunta un CD en castellano e inglés para facilitar su difusión.




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