Guerra en laargentin a acción y práctica del terrorismo para la toma del poder



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Centro de estudios históricos Verdad y Equidad para ser Nación




G U E R R A EN LA A R G E N T I N A


ACCIÓN Y PRÁCTICA DEL TERRORISMO PARA LA TOMA DEL PODER

Conde 1923 – Piso 2do Of. “C” – C 1428 - Capital Federal – R. Argentina - E-mail: cehve2005@yahoo.com.ar



Í N D I C E




1. INTRODUCCIÓN
1.1. Derecho Internacional
1.2. La «Guerra Revolucionaria Prolongada»
1.3. Otro concepto complementario: la estrategia de «Aproximación Indirecta»
1.4. Definiciones militares

2. ANTECEDENTES DE LA DÉCADA DE LOS SESENTA
2.1. Marco mundial y regional
2.2. Situación en la República Argentina

3. ARGUMENTACIÓN
3.1. Consideraciones sobre la agresión armada de las organizaciones
revolucionarias terroristas

3.2. Transcripciones de la «Sentencia de la Causa 13»
3.3. Los componentes de las fuerzas enfrentadas

4. OPINIÓN DE LOS DIRIGENTES REVOLUCIONARIOS TERRORISTAS

5. CONCLUSIONES



Pág.: 3 a 6
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Nota: Se anexa un CD con el documento en castellano e inglés.


1. INTRODUCCIÓN
Karl V. Clausewitz, en su libro De la guerra decía con acierto que ésta era la continuación de la política por otros medios. Es decir, que los objetivos que la diplomacia o la política interna no pueden obtener por sus procedimientos normales y legales, si se consideran vitales, se deberán obtener por el empleo de la fuerza. Esto implica agresión física (mediante armas) y la legítima defensa con los mismos medios, por parte del agredido.
También decía este notable pensador que «la guerra era como el camaleón», haciendo referencia al continuo cambio de sus formas y circunstancias.
1.1. Derecho Internacional
La Conferencia Diplomática celebrada en Ginebra en el año 1949, elaboró las cuatro Convenciones homónimas, referidas al estatuto de tratamiento y protección de heridos y enfermos de la guerra terrestre y naval, estatuto de prisioneros de guerra y protección de las poblaciones civiles. Dichas Convenciones fueron complementadas con la Convención de La Haya de 1954, sobre Protecciones de Bienes Culturales y lugares de Culto durante el desarrollo de Conflictos Armados. (Estas eran las máximas regulaciones posibles para implementar, porque los vencedores de la Segunda Guerra Mundial nunca aceptaron regulación alguna vinculada con el empleo de medios y procedimientos de combate, sobre todo de los sistemas de armas).
La importancia moral y legal de este verdadero monumento codificador del Derecho Internacional Humanitario stricto sensu se acentúa teniendo en cuenta el contenido de su famoso artículo 3, común a las cuatro Convenciones, en el que, por primera vez, el Derecho Internacional incursiona en el campo de los conflictos armados sin carácter internacional, y establece una serie de garantías minuciosas que deben observarse con respecto a las personas capturadas, a los heridos y enfermos y a quienes han dejado de combatir.
La estructura del artículo 3 estaba concebida en el año 1949 para encuadrar en sus cláusulas de protección a los conflictos producidos con motivo de las luchas de liberación colonial, fenómeno sociopolítico de gran importancia entre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
La aplicación de sus disposiciones sólo requería, en cuanto a los grupos armados, que el nivel de violencia asumida impusiera al Estado contrincante el empleo de sus fuerzas armadas.
La sucesión ininterrumpida de conflictos armados internos que, en la mayoría de los casos se internacionalizaron por cuestiones territoriales, étnicas, religiosas, económicas y políticas, dejaron claro el limitado contenido del referido artículo 3 ante la magnitud de tales conflictos que ya habían producido cerca de cuarenta millones de víctimas.
Ello motivó que el Comité Internacional de la Cruz Roja, siguiendo su noble y esforzada política de lograr el acuerdo de la comunidad internacional para mejorar el estatuto de protección de las víctimas de la violencia bélica, lograra el consenso internacional para convocar a una Conferencia Internacional que no sólo tratara de remozar los contenidos del Derecho Humanitario stricto sensu, sino también el del Derecho de Guerra stricto sensu, es decir, el referente a la regulación de sistemas de armas y de procedimientos de combate.
La Conferencia Diplomática referente a la Reafirmación y el Desarrollo del Derecho Internacional aplicable en los Conflictos Armados sesionó en Ginebra entre los años 1974 y 1977 y produjo estos nuevos monumentos codificadores que son: el «Protocolo I Adicional sobre Conflictos Armados Internacionales y el Protocolo II Adicional relativo a Conflictos Armados sin Carácter Internacional».
Y precisamente, es este Protocolo II el que desarrolla los contenidos del artículo 3, común a las cuatro Convenciones de Ginebra de 1949 y actualiza el estatuto de protección para las víctimas de tales conflictos enumerados en párrafos precedentes.
En esa inteligencia, el artículo 1 del citado Protocolo Adicional II, dedicado al ámbito de su aplicación material, fija los extremos que deben reunir los conflictos armados internos para que les sean aplicables las normas de dicho Protocolo.
Consecuentemente, a partir de este Protocolo, se ha configurado la versión actualizada de los conflictos armados internos de intensidad, pues fija como recaudos básicos para encuadrarlos en sus disposiciones, según así lo dispone el artículo 1, a los «conflictos armados que se desarrollen en territorio de un Estado entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o grupos armados organizados que bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas y aplicar las disposiciones de dicho artículo». Se agrega que las disposiciones de este nuevo Protocolo no serán de aplicación a las tensiones y disturbios internos.
Es necesario aclarar que, al contrario de lo que es frecuente en el caso de las guerrillas rurales, las llamadas «guerrillas urbanas» que actúan como partisanos (sin uniformes ni armas a la vista, mimetizadas con la población) no dominan territorios. El concepto alude a la capacidad de operar y concentrar efectivos sobre el blanco elegido para luego dispersarse y estar en posibilidad de actuar nuevamente en otra misión.
En suma, a partir de la vigencia del Protocolo II de 1977 el Derecho Internacional Humanitario reconoce dos supuestos en los cuales el empleo de la violencia con finalidades políticas en el ámbito interno de los Estados configura el estatuto de conflicto armado interno, a saber: aquellos previstos en el artículo 3 común a las cuatro Convenciones de Ginebra de 1949 considerados de baja intensidad, pues el único recaudo que deben cubrir es el de requerir el empeñamiento militar para su represión, y aquellos que cubren las condiciones previstas en el artículo 1 y siguientes del Protocolo II de alta intensidad, en razón de los extremos que deben alcanzar, con particular énfasis el referido a la capacidad que han de acreditar tales grupos para llevar a cabo operaciones militares sostenidas y concertadas con un manejo territorial que no debe necesariamente ser político sino material, que les permita sostener la ejecución planificada de tales operaciones.
1.2. La Guerra Revolucionaria Prolongada
Hay estudiosos del fenómeno de la guerra que califican a esos conflictos armados o guerras como «convencionales» (dentro de las convenciones aludidas) y «no convencionales». Dentro de esta última caracterización se encuentra la «Guerra Revolucionaria» cuyo teórico moderno fue Mao Tse-Tung, quien ha expresado que si una fuerza revolucionaria pobremente equipada e instruida desea combatir contra un ejército relativamente moderno y bien dotado, «el único camino para obtener la victoria definitiva está en una guerra estratégicamente prolongada». Para ganar tal guerra, el revolucionario debe tratar de invertir la relación de poder: 1.° desgastando los efectivos enemigos mediante «el efecto acumulativo de muchas campañas y batallas», 2.° estructurando sus propias fuerzas a través de la movilización del apoyo del pueblo, el establecimiento de bases y la captura de equipo, y 3.° obteniendo apoyo político exterior y, si es posible militar.

(Mao Tse-Tung, Sobre la Guerra Prolongada, volumen II, Obras Selectas (Nueva York: International Publishers, 1954).


«En la mayoría de los casos, los revolucionarios deberán comenzar desde la nada. Iniciarse de la nada requiere organización. Secretamente, los revolucionarios tienen que organizar primero las células y luego, las redes de conspiración extensivas. Alrededor de las células, deben formar grupos políticos, de propaganda, para ganar apoyo popular y equipos de terroristas para intimidar donde fracase la propaganda. Organizarán frentes, partidos y grupos de presión para movilizar el apoyo popular. Se infiltrarán agentes en la administración, las fuerzas armadas, la policía, los gremios y en otros centros de poder. Se establecerán redes de inteligencia. Los revolucionarios fomentarán demostraciones, huelgas, sabotajes y motines. Incrementará la frecuencia y el volumen de sus ataques propagandísticos contra las autoridades gobernantes. Toda fisura en las estructuras sociales y administrativas será magnificada y explotada. Enfrentadas con las contramedidas policiales, las organizaciones revolucionarias adquirirán robustez, consistencia y experiencia». (John J. Mc Cuen, El arte de la guerra contrarrevolucionaria, Volumen 582, Biblioteca del Círculo Militar , año 1967).
1.3. Otro concepto complementario: la estrategia de «Aproximación Indirecta»
Los pensadores militares Lidell Hart y Beaufre ampliaron el pensamiento de Clauwsevitz acerca de la «Maniobra Directa» (empleo de las fuerzas materiales en una suma de violencia sobre la parte crítica de la fuerza enemiga para destruirla y así quebrar su voluntad de lucha). Ellos vislumbraron la «Maniobra Indirecta o Aproximación Indirecta» que acompaña a la nueva estrategia aparecida entre los países centrales poseedores del arma nuclear: «la Estrategia de Disuasión».

En la «maniobra indirecta», el poder militar es secundario o complementario, ya que cede su preeminencia en beneficio de los elementos políticos, económicos y psicosociales. Esta maniobra desde la aparición del poder nuclear es utilizada en la periferia de los grandes centros de poder.


La «guerra revolucionaria prolongada» (Mao Tse-Tung) desarrolla esta estrategia mediante dos maniobras complementarias, una «interna» y otra «externa», impregnadas ambas de un fuerte contenido psicológico.
La «maniobra interna» se manifiesta por medio de movimientos reivindicativos, el uso de las armas y del terrorismo, apoyados en el desequilibrio social, en los movimientos por la independencia o por la descolonización.
La «maniobra externa» persigue el objetivo de movilizar en su favor la opinión pública exterior, para ampliar su libertad de acción con distintos apoyos, mientras trata de quitarle esa libertad de acción al agredido. Su estrategia externa se basó, en nuestro caso, en el tema (distorsionado y parcializado) de los DD. HH., mostrando a los agresores como luchadores por la libertad y la justicia y a los agredidos, como victimarios de esos «luchadores políticos».
Como siempre ocurre, utilizan la libertad de los países democráticos para desarrollar esa «maniobra externa» la que, mediante una gran campaña psicológica financiada y apoyada por gobiernos y partidos políticos afines, como también por los medios de comunicación social, les permitió y permite obtener importantes logros.
Con los conceptos precedentes, creemos haber aportado un mejor entendimiento del tema por tratar.
1.4. Definiciones militares
Antes de entrar a analizar los argumentos que prueban que en la República Argentina se desarrolló una guerra interna, dentro del modelo denominado «guerra revolucionaria», transcribiremos algunas definiciones vigentes en la época del conflicto:
Del Reglamento del Ejército Argentino RV-136-1 «TERMINOLOGIA CASTRENSE DE USO EN LAS FUERZAS TERRESTRES» impreso en el Instituto Geográfico Militar en 1969 y su apéndice rectificativo impreso en el mismo instituto en 1971, que debían ser adquiridos obligatoriamente por comandos, institutos, organismos, unidades y subunidades independientes, además del personal superior de los cuerpos comando y profesional (todos los oficiales).
GUERRA: «La guerra es un conflicto de violencia variable entre bloques de naciones, naciones o grupos sociales organizados políticamente y respaldados por la fuerza que buscan imponer la supremacía…».
GUERRA IDEOLÓGICA: «Será la que aspire a imponer o defender una creencia, una doctrina, una filosofía, etc. (Guerra de religión, guerra revolucionaria, etc.)».

«Responde a la clasificación de ideológica la guerra revolucionaria comunista, que es la que desarrolla el comunismo internacional para imponer la doctrina marxista en el mundo. No obstante, tiene también una finalidad política que la acompaña, en tanto la expansión marxista conforma un dominio político hegemónico del país que irradia marxismo, sobre los países comunizados».


GUERRA REVOLUCIONARIA: «Se encuentra dentro de las guerras ideológicas y es la que desarrolla el comunismo internacional en los campos político, social, económico, psicológico y militar para imponer la ideología marxista en el mundo».

2. ANTECEDENTES DE LA DÉCADA DE LOS SESENTA
2.1. Marco mundial y regional

A continuación, se enuncian resumidamente los acontecimientos producidos en la década de los sesenta, en el orden mundial y regional, que enmarcaron y en algunos casos fomentaron, la creación de diferentes organizaciones militares ilegales en los países latinoamericanos, que planteaban como política la toma del poder por medio de las armas.


Primero: La bipolaridad estratégica existente en el mundo evitaba el enfrentamiento directo entre las dos superpotencias líderes y el peligro que significaba la posibilidad de un «holocausto nuclear».
Por ello, trataban de dirimir su hegemonía por otras técnicas y procedimientos, propiciando o apoyando conflictos en el área de influencia «del otro», para debilitarlo estratégicamente.
En diciembre de 1960, Nikita Kruschev –durante la conferencia de los ochenta partidos comunistas celebrada en Moscú– dejó oficialmente fijada como prioridad de la política exterior de su país el pleno apoyo a los movimientos de liberación nacional (M.L.N) en el Tercer Mundo.
El año anterior, Cuba había pasado a la órbita comunista y se convertía en un visible peligro para la seguridad de los EE.UU., quien elaboraría una estrategia contrarrevolucionaria para evitar su propagación.
En esa lucha por la hegemonía mundial entre las dos superpotencias, se utilizaban, además de «la Estrategia de Disuasión», otras herramientas políticas, económicas y psicosociales que hacían hincapié en imponer concepciones de vida diferentes. Los EE.UU. privilegiaban, la libertad en un marco de democracia representativa, y el capital privado para el desarrollo, mientras que la URSS privilegiaba la igualdad social en una dictadura del partido gobernante, y utilizaba para su desarrollo el capital estatal.

Segundo: El triunfo de la revolución comunista de Fidel Castro en Cuba en 1959, con su inmediato impulso a todos los movimientos revolucionarios «antiimperialistas» (léase «anti EE.UU.») a los que adoctrinó, organizó, instruyó y coordinó para que los países al sur del Río Grande pasaran a la órbita de la URSS. Para ello, aprovechó la mítica del «Che» Guevara, como modelo y símbolo reconocible (quien ya en 1960 había escrito Guerra de Guerrillas, más tarde manual de cabecera de la guerrilla rural).
Este acontecimiento es necesario resaltarlo, por su importancia:
a. Se realizó en La Habana, el 3 de enero de 1966, por impulso del partido Comunista de la URSS, la «Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina» denominada comúnmente «La Tricontinental», que fuera presidida por Salvador Allende −luego Presidente de Chile− donde concurrieron cuatrocientos ochenta y tres representantes de ochenta y dos países (veintisiete de Latinoamérica). El delegado «oficial» de Argentina fue John William Cooke quien fuera el principal artífice de la transformación de «la resistencia peronista» surgida en 1955, en «peronismo revolucionario» (marxista), y llevó a Cuba a gran cantidad de jóvenes para su adoctrinamiento e instrucción militar.
Allí, el 15 de enero, en su discurso de clausura, Fidel Castro dijo, entre otras cosas: «En muchas naciones de América se dan las condiciones para la lucha armada revolucionaria... nosotros creemos que en este continente, o en casi todos los pueblos, la lucha asumirá las formas más violentas. Y cuando se sabe eso, lo único correcto es prepararse para cuando esa lucha llegue. ¡A prepararse!».
b. Se realizó, entre el 30 de julio y 10 de agosto de 1967, la «Primera Conferencia de Organización Latinoamericana de Solidaridad» (OLAS) que logró internacionalizar los vínculos y coordinar, por primera vez en forma precisa, el conjunto de las izquierdas radicalizadas de Latinoamérica hacia el camino del poder en los distintos países, usando como vehículo los métodos de la Guerra Revolucionaria.

La declaración final de esta conferencia tenía veinte puntos en forma de proclama.

A continuación, se enuncian los más demostrativos:
«1.ro Que constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la Revolución. [...]

4.to Que los principios del marxismo-leninismo orientan al movimiento revolucionario de América latina.

5.to Que la lucha revolucionaria armada es la línea fundamental de la revolución en
América latina.

6.to Todas las demás formas de lucha, deben servir y no retrasar el desarrollo fundamental que es la lucha armada.

7.mo Que para la mayoría de los países del continente, el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario.

[…]


9.no Que a los pueblos de cada país y a sus vanguardias revolucionarias corresponderá la responsabilidad histórica de echar hacia delante la revolución en cada uno de ellos.

[...]


13.ro Que la solidaridad con Cuba y la colaboración y cooperación con el movimiento revolucionario armado, constituyen un deber insoslayable de tipo internacional de todas las organizaciones antiimperialistas del continente.

[...]


20.mo Hemos aprobado los Estatutos y creado el «Comité Permanente» con sede en la Habana, de la Organización Latinoamericana de Solidaridad», lo que constituye la genuina representación de América latina».
La declaración termina diciendo: «nuestra lucha constituye un aporte decisivo a la lucha histórica de la humanidad por librarse de la esclavitud y de la explotación».

El deber de todo revolucionario es hacer la revolución.


Entre 1961 y 1968, en la Habana, se realizaron una gran cantidad de reuniones sectoriales para coordinar la agresión a los pueblos y gobiernos latinoamericanos.

Tercero: La fundación oficial del Movimiento de Liberación Nacional (MNL) en 1965, conocido como Tupamaros en Uruguay, que apareció públicamente el 8 de octubre de 1969 con la toma de la ciudad de Pando (Canelones), por el «Comando Che», integrado por más de cincuenta individuos, constituyó la primera exteriorización de la nueva izquierda que optaba por la guerrilla urbana en Sudamérica.

A pesar de que a principios de la década de los sesenta, Uruguay era llamada «la Suiza de Sudamérica» por la democracia efectiva que la regía con un sistema de gobierno colegiado, Raúl Sendic, luego de un viaje a Cuba en el año 1960, comenzó a organizar el grupo inicial de revolucionarios que formaría el MNL.



Cuarto: El nuevo rumbo tomado por sectores de la Iglesia Católica, luego del Concilio Vaticano II, que intensificaron las interpretaciones de los documentos papales con fines políticos-sociales.
Consecuentemente con lo expresado, el 15 de agosto de 1967, dieciocho obispos reunidos en Montevideo difundieron un documento muy breve −casi panfletario− con el título de «Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo», que fue utilizado como base de «La Teoría de la Liberación», doctrina que tanta influencia distorsiva religiosa tuvo en Latinoamérica.

Su ideario se vio plasmado en 1971, con la obra de Gustavo Gutiérrez Teología de la liberación.


Quinto: El apoyo de todo tipo y el estímulo dado por los EE.UU. a todos los países de Centro y Sudamérica para combatir el comunismo, en ese entonces, la ideología y la praxis que utilizaba su enemigo principal para llegar al poder en los países que estaban en la órbita política norteamericana.




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