Grave desencanto por la política



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4. La actual epidemia de gripe es el inicio de un nuevo capítulo en la historia del país, donde se harán redefiniciones de la seguridad nacional de México, por las implicaciones graves que tiene para la salud pública y por la acumulación de costos económicos que pagará todo el país a causa de esta emergencia.

5. La emergencia que estamos viviendo, explica porqué la planta farmacéutica nacional es una industria estratégica de enorme importancia para el desarrollo del país y la seguridad de sus habitantes. En vez de regularla y fomentarla con transparencia jurídica, pareciera que desde el año 2004 un grupo de reguladores sanitarios con intenciones ocultas y compromisos transnacionales intentan destruirla, ya que se niegan a cumplir con el marco normativo que los obliga a publicar a tiempo en el Diario Oficial de la Federación todas las disposiciones, lineamientos, formatos y requisitos para la producción de medicamentos y demás insumos para la salud. El caso de los artículos transitorios que fueron omitidos en el 2004 en el artículo 376 de la Ley General de Salud, es un buen ejemplo de este caos deliberado en el que tratan de sumir a los laboratorios farmacéuticos nacionales.

6. Esta epidemia obligará a México a revisar toda su estrategia de salud pública y nos plantea el reto, como país afectado e infectado, de desarrollar una cultura de farmacovigilancia, de seguridad sanitaria con un sistema de alertas tempranas y con un plan nacional de fomento a la industria farmacéutica nacional para impulsar la fabricación de medicamentos genéricos en nuestro país.

7. En materia de vacunas y reactivos biológicos es urgente que México desarrolle sus laboratorios de producción nacional. Nada justifica que después de haber sido un importante fabricante de vacunas, en los últimos años hemos pasado a ser importadores.

8. La política exterior de México tiene que aplicarse a fondo y con urgencia, a la tarea de control de daños de este brote epidémico que lesiona la imagen internacional de México, sus exportaciones y sus destinos turísticos. Un buen manejo diplomático de parte de México puede convertir este duro golpe en una oportunidad para construir las nuevas formas y normas de cooperación internacional para instaurar la globalización de la seguridad sanitaria.

9. La alerta sanitaria en marcha pone un nuevo ángulo de valoración sobre la frontera más activa del mundo en cuanto al tránsito de personas, vehículos y mercancías, que es la de México con Estados Unidos. Cerrar esa frontera sería un error costoso que implicaría la pérdida de por lo menos mil millones de dólares diarios. Ante esta situación, los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá tienen el desafío compartido de construir un sistema regional de seguridad sanitaria para América del Norte.

10. Esta epidemia vino a demostrar que falta mucho por hacer en materia de salud y que ante el peligro de un desabastecimiento de medicinas y demás insumos para la salud, es necesario reforzar el trabajo de la industria farmacéutica nacional para que surta a México con medicamentos genéricos de calidad y eficiencia terapéutica a bajos precios, en vez de obstaculizarla con criterios discrecionales y actitudes arbitrarias. La defensa y el cuidado de la salud pública en México estará por mucho tiempo en el centro del debate político nacional.

Influenza, ciencia y tecnología


Yolanda Cristina Massieu Trigo

yola_massieu@hotmail.com


A nuestro querido colega Benjamín Flores de la Vega,
a quien también le atraían estos temas.
Uno de los aspectos más dramáticos (además de las pérdidas humanas) que evidencia la actual epidemia de influenza en el país, es que el descuido por décadas de la ciencia y la tecnología en un país como el nuestro acaba pasando la factura. Este nuevo virus nos encuentra especialmente mal armados: si hasta los años 70 el país era autosuficiente en la producción de vacunas, las políticas neoliberales, en las cuales tanto priístas como panistas están de acuerdo, promovieron la pérdida de esta capacidades, con lo cual México pasó a ser comprador de la mayoría de las vacunas que necesitamos. Eso, en el caso de los virus conocidos, cuya inmunización forma parte del programa de vacunación de rutina. Mucho más complicado es responder al nuevo virus A/H1N1, para lo cual no tenemos ni infraestructura de investigación suficiente ni capacidad productiva de vacunas. Ello para no abundar en que una epidemia infecto-contagiosa, en una población mayoritariamente pobre y desnutrida, tiene consecuencias más graves.

Aunque tardía, la convocatoria del Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal para otorgar un premio de un millón de pesos a los científicos que aporten conocimiento sobre el virus y una posible vacuna, es atinada y es lo que debería hacer un gobierno que en algo aprecie valores como la autonomía, el desarrollo y el bienestar de su población: estimular la ciencia y tecnología local. Desafortunadamente, nuestros gobiernos le han apostado a una mayor y creciente dependencia tecnológica. Nunca en el siglo XX y en lo que va del XXI hemos alcanzado el 1% del producto interno bruto (PIB), como mínimo de inversión en investigación y desarrollo, que recomiendan tanto la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos como la Organización de las Naciones Unidas. Es más, en el presente gobierno la inversión hasta disminuyó: de 0.34% del PIB en 2008 a 0.33% en 2009.

Hay otros indicadores en los que no quedamos bien parados: nuestro coeficiente de inventiva es de apenas 0.5%, nuestra competitividad cayó de ocupar como país el lugar 30, en 2000, al 60 en 2008 (ya con el Partido Acción Nacional en el gobierno). La inversión en infraestructura para investigación y desarrollo sólo creció del 0.37% del PIB en 2000 al 0.47% en 2006, mientras que la recomendación internacional es de 2.62%. Países como Suecia y Estados Unidos invierten 3.82% y 2.62% respectivamente. Brasil (que por cierto nos gana cada día en liderazgo latinoamericano), invierte el 0.97%. En el Foro Económico Mundial, de 125 países evaluados, el nuestro ocupa el lugar 71 en educación superior y capacitación y el 58 en disponibilidad tecnológica… Y podríamos seguir enumerando indicadores desfavorables, que nos hablan de que tanto a nuestros gobiernos como a nuestra iniciativa privada la ciencia no les interesa, y que nuestros políticos no tienen la visión de futuro para entender que la inversión en ciencia y tecnología nos podría ahorrar muchos problemas, como el tener recursos a tiempo para enfrentar epidemias como la presente. Nuestras empresas privadas siguen siendo renuentes a este tipo de inversión, prefieren seguir comprando tecnología más que generarla. De la inversión en instituciones de educación superior que realizan investigación y desarrollo, corresponde al gasto público el 99.8% y a la iniciativa privada el 0.14%.

En 2007 Birmex (Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México, empresa de participación estatal productora de la vacuna contra la influenza, algo de lo que quedó de los recortes al sector), recomendó al gobierno la compra de una planta de Sanofi, con valor de 244.4 millones de pesos, para producir vacunas en el caso de una eventualidad como la actual. Su petición cayó en oídos sordos, seguramente porque no se trata de rescatar banqueros.

Es una contradicción flagrante no entender que, para lograr la tan ansiada competitividad internacional, la generación de tecnología endógena a partir de ciencia local resulta indispensable. Más aún cuando hasta los más convencidos de la lógica del libre mercado (hoy cuestionada internacionalmente, de lo que no se han dado cuenta nuestros gobernantes), aceptan que la capacidad de generar tecnología es una herramienta indispensable para competir. Sólo que la inversión en ciencia y tecnología ni da resultados garantizados e inmediatos, ni contribuye a ganar elecciones en el corto plazo.

Pensamiento estratégico


José Francisco Gallardo Rodríguez

generalgallardo@yahoo.com.mx


Durante la visita del presidente de Estados Unidos Barack Obama a México, en abril pasado, fue recibido por el inquilino de Los Pinos, exactamente en la estatua del prócer de la democracia: Madero, en las faldas del cerro de los Chapulines-Chapultepec. El acontecimiento trae a cuento algunas paradojas: la legitimidad de Madero y Obama frente a la ilegitimidad de Felipe Calderón; la sencillez sustentada en una aceptación mundial y la arrogancia que refleja el repudio social; y justo en el terreno donde se derramó sangre de mexicanos en la lucha por nuestra integridad territorial, que claro la perdimos, Calderón pedía a Obama una nueva relación bilateral. ¡Cómo! ¡Con qué cara! Si Calderón ya entregó la plaza, ya entregó la soberanía, al permitir la intervención estadunidense a través de la Iniciativa Mérida. Y lo dado, dado está.

Esta indigna situación, se asemeja a la que tuvo nuestro país con el Tratado Guadalupe-Hidalgo, cuando México pierde la mitad de su territorio después de la guerra México-EU en 1847. Será por ignorancia, cobardía o por falta de estrategia.

Así las cosas, vivimos una época en la cual ha renacido la premisa que obliga a ver la realidad en forma objetiva y fuerza a enlazar, sistemáticamente, espacios complejos si queremos entenderlos. La crisis impone una revolución analítica, que nos deja como lección que aislar fenómenos del todo no lleva a esclarecer el porqué de los mismos. Pero igual pasó cuando se trató de generalizar en busca de un saber que abarcara la totalidad, ya sea unívoco o multidimensional.

Escapar de las filosofías, romper paradigmas no es nada fácil. Hoy más que nunca, la necesidad de encontrar formas para responder dignamente a los cambios sin que la realidad nos rebase es una tarea apremiante.

En el caso de lo público, incluso de lo privado, hay un enfoque analítico que ha comenzado a adquirir vigor, como parte del esfuerzo para la construcción de categorías integradoras que conlleven respuestas alternativas para la comprensión de aquellos fenómenos que van desde lo privado hasta la intervención estatal: el enfoque estratégico.

Esta línea analítica procura, en primera instancia, darle un cuerpo más consciente y elaborado a las acciones que se emprendan.

Desde cualquier marco teórico, el ambiente, terreno, situación son expresiones claras de la dificultad para enfrentar una realidad y obtener lo que se desea. Los altos niveles de complejidad que va creando la intervención del hombre sobre la naturaleza y de las cosas, obligan a desarrollar formas de pensamiento y de actuación cada vez más integrales e incidentales.

Para comprender esta situación es necesario revisar los enfoques históricos a que se ha enfrentado la búsqueda de una definición estratégica: la militar, la planeación, administración y gestión estratégicas.

Históricamente, la estrategia como concepto y forma de expresión acerca de la realidad, nace en la esfera militar. Es ahí donde, ante la complejidad de las acciones y el movimiento de recursos de toda índole para satisfacer necesidades bélicas, pareciera ser necesaria una dirección específica para la acción; un espacio donde la decisión tiene que ser explícita, antes de convertirse en acción.

Para comprender y estudiar esta compleja arena es necesario desarrollar brevemente los principios básicos de la estrategia. La idea es acusar las tendencias del pensamiento estratégico dentro del alto nivel de complejidad actual.

El estratega más antiguo es Sun-Tzu, se le considera el primer administrador sistemático y estadista metodológico. En su libro de estrategia militar El arte de la guerra, lanza toda una serie de principios básicos, aplicables a la variada gama de los aspectos y fenómenos derivados de la guerra: influencia moral (o la armonía dirigentes-pueblo); condiciones atmosféricas; terreno; mando o autoridad (sabiduría, equidad, humanidad, coraje y severidad); doctrina (organización, vigilancia del aprovisionamiento, etcétera).

Estos factores parecieran constituir una de las síntesis más exactas y simples acerca de la estrategia, adaptables a cualquier campo, de que se tenga conocimiento. Nótese cómo el pensamiento estratégico parte de una idea moral y ética del mundo. No es un instrumento matemáticamente estructurado, sino que parte de una confianza casi filogenética, enmarcada en una expresión cultural que implica ver y actuar en consecuencia sobre un mundo predefinido, aunque este mundo, dependiendo del tiempo y espacio, esté sujeto a cambios. A partir de ahí este pensamiento se va preocupando, paso a paso, por cuestiones fácticas. El pensamiento estratégico no es sólo factibilidad sino, sobre todo, viabilidad.

Bajo este enfoque conceptual, la política estadunidense, lo deben saber políticos y militares, está fundada históricamente en una visión estratégica sobre Latinoamérica; en nuestro caso, desde la doctrina Monroe hasta la Iniciativa Mérida, se trata de la apropiación total de nuestros territorios en busca de la hegemonía global. Nosotros desde una visión estratégica debemos impedirlo, pero necesitamos con urgencia, un gobierno legítimo que represente los intereses de la nación.

El Sucre, propuesta de integración


José Luis Ortiz Santillán

josmex@hotmail.com


Cuando el 26 de noviembre se llevó a cabo la III Cumbre Extraordinaria de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), en Caracas, Venezuela, con la participación de los presidentes de Bolivia, Honduras, Nicaragua, Venezuela, el vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba, el primer ministro de Dominica y el presidente de Ecuador como observador, centrando su atención en la crisis financiera internacional, Rafael Correa no imaginó que se convertiría en el ideólogo de esta iniciativa de integración latinoamericana.

El presidente de Ecuador, durante la Cumbre Iberoamericana realizada en El Salvador, ya había expuesto sus ideas para hacer frente a la crisis económica internacional y en ese entonces los presidentes de Honduras y Nicaragua solicitaron que Centroamérica fuera incluida en ellas, argumentando que en Centroamérica ya existía un proceso de integración y que su incorporación a los planes de América del Sur, era un asunto de solidaridad y complementariedad.

Fue así como el presidente de Honduras, en calidad de presidente pro tempore del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica), retomó las propuestas del presidente ecuatoriano, esbozadas en la Cumbre Iberoamericana, y lo invitó a exponerlas en la reunión del 2 al 4 de diciembre en San Pedro Sula, Honduras, a donde el presidente Correa no puedo ir por estar en Irán, pero comisionó a su ministro coordinador de Política Económica de entonces, Pedro Páez, para que presentara su propuesta formalmente.

Hubo incredulidad y muchos vieron esta propuesta como un sueño y algo imposible de llevar a cabo, sobre todo quienes no se percatan aún que el mundo en que vivimos ha cambiado y que la correlación de fuerzas en América se ha inclinado a favor de las fuerzas progresistas y la integración regional; obviando que Brasil y Argentina, para entonces, ya habían eliminado al dólar de sus transacciones comerciales el 7 de septiembre pasado, donde al hacerlo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva señaló que al eliminar al dólar como moneda de referencia comercial era el paso inicial para una futura integración monetaria regional, al estilo de la Unión Europea. Recientemente, Uruguay y Colombia se han alineado a esta propuesta.

En la cumbre, el presidente de Ecuador había propuesto la creación de un sistema de compensaciones de pagos para las transacciones comerciales y de una zona económica y monetaria común; al tiempo que el de Venezuela argumentaba la necesidad de crear una moneda única. Pero fueron más lejos, para concretar la iniciativa, los presidentes designaron la Comisión Técnica Ministerial, que supervisarían ellos mismos y solicitaron al presidente de Ecuador que la coordinara, para estructurar la propuesta, para eliminar al dólar en la región como moneda de cambio y de reserva.

La idea era que la Comisión Técnica presentara la propuesta en la reunión del Alba y Petrocaribe del 14 de diciembre, aprobarla y llevarla a la primera Cumbre sobre la Integración de América Latina y el Caribe, efectuada el 17 de diciembre en Brasil. Pero antes ya se había expuesto en la Cumbre del Sica, en San Pedro Sula, Honduras.

Finalmente, la VII Cumbre del Alba, efectuada el pasado 16 de abril en Cumana, Sucre, Venezuela, ha dado a luz al Sistema Único de Compensación Regional de Pagos (Sucre), como un mecanismo de integración financiera regional, el cual, en el cuarto trimestre de este año, se pondrá en vigor de manera experimental y su puesta en marcha se ha anunciado para el primero de enero de 2010.

Esto implica poner a punto el Consejo Monetario Regional, la Unidad de Cuenta Común Sucre, la Cámara Central de Compensación y el Fondo de Reservas y Convergencia Comercial. Es decir, poner en marcha una propuesta real de integración monetaria, que puede convertirse en uno de los ejes de la integración de América Latina y el Caribe en el corto plazo y permita dar nacimiento a una nueva moneda única común como el euro en Europa.

Esta iniciativa por ahora cuenta con la adhesión de Bolivia, Cuba, Dominica, Ecuador, Honduras, Nicaragua, San Vicente y Las Granadinas y Venezuela; pero no hay que descartar, que en medio de la pérdida de confianza en la economía estadunidense y en el dólar, cuyo principal acreedor, China, no la tiene ya, otros países de Centro América miembros del Sica o de la Unasur, se adhieran a este proyecto, pues al menos el presidente ecuatoriano Rafael Correa, como autor de la iniciativa, tiene la obligación de impulsarla en Suramérica.

De este modo, Estados Unidos de América, luego de haber dejado en el olvido a la región y cada vez más distanciado de los países latinoamericanos, acusado de intervencionismo y complots, no sólo ha encontrado en la Cumbre las Américas de Trinidad y Tobago a nuevos líderes como Brasil, Venezuela y Argentina, que no necesariamente seguirán sus pasos, y a un México que si quiere, puede retomar su liderazgo junto a Brasil, para discutir y negociar, bajo otras condiciones con EUA y el Grupo de los 7, sino procesos reales de integración económica y monetaria, a los que podrá apoyar o mantenerse al margen, aislándose del resto del continente, cuya mayoría de las economías nacionales están volviendo los ojos a China, la Unión Europea y Rusia.

Declaración del fracaso
Fausto Fernández Ponte

ffponte@gmail.com


“El jefe del imperio (está) acorralado por
reglas que no puede cambiar”. Daniel Ortega.
La declaración final –¡67 cuartillas, nada menos, de vaciedades!— de la “cumbre” de las Américas es un documento sin duda valioso e histórico. ¿Valioso e histórico? Sí, pero no nos engañemos. Fue la declaratoria de un gran fracaso.

Para no pocos observadores en Nuestra América –la indígena, afro e ibérica– y la del Norte (Canadá, Estados Unidos y México) este fracaso se sustenta sobre un hecho objetivo: en su crisis y repliegue global, el imperialismo se hace fuerte en las Américas.

Cierto. El imperialismo cava trincheras, erige muros y aprieta tuercas políticas en lo que el poder político del Estado “USAno” o estadunidense considera su “hinterland” o patio trasero: México y los países insulares y continentales de la Cuenca del Caribe.

Así, fueron los jefes de Estado y de gobierno de los países insulares –con la excepción de Cuba– y continentales de la Cuenca del Caribe (que EU siempre ha considerado un “lago propio”) los que se prestaron a producir esa declaración de un fracaso.

El imperialismo se salió con la suya: ningún acuerdo real devino de la “cumbre”, sino sólo la “reafirmación” a los principios de la ONU, la OEA, Carta Democrática Interamericana, el Consenso de Monterrey y la Declaración del Milenio.

Esos son, preciso es subrayarlo, los mecanismos de control político que el imperialismo USAno ejerce sobre los Estados americanos. Otros mecanismos (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y los tratados de “libre” comercio) son económicos y financieros.

Pero lo que fue fracaso para los Estados americanos en general, fue un triunfo político-diplomático para EU: logró desactivar los detonantes declarativos que reflejan afanes reivindicatorios, ya ocurrentes y dramáticos, en Nuestra América.

II

Por ello, las sesiones plenarias fueron secretas, para evitar que trascendiesen las discrepancias y disidencias que se manifiestan en empeños bolivarianos –independentistas– históricos para desasir a Nuestra América del imperialismo USAno.

Véase:

Por principio, el citado documento fue intitulado Declaración de Compromiso, así denominado porque resultó de un “consenso”, Estados Unidos evitó una votación de los mandatarios americanos para no mostrar grietas rupturistas entre los asistentes.



Así, el documento final no fue avalado por varios jefes de Estado y de gobierno de las Américas, lo cual descubre que no hubo tal “consenso”. No en vano Felipe Calderón, jefe espurio del Estado mexicano, exaltó, eufórico, los “éxitos” de la “cumbre”.

¿Se puede culpar de ello a Barack Obama? ¿Representó acaso el USAno en Trinidad y Tobago un papel de duplicidad e hipocresía, con sonrisas y abrazos y frases cálidas de amistad, mientras tras bambalinas sus alfiles apretaban a los homólogos americanos?

Para el presidente Ortega, de Nicaragua, así como para sus homólogos Hugo Chávez, de Venezuela; Evo Morales, de Bolivia; Rafael Correa, de Ecuador; Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil; entre otros, don Barack sería un rehén.

Sí, pero, ¿rehén de quién o de quiénes? De los intereses económicos –financieros, bancarios y bursátiles; comerciales, industriales y tecnológicos–; ideológicos y políticos y militares de EU, sin duda casi todos trasnacionales.

Como consecuencia, existen muchos entreveramientos y traslapes de variopinta naturaleza en una colosal y densa, muy densa, y gruesa urdimbre de concatenaciones. Ello ha creado una cultura del poder que tiene mucho de colonialismo interior y de imperialismo.

La cultura de poder creada por esos intereses y sus alcances en EU es incontrovertiblemente imperialista y sus conductas suelen ser, a veces con matices. Ésa es precisamente la laya vera de lo que la ciencia política identificaría al imperialismo.



III

Esos intereses –vastos y asaz complejos— influyen de tal jaez en el poder político del Estado USAno –o estadunidense– que éste es ejercido con modalidades rayanas en una forma de plutocracia, que sirve mayormente a los intereses especiales. Ello, en lo interno.

En lo externo, en el trato del Estado USAno con los demás Estados del planeta, los intereses especiales son los que diseñan las políticas bilaterales y multilaterales y determinan el curso a seguir por éstas.

El presidente Obama parecería tener conciencia y, por tanto, noción precisa de ello; es decir, de la existencia de esos intereses –el imperialismo– y de que estaría secuestrado por éstos, sin metáforas e hipérboles. Ese secuestro, ¿sería real?

Si abducido por esos intereses, don Barack carecería de libertades para diseñar y aplicar políticas devenidas de su propia cosmovisión –su formación política– y sus convicciones y compromisos políticos y morales con el electorado.

He allí el dilema del señor Obama. Su secuestro, que sería político, moral y ético, y operativo, tiene un equivalente al de la proverbial jaula de oro. Es el hombre más poderoso del mundo, tal vez el más famoso, pero su poder y su alcance serían pírricos.

Es la figura carismática nominal –el rostro “tercermundista” del imperialismo que depreda y saquea con brutalidad, precisamente, al tercer mundo, el de Nuestra América, y los millones de pobres en EU. ¿Está siendo usado y se deja usar?

Pero ignórase si el señor Obama es sólo un gran actor o un prestidigitador que juega con espejos, luces y humo negro, o si su dilema como secuestrado de los intereses del imperialismo es genuino. En Puerto España mostró ser un Jano, con gran talento.





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