Grasiele fernandes hoffmann


CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA TRADUCCIÓN



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CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA TRADUCCIÓN

El proprio término “traducción” es polisémico, interdisciplinar y multifacético, originando diferentes perspectivas teóricas, condicionadas por una serie de factores que viven en constante evolución y cambios, originando consecuentemente una gran cantidad de definiciones, muchas de las cuales son complejas, otras muy poco satisfactorias o hasta contradictorias.

Conocer un poco sobre la historia de la traducción constituye un excelente camino para conocer a los grandes traductores, sus visiones de traducción y sus teorías, además de posibilitarnos a definir un paralelo entre las prácticas traductoras que existían en el pasado y las del presente. Haremos así un breve recorrido por la historia de la traducción en sus distintas épocas, especialmente en Brasil, añadiendo a esta, el camino de la traducción técnica.


      1. BREVE PANORAMA DE LA HISTÓRIA DE LA TRADUCCIÓN Y DE LA TRADUCCIÓN TÉCNICA


La traducción es una actividad muy antigua y extremamente necesaria pues desde muchos siglos viene siendo responsable por la unificación y consolidación de muchas lenguas y pueblos de la tierra. Muchos estudiosos indican su origen mencionando el mito de la Torre de Babel. Para Llácer (1997, p.02) a su vez, “las primeras traducciones orales de las que tenemos constancia se remontan a tiempos muy remotos, aunque se supone que en muchos lugares tan alejados como Asia y África también se practicaba la traducción interlinguística por medio de la figura del intérprete de la tribu o del poblado como medio de comunicación entre los distintos pueblos”. Ya Albir (1994) afirma que existen documentos que constatan la existencia de traducciones escritas ya por el año 2000 antes de Cristo, en la Babilonia. Furlan (2003) menciona que por alrededor del año 300 A.C. surgen las traducciones conocidas como “Targum”, que probablemente fueron las primeras versiones literales del mundo, que parafrasearon el Antiguo Testamento de la Biblia hebraica, copilándola en aramaico para facilitar el entendimiento de los judíos que no hablaban la lengua original del texto.

Podemos decir que el inicio de la historia práctica de la traducción empezó efectivamente varios milenios antes de Cristo, siendo que los primeros contactos internacionales e interlinguístico se dieran en la región mesopotámica y mediterránea, visando supuestamente una primacía de la traducción oral y utilitaria.

Por otro lado el inicio de la historia de las reflexiones acerca de la traducción empieza con los primeros trabajos de traducción dados por los romanos Cícero y Horacio en el siglo I A. C, cuando la traducción significaba incorporar y adaptar termos de la cultura extranjera a la suya, como una manera de enriquecer su propio sistema literario (quiebra de la tradición de “fidelidad” en la traducción), sin abstenerse a las características léxicas o estilísticas de los textos originales (Friedrich. 1992, apud CITOLLIN Y JULIANO). Es posible percibir entonces, que muchos de los traductores adoptaron y adaptaron el texto de la lengua de partida, a través de recreaciones o composiciones propias, preocupándose en subrayar los criterios estéticos en detrimento a la fidelidad, contribuyendo de esta manera para enriquecer, aun que involuntariamente, el repertorio lingüístico de su propia lengua.

En esta época surge el concepto de traducción “palabra por palabra” y traducción “parafrástica”, como ha mencionado Furlan (2003):

(...) Da época dos romanos, cuja literatura nasce da tradução, sabe-se que houve uma atividade tradutora e literária que, entremescladas, produziram o que hoje se conhece como a literatura romana. Dois dos maiores escritores romanos, Cícero e Horácio, que têm sido citados durante séculos principalmente em defesa da tradução livre não foram preceptistas da tradução. No entanto, estes parcos testemunhos do passado dão a conhecer a clara existência de ao menos duas formas de tradução praticadas entre eles, a tradução de palavra por palavra ou 'técnica' e a tradução parafrástica, criativa ou retórica; ou, em outros termos, a tradução gramatical e a retórica.

Esta distinción entre la dicotomía “traducción palabra por palabra” y “traducción sentido por sentido”, establecida por los romanos conforme ha dicho Suzan Bassnett (1980, p. 39, apud RODRIGUES 2000), es una cuestión bastante discutida y reflexionada hasta hoy por los estudiosos de la traducción y suscitó el surgimiento de diferentes formas de ver el texto y traducirlo.

Durante la Edad Media, con el fin del Imperio Romano de Occidente (en el año 453 D.C), con el avance del cristianismo la traducción adquirió mayor importancia y necesidad utilitaria, siendo que la elocuencia adquirió un sentido más instrumental. (FURLAN, 2005). Cuanto a esto SÉRES (1997, p.29 apud Furlan, 2005) ha mencionado que “desenvolveu-se, pois, um grande literalismo nas traduções (principalmente as relativas as questões religiosas),o desaparecendo a conotação negativa da tradução ad verbum presente em Cícero”. Para los críticos, la traducción de los primeros siglos de la Edad Media carecía de un valor literario, pues adquirieron una concepción de traducción comentada y reproducida, que a los pocos fue desenrollándose hasta llegar a una actividad literaria denominada enarratio. Esta tarea literaria permitió que los traductores asumiesen una postura más creativa, pues permitía al traductor enriquecer, corregir y variar el texto original con libertad. De esta manera la traducción que al principio adquiriera un aire de pobreza literaria, acabó por mostrarse al final, una “realidade muito rica e complexa”, además de “altamente criativa e maleável, sobretudo em seus meios de efetivação.” (FURLAN, 2005).

Del mismo modo el gran traductor y pensador ilirio, San Jerónimo, defendió una traducción del sentido y el contenido, preocupada sobretodo con el texto original, excepto tratándose de las escrituras sagradas, que merecían atención y cuidado mayor en relación a sintaxis. De allí la gran diferencia entre Cícero Y San Jerónimo. El primero veía en la lengua una posibilidad de conocer y apropiarse de “las diferencias culturales a través de la diferencia lingüística”, mientras para el otro la lengua es una barrera que bloquea la fidelidad traductora. (FURLAN, 2005, p. 05).

A continuación Llácer (1997) explica en su libro que en el período del Renacimiento y Barroco (siglos XV, XVI y XVII) hubo una sucesión de acontecimientos que culminarían con un cambio radical en el curso de la cultura y la historia. Por lo tanto el desenvolvimiento de las técnicas de impresión, el florecimiento de las lenguas nacionales, la traducción ser una transportadora de cultura de la Antigüedad y la multiplicación de los textos traducidos son factores que ejercieron impacto sobre esta actividad, al mismo tiempo en que se originan de ella. Consecuentemente la traducción acabó por adquirir un status muy importante e imprescindible como instrumento de educación, originando la creación de pensamientos críticos y favoreciendo el desarrollo de varias teorías acerca del tema, destacándose especialmente los autores franceses Etienne Dolet y Jacques Amyot. (BERGMAN y LISBOA, 2008, p.20).

Así, en el Renacimiento la traducción fue fundamental para la consolidación de las lenguas e identidades nacionales, ya que hubo una rechaza en aceptar la influencia de la lengua de partida sobre la lengua de llegada, contribuyendo para la formación cultural de los pueblos y convirtiendo la traducción en una cuestión política, formadora de estilo y personalidad. (VEGA 1997 apud FURLAN, 2005).

En el siglo XVII la traducción pierde un poco de su perfil político que dominó el siglo anterior para convertirse en una cuestión estética, donde la belleza y el exceso de libertad en relación a la forma y al sentido en la manera de traducir tienen mayor importancia que la fidelidad. (BALLIU [20??], p.16). Esta forma de traducir se torno conocida (principalmente en Francia) como el periodo de “Les Belles Infidéles” (1625-1665), que BARZOTTO (2007, p. 45) ha definido, como siendo un periodo de apogeo de la traducción francesa, cuando los traductores alteraban excesivamente sus textos a fin de garantizar mayor clareza, belleza y harmonía, tornándoles “ bellas traducciones, pero infieles”, huyendo en demasiado del texto original, llegando a cambiar hasta mismo la idea central en defensa de la belleza y elegancia. En la segunda mitad del siglo, el autor explica que Francia vuelve a traducir mucho, multiplicándose de esta manera el número de traductores atraídos por la herencia de Dolet y Amyot, partidarios de una lengua pura, caracterizada por giros brillantemente ejecutados como ha mencionado Balliu en su artículo. De manera general podemos decir que este fue un periodo en que hubo el paradigma de la traducción “libertaria”, en que muchos traductores defendieran y adherirán la traducción “adaptativa”, valorando la lengua materna y la traducción del sentido, renunciando así al literalismo.

Vega (1997) en su artículo “Apuntes socioculturales de historia de la traducción- del renacimiento a nuestros días”, escribe que el siglo XVIII aún verá la continuación de la discusión y oposición de las dos tendencias teóricas de la traducción: “la de la belleza infiel y la de la fidelidad fea”, volviéndose así en el periodo más opulento en traducciones y reflexiones traductologicas, principalmente en Alemania con la discusión emocionante del racionalismo traductivo.

Por otro lado todas estas especulaciones sobre la traducción, despertaron cambios en la manera de entender la traducción a partir del siglo XIX. Lo que antes pertenecía más al campo de la hermenéutica, a hora vuelve a preocuparse con la fidelidad y el literalismo gracias sobre todo a la intensificación de las relaciones internacionales y la consecuente aproximación de las lenguas, confiriendo mayor importancia entonces a las lenguas extranjeras y teniendo mayor respeto por el legado socio-cultural del mundo clásico. (FURLAN, 2002, p. 109).

Así, el siglo XIX fue responsable por fortalecer las innúmeras posibilidades que surgieron en la centuria anterior, consolidándose como uno de los periodos de mayor agitación social y política en la historia mundial sobre todo por la expansión industrial, comercial, científica y técnica, además de la intensificación en la internacionalización de las relaciones comunicativas que multiplicaron y diversificaron los intercambios entre las lenguas. Según Bergmann y Lisboa (2008, p. 23),

Há uma nova perspectiva mundial neste período, com a possibilidade de intercâmbios mais freqüentes entre diferentes nações, na qual os tradutores se espelhariam. Nesse cenário, a tradução tornou-se uma forma de participação e conhecimento do valor e da beleza produzidos por uma nação, a sua difusão cultural.

La concepción de que el lector conocería la cultura del otro país a través de la lectura del texto de la lengua meta, exigió del traductor mayor fidelidad y atención cuanto la forma de traducir el texto original, cambiando el concepto anterior de traductor creativo para uno más técnico. Hubo por lo tanto un retorno al literalismo y a la exactitud del sentido, además de la defensa de la importancia de la traducción como importadora cultural y preservadora de la literatura nacional.

En este periodo se tradujo de todo (filosofía, literatura, teología, medicina, etcétera.) y en todas las lenguas, pues como ha explicado Vega (1997, p.82):

(…) los salones literarios, cuyos motores dejan de ser nobles, exigen siempre nuevos temas de conversación (…).Las bibliotecas, que anteriormente solo figuraban en los palacios principescos, a lo largo del siglo XVIII, se habían ido constituyendo en un símbolo estamental de los miembros de la clase burguesa erudita.

Consecuentemente, las personas instruidas acabaron ultrapasando las fronteras lingüísticas y literarias, afín de buscar obras dignas de hacer parte de su acervo y esto acarreó en una explosión de traducciones.

En el siglo XX, sobre todo con el adviento de la globalización y la expansión de la intercomunicación, la traducción ha experimentado grandes cambios, como ha mencionado Pérez (2001). En el inicio del siglo, el panorama traductológico se reanima y la traducción literal, incluso de la sintaxis extranjera, vuelve a ser fuertemente defendida por los traductores, ya que su objetivo en esta época era arrancar el lector de sus hábitos lingüísticos y transportarlo para el mundo del pensar extranjero. Sin embargo este tipo de saber por su vez no es bella, porque su finalidad no es estética, sino de cambios de información y adquisición de conocimientos.

Vega (1994 apud SANTOS 2008) explica en sus textos que durante este periodo la traducción se volvió al gran público, gracias sobre todo a la actividad empresarial e industrial y surgen también los premios y ayudas a los traductores como las Casas del Traductor, las asociaciones profesionales de traductores, entre tantas otras. Nuevas variedades de traducción surgieron, principalmente debido al proceso de internacionalización emprendido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, extendiéndose, además a otras ramas del saber, adquiriendo de esta manera un tono de especialidad (traducción científica, técnica jurídica, económica, etcétera) y transformando la actividad traductora en un factor socioeconómico de primer orden. El autor también menciona que entre la década de 50 y 70, son exploradas áreas aun no estudiadas sobre traducción surgiendo también los primeros análisis sobre traducción técnica y oral. A partir de los años 80 los estudios traductologicos se expanden envolviendo elementos de otras áreas y pasando a adquirir un carácter más descriptivo y explicativo.

Así en la primera mitad del siglo XX, vuelve a aparecer la interpretación textual, que ya existía en la antigüedad y que ahora resurge y se expande con tamaña fuerza, gracias sobre todo a los avances tecnológicos, creando así diversas líneas de pensamiento a cerca de las reflexiones traductoras, algunas de orden más practica y otras más filosóficas, además de crear nuevas variedades (la audiovisual y la interpretación simultánea). Hurtado Albir (1994, p. 26) aún menciona que la gran avalancha de estudios teóricos se dará sin embargo durante la segunda mitad del siglo, cuando “surgen los primeros análisis teóricos que reivindicaban un análisis más descriptivo y sistemático de la traducción”, buscando acercarla de la lingüística.

Discurriendo en este momento sobre la historia de la traducción en Brasil y empezando por el Renacimiento, hubo poca o casi ninguna documentación o información sobre este tema, dificultando y limitando el trabajo del investigador. Pero el profesor y traductor Joao Paulo Paes (1990), describe de manera sucinta en su libro “Tradução, uma ponte literaria”, como se dio la traducción en Brasil en esta época. Según el autor, mientras el país estuvo sobe la tutela de Portugal, la vida intelectual de su populación fue privada de desarrollarse por dos motivos principales: por una lado debido a la inexistencia de un público lector y por otro, por una cuestión de subordinación de Brasil a Portugal, ya que esta quiso mantener el país en su ignorancia o “estado de inferioridad mental” para que este no tuviera acceso a las “ideas extranjeras” y continuase subordinado a la metrópoli. Al mismo tiempo, con la llegada de los portugueses, hubo un choque de lenguas entre el portugués y las centenas de lenguas y dialectos indígenas, ocasionando el surgimiento de los primeros intérpretes. Conforme ha señalado Paes, el primer documento escrito, que registra un acto de traducción en Brasil, fue la Carta que Pero Vas de Camiña, escribano de la flota de Pedro Alvares Cabral, que ha escrito para el rey D. Manuel I (1495-1521) para comunicarle sobre el descubrimiento de las nuevas tierras.

Un poco más tarde, alrededor de 1549, llegaron los jesuitas dispuestos a diseminar el catolicismo y sus principios religiosos a los indígenas. Para que esta comunicación tuviera éxito, los misionarios se infiltraran en las tribus para aprender sus lenguas, y acabaron por revolucionar la lingüística en Brasil a través de la creación de las gramáticas, factor este indispensables para la posterior traducción de los textos sagrados.

La publicación de un manual de apoyo al trabajo misionario de catequesis, intitulado “Catecismo na lingua brasilica” (1618), preparado por el padre Antonio Araujo en Lisboa, fue la obra de mayor renombre en aquella época, considerada un marco histórico de la traducción en Brasil, pues fue una “adaptación de la doctrina cristiana a la lengua de los silvícolas”. Por lo tanto además de ser una obra importante dentro de la literatura nacional por su naturaleza literaria, su importancia mayor fue su carácter pragmático y de orientación a una activad específica, adquiriendo de esta manera un carácter utilitario y técnico.

Lia Wyler (1995, apud FERREIRA, 2004) fue otra lingüista que nos forneció informaciones importantes sobre la traducción en Brasil. Según la traductora, el siglo XVIII es considerado el “siglo de la traducción”, debido al establecimiento de la familia real portuguesa en Brasil (1808), que confirió en este momento al portugués el status de lengua principal en el país, estimulando el comienzo y desenvolvimiento de la traducción escrita en Brasil a través de la liberación de la impresión y creación de la Prensa Régia, aun que con una cierta represión. Así con el traslado de la Corte portuguesa a la capital del Segundo Imperio (la ciudad de Rio de Janeiro), fue encerrada la prohibición de la impresión en Brasil y fue creada la Prensa Régia. La autora aún señala en su libro Línguas, poetas e bacharéis - uma crónica da tradução no Brasil (2003), que las obras literarias traducidas en la colonia eran enviadas para la Metrópoli, donde eran averiguadas y censuradas, impresas o permanecían en forma de manuscrito.

Durante el siglo XVIII hubo un gran aumento en el número de traductores registrados, además del surgimiento de las especializaciones y de las licenciaturas, y de un cambio en la producción traductora, pronosticando el surgimiento de la traducción técnica.

A partir del siglo XIX la escritura empezó a desarrollarse, conforme explica Paes (1990), sobre todo por la liberación de funcionamiento de las editoras, que hasta entonces estaban prohibidas de desarrollar sus actividades, y también por la tardía creación de las Universidades en Brasil. En esta época, la literatura brasileña fue fuertemente influenciada por la literatura francesa y su romance-folletín, estimulando de esta manera la traducción de muchos textos en francés. Sobre esto Paes (1990, p. 166) señala:

Tão grande foi a voga do folhetim romântico no Brasil que logo se verificava um “desequilíbrio entre a apetência do público e a capacidade nacional de produção”, como assinala Soares Amora, donde “a invasão do romance estrangeiro (freqüentemente em más traduções, do que, infelizmente, o grande público não se apercebe), e a sua influência, que chega a contaminar o nosso romance de processos técnicos, temas e concepções da vida, estranhos à nossa mentalidade.

Por consiguiente la traducción brasileña del siglo XIX pasaba por un periodo de grandes descubrimientos y con una literatura en formación. (FERREIRA, 2004).

Hasta casi la mitad del siglo XX, la profesión de traductor estaba reducida al ejercicio académico o placentero e de ocupación temporaria para las elites intelectuales, conforme ha señalado Wiler (2003). Más tarde la traducción se ha transformado en una opción de trabajo, aun precario, pero remunerado, gracias sobre todo a la consolidación editorial y al boom de libros brasileños con el consecuente aumento de su público lector. De esta manera la traducción literaria en Brasil finalmente adquirió carácter de actividad profesional en este siglo, especialmente a partir de la década de 30. La autora aún menciona que durante el gobierno de Juscelino Kubitschek, este promovió una expansión en el mercado de trabajo para los traductores debido a la creación de su Plano de Metas, que previa la importación de tecnología y consecuente traducción de libros de referencia, manuales, catálogos de piezas y un crecimiento del mercado de libros universitarios.

En general, el siglo XX testificó, entre las más variadas tipologías traductoras existentes, una fase de traducción especializada, sobre todo debido a las relaciones internacionales, que acabaron por cambiar algunos conceptos anteriormente adoptados de traducción y pasaron a considerar, por otro lado, estudios más recientes, que afirman que el dominio de la temática y de las terminologías no son suficientes para hacer una traducción con calidad, y que es preciso considerar también la influencia de aspectos externos al texto como el tiempo y lugar, la intención del traductor, particularidades de los destinatarios, convenciones del tipo de texto en la lengua meta, además de factores culturales (NORD 1989 apud OSIMO, modulo 26, primera parte).

En efecto podemos decir que con el surgimiento de las nuevas tecnologías de comunicación y la difusión mediáticas, este siglo representó un papel importante en relación al cambio en las modalidades y herramientas utilizadas por el traductor, como por ejemplo el uso de la internet, de corpus electrónico como soporte, entre otros, reflexionando la mayor profesionalización y quizá prestigio adquirido por el mismo. Estos rasgos sirven para demonstrar que desde épocas antiguas, muchas de las cuales sin ningún registro, podemos considerar la traducción como una constante en la vida de las civilizaciones, y que desde entonces ella se habría ramificado en distintas direcciones como: la traducción literaria (la estándar), la audiovisual, la técnica, la científica, la de correspondencia comercial entre otras.




      1. MI LENGUA, MI MUNDO


Sabemos que el lenguaje abarca un carácter material diversificado y para este trabajo impórtanos tratar específicamente del lenguaje verbal, que según Falcón (2004, p.14) “es el instrumento de comunicación más utilizado y poderoso de que dispone el hombre para pensar y razonar”, siendo la lengua su parte social (exterior y subordinado al medio social de lo cual hace parte). Por ser un concepto muy amplio, ambiguo y sin definición definitiva, Reiss y Vermerr han dado su contribución definiendo el lenguaje como “una estructura semiótica formada por signos que se limitan, se determinan, se condicionan y se definen mutuamente en cuanto a su contenido” (1996, p.15). En otras palabras, los signos crean y desenvuelven un mundo proprio e ideológico, entendido dentro del contexto específico de cada lengua y cultura, en que cualquier código cultural tiene su valor, costumbre y sentido atribuidos a la realidad de la vida cotidiana y a un propósito comunicativo deseado por el productor.

En el libro “La traducción, teoría y práctica”, Nida (1986) explica que “cada lengua tiene su proprio genio, es decir, posee ciertos rasgos distintivos, que le dan un carácter peculiar”, o sea, la lengua es parte de la cultura y como tal, tiene un vasto repertorio de palabras condicionadas culturalmente según los intereses comunicativos del hablante.

Compartiendo los mismos preceptos de Nida, Edward Sapir (1954), otro gran lingüista y etnólogo, propuso una teoría un poco más radical. El teórico relacionó el lenguaje con la percepción del mundo, “hipótesis de Sapin-Whorf”, que influenciada por las ideas de Helder y Humboldt, proponía que cada lengua tenía un modo propio de interpretar la realidad y que nuestros hábitos lingüísticos son un reflejo culturalmente construido por el grupo social de lo cual hacemos parte, constituyéndose por tanto en un sistema complejo y activo de códigos gobernados por principios y convenciones propias, compartidas por una misma comunidad lingüística y utilizada en situaciones variadas para comunicar y pensar.

Independiente del concepto, todo este proceso sistemático por el cual el lenguaje pasa hasta culminar en la actividad comunicativa es resultado de “diferentes niveles de artificialidad” que encontrándose condicionados por el tiempo, el espacio y el contexto sociocultural de la comunidad lingüística del(s) hablante(s) en cuestión, van definir los diferentes tipos o clases de lenguaje y las diferentes maneras de interpretar el significado de las palabras. Además de determinar la forma y dirección que la traducción va seguir (Mello, 2007).

Conforme hemos visto, podemos relacionar el concepto de lenguaje a la realidad cultural de cada comunidad lingüística. Snell-Hornby (apud AZENHA, 1999, p. 28) explica:

A cultura de uma sociedade consiste de tudo o que precisamos saber ou em que precisamos acreditar a fim de agirmos de modo aceitável para os membros dessa sociedade, e a fim de, assim procedendo, desempenharmos um papel que eles aceitariam para qualquer um de si. A cultura sendo aquilo que as pessoas têm de aprender por oposição á sua herança biológica, deve constituir do produto final de aprendizagem: conhecimento no sentido mais geral, ainda que relativo do termo. Por esta definição, devemos observar que a cultura não é um fenômeno material, ela não consiste de coisas, pessoas, comportamento ou emoções. Cultura e, antes, uma organização dessas coisas (...) Para alguém que conhece a cultura dessas pessoas, essas coisas e eventos são, portanto, sinais que significam formas ou modelos de cultura.

Even-Zonhar (1999, p.73), de manera breve, nos presenta un concepto muy interesante para cultura, al definirla como “un conjunto o un repertorio (interdependiente) de opciones que organizan la interacción social”, demostrando que la cultura no debe ser vista como una “superestructura social, sino como un reflejo de fenómenos sociales”, que son los responsables por organizar la vida en sociedad y permitir el acto comunicativo (SNELL y HORNBY apud ALBIR, 1994, p.36).

Para finalizar, Bornstein (2001, p.09) también ha propuesto en su artículo El descubrimiento del otro: Una reflexión filosófica sobre la traducción y la interpretación, una definición de cultura bastante interesante. Según el autor:

(…)concebida así la cultura, como un sistema o red de interacción de signos interpretables o símbolos, la cultura deja de ser una entidad, que se entiende como causa y explicación de los distintos acontecimientos sociales (es decir, modos de conducta, normas y valores y las instituciones y procesos sociales que de ellos se derivan) y pasa a concebirse a la cultura como el contexto social (local y contingente) dentro del cual pueden describirse todos esos fenómenos de manera inteligible y significativa para un pueblo, comunidad o sociedad. Comprender la cultura de un pueblo o comunidad significa captar su red de significaciones y su sistema simbólico sin reducir su singularidad y particularidad a la nuestra, sin pretender traducirlo desde nuestro propio sistema de significación. (BORNSTEIN, 2001:09).

De esta manera, la “relación embrionaria” (AZENHA, 1999) existente entre el lenguaje y la cultura, otorgan a la lengua valores y padrones comportamentales, lingüísticos y extralingüísticos, que en conjunto con los aspectos innatos de la lengua (fonológicos, gramaticales y semánticos) garantizan la individualidad y las características que distinguen una lengua de las otra. Este aspecto debe ser especialmente considerado por el traductor, pues garante una traducción de cualidad en conformidad con el objetivo original.

En este momento se establece una importante relación entre lenguaje, cultura y traducción, ya que la traducción es la puerta de entrada que nos invita a conocer la lengua del otro con sus implicaciones y limitaciones, condicionadas socio y culturalmente por cada comunidad lingüística.




      1. LAS VARIAS FACES DE LA TRADUCCIÓN


La noción de traducción posee un campo de estudio muy amplio y multifacético, no abordaremos todas las visiones a cerca de esta actividad. Consideraremos por lo tanto, las reflexiones presentadas por João Piñero de Souza (1998) en su artículo “Teorías da traduçao: uma visão integrada” (1998) como forma de contextualización, agregando a esta, otras perspectivas de otros lingüistas, a fin de demostrar, aún brevemente, los diferentes puntos de vista sobre la traducción.

El autor reflexiona en su texto sobre las varias posturas teóricas de la traducción, nos presentando la corriente que las distingue. Empezando con la dicotomía “traducción literal y la traducción libre”, el autor afirma que:

Entre os que, contemporaneamente, defendem a tradução literal, podemos citar Peter Newmark (Newmark, 1988:69), ao afirmar que ‘a tradução literal é correta e não deve ser evitada, uma vez que assegura a equivalência referencial e pragmática em relação ao original’. Entre os que combatem, podemos citar Vásquez-Ayora (1977, apud Gonzáles, 1996:43), que ‘pretende libertar a tradução do literalismo milenar’. Ele define tradução ‘como transferência de idéias de uma língua-cultura para outra’. (SOUZA, 1998, p.02).

En resumidas cuentas, no podemos negar que unir forma y sentido es la combinación perfecta de traducción, pues las dos alternativas se complementan, lo ideal por tanto sería encontrar un equilibrio entre las dos, al revés de supervalorar una u otra.

Por su parte, Souza (1998) menciona que existen otros teóricos más extremistas adeptos de la Hipótesis de Sapir-Whorf, que acreditan en la imposibilidad de la traducción, por considerar “a despeito da heterogeneidade dos diversos sistemas lingüísticos, que o conteúdo latente de toda linguagem é o mesmo” ( SAPIR, ibíd. 1998, p.15),o sea, la “indisociabilidade entre lengua y cultura”, se encuentra exactamente en la forma inconsciente de selección de sus padrones de referencia, lo que justificaría la imposibilidad de traducción de determinadas expresiones de una lengua para otra.

Por otro lado, el crítico de la traducción, Jakobson (2008) se contrapone a esta teoría al sustentar que la función principal del lenguaje es la comunicación y cuando realizada entre lenguas distintas, ella se da por la sustitución de un signo lingüístico por otro que sea capaz de permitir al emisor codificar su mensaje. Basado en las consideraciones de Jakobson, Souza (1998) señala que las lenguas no se diferencian esencialmente en lo que pueden decir, sino en como dicen, aun más por la lengua poseer un código lingüístico propio, con reglas y convenciones propias, que integran un gran sistema de comunicación interlingual, que torna posible la traducción mismo no existiendo una equivalencia total entre las lenguas y si una correspondencia de significación. El autor también menciona que existen lingüistas que conciben la traducción como una operación esencialmente lingüística, de orden literaria y artística, mientras otros acreditan que la traducción consiste en la sustitución y producción de significados, olvidándose todavía, que el texto es un código lingüístico internamente estructurado en un determinado contexto. Cita como ejemplo los lingüistas Catford y Nida, como contrarios al concepto de traducción como un proceso de transferencia de significados. Así para Catford (1980, apud SOUZA, 1998), “a tradução pode definirse como a substituição de material textual numa língua (LF) por material textual equivalente noutra língua (LM)”, tratase de la equivalencia textual entre lenguas. Eugene Nida a su vez, desconsidera que la traducción consista únicamente en la búsqueda de equivalentes entre las lenguas y propone un cambio de perspectiva al contemplar la lengua como un código comunicativo y la traducción como una representación cultural. Para la autora,

(…) una traducción será correcta en la medida en que el lector medio a que va destinada sea capaz de entenderla correctamente (…) en otras palabras, no nos basta traducir de manera que el elector medio sea capaz de captar el mensaje, sino que debemos estar lo más seguro posible de que esta persona va a captarlo de hecho. (NIDA, 1986, p.16).

Cabe considerar por otra parte la existencia de una corriente que defiende la traducción considerando sus aspectos pragmáticos, o sea, se preocupan más con el modo de transmisión de significados, que propiamente con los signos y los objetos. Cuanto a esto Silve (200, p.186) explica:

(…) para obter uma equivalência pragmática do texto traduzido, é necessário, portanto, que o tradutor aprenda o querer dizer do autor, para em seguida reexprimir este querer dizer de tal forma que o ter compreendido do leitor final seja aproximado à compreensão que tem o leitor do texto original. A pragmática se distingue dos estudos lingüísticos pelo fato de que estes dizem respeito a ‘forma-sentido’,enquanto que a primeira estuda o uso da linguagem ‘forma -sentido-uso’( MOESCHLER e REBOULT, 1994). A pragmática considera que as expressões lingüísticas só tem sentido numa situação real de comunicação. Portanto, em tradução, a equivalência pragmática seria a expressão da mensagem da L1 no contexto da L2.

Algunos lingüistas definen la traducción como un acto comunicativo, buscando tornar el mensaje más accesible al destinatario. Para Hatim y Mason (1995), la traducción es un proceso comunicativo, condicionado por el contexto sociocultural o en otras palabras,

La traducción es un buen banco de pruebas para examinar, en su conjunto, el papel del lenguaje en la visa social. Al crear un nuevo acto de comunicación a partir de otro preexistente, los traductores están, quiéranlo o no, actuando bajo la presión de sus propios condicionamientos sociales y al mismo tiempo, tratando de colaborar en la negociación del significado entre el producto del texto en la lengua de salida, u original, y el lector del texto en la lengua de llegada, o versión; quienes existen, por su parte, dentro de sus respectivos y propios marcos sociales diferentes. (HATIN y MASON, 1995, p.11).

Reportándonos a la traductóloga Hurtado Albir (2001, p.147) encontramos una visión integradora de la traducción, comprendiéndola como un acto comunicativo, de operación textual y actividad cognitiva desarrollada por el individuo, proponiendo una definición de traducción como “un proceso interpretativo y comunicativo de reformulación de un texto con los medios de otra lengua desarrollándose en un contexto social y con una finalidad determinada”. Según la autora la traducción es una herramienta utilizada para resolver los problemas que eventualmente puedan surgir durante la traducción. Sin embargo, para conseguir efectuar con seguridad y calidad las operaciones necesarias para desarrollar la traducción, el autor cita algunas aptitudes que el traductor debe poseer, son ellas: la competencia de traducción (lengua/cultura de partida), la capacidad de expresión (en la lengua/cultura de llegada), la competencia lingüística (conocer ambas las lenguas), además de la habilidad de transferencia y el dominio de estrategias. Cabe mencionar aún que Albir (2001, p. 125) ha definido cinco enfoques teóricos que según la autora, poseen algunos elementos que se intercambian en razón de la concomitancia de los presupuestos desarrollados entre algunos autores, y surgen agrupados en las siguientes categorías:



  1. Enfoque lingüístico: “Se trata de enfoques basados en la aplicación de determinado modelo procedente de la Lingüística y que inciden en la descripción y comparación de lenguas sin entrar en consideraciones de índole textual” (2001, p.126). Este enfoque hace en realidad una descripción y comparación entre las lenguas, utilizando incluso distintos modelos y subdividiéndose en diferentes tendencias. Algunos adeptos son García Yebra, Vásquez Ayora, Newmark, Hallyday, entre tantos otros.

  2. Enfoques textuales: “no solo inciden en el carácter textual y funcional de la equivalencia traductora, sino que pone de relieve el papel de las tipologías textuales en la traducción” (2001, p.127). Por lo tanto ve la traducción “como una operación textual (y no centrada en el plano de la lengua)” y funcional de equivalencia traductora. Entre sus partidarios están Reiss y Wermeer, Baker, House, Hatin y Mason, Nord, entre muchos otros.

  3. Enfoques cognitivos: “nos referimos a aquellos estudios que se centran en el análisis de los procesos mentales que efectúan el traductor” (2001, p. 128). Bull, Gutt y Wilson, son algunos entre los varios lingüistas que comparten este punto de vista.

  4. Enfoques filosóficos y hermenéuticos: “autores que inciden en la dimensión hermenéutica de la traducción, o en aspectos filosóficos relacionados con ella, y a las reflexiones posestructuralista de la traducción” (200, p. 131). Tiene entre sus adeptos Schökel, Steiner, Quine, Paz, Venutti, Berman y otros más.

  5. Enfoque comunicativo y sociocultural: “agrupados aquí en aquellos enfoques que, de una manera u otra, hacen el hincapié en la función comunicativa de la traducción, considerando los aspectos contextuales y la recepción de la traducción” (200, p. 128) y que por una cuestión de afinidad y aplicabilidad, fueron elegidos como soporte de estudio para este trabajo. Podemos agrupar en esta categoría autores como Nida, Taber, Toury, Reiss y Wemeer, Nord y tantos otros que acreditan en la dimensión comunicativa y sociocultural de la traducción.

Así la autora ha sistematizado cinco diferentes enfoques teóricos que defienden que la traducción se efectúa dentro de un contexto determinado, con condicionantes históricos, culturales, económicos, ideológicos y políticos, en que hay que considerar siempre el destinatario y la finalidad del acto comunicativo.

Otra teoría de la traducción que también valora los aspectos comunicativos y pragmáticos es la funcionalista, por considerar la traducción como una “actividad que viene determinada por el fin que persigue” (MARTINEZ, 2006, p.42). Reiss y Vermer (1996), representantes de este abordaje, destacan la importancia de considerar además de la transferencia lingüística, el contexto cultural de la lengua de partida y de la lengua de llegada, a fin de causar en el lector/oyente el mismo efecto o impacto que el texto original.

En su estudio Martínez (2006) menciona la clasificación propuesta por Christian Nord que comprende la traducción como un acto comunicativo cuyo criterio fundamental es la funcionalidad, donde la expresión de la intencionalidad del autor es más importante, ya que ella establecerá la función que han de desempeñar los textos, tanto el original como el traducido. Según la autora,

Nord, partiendo de la concepción de la traducción de Vermeer como «un tipo de transferencia en la que signos comunicativos verbales y no verbales se transfieren de una lengua a otra» y la de Holz-Mäntärri como «cooperación intercultural», formula lo que ella denomina los factores extratextuales, a saber: el iniciador de la traducción y su intensión con respecto a la traducción, el receptor, el medio o canal a través del cual se produce la traducción, el lugar y el momento de la traducción, y la función del texto traducido. Todos ellos entendidos como factores interdependientes. (MARTINEZ 2006, p.46).

Ahora llegamos al punto fundamental que orienta este trabajo. Tratase de considerar la traducción según la perspectiva comunicativa y cultural.

Katan (2004 apud DARIN 2010) defiende la idea del traductor como “mediador cultural” propuesta por Bochne y Taft,

O mediador cultural é aquele que facilita a comunicação, o entendimento e a ação entre pessoas ou grupos que possuem línguas e culturas diferentes. O papel do mediado é interpretar as expressões, as intenções, as percepções e as expectativas de um grupo cultural para outro, ou seja, é criar condições que viabilizem a comunicação entre os dois. Para servir como elemento de ligação, o mediador deve ser capaz de participar de alguma maneira de ambas as culturas. Assim o mediador deve ser em alguma medida, bicultural.

Al tratar de la importancia del traductor como mediador entre culturas, Lia Wyler (2007) ha mencionado,

“Para ser tradutor, imagino que seja preciso acreditar que o conhecimento das culturas do país de origem e do nosso são fundamentais. A tradução é uma ponte entre duas culturas, a nossa tarefa é construir essa ponte. Por outro lado, traduzir palavras apenas, já dizia o saudoso poeta e tradutor José Paulo Paes, é tarefa para lexicógrafo” (“A tradução é uma ponte entre duas culturas”, edición n° 493, Revista Época).

Otro adepto de esta corriente es el lingüista brasileño João Azenha Junior (1999, p.31), que adopta el concepto de “traducción” creado por Reiss y Vermeer, el cual caracteriza la traducción como “un tipo especial de transferencia de valores culturales”, y defiende la visión señalada por Newmark, según la cual la traducción es utilizada tanto para “transmitir conhecimento e propiciar a compreensão entre grupos e nações, como também para transmitir cultura”.

Humberto Eco (2007, p.190), refuerza esta opinión, explicando que,

Uma tradução não diz respeito apenas a uma passagem entre duas línguas, mas entre duas culturas, ou duas enciclopédias. Um tradutor não deve levar em conta somente as regras estritamente lingüísticas, mas também os elementos culturais, no sentido mais amplo do termo.

Por consiguiente, los adeptos de esta corriente entienden que la actividad traductória es recurrente de la necesidad de interacción comunicativa entre los participantes de la enunciación y los aspectos culturales condicionan el lenguaje y consecuentemente la propia traducción. Este es justamente el punto en que queremos llegar ya que el trabajo se fundamenta en el enfoque comunicativo intercultural de la traducción. Todavía esta perspectiva será retomada más adelante en el capítulo seis cuando reflexionamos sobre la propuesta de elaboración del manual. Por ahora trataremos de mencionar rápidamente algunas cuestiones sobre la traducción técnica.





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