Gitanos, pensamiento y cultura



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Pionero en la defensa de los Derechos Humanos en España y en Europa, fue el primer adjunto de Defensor del Pueblo español en 1982 y estrenó el puesto de Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa en 1999. Gran parte de su vida profesional ha estado ligada a la defensa de los Derechos Humanos y los valores democráticos. Sensible a la situación de las minorías, ahora acaba de estrenarse como Presidente de Honor de la Fundación Secretariado Gitano. En estas páginas reflexiona a micrófono abierto sobre la comunidad gitana. Reflexiones pasadas por el tamiz de su experiencia.
Son las ocho de la mañana en el bullicioso centro de Madrid. Llega en Cercanías para compartir charla y reflexiones en un café en Recoletos. Conoce a la comunidad gitana porque su trabajo, primero como Defensor del Pueblo (adjunto primero entre 1982 y 1987 y Defensor del Pueblo entre 1988-1993) y después como Comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa (1999-2006) le han permitido acercarse a las minorías con más dificultades de Europa. Viajero infatigable, la prensa le calificó como “el ombudsman europeo con cierto espíritu andarín y quijotesco”1, este español nacido en Portugal hace 65 años, abogado, profesor universitario, es sobre todo un defensor a ultranza de los Derechos Humanos. En torno a esas dos palabras se construye su biografía profesional. Pero no a una defensa de los derechos humanos en sentido teórico. No. Sus ojos han visto las realidades más crudas y sus manos han palpado los problemas. Gran parte de su carrera la ha dedicado a comprobar si se respetan o no los derechos más fundamentales. Desde sus diferentes puestos ha visitado hospitales, cárceles, psiquiátricos, barriadas y zonas marginales. “He conocido situaciones difíciles y no me han llegado porque me las hayan contado, sino porque las he visto. No valen los análisis simples porque la vida tiene muchos grises, las cosas no son en blanco y negro”, matiza.

Su legado: multitud de informes, recomendaciones, denuncia de situaciones, más como si fuera un notario que como un fiscal. Una de las 32 visitas2 como Comisario del Consejo de Europa la realizó a España, donde recorrió la barriada de las Tres Mil Viviendas en Sevilla y se interesó por la realidad de la comunidad gitana más vulnerable. En su informe de conclusiones3 hizo dos recomendaciones: que se adoptaran las medidas necesarias para facilitar el acceso de la comunidad gitana a la vivienda –erradicando progresivamente el chabolismo–, el empleo y la educación y que se revitalizara el Programa de Desarrollo Gitano contando con la participación activa de las organizaciones gitanas para cualquier estrategia gubernamental que persiga el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida de la comunidad.

A través de este y otros informes, pretendía sobre todo “sacar de la oscuridad situaciones y problemas y ponerlos a la luz”. “Se cometían barbaridades que había que reflejar”, precisa. “La labor de Comisario es preventiva, de denuncia y de promoción del cambio, todo esto de una manera modesta. Supongo que algún día habrá quien analice si se han producido cambios o no”.

Tras su experiencia en el Consejo de Europa, regresó a España y se reincorporó a la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. Pero más allá de volver a la tranquilidad de la vida docente, su inquietud por defender los valores democráticos le ha impulsado a constituir la Fundación Valsaín para la Promoción y la Defensa de los Valores Democráticos. Es director de su Centro de Estudios desde el que promueve la reflexión sobre la vigencia de los valores democráticos en la sociedad actual.

Ahora se incorpora a la Fundación Secretariado Gitano. Ocupa la Presidencia de Honor sustituyendo a Marcelino Oreja Aguirre. Asegura que “es un orgullo” formar parte de la FSG y “tratar de ser útil”. “Es un honor pensar que el trabajo que he podido trasmitir puede haber servido y una fundación como ésta lo valora”. “En toda mi trayectoria he tratado de trasladar un mensaje de respeto, y me alegra poder continuar haciéndolo”, añade. Desde ese nuevo puesto recién estrenado, pinta su esbozo particular de la comunidad gitana pasado por el prisma de su bagaje profesional.
La responsabilidad de la comunidad gitana

Su mirada sobre la comunidad gitana recoge la experiencia que ha trasladado en sus informes y a la que se acerca reconociendo el avance que se ha producido en la sociedad española y específicamente en el pueblo gitano en las últimas décadas. “Este país ha cambiado mucho y lo sigue haciendo y la comunidad gitana también. Hace poco se heredaba el abrigo del hermano mayor; hoy, la situación es muy diferente”. A pesar de ese avance patente y palpable, asegura que han quedado “áreas de exclusión e incomprensión” donde reside parte de la comunidad gitana. “La comunidad gitana ha tenido formas honestas y legítimas de ganarse la vida. Formas tradicionales como dedicarse a la chatarra, o al comercio local, espacios propios que no daban para vivir en la calle Velázquez, pero sí para vivir honestamente. Sin embargo con la política urbanística moderna se fueron prohibiendo todas esas formas de trabajo. Ya no se permite la venta por los pueblos, ni la recogida de basura. Esos espacios fueron desapareciendo. Se les excluía de hecho de poder ganarse la vida y eso contribuyó a que cayera más en la marginación”. En ese dibujo hay una reflexión explícita a los problemas con las drogas. “En aquella situación, hay que preguntar qué alternativa existía cuando no había formación. Realmente eso fue un caldo de cultivo para que muchos jóvenes se acercaran a las drogas cuando eso suponía un dinero fácil. A partir de ahí, la estructura social se fue degradando y hasta la autoridad del patriarca se veía resquebrajada”.

Gil-Robles pone el énfasis en la responsabilidad de la sociedad mayoritaria pero sobre todo de la propia comunidad gitana. “La sociedad tiene su responsabilidad, pero también la comunidad gitana. Realmente hace falta más tiempo, porque hoy en día se evoluciona muy rápido y en cierto modo no se ha avanzado al mismo ritmo”.

Acostumbrado a que sus palabras sean incómodas, insiste en esa responsabilidad en tono autocrítico. “Nuestra sociedad tendría que reflexionar y asumir su parte de responsabilidad, no toda, pero sí su parte de responsabilidad. Debería tirar por la ventana los prejuicios y analizar los errores que se han cometido. El esfuerzo que ha podido hacer una parte de la comunidad gitana no se percibe porque los prejuicios están ahí y es más fácil partir de ideas prejuiciosas”.



Alude también a la administración, pero insiste que la española es “mucho más sensible que otras” y vuelve de nuevo a lanzar la pelota al tejado de la comunidad gitana: “No se puede mirar al futuro pensando que me den y yo escogeré. Eso no funciona así ni para payos ni para gitanos. En el mundo real hay que pelearse porque los hijos salgan adelante y tengan la mejor forma posible de competir”. Como ejemplo, expone el caso de una familia humilde de un pueblo de Castilla, trabajadora de sol a sol, con pocos medios, orgullosa de que dos de sus hijos llegaran a ser ingenieros industriales y el tercero, alcalde. Estudiaron gracias a las becas. “El sistema ha dado oportunidades, ha permitido que con nuestros impuestos se logren esas cosas. Si esa familia humilde puede, ¿por qué no la comunidad gitana? ¿Acaso es menos inteligente? Nada de eso, conozco a gitanos muy inteligentes. Tiene que haber una reflexión que venga de la propia comunidad, el cambio tiene que partir de dentro. Han de surgir planteamientos que digan “yo no voy a ser menos que los demás”.



Educación, la batalla pendiente

Es tajante cuando se habla de futuro. La clave es la educación. “La educación es el factor determinante de futuro. Esa batalla hay que darla. Los niños tienen que ir a la escuela, y no es que la Guardia Civil tenga que llevarlos, son las familias las que tienen que hacerlo”. En su defensa de la educación, Gil-Robles responde a las justificaciones con las que se ha topado a lo largo de su carrera profesional y que minusvaloran la educación: “No va a desaparecer la cultura por llevar a los niños a la escuela. Hay que educarse para estar, para contar, para ser personas que podamos darnos a los otros, y dar lo mejor de nosotros”. “No se trata de que la sociedad absorba, se trata de estar presente”, insiste.

En el informe4 que firmó como Comisario de Derechos Humanos tras su visita a España, y en el que dedicó un apartado especial a la comunidad gitana, ya subrayaba la importancia del aspecto educativo para el devenir de la comunidad gitana. Dejó constancia de los problemas educativos a los que se enfrentaban los niños gitanos. “Aunque no hay en España escuelas especiales para gitanos (lo que promovería una práctica de discriminación generalizada), se está produciendo una concentración importante de niños pertenecientes a esta comunidad en algunos centros escolares públicos. Por lo general, existe un elevado grado de absentismo, retraso y abandono escolar, siendo muchos los niños que no pasan de la enseñanza primaria. Por otra parte, no existe una práctica de incluir referencias a la historia y la cultura de la comunidad gitana en los programas escolares ni en los libros de texto”.

Hoy apela a la educación como única alternativa de futuro y sobre todo reclama la responsabilidad de las familias. “Hay mucha gente que se sacrifica, que estudia y saca lo mejor de si misma para sí y para su comunidad. Tenemos que poner medios para facilitarlo. Pero la comunidad gitana tiene que ser responsable. No puede dar a su adversario argumentos para que le masacren”.


Europa multiétnica

Bajo mandato de Álvaro Gil-Robles como Comisario de Derechos Humanos se redactó el primer informe temático dedicado a los roma/gitanos5. Concretamente se analizó la situación de la minoría étnica en Europa. Lanzó una serie de recomendaciones para lograr una mejora de las condiciones de vida, en vivienda, empleo, salud, desplazamiento y asilo, así como propuestas contra ataques racistas y xenófobos.

Alguien que ha constatado las peculiaridades de los gitanos itinerantes del Reino Unido, visitado los asentamientos en Eslovaquia o los barrios marginales de Bulgaria, asegura que no se puede hablar de comunidad gitana europea, en el sentido de que en cada país cada grupo es muy diferente. “Hay comunidades que continúan itinerando y tienen dificultades para ello, otras más estables como la española y otras, como las de los países centroeuropeos de pasado comunista, a las que se obligó a ser estables y básicamente se les impidió trabajar. Eran herreros y comerciales y el Estado los subvencionó para que dejaran de moverse y se establecieran. Eso al final generó muchos problemas”. Parte de esas comunidades centroeuropeas son las que hoy emigran a España en condiciones difíciles. “Desde que se han abierto las fronteras la situación ha cambiado mucho. Hay grupos que provienen de una inmensa pobreza y se han extendido por algunos países europeos. Han vuelto a exportar una imagen catastrófica de los gitanos, en la que vuelve a asociarse gitano con delincuente. Algo que parecía ya superado en España regresa de nuevo. Se trasmite una imagen de los gitanos depredadora. En una sociedad tan mediatizada como es ésta y con tantos estereotipos, que se subraye a diario que tal robo o tal delito lo comete un gitano –cosa que por otra parte es cierta– pues vuelve a sacar del baúl de los recuerdos todos los estereotipos. La comunidad gitana local está pagando ese precio”.
Auge del racismo

Consciente de que en los últimos años han crecido los casos de xenofobia y racismo en Europa, trata de encontrar una explicación a la experiencia que han vivido recientemente países como Italia o Hungría y que rebelan las grandes dificultades para lograr un carácter multicultural y multiétnico de las sociedades europeas. “Las comunidades pueden convivir sin problema siempre que los números no sean desproporcionados. De repente si hay una llegada de varios miles y se establecen ilegalmente, sin trabajo, el Estado no tiene capacidad para actuar. Eso crea la sensación de que vienen a aprovecharse del sistema al máximo. Son situaciones de difícil solución. Si el que sale a las siete a trabajar, escucha discursos demagógicos como los de Silvio Berlusconi, pues tiene el terreno abonado. El auge de Jean-Marie Le Pen en Francia, o el de los partidos que abiertamente se declaran antigitanos…”.



Como revulsivo a este tipo de situaciones, reivindica las instituciones europeas y el papel que han jugado por lograr mayor concertación social en todo el territorio europeo. Organismos como el Foro Europeo de Gitanos y Viajeros (ERTF- European Roma and Traveller Forum) han trabajado en ese sentido. “Cuando se creó recuerdo que hubo una gran batalla por ver quien quería estar, más que por ver qué se iba a hacer. Pero una vez superadas las dificultades, se creó y eso fue un importante avance para las comunidades gitanas”. Pero más allá de reforzar el papel de las instituciones europeas, pide un esfuerzo a los gobiernos: “Los gobiernos tienen que decir: ‘No sigan ustedes por ahí, trabajen en su país’ y han de ofrecer mayores oportunidades. No es una cuestión de que los demás arreglen los problemas, sino de dar posibilidades para hacerlo”, concluye.


  • Lucía Petisco.




1 El País, 19-10-2005.

2 The Commissioner for Human Rights. 5th. Annual Report, January 2004 to March 2006. Strasbourg, 29 March 2006.

3 Oficina del Comisario de Derechos Humanos. Informe de Álvaro Gil-Robles sobre su visita a España, 10-19 de marzo de 2005. Estrasburgo, 9 de noviembre de 2005.


4 Oficina del Comisario de Derechos Humanos. Informe de Álvaro Gil-Robles sobre su visita a España, 10-19 de marzo de 2005. Estrasburgo, 9 de noviembre de 2005.


5 The Commissioner for Human Rights. Final Report by Mr. Álvaro Gil-Robles, on the Human Rights Situation of the Roma, Sinti and Travellers in Europe. Strasbourg, 15 February 2006.






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