Georg Dreissig El fortalecimiento interior de los niños



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Georg Dreissig

El fortalecimiento interior de los niños

Los cuentos como estímulo del auto-descubrimiento

1, 2 y 3


Traducción: Ana María Rauh

Introducción:

¿Quién es el niño que ha llegado junto a nosotros?

¿Cuáles son sus necesidades y que ayudas podemos brindarle para que pueda encontrarse consigo mismo, para que pueda recordar sus metas y llevarlas a la realización?

Lo expuesto a continuación, en primer lugar tendrá que alentarnos a tomar en serio nuestras propias preguntas y percepciones, que se presentan en el trato con niño y confiar en ellas. Si logramos desprendernos de algunos prejuicios acerca del ser del hombre y las metas de la educación, nuestra mirada se libera para poder tomar en cuenta aquello que el niño mismo nos quiere comunicar acerca de su ser.

Quien se encuentra con el niño en tal apertura interrogante notará muy pronto que el niño mismo trae consigo a la vida ese cúmulo de fuerzas que lo facultan a la configuración de su personalidad, de sus propósitos. Notará empero al mismo tiempo que el niño no tiene consciencia de esa riqueza que fácilmente puede ser tapada por impulsos ajenos al ser del niño. El hecho de que la educacion pueda ser fructífera depende de dos cosas:


en primer lugar del hecho de en qué medida se logra revelar, descubrir par a la toma de posesión y el manejo del niño, el tesoro existente en el alma, vigorizando las fuerzas propias de modo tal que puedan resistir a las influencias externas;
y en segundo término de la naturaleza de las “herramientas” que los niños poseen para el desarrollo de las fuerzas anímicas propias y que deben servir para la realización de sus proyectos.

Frente a este planteo queda en evidencia la importancia de las fiestas y de los cuentos para la vida del niño: son las llaves que abren la cámara de los tesoros de su alma y por otra parte son herramientas para configurar las facultades propias interiores, su biografía personal y el mundo.

Lo expuesto a continuación quiere brindar los incentivos para el empleo adecuado de estas claves y herramientas. Los diferentes capítulos poseen un contexto interior, se ha tratado empero de que cada capítulo conforme una unidad con respecto a la cuestión planteada.

George Dreissig

NUESTRO NIÑO (HIJO)- SER INVISIBLE

¿Cuánta instrucción (formación) soporta un niño?

¿De qué manera deben ser educados nuestros niños? El año pasado esta pregunta ha sido utilizada como título principal en los diarios. Motivo para ello han sido el debate referido a la educación realizada por la esposa del canciller, Schröder- Köpf en la revista “Bild” (imagen) en el verano 2001 y los resultados del Estudio-Pisa a fines del año 2001.

Con gran preocupación se observa el creciente desgano de los niños con respecto al aprendizaje que puede llegar a la negación total, la creciente agresividad ya en el jardín de infantes, la corrupción moral, para mencionar tan solo algunas de los problemas. Estos hechos han llegado a la conclusión de que la educacion infantil debe ser más severa y más eficiente. A las aulas debe retornar la cortesía y el cumplimiento del deber, la modestia y la laboriosidad ¡quien pudiera oponerse a esto!

Por más evidentes que son estos valores y por más claras las metas señaladas, en todo ese planteo casi no ha aparecido en los debates la pregunta decisiva, vale decir la pregunta: ¿Quién es en realidad ese niño al que se busca educar? Acorde a ello faltaron asimismo las flexiones acerca de que si esos valores y estas metas son propios de los niños, metas y valores que serán impuestos con mayor medida a través de la educación. En nuestra sociedad no puede empero, descontarse el conocimiento de este saber. Las dificultades en el sector educativo pueden tener su origen – por el contrario – justamente por el motivo de que ya se ha educado en exceso sin que las medidas y metas hayan tomado en cuenta el ser mismo del niño.

Existen conceptos muy definidos acerca de aquello que necesita “la sociedad”, lo que necesita “la economía” ¿Cómo se vinculan empero con ello las necesidades de los niños, sus preguntas, esperanzas, sus urgencias? No puede ser evitada la catástrofe cuando en la educacion se intenta transmitir valores que nada le significan al niño, porque en definitiva son ajenos a su ser. Quien toma en serios su misión educativa, no podrá colocar sus propias expectativas en el punto de partida de sus esfuerzos sino que tendrá que intentar descubrir en el ser del niño hacia dónde se orienta y qué ayudas necesita.

La “catástrofe educativa”, de la cual se está hablando en la actualidad no se ha producido por el hecho de que los niños son tan problemáticos. Se ha producido porque los adultos educadores en lugar de fomentar un desarrollo acorde al ser del niño, han querido programar a los niños para una vida dentro de una sociedad dominada por la economía y el pensar orientado hacia la ganancia de bienes y los niños se niegan a ese ser programado. Las propuestas y las prioridades de aquello que debe aportar la educación y lo que puede aportar, han sido descuidadas de manera negligente. Los niños se defienden contra ese hecho y lo hacen decididamente y con fuerza.

Esa fuerza que podemos observar en los niños puede brindarnos esperanza con respecto al futuro. Aquellos que han emprendido su camino de vida en los últimos años no son unos débiles. Pero aun están buscando el campo en el cual pueden implementar sus fuerzas, acorde con sus propias metas, en lugar de tener que descargarlas en destrucción y rechazo.

La causa propiamente dicha de la actual situación penosa, no debemos buscarla empero en los educadores mismo que menudo realizan lo equivocado con los mejores propósitos. La causa más profunda es la caricatura convencional del ser humano, que es el fundamento de nuestra civilización y con ello también de la educación, que empero no es provechoso para la percepción del ser humano propiamente dicho con el cual estamos tratando y que por el contrario hasta paraliza esa percepción.

LAS RESPUESTAS REFABRICADAS, OBSTACULIZAN LA FORMULACION DE LA PREGUNTA

Extrañamente esa percepción sin prejuicios del niño no resulta ser fácil. Causa de ello son las declaraciones acerca del ser del hombre, aparentemente científicamente confirmadas, aceptadas por nuestra sociedad. Cobran un efecto paralizador sobre la mirada propia, abierta. Estas son algunas de las respuestas que cobran un efecto paralizador sobre nuestra percepción propia:

El hombre es un mamífero, un producto del medio ambiente y la herencia.

La creación ha surgido de una gran explosión “el estallido originario”.

La vejez, la enfermedad y la muerte son impedimentos que deben ser erradicados.

Estas afirmaciones han hallado aceptación general en la sociedad. En su aceptación automática sin cuestionamiento yace empero justamente la raíz profunda de los problemas con los cuales estamos confrontados en la educacion. Aquí yacen las causas de las dificultades con las cuales chocan los niños, al buscar su camino en la vida. Dado que la existencia de estas afirmaciones aparentemente aseguradas nos torna difícil formular las preguntas decisivas, propias y asumir las respectivas respuestas. Las preguntas fundamentales, decisivas para la consumación de todo camino de la vida son entre otras:

¿Quién soy?

¿Cuál es mi lugar en el mundo?

¿Cómo puedo manejarme con la enfermedad, la vejez y la muerte?

Públicamente será difícil formular estas preguntas. Dado que una ocupación con tales preguntas tendrán que valerse necesariamente de otra terminología que la aceptada científicamente, pro el hecho de que la ciencia no dispone de conceptos respectivos. Simplemente le faltan las palabras para poder hablar de “existencia supra sensorial”, “pre-natalidad”, “sentido de la vida” y “paso por la muerte”. Quien asi y todo quiere hablar de ello, se ve forzado a realizar un empréstito en el ámbito de la vida religiosa. Asi empero rápidamente se genera la impresión de que ya no se está argumentando científicamente, vale decir a partir de las observaciones propias y que en cambio concepciones religiosas e ideologías religiosas han ocupado el lugar de la percepción y de lo experimentable.

Es asi que en la actualidad nos hallamos abandonados en lo social y hasta nos encontramos acorralados en el tratamiento de aquellas preguntas con las cuales todo ser humano tiene que confrontar – una y otra vez para poder llevar adelante su vida.

Quien se pregunta: ¿Quién soy? En nada le ayuda que pueda responder correctamente según Darwin: soy un mamífero. En ninguna situación de la vida puede fundamentar sobre ello su comportamiento. La respuesta muestra ser hueca, inservible para la vida.

Quien se pregunta: ¿Quién es mi lugar en la vida? En nada le ayuda constatar que la creación parece haber sido una gran explosión – una casualidad. Esa afirmación le dificulta poder investigar con seriedad acerca del sentido de la vida.

Quien se ve confrontado con el dolor, la enfermedad y la muerte solo puede sentirse debilitado frente a la opinión divulgada de que estos hechos de la vida carecen de sentido y en realidad deberían ser eliminados, suprimidos. Aliento y fortaleza en el trato de aquello que con toda seguridad se aproxima a todo ser humano, lo tiene que hallar hoy en otro lugar y no en el campo elaborado por la ciencia corriente.

Para poder colocar una base positiva para nuestro esfuerzo educativo, es menester que nos desprendamos conscientemente de tales “respuestas”, que impiden la percepción y paralizan la voluntad propia. Únicamente asi podemos estar despiertos frente a la vida del niño y de la experiencia propia y podemos darnos cuenta hacia qué respuestas nos quiere conducir el niño mismo.

Al respecto quedará en evidencia que es mucho más fácil poder captar el ser del niño mediante la observación de lo que podríamos imaginas en consideración a los problemas actuales. Quien está dispuesto a ver lo que está a la vista, y aceptar como verdadero aquello que él mismo siente, se manifestará de múltiple manera.

En los siguientes capítulos nos encontraremos en principio con percepciones que se presentan espontáneamente en el trato con niños, que empero fácilmente son sub.-evaluados en su significado e importancia. Con ello queremos estimular la confianza en la percepción propia y el interrogar pleno de sentido con respecto al ser del niño. Obtenemos así un punto de partida pleno de sentido, referido al suministro de las ayudas educativas adecuadas.

EN EL COMIENZO DE LA VIDA SE SITÚA UNA PREGUNTA

¿Recuerda usted la primera percepción de su niño recién nacido y los sentimientos que han despertado dentro de usted su llegada?

¡Cuán indefenso es ese ser pequeño recién nacido, cuando lo tenemos en nuestros brazos por primera vez!

Por fin ha llegado: totalmente desnudo, un poco húmedo todavía, cálido, rojo, o hasta un poco azoláceo, la delicada piel da la impresión de estar algo arrugada, como un poco grande para el cuerpo. Los ojitos todavía están firmemente cerrados, el pequeño cuerpito yace pesadamente en la mano que lo sostiene o junto a nuestro hombro. Con diminutos gritos nítidos da a entender su asombro, acerca de su propio nacimiento. Está asombrado con respecto al hecho de su aparición en la tierra, marca su sorpresa acerca de las condiciones diferentes de su nuevo medio ambiente y lamenta su incapacidad de incorporarse armoniosamente dentro de lo aun tan extraño. Y tenemos luego ¡la pequeña carita! Posee algo sorprendentemente individual. No es un niño cualquiera sino este niño absolutamente concreto para el cual tal vez ya han elegido su nombre. Por ser tan individual tan él mismo, inicialmente hasta nos parecerá un poco extraño -y en el fondo sentimos un poco de vergüenza por esa razón, de que a nuestro propio hijo lo vivenciamos como un pequeño extraño.

En los días siguientes empero se pierde esa extrañeza, el recién nacido se torna cada vez más familiar para nosotros. Al prestar atención a sus necesidades y cuidándolo atendiéndolo rápidamente se convierte en nuestro propio hijo. Apenas recordamos la extrañeza de los primero días.

Ahora empero deberíamos tratar de llevar una vez más esa vivencia. Puesto que relacionado con ello hubo una pregunta muy valiosa para el niño. Con mayor o menor consciencia hemos preguntado en aquello días: “¿Quién es que ha llegado junto a nosotros?” y cuanto más fuimos conociendo al niño en medida tanto mayor hemos olvidado esa pregunta.

Volvamos a recordar ahora esta pregunta. Es muy apropiada para la entrada a nuestro tema, dado que despierta nuestra consciencia con respecto de que en ocasión de este primer encuentro con nuestro niño a modo de su posibilidad oculta, algo que de modo peculiar y a estuvo en existencia que por otra parte aun debía generarse y ser llevado a la revelación.

Con toda naturalidad en la situación del nacimiento nuestra mirada se deprende de “nuestra carne y hueso propios” y se orienta hacia el ser supra sensorio del niño. Nos relacionamos con ese ser aun oculto a los sentidos mediante la pregunta: “


¿Quién eres tú?”

Recordemos que esta pregunta la podemos formular solamente con respecto a una persona. Con respecto a todos los demás seres que nos rodean la pregunta referida a la meta de su evolución ya está contestada a través del tipo de su existencia: el ternerito con toda seguridad se convertirá en una vaca o en un toro el brote vegetal en una réplica de la planta materna. El niño se convertirá en un hombre – también en ello hay certeza, pero cuan indefinida es esa afirmación, cuantas incontables posibilidades de su realización existen. Algo empero es absolutamente seguro y cierto: cuanto más fuerte es la personalidad, en tanta menor medida la manera de realización de su humanidad dependerá de las condiciones bajo las cuales otrora ha nacido y con tanto mayor vigor decidirá por sí misma, quien y como quiere ser.

Al conservar frente al niño la pregunta de los primeros días, al mismo tiempo conservamos para nosotros la apertura de poder percibir al niño dentro de su propio ser, más allá de aquello que nuestros ojos ya vislumbran o a partir de su comportamiento infantil. De esta manera le creamos un especio libre dentro del cual puede desarrollar en su propio sentido. Paulatinamente la pregunta: ¿Quién eres tú? Se ampliará a: ¿Cuáles son tus propósitos y metas? Cuando el adulto formula esta pregunta se habrá dado un paso decisivo en la educacion del niño. Todo adulto que educa niños puede asumir esta misión conscientemente al realizar esta práctica. Aun aquel a quien le es familiar la procedencia del ser del hombre desde una existencia pre-natal, al omitir la práctica de esa postura interrogante entre en peligro de querer programar al propio hijo justamente a partir de sus propias concepciones espirituales e ideales que empero no necesariamente son aquellos de este niño en particular, con el cual está tratando.

La postura interrogante propuesta invita a una despierta percepción de aquello dentro de lo cual las metas del niño se expresan de modo cada vez más nítido dentro de su propio comportamiento. De esta manera el educador puede evadir el peligro de constituirse en el programador del niño, tomando desde un comienzo la postura de fomentar los propósitos personales del niño de una manera adecuada.

¿DE DÓNDE TIENE SU NOMBRE NUESTRO NIÑO?

Con la pregunta: ¿Quién ha llegado junto a nosotros? Nos orientamos – aunque de modo inconsciente – hacia el ser del niño en lo supra sensorio. Con ello se relaciona otra experiencia que muchos padres realizan en el entorno del nacimiento y que también merece ser admirada. Aun el niño no ha nacido, el cuerpo físico que se está formando se encuentra oculto a la mirada pero ya los padres se preguntan qué nombre llevará el niño. Raras veces la pregunta halla una respuesta satisfactoria al ser consultados libros tales como “1000 nombres para niñas y varones”, eligiéndose simplemente el más lindo de todos. Un extraño sentimiento singular le dice a los futuros padres que no se trata de hallar un nombre cualquiera sino que debe ser el nombre justo, certero.

Damos la siguiente experiencia para señalar incontables casos similares. Mirjam Heil comenta en su recientemente aparecido: “Caspar. La vida y la muerte de un niño”, “Para nuestro niño ya tengo muchos nombres, a veces también pensé en Caspar, no me animé empero a proponerlo seriamente. De pronto Mathías (el padre) se acerca titubeante diciendo: “¿qué te parece…? no te enojes, pero a mi gusta Caspar…” y con ello era claro: el niño era CASPAR.”

¿Qué están vivenciando allí los futuros padres?

Vivencian que el nombre del niño que está por llegar ya existe, que a ellos –como los padres - ya está rodeándolos suspendido en el aire sin que por ello necesariamente tome forma definitiva aun. A veces aparece en el sueño, o se revela repentinamente incuestionable sin lugar a dudas. A veces empero no puede ser hallado durante mucho tiempo y solamente el hecho de que todos los demás nombres no son los justos, está señalando la oculta existencia del hombre verdadero. No se trata de una denominación meramente planificada – sugerida de la necesidad de que al existir tantas personas tiene que haber un método para diferenciarlas de alguna manera.

El nombre del niño existe desde un comienzo, nace primero. No señala tan solo al niño que cobra vida dentro de un cuerpo terrenal, sino también su ser que luego vivirá en ese cuerpo, adoptando empero una cierta independencia frente al mismo. Al contemplar el final de la vida terrenal, podemos completar: el nombre no muere con el cuerpo. Sigue señalando el ser del hombre que ha finalizado su vida terrenal.

Al intentar descubrir su nombre nos relacionamos con el oculto ser supra sensorio del niño. La búsqueda del nombre certero para el niño nos permite sentir que el ser del niño que quiere nacer en nuestro medio, antes de su nacimiento ya se encuentra próximo a nosotros y en cierto modo ya podemos hablar con él. Su camino con nosotros ya ha comenzado antes de su nacimiento. Su procedencia real se radica en lo prenatal.

La pregunta: ¿Quién ha llegando junto a nosotros? Puede mantener despierta nuestra consciencia con respecto a ese hecho y con el tiempo podrá despertar en el niño mismo, la pregunta acerca de su real procedencia, su verdadero ser y su meta personal.

NUESTRA CORPOREIDAD – GARANTIA DE NUESTRA LIBERTAD

¿De qué manera es compatible esa búsqueda del ser del niño en lo supra sensorio con el hecho de que el hombre, visto anatómicamente, inequívocamente, es un mamífero? ¿Acaso al tomar tan en serio nuestra sensible percepción no entramos en una contradicción infranqueable con respecto a un hecho actualmente comprobado por la ciencia?

Esto de hecho no es el caso. No es tan solo nuestra sensación subjetiva, que el hombre es un ser que no solamente está determinado por su cuerpo sino que recibe su cuerpo para que lo emplee libremente. Es una realidad que se evidencia hasta en la anatomía del hombre. Hasta la configuración de nuestra corporeidad está señalando el hecho de que el hombre está creado a partir de lo supra sensorio, con orientación hacia la libre decisión.

La afirmación de que el hombre es un mamífero superior, se basa meramente en la similitud de los miembros corporales. Los estudios de la anatomía han notado ese parecido, extrañamente empero han dejado de ver la importante diferencia existente entre el hombre y el animal, que consiste en el hecho de que el hombre posee una relación muy diferente a su cuerpo que el animal.

El animal no solo nace dentro de su cuerpo sino también dentro del modelo de su comportamiento. Con la configuración de su cuerpo está listo, terminado como animal, no tiene lugar un proceso evolutivo adicional que pudiese perfeccionarlo. Desde un comienzo el animal se comporta acorde a su especia, sin que tuviese que aprenderlo.

Cuan indefenso es en cambio el niño humano, no solamente en los primeros días de su vida sino en los primeros años.

El hecho de que ese estado de indefensión no es casual sino que por el contrario corresponde a la disposición humana, lo podemos entender de mejor manera observando que también el niño en un principio nace dentro de un “cuerpo de determinado comportamiento”. Después del nacimiento, se examina la existencia de determinados reflejos, como ser el reflejo del agarrarse y de la succión.


Las extremidades delanteras de mamíferos. En el centro: el hombre

a) chimpancé b) topo c) ardilla

d) ballena e) león f) caballo

g) murciélago h) pájaro

i) tiburón

(según Friedrich Waaser)


Llamativo es sobre todo el reflejo del caminar. El niño recién nacido sostenido en forma vertical con el apoyo de sus pies sobre una superficie plana (de la mesa) ya en la primera hora de su vida realiza movimientos coordinados de pasos. Corresponde empero a un saludable desarrollo que rápidamente se pierdan estos modos congénitos del comportamiento. Cuando al cabo de unos meses con nuestro dedo índice presionamos sobre la superficie interior de la mano del niño ya no hará el gesto del agarrarse con fuerza pudiendo asi ser elevado. Sin práctica pronto no podrá extraer la leche de la mamadera.

El lugar del comportamiento congénito es ocupado por algo muy diferente: la actividad adquirida mediante el aprendizaje. El niño ha recibido un cuerpo para su vida terrenal que le permite erguirse y caminar sobre la tierra, pero la disposición corporal no es suficiente como para poder ejercer esas facultades. El niño tiene que aprender a manejarse con su cuerpo observando a otras personas. Ningún niño aprende a pararse y a caminar sin que lo hubiera visto en otras personas. Lo que hacer con su cuerpo no está instintivamente predispuesto sino que es un asunto del aprendizaje.

El cuerpo del animal tiene correspondencia con el tipo predispuesto del animal el comportamiento correspondiente está íntimamente relacionado con esa figura corporal, está asegurado instintivamente. Con su cuerpo especializado está preparado de la mejor manera para su modo especial de vida. Por el hecho de haber nacido dentro de un cuerpo al que indefectiblemente le corresponde un determinado modo de comportamiento, el topo no necesita reflexionar, ni aprender acerca de aquello que debe hacer con sus palas excavadoras, simplemente las utiliza. Tampoco el delfín tiene que preguntarse acerca de cómo usar sus aletas. El desarrollo físico se corresponde de manera ideal con el modo de comportamiento del animal.

De modo correspondiente el cuerpo humano en su configuración viene al encuentro de la necesidad de tener que aprender. El hecho de que el hombre tiene que determinar libremente la relación hacia su cuerpo, está definido físicamente. La situación del hombre es diferente, no solamente por el hecho de que con su cuerpo no está relacionado un determinado modelo de comportamiento, físicamente por cierto ha quedado detenido en una etapa embrional. Su cuerpo no está desarrollado tan ampliamente como aquel de otras especies animales. Por tal razón debe y puede decidir él mismo, lo que por ejemplo quiere realizar con su mano: excavar, prepara el pan o rezar. Lo que tan claramente se evidencia en la mano, cobra validez para todo el cuerpo y con ello para la relación que el hombre tiene hacia su cuerpo. La relación del ser animal hacia su cuerpo está fijada desde su nacimiento. El hombre puede y debe apoderarse de su cuerpo en libertad, si no lo hiciere, no tendría capacidad de vida.

Podemos por lo tanto observar una diferencia decisiva entre el animal y el hombre: la configuración del cuerpo animal se corresponde de modo ideal con el comportamiento del animal, que también está prefijado ampliamente en lo instintivo. La configuración del cuerpo humano en cambio aparece como detenida en una etapa embrional, dando la impresión de que el configurador no tuviese decisión acerca de la meta. Le es entregado al hombre para que disponga del mismo en libre albedrío.

Es asi que el cuerpo humano porta en sí mismo la característica del dejar en liberta. En su figura está señalando – más allá de lo sensorio – hacia un ser libre, de autodeterminación, supra sensorio, mediante lo cual recién se convierte en una herramienta plena de sentido.




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