G. S. Kirk y J. E. Raven Los filósofos presocráticos



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219. Obsérvese que tanto esta cita 217 como la 219 tienden a invalidar la adscripción a Heráclito de la concepción estoica de una έκρωσις periódica o consumpción del mundo por el fuego (lo que es sostenido, sin embargo, por Kahn, The Art and Thought of Heracli-tus, 134 ss.). El cosmos es y seguirá siéndolo un fuego eterno que se enciende y se apaga conforme a medida (i. e., simultáneamente): y, en la imagen del intercambio de las mercancías con el oro no podría producirse una situación en que todas las mercancías (la pluralidad del mundo) se convirtieran simultáneamente, por absorción, en oro (fuego), hasta el punto de que todo sea oro y nada mercancías. Teofrasto, tras haberse referido a esta imagen, añadió: "Introduce un orden y un tiempo definido para el cambio del mundo según cierta necesidad predeterminada". (Simplicio, Fis. 24, 4 y ss., DK 22 a 5), posiblemente en relación con la observación de Aristóteles (de caelo A 10, 279 b 14, DK 22 a 10) de que Empédocles y Heráclito hicieron que el mundo fluctuara entre su actual condición y su destrucción. Sin embargo es posible que Aristóteles se refiriera al ciclo de un gran año compuesto de 10.800 años, aparentemente mencionado por Heráclito (DK 22 a 13); y que se aplicara a un ciclo de almas protegidas o al tiempo que una porción singular de fuego emplea en recorrer todos sus estadios. En cualquiera de los dos casos tenía que ser engañoso, si no se presentaba completo. Platón (Sofista 242 D, DK 22 a 10) distinguió, con claridad, entre la simultánea unidad y pluralidad del cosmos de Heráclito y los períodos separados de Amor y Discordia de Empédocles, a la vez que los menciona juntos entre los que creyeron en la unidad y pluralidad del cosmos. Es posible que Aristóteles los copulara influenciado por la comparación platónica y que pasara por alto la importante distinción de su maestro. Cf. también Guthrie, HGP i, 455 s. y 458, con más amplias referencias y D. Wiggins, "Hera-clitus' conceptions of flux", etc., en Language and Logos, ed. Schofield and Nussbaum (Cambridge, 1982, 1 ss.).


126 Teofrasto y sus seguidores le atribuyeron a Heráclito, por lo general, dos exhalaciones, una húmeda y otra seca; es probable que esta atribución sea una mala interpretación basada en la concepción del propio Aristóteles, que explica los fenómenos meteorológicos (en cuanto que son distintos de los astronómicos) mediante dicho expediente. Parece que éste elaboró su teoría basándose en la importancia que Heráclito la asignó a la exhalación procedente del mar y a las procedentes de otras aguas terrestres. Parece, sin embargo, a juzgar por los pasajes de su Meteorológica, que Aristóteles consideró como descubrimiento propio la observación de la exhalación seca (Kirk, Heraclitus, the Cosmic Fragments 273 y ss.), pero, puesto que está encendida, puede considerar la exhalación heraclitea como ígnea: cf. pág. 298 n. 1. La explicación de la noche y el día (así como la del invierno y el verano), que la versión de Diógenes, siguiendo a Teofrasto, atribuye a la prevalencia alternante de las exhalaciones oscura y brillante, es absurda: Heráclito conoció, como cualquier otro, que el fenómeno del día se debía al sol y en el fr. 99 declaró que "si no hubiera sol, sería de noche".


127 Una reformulación estoica de 229, en la que a las tres masas del mundo genuinamente heracliteas se añade el aire (de manera que resulten los cuatro "elementos" típicos de la especulación post-empedoclea), dice que la "muerte del fuego es el nacimiento del aire", etc.; esta información, que DK. aduce como el fr. 76, es totalmente engañosa respecto al pensamiento de Heráclito, quien parece que, a despecho de Anaxímenes, ignoró al aire como un constitutivo cósmico importante. Es posible, no obstante, que denominara con el término αήρ a la exhalación procedente del mar, por cuyo conducto el mar se convierte en fuego. Aristóteles (de an. A 2, 405 a 24, DK 22 A 15) afirmó que Heráclito identificó al alma con el principio material, a saber, "la exhalación de la que compuso las demás cosas". Aristóteles mismo admitió dos clases de exhalaciones: una de ellas ígnea, de modo que "la exhalación" representa, en este caso, al fuego.

128 Según el escolio a Calcidio (fr. 67 a de DK), Heráclito comparó el alma con una araña que se dirige con rapidez a cualquier parte de su tela dañada. Describe al alma como "firme et proportionaliter iuncta" al cuerpo; la idea de la proporción es adecuada a Heráclito. Cf. respecto a Anaxímenes, págs. 233 ss.

129 Así Macrobio, S. Scip. 14, 19 (DK 22 A 15), "Heráclito dijo que el alma es una centella de la sustancia esencial de las estrellas" (scintillam stellaris essentiae) y concebía, sin duda, a las estrellas como concentraciones de éter.


130 Sexto pasa a comparar la reanimación del alma-fuego mediante la restauración del contacto con el Logos universal (se expresa en términos de las escuelas estoicas y escépticas) con la manera en que los tizones se encienden de nuevo al acercárseles un fuego activo. Es posible que esta imagen, que tal vez empleó ya Jenófanes (pág. 255), la volviera a usar Heráclito, y la palabra a)gxibasi/h, "acercamiento a", que, según Suda, empleó Heráclito en el fr. 122, responde conceptualmente a la misma imagen.

131 Calcidio, que sigue probablemente a Posidonio, le atribuyó a Heráclito una opinión completamente distinta de la de Sexto. Según dicha versión, el alma sólo tenía contacto con la razón cósmica durante el sueño, por estar libre de la interrupción de los sentidos (in Tim., cap. 251, DK 22 A 20). La idea de la "razón cósmica" es estoica y el resto de la interpretación es evidentemente platónica (pace A. Delatte); cf., no obstante, Pi. fr. 131 b.


132



(Pero cuando la tierra cubrió a esta raza, éstos se convierten en démones nobles por decisión del gran Zeus, en guardianes terrestres de los hombres mortales), Cf. también ibid. 252 y ss. Otra de las sentencias de Heráclito que nos conserva Hipólito es muy oscura: tiene, sin duda, una cierta conexión con la doctrina de los opuestos, a la vez que sugiere la deificación de algunas almas (cf. 213):
239 fr. 62, Hipólito, Ref. ix 10, 6


mortales (o mortales inmortales, inmortales mortales; o inmortales son mortales, mortales son inmortales) viviendo aquéllos la muerte de éstos y éstos muriendo la vida de aquéllos),



133 W. J. Verdenio ha sugerido ingeniosamente, no obstante, que ninguna de sus sentencias implica que θυμός, cólera o emoción, comporta un desgaste ígneo o disminución del alma-fuego (compárese con las expresiones "ojos centelleantes", "que respira fuego", etc., de nuestro propio idioma):
240 Fr. 85, Plutarco, Coriol. 22


(Penoso es combatir con cólera; pues cuanto se desea se adquiere a expensas del alma). Es difícil controlar la cólera porque el alma-fuego (que es de suponer que no la controla) ha quedado disminuida por la acción de dicha cólera. Esta interpretación es probablemente correcta: pero tratándose de una cólera o emoción virtuosa (como es el caso de la concepción heroica de la batalla), esta pérdida puede quedar recompensada por un aumento de fuego.

134 Fr. 98 dice que las almas "tienen el sentido del olfato en el Hades", lo que sugiere también que algunas almas, al menos, existen después de la muerte del cuerpo. No se debe interpretar la palabra "Hades" demasiado literalmente. La intención de esta sentencia tan oscura es tal vez la de que las almas que sobreviven a la muerte están cercadas por materia seca (fuego, en otras palabras), ya que era una opinión general la de que el sentido del olfato actúa sobre objetos más secos que el órgano olfativo [Hipócrates] (de carnibus 16; Aristóteles, de sensu 5, 444 a 22). Es posible, sin embargo, que la intencionalidad del fragmento sea completamente ingenua y quiera significar simplemente que el alma, según una concepción popular, es aliento, que la sensación olfativa es inhalada con él y que, en consecuencia, el olfato es el sentido que el alma emplea cuando los demás órganos han perecido juntamente con el cuerpo. Si esta interpretación es correcta, es posible que la sentencia tenga un carácter irónico o que sea un ataque a la idea del alma-aliento.


135 Una posible referencia a ritos Órficos-Dionisiacos fue sugerida en la pág. 56; otra de las tabletas Olbia, con una abreviatura de "Dioniso" nuevamente, contiene las palabras "guerra paz verdad falsedad", con un anillo heraclíteo, una vez más, en torno a ellas.


136



(La Sibila lleva mas de mil años emitiendo por medio del dios con boca posesa cosas tristes, sin composturas y sin perfumes). Es imposible determinar con precisión hasta qué punto es una cita directa; H. Fránkel, p. e., cree que sólo lo es hasta στομάτι, mientras que personalmente nos atreveríamos a ampliarla hasta φθεγγομένη (con la probable excepción de las palabras kai\ a)kallw/pista kai\ a)mu/rista), siendo el resto una vaga paráfrasis de Plutarco. La sentencia parece un justificación del simple método oracular de la exégesis, pero es imposible aducir una interpretación precisa. El mismo Heráclito combinó la concisión del estilo gnómico con la oscuridad del estilo afín, propio de los oráculos, cuya subyacente significación quedaba a veces reforzada con el empleo de juegos de palabras (e. g. cu\n no/w| - cunw~| en 250) y de perífrasis etimológicas. Un uso similar aparece en Esquilo, cuyo estilo coral, sobre todo en la Orestiada, tiene ciertas afinidades con Heráclito.



137 No cabe duda de que Heráclito tuvo un temperamento acentuadamente crítico y que su abuso debió contribuir a su impopularidad entre sus conciudadanos: cf., p. e.,
251 Fr. 29, Clemente, Strom. ν 59, 5

(Los mejores escogen una sola cosa en vez de todas las demás, la gloria perpetua entre los mortales; la mayoría, en cambio, llena su vientre como bestias). Parece que sus ideales políticos fueron antidemocráticos, por motivaciones, tal vez, más empíricas que ideológicas: "Un solo hombre vale para mí tanto como diez mil, si es el mejor", dijo en el fr. 49 y denostó a los efesios por haber exiliado a su amigo Hermodoro, debido a su excepcional habilidad (fr. 121). Él mismo, de noble estirpe, renunció a sus privilegios tradicionales (191).






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