G. S. Kirk y J. E. Raven Los filósofos presocráticos



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supl. Diels.]


204 Dios es día - noche, invierno - verano, guerra - paz, hartura - hambre (todos los opuestos, éste es su significado); cambia como el fuego, al que, cuando se mezcla con perfumes, se denomina de acuerdo con la fragancia de cada uno de ellos.

La expresión "las cosas tomadas en conjunto" (lo entero) de 203 debe referirse primordialmente a los opuestos: lo que se toma conjuntamente con la noche, p. e., es el día. (Observemos que, en este caso, expresa lo que nosotros denominaríamos "cualidad" siempre en términos de simples extremos, a los que puede, por tanto, clasificar como opuestos; de modo que todo cambio puede considerarse como el que tiene lugar entre opuestos). A lo "entero" lo describe, en un sentido, como "un todo", es decir, formando un continuo, en otro, como "no todo", es decir, actuando como componentes singulares. Aplicando este análisis alternante a la conglomeración de las "cosas tomadas en conjunto", podemos advertir que "de todas las cosas se forma una unidad" y también que de esta unidad (e)c e(no/j) puede separarse el aspecto superficial, discreto y plural de las cosas (πάντα).


La cita 204 afirma la existencia de una relación entre dios y un número de pares de opuestos, enlazados cada uno de ellos por una sucesión automática; como el glosador percibió, es probable que represente a todos los pares de opuestos de algún modo interconexos. La relación en cuestión es vagamente predicativa y parece que, ampliando tal vez a Jenófanes, consideró a "dios" como inmanente a las cosas, de un modo probablemente indefinido, o como la suma total de las cosas120, referencia que nos recuerda la idea milesia de que la materia originaría, que aún puede estar representada en el mundo, es divina. Aunque no manifestó una concepción tan expresamente corporalista de la divinidad, era poco más "religioso" que los milesios, dado que no asoció a "dios" a la necesidad de un culto y adoración (si bien no rechazó por completo toda clase de culto, cf. pág. 305).
La intencionalidad específica de 204 está en que cada opuesto puede expresarse en términos de dios: porque la paz sea divina, no se puede concluir que la guerra no lo sea y que no esté igualmente penetrada por el constitutivo rector y formulaico que, a veces, se identifica con la totalidad del cosmos ordenado (págs. 274, 290). Dios no puede distinguirse, en este caso, esencialmente del Logos, y el Logos es, entre otras cosas, el constitutivo de las cosas que las hace opuestas y el que garantiza que el cambio entre los opuestos ha de ser proporcional y equilibrado por todas partes. Afirma, pues, que dios es el elemento conectivo común de todos los extremos, lo mismo que el fuego es el elemento común de vapores diferentes (se los concebía compuestos de fuego y diferentes clases de incienso); el cambio de uno a otro comporta el cambio total de nombre, engañoso, porque sólo ha cambiado un componente superficial y subsiste el componente más importante. Esta difícil sentencia implica que, mientras cada par separado de contrarios forma un solo continuo, los diversos continuos están también, aunque en diferente manera, conexionados entre sí. Así la pluralidad total de las cosas forma un complejo singular, coherente y determi-nable, al que Heráclito llamó "unidad".

4) La unidad de las cosas subyace a la superficie; depende de una equilibrada reacción entre opuestos.



207 Fr. 54, Hipólito, Ref. ix 9, 5


207 Una armonía invisible es más intensa que otra visible.


208 La auténtica naturaleza de las cosas suele estar oculta.


nota 1 al texto griego:

1 Hipólito, nuestra fuente de información más completa y fidedigna por regla general, registra o(mologe/ein (en vez de o(mologe/ei) y pali/n tropoj. Es probable que cumfe/retai sea una restauración de la versión de Platón, Simp. 187 a y elude un empleo difícil de o(mologei=n, un verbo que con facilidad pudo haberse repetido por azar, puesto que Hipólito lo empleó dos veces en su forma infinitiva antes de citar el fragmento, pali/ntonoj está tan documentado como pali/ntronoj en las versiones (sólo en la segunda parte) de Plutarco y Porfirio y comporta una mejor intelección. G. Vlastos, AJP 76, 1955, 348 ss., defiende pali/ntronoj; su base de apoyo más firme radica en Dióg. Laercio, IX 7, versión compendiada y frecuentemente imprecisa de Teofrasto, que registra la frase dia\ th=j e)nantiotroph=j h(rmo/sqai, que, a primera vista, parece que se basa sobre pali/ntropoj a(rmoni/h; sin embargo, e)nantiotroph/ (que debería ser e)nantiotropi/a, si es que se deriva de una forma adjetiva -τρoπος) se refiere probablemente a las τροπαί de 218, combinadas (como, sin duda, aparecían en Teofrasto, cf. una versión más completa en Dióg. Laercio, ix 8) con el "camino arriba y abajo" en su interpretación de cambio entre opuestos. Εl αλίντροος κέλευθος de Par-ménides fr. 6 (293) se entiende perfectamente y no tiene por qué comportar referencia alguna a Heráclito (cf. pág. 357) o, por lo menos, a este fragmento. Para una más extensa discusión de la correcta lectura cf. Guthrie, HGP I, n. 3 en págs. 439 s.


209 No comprenden cómo esto, dada su variedad, puede concordar consigo mismo [literalmente, como esto, estando separado, puede reunirse consigo mismo]: hay una armonía tensa hacia atrás, como en el arco y en la lira.

La afirmación de 207 es una regla general; su comparación con 208 (donde φύσις no significa probablemente "Naturaleza", sino "la verdadera constitución de una cosa") y con 209 sugiere que la regla se aplica a la acción del mundo como un todo, como una suma de partes constitutivas, cuya conexión no aparece a primera vista. La conexión que no se percibe entre opuestos es, de hecho, más estrecha que otros tipos de conexión más obvios 121. La cita 209, uno de los dichos más familiares de Heráclito, contiene una característica vaguedad en su predicación: el sujeto de ξυμφέρεται no es probablemente (to\) διαφερόμενον, i. e., otro ejemplo de un opuesto específico, sino un diafero/meno/n <τι>, generalizador, en que "algo que está siendo separado" significa algo así como "cualquier discreto par de opuestos". Su sentido, pues, es similar al implícito en συμφερόμενον διαφερόμενον de 203: cualquier par, o suma de pares, puede ser considerado o a) como heterogéneo y analizable en términos de extremos separados, o b) como que tiende a formar consigo mismo una unidad. Viene a continuación una adición importante: hay [en él, i. e., ejemplifica] una conexión o medios de unión (tal es la significación literal de άρμο-νίη) a través de tensiones 122 opuestas, que garantizan la coherencia —de la misma manera que la tensión en la cuerda del arco o de la lira, equilibrada por la tensión opuesta ejercida por los brazos del instrumento, produce un complejo coherente, unificado, estable y eficiente. Podemos inferir que si el equilibrio entre los opuestos no se mantuviera, si, por ejemplo, "el calor" (i. e., la suma de las sustancias calientes) comenzara a sobrepasar con exceso al frío, o la noche al día, cesaría la unidad y coherencia del mundo, exactamente igual que si la tensión de la cuerda del arco excede a la de los brazos, todo el complejo se destruye.


5) El equilibrio total del cosmos sólo puede mantenerse si el cambio en una dirección comporta otro equivalente en la dirección opuesta, es decir, si hay una incesante "discordia'' entre opuestos.

211 Fr. 80, Orígenes, c. Celsum, vi 42




nota 1 al texto griego:
1 Cf. 213 Aristóteles, Et. Eudem. Η 1, 1235 a 25



(Heráclito censura al autor del verso «ojalá que la discordia despareciera de entre los dioses y los hombres», pues no habría escala musical sin notas altas y bajas, ni animales sin macho y hembra, que son opuestos). Aquí a(rmoni/a tiene, en este pasaje, su significado especial de "escala musical".
211 Conviene saber que la guerra es común (a todas las cosas) y que la justicia es discordia y que todas las cosas sobrevienen por la discordia y la necesidad.

212 Fr. 53, Hipólito, Ref. ix 9, 4




212 La guerra es el padre y el rey de todas las cosas; a unos los muestra como dioses y a otros como hombres, a unos los hace esclavos y a otros libres.

La discordia o la guerra es una metáfora que emplea Heráclito para expresar el dominio del cambio en el mundo. No cabe duda de que está conexionado con la reacción entre opuestos y la mayoría de las clases de cambio (salvo, p. e., el crecimiento, que es la acreción de igual a igual) —cabe inferir— puede resolverse en un cambio entre opuestos. Un cambio de un extremo a otro puede parecer, en cualquier caso, que es el más radical posible. La "guerra", que subyace a todos los hechos, es "común", en 211, en un sentido especial (Homero había usado el término con el significado de "imparcial"): es universal y la responsable de las condiciones diferentes y realmente opuestas de los hombres —incluso de su destino después de la muerte, porque la muerte en la batalla (212) podría convertir a algunos incluso en "dioses", cf. 237 y 239. Se la llama también δίκη, la "vía indicada" (de la misma raíz que δεκνυμι), o la regla normal de conducta. Este modo de expresarse debe ser una deliberada corrección a la sentencia de Anaximandro (110), según la cual las cosas se pagan mutua retribución por la injusticia de su alternativa usurpación en los procesos del cambio natural. Heráclito indica que si la discordia —i. e., la acción y reacción entre sustancias opuestas— cesara, el vencedor en cada lucha de extremos establecería un dominio permanente y el mundo como tal quedaría destruido. Pero, así como en una batalla hay interrupciones locales transitorias o detenciones producidas por el exacto equilibrio de las fuerzas opuestas, del mismo modo debió admitir que ha de encontrarse aquí y allá una estabilidad transitoria en el campo de la batalla cósmica, con tal de que sea sólo transitoria y quede equilibrada por su situación equivalente en otra parte. Esta correspondencia no disminuye la validez de la dominación de la discordia (que, como para Anaximandro, procura una razón metafórica del cambio), sino que permite que el principio sea aplicado al mundo de nuestra experiencia, en el que todas las cosas deben, en última instancia, cambiar, pero algunas son, por el momento, evidentemente estables.


6) La imagen del río ilustra la clase de unidad que depende de la conservación de la medida y del equilibrio en el cambio.

214 Fr. 12, Ario Dídimo, ap. Eusebium, P. E. xv 20, + fr. 91, Plutarco, de E 18, 392 β




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