G. S. Kirk y J. E. Raven Los filósofos presocráticos



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SU IMPORTANCIA
Sobre la importancia intelectual de Jenófanes se han sostenido opiniones muy diferentes. Así, Jaeger (Teología 52) habla de su "enorme influencia sobre el desarrollo religioso posterior", mientras que Burnet (EGP 129) sostuvo que "se habría reído si hubiera sabido que un día se le iba a considerar como teólogo". La depreciación de Burnet es ciertamente muy exagerada, si bien no cabe duda de que Jenófanes difirió considerablemente de los milesios, de Heráclito o de Parménides. Fue un poeta con intereses especulativos, en especial sobre cuestiones de religión y de los dioses, que le indujeron a reaccionar contra Homero, arquetipo de poetas y base fundamental de la educación contemporánea. Sus ataques a la teología homérica debieron influir profundamente, tanto sobre el hombre vulgar que oía sus poemas, como sobre otros pensadores, y es de suponer que, p. e., las críticas de Heráclito a la purificación mediante la sangre y contra las estatuas (241) recibieran su influjo. Su descripción positiva de la divinidad sub-yace a la concepción del poder divino de Las Suplicantes (173) de Esquilo y su valoración del carácter relativo de los méritos de los poetas y de los atletas (fr. 2), que amplió Eurípides en el Autólico (cf. fr. 282 Nauck2, DK21c2), es un ejemplo menos especializado del intelectualismo racional de Jenófanes. No es exacto, sin embargo, exagerar su carácter acientífico por el mero hecho de su dedicación a la teología, ya que el estudio de los dioses no estuvo divorciado del de la naturaleza y su deducción a partir de los fósiles, en la que, partiendo de hechos observados, llega a hipótesis generales —procedimiento sumamente raro entre los pre-socráticos, demuestra un sistema de argumentación cuidadoso y plausible. Algunas de sus demás informaciones físicas son extraordinariamente grotescas, si bien no podemos constatar la seriedad de su intención. Fue un crítico más que un dogmático original; no fue un especialista, sino un verdadero σοφιστής, sabio, dispuesto a aplicar su inteligencia a casi todos los problemas (aunque nada sabemos acerca de sus manifestaciones políticas, motivo por el que le atacó Heráclito en 190). Sus opiniones sobre casi todo tipo de temas merecen cuidadosa atención.

teología
i) Ataques a a) la inmoralidad y b) la naturaleza antropomórfica de los dioses de la religión convencional.


166 Fr. 11, Sexto, adv. math. ix 193


166 Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses cuantas cosas constituyen vergüenza y reproche entre los hombres, el robo, el adulterio y el engaño mutuo.

167 Fr. 14, Clemente, Strom. ν 109, 2




167 Pero los mortales se imaginan que los dioses han nacido y que tienen vestidos, voz y figura humana como ellos.
168 Fr. 16, Clemente, Strom. vii 22, 1

168 Los Etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros y los tracios que tienen los ojos azules y el pelo rubio.

169 Fr. 15, Clemente, Strom; ν 109, 3



nota 1 del texto griego:

1 La cita 168 es una reconstrucción convincente de Diels a partir de una cita en prosa de Clemente. Los añadidos de 169 proceden respectivamente de Diels, Sylburg y Herwerden; el texto es el de DK. El verso 1 de 167 es un trímetro yámbico.
169 Si los bueyes, los caballos o los leones tuvieran manos y fueran capaces de pintar con ellas y de hacer figuras como los hombres, los caballos dibujarían las imágenes de los dioses semejantes a las de los caballos y los bueyes semejantes a las de los bueyes y harían sus cuerpos tal como cada uno tiene el suyo.

Sus críticas están suficientemente claras: los dioses de Homero y de Hesíodo, en primer lugar, son, con frecuencia, inmorales ·—lo que es absolutamente cierto—; en segundo lugar —y es aún más importante—, no hay motivos convincentes para creer que los dioses sean en modo alguno antropomórficos. Agudamente se da cuenta Jenófanes de dos cosas: que las diferentes razas atribuyen a los dioses sus propias características particulares (ejemplo temprano de la nueva orientación antropológica, que apareció en Hesíodo y culmina en la distinción φύσις - νόμος) y, en segundo lugar, que, por reductio ad absurdum, los animales harían también lo mismo. Concluye con la afirmación de que dichas estimaciones son subjetivas y carentes de valor y que el cuadro establecido por Homero ("por el que todos han aprendido", cf. fr. 10) respecto a la concepción de los dioses como hombres y mujeres debe ser abandonado.



ii) Teología constructiva: existe una sola divinidad no antropomórfico.
170 Fr. 23, Clemente, Strom. ν 109, 1


170 (Existe) un solo dios, el mayor entre los dioses y los hombres, no semejante a los mortales ni en su cuerpo ni en su pensamiento.
171 Fr. 26 + 25, Simplicio, Fís. 23, 11 + 23, 20

171 Siempre permanece en el mismo lugar, sin moverse para nada, ni le es adecuado el cambiar de un sitio a otro, sino que, sin trabajo, mueve todas las cosas con el solo pensamiento de su mente.

172 Fr. 24, Sexto, adv. math. ix 144



nota 1 al texto griego:

1 Diógenes Laercio, ix 19 (DK 21 A 1) da a entender que las palabras finales no son ou)=loj de/ t' a)kou/ei, sino ou) me/ntoi a)napnei=, que es probablemente una versión posterior, obra de algún pensador interesado por la cosmología pitagórica.

172 Todo él ve, todo él piensa y todo él oye.

La afirmación de 170 de que es "el mayor entre los dioses y los hombres" no debe entenderse en sentido literal y la mención de los hombres se debe a un uso "polar", como en Heráclito fr. 30 (217), quien dice que el actual orden del mundo no fue hecho "por ninguno de los dioses ni de los hombres". Es probablemente un recurso enfático, más que (como quiere Barnes, op. cit. en n. 2, págs. 89-92) parte de una argumentación de que una jerarquía de dioses es lógicamente imposible. Escribió, de hecho, sobre "los dioses" también en otros pasajes, p. e., en 188, como una concesión, sin duda, tal vez no del todo consciente, a la terminología religiosa popular, pero parece muy dudoso que reconociera que otras divinidades menores estuvieran relacionadas de modo alguno con el "dios uno", salvo en sus tenues proyecciones humanas. Su afirmación de que el dios uno no es semejante a los hombres ni en su cuerpo ni en su pensamiento implica que tiene un cuerpo (la misma conclusión se deduce de 172), si bien es inmóvil 106, por la razón interesante de que "no le es adecuado" el moverse de un sitio para otro. Aceptó, pues, el criterio griego, de profunda raigambre, del decet 107. No sólo "no está bien" que el dios se mueva, sino que el movimiento le es realmente innecesario, porque el dios "mueve todas las cosas mediante la activa voluntad que procede de su clara percepción" (171, lín. 3) 108, referida al ver y al oír y que, al igual que dichos actos, no es realizada por órganos especiales, sino por el cuerpo entero inmóvil del dios. Es probable que llegara a esta conclusión mediante la asignación de las características antitéticas propias de cualquier dios homérico. Que el pensamiento o la inteligencia pueden influir en las cosas exteriores al pensador, sin la mediación de miembros del cuerpo, es un desarrollo, sumamente audaz, de la idea homérica de que un dios puede llevar a cabo sus objetivos, implantando simplemente, p. e., infatuación ( )/Ath) en un mortal y que ésta parece una idea plausible lo demuestra su aceptación y expansión por parte de Esquilo 109.

iii) ¿Es el dios uno coextenso con el mundo?


174 Aristóteles, Met. A 5, 986 b 21 (respecto a lo que precede cf. 164)





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