G. S. Kirk y J. E. Raven Los filósofos presocráticos



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No cabe duda de que se quiere dar a entender, en este pasaje, el nacimiento y la destrucción de los mundos a través del espacio (o lo Indefinido); la frase "quanta... potuerit" sugiere una irregularidad, extraña a la idea de una secuencia de mundos singulares, pero que es esencial a la concepción atomista86.
Dos fuentes, por tanto, independientes entre sí, indirectamente influenciada (aquí) la una y directamente la otra por la tradición que parte de Teofrasto, le atribuyen mundos atomistas a Anaximandro. Además, una adscripción semejante de mundos tanto coe-xistentes como sucesivos por parte de Teofrasto procuraría una razón de confusión entre ambos en algunas partes de la tradición doxográfica sobre Anaximandro.

v) Otras consideraciones en contra y en pro de la hipótesis. — Dos dificultades hemos de mencionar respecto a esta interpretación:


a) Es posible que Aristóteles, a juzgar por 109, quisiera decir que atribuía la pluralidad de mundos a los físicos monistas en general : la sustancia primaria infinita, decían ellos, "circunda todos los cielos (ou)ranou/j)". Para obviar esta dificultad propusimos en la pág. 176 que Aristóteles empleaba ουρανοί en el sentido especial de "esferas celestes": quiso significar "todo lo circundado por los primeros cielos" y (debido, acaso, a la analogía de los círculos de Anaximandro) expresó este concepto en un lenguaje adecuado a su propia cosmogonía. En 108 dice, sin duda alguna, que la sustancia primaria infinita circunda simplemente "todas las cosas" y, en ninguna otra parte, sugiere la idea de la existencia de mundos innumerables separados con anterioridad a los atomistas.
b) Si Teofrasto creyó que todo el que postulara una materia infinita debía postular también mundos innumerables como los atomistas, ¿por qué escribió Simplico en 147 (continuación de 113) que Anaxímenes, cuya sustancia primaria describieron como infinita él mismo y Simplicio, creyó en mundos singulares sucesivos? Su distinción de Anaximandro es embarazosa, sea la que fuere su interpretación. En dicho pasaje se dice que tanto Heráclito como Diógenes participaban de esta creencia; no cabe duda de que le atribuyó a Heráclito la creencia en la idea de la existencia de mundos sucesivos y es posible que pensara que debía clasificarse con él a Anaxímenes, por creer en una sustancia primaria específica, mejor que a Anaximandro y los atomistas, cuya a)rxh/ era indiferenciada. También es posible que no haga referencia alguna a Anaxímenes: cf. n. en pág. 223. No debemos considerar, sin embargo, estos dos testimonios, por muy embarazosos que sean, como neutralizados. La cosmología de Anaximandro manifestaba, por otro lado, tres características especiales que pueden haber estimulado la interpretación de una creencia en la pluralidad de mundos: 1) la teoría de que la tierra estaba circundada por un número —acaso indefinido— de anillos de los cuerpos celestes (págs. 200 ss.); 2) la teoría de que la tierra se estaba secando, formulación que formaba probablemente parte de una teoría más amplia de círculos de cambio sobre la superficie de la tierra —una sucesión de κόσμοι en el sentido de distribuciones locales (págs. 206 s.); 3) la virtual ambigüedad del fragmento conocido por Teofrasto. Parece que este fragmento describía propiamente la interacción de las sustancias dentro del mundo, y que Teofrasto lo aplicó equivocadamente a la interacción entre el mundo y lo Indefinido. Es posible, en consecuencia, que 1) contribuyera a fomentar la idea de mundos coexistentes, 2) y 3) la de mundos sucesivos y que Teofrasto, aplicando argumentos atomistas, le atribuyera a Anaximandro la idea de mundos coexistentes y sucesivos.

COSMOGONÍA


i) ¿Son aplicables a Anaximandro "el movimiento eterno" y el vórtice?
115 Hipólito, Ref. i 6, 2 (tomado de 101 β


115 ...era eterno el movimiento, en el que resulta que nacen los cielos.

116 Aristóteles, Fis. θ 1. 250 b 11






nota 1 al texto griego:

1 (h)/ a)ei\) (Ross) la apoyan los comentarios de Temistio y de Simplicio. Su sentido es el de que cuantos postulan un mundo eterno postulan también un movimiento eterno y los que postulan un mundo no eterno no postulan tampoco un movimiento eterno. Obsérvese que este análisis no incluye la idea de la existencia de mundos singulares sucesivos (que requeriría un movimiento eterno).

116 ¿Tuvo nacimiento alguna vez el movimiento... o no lo tuvo nunca ni nunca se acaba, sino que existió siempre y siempre existirá y es inmortal e incesante para los seres existentes, siendo como una especie de vida para todos los objetos naturales?... cuantos afirman que los mundos son infinitos y que unos nacen y otros perecen dicen que el movimiento existe siempre... cuantos, en cambio, dicen que hay un solo mundo, eterno o no, sostienen también, respecto al movimiento, las hipótesis correspondientes a su tesis.

117 Aristóteles, de caelo Β 13, 295 a 7




117 Pero si realmente existe algún movimiento natural, no solo no habrá movimiento violento, sino tampoco reposo violento; de modo que, si la tierra está ahora en violento reposo, también fue llevada hacia el centro arrastrada por un vórtice. (Todos, en efecto, sostienen esta causa, deduciéndolo de lo que acontece en el agua y en el aire; en éstos, en efecto, son siempre llevados hacia el centro del vórtice los objetos mayores y más pesados.) Por eso, todos cuantos dicen que el cielo nació alguna vez afirman que la tierra llegó al centro.

No cabe duda de que Teofrasto afirmó que lo Indefinido estaba caracterizado por un movimiento eterno, que era, en cierto modo, el causante de los mundos innumerables. Atribuyó igualmente la idea del movimiento eterno a Anaxímenes, presumiblemente porque, al igual que Anaximandro, no especificó nada que pudiera actuar evidentemente como una causa del cambio. Aristóteles reprochó, con frecuencia, esta misma falta a los monistas, si bien la cita 116 nos demuestra que, a veces, entendió su modo de pensar mejor que su discípulo Teofrasto. En este pasaje considera un movimiento ingenerado, "inmortal", inherente a las cosas como una especie de vida. Tal vez pensaba en Tales (pág. 151), si bien la frase "inmortal e incesante" nos recuerda la fraseología que atribuye, entre otros, a Anaximandro en 108; es probable, pues, que se diera cuenta de que para Anaximandro el cambio en el cosmos estaba vinculado a la divinidad, poder vital y movimiento de lo Indefinido. Teofrasto creía que el "movimiento eterno" de Anaximandro era algo probablemente más explícito, un cierto movimiento mecánico, como el de los atomistas, mencionados indirectamente en 116; ya hemos visto (págs. 185 ss.) que es probable que agrupara a Anaximandro con los atomistas en la cuestión de la pluralidad de los mundos. Algunos tratadistas modernos (p. e., Burnet) han defendido que Anaximandro postuló una confusa agitación, similar al movimiento del aventamiento en el Timeo de Platón; otros (p. e., Tannery) le atribuyeron a lo Indefinido un movimiento circular. Ambas suposiciones son igualmente improbables. Es muy poco probable que Anaximandro mismo aislara nunca la cuestión del movimiento; lo Indefinido era divino y poseía de por sí el poder de mover lo que quería y adonde quería. Definir más sus propiedades sería frustrar sus intenciones.


Con frecuencia se leen alusiones a un vórtice o vórtices en Anaximandro. No hay, en realidad, testimonio alguno de ellos, salvo la cita 117 de Aristóteles, basada en un razonamiento marcadamente apriorístico. No es cierto, en todo caso, que estuviera pensando en Anaximandro cuando escribió este pasaje, ya que, poco después (123), le separa de la mayoría de los físicos, basándose en que éste hace descansar a la tierra en el centro mediante la idea de equilibrio y no mediante ningún tipo convencional de "fuerza". Esta distinción y la discusión subsiguiente constituyen un apéndice a la discusión de la acción del vórtice, cuya consideración queda cortada; puede, por tanto, aceptarse que Aristóteles hablaba en sentido vago al decir en 117 que "cuantos dicen que el cielo nació alguna vez afirman que la tierra llegó al centro", si es que la afirmación implica algo más que una simple acreción. Ninguna de nuestras fuentes doxográficas atribuye la idea de los vórtices a ningún pensador anterior a Empédocles, a pesar de que la generalización de Aristóteles en 117 debería haber inducido a Teofrasto a mencionar manifestaciones anteriores, si es que las hubiera podido encontrar. Es posible, no obstante, que fuera un vórtice (cf. página 197) lo que se separó de lo Indefinido en el primer estadio de la cosmogonía de Anaximandro; lo que está fuera de duda es que ni la totalidad de lo Indefinido estaba en movimiento vortical ni el movimiento diurno de los cuerpos celestes se debía a esta causa (lo que se ajustaría al equilibrio de la tierra de 123). En la mayoría de las cosmogonías antiguas se da por supuesta la idea de la tendencia de los cuerpos pesados a moverse hacia el centro; esta suposición podía deberse, en parte, a la observación de la acción vortical (117) en la experiencia diaria, si bien, por otra parte, reflejaba simplemente la disposición obvia de los componentes del cosmos visible.

ii) ¿Cómo los opuestos procedieron de lo Indefinido?




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