G. S. Kirk y J. E. Raven Los filósofos presocráticos



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80 Eudemo atribuye este teorema a Tales en la historia de la geometría; pues dice que es necesario que lo utilizara para la explicitación del método mediante el que dicen que demostró la distancia de las naves en el mar.

Jerónimo de Rodas le atribuye en 79 el método más simple posible de medir la altura de una pirámide. Es posible que lo aprendiera de los egipcios, aunque tampoco es improbable que la referencia de las pirámides fuera una mera coloración local con el fin de adecuar la tradición de una visita a Egipto. Plinio (Ν. Η. xxxvi 82, DK 11 A 21) dio la misma versión, pero en Plutarco (Sept. Sap. Conv. 2, 147 A —DK 11 a 21—) hay una variante más compleja, a saber, que la relación de la altura de una pirámide a la longitud de su sombra es exactamente la misma que la existente entre la altura de cualquier objeto vertical mensurable y la longitud de su sombra en el mismo momento del día. Es probable, aunque no seguro, que Jerónimo dependa, en esta versión, de Eudemo, casi contemporáneo suyo (cuyo libro sobre la historia de la geometría y de las matemáticas, en cuanto distinto a su historia de astronomía, no parece que haya empleado Diógenes en su estudio sobre Tales); en este caso, es probable que Tales se sirviera del método más simple; el más complejo, por otro lado, se basa en el razonamiento de los triángulos semejantes, análogo al que le atribuyó Eudemo en 80, como medio para medir la distancia de los barcos en el mar. Bastaba con que se conociera la altura del observador sobre el nivel del mar, para que, con la ayuda de un teodolito primitivo, dos varas (una en calidad de punto de mira y la otra de línea de nivel aproximada) pivotadas sobre un clavo, se pudiera hacer el cálculo. Hemos de advertir que Eudemo le atribuyó el conocimiento de los triángulos semejantes, basándose únicamente en el a priori de que no hubiera podido, de otro modo, realizar un cálculo de este tipo. Cualquiera, sin embargo, puede emplear empíricamente un medidor de ángulos rudimentario sin tener que elaborar una teoría explícita de los principios implicados y sin tener que darles, ciertamente, una formulación geométrica57. Proclo, siguiendo a Eudemo, le atribuye, en el mismo comentario a 80 (DK 11 a 11), la fijación de otros tres teoremas: la bisección del círculo por su diámetro; los ángulos de un triángulo isósceles son iguales y los ángulos verticales opuestos son también iguales; ellos son probablemente las soluciones más claramente abstractas a problemas prácticos concretos de todas las que se le atribuyeron. Toda esta formulación es muy conjeturable y la nuestra propia es la de que adquirió fama entre sus contemporáneos por haber realizado varias mediciones, pero que no fue necesario que enunciara los principios geométricos subyacentes, ya que los problemas planteados no eran puramente empíricos. Tal vez pueda confirmar esta opinión el hecho de que sus sucesores milesios le prestaron escasa atención a la teoría matemática.



SUS ESCRITOS
81 Simplicio, Física, pág. 23, 29 Diels

81 Tales fue, según la tradición, el primero en revelar a los griegos la investigación de la naturaleza y, a pesar de haber tenido otros muchos predecesores, según Teofrasto cree también, les aventajó tanto que los eclipsó a todos. Se dice que no dejó nada escrito, salvo la llamada Astrología Náutica.

82 Diógenes Laercio, i 23





82 y, según algunos, no dejó ningún escrito; pues la Astrología Náutica, a él atribuida, se dice que es de Foco el Samio. Calimaco le tuvo por el descubridor de la Osa Menor y dice así en Yambos... (78 vs. 3-4); según otros, en cambio, escribió sólo dos libros: Sobre el solsticio y Sobre el equinoccio, considerando que las demás cosas eran incomprensibles.

83 Suda, s. ν. (tomado de Hesiquio) (DK 11 a 2)




83 ...escribió sobre los fenómenos celestes en verso épico, sobre el equinoccio y otras muchas cosas.

Estos pasajes demuestran que los antiguos tenían profundas dudas sobre las obras escritas por Tales. Es absolutamente claro que no había obra suya alguna en la Biblioteca Alejandrina, salvo la dudosa Astrología Náutica (cf. también 96). Aristóteles no vio ningún libro escrito por él, al menos sobre temas cosmológicos, y fue sumamente cauto en atribuirle opiniones, empleando expresiones como "tomando, tal vez, dicha suposición de...", "la versión que dicen que dio Tales" (85, 84) y "a juzgar por lo que cuentan" (89). No era necesario que fuera consciente de emplear fuentes originales; Teofrasto, en cuanto historiador profeso de la filosofía precedente, debió haberlo sido (aunque no siempre lo fue), pero tenía poco que añadir a lo que Aristóteles dijo sobre él (salvo la corrección poco importante, implícita en la conjetura de 81, de que tuvo predecesores). Eudemo adujo alguna información concreta sobre sus actividades como geómetra y astrónomo (75, 76, 80), pero, como ya hemos observado en nuestro comentario a 80, sus noticias eran, con frecuencia, especulativas, basadas tal vez, en parte, sobre la tradición biográfica cuasi-legendaria y en modo alguno implican que hubiera visto obras escritas por él.


Plutarco, de Pyth. or. 18, 402e (DK 11B 1) participaba de la duda de Diógenes, en 82, sobre la autenticidad de la Astrología Náutica y añadió que la obra en cuestión estaba escrita en verso; podemos, pues, aventurar la conjetura de que es la obra en verso que Hesiquio denomina en 83 peri\ metew/rwn. Lobón de Argos (un desacreditado esticometrista del siglo ii a. C.) dijo, según Dióg. L., I, 34, que Tales escribió 200 hexámetros. La cita 81 manifiesta sólo una ligera sospecha en la incertidumbre implícita en kaloume/nhj, que se restringe, tal vez, a la naturaleza del título; además, esta última frase expresa, casi con seguridad, el juicio del propio Simplicio y no el de Teofrasto, cuya paráfrasis parece que termina delante de λέγεται. La información de Diógenes (82) de que la obra se le atribuyó también a un tal Foco de Samos, casi aclara la cuestión: es lógico que se le pudiera atribuir a Tales cualquier escrito astronómico de aspecto arcaico y no que una obra auténticamente suya le fuera atribuida a personas poco conocidas. Es posible que la Astrología Náutica fuera un escrito genuino del siglo vi, similar a la )Astrologi/a en hexámetros de Cleostrato de Ténedos (DK, cap. 6) o la así llamada )Astronomi/h hesiódica (DK, cap. 4) y así lo han supuesto Diels y otros. También es posible que fuera una obra de cuño helenístico. Diógenes en 82 manifiesta su perplejidad ante la atribución de Calimaco en 78 del descubrimiento de una estrella de especial utilidad para la navegación; y aunque no es necesario que la fijara por escrito, no es nada improbable que así lo hiciera, tratándose de una actividad bastante plausible para un sabio práctico en un centro marítimo; no es probable, sin embargo, que lo hiciera en la Astrología Náutica conocida por el mundo helenístico ni tampoco que las otras dos obras mencionadas en 82, Sobre el solsticio y Sobre el equinoccio (sólo la última aparece en 83) fueran, a juzgar por su contenido parecido, dos libros separados. Es evidente que Simplicio en 81 y los que en 82 creyeron que no dejó escrito libro alguno no consideraron genuina a esta obra. Según Eudemo en 75 y 76, Tales estudió los solsticios y se le debió atribuir esta obra, en virtud precisamente de su conocido interés por dichos temas. Debemos recordar, sin embargo, una vez más, que la práctica de las observaciones de los solsticios y salidas y puestas de las estrellas estaba muy difundida en el período arcaico y que su redacción estaba fijada incluso en verso, como un intento, en parte, por fijar un calendario adecuado: cf. Cleostrato, fr. 4 (DK 6 β 4) y la Astronomía hesiódica (DK 4 β 1-5). Se le atribuyeron también observaciones sobre las Híadas y la puesta de las Pléyades (Escolio a Arato 172; Plinio, N. H. xviii 213; DK 11 β 2, 11 a 18); advirtamos de paso que la última observación era exacta para la latitud de Egipto, pero no para la de Grecia. Aunque los testimonios no permiten deducir una conclusión segura, es probable que Tales no escribiera libro alguno; si bien es posible que a los antiguos defensores de este punto de vista les engañaran la ausencia de una obra auténtica suya en la Biblioteca Alejandrina y el carácter apotegmático de la sabiduría atribuida a los Siete Sabios en general.

cosmología


i) La tierra flota sobre el agua, que es, en cierto modo, la fuente de todas las cosas. — 84 Aristóteles, de caelo Β 13, 294

84 Otros dicen que la tierra descansa sobre el agua. Ésta es la versión más antigua que se nos ha transmitido, dada, según dicen, por Tales de Mileto, a saber, la de que ésta (la tierra) se mantiene en reposo porque flota, como si fuera un madero o algo semejante (pues ninguna de estas cosas se mantiene en el aire en virtud de su propia naturaleza, pero sí en el agua) como si no se aplicara el mismo argumento al agua que soporta la tierra que a la tierra misma.

85 Aristóteles, Met. A 3, 983 b 6






85 La mayoría de los primeros filósofos creyeron tan sólo principios a aquellos que se dan bajo la forma de la materia; pues afirman que el elemento y principio primero de todas las cosas es aquel a partir del cual todas las cosas existen y llegan por primera vez al ser y en el que terminan por convertirse en su corrupción, subsistiendo la sustancia pero cambiando en sus accidentes; porque tal naturaleza se conserva siempre..., pues es necesario que haya alguna sustancia natural, una o múltiple, de la que nazcan las demás, mientras ésta se conserva. Respecto al número y la forma de tal principio no todos están de acuerdo, sino que Tales, el iniciador de tal tipo de filosofía, dice que es el agua (por lo que manifestó que también la tierra está sobre el agua), tomando, tal vez, dicha suposición de la observación de que el alimento de todas las cosas es húmedo y que el calor mismo surge de éste y vive por éste (el principio de todas las cosas es aquello de donde nacen); de aquí dedujo su suposición y del hecho de que la semilla de todas las cosas tiene una naturaleza húmeda; y el agua es el principio natural de las cosas húmedas.

Nuestro conocimiento de su cosmología depende virtualmente de estos dos pasajes y del añadido críptico de 89-91. Aparte de la crítica y conjetura propia de Aristóteles, le atribuyen dos proposiciones: 1) la tierra flota sobre el agua (como un trozo de madera o algo semejante); 2) el agua es el "principio" de todas las cosas (en el sentido aristotélico de a)rxh/, tal como lo explica en la primera mitad de 85, p. e. el constitutivo material originario de las cosas, que persiste como sustrato de ellas y en el que se convierten en su corrupción). Aristóteles manifiesta expresamente que conoció sólo de un modo indirecto a 1), por la información de otros; es imposible, además, decir si el argumento probatorio (los sólidos no se mantienen sobre el aire, sino sobre el agua y la tierra, en consecuencia, flota sobre el agua) procedía también de las manifestaciones de Tales o si fue una formulación exclusivamente aristotélica. Su objeción final de que no había resuelto nada, porque tendría que hallar aún un soporte para el agua, sustentador de la tierra demuestra que entendió muy poco la probable naturaleza del modo de pensar de Tales, quien seguía aceptando casi con seguridad la concepción popular de que la parte inferior de la tierra se extendía hacia abajo tanto que el problema casi desaparecía, como en el caso de Homero (1) y de Jenófanes (3) muy posterior a Tales. Su idea de que la tierra flotaba sobre el agua procedía probablemente, en su origen directo, de versiones mitológicas no griegas (págs. 142 s.); es posible que el recurso le interesara, en parte, porque le suministraba un soporte para la tierra, pero no es en modo alguno cierto que creyera que constituía un grave problema y muy improbable, en cualquier caso, que desarrollara por sí mismo esta teoría como una respuesta consciente a dicho problema. Es evidente que Aristóteles no supo más de lo que escribió respecto a la proposición 2), puesto que expresamente afirma su deducción conjetural (labw\n i)/swj...) de las razones por las que escogió el agua. La primera mitad de 85 se cita para mostrar el tipo de análisis y de terminología que Aristóteles (al que sigue Teofrasto58 y, en consecuencia, toda la tradición doxográfica subsiguiente) aplicó a los primeros físicos o filósofos naturales, los φυσικοί —aquellos que, según él, postularon única o primariamente la primera de sus cuatro causas—. Si la aplicación, por una parte, de un análisis único y riguroso a sus predecesores resalta con justeza y de un modo útil las semejanzas entre ellos, es, por otra, también origen de confusión. Y así, el "principio" de Tales (en el sentido aristotélico) y el de Heráclito (fuego según Aristóteles) eran para Tales y Heráclito mismos dos cosas muy distintas. Todo lo que, en efecto, sabemos acerca de sus opiniones sobre el agua (aparte de que la tierra flota sobre ella) es que a Aristóteles, que no hacía distinción alguna y bajo una forma probablemente muy compendiada y un tanto falseada, le parecían concordar con su propia idea de una αρχή material. Es posible, sin embargo, que, contrariamente a la suposición automática de Aristóteles, Tales declarara que la tierra procede del agua (i. e., que, de alguna manera, se solidificó a partir de ella), sin pensar, en consecuencia, que la tierra y su contenido son, en cierto modo, agua y que no siguen teniendo con ella (más allá del hecho de que la tierra flota sobre el agua) una relación mayor que la de un hombre con sus remotos antepasados (cf. más adelante págs. 142 ss.).
Las razones, según las conjeturas de Aristóteles en 85, por las que Tales concedió importancia al agua como constitutivo de las cosas son principalmente de tipo fisiológico59. A juzgar por la analogía con sus inmediatos sucesores, deberíamos esperar que hubiera aducido razones meteorológicas en apoyo de la importancia cósmica del agua60, si bien debemos abstenernos de generalizaciones exageradas como las que están implícitas en la opinión de Burnet, a saber, que los pensadores del siglo vi se interesaron, casi exclusivamente, por los fenómenos meteorológicos (en sentido estricto, con inclusión de los astronómicos). No cabe duda de que el estudio científico de la medicina comenzó en el siglo ν a. C. y que, a partir de entonces, se hicieron mucho más corrientes las analogías entre el mundo y los detalles de la estructura humana, aunque el capítulo I nos ha demostrado el acentuado colorido genealógico de una gran parte de la especulación prefílosófíca griega y de la importancia también de la analogía de la reproducción fisiológica. En el caso de Tales, hay razones para pensar que su interpretación del mundo recibió la influencia no sólo del abigarrado fondo tradicional de estas versiones cuasi-mitológicas de los primeros griegos sobre cosmogonía, sino también de una idea cosmogónica específica, derivada tal vez directamente del más lejano Oriente.
Su concepción de que la tierra flota o descansa sobre el agua indica el origen oriental de parte de su cosmogonía. En Egipto se concebía generalmente a la tierra bajo la forma de plato plano y con bordes en sus extremos, que descansaban sobre el agua, que llenaba también el cielo; el sol navegaba de día en una nave a lo largo del cielo y bajo tierra durante la noche (no en torno a ella como en la leyenda griega, p. e. 7). En la épica babilonia de la Creación, Apsu y Tiamat representan las aguas primigenias y Apsu sigue representando a las aguas subterráneas después que Marduk ha escindido el cuerpo de Tiamat para formar el cielo (con sus aguas) y la tierra. En la historia de Eridu (del siglo vii a. C. en su versión actual) "toda la tierra firme era mar" en el principio; Marduk construyó después una balsa sobre la superficie de las aguas y sobre ella una choza de cañas que se convirtió en tierra. Una visión análoga está implícita en los Salmos (donde también Leviatán es un análogo de Tiamat), en los que Jahweh "extendió la tierra sobre las aguas" (136, 6), "la fundó sobre los mares y la estableció sobre las corrientes" (24, 2). De un modo similar Tehom es "el abismo que está debajo" (Gen. xlix 25), "el mar abisal que yace abajo" (Deut. xxxiii 13)61. Frente a esta profusión de material paralelo de la posición del agua debajo de la tierra, procedente del Este y del Sudeste, no hay nada comparable en Grecia, salvo Tales. La ingenua concepción griega de un río Océano circundante de la tierra (caps. I y II) no es estrictamente comparable (porque es evidente que en ella no hay Océano alguno debajo de la tierra), aunque es probable que fuera un desarrollo, muy anterior y en una dirección distinta, del concepto genérico del Oriente próximo de que la tierra surge en medio de las aguas primigenias —idea muy difundida y que no nació casi con seguridad entre los pueblos de habla griega, cuya residencia, antes de su migración a la península griega, estaba lejos del mar. Aunque es probable, asimismo, que las escasas y aisladas referencias del libro XIV de la Ilíada (8 y 9.) a Océano como origen de todas las cosas se basaran en el mismo concepto del Oriente próximo, desde un aspecto ligeramente diferente, no implican la idea especial de que la tierra flota sobre el agua y es improbable, por tanto, que hayan sido el origen de la afirmación de Tales. No cabe duda de que los precedentes homéricos, aparentemente autóctonos, debieran haberle impulsado, en ese caso, a afirmar una opinión más general de que la tierra procedía del agua o era sostenida por ella. Parece, en consecuencia, lo más probable que su idea de que la tierra flota sobre el agua se originó del contacto directo con la cosmología mitológica del Oriente próximo. Ya hemos visto que tuvo relaciones con Babilonia y Egipto y fue en este último país donde se sostuvo, con mayor claridad y difusión, la idea de que la tierra flota efectivamente sobre el agua. Podemos, pues, aventurar la conjetura de que asumió de Egipto este elemento de su imagen del mundo62.
Su alcance cosmológico es limitado y parece razonable concluir, partiendo de la información de Aristóteles en 85, que creyó también que el mundo se originaba del agua, ya que dicha idea subyace a las mitologías del Oriente próximo y se relata en los pasajes homéricos sobre Océano, que se basan, según se cree, en estas mitologías. Es posible que Tales racionalizara la idea tomándola de una forma mitológica griega como la homérica y que recibiera la influencia directa (como parece que recibió respecto al detalle concreto de que la tierra flota sobre el agua) de versiones extranjeras, acaso egipcias. Es aún mayor la inseguridad en lo tocante al problema ya prefijado, i. e. ¿podemos inferir con razón de la identificación aristotélica del agua de Tales con el "principio material", que Tales creyó que el mundo visible, ya desarrollado, era en cierto modo agua? Tal es la interpretación normal; pero importa darse cuenta de que dicha interpretación se basa, en definitiva, en una formulación aristotélica y que Aristóteles, que sabía poco de Tales y no de un modo directo, creyó seguramente que la mera información de que el mundo se originaba del agua, era justificación suficiente para afirmar que era su principio material o αρχή, con la implicación de que es un sustrato persistente. Debemos recalcar una vez más que no era necesario un desarrollo semejante y que no estaba implícito en los conceptos del Oriente próximo, arquetipos últimos de la idea de Tales. Es posible que sostuviera que el mundo se originó de una indefinida extensión de agua primigenia63, sobre la que aún continúa flotando y sigue siendo causa de ciertos fenómenos naturales, sin creer que la tierra, las rocas, los árboles o los hombres están, en cierto modo, hechos de agua o de una forma de agua. Es probable que no hubiera más que una simple conexión ancestral. Es posible, por otro lado, que Tales hiciera la inferencia, completamente nueva, de que el agua es el constitutivo continuo y oculto de todas las cosas. Su inmediato sucesor, Anaxímenes, creyó, sin duda, que todas las cosas estaban hechas de aire (si bien pensó en un medio que lo hiciera posible, ya que el aire adopta formas distintas cuando se le comprime o rarifica) y se da por supuesto invariablemente que amplió y pulió una línea de pensamiento iniciada por Tales. Sería imprudente rechazar de plano tal suposición, que se retrotrae a Teofrasto y Aristóteles. Las razones fisiológicas, aducidas por éste como pruebas, de que todos los seres vivientes dependen del agua para su alimento, de que el esperma es húmedo, etc., aunque se basan en conjeturas, pertenecen al tipo de supuestos que muy bien pudieron llamar su atención y que, juntamente con otra manifestación (p. e. la afirmación homérica de que Océano circundante es la fuente de todos los manantiales y ríos, 6), le condujeran a la conclusión de que el agua, del mismo modo que es la fuente cosmogónica, está también implicado en la esencia misma del mundo evolucionado. Debemos pensar, además, en la posibilidad de que Aristóteles, a falta de otra información, hiciera su propia inferencia, a partir de la creencia de Tales, de que el mundo se originaba del agua y que ésta sigue desempeñando la función más importante dentro del mundo por su condición de soporte de la tierra.
Dos son las ideas que se deducen de la presente discusión: i) la frase "todas las cosas son agua" no es necesariamente un compendio fidedigno de las opiniones cosmológicas de Tales y ii) aun en el supuesto de que aceptemos la versión de Aristóteles (con ciertas concesiones, en cualquier caso, a sus puntos de vista inevitablemente alterados) es muy escasa la idea que obtenemos sobre la manera en que concibió su esencial relación con el agua.

ii) Incluso los seres aparentemente inanimados pueden estar "vivos"; el mundo está lleno de dioses.


89 Aristóteles, de an. A 2, 405 a 19


89 Parece que también Tales, a juzgar por lo que cuentan, supuso que el alma era algo cinético, si es que afirmó que la piedra (magnética) posee alma porque mueve el hierro.

90 Diógenes Laercio, i 24




90 Aristóteles e Hipias afirman que (Tales) hizo participes de alma incluso a los Inanimados (sin alma), deduciendo sus conjeturas de la piedra magnética y del ámbar.

91 Aristóteles, de an. A 5, 411 a 7




91 y algunos afirman que (el alma) está mezclada en el todo (universo), por lo que tal vez Tales creyó también que todas las cosas están llenas de dioses.

Los dos pasajes del de anima de Aristóteles sólo nos permiten aventurar conjeturas sobre la concepción del mundo entero como algo vivo y animado por parte de Tales. Aristóteles mismo citaba testimonios de segunda mano y sus noticias son pobres y cautas (aunque el ei)/per de 89 no tiene por qué expresar necesariamente duda —y probablemente no la exprese— e i)/swj del 91 cualifica a o(/qen y no a la afirmación que sigue). Las palabras finales de 91 "Todas las cosas están llenas de dioses" aparecen también en Platón, consciente probablemente de que está citando a Tales, aunque no se las atribuye 64. 90 cita al sofista y polifacético escritor Hipias, anterior a Aristóteles, como fuente de su atribución de fuerza motriz a la piedra magnesia (magnética), a la que se añade el ámbar que, por frotación, se convierte en magnética; esta adición procede, verosímilmente, del mismo Hipias, que pudo, en este caso, haber sido la fuente de Aristóteles65.


Todo lo que parece que Aristóteles supo en 89 era que Tales creía que la piedra magnética posee alma porque es capaz de mover al hierro, si bien la inferencia ulterior, a saber, que creía que el alma es algo cinético, es completamente legítima. Al alma, tanto si se la relacionaba con el aliento, como con la sangre o el fluido espinal, se la consideraba umversalmente como la fuente de la conciencia y de la vida. Si un hombre está vivo puede mover sus miembros y mover así otras cosas; si desfallece, quiere decir que su alma se ha ido o se ha quedado incapacitada; si muere es que se ha retirado definitivamente, y el "alma", que baja al Hades chillando en Homero, es una mera sombra, porque se ha disociado del cuerpo y no puede continuar produciendo vida y movimiento. Es una tendencia primitiva muy generalizada la de considerar a los ríos, los árboles, etc., animados o habitados por espíritus, tendencia que se debe, en parte aunque no del todo, a que parecen poseer la facultad de automovimiento y cambio y a que se diferencian de los simples troncos o piedras. La mentalidad de Tales no era, naturalmente, primitiva, pero tiene una cierta conexión con el animismo prefilosófico. Hemos de advertir, sin embargo, que sus ejemplos son de un orden diferente: la piedra magnética parece tan inanimada como cualquier otro objeto y no puede moverse o cambiarse a sí misma, sino sólo a cierto tipo de objetos exteriores a ella. Parece, en consecuencia, que Tales explícito, de un modo extremo, la orientación cogitativa que informó a toda la mitología griega, cuyos orígenes últimos eran casi prerracionales. Es posible que el segundo testimonio informativo que poseemos, 91, sea una generalización basada en la exclusiva conclusión de que cierta clase de seres aparentemente inanimados están vivos y poseen alma porque tienen un limitado poder de movimiento. Los principales rasgos distintivos de los dioses es su inmortalidad, su disfrute de vida perpetua y la ili-mitación de su poder (de su fuerza vital, por así decirlo) que se proyecta sobre el mundo animado y el inanimado. Es posible, por tanto, que la afirmación "todas las cosas están llenas de dioses" 66 quiera decir que (puesto que los seres, incluso los aparentemente muertos como las piedras, pueden poseer cierta especie de alma) el mundo como un todo manifiesta un poder de cambio y de movimiento que en verdad no es humano ni aun de modo preferente, y que tanto por su permanencia como por su magnitud y variaciones debe ser considerado como divino, como debido a la inherencia de cierta forma de ψυχή inmortal67.
Es evidentemente indeterminable la naturaleza precisa de su creencia de que todas las cosas están llenas de dioses, e incluso en la línea de interpretación anteriormente sugerida existe una notable incertidumbre: ¿hizo Tales, a partir de la observación de la piedra magnesia y del ámbar, la audaz inducción de que todas las cosas aparentemente inanimadas poseen realmente un cierto tipo de alma? ¿Tenía razón Burnet al sostener (EGP 50) que "afirmar que la piedra magnética y el ámbar tienen vida es implicar, de implicar algo, que las demás cosas no la tienen"? La observación fragmentaria en sí no implica nada en ninguno de los dos sentidos. Tampoco la afirmación de que todas las cosas están llenas de dioses, a pesar de estar íntimamente vinculada a la observación sobre la piedra magnética, implica necesariamente que hizo la inducción universal; porque, así como se puede decir en español "este libro está lleno de absurdos", sin que se quiera decir que cada afirmación en sí es un absurdo, de la misma manera πλήρης en griego puede significar "que contiene una gran cantidad de" o "lleno completamente de". A priori parece, tal vez, más probable que Tales quisiera decir que todas las cosas en conjunto (más bien que cada cosa en sí) estaban completamente penetradas por cierto principio de vida, aunque hubiera muchas clases de seres que carecieran de este principio vital y de su poder cinético. Su punto de vista era que la esfera del alma o de la vida era mucho mayor que lo que parecía, y explicó de una manera personal el presupuesto común a todos los primeros físicos de que el mundo estaba de algún modo vivo, que experimentaba cambio espontáneo y (para irritación de Aristóteles) que, en consecuencia, no era necesario aducir una explicación especial del cambio natural. A este presupuesto se le sigue llamando a veces "hilozoísmo", denominación que implica, con demasiada intensidad, algo uniforme, determinable y consciente. En realidad, el término se adapta, al menos, a tres posibles y distintas actitudes mentales: a) la suposición (consciente o no) de que todas las cosas sin excepción tienen, en cierto modo, vida; b) la creencia de que el mundo está completamente penetrado de vida, que muchas de sus partes que aparecen inanimadas están, de hecho, animadas; c) la tendencia a considerar la totalidad del mundo, cualquiera que fuere su constitución detallada, como un solo organismo viviente, a) Es una forma extrema, aunque no imposible a la vista de la tendencia universalizadora del pensamiento griego, del presupuesto general; se podría, en cierto modo, afirmar que la ejemplificó Jenófanes. La creencia de Tales, según ya hemos sugerido, se aproxima más a b). c) Está implícita en la arcaica concepción genealógica de la historia del mundo, descrita en el capítulo I y que aún persiste, en una gran medida, en la nueva forma racional de la cosmogonía filosófica. Aristóteles manifiesta una gran perspicuidad en 116, donde, pensando tal vez en Tales, se muestra consciente de la posibilidad de este tipo de actitud68.

CONCLUSIÓN


A Tales se le conoció principalmente por su actividad de astrónomo y geómetra práctico y como sabio en general. Su predicción del eclipse fue probablemente posible por su empleo de los registros babilonios, obtenidos acaso en Sardes, y es probable que también visitara Egipto. Su teoría de que la tierra flota sobre el agua parece que se derivó, acaso directamente, de los mitos cosmogónicos del Oriente próximo; la idea del agua como origen de las cosas formaba también parte de dichos mitos y aparece mencionada en un texto griego muy anterior a Tales. Es en sí posible que su desarrollo de este concepto le pareciera a Aristóteles garantía suficiente para afirmar que sostuvo que el agua era la a)rxh/, en el sentido peripatético de un sustrato persistente, si bien es también posible que se diera cuenta de que, puesto que el agua es esencial para el mantenimiento de la vida vegetal y animal —ignoramos qué clase de argumentos meteorológicos empleó—, sigue ésta siendo el constitutivo básico de las cosas. Aunque estas ideas estaban muy influenciadas, directa o indirectamente, por sus precedentes mitológicos, es evidente que Tales abandonó la formulación mítica; este hecho solo justifica su título de primer filósofo, por muy ingenuo que aún fuera su pensamiento. Advirtió además que ciertas piedras incluso podían tener un poder de movimiento limitado y pensó, en consecuencia, en un alma dadora de vida; el mundo como un todo estaba, por tanto, penetrado de algún modo de una fuerza vital que, a causa de su alcance y persistencia, podía ser llamado (naturalmente) divino. No se nos informa sobre si asoció o no esta fuerza vital al agua, origen y, acaso, constitutivo esencial del mundo.





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