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INSTITUTO PRIVADO “GRAL. SAN MARTIN”

PROFESORADO DE EDUCACION FISICA (A-1274)

TEMA:


VIOLENCIA EN EL FUTBOL ARGENTINO

CATEDRA:

INTRODUCCION A LA INVESTIGACION


PROFESOR:

RAUL PAGLILLA

Boukay Darío.

Delgado German.

Vega Lucas.


2005
Índice



  • Fundamentación………………………………..............Pág. 3-4-5

  • Marco Teórico…………………………………………..Pág. 6 a 22

  • Encuesta………………………………………………… Pág. 23

  • Operacionalizacion……………………………………. Pág. 24-25

  • Conclusión……………………………………………….Pág. 26-27

  • Proyecto de Intervención………………………………Pág. 28 a 32

  • Bibliografía…………………………………………….. Pág. 33


FUNDAMENTACION

Si se revisan los trabajos dedicados al estudio de los sectores populares se podrá observar que centraron su atención en otros momentos, otras prácticas y otros espacios sociales y culturales (1). A su vez, la historia tradicional del fútbol argentino - generada a partir de fines de la década del '20 - describe en mayor medida a sus fundadores, sus ideas y su época que al pretendido objeto de estudio (2). Estos relatos intentaron reconstruir el pasado de los clubes más populares, creando una leyenda - con vida propia - referida a la criollización del fútbol introducido por los ingleses. Así, repetida hasta el cansancio por todos los que retomaron la temática, se construyó la historia de un juego anclado en las franjas marginales de la sociedad del momento y practicado en las orillas espaciales de la ciudad. Los creadores de esta versión fueron periodistas, todos ellos poseedores de una pluma de reconocida excelencia, utilizada en la creación de la versión canónica acerca del nacimiento del fútbol criollo. Estas interpretaciones le dieron un tono de epopeya con un amanecer emparentado a un origen social humilde.

Es preciso recalcar que la popularización del fútbol coincidió con las etapas iniciales del proceso de formación de los sectores populares y de su cultura. Habitualmente, esta etapa fue caracterizada a partir de una serie de elementos disímiles y en difícil convivencia. Algunas de estas reconstrucciones presentan a los inmigrantes gobernados por el signo del transplante, substancialmente adheridos a las imágenes de la tierra lejana y a la búsqueda pertinaz del ahorro mediante agotadoras jornadas laborales. En otras versiones, los vemos actuar guiados por ideas asociadas al entrenamiento social de las que aprendieron las razones d la lucha sindical y política contra un sistema que parecía, a todas luces, injusto(3).

Así, el fútbol se fue integrando a un conjunto de nuevas experiencias de sociabilidad, en este caso asociadas sólo a la juventud masculina. La adopción de la práctica futbolística por los jóvenes de los sectores populares quedó indisolublemente ligada al esparcimiento y al uso placentero del ocio, junto a experiencias que fueron más allá de la mera utilización del tiempo libre como la organización de clubes de fútbol.

Al examinar el fútbol aficionado encuadrado en las ligas independientes puede apreciarse un clima intemperante. En las crónicas periodísticas de muchos de los partidos se percibe la tensión provocada por insultos, brusquedades y toda una gama de conductas "poco caballerescas". Quienes poseyeron cancha propia gozaron de la ventaja del apoyo de un escaso aunque activo público. Estos espectadores generaron -a menudo- violencia física o de palabra, sobre árbitros y/o jugadores visitantes en pos del triunfo del equipo de sus simpatías (4). Esta postura excesivamente atenta al logro de la victoria se observa también en la paradójica insistencia de jugadores de los partidos amistosos (fuera de cualquier torneo) por "cobrar los dos puntos", y la consecuente actitud docente del diario que insistía en explicar que en el fútbol amistoso no había puntos en juego.

El deporte moderno llegó al país adherido al sistema de valores del fair play, heredado de sus creadores ingleses. El fair play era identificado con el juego caballeresco, con un compromiso ético individual aprendido durante años de educación formal e institucional. Era una actitud interna dirigida a controlar los actos y las emociones e incorporada a través de una rígida vigilancia externa modeladora de la niñez y la juventud; una actitud que dibujaba cuerpos y almas de los futuros dirigentes. De procedencia inglesa, este tipo de diseño del curriculum educativo tenía también entre nosotros algunos entusiastas.

En una escuela selecta.... Las faltas de carácter y conducta (...) traen como consecuencia la inmediata expulsión. Merece la atención especial la formación del carácter de los alumnos y cada uno de ellos individualmente es merecedor de la fiscalización del Rector. (No pretendemos) formar sabios, sino hombres capaces, con nociones precisas de la caballerosidad y de la hidalguía, "gentleman" es una palabra. Ese es el espíritu del EHS (5).

Conviene señalar que la competencia implicó la existencia de reglas y de un marco jurídico que pusiera límites aceptados por todos los participantes. El fair play significó la vigencia de esas reglas, pero con el aditamento de determinados valores morales internalizados y encarnados en determinadas conductas deportivas. El fair play supone la existencia de la competencia, pero ésta no implica necesariamente la presencia del fair play.

Como se puede observar hasta aquí, en el fútbol practicado por los jóvenes en las ligas independientes la rivalidad exacerbada, el antagonismo y la enemistad ocuparon un lugar destacado mientras que el juego caballeresco, tal como lo diseñó el modelo del deportivismo inglés actuó detrás de la escena, como un telón de referencia (6). En la práctica deportiva de los sportmen y que hacia principios de siglo pudo verse en el incipiente espectáculo futbolístico en fair play funcionó como modelo ético internalizado por los jugadores, sin embargo esa práctica competitiva no siempre funcionó de acuerdo a sus preceptos. Es decir, sucedieron en la liga oficial muchos casos de violación de las normas del fair play. Pero su transgresión puso en cuestión la misma posibilidad del juego, es decir el fair play era asimilado al juego mismo. Más tarde, con la difusión de la práctica hubo un desplazamiento del eje valorativo desde el juego hacia el triunfo, y uno de los objetivos del presente trabajo es hacer notar la emergencia de esa transición. Es sintomático el comentario de un comentarista defensor del fair play:

"La Cultura Esportiva. No tenemos sports. Rencores y no rivalidades: (...) [No hay] sentimientos caballerescos (ni) cultura social. La rivalidad sportiva es un estímulo. [Pero la rivalidad que se encuentra aquí] no es una rivalidad en el sentido que consiga elevarnos sino que simple y puramente es (...) perniciosa y denigrante para el individuo que la posee. Una rivalidad que tiene animosidad al adversario. No es ya la satisfacción de haber vencido en buena ley. Aquí ambicionamos el triunfo (...) para podernos considerar más que nuestros adversarios y poder decirles más adelante "yo valgo más que tú". Aquí se ambiciona la victoria como un medio de reclame para conquistar renombre, título por el cual muchas veces se desciende hasta el fraude y los malos ardides. No tenemos cultura sportiva (...) nos hallamos en un plano inferior por eso. En el football - que hemos dado en llamar nuestro juego nacional en atención a la cantidad de gente que lo practica - suceden casos de falta de educación, casos que repugnan el presenciarlos" (7)



¿Por qué se produce en ocasiones, acciones de violencia, en los partidos de fútbol argentino?



  1. J. Scobie, 1977: Buenos Aires, del centro a los barrios 1870-1910. Jornadas de Historia de la Ciudad de Bs. As.,

  2. E. Escobar Bavio, 1923: Historia del fútbol en el Río de la Plata. Sports, Bs. As.

  3. Los trabajos de la historiografía profesional han tendido a complejizar esta perspectiva. El presente estudio se enmarca dentro de esta orientación e intenta dotar a esa imagen de mayor vida. Cabe destacar que en este esquema bipolar queda poco lugar para imaginar la existencia de jóvenes movilizados por el fútbol, en el marco de los esfuerzos por ascender socialmente y/o de luchar contra el sistema socio-político imperante.

  4. J. Watson, director de la sección deportiva de “La Argentina”, 25 de octubre de 1907. Alejandro Watson Hutton; director de la escuela inglesa más importante de Buenos Aires, la English High School (EHS)

  5. En la serie de polémicas aparecidas en la correspondencia, se pueden detectar muchas referencias al fair play y al exitismo, aunque en ellas sólo se está dispuesto a adoptar la lógica del fair play como un recurso argumental, para legitimar una práctica que en realidad poco había tenido de "juego limpio".

  6. J. Watson, director de la sección deportiva de “La Argentina”, 9 de febrero de 1908


MARCO TEORICO

El tema que abordamos en esta sección es tan complejo como apasionante, particularmente para quienes amamos la práctica del deporte, el juego limpio y por sobre todas las cosas la dignidad del hombre, sujeto principal de toda la actividad deportiva.

La violencia como fenómeno social ha nacido con la misma existencia humana, sin embargo la sucesión de hechos violentos en el ámbito del deporte moderno, sean de la naturaleza y etiología que fueren, merece un profundo y multidisciplinario análisis.

En estas primeras líneas no hemos de describir estadísticas, simplemente habremos de introducirnos en la problemática de la violencia cometida con motivo o en ocasión de la práctica deportiva.

Analizaremos en principio la realidad de nuestro país, observaremos como en el devenir de los últimos cincuenta años se han sucedido innumerable cantidad de hechos violentos dentro y fuera de los estadios deportivos, poniendo especial interés en analizar no sólo los hechos sino y muy especialmente a sus protagonistas.

Luego de haber estudiado las posturas de prestigiosos estudiosos sobre la materia, estamos en condiciones de establecer un primer "diagnóstico" sobre este fenómeno cuando sostenemos que la violencia en el deporte y la que surge alrededor del mismo se ha ido consolidando a través del tiempo, como objetos de estudio de disciplinas diferentes. Siguiendo a J. Durán González (prestigioso investigador español) podemos sostener que mientras la violencia deportiva es aquella que tiene que ver con la agresividad propia de los deportistas y las características específicas del juego, se ha convertido en uno de los principales campos de estudio de la psicología del deporte, los comportamientos violentos entre los espectadores y aficionados han pasado a ser, sin duda, una de las áreas de análisis más importantes de la sociología del deporte.

En este contexto entendemos que, a la hora de proyectar planes o estrategias para combatir la violencia en el deporte, debe atenderse inexcusablemente el tema cultural, es decir los hábitos, costumbres, formación, etc., de las comunidades hacia quienes van dirigidos esos planes y estrategias.

Variables a investigar:

¿Qué es la violencia?

La violencia es un fenómeno histórico relacionado con el desenvolvimiento social del ser humano. La razón de la violencia es la combinación de factores negativos entre el individuo y la sociedad. Las razones más comunes son el abuso en el consumo del alcohol y las drogas, la permisividad y excesiva tolerancia frente a la posesión de armas de fuego y la propagación indiscriminada de imágenes violentas o delictivas por los medios de comunicación, las cuales ayudan a generar, mantener y reforzar los comportamientos violentos. Sin embargo, la multiplicidad de las causas de la violencia hace extenso su estudio. Durante la evolución del hombre, fue muchas veces necesaria la utilización de la violencia como método para permanecer en el tiempo, bajo la premisa de sobrevivir ante agresores, tener dominios sobre terrenos, alcanzar la supremacía en grupos sociales, entre otros. En la actualidad, se puede provenir de factores como: Condiciones de hacinamiento, desempleo, condiciones sociales bajas, marginalidad, descontento social, entre otras (6)



Definiciones de violencia.

Diccionario de la Real Academia Española

National Television Violence Study

Organización Panamericana de la Salud (OPS)

Ignacio Martín Baró (UCA)

Proyecto Activa(OPS)

Acción y efecto de violentar o violentarse.

Acción violenta o contra el natural modo de proceder.



El uso de la fuerza física o la amenaza del uso de esa fuerza, con la intención de causar daño físico a una persona o grupo.

Conducta aprendida que se traduce en una forma de responder a situaciones o eventos determinados.

Expresión de fenómenos o actos en los que se aplica un exceso de fuerza.

El uso intencional o la amenaza de usar la fuerza física que ejerce una persona para causar daño físico a otra o a un grupo de personas o al patrimonio personal o social.

 

 El fenómeno de la violencia es complejo y multifacético. No hay una, sino muchas variables de violencia. De allí nace el problema de definirla. Las definiciones de mayor uso incorporan las dimensiones de cuán intencional es la conducta, así como cual es la gravedad de sus consecuencias. Siendo estas líneas, una definición comúnmente aceptada dice que conductas violentas son las conductas de individuos que intenten, amenacen o inflijan daño físico u de otro tipo. (7) Ella incluye el suicidio, como una manifestación extrema del daño auto infligido, pero excluye los accidentes. También incluye daño psicológico y sexual, que suelen predominar por sobre el daño físico en la violencia domestica o intrafamiliar. Igualmente incluye la violencia hacia otros individuos (la violencia interpersonal) como la violencia hacia objetos inanimados (el vandalismo).

Esta definición no se pronuncia en cuanto a la legalidad de la conducta, lo que la abre a admitir actos de violencia criminal y no criminal, ya que un acto de violencia puede o no infringir las leyes existentes y en consecuencia, puede o no ser catalogado de criminal por el sistema de justicia criminal. Ejemplos de actos violentos pero no criminales son la violencia doméstica, en algunos países, así como, en muchas ocasiones, la violencia ejercida por el estado. Ejemplos de actos criminales sin violencias (sin víctimas) incluyen la corrupción, el robo sin violencia y la prostitución sin violencia

La violencia es una acción injusta con la que se ofende, humilla o perjudica a alguien.


Hacer violencia sobre una persona es obligarle a hacer algo que esta no quiere. Algo violento es aquello que esta fuera de su estado natural, que obra con ímpetu y fuerza, que se hace con brusquedad o intensidad extraordinaria. Todo lo violento se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia.
La violencia se puede definir como algo evitable que obstaculiza la autorrealización humana explicando que las personas sufren realizaciones afectivas, somáticas y mentales por debajo de sus realizaciones potenciales.
La violencia también puede ser considerada como aquella situación o situaciones en que dos o más individuos se encuentran en una confrontación donde una o más de una de las personas afectadas sale perjudicada, siendo agredida física o psicológicamente

¿Qué es un estadio?

Es un recinto público con graderías al que acuden, mucha gente a la vez paga para presenciar un lindo espectáculo; también para distraerse un poco de cualquier preocupación que tenga una persona y por lo tanto sirve para distintas competiciones deportivas.

.Como podemos diferenciar la violencia de la agresión ?

Bredemeier (1983) afirma que la violencia en el deporte se idealiza, condena, legitima o tolera, y en otras ocasiones se la confunde con la vehemencia competitiva, y con la firmeza con que se lucha legalmente por la lucha de un balón o el espacio; a este respecto es importante definir lo que se entiende por violencia y agresión (Riera i Riera, Jornada de Ciencias Aplicadas al Deporte).

Este autor considera que existe violencia cuando se coartan los derechos de una persona, mientras que considera que ha habido agresión, cuando deliberadamente se pretende causar daño físico o moral.

Vamos a referirnos también a los actos que ocurren durante la competición y que son susceptibles de ser catalogados como violentos y/o agresivos, diferenciando entre los que transgreden las normas deportivas, las leyes sociales mas amplias o las convenciones tácitas aceptadas por los contendientes acerca sobre lo que es licito, como muy bien indica Smith (1983 ).

Si en la sociedad se rigen las personas por unas leyes generales de convivencia social, en la competición se añaden un conjunto de normativas tendientes a garantizar la noble e igualitaria lucha por el triunfo donde jueces y árbitros velan por su cumplimiento, existiendo asimismo "códigos de honor" diversos y específicos para cada deporte y región, que solo conocen los contendientes y que les permiten diferenciar de acciones tolerables y excesivas.



Enfoques psicológicos de la conducta agresiva

En primer lugar figuran las ideas de orientación Biológica de Freud y Lorenz, en donde adquiere gran importancia la noción de una tendencia innata a la conducta agresiva, donde tal agresión debe canalizarse de una manera aceptable y el deporte desempeña un destacado papel a este respecto. En segundo lugar nos referiremos a las teorías que postulan que una reacción emocional surge como consecuencia de estímulos indeseados, p .e. frustración, y que esto lleva a una conducta agresiva. Finalmente existen teorías del aprendizaje social que destacan el aprendizaje de la agresión a través de la observación y el reforzamiento.

Desinhibición - agresión reactiva y agresión instrumental
Otro elemento a considerar es el significado de una señal agresiva para el desarrollo de una disposición agresiva de la conducta. Este fenómeno es atribuido principalmente a la desinhibición (Bandura, 1973 y Berkowitz, 1969), y que puede darse tanto entre participantes como entre los espectadores. Para la aparición de este fenómeno aparecen dos elementos principales: la reestructuración cognitiva y la desindividualización. Teniendo en cuenta las tres teorías antes citadas, Moyer (1976) aproxima estos enfoques estableciendo una distinción entre las diversas formas de agresión, sobre la base del conjunto de estímulos y los esquemas de reacciones.

Aparecen dos formas diferenciadas, la agresión reactiva y la agresión instrumental.



Nivel semántico: redes semánticas, temas predominantes y recurrentes de la violencia

A partir del análisis semántico de los diferentes tópicos se puede deducir la construcción de la imagen del propio equipo y del equipo contrario. Se analizaron las redes semánticas de los insultos, las burlas, las amenazas, el auto elogio, la victoria, los apelativos aplicados a los clubes, y la expresión de los sentimientos y los afectos. El estudio a nivel semántico se basa en el relevamiento de redes significantes, la determinación de los significados a partir de las relaciones paradigmáticas y sintagmáticas, el estudio de las oposiciones y equivalencias.

a) análisis semántico de los insultos y las burlas:
Predominan los insultos de índole sexual: la feminización o prostitución del adversario, la atribución de un rol sexual pasivo, la homosexualidad como insulto.("son todos putos".)

Hay una amplia gama de insultos relacionados con la identidad social y el lugar o el rol dentro de la esfera social, tales como la atribución de un trabajo considerado denigrante, de una posición socioeconómica marginal, la nacionalidad ("son de Bolivia y Paraguay"), la raza ("negros"), la pobreza, la suciedad, el olor, una relación asimétrica o de sometimiento (de padres/hijos). La acusación de complicidad con la policía, el enemigo común de todas las hinchadas, es otro insulto recurrente.

Otros insultos están relacionados a ciertas características subjetivas: por ejemplo es especialmente frecuente el calificativo de "amargo", que se opone a la capacidad de festejo, a la vitalidad y al "aguante" (entendido como persistencia y fidelidad al equipo). La cobardía ("cagón") es otro leit-motif.

b) análisis semántico de las amenazas:


Las amenazas se relacionan con :

- la agresión a las personas: en muchos casos es de índole sexual (explícita o implícita), amenaza de muerte, y otras de diverso tipo (correr al contrario, etc.).

- las agresiones al espacio físico (al barrio, al estadio): con verbos como robar, romper, quemar o prender fuego.

- la negación de la existencia del contrario o de su capacidad ("vos no existís").

c) análisis semántico del auto elogio:
El auto elogio se basa en:

- la profundidad del sentimiento, el compromiso y la fidelidad.("lo sigue a Boca y no pide nada")

- la superioridad (numérica, en valor o en saber hacer), la capacidad de someter sexualmente al contrario, el machismo.

- la capacidad para ejercer la violencia

- el "aguante" (la constancia y el sostén al equipo aún en las malas), seguir al equipo a todas partes.

- la gente, los que siguen al equipo

d) análisis semántico de la victoria: La victoria aparece en los cantos asociada al festejo, en particular aparece un elogio del descontrol, del vino, y la droga ("cocaína"). También está asociada a la vuelta olímpica como hecho triunfal, a los bombos como forma de proclamar el triunfo.

Las acciones de la hinchada en relación a la victoria son: tomar vino, fumar porro/ usar cocaína, dar la vuelta, festejar, estar loco, saltar, cantar.

e) análisis semántico de los apelativos de las hinchadas:
Los apelativos aplicados a las diferentes "hinchadas" están relacionados con diversos aspectos, y en muchos casos resultan de un trabajo metafórico (lobo, gallinas) o metonímico (“quemeros", por la proximidad de la "quema"). Muchos son nombres de animales (cuervo, lobo, gallinas, calamar, bichos colorados, león); otros remiten a la identidad en relación a lo barrial o a una supuesta actividad laboral (bostero, quemero, tripero, sabaleros, pincharratas, basureros), o a la extracción social de la hinchada (academia, millonarios, xeneizes (= genovés); a determinados sucesos o hechos propagandísticos de los clubes (leprosos, canallas, matadores, el fortín), o bien a objetos, colores o fenómenos de diversa índole (ciclón, globo, taladro, los granates). Muchos de estos apelativos surgen como insultos pero luego son asumidos o reivindicados por el mismo equipo destinatario del insulto. ("bosteros")

f) análisis semántico de la expresión de los sentimientos, lo afectivo:


La expresión de los sentimientos en el fútbol como "un cierto estado de ingenuidad, incluso de indefensión social". Dice que:

"Resulta paradójico, por los elementos negativos con que es considerado desde cierta intelectualidad, pero el fútbol, en tanto espacio de costumbres y saberes ritualizados, resulta una práctica pública donde se despliegan y verbalizan abiertamente los "sentimientos", y que se objetivan en el equipo, el cuadro, los colores; a su vez, en la devoción colectiva se declaran las marcas de la pasión."

Si bien no queda demasiado claro por qué Battilana asocia la expresión de los sentimientos con la ingenuidad o la indefensión, lo cierto es que hay todo un trabajo simbólico en los cantos de cancha, en torno a lo pasional.

La expresión de la afectividad es muy intensa en los cantos de estadio. Los valores asociados a un alto contenido afectivo son la camiseta, los colores del equipo, la gente, el estadio. Hay una gran cantidad de referencias al corazón, la vida (nacer, morir, dar la vida), la sangre. El sentimiento que se experimenta por el equipo se califica de "inexplicable", "imparable", "descontrolado". Hay una frecuencia considerable de las nociones de querer, amar, enamorarse.

Artículo "Las marcas de la pasión", Battilana1



Violencia social

Puede identificarse otra interpretación diferente sobre la violencia en el fútbol, cuyas connotaciones son menos psicoanalíticas y más "sociológicas". Según esta posición, se trataría de exculpar al fútbol de una violencia que lo excede en la medida que está inscripta socialmente. La violencia en el fútbol no constituiría más que un reflejo de una sociedad violenta, un espejo en el que la sociedad se contemplaría. Este argumento, más que por la violencia en sí, indaga por sus condiciones sociales de emergencia y, sobre todo, por los violentos: marginales, excluidos, incultos. Si la sociedad produce violencia, es porque genera desigualdades intolerables y, hasta cierto punto, sería razonable que los excluidos hallen aquí una válvula de escape, la ocasión para expresar su descontento. Esta violencia es netamente exterior al fútbol. A la inversa del argumento anterior que colocaba la violencia en la esencia misma del deporte, aquí se exculpa al fútbol de raíz, en la medida que éste no puede más que mimetizarse con la sociedad que constituye su suelo y razón de ser.

Permítasenos sintetizar ambas posiciones - esquemáticas por cierto y no necesariamente contradictorias -, bautizándolas como el "argumento de la pasión" y el "argumento del espejo de la sociedad". Cada uno de estos argumentos se vincula con diversas medidas institucionales y políticas que se promueven cotidianamente para evitar los desbordes de violencia colectiva.

El argumento de la pasión lleva a colocar las raíces de la violencia en la esencia misma del fútbol. Por lo tanto los mecanismos propuestos para expurgar al fútbol de este indeseable subproducto se concentran en el "control de la pasión". Este control debería extenderse a los protagonistas del espectáculo. En primer lugar a los propios jugadores, quienes deberían ser sensibles a estas pasiones y evitar su desborde, mediante una conducta ejemplar dentro del campo de juego –algo que, por otra parte, está previsto en los reglamentos del deporte- y también fuera de él –como todo espacio comunicativo, el del fútbol debería expurgarse de "excesos", verbales sobre todo. En segundo lugar se trata de controlar el "exceso" de los medios, en la medida que el periodismo deportivo tiende, "simbólicamente", a una exacerbación de las pasiones, convirtiendo una mera competencia deportiva en un combate épico: la "furia española" vs. los "vikingos noruegos", el "piraterismo inglés" vs. "la maquinaria teutona", u oposiciones por el estilo. Se trata, en el largo plazo, de establecer un control por medio de la educación: instrumento privilegiado que permite establecer la diferencia entre lo imaginario y lo real.

El argumento que define al fútbol como un espejo de la sociedad, coloca la raíz de la violencia fuera del espectáculo en sí mismo. Los mecanismos propuestos para expurgar la violencia del fútbol, orientan sobre todo la reforma social: sería necesario extirpar las raíces sociales de la violencia mediante la intervención sobre sus causas. En primer lugar sobre las causas de la desigualdad social, derivadas de las extremas diferencias de clase, de la pobreza, e incluso según algunos que llevan al extremo este enfoque, de una supuesta incultura de las masas. Se trata del enfoque de quienes perciben a los violentos en forma similar a los personajes de la película de Ettore Scola, "feos, sucios y malos", siempre iletrados e inadaptados.

Curiosamente, las medidas para expurgar la violencia del fútbol, en el marco de los argumentos citados, son difíciles de poner en práctica o, en el mejor de los casos, sólo serían efectivas en el largo plazo. Ante este dato, y en la medida que la violencia emerge en el corto plazo, las medidas tomadas usualmente para su control pasan básicamente... por la violencia. Se trata de aplicar un control represivo, más o menos arbitrario cuanto más o menos autónomo –o más o menos controlado por el sistema político- sea el aparato represivo puesto en acción para definir sus objetivos y orientaciones.





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