Fundamentación Necesidades sociales


Análisis de los fundamentos disciplinares



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2.2. Análisis de los fundamentos disciplinares

A partir del análisis sobre las necesidades sociales podemos comprender que la realidad es compleja y por ello los abordajes que se necesitan hacer para dar respuestas viables a estas demandas, también deberán articularse desde un pensamiento complejo.

Perfiles históricos de la psicología


Este breve análisis histórico va a ceñirse a un breve recorrido de la formación de la psicología como disciplina, no se quiere dar a entender que el conocimiento psicológico se agota en el discurso científico o que la llamada psicología filosófica anterior a Wundt, Pavlov o Freud, no tiene otro significado histórico que el de constituir los antecedentes filosóficos o ser el pasado de la actual psicología. Nuestro pasado histórico, la llamada psicología filosófica anterior a la experimental y positiva tiene valor en sí misma y no tan solo como antecedente de ésta. Ni nuestro presente es tan científicamente puro como a veces se pretende, ni nuestro pasado tan filosóficamente puro como casi siempre se sostiene.

En el caso de la psicología, con sus cambiantes dominancias, las articulaciones principales acontecieron entre filosofía y ciencias y artes médicas y de la vida. Hay que reconocer que la psicología tiene en este sentido otras deudas que van desde el hecho histórico de que la física haya sido siempre su ideal científico. Ahí están los modelos mecanicistas y químicos de la mente, los conceptos tomados de la electricidad y el magnetismo, los datos empíricos proporcionados por la óptica a las teorías perceptivas, etcétera.

Se trata simplemente de dejar constancia que también en nuestros días la filosofía, la fisiología, las neurociencias, la biología, la pedagogía, etcétera siguen generando conocimientos psicológicos dentro del entramado del saber fundado.

El conocimiento psicológico se articula y se organiza alrededor de la psicología como ciencia aunque no se agote en ella ni en su seno y que se genere al margen de la filosofía y las restantes ciencias y manifestaciones culturales.

En épocas más recientes aspectos como la especialización, la producción en serie y el desarrollo tecnológico científico de fines del siglo XIX fueron el marco para revolucionar la herencia de Wundt representada por una psicología estructural de Titchener quien contrario a las exigencias de un mercado que demandaba soluciones prácticas, éste solo era capaz de ofrecer conocimiento de la estructura de la conciencia, particularmente de la naturaleza de sus elementos y principios que regían sus relaciones. Como consecuencia de tales condiciones surge una psicología con matices funcionalistas dirigida por W. James, seguido por Dewey, quienes reaccionando a la psicología oficial de Titchener, proponen una alternativa que da cuenta del para qué es la mente, más que el qué es la mente (la función más que la estructura).

Kantor y otros, hacen un replanteamiento del conductismo skinneriano, al centrar su atención en la relación interconductual a través de sus trabajos que permiten una visión más amplia de los procesos inherentes al ser humano. En la Universidad Hopkins, J. B. Watson enseñaba conductismo; en la Universidad de Oxford, H. Carr, representaba al funcionalismo; y en la Universidad de Cornell, Titchener enseñaba estructuralismo. Así también, en Berlin, Kohler y Kofka daban cátedra de la teoría Gestalt, formulaba por Wertheimer. Con Perls, la gestalt sufre transformaciones en su técnica y en los instrumentos de evaluación, vinculándose metodológicamente con la corriente conductual para realizar sus investigaciones. La Universidad de Harvard es sede del estructuralismo de Titchener en los Estados Unidos pero permite que otras corrientes tengan su espacio, respetando los límites de cada una de ellas. La Universidad de Columbia practica un eclecticismo representado por Woodworth.

Las aportaciones teóricas de una óptica que privilegia los procesos cognoscitivos se ven representada por los trabajos de Piaget, Bruner, Vygotsky, y Ausubel entre otros.

En torno al psicoanálisis es importante mencionar que Sigmund Freud (considerado padre de esta Escuela) fue, en sus inicios, un médico que se dedicó a estudiar sistemática y fervientemente el área de la neurología.1 La cultura, en la Viena de de aquella época, era fundamentalmente represiva y puritana en lo que respecta a la esfera de la sexualidad. En este contexto, Freud se interesó por estudiar una patología muy frecuente de aquella sociedad: la histeria. Este médico vienés promueve primeramente técnicas hipnóticas, a fin de remediar las manifestaciones sintomáticas de quienes padecen dicho tipo de neurosis, y en el camino, descubre un método terapéutico en tanto introduce los efectos del inconsciente en los sujetos. En adelante se dedicará en buena medida a explicar —en diversos artículos2— con gran meticulosidad una técnica, como parte de lo que después será un método más amplio, que históricamente conocemos como psicoanálisis. Así, el psicoanálisis es inicialmente un instrumento para tratar a aquellas personas que padecían de esta “patología”. Si bien, como es fácil constatarlo en sus primeras publicaciones, en el origen se aboca exclusivamente a la cura de las parálisis histéricas (sufridas en una gran mayoría por el sexo femenino), luego abarca otro tipo de psicopatologías (como la paranoia, la neurosis obsesiva o las fobias).

En ese afán titánico por descifrar los enigmas del aparato psíquico, Freud se va a encontrar con múltiples elementos que pretenden clarificar metapsicológicamente el origen de la conducta, las emociones, los pensamientos, las motivaciones, los sueños y en fin, de la existencia del hombre. Lo que inicialmente se perfila sólo como un instrumento terapéutico, va a llegar a alcanzar niveles de lo que en filosofía se suele llamar un sistema de pensamiento. No obstante, cabe destacar que el psicoanálisis no es (ni intenta ser de ninguna manera) una cosmovisión, y que, a pesar de la considerable amplitud alcanzada por su espectro teórico su único fin original fue la cura de las neurosis.

Independientemente de la posición en la cual nos coloquemos frente al psicoanálisis, la trascendencia de su pensamiento es incuestionable.

Jacques Lacan habrá de ser otro referente insustituible para continuar, enriquecido por diversos saberes contemporáneos a su época, las reflexiones psicoanalíticas por el camino que Freud dejara abierto.

Más recientemente los cambios en las ciencias físicas han impactado el campo de la psicología con el advenimiento de la cibernética y de la teoría general de sistemas que aportan paradigmas acerca de los sistemas que se autorregulan y han permitido dilucidar el funcionamiento de otros sistemas como la familia.


La psicología en México


Sus raíces provienen de la fundación del primer hospital para enfermos mentales en América: el hospital San Hipólito en la Ciudad de México (Calderón Narváez, 1966).

Durante la época de la Colonia, algunos filósofos, médicos y otros publicaron obras de tipo psicológico. Por citar algunos encontramos a Fray Alonso de la Vera Cruz que publicó en 1557 su obra Physica Speculatio, tratado de ánima, en el que describe y analiza la filosofía y la psicología aristotélicas, hasta la filosofía de sus contemporáneos.

Acercándonos más a la época moderna, diversas personalidades de la medicina y la pedagogía ofrecieron publicaciones tales como La psicología del doctor Enrique C. Aragón, en 1902, La introspección involuntaria, del doctor Juan Perón del Valle, en 1902, La Ficción de la locura, del doctor Meza Gutiérrez, en 1911, y el Ensayo de psicología de la Adolescencia, del doctor Ezequiel A. Chávez, en 1928. (falta cita)

El curso de Chávez en la Escuela Preparatoria y otros formaban parte de los planes de estudio de otras disciplinas humanísticas (filosofía, educación, medicina, derecho), constituían lo que hasta 1937 era la enseñanza de la psicología en México. En 1937 se creó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, un grado académico, con plan de estudios diseñado por Ezequiel Chávez, que incluía tres años de estudio para la obtención de la maestría en psicología. El plan de estudios de 1937 fue modificado en 1945 por el doctor Fernando Ocaranza y en 1949 por el doctor González Enríquez y fue hasta 1952, cuando una comisión de profesores del departamento de Psicología destacándose entre ellos al doctor Guillermo Dávila, hizo modificaciones substanciales al programa, aumentándolo a siete semestres, así como la fundación del doctorado en Filosofía. En 1958 se crea un programa completamente diferente para optar por el título de psicólogo, dentro del mismo Colegio de Psicología de la UNAM. (Cita)

Y es hasta 1973, donde se designa a la “Facultad de Psicología”, como tal y trasladándola a un nuevo edificio en la Ciudad Universitaria.

Fuera de la UNAM, en 1963, la Sección de Psicopedagogía de la Facultad de Pedagogía, Letras y Ciencias de la Universidad Veracruzana ofrecía distintos cursos sobre psicología. A partir de esta fecha surge la carrera de psicología que tenía como finalidad preparar maestros para dedicarse a la docencia dentro de los límites de la Enseñanza Media. Esta constaba de un tronco común a Filosofía, Pedagogía, Letras e Historia con duración de un año; posterior a ello se cursaban tres años más para obtener el título. En el transcurso de estos, se abordaban materias básicas de anatomía, estadística y psicometría, psicología del desarrollo, aprendizaje, personalidad y psicopatología, y didáctica de la psicología (Facultad de Pedagogía, 1963).


Influencias paradigmáticas


La psicología mexicana a través de su desarrollo ha recibido múltiples influencias. En sus inicios fueron la psicología europea (francesa y alemana), y posteriormente la norteamericana. En la psicología Mexicana han prevalecido los grandes modelos o teorías psicológicas desde los cuales se han construido explicaciones de diversos niveles de abstracción con respecto al ser humano, como serían el psicoanálisis, conductismo, cognoscitivismo, humanismo y más recientemente los aportes de la teoría de sistemas y del constructivismo.

En los años ‘40 y ‘50 la psicología mexicana fundamentalmente se centra en el psicoanálisis, psiquiatría, fenomenología y psicometría (Galindo, 1985). En los años sesenta, se tiene una clara orientación psicoanalítica y psicométrica, los planes de estudio están dirigidos a la aplicación de test y a la práctica clínica privada.

El movimiento conductista era más radical, ya que este movimiento de psicología en México, no sólo critica científicamente a la psicología sino que cuestiona su impacto social. Los enfrentamientos con el psicoanálisis son fuertes, especialmente porque a este se le critica de ser una escuela idealista. También las escuelas cognoscitivistas son cuestionadas por su metodología y explicaciones “mentalistas” (Galindo, 1986). La psicología Conductista en su primera etapa se remite a la Universidad Veracruzana, convirtiéndose en el centro de difusión de la psicología conductual para los países de habla española. En 1972, en la UNAM, se funda un laboratorio de análisis experimental de la conducta y el 1976 se funda la Sociedad de Análisis de la Conducta, que aporta la publicación de la Revista Mexicana de Análisis de la conducta.

Esta expresión multifacética de la Psicología en los años ‘60, tenía de cualquier forma que reflejarse en la enseñanza de la disciplina en nuestro país. En el centro cosmopolita más grande, la ciudad de México, la psicología era enseñada todavía por filósofos, fisiólogos, matemáticos. cita

El periodo entre 1969 y 1981, se caracteriza por un enorme auge de la psicología, los psicólogos trabajan principalmente como auxiliares psiquiátricos y como aplicadores de test, prestando sus servicios en numerosos campos de la educación, la empresa, la industria, la vivienda y la salud, así como en diversos campos de la investigación (Galindo, 1985).

Por otro lado, la psicología transcultural, que surge como una reacción en contra de posturas especulativas y también en contra de las limitaciones psicoanalíticas y psicométricas del quehacer del psicólogo. Esta se fundamenta en los patrones de la psicología social estadounidense, siendo una de las metas de este movimiento es consolidar una psicología del mexicano (Galindo, 1986). La influencia del movimiento transcultural alcanza mayor auge entre 1963 y 1973, En el ‘63 se funda en Centro de Comportamiento en la Ciudad de México. Las principales aportaciones de la psicología trascultural son la introducción de la investigación seria y sistemática, la formación de varias generaciones de investigadores, la organización de la Sociedad Interamericana de Psicología y diversos congresos que difundieron el quehacer del psicólogo.

Si bien el auge de la psicología cognoscitiva y la psicobiología, no puede compararse con el de otras teorías en nuestro país, son vertientes que sí han marcado la forma de hacer psicología. La psicología cognoscitiva agrupa a las aproximaciones teóricas que han estudiado la mente, desde la visión del procesamiento humano de la información, pasando por la escuela psicogenética, hasta llegar a la sociocultural. Contempla el estudio de teorías para la indagación de fenómenos específicos (aprendizaje, memoria, motivación, construcción de representaciones y significado, construcción social y colaborativa del conocimiento, entre otros), asimismo analiza las implicaciones prácticas de las mismas en diferentes ámbitos de intervención profesional (educación regular y especial, desarrollo humano, empleo de tecnologías informáticas como instrumentos psicológicos, inclusión de personas con capacidades diferentes, entre otras).

Mientras que la psicobiología integra los diferentes paradigmas científicos que analizan la relación entre la conducta y los aspectos biológicos del organismo. Incluye los conocimientos biológicos que determinan el comportamiento, los principios en los que se basa su funcionamiento y los métodos, técnicas y herramientas que se utilizan para el análisis de esta relación. Se consideran los fundamentos anatómicos, fisiológicos, homeostáticos, cronobiológicos, evolutivos y del desarrollo, neurocognoscitivos, farmacológicos, neuropatológicos, ambientales y sociales del individuo en sus formas básicas. Cita

Para pensar la condición paradigmática y la historia del psicoanálisis en nuestro país, Helí Morales sugiere: “relacionar el saber, el poder, las producciones de verdad y las formas subjetivas.”3 El autor establece que a diferencia de Austria o Francia, en nuestro país, no hubo ni Maestro ni Acto fundador. Aquí hubo, en su lugar, una diversidad de fundaciones. “Es decir, en vez de acto, movimientos; multiplicidades”. Los mencionados Dr. José Meza Gutiérrez junto con el Dr. Francisco Miranda, desde 1922, enseñaban dentro de sus clases de psiquiatría ideas freudianas.4 El Dr. Meza era docente y fungía como director del primer Manicomio General de México. Además de los dispositivos de enseñanza y clínica, existieron otras dimensiones: los movimientos culturales (siniestrismo, estridentismo o el surrealismo mexicano); las configuraciones de instituciones analíticas de niños, adolescentes, grupos y demás posibilidades; la formación de escuelas vinculadas a Francia, a Estados Unidos o a Inglaterra. El establecimiento de grupos de trabajo en distintas ciudades desde Durango hasta Villahermosa. De más está señalar, por otro lado, que el Círculo Psicoanalítico o la APM, la ELP o el CIEP, no fueron sólo sus miembros fundadores, son también todos aquellos quienes hemos participado estudiando, supervisando, enseñando, discutiendo y sosteniendo, en los vaivenes cotidianos, la práctica del psicoanálisis.

Este panorama, sin lugar a dudas, permite visualizar una psicología plural multidireccional que requiere ser sometida a la crítica, la cual permite valorar si estos desarrollos pueden representar un atraso en su avance teórico-metodológico y epistemológico, o representa en su diversidad, la riqueza conceptual necesaria para intentar explicar los complejos procesos inherentes y subyacentes a la subjetividad y al comportamiento humano.

Desde luego, las demandas sociales que orientan el curriculum son, en esencia las mismas que dieron origen a nuestra Institución, es decir, son todas aquellas que tienen relación con la Salud, la Educación, la Política, la Economía y, en general con el desarrollo social; y justo es decirlo la Universidad ha asumido de manera plenamente responsable su compromiso social.

En términos de lo anterior debemos entender que el rediseño curricular que ahora nos planteamos corresponde, en esencia, a un proceso de adaptación a la complejidad de las condiciones imperantes en la sociedad del tercer milenio. Especialmente debemos entender la necesidad ineludible de adoptar el paradigma de la sustentabilidad del desarrollo humano como base de todas las acciones de investigación-intervención. CITA

Una reflexión acerca de la crisis de valores, que enfrenta nuestro país, nos permite suponer, que al menos en su inicio fue propiciada por un proceso de aculturación a partir de la convivencia tenida con la llamada “Sociedad del Ocio”; copiándose los estilos de vida de la cultura norteamericana a expensas de la pérdida de la identidad nacional.

Los antivalores sostenidos por la sociedad de la opulencia o mejor dicho las consecuencias de la misma, caracterizan al cuarto nivel de las crisis señaladas por la Salud Pública, correspondiente al surgimiento de la patología social (Violencia, Conductas antisociales y patología mental).

En el sentido de la afirmación anterior es claro que el status quo de la violencia en la sociedad de nuestro tiempo, nos permite visualizar cómo, el alejamiento de la dimensión ética nos conduce al sin sentido existencial (al vacío de sentido) a la enajenación y a la alienación (de acuerdo a lo expuesto por el modelo humanista de la psicología social); es decir estamos viviendo y sufriendo la transformación del “hombre doliente” expuesto por Frankl, al “hombre silente”, producto final de la sociedad del temor.

Al hombre silente se le encuentra en la angustia de los miles que callan, y que en silencio soportan impotentes la cotidianidad de la violencia. Lo anterior no es sino la cara habitual de los hechos sociales; la cara de la maldad, de la injusticia, de la falta de esperanza, del miedo a perder la pequeña zona de seguridad de la que la ignorancia o la ceguera moral nos proveen, estamos viviendo en el día con día, la ontogénesis de la sociedad del temor.





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