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undación Sin Fines de Lucro

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Exhibición n° 6523 - 6524 Martes 31 de mayo de 2005

Temporada n° 52 Cine GAUMONT

LA CAÍDA (Der untergang, Alemania / Italia / Austria, 2004) Dirección: Oliver Hirschbiegel. Argumento: sobre un libro de Joachim Fest. Guión: Bernd Eichinger. Fotografía: Rainer Klausmann. Asistente de dirección: Hanus Polak Jr. Montaje: Hans Funck. Edición de sonido: Nico Krebs. Música original: Michael Stephan Zacharias. Dirección de arte: Yelena Zhukova. Elenco: Bruno Ganz (Adolf Hitler), Alexandra Maria Lara (Traudl Junge), Corinna Harfouch (Magda Goebbels), Ulrich Matthes (Joseph Goebbels), Juliane Köhler (Eva Braun), Heino Ferch, Christian Berkel, Matthias Habich, Thomas Kretschmann, Michael Mendl, André Hennicke, Ulrich Noethen (Heinrich Himmler), Birgit Minichmayr (Gerda Christian), Rolf Kanies, Justus von Dohnanyi, Dieter Mann, Christian Redl, Götz Otto, Thomas Limpinsel, Thomas Thieme, Gerald Alexander Held, Donevan Gunia, Bettina Redlich, Heinrich Schmieder, Anna Thalbach, Dietrich Hollinderbäumer. Productor: Bernd Eichinger. Productor ejecutivo: Christine Rothe. Productora: Constantin Film Produktion GmbH, Norddeutscher Rundfunk (NDR), Westdeutscher Rundfunk (WDR), Degeto Film, Österreichischer Rundfunk (ORF), EOS Entertainment, Rai Cinemafiction. Duración original: 156’.


El film

Evidentemente, tenía que atraer la atención una película sobre los últimos días de Hitler en una Alemania en ruinas bajo los bombardeos, donde seguían funcionando los campos de concentración a pleno rendimiento. El éxito de la película puede explicarse en una parte por la necesidad de volcarse sobre la historia, y por otra parte por la necesidad de entender cómo una nación entera pudo caer bajo el yugo de la violencia nazi.

Para enseñar lo in-enseñable, Oliver Hirschbiegel se encierra en el búnker en el que Hitler se escondió y pasó sus últimos días. Sigue cada movimiento del dictador con una precisión de documental, para subrayar sus lados humanos, y todo está interpretado con maestría por Bruno Ganz. La película muestra el temblor parkinsoniano de Hitler, sus bigotes, su amor por los perros, el respeto e incluso la deferencia de los que sabían todo, el candor de los que sin duda no sabían nada de los campos de concentración pero tendrían que haber sospechado de los delirios antisemitas, los autos de fe, las decapitaciones de Sophie Scholl y de los suyos. Es un diario íntimo, como lo llamó el periódico alemán El mundo.

Se ha hablado mucho sobre esta película. Wim Wenders, por ejemplo, la acusó de hacer de Hitler un personaje inofensivo. Ian Buruma (más marcado por sus propias expectativas que por las imágenes de la película) ha visto en este trabajo no tanto una película sobre el führer como "sobre la capacidad de un pueblo de adorar y seguir los caprichos de un ídolo, por muy abyecto que sea". (...)

En esta película, Hirschbiegel parece contar más que los últimos días de Hitler: cuenta los últimos días del nazismo aunque nunca se ve al pueblo. La caída es un viaje hacia los infiernos, en el que se sigue a Traudl Junge, la joven secretaria que se quedó al lado de Hitler hasta el final. La película se acaba de hecho en una entrevista con esa mujer, sacada de Im toten Winkel - Hitlers Sekretärin (André Séller, Othmar Schmiderer, 2002), documental proyectado por primera vez en el Berlinale el día mismo de la muerte de Traudl Junge, como por una ironía del destino.

(Antonio Pezzuto, 2 de mayo de 2005, extraído de www.cineuropa.org)


La versión apocalíptica que Oliver Hirschbiegel logra plasmar sobre la caída de Berlín, hace de La caída la primera película alemana que se atreve a representar a Hitler en tal extensión; y es ese precisamente, su mayor mérito. El actor suizo Bruno Ganz, quien personifica a Hitler, es un bloque de nervios y de coraje delirante que nos recuerda al genial Klaus Kinski, en sus mejores momentos, bajo la dirección de Werner Herzog. Ganz, más conocido por sus papeles en las películas de Win Wenders, encarna al führer de manera visceral, sin temor a “humanizar” su locura. Una locura que en vez de repeler sirve de imán, haciendo que todos los que lo rodean, especialmente los que lo acompañan en sus últimos días en el búnker, estén dispuestos a morir por él, con él y en él.

A pesar de lo gráfico de sus escenas de guerra, el momento más aterrador y difícil de toda la película, un extraño cuadro íntimo, es cuando la señora Goebbels (Corinna Harfouch), siguiendo las órdenes de su marido Joseph Goebbels (Ulrich Matthes), el entonces Ministro de Propaganda, envenena a sus seis hijos mientras duermen, como una Medea enceguecida, que prefiere verlos muertos a que crezcan en una Alemania diferente a la que ella y su esposo han soñado construir al lado de Hitler.

Es justamente esa fascinación delirante por Hitler, tanto de sus más allegados como de los adolescentes fervientes, lo que hace de La caída un filme tan controversial. Sesenta años después de su muerte y de la caída del Tercer Reich, representar al Führer sigue siendo tabú. Su figura no deja de causar un extraño malestar. Sin embargo, el espectador, una vez entra en la trama, no quiere limitarse al contexto socio-político que rodeó el proyecto nacionalsocialista nazi, sino que, de una forma u otra, quiere sumergirse en la psicología de quien fue su líder. No obstante, debido al horror de su legado, siente que tampoco puede acercarse demasiado, como si corriera el riesgo de caer preso de su encanto, un terrible hechizo en el que estuvo sumergida Alemania entre 1933 y 1945.

La película, coescrita por Joachim Fest, autor del libro Dentro del búnker de Hitler: los últimos días del Tercer Reich, también se basa en el documental de André Heller y Othmar Schmiderer sobre el recuento de Traudl Jung, la secretaria personal de Hitler, quien permanece al lado de su líder, según ella, más por ética profesional que por ideología.



Sin embargo, con La caída, el director no tiene como fin salvar el honor del pueblo alemán, ni de ponerlo en el lugar de víctima bajo las garras de un comandante enloquecido, o de excusar la idolatría de todos quienes lo siguieron. Con La caída, Hirschbiegel se propone la difícil tarea de narrar la historia desde donde nadie la quiere recordar, desde el búnker, donde el amor por Hitler es tan puro como sórdido y tan demente como su proyecto de exterminio.

El periódico alemán Die Welt (El Mundo) afirmó que la película es un “signo de emancipación”, en donde se demuestra que a Alemania le es posible afrontar su pasado.

(Margarita Cuellar, extraído de www.elespectador.com)
La caída es la primera película alemana que trata abiertamente el tema de Hitler desde Der Letzte Akt (1956), de G. W. Pabst, narrada desde el punto de vista de un simple soldado alemán que interpretaba Oskar Werner. (...)

El actor Bruno Ganz fue la primera opción del director Hirschbiegel para interpretar el personaje de Hitler. Le envió el guión junto con un ejemplar del libro de Joachim Fest. Ganz vio la película de Pabst, en la que el actor de teatro Albin Skoda interpreta a Hitler. Esta película le convenció de que era posible interpretar al dictador. “Normalmente buscas diferencias con el original, pero esta interpretación tenía vida propia, yo veía a aquel Hitler y pensaba: “esto no es una imitación, es actuación”. Uno puede acercarse a este ser monstruoso a través de la fantasía y de la lectura. Para mí fue decisivo darme cuenta de que era posible.”

Eichinger recuerda que, durante las pruebas de pantalla en Munich, “Bruno estaba un poco preocupado, y le sugerí que probara a hacerlo caracterizado. Y funcionó enseguida. Cuando la sesión de maquillaje terminó, Bruno salió con el traje (se había preparado muy bien para la prueba de pantalla) y el efecto fue tan impresionante que todo el equipo se quedó en silencio. Cuando más tarde le enseñamos la grabación dijo, con ese aire un poco dubitativo típico de los suizos: ‘sí, creo que debería hacerlo’.” Ganz coincide con él: “Yo mismo estaba bastante perplejo de ver lo mucho que me había acercado a Hitler, al menos en la apariencia. Y luego se apoderó de mí esa pura ambición que todos los actores tenemos: quería aquel papel.”

Ganz, a pesar de ser de origen suizo, se hizo enseguida con la voz de Hitler, pero no repitiendo una y otra vez sus discursos, sino estudiando una cinta magnética única de siete minutos en las que conversaba tras una comida y que fue grabada en secreto por un diplomático finlandés y sacada clandestinamente de Alemania durante la guerra. El acento fue la parte fácil. El actor cuenta: “Recuerdo perfectamente una escena en la que tenía un niño en el regazo que estaba cantando la canción Kein schöner Land in dieser Zeit. Sabes que ese niño y sus hermanos serán asesinados poco después por sus propios padres, los Goebbels. Era horrible. Es uno de esos momentos en los que de verdad te gustaría salir corriendo. También hubo otros momentos difíciles, rodando algunas escenas y con algunos diálogos, como las arengas terriblemente antisemitas. Pero cuando decidí aceptar el papel, sabía en lo que me metía.”

Dice el director: “Creo que ya era hora de que los cineastas alemanes se atrevieran a llevar este material a la pantalla. Debe quedar en las mentes de todas las generaciones que la intolerancia, el racismo y el fanatismo conducen inexorablemente a la perdición.”

(extraído de www.labutaca.net)

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Ciclo Retrospectivo

Durante el mes de junio, en el Ciclo de Cine Retrospectivo de lunes (siempre a las 19hs., en el cine Cosmos), exhibiremos:


Día 6: Ellos no usan smoking (Eles nao usam black-tie, Brasil-1981) de Leon Hirszman, c/Milton Gonçalves, Francisco Milani, Anselmo Vasconcelos, Cristina Rodríguez, Teresa Maldonado. 120’.

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Usted puede confirmar la película de la próxima exhibición llamando al 48254102.
Todas las películas que se exhiben deben considerarse Prohibidas para menores de 18 años.
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