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En definitiva estamos frente a un nuevo fenómeno migratorio en el que ha crecido abrumadoramente el número de personas que han salido del país, se ha diversificado el lugar de destino, se ha incrementado la migración femenina y de población joven y se ha generalizado a todo el país un fenómeno que antes de 1998 tendía a concentrarse en la región sur del país. Azuay, Cañar y Loja son provincias que tienen la peculiaridad de combinar procesos de migración antigua, principalmente de los anos ochenta y tempranos noventa con esta nueva ola migratoria de finales de los noventa que se sigue prolongando hasta la actualidad sin perspectivas claras de disminuir. En ese sentido es un espacio donde pueden ser analizados la superposición de estos dos tipos de migración con el fin de extraer diferencias y similitudes.

Los enfoques sobre género y migración


A pesar de la diversidad de enfoques utilizados para analizar el fenómeno de la migración internacional, existe un cierto consenso para explicar los movimientos de población como derivados tanto de factores económicos como políticos, sociales y culturales. Si bien, en el caso ecuatoriano, los principales motivos esgrimidos por los medios de comunicación y las autoridades han sido la crisis económica y la falta de fuentes de trabajo, los estudios sociológicos demuestran que existen una serie de factores extra económicos que facilitan, promueven o inhiben la migración tanto a nivel local como en el contexto internacional. Por ejemplo, la migración Azuaya y del Cañar ha sido analizada como resultado tanto de la política macroeconómica como de lo que se ha empezado a llamar “el síndrome migratorio”. Más allá de la perdida de oportunidades de trabajo y de dificultades estructurales de supervivencia, el impacto cultural de la migración y la creación de redes o cadenas migratorias son elementos fundamentales que facilitan y explican la migración. De acuerdo al estudio de Walmsley (2001), el impacto cultural de la migración, es decir, cambios en las pautas de consumo de los familiares que reciben remesas, imaginarios acerca de la vida de los migrantes en los países de destino, modificaciones en el paisaje arquitectónico local y otros, son todos elementos que afectan las creencias, los valores y las aspiraciones de la población local “creando una impresión de privación social relativa además de la privación económica real de las familias que no migran y esto fomenta la creencia de que la migración es la única manera de cambiar de estatus”(Wamsley, 2001:156).
El efecto de las redes y cadenas migratorias conformadas por las tempranas olas de migrantes también ha sido analizado como determinante para explicar los flujos crecientes de personas hacia los países del norte (Fuentes, 1999). En el caso ecuatoriano, el estudio de Kyle (2000) demuestra que el éxodo de Azuayos y Cañarejos durante la década de los 80 solo puede entenderse como la intensificación de una tendencia que se fue consolidando durante varias décadas. Las redes transnacionales establecidas por los migrantes pioneros facilitaron el camino de miles de personas. En ese sentido, los factores económicos son uno más no el único motivo que impulsa la emigración. Pero además, el peso interpretativo de las redes migratorias así como el llamado “síndrome migratorio” han convertido a los lugares de origen y ya no sólo los sitios de destino, en los nuevos objetos de estudio para el debate sociológico sobre migración.
Existen sin embargo distintas maneras de enfocar esta relación entre países de origen y países de destino. Un primer enfoque descansa en visiones ortodoxas de la economía y sostiene que la brecha entre los salarios de los países de origen y de destino son los que explican prioritariamente la movilidad de las personas hacia los países del norte.

Esta visión supone, por un lado, que existe una oferta ilimitada de mano de obra y sugiere que los incentivos para migrar están controlados por la demanda de fuerza de trabajo del país receptor. La movilidad humana estaría entonces enmarcada en el proceso de globalización económica a través del cual la fuerza de trabajo así como los capitales parecen adquirir mayor capacidad de desplazarse. De acuerdo a este enfoque, la creciente feminización de los flujos migratorios, podría explicarse por la flexibilización del uso de la fuerza de trabajo en algunos países del norte y por la existencia de un sector informal de economía sumergida todavía importante, como es el caso de Italia y España, que demanda de manera creciente mano de obra femenina destinada al trabajo doméstico y al cuidado de enfermos y niños/as (Sánchez García, 2001). Vale la pena recordar que estos son precisamente los nuevos lugares de destino de los y las migrantes ecuatorianos/as. Como lo veremos al analizar los resultados de la investigación, España es el lugar de destino a donde migran preferentemente las mujeres, especialmente de la provincia de Loja.


Un enfoque complementario es aquel que otorga capacidad explicativa a las decisiones racionales de los actores y asume que los individuos toman estas decisiones con relativa autonomía. Así por ejemplo, la decisión de emigrar sería producto de un frío análisis sobre los costos y riegos de emigrar frente a los beneficios de quedarse (Borjas, 1990) . Este enfoque es el menos permeable a las diferencias entre los actores, entre ellas las desigualdades de género y generacionales pero también aquellas relacionadas con la clase social, los niveles educativos y la diversidad cultural. Todos estos factores influyen en la opción que tienen las personas de tomar decisiones autónomas y económicamente racionales. Sin embargo, es necesario considerar esta lógica racional como parte de la explicación del fenómeno migratorio pues permite resaltar el importante papel que juegan los propios actores en los procesos evitando la invisibilización de sus intereses individuales y familiares y de su capacidad de actuar en relación a las mejores opciones de que disponen. Este enfoque tiene que estar articulado a una interpretación del peso que tienen las redes y cadenas migratorias para estimular o frenar los flujos migratorios.

Algunas propuestas como las de Silvia Chant han buscado rescatar tanto los aspectos estructurales como las decisiones personales de los actores, demostrando que los “imperativos económicos están entretejidos con consideraciones familiares, sociales y culturales” (Wamsley, 2001, Chant, 1999) y nosotros agregaríamos de género.


Esta concepción se enlaza con el paradigma de las redes migratorias que ha sido el de mayor acogida a la hora de interpretar los fenómenos migratorios más recientes. De acuerdo a Douglas Gurak y Fe Caces (citado en Pedone, 2001) las funciones de las redes migratorias son las siguientes: por un lado, “amortiguar el peso que tienen sobre los migrantes los costos y la ruptura vital que supone la migración; aislar a los migrantes de la sociedad de destino, (es decir prolongar y a veces evitar su proceso de adaptación) y mantener sus vínculos con la sociedad de origen; determinar hasta cierto punto quienes son los que emigran de las comunidades y las familias; influir en la selección de los lugares de destino y de origen; condicionar la integración de los migrantes en la sociedad de destino, servir como canales de información y otros ítems.” (2001: 7) Todos estas funciones fueron identificadas en los testimonios recolectados en esta investigación.

Así mismo las redes juegan un papel selectivo sobre el flujo migratorio. La creciente emigración de mujeres lojanas a España, de acuerdo a los testimonios recabados, responde a la percepción por parte de parientes y allegados de que existe mayor facilidad de encontrar trabajo en el servicio doméstico para las mujeres y además a que el colectivo ecuatoriano es bien visto por los y las potenciales empleadores.4 En ese sentido, las redes actúan como vínculos entre la comunidad migratoria en el lugar de destino y la comunidad que permanece en el lugar de origen.


Por otro lado, una premisa importante de esta perspectiva de análisis es aquella de que la decisión de migrar no es una decisión individual sino más bien un proceso familiar y social, es decir una suerte de “estrategia colectiva combinada destinada a reducir riesgos y restricciones en la sociedad natal. Así algunos miembros pueden trabajar en el mercado local y otros ser enviados al exterior.” (Malgesini, 1998 citado en Pedone, 2001) . Si bien esta visión complejiza el fenómeno migratorio, ubicando con claridad cómo el impacto de la migración tiene que ser estudiando tanto desde la comunidad de origen como en los lugares de destino y no sólo a partir de las fuerzas económicas en juego en el proceso de globalización, desde una perspectiva de género ubicamos un gran vacío que es el dejar de lado los juegos de poder que permean las decisiones, intereses y estrategias familiares. No todos los miembros de la familia actúan en igualdad de condiciones ni cuentan con las mismas capacidades de negociación. La visión de las estrategias familiares ya ha sido cuestionada por el análisis de género en otros ámbitos en dónde se ha demostrado que al tratar a la familia como un todo unificado y uniforme se invisibiliza las desiguales relaciones de poder existentes al interior de la familia, los valores culturales e ideológicos que permean la asignación de roles, la construcción de las identidades y las condiciones de reproducción de las personas.
En efecto, los resultados de nuestra investigación demuestran que las percepciones frente a las decisiones de migrar y frente a los beneficios de la migración son distintas si la persona que migra es hombre, mujer, padre, madre, hija o hijo de familia. Así mismo el uso y control de las remesas por parte de las mujeres está supeditado a una serie de controles familiares en donde se sigue ejerciendo y reproduciendo el rol masculino a nombre de la familia. Por último, las mujeres que se quedan a cargo del cuidado de la familia no disminuyen sino más bien incrementan sus niveles de dependencia frente a los ingresos provenientes del esposo migrante puesto que por una serie de factores culturales y sociales no tienen la libertad de decisión sobre estos recursos.
En otras palabras, el análisis de la redes y cadenas sociales tiene que ser complementado por una perspectiva interpretativa que incluya el análisis de las relaciones de poder que se entretejen entre los distintos miembros de la familia y al interior de las comunidades. Esto permitirá diferenciar entre las distintas experiencias y percepciones acerca de la migración y su impacto diferenciado en las comunidades de origen. Además permitirá entender de mejor manera las distintas experiencias migratorias de hombres y mujeres de distintas generaciones, facilita una comprensión más compleja de la forma en que la migración reorganiza las vidas de todas las persona y nos da luces sobre complejidad del proceso de reasignación de recursos.
Por otro lado, a pesar del incremento de la migración femenina en los flujos internacionales, fenómeno que también se manifiesta en el caso ecuatoriano, el análisis de estos procesos tiene todavía un claro sello masculino. (Sep, 2000)pues se tiende a asociar la experiencia migratoria al género masculino.5 De acuerdo a Isabel Holgado (2001) la feminización de la pobreza en el planeta ha derivado también en la feminización de la emigración transnacional. Esta autora presenta el caso de España como un importante polo receptor de mano de obra femenina y contrasta la gran diversidad de bagajes, motivaciones e intereses que caracteriza a la inmigración proveniente de los cinco continentes con la uniformidad y las invisibilidades de distinto signo impuestas por el medio legal y social a las mujeres migrantes.
Este mismo estudio señala que a fines del año 2000, y sólo contando con las personas inmigradas regularizadas, las mujeres componen casi el 48% del total de la inmigración y, en el caso de algunos colectivos, la feminización sobrepasaba con mucho el 50 %: ésta alcanza el 80% en el caso de la República Dominicana, el 70% entre los colectivos de Colombia, Ecuador, Brasil y Guinea Ecuatorial; y el 60 % en el caso de las filipinas, peruanas y caboverdianas.
Además, las mujeres migrantes presentan perfiles educativos y profesionales muy diversos. Como lo veremos en el caso de la población abordada en la encuesta en nuestro país el perfil educativo de las mujeres migrantes es más alto que el de los hombres y se sitúa entre los polos de mujeres con educación superior y aquellas con educación secundaria, lo cual también rompe el mito muy arraigado en los países del Norte de que las mujeres inmigrantes tiene bajos niveles de formación.
El estudio también puntualiza que a pesar de estos niveles educativos los estereotipos existentes frente a las mujeres inmigrantes hacen que su inserción en el mercado laboral se haga en los niveles más bajos, sin el goce de los mínimos mecanismos de protección laboral y ocupando espacios laborales “que ya no queremos las mujeres autóctonas”. Por ello, para Holgado, la población inmigrante se incorpora mayoritariamente en situaciones de precariedad, temporalidad, bajos salarios, es decir en nichos de la llamada economía sumergida.
Al mirar desde una perspectiva diferenciada la experiencia femenina de la masculina esta autora logra demostrar la distintas formas de inserción de las mujeres en el mercado laboral, la precariedad de las relaciones de trabajo y las pocas posibilidades de movilidad social que encuentran las mujeres. Desde nuestro estudio esta mirada diferenciada nos ha permitido también mirar al otro lado de la orilla : ¿cuáles son las perspectivas de las mujeres que se quedan? ¿ Cómo son vistas estas mujeres en su comunidad de origen? ¿ cuáles son las relaciones de poder que entran en juego en las decisiones de migrar y en la administración de los beneficios de la migración y en la reorganización de los recursos productora y naturales?.
En definitiva, lo que la perspectiva de género nos permite es cuestionar interpretaciones homogenizantes de la migración; aquella que no toma en cuenta los efectos y las percepciones diferenciadas que tienen los protagonistas sobre la migración; aquellas que miran este fenómeno como resultado de consensos familiares; aquellas que explican la relación local- global en torno a un concepto idealizado de familia que subraya la idea de trasnacionalidad de las familias de migrantes.

Por último otra contribución del análisis de género ha sido la discusión del dilema entre mayor autonomía y empoderamiento de las mujeres, debido a la prolongada ausencia masculina. Aquí nos hemos encontrado con una complejidad de factores relacionados con la capacidad negociación que otorga la distancia y la temporalidad sobre los aspectos económicos y su sexualidad. Pero también con los mecanismos derivados de la construcción cultural del sistema sexo género que controla y moldea estas posibilidades de negociación. Pensamos que este aspecto tiene incidencia directa en una mejor comprensión del fenómeno migratorio como un asunto que interrelaciona elementos económicos, sociales y culturales y produce impactos diferenciados y desiguales que deben ser tomados en cuenta a la hora de pensar en políticas. La perspectiva de género como dimensión analítica es una oportunidad para mirar concretamente y empíricamente cómo se articulan estos tres factores.



La estructura de la migración
En los dos últimos años muchos medios de comunicación han impulsado una visión sobre la emigración internacional centrada en lo económico, fundamentalmente en la cantidad de remesas que han entrado al país, en los problemas que tienen los ecuatorianos y ecuatorianas para establecerse legalmente en sus lugares de destino y en las consecuencias negativas que la salida de hombres y mujeres traen a las familias y las comunidades. Tanto los diarios locales como nacionales construyen constantemente una representación de gente desposeída, parada frente a las mallas del aeropuerto, abatida por la tristeza y el abandono.
Esta percepción bastante trágica de la migración se extiende a los análisis: se pone énfasis en las desventajas y no se documenta en la misma proporción las ventajas que ha traído la migración a las familias de los emigrantes:
Desgraciadamente los efectos del fenómeno migratorio son negativos, al extremo de que esta cambiando el perfil epidemiológico de la comunidad azuaya. Empiezan a prevalecer las enfermedades mentales en los niños. Director de Salud del Azuay (Borrero, Cántaro #32)
[Un diario nacional, al reportar sobre los éxitos de un campamento vacacional destinado a hijos e hijas de emigrantes decía:] A pesar de la algarabía, las historias de abandono, en cada uno de los diez grupos conformados, se sentían en el ambiente... Uno de los directores (de la escuela] que no quiso identificarse, señaló que de 285 estudiantes, alrededor de 70 provienen de hogares desorganizados, por ser hijos de migrantes (Diario Hoy, 9-09-2001)
Análisis y opiniones similares a los que anteceden tienen el inconveniente de que aparecen como verdades absolutas o como conocimientos objetivos de una realidad compleja que simplifican. En ese sentido, naturalizan los hechos sociales, en este caso la migración internacional y sus consecuencias, haciéndolos aparecer como immutables.

En esta investigación, intentamos romper con esta naturalización de los hechos sociales y adoptamos un enfoque interpretativo basado en la reflexividad sobre nuestro proceso investigativo con el fin de indagar más allá del sentido común pero también con el objetivo de volver explicita la posición situada con la que emprendemos nuestro análisis, que en este caso es la del feminismo. En efecto, la propuesta de recoger los distintos puntos de vista de los sujetos nace de haber tomado a las teorías feministas como una opción interpretativa. Desde una de sus vertientes teóricas, no existen "miradas neutrales ni objetivas" sobre la realidad. existen conocimientos y discursos que surgen de sujetos de carne y hueso, que se hallan ubicados en un determinado contexto social, económico, cultural y tienen una determinada posición política. Se trata, como en todo, de conocimientos parciales que adquieren distintos significados dependiendo del lugar desde dónde se enuncien las opiniones o discursos. Además no existen objetos de conocimiento, se habla con sujetos y actores que pueden dar cuenta y opinar sobre sus vidas y acciones. (Harding, 1995).


Partiendo de estas ideas, en la investigación exploratoria realizada se intenta mostrar lo que un grupo de hombres y mujeres, parientes de emigrantes, habitantes de la Sur del Ecuador vive y opina sobre el fenómeno migratorio, cómo las experiencias sobre la emigración dan lugar a la conformación de puntos de vista diferentes pero no por ello menos válidos. El objetivo de esta segunda parte es abrir preguntas y plantear hipótesis que permitan dar sentido al fenómeno migratorio desde las distintas perspectivas de los actores (as) involucrados.



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