Friedrich nietzsche 1844-1900


CRÍTICA A LAS CIENCIAS POSITIVAS



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2.2. CRÍTICA A LAS CIENCIAS POSITIVAS

 

            Nietzsche no ataca la ciencia en sí, sino la metodología propia del mecanicismo y el positivismo de su época, y la obsesión por reducir los fenómenos a lo puramente cuantificable (proceso de matematización de la ciencia). Respecto a esto último dirá que la pura determinación cuantitativa de las cosas tiende a anular las diferencias que realmente existen entre ellas, diferencias que son cualitativas, de tal modo que el aspecto cuantificacional resulta tan falsificador como el intento metafísico de reducir al realidad a su componente meramente estático. En este sentido dirá Nietzsche que la ciencia no está lejos del ideal ascético (consistente, en este caso, en despojar la realidad de su riqueza y quedarse con el esqueleto o el esquema conceptual) en tanto en cuanto renuncia en aras de su veneración por la verdad objetiva a la interpretación de los fenómenos. La ciencia se pretende a sí misma como saber absoluto y único a tener en cuenta, en ese aspecto es considerada nihilista por Nietzsche.



 

            Otro de los aspectos que Nietzsche denuncia en la ciencia es el de haberse convertido en sierva de los intereses del Estado.

 

  2.3. CRÍTICA AL LENGUAJE



 

            Los errores de la razón tienen su origen en el lenguaje. Nos hipnotiza con sus palabras e interpreta equivocadamente como si fueran entidades reales los conceptos gramaticales (yo, cosa, ser) El lenguaje proporciona las leyes de la verdad que valora únicamente lo comunicable y de este modo su desarrollo corre parejo al de la ciencia. Lo que en su origen sirvió para comunicar una experiencia singular y única derivará en un concepto vacío cuando en el afán de encerrar la realidad se sacrifiquen las particularidades, la individualidad que le caracterizaron en un primer momento. Acusa a la gramática de fetichismo grosero, queriendo significar que se le asigna un valor mágico a la palabra, a la que por el simple hecho de existir se la considera como representación de algo a lo que hace referencia, como, por ejemplo, ocurre con la palabra Dios: que exista la palabra no significa que exista una realidad correspondiente, dice Nietzsche.

 

            En el Crepúsculo de los ídolos, Nietzsche hace un estudio genealógico (intenta encontrar el origen y función del lenguaje, cómo se fue desarrollando y qué mecanismos de poder están detrás de él), llegando a la conclusión de que aquel es un aliado de las razón y cumple la misma función: manipuladora y transfiguradora de la realidad en ideas vacías, tales como la de la existencia del ser, del alma, de Dios, de la verdad...



 

            Si el lenguaje intenta expresar la verdad y Nietzsche considera que la verdad de los metafísicos responde a un mecanismo de ocultación u olvido de la verdadera realidad, que para él sólo es el devenir y el flujo constante, entonces, es lógico que modifique el concepto de verdad: no existen verdades en sí (nouménicas), sino que toda verdad es fenoménica y se origina en los sentidos y no puede ir más allá de ellos. Más aún, la verdad es un invento, una convención necesaria que surgió de la necesidad de conservación de la especie, pero con el paso del tiempo hemos olvidado su origen meramente convencional y pragmático:

 

            "En un apartado rincón del universo donde brillan innumerables sistemas solares, hubo un astro en el que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento[...] Hubo eternidades en las que no existió, y cuando desaparezca, no habrá ocurrido nada, puesto que ese intelecto no tiene ninguna misión que vaya más allá de la vida humana.[...] Con vistas a la conservación del individuo, el intelecto ejerce su fuerza principal en el acto de fingir, pues éste es el medio que tienen los individuos más débiles y menos fuertes para sobrevivir. [...] En el estado de naturaleza, el individuo utiliza el intelecto para conservarse frente a los demás individuos, aunque las más de las veces lo haga con la finalidad de engañar; pero no tanto por necesidad como por aburrimiento el individuo tiende a asociarse con otros individuos y a llevar una vida gregaria, necesita acordar un tratado de paz que haga desaparecer de su entorno el aspecto más brutal de la lucha de todos contra todos.[...] En ese momento se determina lo que a partir de entonces ha de considerarse como verdadero, es decir, se inventa una forma universalmente válida y obligada de designar las cosas, y el código lingüístico suministra asimismo las primeras leyes de la verdad [...] Mentiroso es quien utiliza esas designaciones válidas que son las palabras para hacer pasar por real lo que no lo es.[...] Si comparamos entre sí los diferentes idiomas, obtenemos la evidencia de que las palabras no alcanzan nunca la verdad ni la expresión adecuada, pues de lo contrario no existirían tantos idiomas. La cosa en sí resulta totalmente inaccesible, pues el lenguaje se limita a designar las relaciones que guardan las cosas con los hombres y a expresarlas mediante metáforas audaces.



 

            ¿Qué es entonces la verdad? Un dinámico tropel de metáforas, metonimias y antropomorfismos; en suma, un conjunto de relaciones humanas que, realzadas, plasmadas y adornadas por la poesía y la retórica, y tras un largo uso, un pueblo considera sólidas, canónicas y obligatorias; las verdades son ilusiones cuyo carácter ficticio ha sido olvidado.[...] Por consiguiente, hablando en términos morales, sólo hemos prestado atención a la obligación de mentir, en virtud de un pacto, de mentir de forma gregaria...Quien busca tales verdades sólo trata de humanizar el mundo, de comprenderlo en términos humanos.[...] En este sentido, cabe admirar el poderoso genio constructor del hombre, que es capaz de levantar sobre cimientos tan inestables una catedral de conceptos extremadamente compleja." [Nietzsche: Verdad y mentira en sentido extramoral]

 

            El valor de verdad viene determinado por su utilidad: pragmatismo. Por otra parte, Nietzsche va en contra del dogmatismo metafísico y defiende el perspectivismo: No hay hechos, sino interpretaciones, porque la verdad, tal como la entendían los metafísicos es una ilusión. En efecto, la metafísica clásica, con su voluntad de verdad, más que con juicios verdaderos, desfiguró la realidad haciéndola coincidir con lo inmóvil, lo muerto, y todo ello porque al fin de cuentas le resultaba más fácil manejar un cadáver que algo vivo.



 

2.4. CRÍTICA A LA MORAL

 

            En la Genealogía de la moral (1887) aborda Nietzsche su crítica a la moral vigente a partir de un análisis genealógico de los valores morales.



 

            Observó  que en todas las lenguas antiguas bueno significó primitivamente lo noble y lo artístico, contrapuesto a malo como lo simple, vulgar, plebeyo. Dos denominaciones: bueno y malo creadas por la nobleza en tanto que ostentadora del poder. Con el paso del tiempo dicha distinción meramente clasista se transformó en una valoración moral. El origen histórico de dicha transposición, según Nietzsche, vino determinado por la rebelión de los que hasta entonces eran considerados malos (la inmensa mayoría) y se llaman a sí mismos buenos dominando a los nobles que ahora se llaman malvados. La moral surge como resultado de una rebelión y del resentimiento de los esclavos. El resentimiento es el que creó los valores de Occidente y es el responsable de la aparición de una civilización enemiga de la vida y de la aparición de un hombre incurablemente mediocre.

 

            "Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber: "¡los miserables son los buenos, los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos, los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios, únicamente para ellos existe bienaventuranza,- en cambio vosotros, vosotros los nobles y violentos, vosotros sois, por toda la eternidad, los malvados, los crueles, los lascivos, los insaciables, los ateos, y vosotros seréis también eternamente los desventurados, los malditos y condenados" [Nietzsche: Genealogía de la moral] 



 

            En resumen, el resentimiento es el causante del nihilismo o desertización que amenaza a Occidente. Sólo la inversión de los valores morales, cuando el hombre sea capaz de asumir la vida en su finitud y belleza, situándose más allá del bien y del mal, podrá hacer posible la recuperación de la primitiva inocencia y la aparición del superhombre anunciado en Así habló Zaratustra.

 

            Al hilo de lo anteriormente dicho, Nietzsche distingue una moral de señores: capaces de vivir más allá del bien y del mal en el sentido de que son creadores y señores de su propia moral, sin imposiciones externas. Y una moral de esclavos, ascética, propia de los mediocres y débiles, de las personas incapaces de cualquier autonomía, de darse a sí mismas sus propias reglas, si es que acaso se necesitan cuando se alcance un estadio superior de humanidad: Superhombre. La moral de siervos es ascética porque, al estar fundada en el resentimiento, va contra los valores vitales. Los valores cristianos de abnegación, sacrificio, etc... son propios de una actitud débil frente a la vida, profundamente pesimista y resignada. La vida así deja de ser una tarea urgente frente a la búsqueda de una hipotética vida eterna, en la que cesarán todos los males humanos.



 

            Según Nietzsche la moral aristocrática, o de señores, se basa en valores vitales, terrenos, reconociendo que el hombre no es espíritu, sino sólo cuerpo, la gran razón. La aceptación plena de la vida es la propia de lo dionisiaco que dice ¡Sí!, aunque esta aceptación pueda ser en ocasiones trágica. Esta moralidad convertirá a los hombres en superhombres capaces de vivir la vida como si de una obra de arte se tratara y sin recurrir a consuelos metafísicos. El superhombre se sentirá lo suficientemente poderoso en sí mismo como para caer en la tentación de imponer su poder a los demás.


3. PROYECTO VITALISTA NIETZSCHEANO

 

            Ya hemos dicho que el aspecto deconstructivo o crítico del pensamiento nietzscheano sólo es una parte de su filosofía. Como respuesta al nihilismo reactivo que caracteriza la cultura occidental, Nietzsche propone una alternativa desde otro tipo de nihilismo, el activo, que va en consonancia con su opción vitalista


3.1. VIDA COMO VOLUNTAD DE PODER

 

            Precisemos el concepto nietzscheano de la voluntad de poder: puede ser entendida desde el punto de vista ontológico, gnoseológico o antropológico.

 

            Desde el ontológico se referiría al carácter de la realidad: todo lo que es tiende a desarrollar al máximo sus potencialidades, y por lo tanto, el ser es devenir y viceversa en tanto que paso de la potencia al acto (dicho en terminología aristotélica) y en tanto que acto que tiende a modificarse. Dicha concepción se opone a la ontología o metafísica platónica marcadamente estática.

 

            Desde el punto de vista gnoseológico, la realidad al ser múltiple y cambiante es conocida como apariencia. Al no ser única es conocida de un modo perspectivista. La realidad es interpretación, depende del punto de vista.

 

            Desde el punto de vista antropológico y ético, la voluntad de poder sería la capacidad que tiene cada hombre de hacer de su existencia una obra de arte. Es la voluntad de decir ¡sí! a la vida.   

 

            En el fondo de la voluntad de poder late una intención estética. Se trata de la voluntad de poder como arte que se expresa en la necesidad de crear. El artista tiene algo en común con la naturaleza: la creación constante. Así pues, el ejemplo a seguir es el de la naturaleza y el del artista, sólo mediante el cultivo de la voluntad de poder o poderío es posible acabar con el nihilismo reactivo que frena el impulso vital. El nihilismo propio de la voluntad de poder es el nihilismo activo, el que dice ¡Ya basta! a los ideales tanto metafísicos como de la moral de siervos, y realiza una inversión de los valores (2º texto), tomando en consideración los valores vitales que posibilitan la vida y la ensanchan. La voluntad de poder es la voluntad de autoafirmación, de decidir la propia existencia de un modo original e individual:

 

"¿Qué es bueno? Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre.

¿Qué es malo? Todo cuanto procede de la debilidad.

 ¿Qué es felicidad? El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada.[Nietzsche: El anticristo]

 

"En todos los lugares donde encontré seres vivos, encontré voluntad de poder, e incluso en la voluntad del que sirve encontré voluntad de ser señor [...] Y este misterio me ha confiado la vida misma: "Mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo.

En verdad, vosotros llamáis a esto voluntad de engendrar o instinto de finalidad, de algo alto, más lejano, más vario: pero todo esto es una única cosa y un único misterio [...]"

En verdad, yo os digo: ¡Un bien y un mal que fuesen imperecederos no existen! Por sí mismos deben una y otra vez superarse a sí mismos [...]

Y quien tiene que ser un creador en el bien y en el mal: en verdad ése tiene que ser antes un aniquilador y quebrantador de valores.

 Por eso el mal sumo forma parte de la bondad suma: mas ésta es la bondad creadora [...]

¡Hay muchas cosas que construir todavía!

[Nietzsche: Así habló Zaratustra]  

          

Pero no debemos confundir la voluntad de poder con la voluntad de dominio. Quien es realmente poderoso no necesita sojuzgar a otros para afirmarse en su poder, esto es más bien propio de seres débiles. Tampoco necesita ser recocido porque se basta a sí mismo y sabe de su valor. Voluntad de poder NO ES voluntad de dominio.
3.2. ETERNO RETORNO COMO IDEAL REGULATIVO

 

            Tanto la propuesta moral de inversión de los valores, como la voluntad de poder se relacionan con la idea del Eterno Retorno. Esta idea aparece por primera vez en la Gaya Ciencia con un sentido moral y cosmológico. A nosotros nos interesa el sentido moral y vendría a formularse, en terminología kantiana y no en palabras de Nietzsche, como una especie de imperativo categórico o idea regulativa: actúa siempre en tu vida de tal manera que puedas querer siempre que cada cosa que haces o te ocurre suceda eternamente. Tal propuesta obligaría al hombre a intentar ser feliz y vivir una existencia plena, a aceptar la vida de un modo alegre y vital, ya que de lo contrario, de llevar el hombre una vida oprimida, impersonal, nada creativa, gris, etc, en absoluto podría querer que su existencia se repitiera tal como es eternamente.   


             "El peso más agobiante.- ¿Y si, un día o una noche, se introdujese un demonio en tu máxima soledad y te hablase así: "Esta existencia, tal como la arrastras y la has arrastrado hasta este momento, tendrás que recomenzarla de nuevo y recomenzarla sin cesar... Todo lo que en ella hay de indescriptiblemente grande y pequeño, todo recomenzará y retornará en el mismo orden, siguiendo la misma despiadada sucesión...esta araña también volverá, este claro de luna entre los árboles y ese instante, y ¡yo también! El perpetuo reloj de arena de la vida dará sin descanso la vuelta, ¡y tú con él, tú, el polvo más insignificante de todos los polvos"...? ¿No te arrojarías al suelo, relinchando de odio y maldiciendo a ese demonio? A menos que hayas vivido un instante prodigioso con lo que responderías: "¡Eres un dios; en mi vida había oído nunca palabras tan divinas!"

 

            Si esa idea se afianzase en ti, quizá te transformaría o quizá te aniquilaría; sobre todas las cosas te preguntarías: "¿Quieres eso?; ¿lo vuelves a querer?; ¿una vez?, ¿siempre?, ¿hasta el infinito?", ¡y esa pregunta pesaría sobre ti con una gravidez decisiva y terrible! O bien, ¡ah!, ¿cuánto tendrías que amarte a ti mismo y amar la vida para no desear nada más que esa suprema y eterna afirmación? [Nietzsche: Gaya ciencia]



 

3.3. SUPERHOMBRE: NUEVO PUNTO DE PARTIDA



 

            Tanto el eterno retorno como la voluntad de poder van encaminadas a conducir a la humanidad del último hombre decadente y antivital a una nueva humanidad, la del superhombre. Nada tiene que ver con la interpretación racista que hicieron los nazis para justificar el nacionalsocialismo. El superhombre es una propuesta de estilo de vida, una nueva moral basada en la inversión de los valores. El superhombre es la respuesta del nihilismo activo frente al pasivo. El primero, como ya hemos visto, se resume en la negación de toda idea antivital mediante la frase: Dios ha muerto: "Dios ha muerto, hagamos que viva el superhombre". Dios o cualquier otra idea trascendente representan la antinomia de la vida, y la negación del valor humano: 
"El concepto "Dios" inventado como concepto antitético de la vida- en ese concepto, concentrado, en horrorosa unidad, todo lo nocivo, envenenador, difamador, la entera hostilidad a muerte contra la vida" [Nietzsche: Ecce Homo]
La afirmación de la vida tiene como condición de posibilidad la muerte de Dios y de todo lo que ese concepto representa. Se impone, pues, según Nietzsche, la inversión de los valores necrófilos y la afirmación de la vida. 
La transformación supone principalmente la inversión de los valores morales herederos del cristianismo en otro tipo de moral: la moral aristocrática de la que ya hemos hablado y a la cual me remito.
Nietzsche habla del superhombre en oposición a lo que él llama último hombre, cuya moral es servil. Cómo aparecerá el superhombre (el que está por encima del último hombre) es algo que no explica. Quizá hay que entender que lo traerá la asunción del eterno retorno.
En cualquier caso, Nietzsche presenta al superhombre como fruto de tres transformaciones: "Cómo el espíritu se convierte en camello, el camello en león, y el león, por fin, en niño"
El camello arrastra la carga de una moral impuesta, actuando bajo el imperativo ¡tú debes! El león quiere conquistar su libertad y decidir sobre sus propios valores, actuando bajo el requerimiento: ¡Yo quiero! Pero aún no es suficiente, el espíritu debe transformarse en niño
            "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un salir de sí. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo" [Nietzsche: Así habló Zaratustra]
El superhombre posee, por tanto, la inocencia del niño, ajeno a una moral resentida, está más allá del bien y del mal, y, asumiendo la enseñanza del Eterno Retorno, es creador de valores y vive fiel a la tierra: 
 "¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra, y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobrenaturales! Son envenenadores, lo sepan a no...
En otro tiempo, el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con él han muerto también esos delincuentes: ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de aquella!

En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo más alto: el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del cuerpo y de la tierra."[Nietzsche: Así habló Zaratustra]
A manera de conclusión, podemos decir que Nietzsche es un pensador antimetafísico, que no se limita a una labor de crítica a la filosofía tradicional, el lenguaje, la moral, sino que también plantea un proyecto acorde con su propia filosofía. Superhombre, Muerte de Dios o nihilismo, transmutación de los valores, voluntad de poder, eterno retorno son los pilares entorno a los que se mueve la filosofía nietzscheana, caracterizada por su vitalismo y su perspectivismo.


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