Freud desde 1893 hasta 1940


II. La multivocidad de lo inconsciente y el punto de vista tópico



Descargar 487.5 Kb.
Página7/12
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño487.5 Kb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12

II. La multivocidad de lo inconsciente y el punto de vista tópico:

Todo lo reprimido es inconsciente pero no todo lo inconsciente es reprimido. Lo inconsciente abarca actos latentes por ahora (preconsciente), pero que lo son de forma descriptiva; procesos reprimidos que de devenir conscientes contrastarían conflictivamente con lo consciente (dinámico).

Un acto psíquico atraviesa por dos fases entre las cuales se encuentra la censura. En la primera fase es inconsciente y pertenece al sistema Icc; si es rechazado por la censura se le deniega el pasaje a la segunda fase; y si pasa pertenece al sistema Cc. Pero no es conciente sino susceptible de conciencia (preconsciente). Este sistema participa de las propiedades del sistema Cc. Se distingue de la concepción descriptiva por la naturaleza dinámica de los procesos anímicos, y tiene en cuenta la tópica psíquica indicando el sistema dentro del cual se consuma el acto.

Hay dos teorías respecto a los procesos que discurren en el aparato:

1. Que la fase Cc de la representación significa una retranscripción de la representación, que se produce en la nueva localidad psíquica, manteniéndose la originaria inconsciente. (Supuesto tópico).

2. La transposición consiste en un cambio de estado del mismo material, meramente funcional, en la misma localidad. (Supuesto funcional).

Con el primer supuesto se enlaza un divorcio tópico entre ambos sistemas y la posibilidad de que una representación esté presente al mismo tiempo en dos lugares del aparato, y aún que se traslade regularmente de un lugar a otro si no está inhibido por la censura. La cancelación de la represión sobreviene cuando la representación conciente tras vencer las resistencias, se pone en conexión con la huella mnémica inconsciente. Pero la identidad entre la comunicación y el recuerdo reprimido es aparente.

III. Sentimientos inconscientes:

Además de representaciones conscientes e inconscientes, la misma caracterización no se puede dar a las mociones pulsionales, ya que una pulsión no puede ser objeto de la conciencia; sólo puede serlo su representante (la representación). También sólo puede estar representada en el Icc por su representación. La pulsión se adhiere a una representación.

Un sentimiento para ser sentido debe ser conciente, entonces la posibilidad de una condición inconsciente falla por entero a sentimientos o afectos.

Puede ocurrir que una moción de afecto sea percibida erradamente. Por represión de su representante fue compelida a enlazarse con otra representación y la conciencia la tiene exteriorizada a ésta. Llamamos inconsciente a la moción afectiva originaria aunque su afecto nunca lo fue porque solo su representación fue reprimida. Los destinos del afecto pueden ser: persistir como tal, ser mudado en un monto de afecto cualitativamente diverso, o ser sofocado. La meta genuina de la represión es la sofocación del monto de afecto. Tras la represión la representación sigue existiendo en el interior del Icc como formación real, y el afecto le corresponde la posibilidad de planteo a la que no se le permite desplegarse. No hay afectos inconscientes como hay representaciones inconscientes. Dentro del sistema Icc hay formaciones de afecto que al igual que otras pueden venir concientes. Las representaciones son investiduras de huellas mnémicas mientras que los afectos son procesos de descarga cuyas exteriorizaciones se perciben como sensaciones.

Puede discernirse una pugna permanente de los sistemas Cc e Icc en torno al primado sobre la afectividad y se deslindan esferas de influencia. El desprendimiento de afecto proviene del Icc, en cuyo caso tiene un carácter de angustia, por la cual son trocados los afectos reprimidos. La moción pulsional tiene que aguardar hasta encontrar una representación sustitutiva en la Cc, y desde el sustituto se desarrolla el afecto, cuya naturaleza determina el carácter cualitativo del afecto. La represión produce un divorcio entre el afecto y su representación a raíz de lo cual ambos van al encuentro de sus destinos separados.

IV. Tópica y dinámica de la represión:

La represión se lleva a cabo en la frontera entre los sistemas Icc y Prcc. Se trata de una sustracción de investidura. La representación reprimida conserva su investidura ya que sigue produciendo efectos en el Icc. A la representación se le sustrae la investidura Prcc, y puede quedar desinvestida o recibir investidura del Icc, o conservar la investidura Icc que ya poseía. Por lo tanto hay: sustracción de investidura Prcc, sustitución de la Prcc por la Icc, o conservación de investidura Icc. El supuesto funcional superó al tópico, al afirmar no una retranscripción, sino una mudanza de investidura, un cambio de estado. La sustracción de libido no explica que la representación intente penetrar al sistema Prcc, y una nueva sustracción de libido tendría que llevarse a cabo. Tampoco se trata de la represión primordial que es puramente inconsciente, y no ha recibido investidura Prcc (por lo tanto no puede ser sustraída).

Tiene que haber otro proceso que mantenga la represión y cuide a la represión primordial de su producción y permanencia: la contrainvestidura que protege al sistema Prcc contra el asedio de la representación inconsciente. Representa el gasto permanente de energía de una represión primordial, y garantiza su permanencia. En la represión primordial es el único mecanismo; en la secundaria se suma a la sustracción de investidura. Y posiblemente la investidura sustraída de la representación se aplique a la contrainvestidura. Investidura es lo mismo que libido al tratarse de destinos de la pulsión sexual.

En la histeria de angustia se trata de una moción de amor que demandaba transponerse al Prcc, pero la investidura Prcc se le retiró y la Icc fue descargada como angustia. La investidura Prcc fue volcada a una representación sustitutiva que se entramó por vía asociativa con la representación rechazada, y se sustrajo de la represión por su distanciamiento (sustituto por desplazamiento). La representación sustituta es para la conciencia una contrainvestidura asegurándolo contra la emergencia de la representación reprimida. Es de donde arranca el desprendimiento de afecto (en la fobia cuando ve al animal). Es el lugar de transmisión desde el Icc al interior del Cc y es una fuente autónoma de desprendimiento de angustia. La contrainvestidura del sistema Cc ha llevado a la formación sustitutiva. Todo el entorno asociado de la representación sustitutiva es investido con una sensibilidad particular, y cualquier excitación dará un desarrollo de angustia, que es aprovechado como señal para inhibirse mediante la huida de la percepción. Este mecanismo no sirve contra la moción pulsional que alcanza a la percepción sustitutiva con su conexión con la representación reprimida. Solo empiezan a producir efectos cuando el sustituto ha tomado sobre sí la subrogación de lo reprimido. Cada acrecimiento de la moción pulsional, la muralla protectora que rodea a la representación debe ser trasladada un tramo más allá. Esa construcción es la fobia.



V. Las propiedades particulares del sistema Icc:

El núcleo del Icc consiste en mociones de deseo, o representantes de la pulsión que quieren descargar su investidura. Cuando pulsiones de metas distintas son activadas al mismo tiempo, confluyen en una formación de meta intermedia, en un compromiso.

Dentro del Icc no existe la negación; esto es introducido por la censura como sustituto de la represión. En el Icc hay contenidos investidos con más o menos intensidad.

Prevalece una movilidad mucho mayor de las intensidades de investidura. El proceso de desplazamiento permite a una representación entregar a otra toda su investidura, y la condensación tomar sobre sí la investidura de muchas otras. En cambio dentro del Prcc rige el proceso secundario.

Los procesos del Icc son atemporales, no están ordenados ni se modifican por el transcurso del tiempo. La temporalidad es una forma de trabajo de la conciencia.

No conocen un miramiento por la realidad. Están sometidos al principio de placer, su destino depende de la fuerza que posean y que cumplan con la regulación placer-displacer.




El sistema Prcc presenta una inhibición de la proclividad a la descarga. Cuando el proceso traspasa de una representación a otra la primera tiene gran parte de su investidura. Desplazamiento y condensación son muy limitados en el Prcc. La energía de investidura puede estar ligada o móvil y proclive de descarga, característico del Icc.

Al Prcc compete también un comercio entre los contenidos de las representaciones a fin de que se influyan unas a otras, el ordenamiento temporal de ellas, la censura, el examen de realidad y el principio de realidad. La memoria consciente depende del Prcc, que se diferencia de las huellas mnémicas en que se fijan las vivencias del Icc, y que corresponden a una trascripción particular.



VI. Comercio entre los dos sistemas:

El Icc es susceptible de desarrollo y coopera con el Prcc. Se continúa en los retoños, es asequible a las vicisitudes de la vida, influye sobre el Prcc y está también sometido a las influencias de éste.

Hay retoños que cualitativamente, por su alto grado de organización, pertenecen al Prcc, pero se encuentran en el Icc y son insusceptibles de conciencia. Su origen es decisivo para su destino. Son las formaciones de fantasía, que se individualizaron como etapas previas en la formación del sueño y del síntoma, que permanecen reprimidas. Otros retoños de alta organización son las formaciones sustitutivas, pero a diferencia logran irrumpir en la conciencia merced a una relación favorable.

Un sector del Prcc proviene del Icc, y sucumbe a la censura antes del devenir conciente. Otro sector es susceptible de conciencia sin censura. Esto supone a la censura no entre el Prcc y el Icc, sino entre el Prcc y la Cc, echando por tierra el supuesto de una renovación continuada de las transcripciones.

Los retoños del Icc devienen conscientes como formaciones sustitutivas y síntomas tras grandes desfiguraciones aunque conservan ciertos caracteres.

Lo Icc es rechazado por la censura con el Prcc pero sus retoños pueden sortearla; cuando estos ganan intensidad el Prcc pueden ser rechazados y reconocidos y vuelven a reprimirse en la frontera de censura con el Cc; la primer censura es contra el Icc y la segunda contra los retoños. El devenir consciente es más que un mero acto de percepción, es una sobreinvestidura. En las raíces de la actividad pulsional los sistemas se comunican entre sí de la manera más amplia. Una parte de los procesos ahí excitados pasan por el Icc, y en la Cc alcanzan la conformación psíquica más alta; otra parte es retenida como Icc. El Icc es alcanzado también por las vivencias que provienen desde la percepción exterior.

El contenido del Prcc proviene de la vida pulsional y de la percepción.

VII. El discernimiento de lo inconsciente:

El sustituto del síntoma no se produce por referencia a la cosa, sino a la palabra, por la semejanza a la expresión lingüística. Toda vez que ambas, palabra y cosa, no coinciden, la formación sustitutiva mantiene la investidura de la representación-palabra (significante), pero no así la representación-cosa (significado). Estos son los dos la representación objeto está formado de ambas representaciones. Las representaciones-cosa consisten en la investidura de las huellas mnémicas derivadas de las imágenes mnémicas de las cosas. Esta es la diferencia entre representaciones Icc y Prcc: no son diversas transcripciones de la misma cosa en lugares distintos, sino que la representación Cc abarca la representación cosa más la correspondiente representación palabra; la Icc es la representación cosa sola. El sistema Icc contiene las investiduras de cosa de los objetos, que son las investiduras de objeto primeras y genuinas. El sistema Prcc nace cuando esa representación cosa es sobreinvestida por el enlace con su correspondiente representación palabra. Esto posibilita una organización psíquica más alta y el relevo del proceso primario por el secundario. La represión rehúsa la traducción en palabras de la representación rechazada. La representación no aprehendida en palabras, o el acto psíquico no sobreinvestido queda en el interior del Icc.

Las representaciones objeto provienen de la percepción, pero no pueden devenir concientes por medio de sus restos, primero porque pensar se desenvuelve dentro de sistema tan distanciado de los restos de percepción originarios que no conserva nada de sus cualidad, necesita un refuerzo de cualidades nuevas; y también que mediante el enlace con palabras pueden proveerse de cualidad investiduras que no pudieron llevarse cualidad alguna de las percepciones porque correspondían a meras relaciones de las representaciones objeto. El enlace con la representación palabra, entonces, posibilita pero no determina el devenir conciente.
Conferencia N° 6: Premisas y técnica de la interpretación (1916)
Para interpretar los sueños hay que descomponerlos en sus elementos (a diferencia del desliz del habla que no posee tantos elementos) e indagar al soñante por cada uno de ellos por separado. Se debe abandonar a la asociación libre reteniendo una representación de partida. Las ocurrencias azarosas no son del todo libres, quedan ligadas desde el momento en que emergen. De igual modo ciertas melodías que se nos ocurren resultan condicionadas por un itinerario de pensamiento al que pertenecen, anudadas por su texto u origen.

Además de la ligazón con una representación de partida, hay una segunda dependencia: respecto del círculo de pensamiento y de interés de alto contenido afectivo, de complejos inconscientes.

Las ocurrencias libres están determinadas, no son arbitrarias. El complejo del sujeto que creó los elementos del sueño (como retoños), determina a su vez las ocurrencias que siguen anudándose durante el análisis.

En el olvido de nombres reconozco al sustituto como el no genuino, mientras que en el elemento onírico esto ocurre mediante un análisis. Si dirijo mi atención a los sustitutos y hago que acudan ocurrencias se llega al nombre olvidado y descubro que los primeros estaban determinados por éste. Lo que es posible en el caso del olvido de nombres tiene que poder lograrse en la interpretación de los sueños: volver accesible lo genuino retenido, mediante asociaciones anudadas a partir de un sustituto.


Recordar, repetir y reelaborar (1914)
El médico pone en descubierto resistencias desconocidas del enfermo, el paciente narra situaciones y nexos olvidados, con el objeto de llenar las lagunas del recuerdo y vencer las resistencias de la represión. El olvido de impresiones, escenas y vivencia se produce por un bloqueo; el olvido experimenta otra restricción al apreciarse los recuerdos encubridores. Los recuerdos encubridores son a las vivencias infantiles como el contenido manifiesto del sueño a los pensamientos latentes. El convencimiento que el enfermo llega durante la terapia es de otra índole: se recuerda algo que nunca pudo ser olvidado porque nunca se lo advirtió, no fue conciente. Muchas vivencias infantiles que lograron expresarse con efecto retardado no poseen un recuerdo susceptible de ser despertado.

El analizado en general no recuerda nada de lo olvidado, sino que lo actúa. No lo reproduce como un recuerdo sino como acción, lo repite, sin saberlo. Durante el tratamiento no logra recordar, pero escenifica distintas situaciones de su vida. Esta compulsión de repetición es su manera de recordar. La transferencia misma es sólo una pieza de repetición. La transferencia no ocurre solo con el médico sino en otros ámbitos también. La compulsión de repetir le sustituye el impulso de recordar. Mientras mayor sea la resistencia, más será sustituido el recordar por el actuar. Las resistencias comandan la secuencia de lo que repetirá. Repite todo cuanto desde las fuentes de lo reprimido se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter. Durante el tratamiento repite todos sus síntomas. El hacer repetir durante la técnica psicoanalítica equivale a convocar un fragmento de la vida real, que puede ser peligroso. Este es el empeoramiento durante la cura. Desde la introducción al tratamiento el enfermo cambia su actitud frente a la enfermedad: es preparado para la reconciliación con eso reprimido que se exterioriza en los síntomas. Al progresar la cura pueden conseguir la repetición mociones pulsionales nuevas, más profundas, que no se habían abierto paso.

Para el médico el recordar reproduciendo psíquicamente sigue siendo la meta, aunque la repetición en acto no lo permita. Cuando la ligazón transferencial se ha vuelto viable, el tratamiento logra impedir al enfermo todas las acciones de repetición y permite usarlo como material terapéutico. El manejo de la transferencia es el principal recurso para transformar la compulsión de repetición en un motivo para recordar. Esa compulsión se vuelve inocua, y aprovechable; tiene permitido desplegarse con libertad escenificando todo pulsional patógeno. Sustituye la neurosis ordinaria a neurosis de transferencia, una enfermedad artificial y asequible, de la que es curado por análisis. Es también un fragmento del vivenciar real pero posibilitado por unas condiciones favorables y es provisional.

Es preciso que una vez expuesta la resistencia, el enfermo se enfrasque en ella para reelaborarla, vencerla prosiguiendo el trabajo obedeciendo a la regla analítica. Sólo en el apogeo de la resistencia se descubren las mociones pulsionales reprimidas que la alimentan y de cuya existencia el paciente se convence. La reelaboración es la pieza de trabajo que produce el máximo efecto alterador sobre el paciente similar a la abreacción del tratamiento hipnótico.


Pegan a un niño (1919)
I. La fantasía se halla anudada a una satisfacción onanista de carácter compulsivo. Cuando el niño co-presencia como otro es azotado, puede convocar aquellas fantasías presentes en la vida anímica. La representación-fantasía “un niño es azotado” es investido con elevado placer y desemboca en un acto de satisfacción autoerótica.

II. Una fantasía así que emerge a raíz de ocasiones casuales y se retiene para la satisfacción autoerótica es un rasgo primario de perversión. Uno de los componentes de la función sexual se anticipa a los otros y se vuelve autónomo fijándose y sustrayéndose del desarrollo. Puede caer bajo la represión, ser sustituida por una formación reactiva, ser sublimada o convertirse en perversión.

III. Esta fantasía presenta una historia evolutiva en cuyo desarrollo cambia su vínculo con la persona fantaseadora, su objeto, contenido y significado.

1° fase: el niño azotado es otro, casi siempre un hermanito. El que pega no es el fantaseador sino un adulto indeterminado. Más adelante se vuelve reconocible como el padre. El padre pega al niño que yo odio.

2° fase: sigue pegando el padre, pero el niño deviene el fantaseador mismo, la fantasía se ha teñido de placer. Yo soy azotado por el padre. Posee un carácter masoquista. No ha existido realmente, no es recordada ni puede devenir conciente, es una construcción del análisis.

3° fase: la persona que pega es indeterminada o es investida por un subrogante del padre. La persona propia del niño no aparece en la fantasía, y ahora son muchos niños.



IV. La niña está fijada tiernamente al padre y posee una actitud de odio y competencia hacia la madre. Los otros hijos son con quienes debe compartir el amor de los padres. Ser azotado significa una destitución del amor y una humillación. Que el padre le pegue significa que no lo ama a él, sino “sólo a mí”. En la primera fase satisface los celos y la dependencia. En esta prematura elección de objeto del amor incestuoso, la vida sexual del niño alcanza el estadio de la organización genital. No falta en el niño el deseo de tener un hijo con la madre y en la niña el de recibir un hijo del padre. Estos enamoramientos son reprimidos a raíz de desengaños como afrentas, nacimientos indeseados, o desde adentro a consecuencia de la falta de un cumplimiento demasiado tiempo anhelado. Sucumben porque su tiempo ha expirado. Al mismo tiempo aparece una conciencia de culpa anudada a los deseos incestuosos. La fantasía era “mi padre me ama sólo a mí pues al otro niño le pega”. La conciencia de culpa produce una inversión, la fantasía de la segunda fase en la que es uno azotado por el padre, y deviene masoquista. Es siempre la conciencia de culpa la que deviene el sadismo en masoquismo. Pero además se suma una regresión a la organización sádico-anal de la vida sexual. Cuando la represión afecta la organización recién alcanzada no solo el amor incestuoso deviene inconsciente sino también la organización experimenta un rebajamiento regresivo. El padre me ama se transforma en el padre me pega. El ser azotado es una conjunción entre conciencia de culpa y erotismo: no sólo es un castigo sino su sustituto regresivo y recibe a partir de esta fuente su excitación libidinosa que se descargará en actos onanistas. La fantasía de la tercera fase es una sustitución de fantasías inconscientes, que retorna al sadismo. En la frase “El padre pega a otro niño, sólo me ama a mí” la primer parte posee el acento y la segunda es reprimida. Solo la forma de la fantasía es sádica, la satisfacción es masoquista al sustituir los niños por la persona propia. Ha tomado sobre sí la investidura libidinosa reprimida y la conciencia de culpa adhiere al contenido.

V. La perversión es parte del proceso de desarrollo normal del niño; se refiere al amor incestuoso, al complejo de Edipo que al ser quebrantado permanece como una secuela heredera de su carga libidinosa y poseedora de su conciencia de culpa.

El complejo de Edipo es el núcleo de la neurosis y la sexualidad infantil, que culmina en él, es la condición efectiva, cuyos restos son secuelas para la posterior enfermedad. La fantasía de paliza y otras fijaciones perversas son las cicatrices del complejo tras su expiración como el complejo de inferioridad corresponde a la cicatriz narcisista.

El masoquismo no es una exteriorización pulsional primaria sino una reversión del sadismo hacia el Yo, por regresión del objeto al Yo. Pulsiones de meta pasiva son dadas desde el comienzo, pero al masoquismo además de esto hay que agregarle el carácter de displacer. El sadismo se muda en masoquismo bajo el influjo de la conciencia de culpa durante la represión. Los efectos de ésta son: vuelve inconsciente el resultado de la organización genital; le provoca la regresión al estadio sádico-anal (gracias a la endeblez de la organización genital); muda su sadismo en el masoquismo pasivo, narcisista, porque a la conciencia de culpa le escandaliza tanto el sadismo como la elección incestuosa de objeto.

VI. En la niña la segunda fase surge por represión y regresión del deseo incestuoso de ser amado por el padre. Entre la segunda y la tercera cambian de vía su sexo, por un deseo a ser varoncito. En el niño la madre remplaza al padre, y la segunda fase podría devenir conciente. La fantasía susceptible de conciencia cuyo contenido es ser azotado por la madre no es primaria, sino lo es ser azotado por el padre. La fantasía notoria de ser azotado por la madre corresponde a la tercera fase. El ser azotado es un ser amado en el sentido genital el cual se degrada vía regresión. Entonces la fantasía inconsciente no es “Soy azotado por el padre” sino “Soy amado por el padre” que ha sido transmudada en la fantasía conciente “Soy azotado por la madre”. La fantasía en el varón es al comienzo pasiva nacida de una actitud femenina hacia el padre. En ambos niña y niño la fantasía de paliza deriva de la ligazón incestuosa con el padre.

En la niña la fantasía masoquista inconsciente (fase 2) parte de la postura edípica normal, en el niño (fase 1) de la trastornada. En la niña hay una fase anterior en que la acción recae sobre a quien se odia por celos lo cual falta en el varón. En el paso a la fantasía conciente la niña (la fase 3) retiene al padre y cambia a la persona azotada; el varón (fase 2) cambia la persona del padre a la madre y sigue siendo él mismo el azotado. En la niña la situación originariamente masoquista (fase 2) es sustituida por una sádica tras la represión; en el varón sigue siendo masoquista. Se sustrae de su homosexualidad reprimiendo y refundiendo la fantasía inconsciente. La niña se fantasea varón sin volverse varonilmente activa y sólo presencia el acto como espectadora.

Todo lo reprimido y sustituido sigue siendo inconsciente y eficaz; la regresión modifica las constelaciones inconscientes de modo que no se conservaría la fantasía pasiva de ser amado por el padre, sino la masoquista, de ser azotado por él. El muchacho se siente mujer en su fantasía conciente y dota a las mujeres azotadoras propiedades masculinas; la niña ha resignado su sexo no se suelta del padre y puesto que ha devenido muchacho, hace que sean ellos los azotados.
Psicología de las masas y análisis del Yo (1921)




Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad