Freud desde 1893 hasta 1940


III. Acerca del mecanismo paranoico



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III. Acerca del mecanismo paranoico:

El carácter paranoico reside en que para defenderse de una fantasía de deseo homosexual se reacciona con un delirio de persecución.

En la historia evolutiva de la libido se atraviesan estadios desde el autoerotismo al amor de objeto. El narcisismo consiste en que el individuo sintetiza en una unidad sus pulsiones sexuales de actividad autoerótica. Para ganar un objeto de amor se toma primero a sí mismo de objeto antes de pasar a un ajeno. Muchas personas demoran en esta fase y dejan mucho pendiente para fases ulteriores. La continuación de ese camino lleva a elegir un objeto con genitales parecidos, o sea, a través de la elección homosexual de objeto se alcanza la heterosexualidad. Tras alcanzar una elección de objeto heterosexual las aspiraciones homosexuales son esforzadas a apartarse de la meta sexual y conducidas a nuevas aplicaciones. Se conjugan con pulsiones yoicas, apuntalándose en ellas, para constituir las pulsiones sociales, la amistad, el sentido comunitario, el amor universal.

Cada estadio de desarrollo de la psicosexualidad ofrece una posibilidad de fijación, un lugar de predisposición. Personas con libido fijada en el narcisismo están expuestas a que grandes influjos libidinales encuentre decurso sometiendo las pulsiones sublimadas a la sexualización. Todo cuanto provoque una corriente retrocedente de la libido (regresión) puede llevar a la defensa de la sexualización de sus investiduras pulsionales sociales. La investidura libidinal es el interés desde fuentes eróticas.

En la paranoia se forma una contradicción: de “yo lo amo” se muda en “yo lo odio” (producto de una formación del inconsciente); la percepción interna es sustituida por una externa, mediante proyección, de “él me odia”. El sentimiento inconsciente aparece como una consecuencia de la percepción exterior.

Lo característico de esta forma patológica son dos mecanismos: la formación de síntoma y la represión. En la formación de síntoma de la paranoia es característica la proyección. La percepción interna es sofocada y como sustituto de ella adviene a la conciencia su contenido desfigurado como una percepción externa.

La modalidad del proceso represivo se entrama de manera más íntima que la modalidad de la formación de síntoma con la historia del desarrollo de la libido. El proceso se desarrolla en tres fases:

1. La fijación es precursora y condiciona la represión. Se produce cuando una pulsión no recorre el desarrollo como previsto, y a consecuencia de esa inhibición del desarrollo permanece en un estadio infantil. La corriente libidinosa se comporta respecto de las posteriores formaciones psíquicas de forma reprimida (en el Icc). En tales fijaciones reside la predisposición a enfermar. El desasimiento de la libido es el mecanismo esencial de la represión.

2. La represión propiamente dicha parte del Yo, de los sistemas susceptibles de conciencia y puede ser descripta como un esfuerzo de dar caza. Es un proceso activo, mientras que la fijación es un retardo pasivo. A la represión sucumben los retoños psíquicos de las pulsiones que se retrazaron primariamente, cuando por su fortalecimiento llegan a un conflicto con el Yo o con aquellas aspiraciones contra las que se eleva una repugnancia. No traería una represión si no se enlazaran éstas últimas con las ya reprimidas. Toda vez que ello sucede ejercen un efecto de igual sentido tanto la repulsión de los sistemas Cc como la atracción del Icc. El proceso de la represión consiste en un desasimiento de la libido de personas y cosas antes amadas. El proceso que hace ruido, es el de restablecimiento y reconducción de la libido que deshace la represión, que en la paranoia se lleva a cabo mediante la proyección. Lo cancelado adentro retorna afuera.

3. Retorno de lo reprimido, o fracaso de la represión, que produce una irrupción desde el lugar de la fijación y tiene por contenido una regresión del desarrollo libidinal hasta ese lugar.

La fijación tiene diversas facetas correspondientes a los estadios de desarrollo de la libido. Mediante el desasimiento de la libido produce una liberación de ésta que se conserva libre flotando dentro de la psique; en la histeria se muda en inervaciones corporales; en la paranoia la libido sustraída del objeto se vuelca al Yo, lo magnifica, se vuelve al estadio narcisista en que el único objeto era el Yo. Los paranoicos llevan una fijación en el narcisismo, y la regresión característica se produce desde la homosexualidad sublimada hasta el narcisismo.

Pulsión es concepto fronterizo de lo somático y lo anímico, es el representante psíquico de poderes orgánicos y se separan entre pulsiones yoicas y sexuales.
Nota sobre el concepto de lo inconsciente (1912)
Una representación puede estar presente en la conciencia o desaparecer de ella, reaflorar intacta después de un intervalo, y hacerlo desde el recuerdo, no como consecuencia de una nueva percepción sensorial. En éste caso la representación estuvo presente de forma latente.

Conciente es aquello de lo que nos percatamos y las latentes son las inconscientes. Una representación inconsciente es una de la que no nos percatamos a pesar de que estamos dispuestos a admitir su existencia.

En la hipnosis una orden impartida deviene eficiente como acción, sin recuerdo del contexto o de la orden misma. La orden fue trasferida a la acción tan pronto como la conciencia se percató de su existencia. El estímulo real es la orden, que no devino conciente sino que fue su retoño: la idea de la acción. La orden permaneció inconsciente y por eso fue eficiente.

La vida anímica del histérico rebosa de esas ideas eficientes e inconscientes. De ellos provienen los síntomas. Cuando ejecuta las convulsiones y gestos de su ataque, no representa las acciones que realiza, sino que reproduce una escena de su vida cuyo recuerdo era inconscientemente eficiente durante su ataque. Un pensamiento latente equivale a la prueba directa brindada por la conciencia. Por lo tanto hay pensamientos latentes muy fuertes, sin embargo algunos no penetran en la conciencia. Los del primer grupo son preconscientes, los de la neurosis son inconscientes. Este término no solo designa pensamientos latentes, sino que poseen un carácter dinámico, aquellos que a pesar de su intensidad y acción eficiente se mantienen alejados de la conciencia.

Hay un preconsciente eficiente, y un inconsciente eficiente alejado de la conciencia. Para éste último poder penetrar en la conciencia, se necesita un esfuerzo que venza la defensa que intenta repulsarlo de ésta; esta defensa se expresa como resistencia al material inconsciente que quiere penetrar. La defensa no se levanta frente a las representaciones preconscientes.

Todo acto psíquico empieza siendo inconsciente, y puede permanecer tal o bien avanzar desarrollándose hasta la conciencia según que tropiece o no con resistencias. El distingo entre actividad preconsciente e inconsciente aparece cuando la defensa ha entrado en juego.



En el sueño, un itinerario de pensamientos fue despertado por la actividad mental del día y retenido capacidad eficiente; ha escapado a la disminución de interés. Durante la noche consiguen hallar la conexión con uno de los deseos inconscientes que han estado presentes desde la infancia pero de forma reprimida y excluidos de la conciencia. Este apoyo inconsciente le presta la fuerza para devenir nuevamente eficientes y aflorar bajo la forma de sueños. Los pensamientos han experimentado una desfiguración; han investido la conciencia; un fragmento de lo inconsciente ha aflorado en la conciencia que de ordinario hubiera sido imposible. Los pensamientos preconscientes son los restos diurnos; y el material inconsciente los pensamientos oníricos latentes. Los restos diurnos que posiblemente fueron concientes de día, son asimilados por las tendencias inconscientes, rebajados a ésta cualidad (icc) y sometidos a las leyes que rigen en este sistema. El inconsciente representa tanto un carácter de ciertos procesos psíquicos (descriptivo), como también el sistema de actividad psíquica que abarca éstos procesos.

Tótem y tabú: Capitulo IV

El retorno del totemismo en la infancia” (1913)
5. El clan mata y devora a su animal totémico; los miembros del linaje se disfrazan asemejándose a él. Ejecutan una acción prohibida que legitiman con la participación de todos. El animal es llorado y lamentado compulsivamente, arrancado por el miedo a una amenazadora represalia, para sacarse de encima la responsabilidad de la muerte. A ese duelo continua un festejo, desencadenamiento pulsional y la licencia de todas las satisfacciones. Una fiesta es un exceso permitido, la violación de una prohibición. Los miembros se santifican mediante la comida, se refuerzan en su identificación con él. El animal totémico es el sustituto del padre. La actitud ambivalente es característica del complejo paterno.

En la horda primordial (el estado primordial de la sociedad humana) hay un padre violento que se reserva todas las hembras y expulsa a los hijos varones cuando crecen. Un día los hermanos expulsados se aliaron, mataron y devoraron al padre y pusieron fin a la horda paterna. Unidos osaron hacer y llevaron a cabo lo que individualmente les habría sido imposible. El violento padre primordial era el arquetipo envidiado y temido de cada uno de los hermanos. En el acto de la devoración consumaban la identificación con él apropiándose de su fuerza. El banquete totémico, la primera fiesta de la humanidad, sería la repetición y celebración recordatoria de aquella hazaña memorable sobre la cual se fundaron las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión. Los hermanos estaban gobernados por los mismos sentimientos ambivalentes del complejo paterno en los niños y neuróticos. Odiaban al padre que representaba un obstáculo para su necesidad de poder y exigencias sexuales, pero lo amaban y admiraban al mismo tiempo. Tras eliminarlo y satisfacer su odio e imponer su deseo de identificarse con él, se suscitaron mociones tiernas avasalladas. Esto produjo arrepentimiento y nació la conciencia de culpa. El muerto se volvió más fuerte de lo que fue en vida. Lo que él había impedido con su existencia, ellos mismos se lo prohibieron psíquicamente como obediencia de efecto retardado. Declararon prohibida la muerte del sustituto del padre, el tótem, y renunciaron a las mujeres liberadas. Desde la conciencia de culpa del hijo crearon los tabúes fundamentales del totemismo que coincidieron con los dos deseos reprimidos del complejo de Edipo: Muerte e Incesto. El incesto tiene, además, un valor práctico: la necesidad sexual provoca desavenencias entre los varones. Si se habían unido para avasallar al padre, eran rivales entre sí respecto de las mujeres. Cada uno habría querido tenerlas a todas para sí, y se habría venido a pique la nueva organización. Si los hermanos querían vivir juntos no les quedó otra alternativa que erigir la prohibición del incesto con la cual renunciaban a las mujeres con tal de salvar la organización que los había hecho fuertes. El otro tabú que ampara la vida del animal totémico erigía un contrato con el difunto que prometía amparo y providencia a cambio de honrar su vida, no repetir la hazaña en virtud de la cual había perecido. La religión totemista nace de la conciencia de culpa de los hijos varones como un intento de apaciguar al padre mediante la obediencia de efecto retardado. Este rasgo es conservado por la religión al igual que el totemismo, que continúa la ambivalencia paterna. No sólo abarca las exteriorizaciones del arrepentimiento y los intentos de reconciliación sino que también recuerda el triunfo sobre el padre. Durante la fiesta se levantan las restricciones de la obediencia de efecto retardado y es obligatorio renovar el crimen del parricidio. La horda paterna es remplazada por el clan de hermanos (no repetirás el crimen con un hermano). La sociedad descansa en la culpa por el crimen; la religión en la conciencia de culpa.

6. El padre queda subrogado como Dios y como animal totémico. El animal fue la primera forma de sustitución del padre, y Dios una forma posterior en que el padre recuperaba su figura humana. Esto fue posible por la añoranza del padre, cuando a través del tiempo el vínculo cambió. Los hermanos se habían unido para el parricidio con el deseo de devenir igual al padre (en el banquete lo expresan por la incorporación de su sustituto). Pero tuvo que permanecer incumplido por los lazos fraternos. Con el tiempo crece la añoranza, y nace un ideal cuyo contenido es la plenitud de poder así como el apronte a sometérsele. Un individuo que se destaque reanimará estos sentimientos y el antiguo ideal del padre, y será proclamado Dios. Al introducir divinidades paternas, la sociedad sin padre se trasmudó en un régimen patriarcal. La familia restauró la antigua horda primordial y devolvió al padre un fragmento de sus anteriores derechos, pero la distancia con el padre primordial fue lo suficientemente grande para asegurar su permanencia, añoranza y perduración. En la escena sacrificial ante el Dios, el padre se encuentra doblemente en el animal de sacrificio y en Dios que tienen dos significados: la actitud ambivalente hacia el padre, la escena del avasallamiento se convierte en material de una figuración de su triunfo. Dios mata al animal que le está consagrado que es él mismo. Tampoco en el desarrollo de las religiones se extinguieron los dos factores pulsionales: la conciencia de culpa y su desafío.


Conferencia 28: La terapia analítica (1916)
La terapia hipnótica usa la sugestión para prohibir los síntomas, refuerza la represión, deja intactos los procesos que han llevado a la formación de síntoma; la terapia analítica llega hasta los conflictos de donde nacen los síntomas, se sirve de la sugestión para modificar el desenlace de ellos; impone un difícil trabajo para cancelar las resistencias internas. Se trabaja con la transferencia resolviendo lo que se contrapone. La superación de los conflictos se logra si se le han dado las representaciones-expectativa que coinciden con su realidad interior. La transferencia es objeto de tratamiento, es descompuesta en su manifestación. El éxito del tratamiento se produce por superación de las resistencias.

Teoría de la libido: el neurótico es incapaz de gozar y producir porque la libido no está dirigida a objetos reales, y porque tiene que gastar gran parte de la energía en mantener la libido reprimida y defenderse de ella. La terapia consiste en desasir la libido de sus provisionales ligaduras sustraídas al Yo para ponerla al servicio de él. La libido del neurótico está ligada a los síntomas, que le procuran la satisfacción sustitutiva. Por eso es necesario resolverlos; para esto hay que remontarse hasta su génesis, renovar el conflicto del que surgieron, llevarlo a otro desenlace con el auxilio de fuerzas no disponibles en ese momento, pero no en las huellas mnémicas de los sucesos que originaron la represión sino en transferencia, creando versiones nuevas del viejo conflicto. La transferencia es el campo de batalla en el que se reencuentran las fuerzas que combaten. Toda la libido converge en la relación con el médico, los síntomas quedan despojados de libido. La transferencia aparece en lugar de la enfermedad. En lugar de los objetos libidinales irreales, aparece un único objeto fantaseado: el médico. Cuando la libido vuelve a desasirse del objeto provisional no puede volver atrás a sus primeros objetos, sino que queda a disposición del Yo. Se libró batalla con la repugnancia del Yo hacia ciertas orientaciones de la libido (inclinación a reprimir.

Hay dos fases en el tratamiento: de los síntomas a la transferencia, y librar a éste nuevo objeto de la libido, para eliminar la represión, de suerte que no pueda sustraerse más la libido del Yo. Bajo la influencia de la sugestión se produce un cambio en el Yo; el Yo es engrosado por lo inconsciente que se hace conciente, se reconcilia con la libido, se le concede alguna satisfacción y se reduce el horror ante sus reclamos por la posibilidad de neutralizar un monto de ella por sublimación.

Los límites están en la falta de movilidad de la libido que no quiere abandonar sus objetos, y en la rigidez del narcisismo, que no permite que la transferencia sobrepase cierta frontera.

Los sueños, así como los actos fallidos y ocurrencias libres sirven para colegir el sentido de los síntomas y descubrir la colocación de la libido. Nos muestran los deseos que cayeron bajo la represión y los objetos a los cuales quedó aferrada la libido sustraída al Yo.

El sano también ha realizado represiones y hace un cierto gasto para mantenerlas, su Icc oculta mociones reprimidas, investidas de energía y una parte de su libido no está disponible para su Yo. La persona sana es virtualmente neurótica. La diferencia entre salud y neurosis se circunscribe a lo práctico, y se define por el resultado, si le ha quedado a la persona capacidad para gozar y producir; el sano puede poseer innumerables formaciones de síntoma, aunque mínimas y carentes de importancia práctica. La diferencia es de índole cuantitativa, los montos de energía que han quedado libres y ligados por represión.


Sobre las trasposiciones de la pulsión, en particular del erotismo anal (1917)
Avaricia, minuciosidad y terquedad provienen de las fuentes pulsionales anales de la organización pregenital, en que sadismo y erotismo anal desempeñan papeles rectores. El destino de las mociones anal-eróticas, ya perdida su significatividad para la vida sexual tras el establecimiento de la organización genital definitiva, es la permanencia en el inconsciente tras la represión. Pueden ser sublimadas o traspuestas en cualidades de carácter, y otra parte ser acogida en la nueva conformación de la sexualidad regida por el primado de los genitales.

En las elucidaciones inconscientes (ocurrencias, fantasías y síntomas), los conceptos de heces, dinero, regalo, hijo y pene son permutados entre sí. Son tratados en el inconsciente como equivalentes entre sí. La mujer puede reactivar un deseo infantil (la envidia del pene) y lo hace portador de síntomas neuróticos. Otras mujeres no registran el deseo del pene, pero sí un deseo de hijo. El varón es aceptado como un apéndice del pene.

El hijo es considerado como algo que se desprende del cuerpo; así un monto de investidura libidinosa aplicado al contenido del intestino puede extenderse al niño. Las heces son el primer regalo, una parte del cuerpo del que el lactante solo se separa a instancias de la persona amada y con la que testimonia su ternura. Se presenta una primera decisión entre la actitud narcisista y la del amor de objeto. O las entrega obediente, o las retiene para la satisfacción autoerótica. También se habla de recibir el “regalo de un hijo”.

Cuando el interés por las heces retrocede de manera normal, la analogía orgánica entre éstas y el pene se transfiere a este último. Cuando el niño se entera de la falta de pene en la mujer, es discernido como algo separable del cuerpo, y entra en analogía con las heces (primer trazo de lo corporal al que se debió renunciar).


La represión (1915)
Una moción pulsional puede chocar con resistencias que quieran hacerla inoperante. Al ser una pulsión la huída es inoperante porque no puede escapar de sí mismo. Una etapa previa al juicio (que más tarde será un recurso contra la moción pulsional) es la represión, algo intermedio entre la huida y el juicio adverso. Es uno de los destinos de la pulsión. Es posibilitado porque el logro de la meta pulsional depare displacer en lugar de placer. Pero las pulsiones siempre deparan placer. Tiene que haber un proceso por el cual el placer de la satisfacción depare displacer. La satisfacción que sería placentera, entraría en conflicto o sería inconciliable con otras exigencias y designios. Sería placer para un sistema y displacer para otro. La condición para la represión es que el motivo de displacer cobre un poder mayor que el placer de la satisfacción.

La represión no es un mecanismo de defensa presente desde el origen; no puede engendrarse antes que se haya establecido una separación entre actividad conciente e inconsciente del alma, y su esencia consiste en rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella. La represión funda el Icc.

Hay una represión primordial que consiste en que la representación del representante de la pulsión2 se le deniega la admisión en lo conciente. Se establece una fijación, el representante queda inmutable y la pulsión sigue ligada a él.

La segunda etapa es la represión propiamente dicha, que recae sobre los retoños psíquicos de la representación del representante de la pulsión reprimida o pensamientos que han entrado en asociación con él. Tales representaciones experimental el mismo destino que lo reprimido primordial. La represión secundaria es un esfuerzo de desalojo post-represión. Ejerce igual efecto la repulsión desde la conciencia sobre lo que ha de reprimirse como la atracción desde lo reprimido primordial sobre aquello con lo cual se puede poner en conexión. Esto reprimido anterior está dispuesto a recoger lo repelido por lo conciente. La represión no impide al representante de la pulsión seguir existiendo en lo Icc y producir retoños, anudar conexiones etc. La represión sólo perturba el vínculo con lo conciente.

Si los retoños de lo reprimido primordial se ha alejado lo suficiente de éste, sea por las desfiguraciones o por el número de eslabones intermedios, tiene expedito el acceso a lo conciente. Las ocurrencias que el análisis hace surgir son una traducción conciente de la representación del representante reprimida. Los síntomas son retoños de lo reprimido que se han procurado el acceso a la conciencia mediante esta formación distanciado de lo primordial. Cada uno de los retoños puede tener su destino particular. Lo mismo que consigue la desfiguración lo produce la alteración en el juego de las fuerzas psíquicas de placer-displacer.

La represión es móvil; exige un gasto de fuerza constante, que si cesara peligraría su resultado. Lo reprimido ejerce una presión continua en dirección a lo conciente, a raíz de lo cual el equilibrio tiene que mantenerse por medio de una contrapresión. El mantenimiento de la represión supone un dispendio continuo de fuerza, y su cancelación un ahorro.



La moción pulsional puede estar inactiva (escasamente investida con energía psíquica), o investida en grados variables y activa. Su activación pondrá en movimiento los rodeos para acceder a la conciencia. Los retoños representantes de una energía baja generalmente no son reprimidos, aunque su contenido sea idóneo para presentar un conflicto psíquico, ya que el factor cuantitativo es el decisivo. Tan pronto esa representación se refuerce, el conflicto deviene actual y la activación lo lleva a la represión. Un aumento de la investidura enérgica actúa en el mismo sentido que el acercamiento respecto de lo Icc y la disminución del distanciamiento o la desfiguración. Las tendencias represoras pueden ser sustituidas por un debilitamiento de lo desagradable.


La representación del representante de la pulsión es un grupo de representaciones investidas desde la pulsión con un monto de energía psíquica o libido. Junto a la representación interviene algo que representa a la pulsión y puede experimentar un destino diferente de la representación: el monto de afecto. Corresponde a la pulsión en la medida que se ha desasido de la representación y ha encontrado una expresión proporcionada a su cantidad en afectos. La represión tiene un destino para la representación y otro para la energía pulsional que adhiere a ésta.

El destino general de la representación representante de la pulsión es desaparecer de la conciencia o seguir coartada si nunca devino conciente; el factor cuantitativo tiene tres destinos posibles: sofocación completa; salir a la luz como un afecto coloreado cualitativamente; o mudarse en angustia. La represión tenía el propósito de evitar el displacer. Si no ha logrado impedir la producción de angustia entonces el proceso represivo ha fracasado.

Una represión crea una formación sustitutiva de representante: el síntoma. Éste es un indicio de un retorno de lo reprimido, y debe su génesis a un proceso diverso de la represión, pero que convergen. Existen diversos mecanismos de formación sustitutiva; los mecanismos de la represión tienen en común la sustracción de investidura enérgica (libido).

En la fobia la representación fue sustituida vía desplazamiento por otro objeto, y el monto de afecto se ha transpuesto en angustia. En la histeria de conversión el monto de afecto se ha hecho desaparecer completamente, o bien una dosis de sensaciones se anuda a los síntomas y se produce algún desprendimiento de angustia. El contenido produce como formación sustitutiva una inervación hiperintensa somática ya sea como inhibición o excitación sensorial o motriz. El lugar se revela como una porción de la representación que ha atraído hacia sí, por condensación, la investidura. La neurosis obsesiva produce una formación sustitutiva en la alteración del yo como escrúpulos de conciencia extremos. La representación se muda en algo indiferente y conciente, y el modo de afecto en la mayor parte de los casos aparece en angustia, de la cual se huye como en el caso de la fobia.


Lo inconsciente (1915)


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