Freud desde 1893 hasta 1940


Conferencia: Incertezas y críticas



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15 Conferencia: Incertezas y críticas


1. Sentido de la interpretación de los elementos: ¿un elemento debe entenderse en su sentido genuino o simbólico? Nunca se puede saber ya que los opuestos suelen fundirse en el sueño. Queda al criterio del soñante entenderlo literalmente, simbólicamente o por su contrario. El trabajo del sueño traduce los pensamientos oníricos en una escritura figural que trae aparejado ambigüedades. A diferencia de las lenguas antiguas que están hechas para la comunicación, a partir de ciertos recursos, el sueño no quiere decir nada a nadie, se empeña en hacerse incomprensible.

2. Interpretación rebuscada: con el auxilio del desplazamiento la censura onírica crea formaciones sustitutivas o “alusiones”. Los elementos originales tienen que permanecer ocultos, y esto produce un enlace remoto y extraño con sus sustitutos. Al igual que el chiste un elemento preconsciente es abandonado a los mecanismos del inconsciente (condensación y desplazamiento) y surge en un nuevo elemento desfigurado.

El mecanismo del trabajo del sueño y del deseo inconsciente está sustraído a cualquier influencia externa, no se puede determinar qué soñará, sí sobre qué soñará.
La técnica del chiste (1905)
Un mismo pensamiento puede ser expresado de distintas maneras. En el chiste es una forma peculiar no utilizada fuera de este contexto. La técnica está en el texto de su expresión, lo cómico no puede hallarse en el significado literal. En primer lugar se produce una abreviación: una parte o frase se pierde, dejando un sustituto a partir del cual se puede reconstruir, como un indicio. Una palabra se trasmuda en otra, de éste producto léxico depende su carácter chistoso.

En el ejemplo, de la palabra familiar, combinada con la palabra millonario, se forma familionar como un producto mixto de ambos. La segunda frase desaparece dejando su componente más importante que se fusiona con el elemento también esencial de la primera. Se puede resumir la técnica del chiste como condensación con formación sustitutiva (en el ejemplo una palabra mixta). Ésta provista de sentido en el contexto es la portadora del efecto de placer.

La brevedad del chiste es consecuencia de la formación sustitutiva por el proceso de condensación. Esta abreviación y formación sustitutiva comparte con el trabajo del sueño.

En otros chistes la técnica radica en que una palabra aparece en acepción doble, una vez como un todo y otra dividida en sus sílabas que trasmite otro sentido (Ej.: “Rousseau” y “Roux-sot” que quiere decir pelirrojo y torpe). Otra técnica similar es la acepción múltiple del mismo material, en que las palabras se usan una vez sin cambio y la otra con una leve modificación. Estas técnicas son el doble sentido o el juego de palabras. La acepción múltiple del mismo material es un caso de condensación; el juego de palabras es condensación sin formación sustitutiva.

Existen otros tipos de chistes, en los que una palabra puede significar dos cosas diferentes. Se puede tomar en el sentido pleno o vacío. En el chiste del baño, “tomar un baño” significa bañarse, pero si se centra en la palabra “tomar” el sentido cambia. En este caso se puede hablar de un desplazamiento del acento psíquico de la palabra baño a tomar. El chiste por desplazamiento depende de la ilación de pensamientos. La diferencia entre el doble sentido y el chiste por desplazamiento es que en el primero una palabra da lugar a dos significados, en el segundo, el sentido de los pensamientos se desvía o desplaza. En general se produce entre un dicho y una respuesta.
Tres ensayos de teoría sexual (1905)
Capitulo 1:

4. La pulsión sexual en los neuróticos: La única fuente enérgica constante en la neurosis es la pulsión sexual. La vida sexual de las personas afectadas se expresa exclusivamente en los síntomas. Los síntomas son la práctica sexual de los enfermos.

Los síntomas son el sustituto de procesos anímicos investidos de afecto, deseos, aspiraciones y en virtud de la represión se les ha denegado el acceso a su tramitación en una actividad psíquica susceptible de conciencia. Estas formaciones de pensamiento aspiran a una expresión o descarga, que en la histeria se produce por conversión somática. Se encontró en la histeria una cuota de represión sexual que rebasa la media, un aumento de las resistencias a la pulsión sexual como vergüenza, asco y moral, y una huida a todo examen intelectual del problema sexual. Otro factor constitucional de la histeria es el despliegue hiperpotente de la pulsión sexual, que es desautorizado. Entonces el síntoma surge como intento de escape mudando las aspiraciones libidinosas en síntomas. Los síntomas son una expresión convertida de pulsiones perversas, se forman a expensas de una sexualidad anormal. La neurosis es el negativo de la perversión. Las fantasías que los perversos tienen concientemente, coinciden hasta en los detalles en las fantasías inconscientes de los neuróticos. En la vida anímica inconsciente de los neuróticos se encuentran mociones de inversión, fijación de la libido en personas del mismo sexo. Las pulsiones parciales se presentan en pares de opuestos, como promotoras de nuevas metas sexuales: pulsión de ver/exhibir, crueldad activa/pasiva, y la mudanza de amor en odio. Toda perversión activa es acompañada con su contraparte pasiva.



5. Pulsiones parciales y zonas erógenas: La pulsión no sexual proveniente de fuentes motrices de impulso, poseen una contribución de un órgano que recibe estímulos que debe designarse como zona erógena. Su excitación confiere a la pulsión el carácter sexual.

La pulsión es el representante psíquico de una fuente de estímulos intrasomático en continuo fluir, en cambio el estímulo es producido por excitaciones singulares provenientes de fuera. La pulsión está en el borde entre los somático y lo anímico. No posee cualidad sino que ha de considerarse como una medida de exigencia de trabajo para la vida anímica. Lo que la distingue y le da propiedades específicas a cada una es su relación con sus fuentes somáticas y con sus metas. La fuente es un proceso excitatorio en el interior de un órgano y su meta inmediata es la cancelación de ese estímulo de órgano. En la histeria es donde más resalta la significaciones de las zonas erógenas como subrogados de los genitales.



Capítulo 2:

La Ontogénesis es más influyente sobre la vida sexual del adulto que la Filogénesis. Hay una amnesia infantil semejante a la de los neuróticos, producto de la represión. En la histérica, el individuo posee huellas mnémicas que se han sustraído de la conciencia y atraen por asociación aquello sobre lo que actúan las fuerzas represoras. Sin amnesia infantil no habría amnesia histérica. La represión actúa empujando de un lado y atrayendo de otro.

El neonato trae consigo gérmenes de mociones sexuales que se desarrollan por un tiempo pero luego se sofocan. Durante el período de latencia se edifican los diques psíquicos o poderes anímicos que serán inhibiciones en el camino de la pulsión sexual (asco, vergüenza, estética y moral). Las mociones sexuales infantiles son desviadas del uso sexual y aplicadas a otros fines, (sublimación); así se adquieren los logros culturales. Las mociones sexuales serían inaplicables pues las funciones sexuales están diferidas, lo cual constituye el carácter principal del período de latencia. Son en sí perversas, parten de zonas erógenas y se sustentan en pulsiones que provocarían displacer, por lo tanto suscitan fuerzas contrarias que construyen los diques psíquicos para sofocarlo (sublimación por formación reactiva).

El chupeteo consiste en un contacto de succión con la boca, repetido rítmicamente que no tiene por fin la nutrición. Cualquier objeto puede ser tomado para la acción. También al mismo tiempo emerge la pulsión de prensión, mediante un tironeo rítmico de una parte de la otra persona. Éste lleva a la satisfacción sexual, por lo tanto es una exteriorización sexual. La pulsión en el chupeteo es autoerótica: se satisface en el propio cuerpo. La acción se rige por la búsqueda de placer, ya vivenciado y ahora recordado (del pecho materno). Los labios se comportan como una zona erógena, y la estimulación fue la leche. Al comienzo se asoció a la satisfacción del hambre, por lo tanto el placer sexual se apuntala en las funciones de autoconservación, y más tarde se independiza de ellas. La necesidad sexual se divorcia de la necesidad de alimento, y busca una parte de sí mismo porque es más cómodo, se independiza y se procura una segunda zona erógena de menor valor. De acuerdo al grado de fijación que haya en el valor erógeno de los labios será la necesidad de chupeteo. Las tres características de la exteriorización sexual infantil son: apuntalamiento en una de las funciones importantes para la vida, no conoce un objeto sexual pues es autoerótica, y su meta sexual está bajo el imperio de la zona erógena.

Una zona erógena es un sector de piel o mucosa en el que estimulaciones rítimas de ciertas clases provocaran placer. La propiedad erógena puede adherir ciertas partes, si bien hay zonas predestinadas. La cualidad del estímulo es más importante que la complexión de las partes del cuerpo. El neonato escoge un sector y pasa a ser el preferido. Cuando tropieza con uno predestinado, desplaza su elección. Las zonas erógenas e histerógenas exhiben los mismos caracteres. En estos una zona puede ser dotada de la excitabilidad de los genitales.

La meta sexual es producir la satisfacción mediante la estimulación de la zona. Esta satisfacción tiene que haberse vivenciado antes. La necesidad de traduce por un sentimiento de tensión y una sensación de estímulo condicionado centralmente, y proyectada a la zona erógena periférica. La meta pretende sustituir la sensación de estímulo por aquel estímulo externo que la cancela.

La zona anal apuntala su necesidad en la función de defecación. Las excitaciones sexuales de la zona anal experimental transmudaciones y conservan durante toda la vida una considerable participación en la excitabilidad genital. El niño conserva la función cuando él lo desee, procura que no se le escape la ganancia de placer que produce la defecación. Las heces son una parte de su cuerpo, representan el primer regalo por el que puede expresar su obediencia o desafío. Una de las teorías sexuales infantiles que dice que el niño al nacer es defecado: transmuda su significado (el de las heces) al de hijo.

La activación genital se produce por ciertas excitaciones accidentales en el cuidado, y despierta la necesidad de repetirlo. Mediante el onanismo lactante se establece el futuro primado de esta zona erógena.

La segunda fase de la masturbación infantil es el re-despertar de la pulsión sexual en la zona genital. Todos los detalles de esta segunda activación dejan huellas inconscientes en la memoria que determinarán su carácter o neurosis. También está relacionada con la amnesia infantil.

La disposición del niño es perversa polimorfa; es llevado a practicar todas las trasgresiones posibles ya que no se han formado los diques psíquicos. La pulsión sexual infantil no muestra necesidad de objeto sexual alguno. Aparecen independientes respecto de las zonas erógenas, y más tarde entran en contacto con la vida genital. La pulsión de ver está muy presente en los niños; cuando es reprimida puede ser una potente fuerza impulsora a la formación de síntomas. También se desarrollan los componentes crueles de la pulsión sexual, que emergen en una época pregenital. La pulsión de saber es una manera sublimada de apoderamiento con pulsión de ver. La llegada de un hermanito despierta el enigma de la procedencia de los niños.

En casos patológicos estas fases son activadas posteriormente. Las organizaciones en las cuales los genitales no han alcanzado su papel hegemónico son pregenitales. En la zona oral la actividad sexual sigue ligada a la nutrición, la meta sexual es la incorporación del objeto. En el chupeteo se resignó el objeto ajeno por uno propio. En la fase sádico-anal la vida sexual se dividió en opuestos activo-pasivo, y la actividad se produce por la pulsión de apoderamiento. El hecho que los pares de opuestos pulsionales estén plasmados en un grado similar es la ambivalencia.

Las pulsiones parciales singulares que aspiran a conseguir placer cada una por su cuenta, se unifican en un placer al servicio de la reproducción, y síntesis bajo una única zona erógena. Esto forma una organización para el logro de la meta sexual en el objeto ajeno. El primado al servicio de la reproducción es la última fase por la que atraviesa la organización sexual.



Los dos tiempos de la elección de objeto: el primero es en la infancia, y el período de latencia lo detiene. Se caracteriza por la naturaleza infantil de las metas sexuales. El segundo sobreviene con la pubertad y determina la conformación definitiva de la vida sexual. Los objetos infantiles o bien se los conserva o se los renueva. Demuestran ser inaplicables como consecuencia del desarrollo de la represión. Sus metas sexuales han experimentado un atemperamiento y figuran la corriente tierna de la vida sexual. La elección de objeto en la pubertad tiene que renunciar a los objetos infantiles y reiniciar una corriente sensual. Cuando la corriente infantil no se encuentra con la corriente tierna no puede alcanzarse la unificación de los anhelos en un solo objeto.

Fuentes de las pulsiones parciales: Los orígenes de la pulsión pueden encontrarse en una satisfacción vivenciada a raíz de otros procesos orgánicos, por una estimulación de la zona erógena y como expresión de algunas pulsiones parciales. Una excitación es la mecánica, por medio de sacudimientos rítmicos. La excitación puede ser en la piel, en los nervios vestibulares y en las partes profundas del cuerpo. También hay un enlace entre juego violento, actividad muscular y excitación sexual. Los procesos afectivos así como el trabajo intelectual pueden provocar también una concomitante excitación.

Las fuentes no tienen la misma intensidad en todos los individuos. Las vías de influencia son recíprocas: si una zona es afectada (tanto la sexualidad como la fuente), se afectarán la contraparte recíprocamente. Esos mismos caminos por los cuales las perturbaciones sexuales desbordan sobre las restantes funciones del cuerpo, puede ser utilizado inversamente para atraerlas a otras metas no sexuales o sublimarlas.



Teorías sexuales infantiles: El niño no sabe de la diferencia de sexos, y presupone que todos tienen pene. (Premisa universal). La mujer poseía un pene pero lo perdió por castración. La mujer es presa de la envidia del pene y culmina en el deseo de ser un varón. Otra de las teorías es que los niños son paridos por la defecación. Tienen una concepción sádica del comercio sexual. Estas teorías son reflejos de la propia constitución sexual del niño. Los esfuerzos son generalmente infructuosos y terminan en una renuncia que deja como secuela un deterioro permanente de la pulsión de saber. Las investigaciones son autónomas y establecen un extrañamiento respecto de las personas que anteriormente gozaban de su plena confianza.

Capítulo 3: La metamorfosis de la pubertad

Cuando la primera satisfacción sexual estaba conectada con la nutrición, el objeto era el pecho materno. Lo perdió cuando pudo formarse la representación de la persona a la que pertenecía el pecho. Después la satisfacción pasa a ser autoerótica, y superado el período de latencia se la restablece relación originaria. El hallazgo de objeto es un reencuentro: del objeto por apuntalamiento, al narcisito, que busca al yo propio y lo reencuentra en otros.

El niño aprende a amar a todo aquel que remedia su desvalimiento. El trato del niño con quien lo cuida es una fuente constante de estimulación sexual, y más aún porque la madre dirige sentimientos que brotan de su vida sexual.

La angustia infantil es la expresión de la añoranza de la persona amada, tienen miedo de la oscuridad porque no la perciben, y sólo atienden a ésta aquellos niños de pulsión sexual hipertrófica. Tan pronto el niño no puede satisfacer su libido la muda en angustia.

Cuando la ternura ha evitado despertar la pulsión antes que estén dadas las condiciones corporales de la pubertad, la pulsión puede conducir al niño hasta la elección de objeto madura. En virtud del diferimento de la maduración sexual se ha erigido la barrera del incesto que prohíbe la elección de la madre como objeto (barrera erigida por herencia orgánica con el fin de establecer unidades sociales superiores).

La elección de objeto se consuma primero en la esfera representativa, o sea, de la fantasía. Las fantasías prosiguen la investigación sexual abandonada en la infancia, aunque se extiende hasta el período de latencia. Puede ser parcial o totalmente inconsciente. Establecen la forma en que los componentes libidinales reprimidos hallan su satisfacción. Son a su vez estímulo diurno o restos sobre los que se amoldan los sueños. El complejo de Edipo (complejo nuclear de las neurosis), es pieza esencial del contenido de las fantasías. En él culmina la sexualidad infantil. A partir de estas fantasías, vuelven a emerger las inclinaciones infantiles con un refuerzo somático, o sea, la moción sexual hacia el progenitor del sexo opuesto. Contemporáneo a la desestimación de éstas fantasías surge el desasimiento de la autoridad de los progenitores.

Ni siquiera quienes evitaron la fijación incestuosa de la libido se sustraen completamente a su influencia, ya que la elección de objeto se puede apuntalar en éstos modelos, incluso el enamoramiento compulsivo.
Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis (1905)
La neurastenia así como la neurosis de angustia evidencian vínculos con el deterioro sexual: en la neurastenia masturbación y en la neurosis coitus interruptus o excitación frustránea (que tienen en común la insuficiente descarga de la libido producida. Respecto a la histeria son efectos persistentes de traumas psíquicos. Éstos se referían a vivencias de la vida sexual infantil. La histeria es la expresión de un comportamiento particular de la función sexual del individuo. Sin embargo hay que poder distinguir entre los espejismos mnémicos y las huellas de los hechos reales. Muchas fantasías de seducción no son sino intentos por defenderse del recuerdo de la propia práctica sexual onanista. Estas fantasías, casi siempre producidas en la pubertad, son más importantes y frecuentes que verdaderas situaciones traumáticas, y se trasponen en síntomas. Trauma sexual infantil se sustituye por infantilismo de la sexualidad.

A su vez el supuesto “accidentalismo” como la elección de la neurosis a partir de la pasividad o actividad de la conducta sexual, también caen por tierra.

La teoría afirmaba que la vivencia al resultar intolerante para el yo provocaba un esfuerzo defensivo que es el causante de la escisión psíquica de la histeria, que arrojaba de la conciencia la vivencia pero desplegaba su eficacia desde el inconsciente y regresaba a través de los síntomas. La enfermedad era un fracaso de la defensa. Más adelante la comparación con los casos normales, introdujo una modificación: defensa por represión. Es decir, no importa las excitaciones que hubiera experimentado sino si su reacción a éstas fue con o sin represión. Los histéricos entonces poseían una cuota de represión sexual, y el síntoma era una formación de compromiso entre la libido y la represión.

En tres ensayos se puntualizó que la disposición sexual constitucional del niño es perversa polimorfa. La norma es fruto de la represión de ciertas pulsiones parciales, y componentes de las disposiciones infantiles y subordinación de las restantes bajo el primado de las zonas genitales al servicio de la reproducción. Las perversiones son perturbaciones de ésta síntesis obra del desarrollo hiperpotente de algunas pulsiones parciales. Y las neurosis son una represión excesiva de las aspiraciones libidinosas.

La neurosis es el negativo de la perversión, ya que en el primero son las pulsiones perversas reprimidas las formadoras de los síntomas. Los síntomas son la práctica sexual de los enfermos. Lo invariable es lo infantil y sexual; lo variable es lo accidental. El valor dado a éste factor es reemplazado por la importancia de lo constitucional, y la defensa psicológica por la represión sexual orgánica. La naturaleza de las enfermedades mencionadas reside en la perturbación de los procesos sexuales, que signan la formación y empleo de la libido genésica. En las neurosis actuales (neurastenia y neurosis de angustia) se puede observar los efectos somáticos y en las restantes psiconeurosis los efectos psíquicos de las perturbaciones sexuales. Por lo tanto pertenece a la etiología de las neurosis todo lo que pueda dañar a los procesos que sirven a la función sexual. En general se requiere una multiplicidad de factores etiológicos para comprender la neurosis.
El esclarecimiento sexual del niño (1907)
El recién nacido trae al mundo ciertas sensaciones sexuales, que se inician con un período de autoerotismo, que por excitación de diversas partes de la piel y el quehacer de ciertas pulsiones biológicas, coeditado por estados afectivos, es producido un cierto monto de placer. La pubertad sólo procura el primado de los genitales entre las otras zonas y fuentes de placer, y al erotismo entrar al servicio de la función reproductora. Entre las operaciones psíquicas de la vida amorosa se encuentra la ternura, la entrega, los celos. Su apetito de saber sexual se exterioriza tempranamente.

Hans: Le pregunta a la madre si posee “hace pipí”, y lo adjudica a la vaca, a la locomotora… luego agrega que el perro y el caballo lo tienen, pero la mesa y el sillón no. Cuando ve a su hermanita dice que es todavía chiquito pero que se le agrandará (evidencia de la Premisa Universal del Pene).


El creador Literario y el fantaseo (1908)
Todo niño que juega se comporta como un poeta porque crea un mundo propio, a partir de su mundo. Lo toma muy en serio, lo inviste afectivamente. Apuntala sus objetos y situaciones imaginados en cosas palpables, lo que lo diferencia de la mera fantasía. Lo opuesto al juego es la realidad efectiva.

Lo mismo hace el poeta: crea un mundo, lo dota de grandes montos de afecto y lo separa de la realidad. Muchas cosas que de ser reales no depararían goce pueden serlo en el juego de fantasía y poesía.

El hombre deja de jugar, pero como no puede renunciar a un placer que conoció, lo permutó por un sustituto: el fantaseo. El adulto esconde sus fantasías. El jugar del niño estaba dirigido por deseos: de ser grande y adulto. Al adulto su fantasear lo avergüenza por infantil. Los neuróticos se ven forzados a admitir sus fantasías.

El dichoso no fantasea: lo hace el insatisfecho. Deseos insatisfechos son las fuerzas pulsionales de la fantasía, y cada una es cumplimiento de deseo. Son deseos ambiciosos que sirven a la exaltación de la personalidad o son deseos eróticos.

La fantasía oscila entre tres tiempos: se anuda a una impresión actual que fue capaz de despertar los grandes deseos; se remonta al recuerdo de una vivencia infantil en la que aquel deseo se cumplía; y crea una situación referida al futuro que se figura como el cumplimiento de ese deseo.

El hecho que las fantasías se vuelvan hiperpotentes crea las condiciones para la caída en una neurosis. Las fantasías son los estadios previos más inmediatos de los síntomas patológicos que se quejan los enfermos.

Respecto a los poetas, todas las obras tienen un héroe situado en el centro de interés, y para quien el poeta procura por todos los medios ganar la simpatía del público. Ese sentimiento heroico es la marca reveladora que muestra la invulnerabilidad narcisista, del héroe de todos los sueños diurnos y novelas. Las personas se separan en los buenos (que sirven al héroe) y los malos (sus rivales), renunciando a la riqueza de matices de la realidad. El poeta escinde su yo, en yoes parciales, para personificarse en varios héroes las corrientes que entran en conflicto en su vida anímica. Tanto la creación poética como los sueños diurnos son continuación y sustituto de los antiguos juegos del niño.

Las fantasías de otros, que se intentan esconder, no deparan placer alguno, de hecho nos escandalizarían. En cambio, si el poeta juega ante el público, sentimos un elevado placer. En la técnica que supera el escándalo reside el ars poética: atemperando el carácter del sueño diurno mediante variaciones y encubrimientos, y mediante el placer estético con el que configura las fantasías. A esa ganancia de placer que se ofrece para posibilitar el desprendimiento de un placer mayor, se llama la prima de incentivación o placer previo. El goce genuino de la obra proviene de la liberación de tensiones, que permita gozar las propias fantasías.


Sobre las teorías sexuales Infantiles (1908)
Los neuróticos enferman a raíz de los mismos complejos con que luchan los sanos. Los sanos dominan los complejos, mientras que los neuróticos consiguen sofocarlos al precio de formaciones sustitutivas. Los que luego serán neuróticos traen hartas veces en su constitución una pulsión sexual particularmente intensa y una inclinación a su madurez temprana. La necesidad de los niños de saber nace de las pulsiones que los gobiernan.

Bajo la llegada de un hermanito se pregunta de donde vienen los niños. La pregunta misma es producto del apremio de la vida. Tarde o temprano demandará una respuesta a sus padres, que suele ser evasiva. Esto alimenta la desconfianza hacia los adultos, vivenciando el primer conflicto psíquico, entre las opiniones de predilección pulsional, y la autoridad de los grandes. Este conflicto produce una escisión psíquica: una de las opiniones deviene la dominante (aquella que lo lleva a ser bueno, pero también a dejar de reflexionar); la otra es reprimida y pasa al inconsciente. Queda constituido el complejo nuclear de las neurosis.

Lo que las teorías tienen de correcto y acertado se explica por su proveniencia de los componentes de la pulsión sexual, provenientes de las necesidades de la constitución psicosexual.

1. La primera teoría consiste en atribuir a todos los seres (animados e inanimados) un pene. El pene es el principal objeto sexual autoerótico, zona erógena rectora. Al ver la falta en la hermana piensa: ya va a crecerle. Si la representación de la mujer con pene se fija, el individuo se hace homosexual. El niño gobernado por la excitación del pene se ha procurado placer estimulándolo, pero los padres lo amenazan con la castración. Los genitales de la mujer recuerdan aquella amenaza y despiertan en el homosexual horror.

El clítoris se comporta como un pene, se convierte en sede de excitaciones. La niña desarrolla un gran interés por el pene que pronto se convierte en envidia.

Para el niño la cavidad que acoge el pene es impensable, ya que la madre posee pene también. Cuando está por descubrir la verdad se interrumpe la investigación. Este primer fracaso ejercerá un efecto paralizante.

2. La ignorancia de la vagina posibilita la segunda teoría: que los hijos son evacuados como un excremento (heces=hijo). También el hombre puede tener hijos al igual que la mujer. Esta inclinación activa su erotismo anal todavía vivaz.

3. Si son testigos del comercio sexual entre los padres desarrollan la concepción sádica del coito.

4. Estar casado es no tener vergüenza de orinar en presencia del otro, o mostrarse la cola.

Estas teorías nacen de la mezcla de percepciones casuales con sus propias pulsiones teñidas de placer.


Cinco conferencias sobre psicoanálisis (1909)
Conferencia 4:

El análisis siempre se remonta a la infancia donde se produjeron los sucesos que comandaron la posterior contracción de la enfermedad. Solo las vivencias de la infancia explican la susceptibilidad para posteriores traumas. Las mociones de deseo reprimidas prestaron su poder a la formación de síntomas.

El niño tiene sus pulsiones y quehaceres sexuales desde el comienzo. Obedece a la ganancia de sensaciones placenteras. La principal fuente de placer proviene de la excitación de ciertos lugares del cuerpo. En un principio la satisfacción es autoerótica, como en el chupeteo o el onanismo. Luego se exteriorizan los quehaceres pulsionales que tienen a otro como objeto. Estas pulsiones se presentan en pares de opuestos: activas y pasivas (el placer de infligir dolor y su pasivo; el placer de ver y exhibir). Otros caen bajo el punto de vista de la elección de objeto, cuyo asunto principal es una persona ajena que debe su originario valor a unos miramientos de la pulsión de autoconservación. Estas pulsiones experimentan una síntesis: las pulsiones singulares se subordinan al imperio de la zona genital, y la elección de objeto esfuerza hacia atrás el autoerotismo. Pero no todos los componentes pulsionales se les permite participar de esta conformación: se imponen represiones de ciertas pulsiones y se establecen los diques psíquicos que las mantienen a modo de guardianes.

El desarrollo puede ser inhibido, retardado o discurrir incompletamente. Si pulsiones quedaron independientes se produce una perversión. La predisposición a las neurosis deriva de un deterioro en el desarrollo sexual. En las neurosis se rastrean los mismos componentes pulsionales pero que no solo han sido inhibidos sino también reprimidos, y pudieron afirmarse en lo inconsciente. Una exteriorización hiperintensa de estas pulsiones en épocas muy tempranas lleva a una fijación que constituye un punto débil. Si la función sexual tropieza con obstáculos se abrirán brechas en la represión por los lugares en los que hubo fijaciones infantiles.

El niño toma a un miembro de la pareja parental como objeto de sus deseos eróticos. El complejo es prontamente reprimido pero sigue ejerciendo efectos desde lo inconsciente. Al deseo incestuoso se le contrapone la barrera del incesto. Durante la época en que es gobernado por el complejo no reprimido aún, su actividad intelectual está al servicio de los intereses sexuales. Empieza a investigar y alcanza ciertas teorías sexuales infantiles. Más adelante deberá suspender su trabajo por infructuoso, pero las teorías serán determinantes para la conformación de carácter y contenido de su eventual neurosis. La libido debe desasirse de sus padres, tomarlos como arquetipos y dirigirse a personas ajenas.

A propósito de un caso de neurosis: El gran temor obsesivo (1909)
El paciente cuenta el relato de una tortura oriental que le contaron en el ejèrcito. En su rostro se ve una expresión que se puede calificar como de “horror ante su placer ignorado”. Le acude una representación (deseo o temor encubierta por la censura) de que es a su dama a quien se refiere el castigo. También se le vino a la cabeza que el castigo era aplicado a su padre difunto.

Simultáneamente con la idea aparece la sanción: la medida de defensa que tiene que seguir para que una fantasía de ésta no se cumpla.

Al día siguiente de escuchado el relato el capitán le alcanza un paquete y le dice que un teniente pagó el reembolso y tiene que pagarle a él. En ese momento se le plasmó una sanción: no devolver el dinero, de lo contrario sucedería lo de la fantasía. En lucha contra esta sanción se elevó un mandamiento: “debes devolver el dinero al teniente”. Pero al enterarse que no fue él quien le pagó, le vino a la mente la fantasía de darle el dinero al teniente, que éste se lo de a la recepcionista de la estafeta postal y ésta al teniente que efectivamente había pagado. Por un lado pensaba que querría ahorrarse la incomodidad de pedirle al teniente ese servicio y parecer loco, y por otro lado lo era cumplir su juramento porque quería procurarse paz frente a las representaciones obsesivas.

El paciente supo desde un principio que era un error devolver el dinero al teniente ya que la empleada de la estafeta era quien había pagado, pero lo mismo se hizo el juramento que por fuerza se le convirtió en un martirio.


Experiencias y ejemplos extraídos de la práctica analítica (1913)
Pies abochornados: La paciente informa de un joven que arrojó una mirada de desprecio a sus pies. Recuerda que cuando era niña observaba a su hermano orinar, y presa de la envidia (del pene) de no poderlo hacer como él, un día trató de emparejársele, pero se mojó los zapatos, y su hermano se burló de ella. Esa experiencia comandó su posterior conducta.
Pulsiones y destinos de pulsión (1915)
El estímulo es una excitación aportada a un tejido desde afuera que es descargado mediante una acción acorde a fin. La pulsión es un estímulo para lo psíquico aunque hay otros estímulos psíquicos. La pulsión proviene del interior del organismo, opera diversamente y se requieren diferentes acciones para eliminarlo. El estímulo opera de un solo golpe, se lo puede despachar mediante una única acción. La pulsión es una fuerza constante, la huida de nada puede valer. Es más bien una necesidad, y la cancela la satisfacción. Ésta se alcanza mediante una modificación apropiada a la meta de la fuente interior. El principio de constancia en el ser humano trabaja mediante el sistema nervioso, que debe librarse de los estímulos y conservarse exento de ellos. Los estímulos pulsionales no pueden tramitarse por este mecanismo. Lo mueve a actividades complejas que modifican el mundo exterior. Son las causantes del desarrollo del sistema nervioso y probablemente hayan nacido como modificaciones de la sustancia viva por estímulos.

El aparato psíquico está sometido al principio del placer, a sensaciones de la serie placer-displacer, que reflejan el modo en que se cumple el dominio de los estímulos: el displacer un incremento del estímulo y el placer una disminución.

La pulsión es un representante psíquico de los estímulos del interior del cuerpo.

Los términos de la pulsión son: Esfuerzo (drang) su motor, suma de fuerza o medida de exigencia que representa; meta (ziel) que en todos los casos es la satisfacción cancelando la estimulación. La meta en sí es invariable pero los caminos que llevan a ella pueden variar, habiendo metas más próximas, o meta inhibida para ciertas pulsiones; objeto (objekt) es aquello por lo cual se puede alcanzar la meta y es lo más variable en la pulsión, no estando enlazado con ella sino que se coordina por ser apto para alcanzar la satisfacción. Un lazo muy íntimo con éste puede derivar en fijación de la pulsión al objeto; y por último la fuente (quelle) como proceso somático interior a un órgano cuyo estímulo es representado por la pulsión.

Todas las pulsiones son cualitativamente de la misma índole, y deben su efecto a las magnitudes de excitación.

Hay dos grupos primordiales de pulsiones: las yoicas o de autoconservación, y las pulsiones sexuales. Las pulsiones sexuales son numerosas, brotan de múltiples fuentes orgánicas, primero son independientes y luego se reúnen, la meta es el logro del placer de órgano y más adelante entran al servicio de la función de reproducción. Al principio se apuntalan en las de conservación, y lo mismo en el hallazgo de objeto. Una parte de ellas continúan asociadas y les proveen componentes libidinosos.



Los destinos de la pulsión son: el trastorno en lo contrario (cambio de meta), la vuelta hacia la propia persona (cambio objeto), la represión y la sublimación. El retorno a lo contrario puede ser de activo a pasivo o en cuanto al contenido. En el primer caso solo atañe a la meta, en el segundo el cambio de amor en odio. La vuelta hacia la propia persona mantiene inalterada la meta. El sadismo es una acción violenta hacia otro objeto; en el masoquismo el objeto es la propia persona, y hay un pasaje de pulsión activa en pasiva. Se busca nuevamente el objeto en otro, pero ahora activo. La satisfacción del masoquismo se alcanza a través del sadismo originario. Con respecto a la mudanza en su contrario, el amor tiene varios opuestos: no solo odio, sino también ser amado, ser indiferente y amarse (narcisista).

La vida anímica está gobernada por tres polaridades: sujeto-objeto, placer-displacer, activo-pasivo. En el caso en que el yo se encuentra investido por pulsiones y es capaz de satisfacerlas por sí mismo se llama narcisismo, y la posibilidad de satisfacción es autoerótica. El mundo es indiferente, el yo sujeto coincide con lo placentero, y si amor es en relación con sus fuentes de placer, entonces sólo se ama a sí mismo.

El amor se instala en la esfera del puro vínculo de placer del yo con el objeto, y se fija en los objetos sexuales y aquellos que satisfacen sus pulsiones sexuales. Solo se puede hablar de amor cuando se aplica al vínculo con su objeto bajo el primado de los genitales al servicio de la reproducción. Primero es narcisista, después pasa a los objetos que se incorporaron al yo ampliado, y cuando se cumplió la síntesis de las pulsiones, coincide con la aspiración sexual total. Una modalidad es la incorporación, supresión de la distancia con el objeto (ambivalente). En la etapa anal es intento de apoderamiento, indiferente al daño del mismo. Es apenas diferenciable al odio. Sólo se puede hablar de oposición al odio con el establecimiento de la organización genital.

El odio se aplica a los objetos que perturban su satisfacción sexual y de conservación. Tienen orígenes diversos y han recorrido su propio desarrollo antes de que se constituyeran como opuestos bajo la influencia de la relación placer-displacer. Es mas antiguo que el amor, brota de la repulsa del yo narcisista por el mundo exterior provocador de displacer. Más vinculado con la autoconservación. Cuando las pulsiones yoicas gobiernan las sexuales (como en la etapa anal) prestan a la meta pulsional los caracteres del odio.

El odio-amor ambivalente proviene de etapas no superadas previas al amor, y de reacciones repulsivas desde las pulsiones yoicas.

La polaridad que media entre actividad y pasividad es biológica; entre yo y el mundo es real, y entre placer displacer es económica.


Conferencias 20-21-22-23 (1916)
20° conferencia: La vida sexual de los seres humanos

Como ya fue dicho anteriormente uno puede enfermar de neurosis por frustración de la satisfacción sexual normal, donde la necesidad se lanza por los caminos anormales de la excitación sexual (flujo colateral). Las mociones perversas aparecen más fuertes de lo que habrían lucido si la satisfacción sexual no hubiera tropezado con ningún impedimento real. En otros casos las perversiones son el modo normal de vida sexual del individuo. Por lo tanto si puede surgir en personas normales, tiene que haber preexistido en ellas de forma latente.

Todas las inclinaciones perversas arraigan en la infancia; los niños tienen la disposición constitucional a ellas. La sexualidad perversa es la sexualidad infantil aumentada y descompuesta en sus mociones singulares.

Al igual que el hambre, la libido está destinada a nombrar la fuerza en la cual se exterioriza la pulsión, pero en este caso la sexual (en el caso del hambre la nutrición). Las primeras mociones sexuales del lactante se apuntalan en las funciones de autoconservación. Luego quiere repetir la acción de recepción de alimento sin pedir que se le vuelva a dar, ya que no está bajo la pulsión de hambre, sino que chupetea porque en sí le da satisfacción. Aprende a separarlo de la condición de alimento, y solo queda su ganancia de placer. La excitación de la boca es la zona erógena, y responsable del placer sexual alcanzado. El mamar el pecho satisface las dos grandes necesidades vitales; es el punto de partida de toda vida sexual, el modelo inalcanzado de toda satisfacción sexual posterior. El pecho es el primer objeto de la pulsión sexual, importante para todo hallazgo posterior de objeto. Pero es resignado y sustituido por una parte de su propio cuerpo, y en las exploraciones de su propio cuerpo descubre sus zonas genitales excitables, con lo cual halla el camino del chupeteo al onanismo. Los dos caracteres de la sexualidad infantil son la apuntalación en la satisfacción de las grandes necesidades orgánicas y el carácter autoerótico, busca y encuentra sus objetos en el cuerpo propio. Lo mismo sucede con la excreción. Pero el mundo exterior se le aparece como un poder inhibidor de sus aspiraciones de placer, ya que debe expeler sus excrementos cuando los otros lo determinan. Se le declara que todo lo relacionado a la función es indecente. Por primera vez debe intercambiar placer por dignidad social. Sus heces las aprecia y le es difícil separarse, y son el primer regalo para aquellas personas a quienes quiere. Translada con el tiempo esa estima al regalo y al dinero.

La vida sexual del niño es perversa, porque le falta lo que convierte a la sexualidad en la función de la reproducción, al igual que en la perversión. La práctica sexual perversa ha renunciado a la reproducción y persigue la ganancia de placer como meta autónoma.

La vida sexual del niño se agota en la práctica de una serie de pulsiones parciales que, independientemente una de otra, buscan ganar placer en parte en el cuerpo propio, en parte ya en el objeto exterior. Pronto aparecen los genitales. La investigación sexual de los niños es característica e importante para la sintomatología de las neurosis. El niño atribuye a ambos sexos los mismos genitales: el falo. Si descubre la vagina, desmiente el testimonio. Más tarde siente el temor ante la posibilidad de perderlo, y se suman las amenazas por el onanismo. Cae bajo el imperio del complejo de castración. La niña envidia al varón la pertenencia del pene y desarrolla el deseo de ser hombre. El clítoris desempeña el papel del pene por ser portador de excitabilidad y ser zona de satisfacción autoerótica. El interés del niño se dirige a saber de donde vienen los bebés, impulsado por la llegada de un nuevo niño. La sensación de que los adultos le mienten hace que se sienta solo y desarrolle su autonomía. Su falta de desarrollo de su constitución sexual le impide arribar al conocimiento. Primero supone que los niños son excretados, más adelante incluye al padre pero no sabe que rol cumple. Puede desarrollar la teoría del coito sádico: sometimiento y violencia.


21° conferencia: Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales

Lo característico de la perversión es que tanto la trasgresión de la meta sexual, como la sustitución de los genitales o la variación del objeto se consuman de manera exclusiva, dejando de lado el acto sexual al servicio de la reproducción. La sexualidad perversa está notablemente centrada: todas las acciones presionan hacia una meta y una pulsión parcial tiene la primacía. La sexualidad infantil, en cambio, carece de centramiento y organización: las pulsiones parciales tienen iguales derechos y cada una persigue por cuenta propia el logro de placer. El placer que gana el infante es placer de órgano.

Entre el sexto y el octavo año se inicia el período de latencia, en el que se detiene el desarrollo sexual. La sexualidad del niño difiere con la del adulto en la falta de una organización fija bajo el primado de los genitales, los rasgos perversos y la menor intensidad. Antes de que se instale el primado de los genitales hay una organización pregenital, en la que se instala en primer plano las pulsiones sádicas y anales. La oposición es activa y pasiva, que es precursora de la polaridad sexual. La sexualidad pasa por varios estadios, pero el punto de viraje de ese desarrollo es la subordinación de las pulsiones parciales bajo el primado de los genitales, y con este el sometimiento de la sexualidad a la función de reproducción. Antes hay una vida sexual descompaginada, una práctica autónoma de las diversas pulsiones parciales que aspiran a un placer de órgano.

Algunos componentes de la pulsión sexual tienen desde el principio un objeto y lo retienen (apoderamiento y pulsión de ver); otros anudadas a ciertas zonas del cuerpo, lo tienen sólo al comienzo mientras se apuntalan a las pulsiones de conservación, y lo resignan, volviéndose autónomos los componentes eróticos. Se abandona el objeto y se sustituye con un lugar del cuerpo propio. La pulsión se vuelve autoerótica. El resto del desarrollo tiene como meta abandonar el autoerotismo, permutar de nuevo el objeto por uno ajeno, y unificar los diferentes objetos de las pulsiones por un objeto único, que sea un objeto total parecido al propio. Un cierto número de pulsiones autoeróticas se deben relegar por inutilizables.

Antes de que advenga el período de latencia el objeto hallado es la madre, el primer objeto de amor (el aspecto anímico de las aspiraciones sexuales es privilegiado frente al aspecto sensual). Para esta época ya ha empezado a trabajar la represión, que sustrae de su saber el conocimiento de una parte de sus metas sexuales. A esta elección de la madre como objeto de amor se anuda el complejo de Edipo. La primera elección de objeto es incestuosa. En la pubertad, cuando la pulsión sexual plantea sus exigencias en toda su fuerza, los viejos objetos familiares e incestuosos son retomados e investidos (cargados de energía) libidinosamente. Como esas premisas se volvieron insoportables, se deben mantener alejados de la conciencia. Desde esa época debe desasirse de sus padres, para convertirse en miembro de la comunidad social. Debe a su vez, reconciliarse con el padre. Esos deseos libidinosos deben ser empleados en la elección de un objeto de amor ajeno y real. El neurótico no alcanza esta solución: el hijo permanece sometido a la autoridad del padre, y no está en condiciones de transferir su libido sexual a un objeto ajeno. En ese sentido el complejo de Edipo es el núcleo de las neurosis.

Los sueños son también colocaciones de la libido e investiduras de objeto de la primera infancia, hace tiempo resignadas concientemente. Los neuróticos muestran de forma ampliada lo que el análisis de sueños de sanos también revela.


22° conferencia: Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión.

La función libidinal recorre un largo camino de desarrollo hasta poder entrar al servicio de la reproducción. Los dos grandes peligros son la inhibición y la regresión. Dada la tenencia de los procesos biológicos a la variación, no todas las fases preparatorias trascurren de igual manera. Partes quedarán retrasadas o inhibidas. Respecto de cada aspiración sexual separada, partes de ellas quedan retrasadas en estadios anteriores de desarrollo, por más que otras puedan haber alcanzado la meta última. Una demora de una aspiración parcial en una etapa anterior se llama fijación (de la pulsión).

También partes que ya han avanzado pueden revertir, en un movimiento de retroceso, hasta una de las etapas anteriores. Esto es la regresión. La aspiración se verá impelida a la regresión cuando el ejercicio de su función (el logro de la meta) tropiece con fuertes obstáculos externos en el nivel superior. Mientras más fuertes sean las fijaciones en la vía evolutiva, más la función esquivará las dificultades externas mediante la regresión hasta aquellas fijaciones, y la función mostrará una resistencia menor frente a los obstáculos externos. La regresión puede ser de dos tipos: retroceso a los primeros objetos investidos por la libido, (incestuosa); y retroceso de toda la organización sexual a estadios anteriores.

La regresión no tiene nada que ver con la represión (que es un concepto tópico dinámico: un acto Prcc se vuelve Icc, o uno Icc no se le admite el paso al Prcc ya que es rechazado por la censura). La regresión es un concepto descriptivo. Es un factor psíquico-orgánico.

En la histeria se produce una represión. Las pulsiones se han unificado, pero chocan con resistencias del sistema Prcc. La organización genital rige para el Icc pero no para el Prcc. En cambio en la neurosis obsesiva se ve una clara regresión al estadio sádico anal y en cuanto al objeto. También la represión participa en el mecanismo de estas neurosis, ya que de no ser así daría una perversión.

La neurosis surge cuando se les quita la posibilidad de satisfacer la libido y los síntomas son justamente el sustituto de la satisfacción frustrada. Sin embargo hay una proclividad al desplazamiento de la necesidad, de modo que las mociones pulsionales se pueden reemplazar unas a otras, tomando sobre sí la intensidad. Esto contrarrestra el efecto patógeno de la frustración. Uno de los procesos es que la aspiración sexual abandona su meta y adopta otra que se relaciona con la resignada, pero es de carácter social. Esto es la sublimación.

Si las medidas no son suficientes, conserva su poder patógeno, el grado de libido insatisfecha se fija, las restricciones caen sobre la movilidad de la libido, y deja fijaciones a fases anteriores de la organización y del hallazgo de objeto. La fijación libidinal es el factor interno (predisponerte) y la frustración el factor externo (accidental). Estas series son complementarias: tanto el factor constitucional como las circunstancias son importantes para la causación de la neurosis.

Por la frustración de los deseos la libido se ve obligada a buscar satisfacción en otros objetos y caminos, pero éstos despiertan enojo en una parte del Yo, de modo que se produce un conflicto psíquico. Los rodeos son los caminos de la formación de síntomas, los síntomas son la satisfacción nueva o sustitutiva que se hizo necesaria por la frustración. Las aspiraciones rechazadas se vieron obligadas a sortear el veto a través de ciertas desfiguraciones. La otra parte en el conflicto patógeno son las pulsiones yoicas. Ambas pulsiones son heredadas filogenéticamente, y es vuelto a adquirir en el desarrollo ontogenético. Donde la libido fue fijada, puede admitirla y volverse infantil; o rechazarla y reprimirla.

El poder que ha forzado su desarrollo es la frustración de la realidad o el apremio de la vida. Las pulsiones yoicas aprenden temprano a plegarse a él, y enderezar su evolución según los señalamientos de la realidad. Las pulsiones sexuales son más difíciles de educar. El placer se liga con la reducción de los volúmenes de estímulo que obran en el interior del aparato. El mayor placer que experimenta el hombre es en la consumación del acto sexual. En tales procesos están en juego los destinos de cantidades de excitación (factores económicos). Tanto pulsiones sexuales como yoicas aspiran a la ganancia de placer, pero éstas últimas sustituyen el principio de placer por el de realidad, bajo el influjo del apremio de la vida. Pospone la ganancia de placer, soporta un poco de displacer y resigna por completo determinadas fuentes de placer. El yo es educado, y aspira a ganar un placer asegurado por el miramiento a la realidad. Las pulsiones sexuales se suman tardíamente a este tramo del desarrollo.
23° conferencia: Los caminos de la formación de síntoma

Los síntomas consumen mucha energía. Son el resultado de un conflicto en torno de una nueva modalidad de la satisfacción pulsional. El síntoma es una formación de compromiso entre las dos fuerzas. Una de éstas es la libido insatisfecha rechazada por la realidad que tiene que buscar nuevos caminos para su satisfacción. Si la realidad permanece inexorable, se ve precisada a emprender el camino de la regresión y aspirar a satisfacerse dentro de una de las organizaciones ya superadas o mediante uno de los objetos que ya resignó. La libido es cautivada por la fijación que ella ha dejado tras sí en esos lugares de desarrollo. Pero si el yo no presta acuerdo a estas regresiones la libido es atajada, y escapa donde halle un drenaje para su investidura. Tiene que sustraerse del yo. Le permiten tal escapatoria fijaciones de las cuales el yo en su momento se había protegido mediante represión. Al sustraerse del yo, renuncia a la educación adquirida. Bajo la doble presión de la frustración interna y externa se vuelve rebelde. Las representaciones que inviste son Icc y se sustraen a las leyes de éste (condensación y desplazamiento). Se forman constelaciones similares al sueño. La subrogación (el representante psíquico de la libido) tiene que contar con el poder del yo Prcc. La contradicción que se había levantado con el Yo Cc la persigue y como contrainvestidura (fuerza que actúa en el sentido contrario a la energía pulsional) y la fuerza a escoger una expresión que también sea expresión de ella. El síntoma se engendra como retoño de cumplimiento de deseo libidinoso inconsciente desfigurado de múltiples formas. Es una ambigüedad cuyos dos significados se contradicen. El Prcc se afana por oponérsele a la moción de deseo Icc.

La escapatoria de la libido bajo las condiciones del conflicto es posibilitada por la preexistencia de fijaciones. La investidura regresiva lleva a sortear la represión y a una descarga que respete las condiciones de compromiso. Por los rodeos la libido ha logrado una satisfacción real.

En la neurosis histérica la libido halla las fijaciones en las prácticas y vivencias de la sexualidad infantil, en los afanes parciales abandonados, y en los objetos resignados de la niñez. En él se manifestaron por primera vez las orientaciones pulsionales que el niño traía consigo en su disposición innata; en virtud de las influencias externas se le despertaron otras pulsiones. El hecho de que sobrevengan en una etapa de inmadurez confiere gravedad y posibilita el efecto traumático.



La fijación libidinal del adulto tiene dos factores: la disposición heredada innata y la predisposición adquirida en la primera infancia. Pero las vivencias infantiles cobran importancia por la regresión. También las vivencias infantiles tienen un efecto de atracción sobre la libido, ya que quedó adherida con ciertos montos en ellas.

Los síntomas crean entonces un sustituto para la satisfacción frustrada por medio de una regresión de la libido a estadios anteriores de la elección de objeto u organización. En este período la libido no echaba de menos la satisfacción. El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción desfigurada por la censura que nace del conflicto y mezclada con elementos que provienen de la ocasión que llevó a contraer la enfermedad. La persona siente la satisfacción como un sufrimiento, provoca su resistencia. Además casi siempre prescinden del objeto y resignan el vínculo con la realidad. Reemplaza una modificación del mundo por una modificación del cuerpo. Además cooperaron la condensación y el desplazamiento.

No siempre las escenas infantiles en las que se fijan la libido son verdaderas. Esto es porque los recuerdos infantiles poseen realidad psíquica por oposición a la realidad material. En el mundo de la neurosis la realidad psíquica es la decisiva. El niño muchas veces se compone la fantasía sobre la base de indicios, o sobre una insatisfacción de la pulsión de ver o saber que se representa en otra observación análoga. Por la fantasía de seducción muchas veces el niño encubre el período autoerótico de su quehacer sexual. El resultado es el mismo corresponda mayor o menor participación de la fantasía o la realidad. La necesidad de crear tales fantasías proviene de las pulsiones. Hay fantasías primordiales que son un legado filogenético.

El yo es educado para obedecer al principio de realidad por influencia del apremio de la vida. Tiene que renunciar transitoria o permanentemente a ciertos objetos y metas. Pero se reserva una actividad que se concede todas esas fuentes de placer resignadas que se emancipan al examen de la realidad (juzgar si algo es real o no). Las aspiraciones alcanzan así la forma de representación de cumplimiento. En la fantasía el hombre sigue gozando de la libertad respecto de la compulsión exterior. Estos sueños diurnos son el modelo y núcleo de los sueños nocturnos, que son desfigurados y experimentan libertad plena por la liberación que las mociones pulsionales. Muchas veces las fantasías diurnas son Icc. Son retoños de aquellas escenas que la libido inviste regresivamente. Los objetos y orientaciones que la libido había resignado son retenidos aún en las fantasías. Estas son toleradas por el Yo mientras cumplan una condición cuantitativa. Pero se elevan y desarrollan un esfuerzo orientado hacia la realidad. Entonces son sometidas a la represión por parte del Yo y atraídas por el Icc. Desde las fantasías Icc la libido vuelve a migrar hasta sus orígenes, en sus puntos de fijación. La retirada de la libido a la fantasía es un estado intermedio de formación de síntomas. Se lo denomina introversión. Significa un extrañamiento de la libido respecto a las posibilidades de satisfacción real y la sobreinvestidura de las fantasías.

El carácter cualitativo de las condiciones etiológicas (dinámico) no alcanza, hay que incluir el económico. El conflicto estalla cuando se alcanzó ciertas intensidades de investiduras, por más que preexistieran las condiciones de contenido. Interesa el monto de libido no aplicada que una persona pueda conservar y la cuantía de la fracción de su libido que es capaz de sublimar.




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