Freud desde 1893 hasta 1940



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XI. “Adenda”

  1. Modificación de opiniones anteriores

  1. Resistencia y contrainvestidura: la represión reclama un gasto permanente, sino la moción reprimida que recibe aflujos continuos desde sus fuentes retomaría el mismo camino que tuvo que desalojar y debería repetirse indefinidamente. La naturaleza de la pulsión exige asegurar al Yo su acción defensiva mediante un gasto continuo: resistencia. La contrainvestidura, necesaria para la resistencia, presupone una alteración del Yo como formación reactiva en el interior del mismo, por refuerzo a la actitud opuesta a la orientación pulsional que ha de reprimirse. Estas son exageraciones de rasgos de carácter.

En la histeria hay un cierto grado de alteración del Yo que resuelve la ambivalencia (amor-odio). No muestran la naturaleza general de rasgos de carácter sino que se limitan a relaciones muy especiales; retiene un objeto. La moción pulsional reprimida puede ser investida nuevamente desde adentro por refuerzo de la pulsión y desde afuera por la percepción del objeto deseable para la pulsión. La contrainvestidura se dirige preferentemente hacia fuera para evitar situaciones en que la percepción puede emerger.

En las fobias hay un nexo mayor entre represión y contrainvestidura externa, y regresión y contrainvestidura interna (alteración del Yo por formación reactiva).

La resistencia la opera el Yo por sus contrainvestiduras. La reelaboración es el empeño en deshacer las represiones una vez formado el designio de resignar sus resistencias. Tras cancelar las resistencias es preciso superar la compulsión de repetición, la atracción de los arquetipos inconscientes sobre el proceso pulsional reprimido. Ese factor es una resistencia del Ello.

Hay cinco clases de resistencias: las Yoicas que son la represión, la transferencia (que consigue reanimar la represión mediante acciones hacia el analista) y la ganancia de la enfermedad (integración del síntoma en el Yo); del Ello la reelaboración; y del Superyo la consciencia de culpa o necesidad de castigo.



  1. Angustia por transmudación de libido: La vieja concepción de la angustia rezaba que ésta era provocada por el Yo bajo las condiciones del displacer; en términos económicos, la libido desautorizada o no aplicaba hallaba una descarga directa. La angustia era una repetición del trauma de nacimiento, y cada nuevo afecto de angustia es una forma de abreaccionarlo. Pero el nacimiento no se presenta en realidad como un trauma para el feto, sino que es un arquetipo de las situaciones posteriores de peligro. La angustia de nacimiento sería el arquetipo de un afecto que debía compartir los destinos de otros afectos. Habría una angustia involuntaria, automática, en situaciones análogas a las originarias como reacción inadecuada a fines; o el Yo adquiriría poder sobre él y lo reproduciría como una alerta frente al peligro para convocar la intervención del mecanismo placer-displacer, como acción acorde a fines, de acuerdo a las necesidades.

  2. Represión y defensa: La defensa es la designación general del que el Yo se vale en sus conflictos que llevan a la neurosis para proteger al Yo frente a exigencias pulsionales, y la represión es solo uno de los métodos de defensa.

  1. Complemento sobre la angustia

La angustia es expectativa, angustia ante algo indeterminado y ausente. Cuando halla un objeto no es angustia sino miedo.

Peligro realista es uno que anoticiamos y la angustia realista la sentimos frente a ésta clase de peligro. La angustia neurótica lo es ante un peligro del que no tenemos noticia, un peligro neurótico: un peligro pulsional. En el peligro realista hay dos reacciones: una afectiva (estallido de angustia) y una protectora, lo mismo que con el peligro pulsional. Lo significativo frente a la situación de peligro es nuestro desvalimiento frente a él, material de ese peligro real o psíquico en el caso pulsional. Una situación de desvalimiento vivenciada es traumática. Las situaciones traumáticas se prevén; en la situación de peligro se contiene la condición de esa expectativa. En ella se da la señal de angustia. Se anticipa (por analogía o expectativa) y se comporta como si estuviera ahí, cuando todavía se está a tiempo. La angustia es expectativa del trauma y repetición amenguada de él. La expectativa del trauma corresponde a la situación de peligro, y la repetición amengada a la situación traumática con ausencia de objeto.

La situación de peligro es la situación de desvalimiento discernida y esperada; la angustia es la reacción originaria frente al desvalimiento en el trauma. El Yo lo repite, lo reproduce activamente para guiar de manera autónoma su decurso, al igual que le niño que reproduce en el juego situaciones penosas transformándolas de pasivas a activas y dominar psíquicamente sus impresiones. El Yo se defiende del peligro pulsional del mismo modo que del peligro real externo, pero en el primer caso desemboca en la neurosis a consecuencia de una imperfección del aparato anímico. A su vez la exigencia pulsional es peligrosa porque conlleva un peligro externo. También un peligro externo tiene que enlazarse con una situación interna vivenciada de desvalimiento. En el nexo con esta vivencia traumática de desvalimiento coinciden peligro externo e interno.


  1. Angustia, dolor y duelo

El lactante siente angustia frente al peligro de pérdida de objeto (cuando la madre se ausenta). La situación en que extraña a la madre es no peligrosa sino traumática. Se vuelve tal al registrar una necesidad que la madre debe satisfacer. Cuando esa necesidad no es actual se muda en situación de peligro. La primera condición de angustia que el Yo introduce es la pérdida de la percepción (equiparada a la pérdida de objeto). Más tarde aprende que el objeto permanece pero puede hacerse malo, entonces el nuevo peligro y nueva condición de angustia será la pérdida de amor. La situación traumática de la ausencia de la madre diverge en un punto de la situación traumática de nacimiento ya que no existía objeto que pudiera extrañarse. La angustia era la única reacción posible. Repetidas satisfacciones crearon el objeto de la madre que en caso de despertarse la necesidad es investido creando una añoranza. El dolor es una reacción frente a la pérdida de objeto, la angustia lo es frente al peligro que esa pérdida conlleva y se desplazamiento al peligro de la pérdida en sí.

El dolor nace cuando un estímulo perfora la protección antiestímulo y actúa como un estímulo pulsional continuo frente al cual no hay reacción motriz adecuada. A raíz del dolor se genera una investidura elevada narcisista en el lugar doliente del cuerpo. La intensa investidura de añoranza en continuo crecimiento crea las mismas condiciones económicas que la investidura de dolor del lugar lastimado. El paso del dolor corporal al anímico corresponde a la mudanza de investidura narcisista en investidura de objeto. La representación-objeto que recibe una elevada investidura de la necesidad desempeña el lugar del cuerpo investido por incrementos de estímulo.





1 Proton Pseudos: premisa mayor falsa que da una conclusión falsa.

2 Representación del representante de la pulsión: Representación

Representante de la pulsión: monto de afecto





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