Fraternidades de agustinos seculares


VI. SEÑAS DE IDENTIDAD DE UNA FRATERNIDAD AGUSTINIANA SECULAR



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VI. SEÑAS DE IDENTIDAD DE UNA FRATERNIDAD AGUSTINIANA SECULAR




74. Los Hechos de los Apóstoles y la espiritualidad agustiniana son las fuentes que inspiran el proyecto de una Fraternidad Agustiniana Secular. El capítulo cuarto de los Hechos de los Apóstoles, particularmente, del versículo 32 al 35, fue el modelo base para san Agustín a la hora de pensar en su ideal de comunidad. Trasplantar el estilo de vida de aquellos primeros cristianos constituyó su sueño. La Iglesia de Jerusalén estaba formada por hombres y mujeres de fe que tenían un corazón y un alma sola, y ninguno se sentía propietario de nada porque todo lo tenían en común. Una característica peculiar del grupo era el compartir (Cf. Hechos de los Apóstoles 4,32-35).

Otra fuente de inspiración es, naturalmente, la espiritualidad agustiniana. La Biblia y san Agustín son los referentes de la Fraternidad Agustiniana. Una doble mirada que nunca se puede olvidar para que el grupo no pierda su identidad.

Acerca de la espiritualidad agustiniana, ya se ha señalado un itinerario que puede sintetizar el camino agustiniano para vivir la experiencia de la fe cristiana. Ahora, sólo se subrayan algunas notas que, a partir de esa misma espiritualidad, marcan el perfil de la Fraternidad Agustiniana.
6.1. COMUNIDAD CRISTOCÉNTRICA

75. El cristiano, y por tanto toda comunidad cristiana, se identifica como seguidor de Jesucristo. Él es “la salvación enviada por Dios” ( Comentarios a los Salmos 49,31) que nos revela al Padre y nos convoca a la fraternidad. “Él es la fuente de la vida: acércate, bebe y vive; es la luz: acércate, posesiónate de ella y ve. Si Él no te inunda, te secarás” (Sermón 284,1).

La fe y el seguimiento de Jesús son consecuencia de nuestro bautismo. Recuperar el lugar central de Cristo en la evangelización y en la catequesis, no es otra cosa que un retorno a la auténtica dimensión del anuncio cristiano. El mismo itinerario debe seguir la espiritualidad (Cf. Encíclica Redemptoris missio, de Juan Pablo II, 1990; Documento final de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo 1992, Carta apostólica Tertio millennio adveniente, 1994...).

San Agustín no puede ser más claro al hablar de la necesidad de Jesucristo: “El que cree que puede dar fruto por sí mismo, no está unido a la vid; quien no está unido a la vid no está unido a Cristo, y, quien no está unido a Cristo no es cristiano” (Tratados sobre el Evangelio de San Juan 81,2). “Adheríos a él con amor incansable como a piedra angular” (Sermón 200,3,4).

Un título verdaderamente original que san Agustín da al evangelizador es el de madre de Cristo. “No es para vosotros cosa extraña, no es cosa desproporcionada, ni cosa que repugne: fuisteis hijos, sed también madres. Cuando fuisteis bautizados, entonces nacisteis los hijos de la madre, miembros de Cristo. Traed ahora al lavatorio del bautismo a los que podáis; de este modo, como fuisteis hijo cuando nacisteis, así ahora, conduciendo a los que van a nacer, podéis ser madres de Cristo” (Sermón 72 A, 8). Como María, llevamos a Cristo en el corazón (Cf. La santa virginidad 3,3) y así experimentamos la salvación de Dios, porque “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hechos 4,12).



76. A su vez, Jesucristo es el hombre tal como Dios lo pensó, el hombre perfecto que proclama el amor universal y anuncia al Padre y su Reino como lo único importante. “Todo lo hizo bien” (Marcos 7,37), por eso su vida es una página impecable de humanidad. ”Ecce homo” (Juan 19,5) – aquí está el hombre – dirá Pilatos en frase que va más allá del alcance de sus palabras. Jesucristo, por tanto, además de ser evangelio y revelación de Dios, es revelación del hombre. Dios regala al ser humano un destino: Jesucristo, centro de la historia y modelo ejemplar de todo lo humano. “Todo hombre es Adán... todo hombre es Cristo”, en expresión agustiniana (Comentarios a los Salmos 70,2,1).

6.2. COMUNIDAD QUE ESTUDIA LA BIBLIA



77. Se ha intentado alejar, equivocadamente, la fe del pensamiento. Quien no se atreve a pensar su credo, corre el riesgo de vivir en un infantilismo religioso irresponsable. San Agustín reflexionó sin descanso sobre los contenidos de su fe. La Sagrada Escritura fue su libro de estudio permanente, convencido de que “todo lo que contiene nuestra fe, y que de algún modo la razón ha tratado de investigar, debe tener como fundamento los testimonios de las divinas Escrituras” (Naturaleza del bien 24). De tal modo que “el hombre habla más o menos sabiamente según sea su progreso en las divinas Escrituras” (La doctrina cristiana 4,5,7).

Una comunidad eclesial debe estar siempre atenta a conocer el mensaje verdadero de la Palabra de Dios. “Esfuérzate por entender correctamente, pues ni siquiera las mismas Escrituras, que recomiendan la fe para entender los misterios, pueden serte útiles, si no las entiendes correctamente” (Carta 120,3,13).

Marginar el estudio de la Biblia, sería olvidar que es el alimento fundamental de la espiritualidad cristiana y volver la espalda al testimonio de san Agustín. “Hay tan profunda sabiduría no sólo en las palabras con que se presentan los problemas, sino también en los problemas reales que se pretenden desvelar, que a los más animosos, agudos, ardientes en el afán de conocer, les sucede lo que la misma Escritura dice: Cuando el hombre termina, entonces empieza” (Carta 137,1,3). La consigna puede ser válida para justificar y alentar la formación continua.

Una de las tareas pastorales más necesaria en la Iglesia – que urge a todos sus miembros – es el estudio serio de los contenidos de la fe cristiana. El diálogo de la fe con la cultura y la encarnación de la fe en los distintos modelos culturales, son tareas inaplazables. La formación es fuente nutricia de espiritualidad, lleva a vivir según el Espíritu y capacita para la misión.


6.3. COMUNIDAD ORANTE Y CELEBRATIVA

78. El olvido de la oración y la celebración ha llevado a convertirse algunas comunidades en grupos de discusión y de diálogo. Todo es incompleto si la vida de la comunidad no tiene sus tiempos contemplativos y celebrativos. La Biblia, estudiada y profundizada día a día, se celebra en la liturgia, de modo particular en los sacramentos.

San Agustín es uno de los grandes orantes de todos los tiempos. Las Confesiones son la oración de un hombre que reconoce, con ojos de gratitud, la acción salvadora de Dios en su vida. “¡Qué tarde comencé a amarte, belleza siempre antigua y siempre nueva, qué tarde! Tú te hallabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba... Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo... Pero Tú, me llamaste y me gritaste y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste y borraste mi ceguera; derramaste tu perfume y yo lo aspiré y ahora suspiro por ti: me diste a gustar de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste y ahora me abraso en la paz que procede de ti” (Confesiones 10,27,38).



79. Los grandes orantes bíblicos - Moisés, Abraham, Samuel, María... - aparecen con la historia entre las manos. Su oración forma parte de la vida, surge de lo cotidiano y responde a situaciones concretas.

Existe un planteamiento peligroso cuando se habla de oración-contemplación, por una parte, y de acción-compromiso por otra. Sin una mirada contemplativa, todas las mejores acciones misioneras no pasan de ser proyectos humanos. Del mismo modo, la contemplación que no toma cuerpo en una práctica histórica, tampoco es cristiana porque le falta encarnación.

La oración es el corazón y el alma de la comunidad. Crea un clima de presencia de Dios, de igualdad, de perdón y de gratuidad, que estrecha los vínculos interpersonales. Oración que debe dar preferencia a las necesidades ajenas sobre las propias. “A Dios le agrada más la plegaria por los demás que la plegaria por uno mismo, porque en ella se ofrece un sacrificio de caridad” (Carta 20,2).

80. Además de grupo humano, la Fraternidad Agustiniana también es asamblea litúrgica. La liturgia nos convoca para vivir el Evangelio, para llevarlo al mundo y para encontrar en la celebración la fuerza y la razón de hacerlo. El centro de la acción litúrgica de la Iglesia y de su acción pastoral es la Eucaristía.

Del mismo modo que la Eucaristía representa y construye la Iglesia, representa y construye la comunidad. La Eucaristía es, sobre todo, signo de unidad. Unidad de la Iglesia y unidad de la comunidad. ”¿Cómo se elabora el pan? Se tritura y se muele; se rocía y se cuece... Así como de muchos granos reunidos, y en cierto modo mezclados entre sí mediante el agua, se hace un solo pan, de idéntica manera, mediante la concordia de la caridad, se crea el único cuerpo de Cristo. Lo que se ha dicho de los granos respecto al cuerpo de Cristo, ha de decirse de los racimos respecto a la sangre, pues también el vino fluye del lagar, y lo que se hallaba en muchas uvas por separado, confluye en la unidad y se convierte en vino. Así, por tanto, lo mismo en el pan que en el vino se encuentra el misterio de la unidad ” (Sermón 229 A, 2).

La comunión eucarística, crea, también, comunidad humana que rompe fronteras e integra en el amor legítimas diferencias. El gran sacramento del amor es la Eucaristía, pero el amor verdadero no se aparta de la justicia; el amor a Dios camina siempre junto con el amor al prójimo (Cf. Comentarios a los Salmos 25,1,12).”La caridad grande es la justicia grande y la caridad perfecta es la perfecta justicia” (La naturaleza y la gracia 70,84).
6.4. COMUNIDAD FRATERNA Y SOLIDARIA

81. En la Iglesia se ha ido abriendo paso la propuesta esperanzadora de las pequeñas comunidades. Uno de los riesgos de la comunidad es que se encierre en el círculo próximo de personas conocidas

Para que podamos hablar de fraternidad, hay que sumar a los lazos de la amistad o la comunicación, la presencia de Jesucristo. La comunidad no es fruto del empeño de unas personas que toman la decisión firme de agruparse, sino don de Dios que está por encima de todos los esfuerzos humanos.



82. Una comunidad podrá llamarse cristiana, y de manera particular agustiniana, si supera la prueba de la solidaridad. Solidaridad que se traduce en una predilección significativa por los pobres y marginados. Con una formulación que no puede ser más rotunda, san Agustín afirma: “Las cosas superfluas de los ricos son las necesarias de los pobres. Se poseen bienes ajenos cuando se poseen bienes superfluos” (Comentarios a los Salmos 147,12).

En la comunicación de bienes, gana el que recibe y gana el que da. “El rico y el pobre se oponen entre sí, pero también se necesitan mutuamente... El rico está hecho para el pobre y el pobre para el rico... El pobre es el camino hacia el cielo por el que se llega al Padre. Comienza, pues, a dar, si no quieres extraviarte. Rompe en esta vida las cadenas de tu patrimonio que te tienen bien atado, a fin de que puedas acercarte libremente al cielo; desembarázate del peso de las riquezas, arroja las cadenas libremente contraídas; deshazte de las preocupaciones y hastíos que te inquietan durante años... Da a Cristo en la tierra para que te lo devuelva en el cielo... La vida presente es quebradiza y está inclinada a la muerte. Nadie puede quedarse en ella; a todos se nos obliga a partir... Vamos, aunque no queramos... Si hubiéramos enviado algo delante de nosotros, no llegaríamos a un albergue vacío. En efecto, lo que damos a los pobres lo enviamos delante de nosotros; en cambio, lo que arrebatamos lo dejamos aquí” (Sermón 367,3).

No sirve la excusa de vivir en una zona acomodada, lejos de los cinturones de pobreza que rodean todas nuestras ciudades. “Si queréis encontrarla, encontraréis indigencia en muchos siervos de Dios. Pero si no los encontráis, es porque os gusta excusaros con estas palabras: Lo ignorábamos” (Comentarios a los Salmos 103,3,10).

El marcado sentido comunitario de san Agustín y el ideal de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén, le llevan a criticar la propiedad privada. “Muchos para no hacer un lugar para el Señor buscan lo suyo, aman lo suyo, se gozan de su propio poder, anhelan su interés privado. Quien quiere hacer un lugar al Señor no debe gozarse de lo privado sino de lo común... Abstengámonos también nosotros, hermanos, de la propiedad privada, al menos con el afecto, si no podemos desprendernos de la posesión y así preparamos un lugar para el Señor” (Comentarios a los Salmos 131,5-6).


6.5. COMUNIDAD AGUSTINIANA

83. A primera vista, puede parecer una redundancia decir que una de las señas de identidad de la Fraternidad Agustiniana es ser agustiniana. La puntualización, sin embargo, no es innecesaria si se interpreta en un doble sentido. Significa, por una parte, que se inspira en la espiritualidad agustiniana y pretende vivirla con sinceridad. Por otra, que se inserta en la Familia Agustiniana y mantiene relación estrecha con la comunidad religiosa agustiniana más próxima.

La inspiración agustiniana es punto de partida y, a la vez, proyecto siempre inacabado. La relación con la comunidad agustiniana se puede encuadrar en el marco trazado por la Exhortación Apostólica La vida consagrada (Juan Pablo II, 1996). “Se puede decir que se ha comenzado un nuevo capítulo, rico de esperanzas, en la historia de las relaciones entre las personas consagradas y el laicado” (n.54). La comunidad religiosa y la comunidad laical son realizaciones concretas de la comunión eclesial en la que cada estado de vida y cada persona se complementan en la fraternidad generada por un mismo bautismo, en el que también se arraiga la consagración religiosa.



84. El empeño actual, a partir de la eclesiología del Concilio Vaticano II, de crear una comunidad eclesial viva y participativa, ha provocado el descubrimiento de la vocación laical. Vocación que va abriendo nuevos caminos de consagración y, sobre todo, el seguimiento de Jesucristo a través de la mediación de las diferentes espiritualidades cristianas que son patrimonio de la Iglesia y no de un grupo determinado.

Carismas diversos pueden confluir en una misma espiritualidad. Religiosos y laicos, por ejemplo, participando de la espiritualidad agustiniana. Esta idéntica espiritualidad, que de ningún modo supone colonizar la vida laical, sino ofrecer el potencial evangélico de la espiritualidad agustiniana como don del Espíritu que enriquece a toda la Iglesia, constituye un fuerte vínculo de relación que está llamado a hacerse visible en signos concretos.



85. Las obras encomendadas a los agustinos – Parroquias, Santuarios, Colegios, Misiones, Residencias… – constituyen un medio de relación con muchas personas. Algunas desarrollan su trabajo en esas mismas obras, otras en algún momento de su vida se han encontrado con san Agustín y se sienten atraídos por su mensaje o su aventura vital. El reclamo de la amistad, la interioridad, o la búsqueda de la verdad, suscita, con frecuencia, el interés por el mundo agustiniano.

Son estas personas las que, por caminos diversos, pueden manifestar el deseo o recibir la invitación, a entrar en la órbita de la espiritualidad agustiniana. Primero, aquellos que desempeñan actividades en un ámbito confiado a los agustinos, (educadores, catequistas, colaboradores en las diversas actividades parroquiales...). Es el paso de compartir un trabajo a compartir una espiritualidad y una misión. En segundo lugar, las personas que son destinatarias de ese trabajo. En el campo parroquial la muestra es difícil de acotar; en el educativo, por el contrario, es fácil citar a los padres de familia, exalumnos...



86. Se plantea, inevitablemente, una relación nueva y distinta entre laicos y religiosos, y la presencia recíproca de religiosos en las Fraternidades Agustinianas y laicos en las comunidades religiosas (Cf. La vida consagrada, 56). Religiosos y laicos podemos vivir, a partir de dos vocaciones diferenciadas, un mismo bautismo, una idéntica misión y una misma espiritualidad. Las formas de participación, los momentos de convivencia o de celebrar la fe, responderán a las circunstancias particulares de cada caso. Delante, el triple desafío de la comunión, la diferencia y la corresponsabilidad. Sin olvidar que una misma espiritualidad – la espiritualidad agustiniana – se aloja en formas diferentes de vivir la única vocación cristiana.

Estamos ante un camino que nos lleva al desafío de unas relaciones nuevas dentro de la Iglesia. Para que la comunión y la corresponsabilidad sean realidades vivas, es preciso un camino de verdadera conversión. El resultado será una imagen más articulada y completa de la Iglesia y la oferta de respuestas a los grandes retos de nuestro tiempo con la aportación coral de los diferentes dones (Cf. La vida consagrada, 54).

Con ocasión de la Fiesta de Pentecostés del Año Jubilar 2000, el Prior General de la Orden, P. Miguel Ángel Orcasitas, publicó una carta titulada “Somos comunidad de hermanos que vive con el Pueblo de Dios” (Roma, 11 de Junio del 2000, Prot. N.211/2000). Escribe: “Todos, religiosos y laicos, tenemos que abrirnos al proceso de cambio que se viene produciendo en la Iglesia. La espiritualidad agustiniana es creadora de una atmósfera de comunión, de participación, de libertad. Por miedo a perder estos talentos en operaciones de riesgo, podemos convertirnos en coleccionistas de prejuicios y caer en la infidelidad a nuestro espíritu”.

En la misma carta advierte que “Para ninguna comunidad, la integración del laicado en sus obras puede obedecer a razones de necesidad. Mucho menos para una comunidad agustiniana, aunque es verdad que la sociología acelera los procesos reflexivos y las decisiones operativas. La imagen de la Iglesia que nos legó el Vaticano II como ‘Pueblo de Dios’ resitúa el ministerio de la jerarquía como servicio e invita a los laicos a asumir su participación de la triple función de Cristo: profética, sacerdotal y real”.


VII. LOS LAICOS EN LA FAMILIA AGUSTINIANA

87. La pertenencia a una Fraternidad Agustiniana Secular supone conocer dónde se sitúan los laicos en la Familia Agustiniana. Es conveniente, entonces, tener delante un esquema fiel a criterios históricos. El lugar de cada miembro no significa jerarquía, sino clarificación de vocaciones y ministerios. “Toda la Familia Agustiniana se compone, según la Sede Apostólica, de cuatro ramas o partes: Hermanos bajo la jurisdicción del Prior General; Hermanas de vida contemplativa: Congregaciones religiosas de vida apostólica y Fraternidades seculares; y sociedades erigidas bajo el título y magisterio de san Agustín” (Constituciones O. S.A., n.44).

RELIGIOSOS


AGUSTINOS. (Aparecen con las siglas O.S.A., Orden de San Agustín).

Consideran a san Agustín como el Padre, Maestro y Guía espiritual. De él reciben no sólo la Regla y el nombre, sino también la doctrina y espiritualidad (Cf. ORCASITAS, M.A., 750 Años al servicio de la Iglesia, Roma 16 Diciembre, 1993).

La Orden de san Agustín se presenta en la Iglesia como fraternidad apostólica ( Constituciones O.S.A., n.7). Recibe de san Agustín el modelo de fraternidad que vivieron los Apóstoles y de la Iglesia la misión del apostolado. Estos dos aspectos complementarios, uno interno y otro externo, definen a los Agustinos.

Su presencia apostólica es diversa, con particular acento en el mundo de la cultura, la acción parroquial y las misiones.


AGUSTINAS. (Rama contemplativa femenina o monjas).

Ocupan un puesto sobresaliente en la Orden Agustiniana. La dimensión que caracteriza y da nombre a su vida es la contemplación. Expresan esta dimensión contemplativa a través de la liturgia, la comunión en el amor fraterno, la oración, la lectura de la Escritura, el estudio de la espiritualidad agustiniana y de la vida religiosa, el trabajo, tanto manual como intelectual. Con su vida y su misión, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del pueblo de Dios (Cf. La vida consagrada, 8).



CONGREGACIONES AGREGADAS

Son muchas las Congregaciones, fundamentalmente de Religiosas, agregadas a la Orden. Cada una de ellas tiene su fundador o fundadora y su peculiar carisma. Se rigen por sus propias Constituciones. Siguen la Regla de San Agustín y también lo consideran Padre espiritual. Suponen una riqueza para toda la Familia Agustiniana y se benefician de los bienes espirituales de la Orden.



LAICOS


FRATERNIDAD DE VIDA CONSAGRADA “COMMUNIO”

Son laicos, pero consagrados por medio de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.


FRATERNIDADES AGUSTINIANAS SECULARES

Integradas por los Agustinos/as Seculares. Como indica el término secular, formadas por laicos. Es el apartado más numeroso y flexible.


El aspecto organizativo ocupa, deliberadamente, un espacio más breve en este texto. Preferentemente, se quiere subrayar como denominador común de las Fraternidades Agustinianas Laicales una espiritualidad y no un armazón jurídico perfectamente articulado.
7.1. COMMUNIO, UNA FRATERNIDAD LAICAL AGUSTINIANA DE VIDA CONSAGRADA
88. Forma parte de la Orden Agustiniana, según la norma de las Constituciones de la misma Orden (art. 48), con Estatutos y estructura propios (Cf. Decreto del Prior General O.S.A., 31, Julio 1991, Prot. 261/91). El nombre de “COMMUNIO” (comunión) expresa la finalidad fundamental de ser instrumento de comunión, de fraternidad y de solidaridad dentro de la Iglesia y de la sociedad, según el ideal agustiniano de “un solo corazón y una sola alma hacia Dios” (Cf. Regla de San Agustín, 3).

Se enmarca en la línea de las nuevas formas de vida consagrada, sugeridas por la Exhortación Apostólica de S.S.Juan Pablo II, Vita consecrata (n.62), con características en cierto modo originales respecto a las tradicionales (Cf. La vida consagrada, n. 62)

Los miembros de COMMUNIO son laicos consagrados que siguen a Jesucristo y tienen como guía a san Agustín. Como laicos, viven su condición secular en su propio ambiente social y eclesial. Se consagran a Dios y a la causa del Reino mediante los consejos evangélicos para seguir más de cerca a Jesucristo y servir de levadura que contribuye a la santificación de las realidades terrenas.

89. La Fraternidad COMMUNIO se articula en tres sectores:


  1. Consagrados Agustinos y Consagradas Agustinas

Hombres y mujeres que se consagran por medio de la castidad perfecta.

Pueden vivir solos, en familia o en pequeñas comunidades. Establecer estas comunidades y aprobar las normas oportunas son competencias del Prior General O.S. A.



  1. Familias Agustinas

Esposos que quieren vivir la condición familiar según los consejos evangélicos. Deben ser miembros ambos esposos simultáneamente.

  1. Jóvenes por Cristo

Viven temporalmente una vida evangélica consagrada, como preparación para sus futuros compromisos en la vida. Deben haber cumplido los dieciocho años y no haber superado los veinticinco.

90. COMMUNIO se estructura en Fraternidades locales, formadas, siempre que sea posible, al lado de una comunidad religiosa agustiniana (de Religiosos, de Monjas o de Religiosas de vida activa). Cada una de las fraternidades tiene un responsable con un consejo y un Asistente Religioso, nombrado por el Prior General.

El camino hacia la consagración prevé diversas fases de formación y de prueba hasta llegar a los votos perpetuos, así como las modalidades canónicas para el eventual abandono de la Fraternidad.

Del mismo modo, está fijado el rito y la fórmula de consagración, la forma de gobierno de la Fraternidad, la periodicidad de las reuniones, los momentos de oración comunitaria, Ejercicios Espirituales… (Cf. Estatutos de la Fraternidad Laical Agustiniana de Vida Consagrada COMMUNIO).

COMMUNIO puede tener, también, miembros “asociados”. Hombres y mujeres que, no pudiendo emitir votos por cualquier razón, quieren, sin embargo, vivir en el espíritu de la fraternidad y participar, en cuanto sea posible, en su vida y actividades.


7.2. FRATERNIDADES AGUSTINIANAS SECULARES: AGUSTINOS SECULARES

91. Integradas por laicos – hombres o mujeres – que, llamados a vivir la dimensión comunitaria de la fe cristiana, desean hacer carne propia el evangelio, bajo la inspiración de la espiritualidad agustiniana.

Como cristianos, comprometidos en el proyecto de Dios sobre la historia y sobre el ser humano. Como vinculados a la herencia de san Agustín, unidos a la Familia Agustiniana, extendida por todo el mundo, y testigos de los valores que configuran la visión agustiniana del hombre y de la vida cristiana.

Su lugar de vida y de evangelización, no es otro que el mundo, la familia, el trabajo, la cultura… Un mundo en el que se plasma la historia de la salvación y, por tanto, cita de la libertad humana y de Dios.

Se rigen por Estatutos propios, de acuerdo con las circunstancias culturales, geográficas o sociales del proprio grupo, aprobados por el Prior General O.S.A.




VIII. ELEMENTOS COMUNES DE UNA FRATERNIDAD AGUSTINIANA SECULAR Y SUGERENCIAS PRÁCTICAS
8.1. CONVOCATORIA Y PRIMEROS PASOS

92. La iniciativa puede partir de una Comunidad Religiosa Agustiniana o de un grupo de laicos. Allí donde hay una Comunidad Religiosa Agustiniana, existe una célula de espiritualidad agustiniana que se manifiesta a través de la liturgia, el trabajo, la convivencia... Esta tarjeta de identificación hay que convertirla en tarjeta de presentación y sugerir, en el entorno humano donde se inscribe la comunidad, la posibilidad de compartir esa espiritualidad más allá de la modalidad de la vida consagrada.

También pueden ser unos laicos quienes sugieran la posibilidad del asociacionismo. En uno y otro caso, hay algunas premisas importantes: Definir con claridad, desde el principio, el carácter del grupo, vincularlo a una Comunidad Religiosa Agustiniana, responsabilizar a un Agustino del acompañamiento, contar con un número de personas maduras y responsables para iniciar la formación de la comunidad, y una estructura funcional.



93. ¿Por qué fracasan algunos proyectos comunitarios? Las múltiples respuestas pueden resumirse a tres: La falta de definición del proprio grupo, la heterogeneidad de sus miembros (en cuanto a edad, modo de pensar, expectativas ante el grupo...) y la falta de compromiso en la construcción de la comunidad.

Toda la paciencia con las personas, pero sin olvidar que hay que estimular los procesos de crecimiento y participación. La comunidad no es un grupo de terapia personal ni una isla de refugio, y tampoco se puede transigir con una actitud permanente de pasividad.

Es importante evitar el gran grupo, porque no vamos a organizar conferencias sobre la Biblia o san Agustín, y tampoco diálogos acerca de la verdad y su posibilidad de conocimiento. El tema eje del grupo es conocer y vivir la consagración bautismal desde la espiritualidad agustiniana. Nos reunimos para compartir lo mejor de la vida: la fe y la amistad. La fe es el gran regalo que Dios nos ha dado, la amistad es lo más valioso que nosotros podemos dar.

94. La fe y su expresión comunitaria exigen un ámbito de confidencialidad, de amistad y de libertad que puede verse bloqueado si la medida del grupo sobrepasa ciertos límites.

Hay grupos que, después de un arranque entusiasta, entran pronto en la desorientación y la fatiga que supone caminar sin un rumbo definido. Del mismo modo que es temerario construir sin planos, también iniciar el proyecto de una fraternidad sin un temario, unos objetivos, unas actividades. Las dificultades son mayores cuando falta un itinerario y unas etapas. Cada uno se pregunta: ¿Cuál va ser el paso siguiente? ¿Estamos llevando un proceso verdadero de vida cristiana?



8.2. CONTENIDOS DE UN ESTATUTO TIPO

I. NATURALEZA O IDENTIDAD



95. La Fraternidad Agustiniana está formada por fieles cristianos, hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia y hombres y mujeres de la Iglesia en el corazón del mundo, empeñados en “tener una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios”, para vivir juntos la vocación bautismal. Comprometidos a compartir su ser cristiano desde la espiritualidad de san Agustín y unidos por un particular vínculo a la Orden de san Agustín.

Cada Fraternidad debe estar unida a una Comunidad Religiosa de la Orden de san Agustín. Será el signo visible de relación con la Orden y comunión con la Familia Agustiniana. Aún en el caso de que en el lugar donde exista una Fraternidad no haya una Comunidad Religiosa Agustiniana, se adscribirá a la más próxima.

II. CONSTITUCIÓN DE UNA FRATERNIDAD AGUSTINIANA SECULAR
96. La constitución de una Fraternidad corresponde al Prior General O.S.A., mediante el correspondiente Decreto.

Para erigir canónicamente una Fraternidad agustiniana se requiere:



  1. Petición escrita de un Superior Mayor de la Orden.

  2. Consentimiento del Ordinario del lugar, si no existe en la Diócesis una Comunidad Religiosa Agustiniana canónicamente erigida (CIC 312,2)

  3. Aprobación por parte del P. General que también aprueba, directa o a través de delegación, los Estatutos particulares de cada Fraternidad.

  4. Cada Fraternidad, a su vez, podrá tener carácter jurídico civil, de acuerdo a la legislación del proprio país.

Compartir un mismo espíritu y una misma misión, aunque desde vocaciones específicas, exige el conocimiento mutuo, unas relaciones de confianza y la persuasión fundamental de que la unidad y la comunión son elementos básicos de la espiritualidad agustiniana.


III. FINALIDAD U OBJETIVOS
97.

- La respuesta personal a la vocación de la fe cristiana.

- La misión evangelizadora.

- La búsqueda en común de Dios.

- La relación de fraternidad con todos.

- La vinculación con la Orden de san Agustín.

-La sencillez de vida de acuerdo con el espíritu de las bienaventuranzas.

- La actitud profética que se traduce en la defensa de los derechos humanos y un compromiso militante por la paz, la justicia y la solidaridad.

- La formación permanente, con especial incidencia en el estudio de la Palabra de Dios, el magisterio de la Iglesia – particularmente la doctrina social – y el pensamiento de san Agustín.
IV. MEDIOS
98.

- Reunión periódica (quincenal, mensual, según Estatuto propio…).

- Programa de formación.

- Celebraciones litúrgicas y de oración.

- Acción misionera y social conjuntas.

- Celebraciones con Comunidades Religiosas Agustinianas.

- Participación en la vida de la Iglesia local.

- Información y colaboración con la Orden de san Agustín.


V. ESTRUCTURA DE GOBIERNO
99.

- Coordinador de la Fraternidad (convoca, representa a la Fraternidad…).

- Secretario (hace el Acta de cada reunión, atiende correspondencia…).

- Administrador (encargado de los asuntos económicos y materiales).

- Asistente Religioso (Siempre que sea posible, un Agustino).

- Otras funciones, según Estatuto proprio.

En los Estatutos propios, debe indicarse el modo de elegir las personas para estos servicios y el intervalo de tiempo entre una elección y otra. No se trata de una lista cerrada; las actividades de las distintas Fraternidades pueden aconsejar otros cargos o la existencia de Comisiones.
VI. ADMISIÓN

100. La pertenencia es a título personal y cada grupo, por su parte, tiene que mostrarse abierto para la incorporación de otras personas. Conviene que los candidatos sean presentados por miembros del mismo grupo o de otra Fraternidad. Además de ser una garantía para un primer conocimiento de las personas, se puede así garantizar el necesario acompañamiento inicial. Previa petición de la persona interesada y presentación, según la forma indicada, es la Fraternidad junto al Asistente Religioso, quien admite.

Los Estatutos indicarán la edad de admisión, transcurrido un tiempo prudente de formación y mutuo conocimiento, y los motivos por los que puede una persona cesar como miembro de la Fraternidad.


VII. FORMACIÓN
101. Requisitos previos a la entrada en un grupo son la información y la formación. El período inicial de pertenencia a una Fraternidad Agustiniana se caracterizará por el estudio de los contenidos fundamentales de la fe cristiana y la aproximación al pensamiento de san Agustín. Además, la educación permanente de la fe (Cf. Directorio General para la Catequesis, 51) es una exigencia de fidelidad y búsqueda de la verdad que debe acompañar siempre al creyente.

Se puede hablar de catequesis de adultos como medio para dar respuesta a los interrogantes religiosos y morales contemporáneos y para promover la madurez de la vida cristiana. Esta catequesis tendrá siempre presente “la atención a la condición laical de los adultos, que por el Bautismo tienen la misión de ‘buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios’, y asimismo que están llamados a la santidad” (DGC, 174).

VIII. PROMESA

102. El rito de admisión en cualquier institución siempre es significativo. Por eso se debe cuidar la ceremonia religiosa de ingreso en la Fraternidad y, pasado un tiempo de prueba, la renovación de las promesas del bautismo y la manifestación pública de empeñarse en conseguir la plenitud de la vida cristiana, siguiendo el espíritu de la Regla de san Agustín. El Celebrante, en nombre del Prior General, incorpora a la Familia Agustiniana y hace partícipe de sus bienes espirituales al nuevo miembro.

El Ritual de la Orden de san Agustín prevé un Rito de Admisión y un Rito de la Promesa para los miembros de las Fraternidades Agustinianas. Además, el Estatuto propio podrá determinar otros compromisos concretos que deben ser respetados por todos. Por ejemplo, la asistencia a las reuniones, el pago de la cuota económica (si es que se ha establecido), la participación en las actividades asumidas por el grupo…

Además de la promesa personal, es importante que las Fraternidades asuman, de un modo estable o temporal, según las circunstancias, un compromiso concreto con un proyecto apostólico eclesial, a ser posible dentro del ámbito de los servicios que la Orden presta a la Iglesia.

IX. FUNCIONAMIENTO Y ACTIVIDADES


103. La espiritualidad anima la vida y el clima interno da tono al grupo. Uno de los puntos esenciales es el estudio de la espiritualidad agustiniana. Profundizar en ella constituye un elemento de nutrición y crecimiento de las personas que se reúnen.

El diálogo y la comunicación, además de ser dimensiones fundamentales para el mantenimiento de un grupo, son uno de los caminos agustinianos para descubrir la verdad. La verdad está dentro de nosotros (La verdadera religión 39,72) y entre nosotros (Confesiones 12,25,34).

Estas premisas, configuran un modo de funcionamiento y de relación circulares que garantiza la libertad y la participación. El dinamismo de necesidades reclama la posibilidad de reciprocidad, de dar y recibir, en un ejercicio horizontal de discipulado compartido.

El calendario de reuniones y otros detalles de organización debe fijarlos el propio grupo. Que exista un estatuto marco, no dispensa de que cada grupo tenga el proprio, adaptado a sus circunstancias particulares.

Es interesante que la Fraternidad vaya unida a un nombre de resonancia agustiniana (Un santo o un beato de la Familia Agustiniana, un lugar…). La periodicidad de las reuniones puede ser, inicialmente, quincenal.

También es conveniente un mínimo organigrama en el que se señalen las funciones y los responsables de las mismas (Coordinador/a de la Fraternidad, Tesorero/a, Encargado/a de la relación con otras Fraternidades Agustinianas, con los proyectos laicales de la Iglesia diocesana, con instituciones sociales, ONGs…). Las necesidades del grupo serán determinantes para su organización interna.

X. ASISTENTE RELIGIOSO

104. Nombrado directamente por el Superior Mayor, presentado por el Prior de la Comunidad Religiosa a la que está vinculada la Fraternidad, previa propuesta de los miembros que la forman. Tiene la misión de presidir, cuando sea posible y necesario, las celebraciones litúrgicas, promover el espíritu agustiniano en todas las actividades de la Fraternidad y acompañar a las personas y al grupo en su crecimiento espiritual.

XI. RELACIÓN CON OTRAS FRATERNIDADES AGUSTINIANAS



105. En un mismo lugar pueden existir distintas Fraternidades, mucho más en un mismo país. El primer testimonio de las Fraternidades Agustinianas ha de ser la unidad y comunión entre sí. Al mismo tiempo, es necesario instrumentar algún organismo coordinador que impulse las relaciones mutuas. Se sugiere una Coordinadora Local, allí donde hay diversas Fraternidades, y una Coordinadora o Federación Provincial y Nacional, con Estatuto y organigrama propios.

La celebración anual de un Encuentro y la participación conjunta en otras actividades, pueden fortalecer las señas de identidad, el sentido de pertenencia y los lazos de unión de los grupos.

Los miembros de la Coordinadora o Federación Nacional pueden ser elegidos en los Encuentros nacionales y, a su vez, integrarse en una Coordinadora de alcance internacional que represente a todas las Fraternidades Agustinianas.


IX. UN MODELO CONCRETO DE FRATERNIDAD AGUSTINIANA SECULAR
106. La Fraternidad Agustiniana se asienta sobre tres pilares: estudio, interioridad, misión que dan origen a una:

I. COMUNIDAD DE FE

Búsqueda de la verdad por el estudio.

( Dimensión formativo-cultural para asimilar el mensaje cristiano)

- análisis de la realidad con ojos creyentes (ver, juzgar, actuar)

- conocimiento de los contenidos de la propia fe

- estudio bíblico y moral

- conocimiento de san Agustín y su mensaje

- conocimiento del mundo agustiniano

II. COMUNIDAD DE ORACIÓN

Orar y celebrar desde la interioridad.

(Dimensión litúrgico-celebrativa para el diálogo personal y comunitario con Dios)

- expresión de la fe

- conocimiento y celebración de la liturgia

- tiempos de oración y celebración comunitarias

- celebrar la fe con la propia familia y con la Comunidad Religiosa (fiestas agustinianas…)

- calendario mensual y anual de Retiros, Convivencias…
III. COMUNIDAD DE VIDA Y MISIÓN

Ser para los demás a través de la misión evangelizadora.

(Dimensión misionero-social para construir el Reino de Dios)

- clima interno de amistad, acogida y comprensión

- testimonio personal en el proprio ambiente de vida y de trabajo

- comunión y compromiso con la Iglesia local

- tiempo de voluntariado dedicado a los demás

- conocimiento de la doctrina social de la Iglesia y ejercicio práctico de la solidaridad

- colaboración con instituciones (eclesiásticas, civiles, ONGs…)





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