Fortalecimiento de las competencias comunicativas en estudiantes de la carrera de psicología



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Enfoque comunicacional



Los avances en los estudios de la lengua han arrojado un cambio en la concepción que se tenía sobre ella. Se ha pasado de considerarla como un mero sistema de signos, y de relaciones entre ellos, a concebirla como el producto de una actividad. Este nuevo enfoque nos propone mirar a la lengua "en uso" que se da entre hablantes concretos en situaciones diversas y tiene, de hecho, repercusiones en el campo didáctico.
El enfoque al que se alude es el llamado comunicacional y de éste surge el concepto de competencias comunicativas que incluye varias habilidades. Esto significa que “todo hablante realiza emisiones o enunciados en contextos comunicativos diferentes y en cada situación o acto comunicativo selecciona, del repertorio que el sistema de la lengua le ofrece, aquellas posibilidades que más se acercan a sus intenciones. Por ejemplo, ordenar, convencer, solicitar, preguntar, etcétera” (6).
El enfoque comunicativo aborda la competencia comunicativa como el conjunto de habilidades o capacidades que posibilita una participación apropiada en situaciones comunicativas específicas. Es decir, consiste en cumplir con los propósitos de la comunicación personal; esto es, lograr lo que se quiere o necesita y hacerlo dentro de lo socialmente aceptable (sentido y coherencia). El desarrollo de estos conocimientos se inicia desde el nacimiento y continúa durante toda la vida. También la definen como capacidades que regulan la comunicación interpersonal entre los sujetos, entre ellas: la autenticidad, la expresividad afectiva, la comprensión empática y la tolerancia.

Habermas conceptúa la competencia comunicativa como “la capacidad de actuar comunicativamente, ajustando recíprocamente sus acciones en la búsqueda de un entendimiento mutuo intersubjetivo como principio generador de conocimiento y de su socialización” (10).


Nuris Batista hace referencia a lo que Habermas define como racionalidad y elabora su teoría sobre la racionalidad instrumental y la racionalidad comunicativa. Señala que la racionalidad instrumental concebía la tecnología como ciencia aplicada, es decir, conocimientos prácticos que se derivan de los conocimientos teóricos para el logro de un fin o propósito deseado. Este paradigma le dio un carácter intelectualista a la educación, los educandos recibían sólo aquellos contenidos indispensables para la realización de sus actividades profesionales, carecían de todo tipo de información acerca de cómo enfrentar las situaciones de la vida cotidiana y no se reconocía la dimensión social en la formación profesional del sujeto. Al mismo tiempo señala que “debe considerarse el potencial científico con el saber social y la práctica, sólo así se formarán hombres racionales, donde el conocimiento no sea utilizado solamente para proponer metas, sino también como formas de entendimiento mutuo, dejando atrás la racionalidad instrumental y dando paso a la racionalidad comunicativa” (10).
Por último, son notables los trabajos de Angelina Roméu acerca de las dimensiones socioculturales de la competencia comunicativa, en los que la define como: “Una configuración psicológica que integra las capacidades cognitivas y metacognitivas para comprender y producir significados, los conocimientos acerca de las estructuras lingüísticas y discursivas y las capacidades para interactuar en diversos contextos socioculturales, con diferentes fines y propósitos” (11).

Se articulan así los procesos cognitivos y metacognitivos, el dominio de las estructuras discursivas y la actuación sociocultural del individuo, lo que implica su desarrollo personológico (cognitivo, afectivo-emocional, motivacional, axiológico y creativo). La competencia cognitiva, comunicativa y sociocultural de Roméu constituye un todo, divisible solo desde el punto de vista metodológico. La unidad y cohesión de sus dimensiones están dadas porque quien aprende y se comunica es una personalidad formada de acuerdo con la herencia histórico-cultural adquirida socialmente, lo que implica no solo su cultura sino la de las personas con las que interactúa, sus conocimientos, necesidades, intereses, motivos, sentimientos, emociones y valores.


Abordar la competencia comunicativa desde las 3 dimensiones citadas: la cognitiva, la comunicativa y la sociocultural, concibe al hombre como sujeto del conocimiento y el lenguaje como medio de cognición y comunicación; analiza al sujeto en su contexto, en las relaciones con los otros, sus valores, costumbres, sentimientos, posición y rol social; por ello, se considera este enfoque como el más integrador.
Diferentes autores argumentan la necesidad de considerar en el análisis de las competencias comunicativas factores sociales, psicológicos y culturales, así como el contexto en que tendrá lugar la situación comunicativa, sin negar su estrecha relación con la necesidad del dominio adecuado de la lengua. Se trata de formar personas competentes para el desempeño de su vida profesional y social.
La vigencia de los criterios manejados por los diferentes autores llama a la reflexión sobre la necesidad de desarrollar la competencia comunicativa en los recursos humanos que se forman en la actualidad, y en particular, en aquellas profesiones en cuyo ejercicio debe interactuarse con el otro, especialmente en la psicología.
Aunque sobre el tema no se ha hallado una unidad conceptual, en la generalidad de los casos se ha destacado la importancia de la adquisición y desarrollo de la competencia comunicativa para el éxito en el proceso de interacción profesional en los diferentes contextos.

Formación por competencias

Hay muchas acepciones de competencia. Las nociones del pensamiento popular nos hacen pensar en competencia como una pugna, una competición. Sin embargo, muchos autores proponen dejar de lado esta acepción, porque cuando en la educación se habla de competencia, no se lo hace en este sentido.


Las competencias se refieren a un conjunto de conocimientos (saber), habilidades (saber hacer), y actitudes (Ser), relacionados con la forma como el profesional está preparado para resolver problemas de su entorno. Estos componentes tienen que ver con las facetas del ser humano: hacer, sentir y pensar.
Figura 2 Componentes de la competencia

El saber, “tiene que ver con los conceptos, definiciones, datos, procesos, y otros elementos intangibles referidos al conocimiento”. (12)


Las áreas del conocimiento poseen fundamentos, teorías, escuelas, paradigmas, principios, leyes, conceptos, y otra gran cantidad de componentes que deben ser dominados por cada profesional. Un abogado, por ejemplo, debe conocer el principio de la justicia, debatido desde la antigüedad, así como la historia de las leyes y los sistemas de gobierno. Por su parte, los ingenieros deben acceder a una base de conocimientos relacionados con el lenguaje matemático, compuesto de fórmulas, teoremas, planteamientos y reflexiones teóricas indispensables para su desempeño. Todas las carreras necesitan este elemento. Sin embargo, se ha abusado de él, y durante años han preparado profesionales con muy buenos conocimientos teóricos, pero con deficiencias para aplicarlos en contextos reales.
La habilidad “se refiere al saber hacer, tiene relación con el dominio de herramientas, instrumentos, dispositivos y equipos necesarios para la actividad del profesional. Hablamos de herramientas tanto externas como internas en la persona”. (12) En el caso, por ejemplo de un ingeniero de sistemas, se necesitan habilidades para buscar información, para diagnosticar equipos, para crear programas, etcétera.
Por su parte, un Odontólogo deberá demostrar habilidad en el manejo de instrumentos para el tratamiento oral, en la aplicación de diferentes aditamentos en la boca de sus pacientes, así como tacto en el trato con ellos. Visto desde la habilidad, el profesional se asemeja al artesano. Sus manos son el contacto con el mundo exterior. Mediante ellas, transforma el barro, lo moldea, y hace utensilios en porcelana.
Igualmente importante resulta el componente volitivo o actitudinal del profesional. Se necesita querer hacer las cosas. Un profesional con actitud es alguien que demuestra la actitud adecuada ante cada situación. Actitud al aprendizaje constante, al reaprender de los errores, a escuchar a los otros, actitud de dar siempre el mejor esfuerzo.

“El proyecto de vida, la ética, la estética, el conocimiento y reconocimiento de su entorno, la capacidad para interactuar con otros, de trabajar en equipo, de aprender constantemente, son, entre otras, situaciones y actitudes fundamentales a desarrollar en todo profesional”. (12)


Sólo cuando el saber, el saber hacer y el querer hacer se encuentran equilibrados, se puede esperar un profesional con un desarrollo satisfactorio en su pensar, hacer y sentir. Sólo cuando esto se dé se puede hablar de un profesional competente. De tal manera que no es competente quien domina a la perfección aparatos. O quien conoce todas teorías relacionadas con su área de formación. O quien tiene muchas ganas de aprender. Se necesitan los tres componentes.
Ninguno de los tres elementos se basta a sí solo para conformar un profesional competente. No basta con simplemente saber si no se pueden resolver problemas reales con eso que se sabe. No basta con el saber hacer porque si no se tienen conocimientos se queda relegado a las posibilidades que da la mera herramienta. Así mismo, no basta con simplemente querer, si no se cuentan con las posibilidades de pensar lo que se quiere hacer y hacerlo.
Resulta relevante indicar, finalmente, que el criterio último para definir el verdadero grado de competencia de un profesional es su capacidad real para transformar el entorno, es decir desempañarse en diferentes contextos.


Competencia comunicativa

Reseña histórica

Resumir la evolución intelectual de la teoría de la competencia comunicativa, es una pretensión difícil y riesgosa, en tanto esta teoría ha sido merecedora de una seria investigación por su relevancia y complejidad. Sin embargo, a fin de reseñar su génesis y ulterior, algunos elementos esenciales deben ser destacados.


Noam Chomsky introduce en las primeras páginas de su “Aspects of the Theory of Syntax” (1965), una distinción entre la dicotomía competencia/actuación. Sin embargo, Hymes, según Hornberger (1989), consideró problemático el uso que Chomsky da a estos términos debido a lo limitado de su alcance, opinión compartida por muchos otros lingüistas: Revell (1979) cita a Gumperz, Halliday y Campbell y Wales (1970); Widdowson (1989), por su parte y en igual sentido se gana el reconocimiento del propio Hymes (1989), quien califica de sagazmente correcta su apreciación en cuanto a que la competencia pragmática de Chomsky era habilidad y no conocimiento, algo que el propio Hymes admite no haber advertido.
El argumento para una concepción de competencia comunicativa era que hay mucho más en la competencia misma y básicamente sobre el conocimiento y la habilidad que lo que Chomsky ofrecía en su concepción sobre el término competencia.
Hasta finales de la década del 80 del siglo pasado, las reacciones, interpretaciones y usos que se le han dado al concepto competencia comunicativa han sido muy diversos.

En reacción a tan variadas consideraciones, Canale y Swain (1980), proponen una estructura teórica, primero de tres y después de cuatro componentes que describen la competencia comunicativa: (13)



  • La competencia gramatical (lingüística).

  • La competencia socio-lingüística.

  • La competencia discursiva.

  • La competencia estratégica.

Parece ser que Canale y Swain reconocen la importancia del contexto al incluir reglas de uso sociocultural en el componente socio-lingüístico.
Otro lingüista, Gumperz (1981), citado por Stalker (1989) redefine el término competencia comunicativa reconociendo y enfatizando, en nuestra opinión, el carácter interaccional y cooperativo de la comunicación y su contextualización.
Siguiendo la transición acaecida en la teoría general de la competencia comunicativa, llama la atención los cambios relacionados con la nomenclatura de la estructura interna del concepto, Hymes (1972) utiliza el término sectores para describir las áreas de la competencia comunicativa, por su parte Canale y Swain (1980) les llaman componentes, van Ek (1976) los denomina direcciones y, finalmente, Finocchiaro (1977) se refiere a las dimensiones del concepto competencia comunicativa, término utilizado después por otros lingüistas e investigadores como Richards y Skelton (1989).

Definición de competencias comunicativas

La competencia comunicativa ha sido tratada por algunos psicólogos, pedagogos y lingüistas. Por ello se ha conceptuado como competencia sociolingüística, competencia discursiva y competencia estratégica, entre otras acepciones.


La palabra competencia proviene del griego agón, que da origen a agonistes, persona que competía en los juegos olímpicos con el fin de ganar. Antes de la década de los 60, la palabra se asociaba a la concepción conductista desarrollada por la Psicología behaviorista, pero a partir de la crítica que Noam Chomsky hace a Skinner evoluciona el concepto.
Skinner explicaba el aprendizaje de la lengua basado en la relación emisor-receptor (estímulo-respuesta) sin considerar la naturaleza creativa del hombre:


Estímulo


Respuesta

Chomsky se propuso entonces construir una nueva teoría sobre la adquisición de la lengua. En 1957 acuñó el término competencia que definió como "capacidades y disposiciones para la interpretación y la actuación". (14) Pero la teoría propuesta por este destacado lingüista, no ha logrado resolver el problema de la relación entre la lengua y la actuación. Su concepto de competencia comprende solo la competencia lingüística, con la cual, por sí sola, no se garantiza una comunicación eficiente. Por otra parte, el paradigma chomskyano ha sido refutado por considerar la lengua como un sistema axiomático, que niega su carácter de producto de la actividad práctica y cognoscitiva y contradice su carácter social, lo que lo lleva a admitir que la influencia de los factores externos sólo afecta la actuación, pero no la competencia.


En los últimos años, la competencia comunicativa ha sido estudiada por profesionales de diversas áreas de la ciencia como la Psicología, la Pedagogía, la Lingüística y la Sociología. Ellos han destacado la necesidad del uso adecuado de la lengua y además, otros elementos que intervienen en la comunicación eficiente y en el entendimiento mutuo. En este sentido la discusión sobre el concepto de competencias es amplia.
Sin embargo, como un acercamiento a la definición de la competencia comunicativa podemos entender a la misma como: “… esas formas mediante las cuales las personas pueden establecer interacciones con otras personas y con su entorno, partiendo de un previo reconocimiento de su ser. Estas competencias se adquieren mediante la incursión de las personas en los ámbitos familiares, escolares, sociales e institucionales, y pueden ser mejoradas si, en primera instancia se reconoce su importancia, y, luego, si se entra en un proceso autocrítico de mejoramiento, basado en los tres componentes de la competencia: conocimientos, habilidades y actitudes”. (15)

Por otra parte Suárez, y Pérez respectivamente señalan:


“Se entiende por competencia los conocimientos y aptitudes que necesita una persona para comunicarse en contextos de comunicación diversos. Por ejemplo: una entrevista laboral, una reunión entre amigos, un pedido formal por escrito, etc., requerirán de diferentes usos de la lengua escrita u oral”. (15)
“La competencia comunicativa se define como el conocimiento que nos permite utilizar el lenguaje como instrumento de comunicación en un contexto social determinado”. (15)

Competencia comunicativa, según Pulido es:


“La habilidad del que aprende la lengua para expresar, interpretar y negociar significados socioculturales en la interacción entre dos o más personas, o entre una persona y un texto oral o escrito, de forma tal que el proceso de comunicación sea eficiente y esté matizado por modos de actuación apropiados”. (16)
Figura 3 La competencia comunicativa

Por otra parte, este autor señala la importancia de la Educación Superior para favorecer el desarrollo de competencias lingüísticas y comunicativas de los estudiantes de manera que se constituyan en hablantes competentes, entendiéndose por hablante competente: “…a aquel que logra tanto producir como interpretar enunciados adecuados a la situación en la que participa, que puede valerse de la lengua como herramienta para lograr diferentes propósitos y sabe adaptar su lenguaje a la situación”.(17)

La competencia comunicativa integral y sus dimensiones

La competencia comunicativa integral, desde distintas posiciones teóricas, comprende cuatro diferentes dimensiones: La competencia lingüística, la competencia discursiva, la competencia estratégica y la competencia sociolingüística.


A continuación se exponen las cuatro dimensiones del concepto de competencia comunicativa:

Competencia lingüística o gramatical

Según Enríquez y otros, “es la habilidad de usar e interpretar las formas lingüísticas correctamente. Es la capacidad de actualizar las unidades y reglas de funcionamiento del sistema de la lengua.” (18)

En consecuencia, se refiere al conocimiento acerca de la propia lengua y permiten construir o comprender enunciados gramaticalmente aceptables a partir estructuras sintácticas y reglas gramaticales conocidas.

Competencia sociolingüística

Según Enríquez y otros, “es la habilidad de producir enunciados apropiados de acuerdo con las reglas que rigen su uso, la situación comunicativa y los participantes en el acto comunicativo”. (18)


Competencia discursiva

Según Enríquez y otros, “es la habilidad de producir e interpretar diferentes tipos de discursos para producir textos coherentes y fluidos. Es además la capacidad de poder utilizar los diferentes tipos del discurso”. (18)


Competencia estratégica

Según Pulido, “es la habilidad de utilizar estrategias de comunicación verbales y no verbales para mejorar la efectividad de la comunicación o compensar las interrupciones que pueden surgir en la misma, debido a diferentes variables de actuación o a insuficiencias en una o varias competencias. (18)


Por lo tanto se refiere a la capacidad para hacer uso de diferentes estrategias que permitan que no se rompa la comunicación.
Nos comunicamos porque deseamos influir en las decisiones, opiniones, conocimientos, actitudes o preferencias de los otros. Siempre nuestra comunicación busca, como fin último, lograr algo de alguien. El escritor de un libro recurre a varias estrategias para hacernos creer su historia; el director de una película de cine, organiza de tal forma las escenas a fin de mostrarnos que su historia es verosímil; nuestro jefe nos habla de determinada manera para que nosotros obedezcamos sus órdenes; los adolescentes emplean ciertas estrategias para obtener ese permiso del papá o de la mamá sin el cual no podría salir con sus amigos; en la televisión, se nos muestran atractivos productos que los anunciantes esperan compremos; los periodistas nos muestran en periódicos y revistas cifras e imágenes para que creamos la información suministrada; los profesores nos explican paso a paso los pormenores de esa teoría, modelo, ecuación o concepto; en el metro, nos insisten permanentemente en una serie de comportamientos necesarios para un viaje seguro y agradable. Así, infinitamente, podríamos extender la lista. Con estos ejemplos es suficiente para ver cómo detrás de cada proceso de comunicación entre seres humanos, existe el propósito de influir en sus opiniones, conocimientos o actitudes.
La competencia estratégica en este sentido es el conjunto de recursos, estrategias, tácticas, que empleamos para influir en las decisiones y opiniones de otros.

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