Filosofía De la ciencia Javier Echeverría akal capitulo I



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Tractatus Philosophiae


Filosofía

De la ciencia



Javier Echeverría

AKAL

CAPITULO I

La filosofía de la Ciencia se ha trasformado profundamente durante los últimos años. Tras el predominio del empirismo lógico del circulo de Viena, sólo contestado por Popper y sus discípulos, la obra de Kuhn ha supuesto una autentica conmoción en la reflexión de la filosofía de la Ciencia. A ello han contribuido la transformación de la historiografía de la Ciencia y la consolidación de otro tipo de estudios sobre la Ciencia (Science Estudies), como la sociología, la psicología y la antropología de la Ciencia. Desde muy distintas perspectivas se ha subrayado la influencia de diversos aspectos sociales y culturales sobre la Ciencia y la Tecnología. Paralelamente, las vinculaciones entre la Ciencia y la Tecnología han ido aumentando, hasta el punto de que actualmente se habla de la tecnociencia.



Hasta los años 70 ha imperado una filosofía del conocimiento científico. En las últimas décadas, en cambio, se ha comenzado a desarrollar una filosofía de la actividad científica que, aun siendo complementaria a la epistemología, comienza a interesarse por la práctica de los científicos, y no solo por las teorías científicas. Aparte de reflexionar sobre los métodos y el lenguaje científico, las teorías y los hechos, los conceptos y las leyes científicas, la predicción y la explicación, la racionalidad y el realismo, la filosofía de la Ciencia ha empezado a ocuparse de otros muchos temas: las relaciones entre la Ciencia, la Tecnología y la sociedad, la contraposición entre paradigmas rivales, el progreso científico y su influencia sobre el entorno, las comunidades y las instituciones científicas, la construcción de los hechos y de las representaciones científicas, etc.

El presente libro se inscribe dentro de esta corriente de renovación de los estudios sobre la Ciencia. Partiendo de un panorama general sobre las nuevas corrientes en filosofía y sociología de la Ciencia, propone analizar las diversas actividades científicas distinguiendo cuatro contextos: el de educación, que retoma conjuntamente los descubrimientos de los científicos y las innovaciones tecnológicas, el de evaluación o de valoración y aplicación. Aunque la investigación la búsqueda de un nuevo conocimiento constituyen compontes básicos de la Ciencia, el saber científico ha de ser transmitido y mejorado, además de aplicado y avaluado. Rechazando la distinción entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación, esta obra amplía los ámbitos para la reflexión filosófica sobre la Ciencia, que ya no deben restringirse a las cuestiones epistémicas o cognitivas.

Así como la concepción heredada en filosofía de la Ciencia (Carnap, Reichenbach, Popper, Nagel, Hempel, etc.) trataba de analizar y reconstruir el conocimiento científico y para ello elaboraba una metodología, una epistemología e incluso una ontología de la Ciencia, las paginas que siguen tiene la practica científica (capítulo IV), y en concreto en la axiología de la Ciencia su tema principal. Las relaciones entre la Ciencia y los valores son estudiadas con cierto detalle en el capítulo III, mientras que en el IV se afirma la pluralidad metodológica y axiológica de la Ciencia.

Frente a los pensadores empiristas que buscaban una fundamentación de la Ciencia en los hEchos y la correspondencia entre el mundo y el conocimiento científico, pero también contra la concepción racionalista teológica de la Ciencia (Popper, Lakatos, Laudan, etc.), en este libro se afirma la profunda influencia que tienen los criterios axiológicos sobre las diversas modalidades de praxis científica.



En lugar de pensar que la Ciencia está regida por unos objetivos o finalidades que hay que tratar de satisfacer, aunque sea paso por paso y sin llegar nunca a la meta, aquí se afirma que los objetivos de la Ciencia surgen a partir de unos valores previos. La axiología de la Ciencia se convierte así en la clave para estudiar filosóficamente los diversas tipos de praxis científica, incluida aquella que busca aumentar el conocimiento o aproximarse a la verdad.

El autor ha enseñado Metodología, Historia y Filosofía de la Ciencia en la facultad de filosofía y ciencias de la educación de la universidad del país vasco (San Sebastián) desde 1979 y en esta abra se sintetiza buena parte de dicha experiencia. Habiendo publicado en 1989 un libro titulado Introducción a la Metodología de la Ciencia: La filosofía de la Ciencia en el siglo XX (Barcelona, Barcanova), que puede ser considerado como una obra de lectura previa a la que ahora se publica, el presente libro supone una opción decidida por considerar a la filosofía de la Ciencia, por decirlo en términos Kantianos, no sólo como una filosofía pura, sino también como una filosofía práctica.



Las propuestas que aquí se hacen a favor del desarrollo del una filosofía axiológica de la Ciencia tratan de abrir un nuevo campo de estudio, poco frecuente en la bibliografía disponible en lengua española. Como podrán comprobar los lectores, la tesis central consiste en afirmar que la filosofía de la Ciencia no puede seguir reduciéndose a una Metodología ni a una Epistemología, si de verdad se quiere reflexionar sobre la Ciencia en toda su complejidad. En las páginas que siguen se trata de sentar unas primeras bases para el establecimiento de una axiología de la Ciencia. No cabe duda de que, al tratarse de una primera propuesta, esta obra podrá ser mejorada por ulteriores autores. Confío en que pueda servirles, tanto a ellos como a los lectores en general, como una fuente de reflexión.

    1. LA CRISIS DE LA FILOSOFÍA DE LA POSITIVISTA DE LA CIENCIA

La filosofía de la ciencia se construyó como tal a partir de la formación del currículo de Viena. Este grupo se organizó en torno a la Cátedra de Filosofía de las Ciencias Inductivas que ganó Moritz Schlick en la Universidad de Viena en 1992, y rápidamente congrego a físicos, matemáticas, economistas, psicólogos, lingüistas y filósofos. Su aparición respondió al proceso de profunda transformación que la ciencia había experimentado a principios del siglo XX con la emergencia de la teoría de la relatividad de Einstein, el desarrollo de la lógica matemática ligada a la teoría de conjuntos y a la mecánica cuántica.

El currículo de Viena proyectó elaborar una filosofía científica que rompiera con la Wissenschaftstheorie y con la metafísica imperante en los países germanos. Considerándose herederos de la revolución lógica de principios de siglo (Ferge, Peanno, Russell, Hilbert) y de la revolución relativista de Einstein, sus miembros trataron de producir una autentica revolución filosófica, apelando para ello al proyecto de Comte. de una ciencia unificada y a las epistemologías empiristas de Mach y del Wittgenstein del Tractatus. De hecho, en su manifiesto fundacional se mencionaba explícitamente los nombres de Einstein, Russell y Wittgenstein. La Teoría de la Ciencia de los empiristas lógicos no solo obedece a un nuevo planteamiento filosófico: fue esta la repuesta de los pensadores a los importantes procesos de cambio científico que se desarrollaron a principios del siglo XX.

El empirismo lógico de currículo del Círculo de Viena en sus continuadores mantuvo una influencia considerable hasta los años 60, a pesar de las críticas que Popper había llevado a cabo en algunos de sus obras (inductivismo, confirmacionismo etc.) ya en 19341. Obras como las de Nagel (1961) y Hempel (1965-1966) construyeron las expresiones más sistemáticas de esta filosofía empirista y justificacionista de la ciencia: no en vano han sido libros de texto en numerosas Universidades, sobre todo en el ámbito de influencia anglosajona. Diversos autores (Toulmin, Polya, Hanson, Quine, Putnam y el propio Wittgenstein) publicaron en los años 50 y 60 agudas críticas a algunas de las tesis principales del estándar view, o concepción heredada2. Sin embargo, la crisis de la filosofía positivista de la ciencia se inicia a partir de la publicación en 1962 de la obra de Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas; a partir de esa fecha surgieron numerosos críticos de la tesis positivista, tanto entre los filósofos e historiadores de la ciencia (Lakatos, Feyerabend, Laudan, etc.) como entre los defensores de la sociología del conocimiento científico (Barnes, Floor y otros muchos)3.

La mayoría de los comentaristas está de acuerdo al señalar que la obra de Kuhn ha supuesto un punto de inflexión en el desarrollo de los estudios sobre la ciencia en el siglo XX4.

Desde 1970 cabe hablar de una proliferación de concepciones sobre la ciencia, sin que haya ninguna central ni determinante. Junto a la filosofía de la ciencia que sigue inscribiendo en la tradición positivista y analitica5, se han consolidado la sociología de la ciencia, la etnociencia y en general los estudios sobre la ciencia (Science Studies).

Así mismo han aparecido nuevas maneras de hacer la historia de la ciencia y de la tecnología.


1 En su logik der Forschung, que comenzó a tener amplia influencia a partir de la traducción inglesa de 1959 (The Logic of Scientific Discovery), Popper afirmó que las teorías científicas son conjeturas que tarde o temprano serán refutadas, y que el método científico fundamental es el hipotético-deductivo, en oposición al inductivismo del circulo de Viena. Popper propuso la denominación de realismo crítico para aludir a sus posturas filosóficas generales, que consideran que la ciencia es una incesante búsqueda de la verdad. Su influencia sobre Lakatos y su polémica con Kuhn han sido momentos relevantes en la filosofía de la ciencia del siglo XX.

2 Esta denominación fue propuesta por Putnam y había sido traducida al castellano como concepción heredada a partir de la edición de Eloy Rada y Pilar Castrillo del libro de Frederick Suppe titulado La estructura de las teorías científicas (Madrid, Editora Nacional, 1979). Véase H. Putnam, “Lo que las teorías no son”, en L. Olive y A.R. Pérez Ransansz 1989, P 312.

3 Para un estudio mas detallado de las criticas a la concepción heredada, así como de las posturas de Kuhn, Lakatos y de la concepción estructural, que ha tratado de conjugar esas criticas con algunos postulados básicos de las filosofía empirista de la ciencia, véase J. Echeverría, Introducción a la metodología de la ciencia; la filosofía de la ciencia en siglo XX, Barcanova, Barcelona, 1989. Para un resume del desarrollo de la filosofía de la ciencia a lo largo del siglo XX, ver J.A. López Cerezo, J. Sanmartín y M. Gonzales, “El estado de la cuestión. Filosofía actual de la ciencia”, Dialogo Filosófico, 29, 1994, pp. 164-208.

4 Carlos Solís ha publicado recientemente un libro Rozones e intereses. La historia de la ciencia después de Kuhn (Barcelona, Paidós, 1994) en el que se contraponen la filosofía racionalista previa a la obra de Kuhn y la filosofía sociologista ulterior (p. 13).

5 Un buen manual en castellano con esa orientación es el libro reciente de Anna Estany Introducción a la filosofía de la ciencia, Barcelona, Critica, 1993.

No hay que olvidar la creciente atención que se presta a la influencia de la política científica (Science Policy) sobre la actividad de los científicos, ni los estudios sobre la ciencia y el poder6, así como la naciente economía de la ciencia. Todo ello muestra que la filosofía positivista, que tuvo una profunda influencia durante varias décadas, está en declive, y que denominaciones como filosofía científica, Lógica de la Ciencia o incluso Teoría de la Ciencia, que pueden ser consideradas como características de la filosofía positivista de la ciencia, ha ido perdiendo vigencia.

Esta transformación se refleja en los libros recientes, en las nuevas revistas, en las series monográficas de las editoriales especializadas, en las líneas de investigación y en los congresos, pero también en otros ámbitos institucionales, como las universidades y las sociedades científicas. La reflexión sobre la ciencia ya no es exclusiva de los lógicos ni los filósofos. Son pocos los que tratan de indagar los fundamentos lógicos o filosóficos de la ciencia7. Por el contrario, se insiste en el carácter cultural y social de la ciencia, y con ello en la complejidad y pluralidad del saber científico. El ideal positivista de la ciencia unificada ha pasado a la historia. La reducción de las teorías científicas a sistemas lógico-formales axiomatizados, al modo del programa matemático Hilbert, ha quedado literalmente abandonada, y el análisis y la reconstrucción de las teorías científicas conforme a las técnicas informal-conjuntistas de la concepción estructural8, aun pudiendo representar una tentativa de salvar los “restos del naufragio”, va experimentando a su vez profundas modificaciones conceptuales, que tienden a hacer converger algunos aspectos de la filosofía clásica de la ciencia(Carnap, Richnbach o Popper, por mencionar tres autores que han tenido amplia influencia durante muchos años) con algunas de las aportaciones de Kuhn o de Lakatos. Algunos filósofos de la ciencia han adoptado
6Entre la literatura reciente en castellano sobre este tema, destaca el volumen colectivo titulado Ciencia y poder (Madrid, Universal Pontificada de Comillas, 1987), así como la monografía de José Manuel Sánchez Ron, El poder de la ciencia (Madrid, Alianza, 1992), de tendencia mas historiográfica.

7 Richard Rorty, en su libro La filosofía y el espejo de la naturaleza, Madrid, Cátedra, 1983, ha dedicado amplios ataques a esta epistemología fundacionista. Sin embargo, en 1994 se ha creado un grupo internacional que edita la revista Foundations of Science y que trata de volver a vincular a los científicos, los filósofos y los historiadores. Su lider5 principal es el polaco R. Wójcicki.

“La obra básica es la de W. Balzer, C.U. Moulines y J. Sneed, An Architectonic for Science, Dordrecht, Reidel, 1987. Véase también C.U. Moulines, Exploraciones metacientíficas, Madrid, Alianza, 1982.

La tesis de Quine, y en particular las de Giere9, defendiendo una epistemología neutralizada, mientras que otros (como van Fraassen y sus seguidores10) están desarrollando una concepción representacional de la teorías científicas. El desarrollo del as ciencias cognitivas ha influido asimismo sobre la filosofía de la ciencia, habiendo surgido en los años80 diversos autores (como Thagard, los Chuchland y el propio Giere) que han indagado la metáfora computacional mente/ordenador para dar cuenta de la actividad investigadora de los científicos.

A lo largo de esta obra volveremos una y otra vez sobre numerosas cuestiones abordadas por los autores y las escuelas recién mencionadas. Sin embargo, en este primer capitulo conviene que consideremos con un cierto detalle el desarrollo de los estudios sociales de la ciencia, tal y como han sido propuestos por diversos sociólogos del conocimiento. Frente al reduccionismo fisicalista que caracterizo al Círculo de Viena, cabe hablar de un reduccionismo sociologista a partir de los años 70. Así como la epistemología del positivismo lógico trato de monopolizar los estudios sobre la ciencia, o cuando menos consideró que sus análisis y reconstrucciones de las teorías científicas eran el núcleo central de los estudios sobre la ciencia, mientras que los historiadores, sociólogos y psicólogos de la ciencia solo debían desarrollar estudios complementarios, así también numerosos sociólogos del conocimiento científico parecen pensar últimamente que sus indagaciones sobre la ciencia son las únicas realmente pertinentes. Por ello es preciso conocer, aunque sea a nivel puramente descriptivo e introductorio, algunas de las tendencias más activas en sociología de la ciencia durante el último cuarto de siglo.

( HASTA AQUÍ NUESTRO TRABAJO DEL VIERNES 12 DE MARZO – 2010)



CAPITULO II

  1. El RELATIVISMO CIENTÍFICO, A PARTIR DE KUHN11

La publicación en 1962 de la obra de Kuhn, la estructura de las revoluciones científicas, ha supuesto importantes cambios en los estudios sobre la ciencia. Tanto los propios científicos como, sobre todo, los historiadores, sociólogos y filósofos de la ciencia, han debatido ampliamente las propuestas Kuhnianas en contra de la concepción acumulativa del progreso científico,

así como sus afirmaciones sobre la existencia de paradigmas y de revoluciones científicas. Al distinguir entre dos tipos de ciencia, la ciencia normal y la ciencia revolucionaria, así como al afirmar que en los momentos de crisis y d3e cambio científico radical existía inconmensurabilidad entre los paradigmas rivales, Kuhn dio pábulo a un frente renacimiento del relativismo científico. Entre los filósofos de la ciencia, Feyerabend mantuvo posiciones radicalmente relativistas, resumidas en su formula “todo vale”, referida a la metodología científica. El relativismo ha tenido asimismo una gran influencia en la década de los 80 entre los sociólogos de la ciencia, como veremos en el apartado siguiente.


9 R.N. Giere, Explaining Science. A cognitive Approach, Chicago, University of Chicago Press, 1988.


10 Ver. B. van Fraassen, The Scientific Image, Oxford, Clarendon, 1980.
11 En este apartado se retoma Buena parte de mi articulo “Leibniz contra Kuhn: problema del relativismo científico”, publicado en la revista de Occidente 169, junio, pp. 55-70.
Agradezco a los editores de esa revista la autorización para utilizar ese texto.


Numerosos filósofos de la ciencia han criticado este resurgir del relativismo y han atacado la tesis de Kuhn y de Feyerabend sobre la inconmensurabilidad entre paradigmas y teorías. En la polémica subsiguiente, se han adoptado las más diversas posturas. No se trata aquí de hacer un estudio a fondo del debate ni de los diversos autores que han intervenido en el mismo. Los objetivos del presente apartado son cuatro. Primero, resumir los principales puntos propuesto por Kuhn y que favorecen las tesis relativistas, tal y como estas son tratadas en filosofía de la ciencia. Segundo, comentar algunos de los problemas que se presentan en las tesis Kuhnianas. Tercero, mostrar que estas cuestiones involucran debates filosóficos mas generales que los que se muestran al hablar solamente de la ciencia. Por ultimo, trataremos de replantear el debate, pero centrándonos siempre en las tesis de Kuhn. Al cabo, las diversas variantes que el relativismo científico ha tenido entre filósofos de la ciencia tienen al autor de ERC como su principal inspirador. Para ello nos centraremos en la evolución que puede percibirse en Kuhn desde sus primeros escritos sobre la inconmensurabilidad hasta sus ulteriores trabajos sobre la intraducibilidad.

En su libro de 1962, Kuhn afirmó que la ciencia no se desarrolla mediante la acumulación los descubrimientos e inventos individuales, sino gracias a una acción colectiva llevada a cabo por las comunidades científicas en base a creencias, métodos, conceptos y valores compartidos, a cuyo conjunto denomino paradigmas. Puesto que hay épocas de ciencia normal, pero también hay revoluciones científicas, se trataba de estudiar ambos tipos de ciencia. Las revoluciones científicas implican paradigmas rivales y comunidades científicas contrapuestas entres si. La experiencia no vale como juez en esas controversias, porque los defensores de paradigmas opuestos pueden llegar a tener percepciones heterogéneas del mundo. En los procesos de cambio científico, los propios términos básicos (fuerza, masa, energía, átomo, electrón, gen, etc.) cambian de significado y la percepción de los científicos varía, pudiendo suceder que un mismo fenómeno sea visto de maneras diferentes, e incluso incompatibles entre sí. Como dijo Hanson, un astrónomo ptolemaico y un astrónomo copernicano no ven lo mismo, y por tanto no pueden ponerse de acuerdo entre sí, ni por lo que respecta a sus observaciones empíricas ni en relación a sus vocabularios respectivos (Hanson, 1977, p. 79).

Kuhn ha formulado una serie de tesis que pueden servir como marco de referencia al relativismo científico actual:

A: “La tradición científica normal que surge de una revolución científica no solo es incompatible, sino a menudo efectivamente inconmensurable con la anterior” (Kuhn, 1971, p. 166).12

B: “El historiador de la ciencia puede sentirse tentado a proclamar que cuando cambian los paradigmas, el mundo mismo cambia con ellos”… “los cambios de paradigma hacen que los científicos vean el mundo de investigación, que es el propio, de manera diferente” (Ibíd., p. 176).

C: “En tiempos de revolución, cuando la tradición científica normal cambia, la percepción del científico de su entorno debe ser reeducada”…”Tras haberlo hecho así, el mundo de su investigación le parecerá en algunos lugares, inconmensurable con el que habitaba anteriormente” (Ibíd., p. 177).


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